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viernes, 20 de septiembre de 2019

Nuevas Elecciones

Hace unos días nos enteramos ya de forma fehaciente de que los ciudadanos de este país estamos condenados a volver a acudir a los colegios electorales y a las urnas el próximo 10 de Noviembre. Desde ese momento, todos los partidos políticos y sus líderes están volcados en demostrar a sus (presuntos) votantes que el culpable de esta repetición electoral (enojosa y molesta para la mayoría de ciudadanos) es de otros.

Lo que creo que no tiene duda alguna es que el responsable de que haya una repetición electoral es Pedro Sánchez. Como líder de la fuerza más votada, con el doble de diputados que el siguiente grupo, fue nombrado candidato por el Rey y ha tenido la responsabilidad de formar un nuevo Gobierno. Una tarea en la que, evidentemente, ha fracasado.

Pero una cosa es la responsabilidad y otra bastante distinta es la culpa. Pedro Sánchez tiene, por supuesto, su parte de culpa. Pero Pablo Iglesias, creo, no ha estado a la altura, como confiaban que estaría muchos ciudadanos e incluso muchos de sus votantes. Pero también cabe decir que no ha engañado a nadie. Porque ya advirtió de que el cielo se toma por asalto. Y, en democracia, el asalto exige conseguir una mayoría absoluta que permita tener un gobierno monocolor que lleve adelante sus propias propuestas. Pero eso ni ha sucedido, ni es previsible que vaya a suceder en los próximos tiempos, incluso más adelante. Por el contrario, UP ha visto mermada su representación en el Congreso de los Diputados, tras las elecciones del 28-A.

El error que cometió Pablo Iglesias fue pensar que, pese a su mermada representación, podría tomar una parte del cielo por asalto. Y eso, simplemente, ni es posible ni es deseable.

A este error de estimación se suma otro elemento nada desdeñable. Mientras que el PSOE es un partido situado en el corazón del sistema, ubicado en el centro izquierda, UP es claramente una fuerza antisistema. Su coexistencia podía preverse complicada y se ha revelado imposible.

Para el votante de izquierda, siempre veteado de un poquito de ingenuidad, la existencia de una fuerza en el Congreso de los Diputados situada a la izquierda del PSOE podía suponer que el próximo Gobierno estuviera más sensibilizado con los grandes temas que preocupan a los ciudadanos con el corazón más bien a la izquierda. Podría haber provocado que el PSOE fuera más audaz y hasta algo provocador en algunas grandes reformas a las que el establishment, por supuesto, se resiste. Por ejemplo, el votante pensó que podría ser posible una derogación o fuerte modificación de la Reforma Laboral. Una legislación que, básicamente, ha dado bastantes ventajas a los empresarios en general, pero ha favorecido una precarización inadmisible de muchos puestos de trabajo, creando una nueva clase social, la de los trabajadores condenados a la pobreza casi miserable.

O podían también pensar que sería más fácil con esa coexistencia los avances en los temas de Memoria Histórica, o en la Ley de Eutanasia, o en general en los temas sociales para los que se requiere una mayoría de izquierda para que puedan ser impulsados.

Unidas Podemos, y muy especialmente su líder Pablo Iglesias, nunca compartió este posible escenario de un Gobierno del PSOE en minoría, arrastrado más a la izquierda de lo que revela su espíritu por la necesidad del apoyo parlamentario de las fuerzas a su izquierda, singularmente UP. Su posición siempre fue la exigencia de poder tomar al asalto su parte del cielo.

Ahora, según confesó ayer Pedro Sánchez en su entrevista en LaSexta, la posibilidad de ese Gobierno esta vez sí efectivamente Frankenstein, no le hubiera dejado dormir al Presidente. Porque me parece bastante evidente que su visión es la correcta: UP quería su propio Gobierno dentro del Gobierno de España. Y este es un escenario que, desde luego, no es nada deseable, pero creo que tampoco es posible. Una tal aproximación hubiera llevado a una crisis de Gobierno grave en unos pocos meses, en cuanto UP hubiera asomado a la escena pública su alma antisistema, ahora revestida de poder ejecutivo. Una crisis que nos habría llevado a nuevas Elecciones en 2020, por ejemplo. Un escenario, me parece, incluso peor que este bloqueo que nos llevará a las urnas el 10-N.

Por su parte, los partidos estatales de la derecha han hecho lo que era de esperar: con Sánchez ni a recoger una herencia, al adversario ni agua, no es no. Al PP no le va mal una repetición electoral. Dada su extremadamente vulnerable situación actual en el Congreso, es absolutamente inevitable que vaya a mejorar tras el 10-N. VOX, por su parte, y a pesar de sus 20 diputados, sigue siendo un outsider y no juega a lo mismo que los demás. Se limitan a dar visibilidad a su propia agenda que es la que están convencidos que les ha llevado a su ventajosa situación actual. El 10-N van a sufrir, pero creo que les da igual.

Ciudadanos sí tiene un claro problema con la repetición electoral. Apareció en el panorama político catalán como una fuerza liberal, constitucional y antinacionalista. Han sido maestros del escapismo, porque han cambiado de escenario y posición sin ni fruncir el ceño. Fueron socialdemócratas alguna vez, luego liberales, ahora se pelean por liderar la derecha (o, al menos, el centro derecha). Pero, me temo, que de éxito en éxito se dirigen al fracaso, si no directamente al colapso. En un escenario ideal, de corte europeo desapasionado, tras el 28-A la mejor opción de Gobierno hubiera sido, sin duda alguna, una coexistencia, en Gobierno de coalición o con simple apoyo parlamentario, de socialdemócratas y liberales. Un Gobierno del sistema situado en el centro izquierda del arco político, con el respaldo mayoritario de 180 diputados.

Pero Ciudadanos, y muy especialmente su líder Albert Rivera, se han preocupado de negar y denostar esa posibilidad. Hay que reconocer que no engañaron a nadie, pues ya avisaron de eso durante la campaña electoral. Pero con sus continuas fintas y regates, muchos de sus votantes entendieron, probablemente, que se trataba de una táctica para vender caro su apoyo.

Los últimos días, tras ver cómo su partido se iba desangrando de activos muy válidos que no estaban de acuerdo con su táctica y su estrategia, a Albert Rivera le temblaron las piernas e hizo una nueva pirueta en el aire, intentando vender una iniciativa de Estado para evitar el bloqueo. Algo que nadie se creyó ni valió para nada.

Desde mi punto de vista, pues, la responsabilidad de la repetición electoral es, evidentemente, de Pedro Sánchez. Pero la culpa es de Unidas Podemos, que sobrevaloró la influencia que podía obtener a cambio de su exigua representación. Para el votante de izquierdas resulta bastante desconsolador darse cuenta de que la única forma de que una fuerza como Unidas Podemos, mientras siga liderada por Pablo Iglesias, sólo podría influir en la gobernanza de este país si obtuviera, en algún momento, una mayoría absoluta que le permitiera asaltar los cielos al asalto. Como eso no va a suceder, el Unidas Podemos de Iglesias ya se ha convertido en una fuerza irrelevante, por no decir directamente inútil.

Estos días se plantea la posibilidad de que la fuerza política liderada por Íñigo Errejón, Más Madrid, pudiera estar evaluando su salto a la política nacional el 10-N. Al menos, en algunas circunscripciones más proporcionales, las que eligen un mayor número de diputados. Creo que sería positivo, al menos para mi punto de vista, que Errejón pasara a ser el nuevo líder de Unidas Podemos, pero eso simplemente no va a suceder. Y una fuerza más en la izquierda puede provocar un fraccionamiento muy peligroso de los votos, y la seguridad de que se vayan a perder muchos restos, de los que produce la aplicación de la Ley d'Hondt.

