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miércoles, 14 de enero de 2015

Por Tierras de Burgos (y 5): Bodegas de Ribera

Voy a contaros hoy la última etapa de nuestro viaje por Tierras de Burgos del pasado mes de Julio. Ya os conté nuestras paradas en el camino hasta Burgos, nuestros paseos por la ciudad, las visitas al yacimiento arqueológico de Atapuerca y al Museo de la Evolución Humana, y la Ruta por las Merindades, al norte de la provincia.
Bodegas Dominio de Cair en La Aguilera (Burgos).
(JMBigas, Julio 2014)

El jueves 17 de Julio era nuestra cuarta y última jornada por estas tierras, y ya tocaba volver a casa, volver a Madrid. Sin embargo, queríamos aprovechar el día y el camino, y realizar algunos desvíos para visitar alguna de las maravillosas bodegas de la Denominación de Origen Ribera de Duero. Además, en algún momento de ese día caluroso teníamos que pasar por la tienda de Fuentespina, que estaba almacenando en buenas condiciones de conservación algunas botellas de vino que habíamos comprado en el viaje de ida.

Tras desayunar, recoger el equipaje y pagar la cuenta en el hotel de Burgos, iniciamos la marcha en torno a las 10 de la mañana. Seguimos dirección al sur por la A-1, hasta el pueblo de Oquillas, donde nos desviamos a la derecha, por la carretera secundaria BU-P-1104, para recorrer algunos de los pueblos vitícolas de Ribera de Duero, en la provincia de Burgos.

Cruzamos Quintana del Pidio, en dirección a La Aguilera. En este pueblo ha construido Luis Cañas, con fuerte y conocido negocio vinícola en Rioja, una bodega de nueva planta, a la que han llamado Dominio de CAIR. Sus primeros vinos salieron al mercado en 2010, pero ya se han ganado una muy buena reputación, dentro de Ribera. El edificio de la bodega (N 41,724547º  O 3,768737) es singular, y su parte central simula un gran tonel vertical.
Real Sitio de Ventosilla, sede de las Bodegas PradoRey,
en Gumiel de Mercado (Burgos).
(JMBigas, Julio 2014)

De momento sólo producen vinos tintos, en tres o cuatro variedades. Recientemente han introducido un tinto más simple, ideal para el poteo en los bares a un precio adecuado. Pero también tienen un gran vino, el Tierras de Cair Reserva, que se vende en el entorno de los 30€, aunque creo que lo vale, por su complejidad y excelencia.

Disponen de un espacio dedicado a tienda y degustación, aunque no está atendida en permanencia. En horas llamemos normales, se puede comprar alguno de los vinos que producen. Para facilitar la labor al visitante, tienen algún pack con sus diferentes vinos. En particular, tres botellas escogidas en una bolsa ad-hoc de lona, que permite el transporte con comodidad, incluso con alguno de los dispositivos refrigerantes disponibles en el mercado, para el transporte de vinos blancos o rosados en las mejores condiciones. Compré uno de esos packs, y cabe decir que ya he utilizado esa bolsa en varias ocasiones posteriores, a plena satisfacción.

Seguimos camino en dirección a Aranda de Duero, donde tomamos hacia la derecha por la carretera CL-619. Más adelante, en el municipio de Gumiel de Mercado, a la derecha de la carretera, está el Real Sitio de Ventosilla (RSV), una finca de más de 3.000 Ha, de las que unas 500Ha están dedicadas al cultivo del viñedo. Es la sede central de la Bodega PradoRey, que también tiene una buena presencia, con sus vinos blancos, en la Denominación de Origen Rueda, en la provincia de Valladolid.
Bodega Pago de los Capellanes, en Pedrosa de Duero (Burgos).
(JMBigas, Julio 2014)

Dentro de la finca, enorme y que se extiende a ambos lados de la carretera, está el edificio central de la bodega (N 41,703762º O 3,790256º), así como una Posada u Hotel rural que, por los datos de que dispongo, debe ser muy recomendable si se quiere una estancia entre viñedos, con el vino como hilo conductor.

Es posible concertar visitas, de duración variada, a la bodega y a los viñedos. Pero nosotros no lo habíamos hecho, como sí lo hizo una familia mexicana que llegó algo después de nosotros. Sin embargo, sí nos atendieron en el espacio dedicado a tienda, donde están a la venta todos sus vinos, tanto los propios de Ribera de Duero como los de otras denominaciones. Nos dieron todas las explicaciones que les pedimos, y compré una caja con botellas variadas de sus mejores vinos en todos los colores.

El Real Sitio de Ventosilla está muy bien preparado para recibir a los visitantes. Dispone de un amplio aparcamiento exterior, adyacente a alguna de las grandes parcelas de viñedos de las que dispone la finca. Parcelas que, por cierto, da gusto mirar por su pulcritud. En cualquier caso, una visita recomendable.
Castillo de Peñafiel, conocido como "El Barco de Castilla".
(JMBigas, Julio 2014)

Seguimos camino por esa misma carreterra, hasta el pueblo de La Horra. Allí giramos a la izquierda, por la carretera local BU-130, en dirección a Roa de Duero (pop. 2.443), conocida con frecuencia simplemente como Roa. Roa es la sede de la Denominación de Origen Ribera de Duero.

