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viernes, 30 de septiembre de 2016

Plataforma Panorámica de Vértigo

Hacia finales de Agosto, ya había prácticamente dado por finalizada la temporada viajera de primavera-verano, cuando un buen amigo insistió en que fuera a pasar un par de días en la playa, por la costa de Tarragona.
Imagen de la plataforma y las impresionantes vistas.
(JMBigas, Agosto 2016)

Para darle contenido a ese viaje, revisé la agenda de temas pendientes por el área de Catalunya, y localicé un par de visitas que quería realizar en algún momento. Hoy os contaré la primera de ellas.

El pasado mes de Julio, el Comú de Canillo (Andorra), una de las siete parroquias en que está organizado el Principado, inauguró en el llamado Mirador de Roc del Quer, a casi dos mil metros de altura, una plataforma panorámica, con un voladizo de 12 metros sobre el vacío del valle.

Tuve noticia de ella a través de mi hermana y mi sobrino, que la visitaron en el curso de una breve escapada a Andorra. Encontré alguna información adicional en la Red, y creí localizarla en Google Earth. Introduje sus coordenadas en mi navegador GPS (un Garmin Nüvi 66, al que llamo coloquialmente La Niña, por la dulce voz femenina que da las instrucciones).

El viaje, pues, lo articulé a partir del lunes 29 de Agosto. Fui directamente desde Madrid a Calafell en unas seis horas (incluyendo las necesarias paradas). Dicho sea de paso, allí coincidí con los dos únicos días de todo el verano en que NO se vio el Sol.

El miércoles 31 por la mañana puse la proa hacia los Pirineos. Llegué a la carretera que une la Seu d'Urgell (Lleida) con Puigcerdá (Girona), a través de Manresa, Berga y el Túnel del Cadí (de peaje, por supuesto).

En La Seu, a donde llegué pasada la una de la tarde, fui al centro y conseguí aparcar en el Paseo (Passeig de Joan Brudieu). En un barecito me tomé un tentempié en forma de bocadillo de lomo con queso, con un refresco.

Seguí camino hacia Andorra, con la intención de ir directamente al Mirador de Roc del Quer. Hacía muchos años, quizá más de diez, que no visitaba el Principado, y lo encontré cambiadísimo. Han realizado importantes inversiones en infraestructuras, para conseguir que los automóviles puedan moverse sin necesidad de cruzar el centro de los diversos pueblos, a velocidad de tortuga. Han abierto también varios túneles, que facilitan la movilidad.
Pensador Mirando al Valle, una escultura en el extremo
de la plataforma, obra del argentino Miguel Ángel González.
(JMBigas, Agosto 2016)

La Niña me llevó directamente hasta La Masana, para mi sorpresa. Yo creía que el camino más corto sería a través del núcleo urbano de Canillo, y luego la carretera del Coll d'Ordino. Pero La Niña me hizo tomar esta carretera desde La Masana, su otro extremo. Seguí sus instrucciones, hasta que llegué al que yo creía que era el Mirador. Aparqué en una de la docena de plazas habilitadas al efecto en esa zona, pero no había ni rastro de indicaciones sobre la plataforma panorámica. Tras algunas indagaciones, llegué a la conclusión de que esa explanada correspondía a la cima del puerto, y las vistas eran básicamente de las montañas que marcan la frontera con Francia.

Decidí seguir camino hacia Canillo, con la esperanza de poder identificar correctamente al Mirador. Unos kilómetros más adelante, efectivamente, llegué al pequeño apartadero con media docena de plazas para aparcar, y con claras indicaciones de que se trataba del Mirador de Roc del Quer.

Pero, hasta aquí, no había visto una sola indicación en la carretera sobre la Plataforma Panorámica. Tras esperar unos minutos conseguí aparcar en una de esas escasas plazas. Al bajar del coche, ya pude consultar un panel que daba las indicaciones necesarias para llegar a la plataforma.

La zona es fácilmente identificable gracias a tres grandes tótems de madera tropical de bolondo, que constituyen un grupo escultórico del franco-mexicano Jorge Dubon (1938-2004), que se instaló allí en 1991. Al grupo se le conoce como Estructuras Autogeneradoras, aunque otras fuentes la denominan también Ouverture de l'Europe.

En el panel se indicaba que, desde el aparcamiento, había que recorrer a pie un camino de unos 400 metros de longitud, y unos setenta metros de desnivel, bajando hasta el mirador propiamente dicho y la plataforma.

De acuerdo a los datos de mis dispositivos GPS, las coordenadas concretas del aparcamiento de vehículos son N 42,569079º  E 1,587624º, y su altitud es de 1.997 metros. En el extremo de la plataforma, los datos GPS que me aportó la cámara fotográfica indican una altitud de 1922 metros. Eso implica un desnivel real de unos 75 metros.

Recorrí, bajo un Sol justiciero de finales de Agosto, pasadas las tres de la tarde, el camino hasta la plataforma. Debo decir que sudé la gota gorda. Porque el camino no es accesible. Hay zonas de fuerte desnivel, incluso con algunos escalones improvisados en la roca. Puede resultar extremadamente difícil para personas con movilidad reducida, e imposible con silla de ruedas. Vi algunas parejas con cochecito de bebé, pero en algunos puntos debieron llevarlo en volandas.
La plataforma, desde la carretera de Canillo al
Coll d'Ordino.
(JMBigas, Agosto 2016).

Afortunadamente, hay instalados algunos bancos con vistas panorámicas laterales, que permiten un pequeño descanso.

Finalmente, llegué a la pequeña construcción del Mirador propiamente dicho y a la plataforma panorámica. Esta tiene una longitud total de 20 metros, de los que doce son en voladizo. En el suelo hay varios paneles de cristal presuntamente transparente, que permiten ver tanto la estructura de sustentación de la propia plataforma como también el vacío de la montaña que aquí se despeña casi en vertical.

En el extremo de la plataforma hay instalada una gran escultura de un Pensador Mirando al Valle, obra de Miguel Ángel González, un argentino afincado en Lleida. Más tarde, ya camino de Canillo, tuve ocasión de parar en un apartadero de la carretera (a 1805 metros de altitud, N 42,571779º  E 1,596370º), desde la que pude contemplar, desde abajo, la impactante imagen de la plataforma con esa imagen de una persona asomándose al vacío.