Me temo que el votante más o menos de izquierdas, pero no exaltado ni fanático, se ha dado cuenta, a su pesar, de que nuestros políticos no están capacitados para gestionar un entorno multipartidista como el actual. Como reacción a ese hecho, lo más probable es que se vaya a producir un renacimiento del bipartidismo. Mientras que en la izquierda es más que probable que se concentre el voto en torno al PSOE, un efecto parecido pasará seguramente también en la derecha, donde el PP sería el gran triunfador en este campo.

No me gusta especialmente este escenario, pero la única alternativa sería aplicar una formación extensiva a nuestros políticos, para que pudieran asumir la gestión de un entorno más complicado. Pero no tenemos tiempo para ello. Nuestros políticos son lo que son, no dan para más y no parece haber otros, por el momento. Luego la única defensa del votante será nuclearse en torno a los adalides de uno u otro campo, fagocitando a las fuerzas más minoritarias.

Pero no deberíamos abandonar los esfuerzos de formación a nuestros políticos actuales y futuros, para que algún día inconcreto del porvenir, un escenario como el que se dio tras el 28-A fuera correctamente gestionado por los diversos líderes, y permitiera formar un Gobierno estable para toda la legislatura, con un programa ponderado de acuerdo a las fuerzas presentes.

Nunca deberíamos dejar de soñar.

JMBA

martes, 17 de septiembre de 2019

Servidores Públicos (???!!!).

El idioma inglés y la cultura anglosajona tiene la estimulante tendencia de introducir habitualmente algún elemento de ironía en la denominación de las cosas, las personas y las situaciones.

Así, a los políticos, a los diputados (MP = Member of the Parliament), el Gobierno o los propios funcionarios, les denomina genéricamente Public Servants (Servidores Públicos). Una denominación que invita a la modestia y a la humildad y que lleva la profesión de político a su dimensión auténtica y genuina.

La única razón de que tengan que existir Gobiernos y Parlamentos somos los ciudadanos y la propia sociedad. Como cada cual tiene su propia actividad y empeño, se requiere que existan algunas personas que, desde un punto de vista técnico, ejecuten lo necesario para que la dirección que quiere llevar la sociedad y sus ciudadanos, expresada habitualmente en las urnas, se convierta en una realidad.

Como españoles, somos pasajeros de un barco gigante que manifestamos el 28A nuestra voluntad de avanzar en una cierta dirección. A partir de eso, el capitán, el timonel y el resto de la tripulación tiene la obligación técnica de mover al barco en esa dirección.

Para la desgracia de los ciudadanos y ante la confirmación de que Platón tenía razón en que los sabios no tienen ningún interés ni ninguna vocación de ponerse al timón, una raza menor, la de los políticos, se ha hecho con los mandos de la sociedad. La llamo menor por el hecho de que sus motivaciones casi únicas tienen que ver mucho más con intereses personales o de grupo (partido) que no con una real vocación de servicio a sus semejantes. Vamos, que lo de Servidores Públicos es una denominación que se ajusta más bien muy poco a la realidad.

Lo cierto es que, por diversas circunstancias, los ciudadanos les hemos ido cediendo este protagonismo que no debería corresponderles. En concreto, en España, la Transición les situó en cabeza (a los políticos y, muy especialmente, a los partidos políticos) por una pura razón de supervivencia. Se procedía de una época en que los políticos eran personas proscritas y consideradas dignas de toda sospecha, y había que forzar un cambio en esa consideración, para facilitar el avance del país hacia posiciones mucho más modernas, de las que nos habíamos quedado claramente relegados.

Pero esta realidad, seguramente inevitable, nos ha llevado a una situación en que los políticos tienen un ego, una personalidad y un protagonismo que no debería corresponderles. El capitán del barco, como técnico experto en navegación, puede proponer a los pasajeros aquellos destinos y rumbos que sean posibles, sin demasiados riesgos. Y cumplir a ciegas la decisión informada que tomen los pasajeros a partir de esos datos.

Si el capitán de un crucero de lujo fracasa en su labor, y provoca que el barco embarranque, deberá dedicarse a otra cosa. Es posible que consiga capitanear un petrolero, un portacontenedores o un pequeño barco de cabotaje. Pero, en la política, no existe un país de repuesto. Si un político fracasa, tendrá que dedicarse a otra cosa.

Como bien dijo Núñez Feijoo, si tuviéramos hombres de Estado y no políticos adolescentes, mucho mejor nos iría. Efectivamente, da la sensación de que la política pequeña que nos está tocando vivir estos últimos meses es obra más bien de hormonas desordenadas que de cerebros bien amueblados. Todo en la política se está pareciendo mucho más a las pequeñas rencillas de patio de colegio, a si me ajunto o no me ajunto, a que o me haces caso o dejo de respirar.

Mientras tanto, el barco sigue al pairo, a la espera de que el capitán y el timonel ocupen, por fin, sus posiciones. Si la meteorología fuera clemente, el problema no sería muy grave. Pero ya estamos viendo en el horizonte del mar los primeros rayos y las nubes negras van cubriendo el cielo. Una tormenta con el barco al pairo no parece un escenario digno de ser vivido y no es, desde luego, lo que nos merecemos los ciudadanos.

Todos los líderes de los cuatro grandes partidos de implantación nacional y con una presencia significativa en el Congreso de los Diputados no han hecho su trabajo. En lugar de ocupar sus posiciones al timón o en la sala de mando, se han retirado a la sentina a pelearse puños en alto, hasta la primera sangre, o más allá.

Pedro Sánchez ha estado altanero y displicente, señalando sin cesar a los entorchados de su propio uniforme. Pablo Iglesias ha sido orgulloso, ha estado exageradamente picajoso y ha dejado de respirar cuando le han negado la pelota. Albert Rivera, el eterno adolescente cuya única obsesión es asumir algún poder, sea en la oposición o en el Gobierno, se puso de cara a la pared, mirando de reojo cómo jugaban los otros niños. Y Pablo Casado parece llevar la gorra con la visera para atrás, disfrutando del balanceo que da la navegación al pairo.

Me temo que hoy tendremos que asistir al último acto de un desastre anunciado. Habrá que convocar nuevas elecciones, que es como decirnos a los ciudadanos que hicimos mal nuestro (pequeño) trabajo. Escogimos un destino y un rumbo de entre los que nos ofrecían los candidatos a capitán, pero resulta que no, que eso no va a ser posible y habrá que escoger de nuevo.

Por supuesto que entre los votantes habrá algunos adolescentes. Pero, entre tantos ciudadanos como somos, no es posible que nos equivoquemos, porque se acaban compensando nuestras propias excentricidades.

Parece que no tenemos los políticos que nos merecemos. El problema es que no hay otros.

JMBA

viernes, 28 de octubre de 2016

El Desenlace

Llevamos ya casi un año completo sin Gobierno. Lo que nos ha dado, por cierto, la tranquilidad de evitarnos los disgustos habituales de cada viernes, al conocer las decisiones del Consejo de Ministros.
Imagen de un Pleno en el Congreso de los Diputados.
(EFE; Fuente: diariodenavarra)

Pero este período de felicidad está llegando a su fin. Si no hay sorpresas de última hora, mañana sábado se va a confirmar la investidura de Mariano Rajoy, de nuevo, como Presidente del Gobierno. Esto será posible gracias a la abstención, parece que sin condiciones pero no sabemos bien con qué convicción, de los diputados del PSOE en la segunda votación.