Hicimos una breve parada en Roa, para descansar un ratito y tomar un aperitivo en el Cava Bar de la calle Las Cruces (era ya la una de la tarde). En el camino pasamos junto a la Plaza de Toros de la localidad.

Desde allí tomamos la carretera BU-P-1101 en dirección a Pedrosa de Duero. Cerca de ese pueblo y junto a la carretera, está la Bodega de Pago de los Capellanes (N 41,709581º O 3,972313º), donde hicimos una breve parada. Pero ya era demasiado tarde en la mañana, y como no habíamos concertado visita alguna, seguimos camino sin más. Entre los vinos populares y conocidos de la Denominación, este es posiblemente uno de los más prestigiosos.

Desgraciadamente, la una y media o dos de la tarde ya es una hora demasiado avanzada para realizar visitas de mañana a cualquier bodega. Habíamos topado con la que yo ya he llamado la playa del mediodía, ese tiempo inconcreto entre la una o dos de la tarde y las cinco o seis, en que es imposible contar a ciencia cierta con que esté disponible un servicio cualquiera, salvo confirmación previa. Y, en pleno mes de Julio, con un calor sofocante, la posibilidad de cualquier cosa por la tarde pasaba por dejar discurrir plácidamente la hora de la siesta. Como debíamos llegar a Madrid esa tarde, no podíamos aprovechar una eventual sesión de tarde.
Explanada junto al Castillo de Peñafiel (Valladolid).
(JMBigas, Julio 2014)

Por ello seguimos camino hacia Peñafiel (pop. 5.428), ya en la Provincia de Valladolid. Teníamos la idea de comer alguna cosa allí, y quizá visitar alguna de las múltiples tiendas de vinos de la población (de las que había seleccionado alguna previamente por Internet). El calor era intenso y la solanera inclemente. Todo invitaba a la siesta.

Tenía referencias positivas del Palacio del Vino de Ribera de Duero (en la Plaza Comuneros), como tienda con más de 800 referencias de vinos de la zona. Pero cuando llegamos allí, cerca de las dos y media de la tarde, la tienda estaba evidentemente cerrada. E incluso sospechamos si quizá estaban de vacaciones.

Decidimos subir al Castillo de Peñafiel. El Castillo, cuyo origen se remonta al siglo X, está edificado en lo alto de una loma que domina toda la llanura circundante, moteada de viñedos. Por su forma característica (tanto del castillo como de la propia loma), a menudo se le denomina el Barco de Castilla, como si se tratara de una nave surcando un mar improbable en el interior de Castilla. Desde 1999 aloja el Museo Provincial del Vino, que recibe unas 100.000 visitas anuales.
Los viñedos motean la llanura que rodea Peñafiel.
(JMBigas, Julio 2014)

En la explanada junto al castillo, que se utiliza como aparcamiento, caía un Sol de justicia, aunque corría un fuerte viento. Evidentemente, el Museo estaba cerrado y no reabría hasta pasadas las cinco de la tarde. Aprovechamos para disfrutar de las excelentes vistas que se tiene desde allí, de la propia localidad de Peñafiel, y de los campos circundantes.

Bajamos de nuevo a la Plaza de los Comuneros (pasadas las tres de la tarde, la tienda seguía, lógicamente, cerrada) y decidimos comer un bocadillito en uno de los bares de la plaza. Sentarnos a comer (y beber) con calma las muchas delicias que ofrece esa tierra nos hubiera sumido en un sopor insuperable durante buena parte de la tarde, y no nos lo podíamos permitir

Para hacer tiempo, seguimos la carretera VA-101 hacia el oeste, en dirección a Pesquera de Duero. Allí tuvimos ocasión de ver, sólo ver, las impresionantes instalaciones de las Bodegas Emilio Moro y también las del tinto Pesquera, de Alejandro Fernández, uno de los grandes popes de la Denominación Ribera de Duero.
Esta podría ser la proa del Barco de Castilla.
(JMBigas, Julio 2014)

Seguimos por la carretera hasta Valbuena de Duero, donde está la legendaria bodega de Vega Sicilia, y luego hasta Olivares de Duero, ya muy cerquita de Quintanilla de Onésimo, en las orillas del río Duero.

Volvimos a Peñafiel, pero la tienda de la Plaza de los Comuneros, cerca de las cinco de la tarde, seguía cerrada. Por ello, decidimos ir directamente hacia Fuentespina, donde nos esperaban las botellas de vino que habíamos comprado a la ida, y que nos conservaban en la bodega climatizada de la tienda de vinosribera.com.