Estuve por la zona del Mirador un total de unos 50 minutos, y me crucé, quizá, con unas 40 personas. He visto algunas manifestaciones de representantes municipales de Canillo, que confían en que la nueva Plataforma sea un atractivo para muchos visitantes. Para que eso sea algún día así, deberían todavía realizar alguna inversión adicional. Habría que disponer de más plazas de aparcamiento, aunque hay una señal indicando aparcamiento adicional a 175m. de distancia. Las grandes pendientes de la carretera en esa zona auguran que ya se esté echando el bofe al llegar a la explanada de los tótems.
El pequeño aparcamiento, con los tótems identificativos,
en la explanada superior.
(JMBigas, Agosto 2016).

Y, desde luego, deberían hacer mucho más accesible el camino de acceso. En el límite, se podría instalar un ascensor por el interior de la montaña para salvar el desnivel, que permitiera luego acercarse a la plataforma por un camino llano y estable. O, quizás incluso, un mini funicular que dejara a los visitantes junto a la plataforma.

Actualmente, el acceso hasta la plataforma es totalmente libre, y no percibí que hubiera ningún tipo de vigilancia especial. En caso de convertirlo en una atracción realmente accesible, parece lógico pensar que se cobrara una cierta cantidad (por ejemplo 5-8€, que no creo que ningún visitante rehusara pagar) y debería tener un horario definido de acceso, con personal, vigilancia, etc. En esas condiciones, parece razonable pensar que se pudiera llegar a cifras en el entorno de los mil visitantes por día (excluyendo, seguramente, los meses más duros del invierno), lo que podría aportar una recaudación anual en el rango de 1-2 millones de euros.

Dicho esto, la plataforma en sí es una maravilla. Las vistas hacia el valle de Canillo y Encamp, que discurre unos 500 metros por debajo, son sobrecogedoras e impresionantes. Así como el panorama de las montañas que lo rodean. Una atracción imprescindible para cualquiera que visite Andorra, que merece incluso algún desvío para quienes estén en algún punto de los Pirineos catalanes, a ambos lados de la frontera franco-española. Lógicamente, no es apta para personas con vértigo. Pero, en condiciones normales, no sentí ningún tipo de temor por el vacío que se extiende por debajo.

De todas formas, en época invernal y a esa altitud, me temo que la nieve puede impedir el acceso al Mirador. Incluso puede que la carretera del Coll de Ordino esté cerrada al tráfico durante alguna temporada.

Aparte de las fotografías que he utilizado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una colección más completa, de 16 imágenes, que está en Google+.

También podéis ver este vídeo ilustrativo.


JMBA

lunes, 30 de junio de 2014

ExAO (1) - Madrid a Plasencia, por Las Hurdes

Ya os he contado la descripción general del viaje a Extremadura y Andalucía Occidental, que tuve ocasión de realizar a primeros del mes de Junio. Hoy inicio los capítulos de detalle de las visitas más importantes.
La sinuosa carretera M-505, camino del
Puerto de la Cruz Verde.
(JMBigas, Junio 2014)

El objetivo del primer día, lunes 2 de Junio, era llegar a Plasencia (Cáceres) a media tarde (6-7 de la tarde). El camino directo, por la autovía de Extremadura, supone unos 262Km, y unas dos horas y media de viaje. Pero, dado que disponía de la jornada entera, pude planificar las cosas de otra forma.

Escogí acceder a la provincia de Cáceres por la comarca de Las Hurdes, al norte, lindando con la provincia de Salamanca. Las Hurdes es una pequeña comarca de 465 kilómetros cuadrados y 5.172 habitantes. Sólo tiene cinco municipios (Caminomorisco, Pinofranqueado, Ladrillar, Nuñomoral y Casares de las Hurdes) e infinidad de aldeas o alquerías.

Las Hurdes ganó una triste fama internacional, como el Tercer Mundo de Europa, a raíz de un documental de 27 minutos, dirigido por Luis Buñuel en 1932 (al principio de la Segunda República española), titulado Tierra sin Pan. Aunque originalmente muda, se acabó estrenando con una voz en off en francés. En 1996, con motivo del centenario del cine, la Filmoteca Nacional, realizó la adaptación de la película al castellano, con la voz en off del gran actor Paco Rabal. Todas las versiones pueden verse en youtube (por ejemplo). El documental fue muy discutido (algunas escenas estaban evidentemente preparadas), e incluso se prohibió, por proyectar una imagen inadecuada de España. El documental presenta una comarca aislada y anclada en el subdesarrollo, con niños desnutridos y descalzos, y muchos cretinos (así los llaman), fruto de la endogamia y el incesto. Parte del documental fue rodado en el pueblo de La Alberca, que administrativamente pertenece a la comarca de Sierra de Francia (Salamanca), junto al valle de las Batuecas.
El inconfundible perfil del Monasterio del Escorial,
desde el mirador del Puerto de la Cruz Verde.
(JMBigas, Junio 2014)

La realidad es que Las Hurdes es, hoy, una comarca bastante aislada, que no es ruta de paso. Aunque linda con Salamanca, la separa de ella la montaña, y sólo algunas carreteritas la cruzan. Aunque la primera carretera no se diseñó hasta 1922, hoy tiene una excelente carretera que la cruza de este a oeste (la EX-204), con numerosas carreteras comarcales, que permiten el acceso a los pueblos y aldeas que se encaraman en la montaña. Y dispone, por supuesto, de todos los servicios que un viajero puede necesitar. Algunas de sus maravillas naturales bien merecen, como veréis, una visita.

El camino que elegí me llevaría por Ávila y el sur de la provincia de Salamanca, para entrar en Las Hurdes por Riomalo de Abajo. El camino de Madrid a Ávila se puede realizar por la Autopista de La Coruña, la AP-6 (de peaje, que incluye el Túnel de Guadarrama), hasta Villacastín, y luego por la AP-51, también de peaje, hasta Ávila. Pero yo escogí el camino más pintoresco (y lento, por supuesto), que me brindó algunas vistas espectaculares.