Esto va a ser posible gracias a una serie de desafortunados, desde mi punto de vista, acontecimientos. El PSOE de Pedro Sánchez, instalado en el No es No (por mandato del Comité Federal, conviene recordarlo), ha dado paso, tras un golpe palaciego en el aparato del partido, a una gestora que se ha ocupado en conseguir que venciera la opción de la abstención, en el Comité Federal del pasado domingo. Algunas informaciones parecen indicar que Pedro Sánchez podría, en su momento, haber iniciado negociaciones para conseguir una mayoría de cambio que le garantizara su propia investidura. Y esto incomodó sobremanera a algunas vacas sagradas del partido.

Por la aritmética parlamentaria actual, esto, necesariamente, debería contar con la aquiescencia, o al menos la abstención en algunos casos, de los partidos independentistas catalanes. Me parece bastante evidente que tanto ERC como el ahora llamado Partido Demócrata Europeo Catalán (la antigua Convergencia) no tienen ninguna simpatía ni por el PP ni por el PSOE, ambos partidos constitucionalistas, celosos de la Unidad de España. Pero ambos podrían considerar a un presidente socialista como un mal menor respecto a Rajoy.

Lo que me parece más turbio de todo este embrollo es que los ganadores de ese golpe en Ferraz han sido los convencidos de que les va a ser posible recuperar en no mucho tiempo una situación confortable de bipartidismo, como la que vivíamos en España hasta hace, sólo, dos o tres años. Les convendría recordar que la Historia, siempre, sólo sabe moverse hacia adelante.

La realidad política del país ha cambiado de forma sustancial, especialmente con la aparición de dos nuevas fuerzas políticas con presencia significativa en el Congreso de los Diputados: Unidos Podemos y Ciudadanos. No creo de ninguna forma que, por lo menos durante la próxima década, PP y PSOE recuperen un bipartidismo suficiente como para que les permita el turnismo clásico.

Aparte de que, después de desgañitarse con el No es No, y qué parte del No no ha entendido, durante muchos meses, de repente han dado un giro violento de 180º, y practicarán una abstención, de todo el Grupo, además, poniendo en bandeja a Rajoy la Presidencia del Gobierno en esta legislatura. Si fuera un tren, habría descarrilado; si fuera un avión, se habría agrietado el fuselaje (Borrell dixit).

De todas formas, algunos diputados del Grupo Socialista han anunciado que votarán, en conciencia, NO también esta vez, en contra del mandato imperativo emanado del Comité Federal y vehiculado por la Comisión Gestora y el propio responsable y portavoz del Grupo, Antonio Hernando.

Por cierto, muy triste papel el de Antonio Hernando en el pleno de este miércoles. Parecía razonable que cambiara el portavoz del Grupo, para poder transmitir con mayor convicción el cambio de postura. Hernando, siempre de la mano de Pedro Sánchez, se ha desgañitado hasta la saciedad en el No es No, desde las elecciones del 20D. No sé por qué motivo aceptó mantenerse en esa posición, ya que le ha creado una situación muy desairada.

Su discurso, que fue formalmente correcto, desde mi punto de vista, estaba dirigido principalmente a sus militantes y votantes, más que a Rajoy o a la propia Cámara. Sonó a muy paternal (sé que no lo entendéis, pero hacedme caso, yo sí sé lo que os conviene), o casi como de maestro de escuela (sé que ahora no lo entendéis, pero hacedme caso, la raíz cuadrada de 64 es 8).

El efecto colateral de este discurso es que el PSOE, dentro de la cámara, ha quedado sumido en una cierta invisibilidad, aprovechada salvajemente por Pablo Iglesias, que se erigió en líder único de la oposición.

Personalmente, entiendo la preocupación por el bloqueo institucional, y la nefasta posibilidad de unas terceras elecciones. Pero hubiera sido infinitamente menos dañina para el PSOE la decisión de una abstención técnica, donde sólo se abstuvieran once diputados socialistas (voluntarios, o elegidos por sorteo), mientras que el grueso del Grupo siguiera votando NO.

Por su parte, creo que Ciudadanos salió reforzado del pleno. Aunque le esperan tiempos agitados, en que deberá demostrar a los ciudadanos que saben estar a la altura de ese papel de riendas del PP que se han autoasignado. Si consiguen, de verdad, llevar adelante todas las medidas que han acordado con el PP y, en particular, lanzar una Comisión de Investigación efectiva sobre la financiación ilegal (o irregular) del Partido Popular, demostrarán a los votantes que su papel puede ser importante, y podrían mejorar su representación en una futura cita electoral. Pero si fracasan en ese empeño, podrían estar condenados a la marginalidad o a la simple desaparición.

Por el contrario, me da la sensación de que Unidos Podemos se encuentra en una difícil situación, incluso ante un naufragio anunciado. Personalmente, creo que Pablo Iglesias es un lastre para un Podemos en las instituciones. Iglesias es muy bueno dando mítines, cuando tras cada frase lapidaria debe callar para dar paso a los vítores de sus entregados y fieles adeptos. Su estilo, y lo que es peor, el contenido de sus discursos, puede ser válido para una asamblea de estudiantes, o un círculo de militantes, porque sabe cómo enardecer a los fieles.

Pero el Parlamento es otra cosa. Allí se habla para todos los ciudadanos, los que te han votado y los que no. Es correcto intentar enfervorecer a tus fieles, pero también debes confirmar en su decisión a los que te han prestado su voto, e intentar convencer a los que han votado otras opciones de que puedes ser una alternativa mejor.

El discurso de Pablo Iglesias en el pleno de este miércoles, faltón como siempre, estuvo absolutamente vacío de propuestas concretas que quiera intentar llevar adelante con la fuerza de los escaños de que dispone. Se hartó, eso sí, de lanzar diatribas en contra de los otros tres partidos principales del Congreso. La conclusión de un ciudadano neutral no puede ser otra que a Pablo Iglesias le molesta que haya otros partidos diferentes del suyo en el Congreso de los Diputados.

Desgraciadamente, esto tiene un sentido muy claro. Pablo Iglesias, y Podemos mientras no enderece su rumbo, sólo se siente cómodo en un régimen totalitario en que el suyo es el único partido en el poder, y todo lo demás es una oposición enfermiza, corrupta y equivocada. Se empeña en erigirse como adalid de la gente. Pero la gente de la que habla no somos todos los ciudadanos normales (que nunca hemos dirigido un Banco o una multinacional, que nunca hemos tenido la llave de la caja, que nunca hemos llevado adelante prácticas corruptas - también por falta de oportunidad - y que nunca hemos manejado tarjetas black). Para Iglesias, la gente de la que habla, cuando lo hace en el Parlamento, son, estrictamente, los que le han votado.

Otra cosa es la calle, donde a menudo sólo se trata de gritar más que otros para asumir un rol de protagonismo. Pero en un estado democrático de derecho, parlamentario, en el Congreso de los Diputados se reúnen los representantes de todos los ciudadanos. Y nadie puede pretender que los votantes de otras fuerzas diferentes de la suya sean ciudadanos de segunda, equivocados o engañados. En algún momento, a algunos líderes de Podemos les ha faltado el cantito de una moneda para exigir la eutanasia de esos viejitos que sólo confían en el PP, o la castración química de esos nostálgicos de la izquierda que siguen votando al PSOE.

