Querido Paseante, siempre eres bienvenido. Intenta escribir algún comentario a lo que leas, que eso me ayuda a conocerte mejor. He creado para ti un Libro de Visitas (La Opinión del Paseante) para que puedas firmar y añadir tus comentarios generales a este blog. Lo que te gusta, y lo que no. Lo que te gustaría ver comentado, y todo lo que tú quieras.


Pincha en el botón de la izquierda "Click Here - Sign my Guestbook" y el sistema te enlazará a otra ventana, donde introducir tus comentarios. Para volver al blog, utiliza la flecha "Atrás" (o equivalente) de tu navegador.


Recibo muchas visitas de países latinoamericanos (Chile, Argentina, México, Perú,...) pero no sé quiénes sois, ni lo que buscáis, ni si lo habéis encontrado. Un comentario (o una entrada en el Libro de Visitas) me ayudará a conoceros mejor.



Mostrando entradas con la etiqueta atentados. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta atentados. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de marzo de 2016

Islamización de la Radicalidad

Oía esta mañana a una colaboradora de Espejo Público en Antena 3 hablar de que, al hilo de los recientes atentados de Bruselas, deberíamos hablar más bien de islamización de la radicalidad que de radicalización del islamismo. Creo que tiene mucho sentido.
Imagen de las cámaras de seguridad de los tres (presuntos)
terroristas del Aeropuerto de Zaventem (Bruselas).
(Fuente: elpais)

Viendo el perfil de los presuntos autores de estos atentados, no parece que fueran profundamente religiosos para nada, y eran conocidos por la policía por sus actividades delictivas comunes (trapicheo, drogas, peleas,...). Lo que da mucho sentido al enunciado.

En España ya hemos vivido una situación parecida. Cuando en la mayoría de ciudades españolas los radicales, entendiendo por tales a los extremistas y/o excluidos en busca de una tribu de la que sentirse orgullosos, se nucleaban en torno a los grupos ultra, fanáticos de los respectivos equipos de fútbol, en el País Vasco la mayoría de radicales de ese perfil sociológico se nuclearon en torno a la ideología abertzale y a la kale borroka.

La explicación de este tipo de fenómenos es simple. Cualquier elemento sociológicamente radical, está en permanente busca de causas que merezcan su soporte y apoyo, y de la que pueda sentirse orgulloso. En su momento, la ideología (y práctica) abertzale proporcionaba una narrativa épica muy atractiva para este tipo de elementos. Una tribu organizada en torno al victimismo de una presunta ocupación extranjera y al orgullo de pertenencia a la patria vasca.

En la actualidad, el islamismo yihadista aporta una narrativa que puede resultar atractiva para ciertos elementos básicamente asociales, o mal integrados en sus respectivas sociedades. Un relato que genera el orgullo de trabajar (o incluso inmolarse o suicidarse) para la recreación de un presunto Califato que forma parte de su imaginario colectivo. Identifica con claridad a los enemigos (los infieles o incluso los malos musulmanes), lo que resulta casi imprescindible para este tipo de personalidades.

Da la sensación de que los cerebros que se esconden tras el yihadismo han descubierto una de las mayores debilidades de la acomodada sociedad occidental. En los márgenes de estas sociedades viven (o malviven) muchos individuos que no se consideran integrados en su sociedad, y por tanto no son, strictu sensu, miembros de la misma. Son individuos asociales en busca de una causa que dé sentido a sus deprimentes vidas. El yihadismo les aporta un relato épico al que abrazarse para convertirse en héroes.

El tema no me parece para nada baladí, ya que debería frenar por completo las reacciones sociales de islamofobia. Si no fuera, claro, que la islamofobia también aporta un relato emocionante y épico para muchos marginados de nuestra sociedad. El problema grave sería que la islamofobia se acabara instalando en el el pensamiento predominante (mainstream) de nuestra sociedad.

Pensemos un poco en ello. Nos hemos acostumbrado ya a que los marginados de la sociedad, aquellos que no tienen ninguna esperanza en los llamados ascensores sociales y se sienten condenados a repetir la vida de sus padres, acaben cayendo en las garras de las delincuencias habituales, que giran en torno a los tráficos ilegales de todo tipo, con su correspondiente carga de violencia y demás. El yihadismo (como, por cierto, el fanatismo ultra de cualquier equipo de fútbol) aporta a estos individuos un relato en el que sentirse integrado, y una tribu de la que pueden sentirse orgullosos.