Fui por la A-6 hasta Guadarrama (libre de peaje), y luego hacia El Escorial. Bordeando el Monasterio, seguí por la M-505 hacia Navas del Marqués. Pasé por el Puerto de la Cruz Verde (una delicia para los motoristas). Allí hay un mirador al borde de la carretera, desde la que se tiene una magnífica panorámica del valle de El Escorial y, a poco despejado que esté el día, se tiene una excelente visión del perfil del propio Monasterio. El mirador, a una altura de 1.352 metros (de acuerdo a los datos GPS), está situado en las siguientes coordenadas: N 40,564962 O 4,199243.
Meandro del Melero, en el río Alagón, desde el
Mirador de La Antigua.
(JMBigas, Junio 2014)

Desde allí seguí hacia Ávila y Piedrahíta. Aunque me suponía un pequeño desvío de la ruta, Guijuelo, la capital del buen jamón ibérico de la provincia de Salamanca, me quedaba muy a mano. Planifiqué una visita al pueblo, con la intención de comprar un poco de ese maravilloso jamón. Todo el pueblo está lleno de tiendas especializadas en la venta de productos del cerdo ibérico. Sin embargo, había escogido una tienda (que vi recomendada en alguna web), fuera de la calle principal y donde era relativamente fácil poder aparcar sin problemas. Durán Sánchez, uno de los especialistas de Guijuelo, tiene dos tiendas en el pueblo: una en la calle Filiberto Villalobos, 10 (N 40,553117 O 5,674451), la más grande, y otra más pequeña en Abdón Rodilla, 10 (N 40,557921 O 5,672216). Yo escogí esta última, donde pude comprar un par de sobres de 100 gr. cada uno, de excelente jamón ibérico de bellota de Guijuelo, cortado a cuchillo y envasado al vacío (a tan sólo 5€ el sobre, dicho sea de paso).
Panel descriptivo en el Mirador de La Antigua.
(JMBigas, Junio 2014)

Aunque había desayunado en casa antes de salir (hacia las siete de la mañana), ya tenía hambre, y aproveché para comer un bocadillo del excelente jamón de la zona en un bar al lado de la tienda.

Desde Guijuelo seguí por Sotoserrano y, bordeando el río Alagón, entrar en la provincia de Cáceres por Riomalo de Abajo. Allí hay una visita indispensable, el Mirador de La Antigua, al que, por cierto, no es fácil llegar. Al entrar al pueblo hay que tomar una carreterita lateral que bordea el río. Más adelante se convierte en una pista de tierra (correcta para circular, con precaución por los muchos baches, con un vehículo convencional). Tras varios kilómetros, se llega al Mirador (N 40,391161 O 6.086692), que está situado a 583 metros de altitud. Desde allí se domina el que, posiblemente, sea el meandro fluvial más bonito de toda España: el Meandro del Melero, en el río Alagón. Podéis verlo en alguna de las fotos y en el vídeo que os adjunto. Desde la zona donde se puede aparcar el coche se puede descender a pie hasta un segundo mirador inferior, más cercano al río. El lugar merece absolutamente una visita.

De vuelta a Riomalo de Abajo (municipio de Caminomorisco), tomé la carretera principal (EX-204) hasta Vegas de Coria (municipio de Nuñomoral). En el primer tramo, la carretera sigue, más o menos, el curso del río Ladrillar. Allí me desvié a la derecha por la carretera de Casares de Las Hurdes, que sigue el valle del río Hurdano. Justo en el desvío hay una gasolinera (conviene tenerla en cuenta, pues no hay tantos servicios fuera de la carretera principal). Tras una breve parada en Nuñomoral (donde se tiene una excelente visión del río), seguí camino hasta Casares de Las Hurdes.
Pueblo de Casares de Las Hurdes.
(JMBigas, Junio 2014)

El núcleo del pueblo bien merece un paseo (allí se puede ver el que, posiblemente, sea el único campanario de España que no forma parte de una iglesia o ermita), pero, desgraciadamente, yo iba ya bastante mal de tiempo (con hambre de parar a almorzar en Nuñomoral o Vegas de Coria). Paré en un pequeño mirador (N 40,441295 O 6,286575) de la sinuosa carretera de montaña CC-55.3, que permite cruzar a la provincia de Salamanca, en dirección a Ciudad Rodrigo.

De vuelta a Vegas de Coria, paré para comer un menú del día muy correcto en el Restaurante Los Ángeles, que tiene también servicio de hotel rural, sobre la propia carretera principal (EX-204). Dispone en la parte trasera de una pequeña zona donde también se puede aparcar. Como coincidió que esa mañana había sido noticia la abdicación del Rey Don Juan Carlos en su hijo, el entonces Príncipe Felipe, hoy ya nuevo Rey Felipe VI, pude seguir las informaciones en el televisor del comedor.

Tras la comida, seguí por la EX-204 dirección Oeste. Crucé Caminomorisco, y en Pinofranqueado (503 m. s.n.m.) me desvié de nuevo a la derecha por la CC-156, para remontar el valle del río Esperabán, hasta Aldehuela (784 m. s.n.m.). Por el camino, la carretera sigue el curso del río, y se cruza por varias alquerías muy pintorescas (como Las Erías o Castillo). También se pueden ver algunas de las características parcelas agrícolas (hoy abandonadas en su mayoría) rodeadas por muretes de piedra para protegerlas de las avenidas del río.
Hotel Restaurante Los Ángeles, en Vegas de Coria.
(JMBigas, Junio 2014)

De vuelta a Pinofranqueado por la misma carretera, enfoqué ya la última parte de la jornada en dirección a Plasencia. La carretera entra ligeramente en la comarca de Sierra de Gata, al oeste de Las Hurdes, por Torrecilla de los Ángeles, Hernán Pérez y Villanueva de la Sierra. La carretera se mantiene en todo el trayecto en el entorno de los 500 metros de altitud. La comarca es famosa por sus finos aceites de oliva, y se pueden ver grandes extensiones de olivos.

Y luego directo a Plasencia, donde acabé llegando pasadas las seis de la tarde. Ya os contaré algunas cosas de Plasencia en el siguiente capítulo.

Aparte de las poquitas fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una más completa colección de 23 instantáneas, pinchando en la siguiente foto:


También podéis ver un vídeo (de unos cinco minutos de duración), con las mejores imágenes de esta etapa:


JMBA

viernes, 5 de julio de 2013

Panorámica de Frankfurt

A finales de Marzo de 2013, tras viajar a Londres (ya os comenté mis visitas a The Shard y a la Pequeña Venecia) y luego a Bruselas (también os comenté mi estancia allí), la siguiente etapa fue Frankfurt, en Alemania, a las orillas del río Main.
El Dom (o catedral oficiosa) de Francfort, junto al
río Main. Vista desde la terraza panorámica de la
Main Tower.
(JMBigas, Marzo 2013)


Había comprado por Internet un billete de ferrocarril ICE Bruselas-Frankfurt (unas tres horas de recorrido). Para ello, utilicé la web de los ferrocarriles belgas. Resultó relativamente caro, ya que pagué 83€. Los precios, como ya viene siendo habitual, varían con la temporada y el horario.