Creo, que por su propio bien y para poder sobrevivir como un partido parlamentario, que cumpla su función institucional, Unidos Podemos debería renovar su liderazgo, para adecuarlo a las nuevas circunstancias y a las nuevas necesidades. Pablo Iglesias ha cubierto el ciclo de crear un partido político desde la nada, aglutinando iniciativas callejeras y asamblearias, y llevarlo en muy poco tiempo hasta el Congreso de los Diputados con una representación significativa. Pero ahora el partido necesita un liderazgo diferente. Posiblemente Íñigo Errejón esté mucho mejor amueblado mental y anímicamente para hacer frente con éxito a la ardua labor que tienen por delante.

De la capacidad que tenga Unidos Podemos de adaptarse a su nueva condición de fuerza parlamentaria, va a depender el tiempo que le pueda costar al PSOE rehacerse del descalabro provocado por este mandato imperativo de abstenerse. Si Unidos Podemos, con Pablo Iglesias al frente, mantiene el tono y el contenido mostrado este miércoles en el pleno de investidura, la sangría de votos desde Unidos Podemos hacia el PSOE será creciente, y más bien pronto que tarde, irrefrenable. Si no cambian, me temo que estarán condenados a la marginalidad tradicional de, por ejemplo, Izquierda Unida, con su docenita de diputados (en el mejor de los casos). Una formación con esa (escasa) fuerza, puede permitirse algunas salidas de tono porque no tienen ninguna trascendencia.

Curiosamente, también se puso de manifiesto que Pablo Iglesias, azote de oligarcas y, en general, de todos los que no voten a Unidos Podemos, tiene la piel muy fina y encaja muy mal las críticas. Ante la salida de tono de Rafael Hernando, acusándole de usar el nombre de España para venderse a dictadores, sintió herido su honor, después de haber llamado presuntos delincuentes a todos los diputados de las demás formaciones. Dicho sea de paso, el PP debería buscarse, para esta legislatura de diálogo, un portavoz menos buscabregas. Y la Presidenta del Congreso desperdició la ocasión de que lo que ha corrido por todos los platós de televisión, se contara en sede parlamentaria y constara en el Diario de Sesiones, al negarle un turno corto de palabra a Pablo Iglesias.

Resumiendo, Don Tancredo Rajoy, sin mover un músculo de la cara, impasible el ademán, será investido este sábado, alrededor de las ocho de la tarde, como Presidente del Gobierno con plenitud de funciones.

Vaya regalito de Halloween que nos dará el Congreso a todos los ciudadanos.

Y como se acerca el día de difuntos, me permitiré parafrasear a Hemingway y al poeta John Donne: Nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

JMBA

martes, 23 de agosto de 2016

La Difícil Encrucijada del Señor Sánchez

Estamos asistiendo, una vez más como en los últimos meses, a un cúmulo de sinsentidos que nos está llevando a acercarnos ya a un año con un Gobierno en funciones.
Pedro Sánchez, el líder actual del PSOE.
(Fuente: divinity)

PP y PSOE están instalados en el bipartidismo más rancio. Los dos se consideran la alternativa de su adversario tradicional, y no parece que ninguno esté en disposición de llegar a acuerdo alguno con el otro. Eso sí, mientras Sánchez está instalado en el No es No, y no vamos a apoyar ni permitir el gobierno de Rajoy, que representa la desigualdad, la corrupción, etc., Rajoy actúa más a la gallega y asegura en público que va a llamar a Sánchez la próxima semana.

Ciudadanos, con sus exiguas fuerzas de sólo 32 diputados, está haciendo lo que puede para garantizarse un hueco en el espacio político español, que se vería muy seriamente amenazado, según parece, si fuéramos a unas terceras elecciones. Creo que la prensa y la opinión pública no están siendo justos con ellos. Hacen lo que pueden, intentan negociar poniendo encima de la mesa sus grandes promesas electorales, pero llegar a acuerdos supone que todas las partes deben renunciar a algunas de sus aspiraciones, y no se les puede recriminar por ello.

Suponiendo que el acuerdo PP-C,s llegue a buen puerto, eso supondrá un total de 169 diputados a favor de Rajoy, posiblemente 170 con el Sí, interesado, por supuesto, de Coalición Canaria. Esta cifra no garantiza la investidura, y desde todos los frentes se está haciendo presión sobre el PSOE para que asegure el número necesario de abstenciones que pueda desbloquear la situación, y hacer a Rajoy, nuevamente, Presidente del Gobierno.

Yo comprendo que el PSOE, de ninguna forma, puede hacer eso. Se consideran a sí mismos la alternativa al PP, y no ven necesidad alguna de intentar acercarse a su gran enemigo de la penúltima legislatura, y responsable último de todas las desgracias sociales, según la visión de los socialistas, que estamos viviendo en forma de desigualdad, especialmente.

Lo que ocurre es que si Rajoy se presenta con 170 votos a favor, es muy complicado para el PSOE justificar el bloqueo que podría llevarnos a unas terceras elecciones el día de Navidad. Como alguno ya ha dicho en voz alta, en esas condiciones quizá fuera necesario que, aun tapándose la nariz, acabaran facilitando o permitiendo que Rajoy siga de Presidente del Gobierno.

Desde el punto de vista de la ética política, un No socialista a un Rajoy con 170 apoyos sólo podría tener dos posibles justificaciones que no generaran una crítica generalizada a Pedro Sánchez.

De una parte, podría suceder que el PSOE y Pedro Sánchez tuvieran la voluntad firme y la esperanza razonable de poder proponer, primero al Rey y luego al Congreso de los Diputados en una nueva sesión de investidura, un Gobierno alternativo al de Rajoy. Muy complicado, pero posible si se contara con las abstenciones de alguna de las fuerzas nacionalistas e independentistas. Lo que sería posible, ya que para el PNV, el PDC o ERC, el PSOE es un mal menor respecto al PP. Nunca los apoyarían, pero una abstención sería posible. El problema más grave sería compatibilizar, de alguna forma, a Unidos Podemos y Ciudadanos.

Si este fuera el caso, no estaría de más que hubiera señales de ello. Porque si la investidura de Rajoy que empezará el 30 de Agosto, termina en negativo en las dos rondas, el plazo de dos meses hasta la convocatoria de nuevas elecciones empezará a contar. Y no hay señal alguna de movimientos alternativos: en Unidos Podemos todavía se están lamiendo las heridas de su retroceso electoral del 26J, y Sánchez se ha encargado de mostrar que este verano está de vacaciones.

La otra alternativa sería que el PSOE pudiera valorar la abstención a un candidato del PP diferente de Rajoy, que no estuviera manchado por la sombra de la corrupción y que no fuera la imagen visible de todo lo que hizo el gobierno del PP en la penúltima legislatura, abusando de su rodillo parlamentario.

Entiendo que, en esta complicada encrucijada política que está, prácticamente, siendo televisada en directo, es difícil asumir una imagen y una comunicación públicas que resulten convincentes, sin dar más datos de los que se quieren, o pueden, dar en cada momento. Para evitar tentaciones y tropiezos, Sánchez ha escogido quitarse de enmedio y dejar que la comunicación en estos tiempos la lleven los segundos espadas de su partido.

Visto lo que unos y otros han dejado traslucir hasta hoy mismo, mi opinión de lo que va a suceder antes del próximo 1 de Noviembre, en que deberían convocarse nuevas elecciones, si no ha habido antes ninguna investidura positiva, es la siguiente:

1) Investidura fallida de Rajoy, en las dos rondas que empezarán el próximo 30 de Agosto.