Llegamos allí, tras el recorrido por la N-122, pasadas las cinco y media de la tarde. Recogimos las cajas de vino y compramos alguna de las delicatessen que, aparte de los vinos, están allí a la venta, como una maravillosa morcilla de Burgos envasada al vacía, para comer frita en rodajas.

Seguimos ya camino directamente hacia Madrid, donde acabamos llegando pasadas las siete y media de la tarde. Allí dimos por terminado este maravilloso viaje por Tierras de Burgos.

Aparte de las fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una colección de 17 imágenes seleccionadas que reflejan el recorrido de esta jornada. Basta pinchar la siguiente fotografía.


También podéis ver este vídeo, grabado ese día.


JMBA

martes, 6 de septiembre de 2011

Parada en Rueda y visita a Toro


La mañana de ese miércoles de finales de Agosto salí a las ocho de la mañana de Madrid, por la carretera de La Coruña. El único compromiso del día era llegar a Zamora a media tarde, para disponer, al menos, de un par de horas para un paseo por la zona monumental de la ciudad, antes de cenar. Para el día siguiente tenía prevista una visita por la zona de los Arribes del Duero, con base en Zamora.
Centro urbano de Rueda
(JMBigas, Agosto 2011)

Había preparado una visita a Toro, en la provincia de Zamora y cerquita de la capital, para el mediodía.

Hice una parada técnica en Villacastín, donde tomé un desayuno ligero, y seguí camino. Casi había descartado desviarme en Rueda, pero el último panel anunciando La Seca me convenció, y salí de la autovía hacia esos pueblos conocidos por sus excelentes vinos blancos. Un amigo siempre me había hablado de la cooperativa de La Seca como un lugar ideal para comprar buen vino a precio económico, por lo que fui hasta el pueblo.

La Seca es un pueblo pequeñito, que me pareció más bien poco preparado para acoger al visitante. Descarté la recomendación del amigo y dirigí el coche hacia el pueblo de Rueda, muy cercano, que tiene mejores recursos en este sentido.

Sobre lo que sería la propia carretera antigua (la calle principal hoy), hay infinidad de establecimientos que ofrecen venta de vinos y productos de la tierra. En algunos de ellos se tiene una gran variedad de vinos de toda la región, incluyendo los blancos de Rueda, los tintos de Ribera del Duero y hasta los rosados de Cigales. Uno de ellos es el Bar Leonés Casa Lola, en el extremo sur del pueblo, casi frente a las bodegas de Palacio de Bornos. Un local moderno, de reciente construcción, con exposición y venta de lo mejor que da esa tierra. En la barra incluso se pueden comer raciones o montaditos de jamón ibérico cortado a mano, con una copita de Ribera del Duero, si no hay que conducir, claro. Una parada gourmet, si se desea eso.
Viñedos de uva blanca de Rueda
(JMBigas, Agosto 2011)

Hay muchos otros establecimientos con excelentes posibilidades. Es posible encontrar excelente vinos de Rueda 100% verdejo de productores prácticamente confidenciales, a precios muy muy convenientes. Yo caí en el restaurante Tejo (muy afamado en toda la zona), cerca de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. El local tiene exposición y venta de excelentes productos delicatessen; pero si uno busca comprar vino blanco de Rueda (100% verdejo), conviene dejarse aconsejar por el dueño. Me vendió finalmente unas botellas de un excelente Rueda (Emilio Gimeno, 5€), que le produce una bodega próxima a partir de la uva de los viñedos de su propiedad (más de 15ha, por lo que me contó). Me lo dio a probar, y se trata de un verdejo típico, muy bueno, sin aristas de sabor, y delicioso bebido fresquito.

La Denominación de Origen Rueda fue reconocida como tal en 1980, y desde entonces se ha potenciado el uso de la uva autóctona de la zona, la Verdejo. Sin embargo, la legislación ampara también otras tres variedades de uva blanca (Sauvignon Blanc, Viura, Palomino Fina) y, desde 2008, también cubre la producción de vinos tintos y rosados a partir de variedades tintas (básicamente tempranillo - conocida aquí como tinta del país -, pero también Cabernet Sauvignon, Merlot y Garnacha).

El blanco verdejo de Rueda se ha convertido en el blanco de cabecera en la mayoría de locales de toda España que sirven vino por copas, y tiene su espacio en las cartas de vinos de la mayoría de restaurantes.
Viñedos de Toro, en las cercanías de Valdefinjas
(JMBigas, Agosto 2011)

Por otra parte, la presencia de algunas bodegas con vocación de producir vinos de alta gama (como Belondrade y Lurton - con bodega en La Seca, cuyo excelente blanco con barrica se vende ya en el entorno de los 30€ -, u Ossian, en Nieva -Segovia-, que produce un excelente verdejo - que se vende por encima de los 20€ - a partir de cepas muy viejas - de hasta 200 años - prefiloxéricas y de pie franco) ha ennoblecido la variedad y la propia denominación.