La salida estaba prevista desde la estación Bruxelles-Midi para las 10.25 horas de la mañana del viernes 22 de Marzo. Recién inaugurada la primavera, pero todavía con fríos bastante glaciales por el centro de Europa. La mañana estaba soleada, pero fresquita.

Como había pernoctado en el Hotel Ibis Brussels Centre Gare Midi, me bastó cruzar con el equipaje la Avenue de Fonsny para entrar directamente en la gran Estación del Sur de Bruselas.

Nunca había viajado en un tren alemán ICE, el material más moderno para la alta velocidad. Si bien son muy confortables, me sorprendió la total carencia de espacio destinado específicamente para el equipaje voluminoso, en el extremo de los vagones. Ello provoca situaciones un poco bufas, como la pretensión de depositar en la repisa sobre los asientos bultos claramente demasiado grandes y pesados para esa zona, o la acumulación de maletas y bolsas por los pasillos, dificultando la movilidad de los propios pasajeros.
El momento mágico en que se ve la maravillosa Catedral
gótica de Colonia, justo a la salida en el tren de
Köln HBF.
(JMBigas, Mayo 2013)

El trayecto entre Bruselas y Frankfurt tiene un momento mágico, tras la parada en la Estación Central de Colonia (Köln HBF). Justo cuando el tren se pone en movimiento para seguir viaje, hacia atrás y a la derecha en el sentido de la marcha, se tiene una vista maravillosa de la conocidísima y preciosa Catedral gótica de Colonia. Un momento después, se cruza el Rhin por el gran puente ferroviario.

Llegamos a Frankfurt HBF (la gigantesca Estación Central de Frankfurt, Hauptbanhof) a la hora prevista (las 13.25). La primera sorpresa fue que en el propio andén (realmente, en todos los andenes de la estación), por donde el pasaje que acaba de abandonar el tren se dirige hacia el bloque principal de la estación y la calle, había una zona delimitada, sin más, en el suelo, para los fumadores. Hasta ese momento, todos los terminales de aeropuerto y estaciones ferroviarias que había visitado eran integralmente espacios sin humo. En fin, aproveché la ocasión para fumar un cigarrito tras más de tres horas de abstinencia.

Había previsto una estancia en Frankfurt de unas 48 horas. Para el domingo al mediodía tenía billete para un tren con el que viajaría hacia París. Era consciente de que Frankfurt-am-Main, a pesar de ser la capital económica de Europa, ya que ahí reside el Banco Central Europeo, el Bundesbank y la poderosa Bolsa de Frankfurt, sus alicientes para el turista son más bien limitados. Frankfurt es una ciudad de unos 700.000 habitantes, pero su talante es el de una capital de provincia grande. Tras la Segunda Guerra Mundial, cuando fue finalmente escogida Bonn como capital de la República Federal de Alemania, Frankfurt podría haberse convertido en la capital del país, pero eso nunca sucedió.
Sin Comentarios.
(JMBigas, Mayo 2013)

Por ello, había preparado una excursión en tren para el sábado que me llevaría a visitar la próxima ciudad de Heidelberg (ya os contaré los detalles en otra ocasión). Mi estancia en Frankfurt iba a radicar, pues, en las proximidades de la Estación Central. Por ello, y creo que con buen criterio, escogí un hotel muy próximo, al que poder llegar sin más que un breve paseo. Escogí el Leonardo Hotel Frankfurt City Center, un hotel de gama media, ubicado en Münchener Strasse, que es una de las calles principales que desembocan en la explanada frente a la HBF. Desde que bajé del tren, un paseíto de escasamente cinco minutos. Había estado unos años antes en un hotel de la misma cadena en Charleroi (Bélgica) y me pareció que ofrecen una buena relación calidad-precio.

Incluyendo el desayuno (un buffet más que correcto), conseguí una reserva por dos noches por muy poco más de 100€. El único inconveniente del hotel es que la conexión WiFi es de pago aparte y no está incluida en la tarifa del hotel. Eso sí, para urgencias puntuales, hay en la primera planta un Business Corner con un par de ordenadores conectados a libre disposición de los huéspedes.
Rascacielos junto a Taunusanlage. La torre negra con
la antena es la Main Tower.
(JMBigas, Marzo 2013)

Para facilitar la movilidad (y también la comodidad) por la ciudad, compré un billete de 24 horas (Tageskarte Erwachsene - Adulto -) por 6.40€. Con ese billete se puede utilizar libremente durante todo el día la red completa de tranvías, autobuses, metro (U-Bahn) y trenes de cercanías (S-Bahn), dentro de los límites de la ciudad de Frankfurt.

La visita que no quería perderme era la terraza panorámica en lo alto de la Main Tower. Este rascacielos, completado en 1999, ya forma parte del skyline de la ciudad de Frankfurt. Tiene una altura de 200 metros (56 pisos sobre el terreno, más cinco pisos subterráneos) y hasta 240 metros, incluyendo la colosal antena que surge de su tejado. Es un edificio de oficinas (la sede de varios bancos y hasta de una cadena de televisión), que tiene una terraza panorámica de acceso público.

La torre está situada en una zona de oficinas (Neue Mainzer Strasse, 52-58), muy próxima a la estación S-Bahn de Taunusanlage. Desde la HBF, basta tomar cualquier línea (S1-9) en dirección a Innenstadt y bajar en la primera estación.

Para acceder a la terraza, hay que comprar un ticket (5€) en la recepción de la planta baja. Se pasa un control de seguridad y se accede a los ascensores que, viajando a una velocidad de hasta 18 Km/h, te suben al nivel de la terraza panorámica. El mirador, al aire libre, aporta visibilidad de 360º sobre toda la ciudad de Frankfurt y sus alrededores. El eje de la ciudad es el río Main, en torno al que se articula. En la orilla norte está la pequeña zona del casco antiguo (conocida genéricamente como Römer - Romanos -) donde está el Dom, la catedral de Frankfurt.
Rascacielos de Francfort. Al fondo, en pico, la
Messeturm (Torre de la Feria).
(JMBigas, Marzo 2013)

Alrededor de la terraza hay múltiples paneles fotográficos, en los que se identifican al detalle la mayoría de los edificios singulares que se divisan desde ella. En la tarde de viernes que subí a la Torre, el día estaba bastante claro, a pesar de ser más bien fresquito, con lo que las vistas (y las tomas fotográficas que pude conseguir) fueron bastante completas.