2) Intento de investidura de Pedro Sánchez, con el apoyo de Unidos Podemos, con 156 votos positivos. La única posibilidad es que negociara la abstención de Ciudadanos, a cambio del compromiso en las medidas regeneradoras en las que están empeñados. Y posiblemente todavía haría falta la abstención de alguna de las fuerzas nacionalistas.

3) Si fallara la investidura de Sánchez, quedaría el último recurso que, personalmente, creo que debería haber sido la primera, pero los tiempos mandan. Un candidato del PP diferente de Rajoy y alejado de la primera línea del gobierno central y de Génova podría intentar la investidura, ahora sí con la abstención del PSOE. Si la aritmética del Parlamento gallego que salga de las elecciones del 25 de Septiembre no le permite a Núñez Feijoo revalidar su Presidencia, podría ser un candidato conveniente para una investidura en Octubre.

Sólo si acabaran fallando las opciones 2 y 3 resultarían inevitables unas nuevas elecciones. Espero que la sensatez de unos y otros nos ahorre a los ciudadanos el castigo, que sería ya casi tortura, de unas nuevas elecciones el día de Navidad.

En cualquier caso, el Gobierno que acabe saliendo de cualquiera de estas opciones será bastante débil, y es más que probable que esta legislatura no dure mucho más allá de los 2 ó 3 años máximo.

Me preocupa no ver a estas alturas señal alguna de que esas dos posibilidades adicionales estén en la cocina, o al menos en el frigorífico.

JMBA

martes, 8 de marzo de 2016

¿Elecciones en Junio?. Ni por el Forro...

Tras los dos asaltos de investidura fallida de la pasada semana, los vientos suenan con gran insistencia insinuando que unas nuevas elecciones el 26 de Junio van a resultar inevitables.
Albert Rivera, que ha convertido a Ciudadanos en
una bisagra imprescindible.
(Fuente: extraconfidencial)

Estoy convencido de que antes del 2 de Mayo, aunque sea la víspera e in extremis, habrá algún acuerdo que permita evitar las Elecciones Generales, aunque a lo mejor nos aboque a una legislatura corta, y a unas Elecciones anticipadas para 2018 ó 2019.

Las razones que abonan este convencimiento son muy simples: a ninguno de los cuatro grandes partidos con presencia significativa en el Congreso le interesa ni le conviene que haya nuevas Elecciones en Junio.

Los diversos sondeos que se han venido realizando las últimas semanas parecen indicar que unas nuevas Elecciones darían un panorama bastante parecido al actual, lo que parece, de otra parte, bastante razonable.

Veamos a continuación las diversas razones por las que a ninguno de esos partidos le interesa acabar en Elecciones.


El Partido Popular ha sufrido una debacle en los resultados del 20D, reduciendo su presencia en el Congreso en 63 ó 64 diputados (según contemos o no al presunto corrupto Gómez de la Serna). Un tercio de los diputados populares del 2011 se han desvanecido sencillamente. Afrontar nuevas elecciones en unos meses implicaría hacer frente a dos factores de elevado riesgo:

1) Un liderazgo fatigado y casi anacrónico. Muchos ya consideran que Rajoy es un líder del pasado, aunque en los entornos orgánicos del propio partido no se oigan todavía voces en esa dirección. Pero conviene tener en cuenta que en organizaciones tan jerarquizadas y con fuertes liderazgos, las disensiones son duramente castigadas y, en general, autoreprimidas. Pero al día siguiente de que todos vitoreen al líder puede darse el caso de que le cuelguen boca abajo de los pies y le acusen de todos los pecados.

2) Un ambiente de corrupción generalizada y putrefacta (Gurtel, Púnica, Brugal, Taula, etc. etc.) rodea por completo a la dirección nacional, aunque judicialmente todavía no la ha tocado. La sangría de votos de ciudadanos hartos de este ambiente es difícil de anticipar.

Aunque algunos estrategas puedan pensar que en Junio podrían recuperar algunos de los votos que se fueron a Ciudadanos, por parte de votantes que se consideraran traicionados por los acuerdos de Ciudadanos con el PSOE, el balance global resulta bastante negativo, y repetir una posición parecida a la actual sería ya un éxito importante.

El riesgo de perder otra docena de diputados debería convencerles de que cualquier acuerdo es mejor que nuevas elecciones.


El Partido Socialista Obrero Español cosechó el 20D el peor resultado de la historia de la democracia, limitándose a los 90 diputados de que dispone actualmente. Gracias a su acuerdo con Ciudadanos y al apoyo de Coalición Canaria, a Pedro Sánchez se le llena la boca estos días con que tiene el respaldo de 131 diputados y eso le convierte en la primera fuerza del Parlamento. Bastante truculento, en cualquier caso.

Votantes con el corazón en la izquierda podrían desertar del voto al PSOE a partir de su acuerdo con un partido situado en el centro derecha, si no en la derecha liberal pura y dura, y de su aparente incapacidad de desarrollar áreas de confluencia con la segunda gran fuerza parlamentaria de la izquierda, Podemos. Es posible que pudieran recuperar otros votos prestados a Podemos el 20D, porque muchos votantes de izquierda que votaron (votamos) a Podemos en Diciembre están bastante hastiados de ver la soberbia que se gasta Pablo Iglesias, y su incapacidad de aceptar nada que no provenga de ellos mismos.

El castigo por las dos investiduras fallidas podría ser una nueva sangría de votos, huidos, por ejemplo, hacia Izquierda Unida, o directamente a la abstención.

De nuevo, para el PSOE, repetir el mismo resultado del 20D sería ya un éxito importante.


Es natural que Ciudadanos tenga cierto temor a nuevas elecciones en Junio, porque el desgaste de un acuerdo con el PSOE puede alejar a muchos votantes de derechas, que puedan considerarse traicionados. De otra parte, Albert Rivera es uno de los pocos políticos que han manifestado una clara vocación de estadistas y de trabajar por el bien del país y de los ciudadanos, ante el tacticismo de muy cortos vuelos que han tomado Rajoy, Sánchez o Iglesias. Eso les podría reportar algunos votos adicionales procedentes, posiblemente, tanto de PP como de PSOE.

Con sus adiciones y sustracciones, también Ciudadanos se daría con un canto en los dientes de repetir resultados muy parecidos a los del 20D. Con un riesgo cierto de que la sangría fuera superior al aporte, y redujeran su presencia en el Congreso.


De los cinco millones de votos que consiguió Podemos el 20D, una parte son votos nativos, procedentes de su caladero natural, de los entornos que han alumbrado a esta fuerza (activismo social, entornos asamblearios, movimientos okupa, colectivos antisistema, los que no tienen nada que perder, etc., etc.). Esta parte de votos, que yo estimo en el 60%, serían muy estables y constituirían su fondo electoral. Pero el resto de votos, quizá hasta dos millones, son votos prestados de votantes con el corazón en la izquierda, y en busca de algo diferente a lo tradicional, de una nueva política menos encorsetada en el bipartidismo.

El problema es que con su fuerte presencia en el Congreso, Podemos, y su líder Pablo (Manuel) Iglesias, se han quitado la careta. Han practicado una soberbia excluyente que dice muy poco de su sentido de Estado, y han desarrollado muchos aspectos del trasfondo totalitario que habita en Podemos. Llegaron a poner en negro sobre blanco, aunque luego tuvieron que modificarlo, que todos los servidores públicos (incluyendo a jueces, fiscales, etc.) deberían ser adictos al nuevo régimen. En la mejor tradición totalitaria de la antigua Europa del Este o de las prácticas de corte bolivariano.