Nos hemos acostumbrado (y no digo que sea positivo ni conveniente) a que se desarrolle una cierta tolerancia social y policial con la pequeña delincuencia, porque mantiene ocupados a los marginados, con un impacto social limitado. La diferencia es que el impacto social del yihadismo es dramático y se traduce en decenas o cientos de asesinados por el solo hecho de que pasaban por ahí. Esas consecuencias son las que nos resultan intragables.

Seamos sinceros. Nos preocuparía muy poquito, más bien casi nada, que el yihadismo provocara la exportación de esos marginados a otros países, donde desarrollaran sus actividades delictivas. El problema es que se instruyen allí y luego vuelven, para sembrar la desgracia en nuestras acomodadas sociedades.

Contra eso no queda otro remedio que el desarrollo de unos servicios de inteligencia bien coordinados y sin ningún tipo de resquemor para compartir libremente la información entre ellos, que tengan controlados e identificados a todos esos elementos potencialmente letales. En otras palabras, que la sociedad disponga de la información suficiente como para poder detener en cualquier momento a cualquier sospechoso habitual si se detecta cualquier síntoma de preparación de un evento (atentado) de mayor trascendencia que el trapicheo usual. Lo mismo que nos hemos habituado a ver en infinidad de películas, en que el pequeño camello circula con relativa libertad mientras se mantiene en el menudeo, pero es detenido en cuanto su ambición le lleva a intentar ocupar un mayor espacio en la cadena de valor de los tráficos ilícitos.

Contra el yihadismo debe haber dos guerras distintas, cada una con sus propias reglas. De una parte, el combate contra las ideologías excluyentes que tienen por único objetivo la eliminación física de sus enemigos (como es actualmente el autoproclamado Estado Islámico) y del otro la guerra de Inteligencia contra sus dispersos soldados, que tanto daño nos pueden causar.

En otras palabras, combatir las redes de tráfico ilegal, sin dejar de tener controlados a los pequeños camellos del menudeo.

O entendemos este desafío con claridad, o seguiremos intentando matar moscas a cañonazos, o elefantes con petardos de feria.

JMBA

lunes, 25 de julio de 2011

La Matanza de Noruega

Debo reconocer que las primeras informaciones de este viernes sobre el atentado terrorista en Oslo y la matanza en la isla de Utoya sembraron en mí la confusión. Me parecían dos hechos suficientemente diferentes como para intuir dos autorías separadas. Pensé que la matanza en la isla (inicialmente se hablaba de solamente una media docena de muertos) sería la reacción de un iluminado contra una presunta autoría del extremismo islámico en el atentado de la capital.
Anders Behring Brevik
(Fuente: celebritydaily)

Pasados dos días, parece que las cosas se van aclarando. Por lo menos en lo que se refiere a la autoría inmediata de los hechos. Que la autoría intelectual es otra conversación.

Me sorprendió, viendo los terribles destrozos producidos en el barrio gubernamental de Oslo, las modestas cifras de muertos. Me imaginaba que, fácilmente, podía haber docenas de fallecidos entre tanto estropicio. Pero parece ser que se juntaron dos circunstancias atenuantes: el día era no laborable en Noruega, por lo que habría pocas personas en los edificios del Gobierno, y además el tiempo meteorológico era bastante malo, por lo que había poca gente paseando por las calles.

Por el contrario, las cifras de muertos en la isla no dejó de crecer, hasta alcanzar la horrorosa cifra de 86 (que este lunes la policía dice que igual tendrá que rebajar en cuatro o cinco; por cierto, entiendo que la cifra aumente a medida que se vayan desarrollando las investigaciones; pero me cuesta entender que descienda). Inicialmente, el tiroteo en la isla parecía el trabajo de un iluminado espontáneo. Pero cuando se ha conocido el auténtico alcance de la tragedia, queda claro que fue más bien la labor artesana de extinción de un extremista, cuyo objetivo, según parece, era matarlos a todos. Incluso parece ser que la explosión en Oslo sería una maniobra de diversión de su auténtico objetivo en Utoya.
Brevik, con vestido de gala de
la masonería, incluyendo el
mandil, omitido en algunos medios
(Fuente: outono)