De entre todo lo que se divisa desde ese mirador, yo destacaría el entorno del río Main (especialmente el casco antiguo de la ciudad), el conjunto de rascacielos (sede de Bancos y grandes compañías), las lejanas Fernsehturm (Torre de la Televisión) y Messeturm (Torre de la Feria). Y, muy especialmente, el complejo de la Estación Central, con sus múltiples bóvedas y la impresionante playa de raíles de aproximación.

La Main Tower ofrece algunos arreglos muy convenientes para celebrar bodas en ella. Cuando terminaba mi visita a la terraza, apareció todo un cortejo nupcial, con la novia de blanco y una cohorte de invitados endomingados. Todos con muchas ganas de fiesta.
Impresionante playa de raíles de aproximación a la
enorme Francfort HBF.
(JMBigas, Marzo 2013)

La Main Tower no tiene propiamente una tienda de souvenirs, aunque en la planta baja hay un expositor con varios objetos alusivos a la Torre, que supongo se podrán comprar en la propia Recepción.

De nuevo al nivel de la calle, anduve dos o tres cuadras hasta Willy-Brandt Platz, donde tomé un tranvía hacia el centro (Dom/Römer), que está bastante próximo.

El núcleo histórico de Frankfurt es una estrecha franja (peatonal), entre la Berliner Strasse y el río Main. Llegando allí, me entró un poco de hambre. Localicé un barecito (el Alten Limpurg am Römer) que ofrecía diversos tipos de salchichas y demás. Me metí y allí encontré la segunda sorpresa: en el local se podía fumar libremente. Pedí un bocadillo de Bockwurst  (un tipo de salchicha bastante gruesa y nutritiva) con una cerveza, amenizando la espera con un cigarrito. La cuenta fue más que modesta: 5,70€.
Römer es el centro antiguo de Francfort.
(JMBigas, Marzo 2013)

Paseé por toda la zona, hasta el río y luego hacia el Dom. El Dom es realmente la Iglesia de San Bartolomé, aunque se tiene como la catedral oficiosa de Frankfurt. Realmente, Frankfurt nunca ha sido una diócesis con derecho a Catedral. En cualquier caso, nada que resulte artísticamente impresionante.

Desde esa zona del Römer me dirigí hacia la principal arteria comercial de Frankfurt: el Zeil. En el camino, tuve la ocasión de realizar una visita muy interesante a un mercado popular (el KleinMarktHalle), con una variada y selecta oferta de toda clase de alimentos. Con especial énfasis, claro, en carnes y salchichas de todos los formatos, tamaños y colores.

El Zeil es una gran avenida peatonal, jalonada de tiendas y Grandes Almacenes. Ese viernes por la tarde había una multitud de gente por la zona, de compras o, al menos, mirando por los diversos comercios. Yo visité la sección de Librería de una de las grandes tiendas. Pero tantos libros en alemán me acabaron echando para atrás.
Zeil es la gran arteria peatonal comercial de Francfort.
(JMBigas, Marzo 2013)

Desde Hauptwache, un nudo importante en el transporte urbano de Frankfurt, volví a la HBF en un U-Bahn. Como llegué al bloque principal de la estación, una librería gigante (Schmitt und Hahn) me tentó con una amplia oferta de libros en inglés. Entre otros, compré uno escrito por un historiador inglés (Richard Bessel), titulado Germany 1945. From War to Peace. Es decir, la historia de esa Alemania recién salida del delirio nazi, y su espinoso camino hacia la paz y la recuperación (nacional, política y económica).

De vuelta al hotel, para cenar, me apetecía un restaurante italiano. Pregunté por alguno en la recepción del hotel, y me recomendaron la Pizzería Mesina, a un par de manzanas del hotel (Elbestrasse, 14). Resultó ser un típico restaurante italiano fuera de Italia, que se esfuerza en aportar un tipismo ciertamente kitsch. Escogí un Schnitzel Milanese, es decir, una clásica Milanesa, enorme y excelente. Acompañada con una jarra de vino tinto Montepulciano, acabó siendo una cena muy agradable.
El río Main, hacia el Este, desde la pasarela peatonal
(Eiserner Steg).
(JMBigas, Marzo 2013)

Como es habitual en las cercanías de las grandes estaciones ferroviarias, por esas calles hay diversas tiendas de conveniencia, abiertas hasta altas horas de la noche, donde se puede comprar un poco de todo (sandwiches, pan, embutidos, prensa, refrescos, cervezas, botellines de ron o whisky, etc. etc.). Compré lo necesario para poder tomar un Cuba Libre en la habitación del hotel, antes de echarme a dormir.

El sábado por la mañana tomé un tren hacia Heidelberg, pero esa excursión ya os la contaré en otra ocasión. Por la tarde volví a Frankfurt, cansado y con mucha hambre (prácticamente no había comido nada a la hora del almuerzo). Decidí pasearme por las cercanías del hotel (por la Kaiserstrasse, la principal avenida que desemboca en la HBF). Finalmente me metí para cenar en un local de diseño llamado BonaMente (Kaiserstrasse, 51). Se presenta como una SteakHouse y ofrece, principalmente, carnes selectas. Aunque también pretende tener un cierto toque español (steaks, tapas).

Escogí una carne y sucumbí al jamón ibérico que ofrecía la carta, como entrante. Lógicamente, acabó siendo un jamón mediocre, pero bueno, me trajo un cierto recuerdo de casa. Escogí un Merlot chileno, muy correcto. Al final, la cuenta resultó dolorosa, al tener que añadir a un total ya abultado el cargo por servicio que el camarero (muy profesional) alegaba que no estaba incluido en la factura. En esos casos, en general, no me apetece discutir.
Explanada frente a la Estación Central de Francfort
(Frankfurt HBF - Hauptbanhof)
(JMBigas, Marzo 2013)

Para el domingo al mediodía, debía tomar un tren en la HBF a la una de la tarde, en dirección a París. Por la mañana tenía interés en acercarme al río, para ver si había alguna oferta para dar un paseo en barco y ver la ciudad desde el agua.