Al votante no nativo de Podemos, las sesiones en el Congreso y las infinitas ruedas de prensa y manifestaciones públicas, les han decepcionado profundamente sobre lo que esa nueva política realmente significa. Quizá hasta dos millones de votos podrían estar en serio riesgo de orientarse hacia el PSOE o de abocarse directamente a la abstención.

La gran esperanza electoral de los estrategas de Podemos para una nueva convocatoria electoral en Junio sería la confluencia de Izquierda Unida. Si Alberto Garzón fuera el líder de esa nueva formación, la situación quizá sería diferente, pero eso no va a suceder. Se confía en que el millón de votantes de Izquierda Unida pasarían a votar a Podemos de forma automática, lo que es bastante discutible. Gracias a eso, y suponiendo que no hubiera sangría de votos por otro lado, Pablo Iglesias está convencido de que saldría de unas Elecciones en Junio como primera fuerza de la izquierda, y habrían completado el llamado sorpasso, que es su objetivo último, confesado o no.

Pero las incertidumbres son demasiado importantes como para que puedan ser ignoradas. Si desertan dos millones de votantes prestados, decepcionados con las formas exhibidas por los líderes de Podemos, aunque recuperaran el millón completo de IU, el resultado sería una disminución de presencia en el Congreso.


En resumen, y según mi opinión, la situación después de unas hipotéticas elecciones en Junio sería sensiblemente similar a la actual. Posiblemente el equilibrio entre las fuerzas de derecha y las de izquierda sería calcadito del actual, en el entorno de los 160 diputados en cada bando. Pero ninguno de los cuatro tiene una seguridad razonable de que su participación en el bando que sea fuera a mejorar.
Alberto Garzón, que podría tener un papel decisivo
en un nuevo Podemos.
(Fuente: enfuenlabrada)

Demasiados riesgos para todos como para que jueguen a forzar nuevas elecciones. Evidentemente jugarán al desprecio y a la minusvaloración del adversario y del compañero, para reforzar sus propias posiciones negociadoras. Pero la urgencia por alcanzar algún tipo de acuerdo que garantice la gobernabilidad para los próximos años se irá haciendo más severa a medida que se acerque el final del plazo constitucional, hasta la convocatoria de nuevas elecciones.

Sólo quedan dos opciones razonables que permitan alcanzar algún acuerdo de investidura y de gobierno. Y, curiosamente, las dos pasan por una posición activa o pasiva de Ciudadanos, una fuerza que sólo dispone de 40 diputados, pero que se ha convertido en bisagra imprescindible.

Una gran coalición PP-PSOE es inviable, excepto si Ciudadanos actúa de grasa lubricante. Esto supondría algunos sacrificios, como la sustitución de Rajoy por un nuevo líder popular que esté alejado de la sombra de la corrupción y de las medidas más impopulares tomadas por el Gobierno en estos últimos años. Y la posición de Pedro Sánchez también sería muy vulnerable, porque ha desarrollado enemistades personales que están dificultando ya no el acuerdo, sino el simple diálogo. Además, la única posibilidad sería que el nuevo Presidente no fuera ni el líder del PP ni el del PSOE: quizá el propio Rivera o un paracaidista independiente.

La coalición de izquierda es inviable, excepto si interviene también Ciudadanos para forjar un acuerdo que incluya las principales medidas de regeneración democrática, junto con aspectos más claramente de izquierda y que podría sustanciarse con la abstención de Ciudadanos. En este caso, muy probablemente el nuevo Presidente debería ser Pedro Sánchez.

Hasta ahora, las únicas negociaciones que se han visto han sido entre fuerzas que parten de ciertos elementos comunes o que son potencialmente confluentes. Tendremos que ver cómo se sientan en la misma mesa aquellos que no coinciden en nada, para negociar qué parte de las iniciativas de unos y otros se lleva a un programa común. Ello requiere que todos comprendan con claridad que nadie dispone de la mayoría suficiente como para forzar a que el 100% de su propio programa se transfiera a un eventual acuerdo de gobierno.

Negociar de verdad les va a exigir a todos unas dosis de humildad y de voluntad de acuerdo que han estado absolutamente ausentes de la escena política de estos últimos meses.

El miedo a que su posición pudiera empeorar tras unas eventuales Elecciones en Junio les forzará a todos a perseguir cualquier acuerdo que sea, al menos, posible. Mejor un mal acuerdo que un buen pleito. Mejor un mal acuerdo que nuevas elecciones.

A la fuerza ahorcan.

JMBA.

martes, 1 de marzo de 2016

¿Investidura?. No, por supuesto.

En la tarde de este martes veremos el inicio de la escenificación de un acto que finalmente va a resultar baldío.
Pedro Sánchez, del orgullo de ser candidato a la
vergüenza de ser rechazado.
(Fuente: lanzadigital)

Los debates de investidura son básicamente trámites formales. En efecto, siempre se sabe de antemano cuál va a ser el resultado. En esto, el de estos días no va a ser diferente. La única diferencia es que mientras todos los que hemos vivido en las últimas décadas culminaron con la investidura del candidato que se presentaba, el de hoy terminará en chasco.

El tema es que a los debates de investidura hay que acudir con todos los deberes hechos en casa. Y esta vez no se va a cumplir con esta premisa.

Sin embargo, estas últimas semanas nos han servido a los ciudadanos para conocer la peor cara (o, por lo menos, la más real) de todos nuestros líderes políticos.

Hay que entender que los resultados de las Elecciones Generales del 20D fueron muy diferentes de todos los anteriores. Y, aunque ya se anticipaban desde varios meses antes, podemos entender que las primeras semanas fueran de desconcierto general, aunque sólo sea por falta de hábito.

Pero las últimas semanas han ilustrado los muchos defectos que tienen nuestros políticos. Revisemos un poco el inventario.

Rajoy empezó por declinar la propuesta del Rey de ser candidato. Parece que se creyó a pies juntillas que tras la arrogancia de Pablo Iglesias en la famosa rueda de prensa en que presentó un gobierno de coalición con el PSOE que no existía más que en su imaginación, había un acuerdo maduro para un gobierno de izquierdas, que dejaba al PP fuera de juego. Luego resultó que nada era verdad y que lo más caliente seguía en el congelador.

Desde ese día, Rajoy ha practicado el tancredismo que tanto le gusta: esperar sentadito a que el vecino se estrelle y a que el destino le devuelva un papel estelar. Lo que tiene claro es que no quiere, para nada, abandonar el poder o dejar de estar aforado: la corrupción le rodea de tan cerquita que no puede permitirse lo más mínimo bajar las defensas.

Pedro Sánchez fue nombrado candidato por el Rey. ¿Le contaría al monarca que tenía los apoyos necesarios, o le diría que confiaba poderlos recabar?. Así empezó este último mes que llega ahora a su desenlace. Sánchez, que hace solamente dos años era un diputado raso, necesitaba absolutamente reforzar su imagen, dentro y fuera de su propio partido. Hay que reconocer que se ha esforzado mucho en conseguir acuerdos o pactos con otras fuerzas políticas. Pero creo que lo ha hecho de manera defectuosa que le llevará, inevitablemente, a un desastre como resultado de este debate de investidura. Cualquier negociación de este tipo requiere de UNA mesa única, donde cada cual se trague en público los sapos que corresponda. 