En conjunto, un cúmulo de delitos impresentables e indefendibles, cometidos por un chaval noruego de 32 años, ultraderechista, fanático cristiano, ultranacionalista, antiislamista, masón, diplomado de la Escuela de Comercio y no sé cuántas cosas más. Este lunes ha comparecido ante el juez, tras afirmar (a través de su abogado) que la matanza fue atroz, pero era necesaria (¿necesaria para qué?¿necesaria para quién?). Parece que también ha hablado de la colaboración de otras dos células (de no sé qué organización, que ya ando confuso). Trasladado a vivir a una granja al oeste de Oslo, parece ser que compró seis toneladas de fertilizantes hace unos meses que, mediante diversos procesos físicos o químicos, supongo, convirtió en explosivos suficientes como para hacer volar por los aires un barrio de la capital. Tiene permiso de armas (¿qué criterio se sigue para dar este tipo de permisos?) y al menos un revólver y un fusil legales. Aunque para la matanza podría haber utilizado algún tipo de arma ametralladora con balas prohibidas (¿existen balas autorizadas?) y se entregó con denuedo y frenesí a la que creía su misión de exterminar a todos los jóvenes socialdemócratas que estaban de colonias (o así) en la isla.

Desde luego, para ser el primer atentado que sufre Noruega en su territorio, el estreno ha sido por todo lo alto, situándose de golpe al nivel de martirologio del Madrid del 11-M o de la Nueva York del 11-S. Y estos hechos ya han conseguido que, por primera vez, se vea a la policía y al ejército patrullar armados las calles de Oslo.

Tuve ocasión de visitar Noruega en el ya lejano 1989. Saqué la impresión de un país privilegiado por sus paisajes naturales (ese Cabo Norte legendario, los inacabables fiordos, la lluvia de Bergen o ese tren de la Flam Line,...). También, como en todas partes, con una sociedad llena de contradicciones. Una de las más evidentes para el visitante es su relación atormentada con el alcohol. Los licores hay que comprarlos, a precio elevado, en las tiendas del Estado (los estancos del alcohol). En el barco de la Hurtigrute, la licencia sólo permitía servir cerveza o vino, pero el camarero me vino a ofrecer, a escondidas, una garrafa de algún tipo de aguardiente que destilaba su cuñado ilegalmente. O podías ver a un grupito de cuatro jóvenes (jóvenes y jóvenas) sentados a la mesa de un bar, que recibían cada diez minutos una nueva dosis de vodka, hasta que caían rendidos (y borrachos). Posiblemente esas son contradicciones inducidas por el sentido puritano de la sociedad.
Muertos en las playas de la isla de Utoya
(Fuente: The Gus)

Por otra parte, se trata de una sociedad muy avanzada en derechos y libertades, y una de las cunas del llamado estado del bienestar. Que, de forma deliberada, se ha mantenido al margen de las fiebres europeístas de la mayoría de países de la Europa Occidental, que no forma parte de la Unión Europea y que, por supuesto, mantiene su moneda nacional (la corona noruega). Entre sus países próximos están todos los grados: Finlandia forma parte de la Unión Europea y de la Eurozona, mientras que Suecia y Dinamarca sí son miembros de la Unión Europea, pero conservan sus monedas nacionales.

Todos estos hechos han provocado que Noruega circule por esta crisis mundial de modo bastante diferente al de algunos de sus vecinos. No sufre el ataque de los mercados al que venimos siendo sometidos los miembros de la Eurozona y no parece tener tensiones económicas preocupantes. En resumen, un oasis de paz... hasta el viernes pasado.

Insisto en que me cuesta creer en la autoría individual de unos hechos luctuosos como los producidos en Oslo y en la isla de Utoya. Es posible, pero extremadamente improbable, que un solo individuo decida primero, y tenga luego la capacidad de llevar a cabo unos actos tan monstruosos, que requieren de toda clase de infraestructuras y recursos (explosivos, vehículos, armamento,...).