Me acerqué de nuevo a Römer, y de allí hacia el río Main, por la zona de la pasarela peatonal (Eiserner Steg). La mañana estaba fría, fría, y el viento a esa temperatura te cortaba el aliento. Vi una compañía que publicitaba (sin público alguno, que el tiempo estaba muy desapacible) un paseo por el Main, pero me echó para atrás el frío. Si ya en tierra firme la supervivencia se hacía complicada, imaginarme en medio del río con ese viento frío me desmoralizó, y abandoné la idea original.

Para pasar el tiempo que me sobraba hasta la hora de mi tren, tomé un tranvía hacia la HBF, y seguí en él cruzando a la orilla sur del río, y a los diversos barrios totalmente residenciales en esa zona. Hasta que me bajé y tomé otro en dirección contraria, para pasar por el hotel y recoger el equipaje, y meterme en la HBF para abordar el ICE en dirección a la estación de Paris-Est. Un viaje de casi cuatro horas, por Kaiserslautern y Saarbrücken, hasta cruzar a Francia e integrarse en la red de Alta Velocidad TGV-Est.

En resumen, una breve estancia en Frankfurt, que me permitió hacerme una idea bastante cabal de esa ciudad alemana que siempre está en el centro de todas las polémicas económicas dentro de la Unión Europea.

Aparte de las fotografías que he escogido para ilustrar este artículo, podéis acceder a una colección más completa, de 45 fotografías, que ilustran la panorámica de la ciudad. Basta pinchar en la foto del Dom.

Panorámica de Frankfurt


JMBA

martes, 2 de abril de 2013

Un Nuevo Mirador Panorámico de Londres: The Shard

Londres es una ciudad básicamente llana, construida sobre ambas riberas del río Támesis. Otras ciudades, por su orografía particular, disponen de lugares naturales que se constituyen en miradores privilegiados desde las alturas. Así, en París, por ejemplo, la colina de Montmartre, con su magnífica Basilique du Sacré Coeur, actúa de mirador natural, o el Tibidabo (con su parque de atracciones y la Torre de Collserola) o la montaña de Montjuïc (con su antiguo castillo militar y el teleférico que cruza el Puerto) juegan el mismo papel en Barcelona.
The Shard, a la izquierda, desde Tooley Street (frente al
acceso a la London Bridge Station).
(JMBigas, Marzo 2013)

Es conocido que muchos de los visitantes de una ciudad aprecian poderla contemplar a sus pies desde algún lugar elevado. Por ello, es muy habitual que existan miradores artificiales, en lo alto de edificios elevados o en construcciones de todo tipo (la Tour Eiffel de París sería un buen ejemplo de ello).

Con motivo del Nuevo Milenio, en Londres se decidió la construcción de una noria gigante junto al Támesis, que aportara al visitante esa dimensión de mirador panorámico de la ciudad. Así nació el London Eye, que fue inaugurado por Tony Blair, a la sazón Primer Ministro del Reino Unido, el 31 de diciembre de 1.999, aunque su funcionamiento comercial se retrasó hasta Marzo del 2.000. Aunque todo el mundo lo conoce simplemente como el London Eye, la noria gigante o The Wheel (la rueda), su nombre oficial ha sufrido diversas variaciones, al hilo de la resolución de los sucesivos conflictos financieros por los que ha venido pasando. Inicialmente su nombre estaba unido a British Airways, pero en 2.006 lo compró el Tussauds Group (dueño, entre otras atracciones londinenses, del famoso Museo de Cera), quien a su vez pasó a manos del grupo Merlin Entertainments, su actual propietario. Actualmente, su nombre oficial es EDF Energy London Eye, a partir de un contrato de patrocinio del gigante francés de la energía por tres años, que se inició en Enero de 2.011.
La Torre de Londres, desde lo alto de The Shard.
(JMBigas, Marzo 2013)

Anualmente, unos tres millones y medio de visitantes montan (suben, vuelan) en el London Eye. Su enclave privilegiado junto al puente de Westminster y casi frente al Parlamento y el Big Ben, ofrece vistas de postal incluso en días de visibilidad limitada (desgraciadamente, muy frecuentes en Londres). El viaje consiste en una vuelta completa en la noria, que dura 30 minutos, y que eleva al visitante hasta los 135 metros de altura. Esta atracción no resulta nada barata, pues el billete básico de adulto cuesta 19,20GBP (Great Britain Pounds, las libras esterlinas de siempre), o 17,28GBP si se compra con antelación por Internet. Hay otras fórmulas bastante más caras, que aportan una mayor flexibilidad y la promesa de librarse, total o parcialmente, de las habituales colas de espera. Asimismo hay fórmulas combinadas con otras atracciones (cruceros por el Támesis, Museo de Cera,...) a precios globales relativamente atractivos. También es posible alquilar una de las cabinas para una fiesta privada, o cualquier otra fórmula adecuada para satisfacer lo que el marketing ha identificado como demanda potencial.

El London Eye era la noria más alta del mundo, hasta que en 2.006 se inauguró la Star of Nanchang (160m) en la capital de la provincia de Jiangxi, al sudeste de la República Popular China, y en 2.008 la Singapore Flyer (165m) en Singapur.
Los grandes haces ferroviarios, de actividad incesante,
que unen Waterloo, London Bridge y Canon Street.
(JMBigas, Marzo 2013)

Para el que visite Londres por primera vez, el London Eye se ha convertido en una visita casi imprescindible, aunque por su elevado precio, los repetidores hay que buscarlos entre los frikis de las alturas.

En 2012 terminó la construcción del rascacielos más alto de Londres (y de toda Europa Occidental). Se trata del llamado The Shard ('la esquirla', por la forma de su remate en lo más alto), obra del arquitecto Renzo Piano, que alcanza una altura de 310 metros. El edificio está situado muy cerca del Támesis, también en su ribera sur, como el London Eye, pero bastante más al este, junto al London Bridge. En el segundo trimestre de 2013 está prevista la inauguración del Hotel Shangri-La en The Shard, y también dispone de espacio de oficinas y viviendas (sospecho que nada económicas).