Podemos y su líder principal, Pablo Iglesias, me han decepcionado mucho. Y sospecho que, como a mí, lo habrán hecho a muchos votantes ilusionados de izquierda, que confiaban en que una nueva política era posible. Su soberbia intelectual y la arrogancia de sus gestos, rozando a menudo en el insulto, han demostrado que Podemos sólo parece estar preparada para gobernar en solitario, con cómodas mayorías que se parecen sospechosamente a entornos dictatoriales. Parecen olvidar que si bien es cierto que cinco millones de españoles les han votado, casi veinte millones han votado a otras formaciones.

Me parece bastante desagradable que se arroguen la representación de lo que llaman la gente, como si el resto de partidos políticos representaran a los marcianos.

Sólo dos líderes, Albert Rivera y Alberto Garzón han dado muestras de alguna sensatez y de madurez política. De su boca hemos oído las únicas muestras de intentar trabajar por el bien de España y de los españoles, dejando un poco al margen los intereses personales y de partido. Y de sus iniciativas han nacido los únicos progresos de negociación de verdad.

Aunque también es cierto que Rivera es un personaje con demasiados ribetes siniestros y demasiadas áreas de sombra. Garzón sí me parece genuino porque muy poquito tiene ya que defender. Aunque podría conseguir, si finalmente hubiera unas nuevas elecciones en Junio, un aumento significativo de votos, muchos de ellos procedentes de otras fuerzas de la izquierda (PSOE y Podemos), desmoralizados de ver cómo han actuado en estas circunstancias difíciles.

El PSOE y Pedro Sánchez se ha esforzado en mantener un mantra ya anacrónico: que ellos son la alternativa al PP y que, por tanto, no tiene ningún sentido establecer ninguna línea de negociación con el PP o Rajoy. Esa idea puede que fuera cierta con resultados en la horquilla 160-180 diputados para uno de ellos y algo inferior para el otro. Pero sus actuales niveles (123 diputados para el PP, 90 para el PSOE) les reubican como, solamente pero nada menos que, las dos fuerzas más votadas en un panorama de cuatro formaciones con representación significativa.

Me temo que todos ellos se han visto envueltos en otro de los espejismos que ha venido propagando desde Podemos: que el binomio derecha-izquierda está superado y que lo que hoy cuenta es arriba y abajo. El desarrollo de las negociaciones ha demostrado que eso es totalmente falso.

Con el panorama parlamentario que se ha definido, sólo hay tres opciones posibles, y todas ellas dependiendo de la correspondiente aritmética: o bien un gobierno de la derecha, o un gobierno de la izquierda, o un gobierno de concentración, articulada a derecha e izquierda desde el centro político. Cualquier otra opción no pasa del voluntarismo de sus impulsores.

A Pedro Sánchez, dados sus resultados electorales, no le toca ser Presidente del Gobierno. Salvo, por supuesto, que su figura surgiera como líder reconocido de la unión de voluntades políticas en la izquierda.

Pero lo único tangible que ha podido presentar Sánchez es un acuerdo con Ciudadanos, que es un partido, creo, del centro derecha liberal. Una unión que no ofrece una aritmética que permita una investidura, y que la única adición posible y razonable sería la del PP, para construir un Gobierno de concentración en la que el Presidente de ninguna forma podría ser Pedro Sánchez.

Sánchez se ha enrocado en el No, no y no, y en el ¿qué parte del NO no acaba de entender?, en su relación con el PP y con Rajoy (al que odia y/o desprecia a nivel personal; y el sentimiento es mutuo). Malos mimbres para ni siquiera intentar que el PP pudiera sumarse a una tal iniciativa.

En resumen, tras el fracaso de la sesión de investidura de esta semana, empezará a contar el período de dos meses hasta que resulte imposible evitar unas nuevas elecciones. En otras palabras, el próximo lunes empezará, o al menos debería empezar, el período de verdadera negociación, con el claro objetivo de formar un Gobierno razonablemente estable que permita evitar unas nuevas elecciones el 26 de Junio.

Confío en que todos los líderes tengan claro que unas hipotéticas elecciones en Junio solamente traerían un empeoramiento del resultado de sus respectivas formaciones.

El PP no tiene ya mucho por perder, porque en Diciembre prácticamente sólo les votaron los incondicionales de verdad, aquellos convencidos de que el único gobierno posible es de derechas, y el resto es desgobierno. Pero que no se confíen, porque todavía puede haber, al menos, un millón de votos de ciudadanos a los que les puede acabar resultando irrespirable el ambiente y la sensación de organización criminal dedicada a la corrupción política que sobrevuela de forma insistente al Partido Popular.
Alberto Garzón, que podría ser el único beneficiado en
caso de nuevas elecciones en Junio.
(Fuente: IU y lasexta)

El PSOE ha sostenido a duras penas su posición de segunda fuerza y líder de la izquierda, pero solamente le separa un puñado de votos de Podemos (unos trescientos mil sobre más de cinco millones). Desde la transición política, el PSOE se ha arrogado la posición de partido líder de la izquierda en España. Pero esa posición no es vitalicia y, además, el votante de izquierdas es mucho más inquieto que el de derechas.

Podemos, que desde su origen se articuló como la formación de los que no tienen mucho que perder, han aglutinado muchos más votantes que los que les pertenecerían en puridad, básicamente por el cansancio del bipartidismo y por el reflujo del nefasto efecto Zapatero, que todavía habita en la memoria colectiva. Pero muchos de esos votantes prestados podrían plantearse una nueva migración, por ejemplo a Izquierda Unida, que parece una formación mucho más sensible a las necesidades de gobernabilidad que tiene un país como España. No sería una sorpresa excesiva que pudieran perder uno o dos millones de votos, porque su gestión de los escenarios de negociación está manifestando ser francamente mejorable. Parece que, a menudo, están convencidos de que fuera de sus círculos y asambleas sólo hay banqueros, altos ejecutivos o extraterrestres.

Ciudadanos podría recolectar algunos votos de los cansados del tancredismo de Rajoy y del adanismo de Sánchez. Pero Rivera tiene demasiados ribetes siniestros (que generan desconfianza en muchos ciudadanos) como para conseguir una progresión significativa. Además, su posición política en Catalunya no ha hecho, ni está haciendo, absolutamente nada para ayudar a la resolución de un problema político que es, desgraciadamente, bien real.

El único ganador, de verdad, podría ser Alberto Garzón. Si un número importante de votantes del PSOE o de Podemos deciden reconducir su voto hacia Izquierda Unida, podrían superar la barrera que les limita a tener solamente dos diputados con un millón de votos, y conseguir alguna docena de diputados, que marcarían una diferencia significativa respecto a la situación actual.

Creo que todos deberían temer a unas nuevas elecciones y espero que ello les lleve a dedicarse, de verdad, a buscar líneas de entendimiento que permitan conformar un Gobierno para los próximos cuatro años. Alberto Garzón, que todavía es joven y le auguro una importante carrera política en los próximos lustros, deberá tener paciencia y concentrarse en reformar la Ley Electoral, para que sea mucho más justa con las fuerzas minoritarias. En el medio plazo, posiblemente podría articular una cierta convergencia con Podemos, donde Garzón debería ocupar una clara posición de liderazgo. Me temo que la época de Pablo Iglesias, que se ha desarrollado principalmente en los platós de televisión, ya está superada. Veremos la nota parlamentaria que se gana en este debate de investidura, pero me temo que la soberbia y la arrogancia forman parte de su hardware más íntimo y no son fáciles de disimular.