Por otra parte, su aparente adscripción a doctrinas de la extrema derecha, su odio hacia lo islámico, su ultranacionalismo, me traen aromas de otras cosas. Coincide, además, en el tiempo, con el ataque que está sufriendo, especialmente en el Reino Unido, el gigantesco grupo mediático de Rupert Murdoch que, al margen de los delitos que puedan haber cometido, se ha caracterizado siempre por vehicular los mensajes más rancios y explosivos de cierta ultraderecha, los llamados neocons, los fundamentalistas de la Escuela de Chicago, especialmente a través de su cadena Fox News. Que acoge en su Consejo, por cierto, a personajes tan siniestros como nuestro José María Aznar, que no ha parado de dar coces en todos los foros a los que ha tenido acceso, a los disconformes con el Trío de las Azores, a los socialistas e izquierdistas de toda laya y a todo lo que se mueva a la izquierda del 9,5 en una escala de 10.
Destrozos en Oslo, como resultado del violento
atentado de este viernes
(Fuente: nicanoticias)

Como las cosas, en el mundo, muy raramente suceden por generación espontánea, uno empieza a preguntarse si los adalides del capitalismo del desastre no habrán decidido que el oasis noruego era una anormalidad histórica. Y que existía un riesgo, detestado por ellos, de que pudiera actuar pedagógicamente, demostrando a los tibios que otro camino es posible. ¿No será que los ciudadanos sin miedo son una amenaza para los intereses de esos neocons?.

Sé que las teorías conspirativas siempre son una alternativa atractiva para explicar los hechos. Pero, francamente, no me cabe en la cabeza que ese delincuente noruego, que en su fuero interno seguro que se cree cargado de razones, haya actuado en solitario. Porque la órbita de Neptuno sólo se explicaba por la presencia de un Plutón todavía desconocido en la época.

El personaje de Anders Behring Brevik me recuerda mucho más al mártir religioso o al soldado que cumple una misión de la que le han convencido, que a la figura de un eremita que desciende un buen día de su montaña para sembrar el pánico, sin más explicaciones. Su referencia a los Templarios o el propio uniforme de Caballero Justiciero con el que aparece en algunas fotografías, ilustrarían esta adscripción.

Ante todo, por supuesto, mis sinceras condolencias a los familiares y amigos de los numerosos fallecidos en estos luctuosos acontecimientos. Y mi mejor deseo de que las investigaciones no se detengan en identificar a un loco iluminado llamado Breivik y que persigan, más allá de eso, la autoría intelectual, los cómplices y los instigadores.

O habrán conseguido su objetivo de crear el miedo donde no lo había.

JMBA

miércoles, 10 de noviembre de 2010

¿Batasuna en las Instituciones?

Inevitablemente, toda manifestación, pronunciamiento o comentario sobre ETA discurre por terrenos pantanosos. Entre muchas otras razones, ello es debido a que ETA para casi todos no es más que una banda terrorista y mafiosa, mientras para algunos parece seguir siendo un Grupo Armado Revolucionario Separatista Vasco, o algo así.
Arnaldo Otegi
(Fuente: terra.es)

Para su propia desgracia (creo que ahora se están dando cuenta de la vastedad de su error de cálculo) la izquierda política vasca de tendencia fuertemente nacionalista o separatista (normalmente conocida como izquierda abertzale) ha estado (y todavía está) muy cercana a ETA porque pensaban (o todavía piensan), erróneamente, que la propia existencia y actuación de ETA les facilitaba (facilita) sus propósitos políticos.

En un Estado democrático como es España (por lo menos yo, no tengo duda), cualquier opción política puede y debe defenderse por medios estrictamente políticos. Las acciones violentas (armadas o no) quitan toda credibilidad a los argumentos que dicen defender.

Claro que a estas alturas habría que preguntarse seriamente cuáles son los intereses a los que sirve ETA. Cuáles son sus oscuros vínculos con todo el resto de actividades de la sombra. Qué papel juegan en las dinámicas de franquicia del terror, en la formación de terroristas de todo cariz. O qué beneficio han sacado (o sacan) de otras actividades ilícitas e ilegales, como el narcotráfico o el tráfico de armas.
Jesús Eguiguren, Presidente del PSE
(Fuente: Público.es)

Está claro que una organización clandestina hace circular todas sus actividades por las alcantarillas de la sociedad, fuera de la vista. Y en esas zonas anidan bichos inconfesables, y tentaciones inevitables. Hasta qué punto la banda no se ha convertido en una pura organización mafiosa, que presta servicios a terceros que buscan en las alcantarillas remedio a sus problemas.