El 1 de Febrero de 2.013 se inauguró la plataforma panorámica del edificio, que se conoce como The View from The Shard. Consta de una gran sala cubierta, con visibilidad de 360º, en las plantas 68 y 69, y una terraza descubierta en la planta 72, a 244 metros de altura sobre el suelo.
La City de Londres, donde destaca el pepinillo de
Norman Foster.
(JMBigas, Marzo 2013)

Para su explotación, han escogido un modelo de negocio que resulta discutible, pero es coherente. El precio de la entrada es la astronómica cifra de 29,95GBP, reducida a 24,95GBP si se compra con antelación por Internet. Su mensaje publicitario promete que puedes estar arriba el tiempo que desees (frente a los 30 minutos que dura el vuelo en el London Eye), y que podrás olvidarte de colas y aglomeraciones. En el London Eye, un ticket que garantice el embarque prioritario y evite las colas puede valer hasta 29,16GBP (26,35GBP si se compra con antelación online).

En fin, lo cierto es que no es una visita para todos los bolsillos. Pero ya es sabido que Londres no es barato (los hoteles por debajo de las 80GBP por noche ya hay que buscarlos con candil) y también hay visitantes que gastan 70 o hasta 100GBP por asistir a un musical en alguno de los múltiples teatros de Londres. Seguro que hay gente para todo. La previsión del operador es alcanzar el millón de visitas anual.

En mi reciente viaje de inicio de primavera por diversas capitales europeas (que ya os iré contando), llegué a Londres Gatwick en vuelo de Easyjet desde Madrid (85,07€, incluyendo la facturación de una maleta de hasta 23Kg. de peso) el martes 19 de Marzo por la mañana. A ello habría que añadir las 17,70GBP (20,81€) del viaje en el Gatwick Express hasta la Estación Victoria, en el centro de la ciudad. Seguí luego viaje hacia Bruselas en el Eurostar (tren de alta velocidad que circula por el Túnel bajo el Canal de la Mancha), el jueves 21 de Marzo por la mañana (48,50€, reservando con dos meses de antelación).
El London Eye, intuido en la distancia, en ese día
lluvioso de Marzo.
(JMBigas, Marzo 2013)

Decidí comprar por Internet una entrada para The View of The Shard, para el miércoles 20 de Marzo, en la franja horaria 15.00-15.30. Por 24,95GBP del ala. Confié que esas primeras horas de la tarde eran las que podían ofrecerme una mayor probabilidad de disponer de una visibilidad razonable en una ciudad como Londres, donde los días lluviosos y con neblina forman parte de la vida habitual de sus habitantes y turistas.

Esa mañana la dediqué a visitar el Cutty Sark en Greenwich (ya os contaré detalles en otro momento). Terminada la visita, tomé uno de los autobuses fluviales en el Greenwich Pier, y me bajé en el London Bridge Pier. Los llamados River Bus Services sospecho que no son ampliamente conocidos por los visitantes de Londres. Sin embargo, ofrecen una alternativa muy razonable a los clásicos cruceros por el Támesis, y ofrecen los mejores enlaces en algunas rutas, donde el acceso por el Metro (Underground) puede requerir varios transbordos.

La mañana fue lluviosa, bastante fría y ventosa, y se la pasó lloviznando a ratos. La perspectiva no era nada halagüeña. Pero tenía solamente esa oportunidad (en este viaje) de subir a The Shard, e iba a aprovecharla.
La Catedral de Southwark, muy próxima a The Shard
y a London Bridge.
(JMBigas, Marzo 2013)

Crucé por las Galerías que hay junto al río en London Bridge (con buena oferta de comercios, bares y restaurantes, con terrazas que tendrían que esperar mejor ocasión). En Tooley Street paré a comer un plato de pasta y una copita de vino en uno de los muchos restaurantes Azzurro que hay por la ciudad (20,85GBP, sentado y servido). A las dos y media me decidí a abordar la última etapa de ese particular acontecimiento.

El rascacielos The Shard (de 95 plantas en total) está prácticamente integrado en la estructura de la estación ferroviaria de London Bridge, y ocupa el espacio de las antiguas Southwark Towers, 24 plantas de oficinas, que se habían construido en 1.975.

Su acceso principal es por St. Thomas Street, y por el piso superior, junto a una de las entradas de la estación ferroviaria. A la hora en que acudí ese día a la zona, había un gran movimiento frente a la entrada principal (ignoro con qué motivo, pero debía haber algún evento que atraía VIPs de todas clases), con docenas de berlinas Mercedes-Benz S350 (negras o color plata) con chófer, de la compañía London Executive, yendo y viniendo por St. Thomas Street.

El acceso público a The View from The Shard es por Joiner Street. Esta es una calle que no parece tal. Desde Tooley Street, su apariencia es que fuera únicamente el acceso a trenes y Metro de la estación London Bridge. Pero, siguiendo adelante, se llega hasta St. Thomas, y un poco antes, a la izquierda, está la entrada a la plataforma panorámica. Mostré mi entrada (que había comprado previamente por Internet y había impreso en casa) al portero, y me tendió (simbólicamente) una alfombra roja hacia el interior.
El Tower Bridge (con los reflejos del cristal de la
galería panorámica).
(JMBigas, Marzo 2013)

Lo cierto es que no había aglomeraciones ni colas. A esos precios, otra cosa sería extraña. Desde que entras, te rodea una cierta sensación de exclusividad y lujo, abonada por el abundante personal que está a disposición de los visitantes durante toda la visita.

Hay que cruzar un control de seguridad (casi) equiparable al de cualquier aeropuerto. A las 15.02 acerqué el código de barras de mi ticket a los torniquetes de paso, y me franqueó la entrada. Ignoro lo que sucede si intentas pasar el billete fuera de la franja horaria asignada. Es fácil que, en ese caso, tengas que acercarte previamente a los mostradores de venta para que te la convaliden de alguna forma. Aunque todas las informaciones y advertencias durante el proceso de compra hacen énfasis en que la entrada solamente es válida dentro de la horquilla horaria que compres. De todas formas, me cuesta creer que, si te retrasas más de media hora, tengas que pagar de nuevo. Mejor evitarlo, en cualquier caso.