Desde Rueda, seguí viaje hacia Toro. Un buen amigo de Valladolid me había recomendado que visitara las bodegas de Liberalia Enológica, en las afueras de Toro. Como circulaba por la carretera (no por la autovía), la localicé sin problemas entre Morales de Toro y Toro, a la derecha de la carretera, en un desvío. Recientemente el gurú internacional Robert Parker le concedió a su reserva Liberalia 5 (que ya se vende a un precio cercano a los 30€) una excelente calificación de 96 puntos, para lo que valga. Su Liberalia Cero (fermentado en barrica de roble americano, para consumir en 2-3 años) es prácticamente imposible de conseguir. Cada nueva cosecha que sale al mercado desaparece con rapidez. En la propia bodega me dijeron que estaba agotado, y luego por la tarde, en una tienda de vinos de la calle Corredera de Toro, a otro cliente le dieron la misma respuesta.

Como tuve ocasión de comentar con M. - el maître del restaurante Don Mariano de Zamora, en la cena del día siguiente - los vinos de Toro tienen mucha historia, pero eran tenidos por recios, sólidos y ásperos. La Denominación de Origen tal y como se la conoce hoy se consiguió en 1987, y hace veinticinco años no había más que un par de bodegas significativas en la zona (la cooperativa - que produce el Cermeño y el Gran Cermeño, entre otros - y Fariña - con su Colegiata y Gran Colegiata). De hecho, sólo cuatro bodegas estaban inscritas a la DO en 1987, y ninguna más lo hizo hasta tres años después. Actualmente hay en el entorno de las cincuenta y algunas producen vinos muy finos, que se codean con los mejores del mundo.
La Torre del Reloj, de Toro
(JMBigas, Agosto 2011)

Con su fuerte desarrollo en las últimas décadas, la zona ha atraído conocimiento y capital de Francia. Las operaciones más destacables fueron la compra de las Bodegas Numanthia (en Valdefinjas, que produce el excelente Numanthia y el legendario Termanthia) por el holding del lujo LVMH (Louis Vuitton - Moët - Hennessy); por su parte, el gurú de Burdeos Bernard Magrez, con su buque insignia en el Chateau Pape Clément de Péssac-Leognan, desarrolló una bodega en Morales de Toro (2003) donde produce algunos grandes vinos como el Paciencia (que se vende por encima de los 60€).

Después de pasar por Liberalia, y antes de entrar en Toro, crucé el Duero por el puente metálico, y me di una vuelta por el Sur, hacia Valdefinjas, donde las vistas de viñedos son impresionantes. La variedad reina es la Tinta de Toro, que es parecida al Tempranillo, y cuyas raíces se hunden en los primeros siglos de nuestra era, con la presencia romana.

Desde esa zona se tienen unas vistas espectaculares de la ciudad de Toro. Dado que la zona noble de la ciudad (la Colegiata, el Alcázar) se alzan más de 100 metros por encima de la vega del Duero circundante, la ciudad es muy visible y singular.
Ayuntamiento de Toro, sitiado por el escenario de
los conciertos de las fiestas
(JMBigas, Agosto 2011)

A finales de Agosto, Toro estaba en fiestas. Esto significa que la circulación estaba cortada en todo el centro. Tras dar algunas vueltas de reconocimiento, conseguí aparcar en la Plaza de Santa Marina, justo en la periferia de la almendra central. Desde allí se cruza la Puerta del Mercado donde está la famosa Torre del Reloj, construida en el siglo XVIII. La leyenda dice que para su argamasa se utilizó vino en lugar de agua, ya que resultaba más económico utilizar el vino disponible en grandes cantidades en las bodegas de la ciudad, que subir el agua desde el Duero.

La calle de la Puerta del Mercado conduce rápidamente a la plaza Mayor donde, por supuesto, está el Ayuntamiento. Aunque esos días se encontraba sitiado por el escenario preparado para los conciertos de las fiestas.

Los múltiples bares bajo los porches de la Plaza Mayor y alrededores estaban atestados por la multitud en fiestas. Conseguir espacio para comer algo parecía misión imposible. Tuve que tomar una decisión salomónica, y busqué un restaurante con terraza donde poder comer atendido en una mesa como mandan los cánones. Un poco más cerca de la Torre del Reloj localicé el Restaurante Castilla, cuya terraza a esa hora (serían las dos de la tarde) estaba casi desierta. Me apreté un más que correcto almuerzo, regado con media botella de Cermeño.
El Puente de Piedra cruza el río Duero, junto a Toro
(JMBigas, Agosto 2011)

Para digerir la comida, me di un amplio paseo por la ciudad. Siguiendo más allá de la plaza Mayor, se llega a la explanada de la Colegiata de Santa María la Mayor, seguramente la imagen más conocida de Toro. Tanto la Colegiata como el vecino Alcázar se asoman al vacío de más de 100 metros, hacia la vega del Duero.