Es decir, esta semana nos toca superar un trámite formal, cuyo resultado ya conocemos (salvo sorpresa muy mayúscula). Y la próxima semana debe empezar una etapa nueva y muy diferente de lo vivido hasta ahora. Sugiero que todos los líderes hagan un reset de lo sucedido durante la campaña electoral y durante este largo período de indefinición, y empiecen de cero, olvidando los agravios que todos ellos han sufrido por parte de los demás.

Pedro Sánchez ha sucumbido al orgullo de ser candidato, pero en el pecado le viene la penitencia. Estos días le tocará sufrir la suprema vergüenza de ser rechazado como Presidente del Gobierno por una mayoría de los diputados del congreso.

Me voy a mojar. Mi apuesta es de una investidura fallida, y de un acuerdo posterior en el ámbito de una cierta concentración en torno al centro, para conformar un Gobierno (apoyado por el PP, el PSOE y Ciudadanos) que no estará presidido ni por Mariano Rajoy ni por Pedro Sánchez.

Una solución a la catalana (con tomatito rallado).

JMBA

martes, 2 de febrero de 2016

El Día de la Marmota

Este 2 de Febrero es la Candelaria, que marca la equidistancia entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera. El punto medio de la estación invernal.

Dice un refrán catalán lo siguiente:

Quan la Candelera plora, el fred és fora; quan la Candelera riu, el fred és viu; però tant si riu com si plora, mig hivern fora

En una traducción libre, podríamos decir que: Cuando la Candelaria llora, el frío está fuera; cuando la Candelaria ríe, el frío está vivo; pero tanto si ríe como si llora, medio invierno fuera.

Por cierto, Candelaria es también un municipio de la isla de Tenerife.
(Fuente: editando)

Hoy se celebra en la Norteamérica rural el Día de la Marmota, en que, dependiendo del comportamiento de una marmota al salir de su madriguera, se predice si la primavera se va a avanzar, o tendremos un invierno largo. La más famosa es la que se celebra en el pueblo de Punxsutawney (Pennsylvania), que fue inmortalizada en la película Groundhog Day (Atrapado en el Tiempo) (1993) dirigida por Harold Ramis y protagonizada por Bill Murray y Andie MacDowell. En ella, un reportero que cubre esa celebración, se ve condenado a repetir la misma jornada una y otra vez, lo que genera giros muy interesantes en el guión.

Popularmente, la expresión Día de la Marmota tiende a tener el significado asociado a esa película: una situación que se repite cansinamente una y otra vez, sin modificaciones ni evoluciones aparentes.

Curiosamente, muchas de las cosas que rodean nuestra vida cotidiana nos sugieren al Día de la Marmota. Y a su segunda interpretación: que es una insensatez esperar obtener un resultado diferente haciendo siempre lo mismo.

Hay cosas (y personas) que resultan graciosas en pequeñas dosis. Pero su reiteración acaba resultando estomagante.

En política estamos asistiendo a nuestro particular Día de la Marmota. La segunda ronda de contactos de los líderes de las diversas formaciones con el Rey parece producirse en circunstancias prácticamente idénticas a la de hace un par de semanas, sin avances de ningún tipo. En resumen, sin que hayan hecho los deberes.

Sólo espero que el Rey tome, esta vez, una decisión diferente, para salir de un bucle que podría ser infinito. Ya es hora de que los líderes, especialmente Rajoy y Sánchez, salgan de su tacticismo y dontancredismo, y empiecen a hacer los deberes que les hemos dado los ciudadanos en las urnas.

Hasta ahora nunca había habido problemas de este tipo, porque la situación que dejaban las urnas era bastante clara, con un partido claramente destacado, con mayoría absoluta o muy próxima, y no había dudas sobre quién debía asumir la investidura. Pero tras la espantada de Rajoy en la primera ronda, poniéndose de perfil para que se estrelle el siguiente, esta ocasión es diferente de todas las anteriores. Esta vez, me parece que el Rey debe asumir sus funciones de Jefe del Estado y poner firmes a los diversos líderes, forzándoles a que hagan sus deberes, a que lleven adelante las pertinentes negociaciones hasta el final, para validar si sus respectivos proyectos políticos tienen buenas posibilidades de superar una investidura.

Desde mi punto de vista, si yo fuera el Rey (que ya me gustaría, ya) abriría formalmente un período de negociación política (de un par de semanas), y citaría a los líderes a una nueva ronda con todas las posibilidades exploradas a conciencia.
Los cuatro líderes políticos, sumidos en la inacción.
(Fuente: elperiodico)

En esa potencial tercera ronda, podrían darse varios casos. Si ningún líder consiguiera los apoyos necesarios, estaríamos abocados a nuevas elecciones. Si uno de los dos afirma disponer de los apoyos suficientes, debería ser nominado como candidato a la Presidencia del Gobierno, y enfrentarse a un debate de investidura. Si los dos líderes principales afirmaran estar en condiciones de una investidura, sin duda uno de los dos estaría mintiendo. Pero, en ese caso muy improbable, Rajoy como líder de la fuerza más votada, debería ser el (primer) candidato a la investidura.

Lo que no me parece para nada correcto es ir a la audiencia con el Rey con problemas al hombro, en lugar de llevar soluciones. Porque existe la posibilidad de que hubiera soluciones más imaginativas, que hoy no están encima de la mesa. Pero eso sólo se descubrirá tras lijar el culo a base de largas sentadas de trabajo.

En fin, este proceso está siendo muy, muy cansino. Un auténtico Día de la Marmota. Y me temo que lo que, sin ninguna duda, se va a conseguir, es que la desafección de los ciudadanos por la política vaya en aumento, y se manifieste en un crecimiento importante de la abstención en unas hipotéticas nuevas Elecciones Generales.

Desgraciadamente, en la política hay más cosas que también nos sugieren al Día de la Marmota. Como los espectáculos coreográficos de la corrupción, que se repiten una y otra vez. Aunque debo reconocer que las fórmulas imaginativas que algunos desplegaron para implementar sus latrocinios crean una cierta variación en el tono de los colores de la corrupción. Por el contrario, la reacción de los portavoces y líderes del PP ante los diversos episodios escandalosos que les afectan directamente resulta de un cansino que ya fatiga. Da la sensación de que, en alguna parte de la organización, tienen una fábrica de mantras exculpatorios, que luego repiten urbi et orbe en todos los tonos posibles.

Después de que toda la organización del PP valenciano esté sub judice, resulta insostenible la posición de que la corrupción es de las personas y no de las organizaciones, y de que Rajoy y su Gobierno han tomado más iniciativas contra la corrupción que todos los gobiernos anteriores. O de que la corrupción es un tema del pasado.  Después de los Luis, sé fuerte y de la sospecha de los sobres y las cajas de puros con billetes dentro, Rajoy, para muchos ciudadanos, está marcado por una sospecha más que evidente. Pero hace sólo un día que hemos oído al ministro Catalá (y a todo el paquete de portavoces del PP) manifestarse en esos mismos términos.

En fin, hay chistes o situaciones graciosas que nos pueden hacer sonreír las tres o cuatro primeras veces. Pero su repetición y reiteración cansina resulta ya claramente enojosa.

Phil, la marmota de Punxsutawney, no es el responsable del folclore, ciertamente kitsch, que se monta a su alrededor. Pero pudiera ser que la única solución para salir del bucle sea matar a Phil. O cambiar de líderes, que ellos sí son responsables de este particular Día de la Marmota.

Ría o llore la Candelaria, ya nos hemos ventilado la mitad del invierno.

JMBA