Los grupos de visitantes son sometidos a una brevísima sesión fotográfica sobre un fondo verde uniforme que, a la salida, puede convertirse (previo pago de su importe, que ignoro, porque no sucumbí a esa tentación), en una foto de recuerdo con el propio edificio y las vistas desde arriba como fondo sobrepuesto.
La Catedral de St. Paul.
(JMBigas, Marzo 2013)

Los ascensores te llevan con rapidez hasta la planta 68 (dicen que son los más rápidos del mundo y alcanzan una velocidad de 6 m/seg., equivalente a 21,6 km/h). Te acompaña un empleado en todo el trayecto, aunque sospecho que sin otra función real que la de entablar conversación con los visitantes para darle un mayor valor a la visita.

La planta de observación, en el nivel 69, está completamente acristalada a todo su alrededor, para no perderse detalle, y tiene una altura de unos tres pisos, por lo que transmite, junto con la ausencia de aglomeraciones, la sensación de comodidad y desahogo. Las vistas de toda la ciudad y sus alrededores son realmente impresionantes. Especialmente deben serlo en alguno de los pocos días en Londres con cielo azul y excelente visibilidad, que no fue, para nada, el caso ese 20 de Marzo.

Para compensar este hecho, en todo el recorrido alrededor de la planta de observación hay unos artefactos (gratuitos) a los que llaman Tell-scopes. Son aparatos digitales, que se pueden orientar dentro del área de influencia de cada uno. En su gran pantalla puede escogerse la visión en vivo (es decir, lo que ya podemos ver a simple vista, sólo que con ciertas posibilidades de zoom), pero también una visión fotográfica de las vistas, tomadas anteriormente en las mejores condiciones de visibilidad, de día, de noche y, en algunos casos, a la salida o puesta del Sol. Se pueden ampliar zonas concretas, e incluso invocar ventanas de información textual (en hasta 10 idiomas, entre ellos el castellano), de los principales atractivos de esa área de visión. Dependiendo de las condiciones climatológicas, estos artilugios son un sucedáneo o un complemento a la contemplación a simple vista.

En mi afán por tomar bastantes fotografías de las vistas desde lo alto, al final no hice ninguna de la propia planta de observación y de esos telescopios especiales, pero podéis ver una buena descripción ilustrada aquí.

En toda la planta hay infinidad de empleados (azafatos y azafatas) cuya misión parece ser la de contribuir a esa sensación de lujo, aparte de responder a las curiosidades de los visitantes y hasta entablar conversación con ellos, añadiendo valor a la visita en sí. Ignoro sus habilidades en idiomas diferentes del inglés.
Un curioso souvenir: la torre se monta engarzando dos
piezas planas de plástico duro.
(JMBigas, Abril 2013)

Se pueden subir unos cuantos tramos de escalera hasta la planta 72, donde está la terraza abierta. Aunque no está señalizado, los empleados intentan que los visitantes suban por uno de los lados, y desciendan por el contrario. La terraza abierta ofrece, como principal valor añadido, vistas sobre el remate en altura del propio edificio. Aparte de vistas al natural de todo lo que ya hemos podido contemplar con comodidad desde la planta de observación. Sin embargo, en días desapacibles (viento y lluvia) el entorno resulta francamente incómodo.

Las vistas más remarcables desde The View from The Shard (habitualmente más o menos visibles, aunque el día esté más bien espeso), incluyen a una Torre de Londres que parece una maqueta, junto al Tower Bridge y frente al HMS Belfast; en la orilla sur, casi frente a la Torre, el nuevo complejo del Ayuntamiento de la ciudad; de frente, al otro lado del río, St. Paul y los rascacielos de la City, donde destaca el pepinillo ('gherkin') de Norman Foster; al oeste, es posible ver (se requiere que el día esté algo despejado) el London Eye, el Parlamento y el Big Ben; al sur y suroeste, los inacabables barrios meridionales de Londres, donde destaca el rascacielos Strata SE1 (en Elephant&Castle), conocido como la afeitadora, con sus tres turbinas eólicas en la cubierta, de nueve metros de diámetro cada una, cuya utilización hubo que regular, pues los residentes se quejaron de un nivel sonoro insoportable; y hacia abajo, aparte de la Catedral de Southwark, muy próxima, que abriga el Borough Market, destaca la gran franja ferroviaria, de incesante actividad, que une las estaciones de Waterloo y London Bridge, en la orilla sur, con la estación de Canon Street (es imperdible su magnífica cubierta ajardinada) en la orilla norte. Si hay buena visibilidad, hacia el este se pueden ver los rascacielos de Canary Wharf y el Royal Observatory de Greenwich y el Cutty Sark.

Para los auténticos amantes de las vistas desde las alturas, The View From The Shard resulta complementario al London Eye. Ambos están situados junto al río, pero relativamente alejados entre sí, lo que permite tener desde cada uno de ellos unas vistas privilegiadas de zonas diferentes de la inmensa ciudad de Londres.

Al ir hacia los ascensores para iniciar el descenso, se pasa junto a una pequeña tienda de recuerdos. Pero en la planta baja nos espera una tienda grande, con toda clase de objetos relativos a The Shard, a modo de souvenirs o recuerdos. El tradicional sobreprecio es el habitual en lugares de esta índole. Sin embargo, hay algunos objetos bastante originales. Yo destacaría una réplica simplificada de la torre, que se vende por el módico precio de 3 ó 4GBP, que consiste en dos piezas planas de plástico duro transparente, que una vez engarzadas remedan un The Shard de 12 cm. de altura. Os ofrezco una fotografía de la torre ya montada.

Allí también hay un mostrador donde podemos comprar, si queremos la fotografía recuerdo oficial, compuesta a partir de la que nos tomaron al iniciar la visita.

En una visita con cierto detalle, fácilmente se nos pueden ir en total un par de horas, incluso más, supongo, si el día está muy despejado.

En resumen, un atractivo más a añadir a la larga lista que ofrece Londres. Indudablemente caro, pero relativamente en línea con los precios que se practican en Londres para la mayoría de atracciones turísticas. Y absolutamente imperdible para los amantes de las alturas y los miradores panorámicos.

Anotad The View From The Shard en vuestra lista de deberes para vuestra próxima visita a Londres.

Aparte de las poquitas fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a la colección completa de 26 imágenes, pinchando en la fotografía del edificio. Debo reconocer que las fotografías de vistas no son más que mediocres: se suman las limitaciones de mi propia cámara compacta a las dudosas habilidades de este fotógrafo aficionado, y todo aliñado por un día lluvioso y de escasa visibilidad.


Disponéis también de un vídeo de unos tres minutos, con lo mejor de las vistas que pude captar el día de mi visita.



JMBA