Desde el Alcázar volví hacia el centro y seguí más allá de la Plaza de Santa Marina por la calle Corredera, que termina en la Puerta Corredera. En la calle Corredera localicé una tienda de vinos asaz rústica (Bodega Velasco), que incluía a dos opinadores o críticos taurinos sentados de forma improvisada y bebiendo algo. Pero el lugar tiene una buena variedad de vinos de Toro (incluyendo los muy recomendados de producción propia), así como otros deliciosos productos de la zona, como quesos y embutidos; además, su horario de apertura es amplio. Al final del paseo volví por allí para comprar alguna cosita.
Cubierta de la Colegiata de Toro
(JMBigas, Agosto 2011)

En arco hacia el oeste, llegué a la zona del Monasterio de Santa Sofía, y a las cercanías del Monasterio del Sancti Spiritus, y a otro mirador sobre la vega del Duero.

Desde allí volví hacia la Plaza Mayor y la Plaza de Santa Marina, recuperé mi coche y seguí camino hacia Zamora, a poco más de 30km. de distancia. Llegué pasadas las seis de la tarde, y hacia las siete emprendí mi paseo por Zamora al atardecer.

Tenéis acceso a una galería de 50 fotografías de Rueda y Toro y sus respectivos entornos vinícolas, pinchando en la foto de la Colegiata.

Parada en Rueda y visita a Toro



JMBA

sábado, 3 de septiembre de 2011

Excursión (sólo tentativa) a los Arribes del Duero

El Parque Natural de Arribes del Duero es un espacio natural protegido, que cubre una franja fronteriza con Portugal, en el suroeste de la provincia de Zamora y en el noroeste de la de Salamanca. El Parque cubre un total de 106.105 hectáreas y 37 municipios de las dos provincias. La zona portuguesa tiene una protección parecida, en el llamado Parque Natural del Duero Internacional.
Presa de Aldeadávila, desde el Mirador del Fraile
(JMBigas, Agosto 2011)

El principal atractivo de la zona es que el Duero (y otros ríos afluentes, como el Tormes) avanzan en cañones profundos, producidos por la erosión. Las riberas del río son laderas casi verticales en muchos puntos, llegando a alcanzar en algunos lugares los 400m. de altura. En todo el ámbito del Parque, el río Duero actúa de frontera natural entre España y Portugal.

Para un visitante ocasional, la problemática que este tipo de orografía le plantea es qué ver y desde dónde verlo. Con otro tipo de paisajes, estas dos preguntas básicas tienen respuestas bastante evidentes, pero ese no es el caso en los Arribes del Duero. A este efecto inevitable le debemos añadir la realidad de que, turísticamente hablando, la zona está muy poco desarrollada, y la señalización es escasa, a menudo confusa y algunas veces inexistente.

Creo que sería una iniciativa a la que coronaría el éxito si hubiera algún emprendedor (público o privado) que escogiera el enclave más adecuado de la zona, y creara un Mirador con infraestructuras adecuadas para el visitante, incluso para las personas con movilidad reducida. Si se pudiera llegar al Mirador en coche, o aparcar el coche en algún lugar acondicionado y acabar de llegar tras un breve paseo, se podría cobrar una entrada que contribuiría a financiar las obras necesarias y la atención del lugar. Un bar restaurante y una tienda de recuerdos completaría el enclave.

Sin embargo, por lo que yo conozco, este tipo de infraestructura no existe en la actualidad.

En estas condiciones, la mejor forma de visitar el Parque sería desde el aire (avioneta o helicóptero), pero este es un medio muy minoritario (por sus elevados costes).

Otra alternativa es visitarlo desde el propio río, mediante la navegación por algún tramo. Hace más de diez años tuve ocasión de realizar un crucero por el Douro portugués, desde Porto hasta Pinhão, cruzando varias esclusas para salvar los desniveles y varias presas del recorrido. La vuelta a Porto se hacía en tren, y la excursión tomaba el día entero. El viaje por el río discurría entre laderas de viñedos y resultó muy atractivo. El paso por las esclusas, además, muy instructivo.
Rebaño de ovejas esquivando mi coche parado,
camino de Fermoselle
(JMBigas, Agosto 2011)

Por lo que sé, la única oferta que existe de navegación por el Duero en la zona de los Arribes es desde la llamada Playa del Rostro, en el municipio de Corporario, cercano a Aldeadávila de la Ribera (Salamanca). El trayecto es de ida y vuelta hasta la Presa de Aldeadávila (total de 22Km y una hora y media de recorrido). Puede ser una opción a tener en cuenta para una siguiente visita.

La tercera posibilidad, lógicamente, es verlo desde tierra. Aquí el problema es la orografía, ya que el cañón por el que circula el río sólo puede verse desde algún punto de las laderas, que resultan a menudo muy difícilmente accesibles. Para acceder a algún mirador que merezca la pena, hay que contar con realizar rutas de senderismo de cierta consideración (especialmente por las fuertes pendientes). O, alternativamente, utilizar alguna de las infraestructuras existentes, especialmente la presa de Aldeadávila.

Os voy a contar mi experiencia personal por los Arribes, un jueves de finales de Agosto.

* * *

Con base en Zamora, mi idea era dedicar la mañana a una visita-descubrimiento de los Arribes del Duero. Pensaba luego visitar Bragança en Portugal, que está a poco más de 100km. de Zamora capital. Aprovechando la diferencia horaria, contaba llegar a Bragança con tiempo para un almoço portugués.

El Parque se extiende por dos provincias. Por ello, existen dos Casas del Parque. Una está en el Convento de San Francisco, en Fermoselle (Zamora), y la otra está en el Torreón de Sobradillo (Salamanca). Como partía de Zamora, mi primer destino lo fijé en la Casa del Parque de Fermoselle, para informarme de las mejores opciones disponibles.

La distancia desde Zamora a Fermoselle es de algo más de 60 kilómetros, siguiendo básicamente la carretera CL-527, una carretera de grandes rectas, rodeada de campos y fincas de ganado, en una gran llanura.
Entrada a la Casa del Parque, en el Convento de
San Francisco de Fermoselle (Zamora)
(JMBigas, Agosto 2011)

Muy cerca de Fermoselle, vi una desviación donde indicaba un mirador con vistas, en dirección a Fornillos de Fermoselle y Pinilla de Fermoselle. Fui primero a Fornillos, un pueblecito muy pequeño. Ni en el camino ni en el pueblo pude ver ninguna señalización complementaria del susodicho mirador. Consulté el mapa, y vi que era más probable que el Mirador estuviera en Pinilla, más cercano al Duero.

Me dirigí a Pinilla de Fermoselle, unos pocos kilómetros, y de nuevo ausencia absoluta de señalización respecto al presunto mirador. De hecho, desde el pueblo ni siquiera se ve el Duero, por la especial orografía de la zona. Intuí que llegar al mirador podía suponer una cierta caminata, para la que ni por vocación ni por equipamiento estaba yo preparado esa mañana.

Por lo que seguí camino hacia Fermoselle. En esa carretera secundaria tuve que cederle el paso a un rebaño de ovejas, que es uno de esos placeres inesperados que a veces te brinda el campo.

A la entrada de Fermoselle paré en un parquecito (donde está el Monumento al Emigrante, la escultura de un hombre con una maleta en la mano y la chaqueta al hombro), que estaba indicado como punto de información turística. Allí, en algún panel, confirmé que la Casa del Parque se encuentra en el Convento de San Francisco, y la jardinera que atendía el lugar, ante mi pregunta, me indicó que podía ir por arriba o por abajo, que estaba señalizada la Casa del Parque en ambas direcciones.

Pero, claro, el problema es que Fermoselle es un pueblo de grandes pendientes y calles estrechas. Seguí cadenas de indicadores hacia la Casa del Parque que me acababan conduciendo a lugares por los que ya no me atrevía a seguir, ni tenía dónde dejar el coche. Acabé en la carretera que sigue de Fermoselle hacia Portugal (Bemposta). Desde allí tuve la primera visión del Duero.
Monumento al Emigrante, en Fermoselle
(JMBigas, Agosto 2011)

Entrando a Fermoselle como si viniera de Portugal, la señalización hacia la Casa del Parque era más clara, la distancia era menor, y conseguí llegar ante el Convento de San Francisco, y aparcar el coche en una de la media docena de improvisadas plazas de aparcamiento disponibles.

Me atendió un chico muy amable, al que le planteé mis requerimientos para ese día: conseguir acceder a algún mirador de los Arribes, que no requiriese una caminata para llegar a él. Allí cometí el error de no grabar sus detalladas explicaciones, confiando que la señalización me ayudaría luego a alcanzar los lugares de que me habló. Me comentó algunos de los lugares disponibles en diversos pueblos de la provincia de Zamora (incluyendo Pinilla de Fermoselle, donde ya había estado, y ese día no pensaba volver).

La mejor recomendación que me dio fue la de tantear en la zona salmantina, donde los pueblos son más grandes y tienen más recursos. Porque en la provincia de Zamora, me dijo, no podría comer más que en Fermoselle o en Miranda (do Douro). Me habló de Villarino de los Aires (no recuerdo los detalles), de Pereña de la Ribera, donde había una ermita y, antes de llegar a ella, se desviaba un sendero que llevaba a un mirador. Me habló de Aldeadávila de la Ribera, con su embalse y presa. Y me dio un pequeño mapa de la zona.

Visité el servicio y, al salir, empecé a merodear un poco por la Casa, pero el chico me advirtió que la visita me costaría un euro, a lo que renuncié. Salí de allí con muchas indicaciones que ya no recordaba bien, y con el mapita. Como lo de la ermita me parecía prometedor, me dirigí hacia Pereña de la Ribera, ya en la provincia de Salamanca.
Ermita de Nuestra Señora del Castillo, en
Pereña de la Ribera (Salamanca)
(JMBigas, Agosto 2011)

Pereña es otro pueblecito de reducidas dimensiones y de calles estrechas, que tuve que atravesar para llegar a la pista o carretera que conduce a la Ermita de Nuestra Señora del Castillo, a varios kilómetros del núcleo del pueblo.

A unos cientos de metros de llegar a la ermita vi una indicación, a la izquierda, de un sendero para seguir a pie. Pero nada se indicaba en el panel de un mirador, ni de distancias, y además era muy complicado aparcar el coche por ahí. No podía aventurarme a iniciar una caminata, sin tener clara la distancia, y si podría recorrerla con mi calzado apto para andar pero no para trepar. Seguí camino hasta la ermita, un enclave muy sugerente con una extensión prácticamente llana y arbolada. En fechas señaladas, seguramente se realizará alguna procesión o romería en ese lugar, o encuentros de algún tipo, porque el entorno invita a ello.

Las vistas desde la zona de la ermita eran estupendas, pero no había ningún río, por supuesto no el Duero, en el horizonte. Sobre el mapa, el Duero discurre muy cercano, pero la orografía de los Arribes no me permitía verlo desde ahí.

Seguí camino hacia Aldeadávila de la Ribera, un pueblo más grande, en cuyo centro destaca un reciente Monumento al Cabrero. Tuve suerte, pues llegué allí que eran ya las dos menos cuarto de la tarde, y la Oficina Municipal de turismo (frente al Monumento al Cabrero) todavía estaba abierta hasta las dos. En el interior había una exposición (no sé si permanente) muy curiosa de esculturas realizadas con piezas desechadas de automóvil. Un hombre muy amable me indicó (con un nuevo plano, esta vez del municipio) el Mirador del Fraile como la respuesta a mis súplicas: un mirador del Duero (básicamente de la Presa y Embalse de Aldeadávila) al que se podía acceder en automóvil. Otro mirador (el Picón de Felipe) requería de una pequeña caminata. Y también me indicó (a mí y a otros tres o cuatro visitantes de la Oficina con las mismas inquietudes que yo) el acceso al poblado de la central (de Iberdrola), y la posibilidad de acceder (por unas curvas sinuosas) hasta otro mirador en lo alto de la ladera.

Ya empezaba a tener hambre, pero decidí ir a visitar los miradores lo primero. Desde el pueblo sale una carretera que se bifurca un poco más adelante. Hacia la derecha se llega al Mirador del Fraile (frente a una verja cerrada de Iberdrola; no olvidemos que el Iber del nombre procede de la antigua Iberduero), y por la izquierda se llega al poblado construido para los trabajadores de la central. Desde el pequeño Mirador del Fraile, al que fui primero, las vistas sobre el embalse, la presa y el río son impresionantes.
Mirador-balcón, junto al Centro de Control de la
Central de Aldeadávila
(JMBigas, Agosto 2011)

Fui luego al poblado (sin mayor interés). El acceso (por un túnel) a las cercanías de la presa está prohibido por Iberdrola a los visitantes. Pero hacia la derecha se puede acceder a una carreterita muy sinuosa y empinada (con varias curvas globales, de las de 180º), desde la que se tienen algunas buenas vistas del Duero. Al final de la carretera se llega al Centro de Control de la central, donde hay un aparcamiento (que estaba rigurosamente vacío cuando llegué), para una veintena de coches. Desde el aparcamiento se tienen ya buenas vistas, hacia abajo, del río, y un breve paseo permite llegar hasta un mirador-balcón desde el que se domina la presa. El hambre ya me atormentaba (eran más de las tres de la tarde) y ni siquiera llegué al balconcito, sino que emprendí la laboriosa vuelta al pueblo de Aldeadávila de la Ribera.

Llegué al pueblo no mucho antes de las cuatro. Afortunadamente, estaba en fiestas y localicé un bar (llamado El Paraíso) con una oferta conveniente de cositas para comer en la barra, que me compensó por la tardanza.
Ermita y Crucero del Santo Cristo del Humilladero,
en Aldeadávila de la Ribera (Salamanca)
(JMBigas, Agosto 2011)

Cuando salía de comer, ya pasaba de las cuatro y media. El plan de Bragança debía desestimarlo. Desde allí tenía casi dos horas y media de ruta, y llegar a una población que no conoces casi, a las siete de la tarde, teniendo que ir a tu hotel a más de 100km. de distancia de allí parece un plan muy poco práctico. En Bragança sólo he estado una vez y de noche. Cenando en Macedo de Cavaleiros un amigo y yo, trabamos relación con un grupito de representantes de pinturas, que se empeñaron en invitarnos a tomar una copa. Nos invitaron a algo en el propio Macedo, y luego nos llevaron hasta Bragança (unos 40km) a un garito innombrable donde nos dejaron un pufo en caja. Un recuerdo ingrato que no se puede lavar de prisa y corriendo.

Decidí sobre la marcha ir a Miranda do Douro en su lugar, mucho más cercano. Quería comprar alguna botellita de vino portugués, y Miranda me podría resolver el tema. El trayecto me dio la oportunidad de cruzar la presa del Embalse de Almendra (en la frontera entre Zamora y Salamanca). Este embalse (el tercero más grande de España) es como un mar (8.650 hectáreas y capacidad máxima de 2.648 hectómetros cúbicos), y la propia presa es impresionante (202 metros de altura, y 567 metros de longitud de coronación). Desde el sur se accede por la carretera SA-315, y al terminar la presa se entra en la Provincia de Zamora, y la carretera se convierte en la ZA-334. En medio hay zonas preparadas para estacionar los vehículos y poder disfrutar de las impresionantes vistas del embalse y la presa, y del Tormes enano, abajo de la presa.
Presa de Almendra, en la frontera entre las provincias
de Zamora y de Salamanca, cerca de Villarino de los Aires
(JMBigas, Agosto 2011)

Llegué finalmente a Miranda do Douro. Allí se entra en Portugal por la carretera que discurre sobre la Presa (Barragem) de Miranda, y se sube luego hasta el pueblo. Había cruzado ya una vez esa frontera, cuando todavía existían aduanas, y viví ahí una anécdota curiosa. La circulación era muy escasa, pero había que pararse en la frontera, y atender a las preguntas del aduanero de turno. El que había ese día se entretuvo con el coche que llevábamos delante, ignoro los motivos. Detrás venía un coche portugués que se impacientó, e hizo sonar el cláxon. El aduanero se paró y, mirando al coche de atrás, levantó los brazos y con toda la cachaza de la media siesta le espetó: ¡Tinha calma!.

Miranda do Douro es la típica población fronteriza que, en buena parte, vive de vender lo que los del otro lado pueden tener interés en venir a comprar aquí. En este caso, había bastantes españoles comprando productos textiles de diverso tipo. Le pregunté a un hombre mayor dónde podía comprar alguna garrafa (botella) de vinho, e intentó convencerme de que no lo encontraría en Miranda, y que debía ir hasta Sendim (a unos 20km, dirección a Mogadouro). Afortunadamente, no le hice caso, pero el hombre casi tenía razón. Finalmente localicé una tienda de ultramarinos que tenía algunas botellas de vino a la venta, suficiente para lo que yo quería.

Bajando ya hacia la presa y España, hay un aparcamiento grande (para turismos y autobuses), y vi allí una tienda de venta de productos regionales, y le hice una visita. Tenía un pequeño muestrario de vinos y poca cosa más, y el hombre que (presuntamente) atendía la tienda no me prestó la menor atención, manifestando el máximo de los desprecios a iniciar cualquier tipo de transacción comercial. En fin, viajar es aprender.
Miranda do Douro, desde la bajada del castillo
(JMBigas, Agosto 2011)

Volví a Zamora, donde tenía el hotel, pasadas las ocho de la tarde, y con hambre canina (el tentempié del Paraíso ya andaba por los pies). Pregunté en el hotel por un asador para comer carnes a la brasa, y me indicaron el de Don Mariano, en la próxima Avenida de Portugal, a unos cientos de metros del hotel. Llegaba allí a las ocho y media, con ganas de cenar, pero el restaurante no abría hasta las nueve (fui víctima de los desgarbados horarios españoles). Afortunadamente pude esperar en la barra del bar, leyendo la prensa local, y tomando una copita de vino de Rueda.

El maître (al que llamaré M.), muy cortés, me informó de que las noches que preveían poca afluencia no encendían las brasas, y que si quería carne sería a la parrilla, excelente eso sí. Pedí un poco de jamón y solomillo de ternera de Aliste (soberbio), con un recio vino de Toro. Estuve charlando un buen rato con M., sobre jamones y vinos, aprovechando que no había mucho trabajo esa noche. De hecho, en todo el tiempo que estuve allí, solamente se ocupó otra mesa con una familia de portugueses, que vendrían huyendo de las noticias de que en Portugal el Gobierno se estaba planteando la introducción de un nuevo impuesto a los más ricos.

Salí de allí satisfecho, y me retiré a mis aposentos del hotel, a descansar.

El día siguiente me esperaba un interesante recorrido hasta Gijón, que ya he contado.

En resumen, saqué la conclusión de que a los Arribes del Duero le faltan un par de hervores (en forma de mejor y más completa señalización y nuevas infraestructuras) para convertirse en una atracción turística de primer nivel, como se merece.

Tenéis acceso a una galería fotográfica de 41 imágenes de todo el recorrido, a la que podéis acceder pinchando en la foto de la presa de Aldeadávila.

Excursión (sólo tentativa) a los Arribes del Duero


JMBA