Sea lo que sea lo que discurra por el subsuelo, lo que todo el mundo en este país debe tener claro es que ETA no pinta nada (no debe pintar nada) en el entorno político del País Vasco, ni de España, ni en el orden político internacional. Nada de lo que haga o diga ETA debe influir en la marcha política de la sociedad. Ni la violencia, ni la amenaza de violencia que ha generado un ambiente muchas veces sofocante, de chantaje permanente, y que ha contribuido a quebrar voluntades y a generar abandonos.

ETA, en estos días, no es nada más que una organización criminal que debe ser perseguida, reprimida y disuelta en cuanto sea posible. Y punto.

Y ahora volvamos a la política. Del PNV no hay que preocuparse mucho, porque tienen la habilidad del gato en caer siempre de pie. Nos olvidamos a menudo de ese "unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces" con el que Arzalluz flirteaba con los violentos. El PNV es un partido democrático, que creo ha entendido ya hace un cierto tiempo que su papel es y debe ser político. Y que toda violencia interfiere (aunque a veces lo hayan dudado) con los propósitos políticos.
Encapuchados de ETA
(Fuente: Revista de La Carolina)

La posición de la izquierda abertzale es más complicada, básicamente porque siguen instalados en la ambigüedad. De iure son una organización ilegal, porque la Justicia decidió ilegalizarla debido a su proximidad a los violentos y a los terroristas. Nunca hasta ahora se les ha visto condenar los actos violentos y oprobiosos de ETA. Ni los chantajes implícitos y explícitos a los ciudadanos vascos, provocados por ese llamado terrorismo de baja intensidad o kale borroka.

Quiero creer que esta posición algo más que ambigua se debe no a que sean de naturaleza violenta, sino porque estaban (y muchos siguen estando) convencidos de que la propia existencia de ETA, y sus acciones, favorece a su propósito político. Gravísimo error que están pagando con la oposición de la sociedad a que puedan estar presentes en las Elecciones Municipales que se celebrarán en Mayo de 2011.
Destrozos del atentado a la T4 de Barajas
(Autor: Claudio Alvarez; Fuente: El País)

Esas connivencias, tolerancias y condescendencias ha acaba creando, con seguridad, algo más que simple coleguismo con los violentos de la banda. Lo que hace más difícil y doloroso para ellos el desvincularse por completo de los violentos, el condenar sin ambages a ETA, y pedir sin dobleces su disolución o desintegración.

Pero ese es el único camino que tienen para poder acceder a las instituciones, y a lo que estas significan (manejo de presupuestos, subvención a los cargos públicos). En el proceso, es muy posible que tengan que prescindir de algunas personas que han desarrollado una complicidad con la banda y sus miembros que les impide desvincularse con claridad de ella. Nadie dijo nunca que ese proceso vaya a ser fácil, ni incruento.
Zapatero y Rubalcaba, en el entierro tras un
atentado de ETA (2008)
(Autor: Santos Cirilo; Fuente: El País)

Creo que la opción política abertzale debe estar correctamente representada en las instituciones. Pero el requisito previo es insalvable. No solamente deben desvincularse de ETA, sino que deben exigirle su disolución y su desaparición de la faz de la Tierra. Y deben hacer todo lo que esté en su mano para que esto suceda sin dobles versiones ni reservas de ningún tipo.

Ya basta de dialécticas hueras, de pronunciamientos vacíos de contenido, de digo digo, pero hay que interpretar Diego. Sólo la claridad absoluta, transparente y cristalina nos puede sacar de este pozo de tierras movedizas.

Y el resto de la sociedad tenemos que ser igualmente diáfanos en nuestras opiniones. La opción política de la izquierda abertzale, estemos o no de acuerdo con ella, debe ser representada de acuerdo al número de votantes que aglutine. Pero toda violencia está fuera del juego político, y para esto no hay excepción alguna.

Ya no valen las treguas ni los altos el fuego, que sólo han servido, hasta ahora, para que la banda se reorganice y se rearme. Ya basta de la dialéctica basada en el conflicto vasco, porque eso es mentira, no hay más conflicto que el que ha ido creando ETA y sus amigos a lo largo de estos años. Ya basta de hablar de  opresión del Estado español, porque eso es mentira, no hay más opresión que la de los violentos sobre el resto de los ciudadanos. Como en cualquier otra parte del mundo, lo único cierto es que hay ciudadanos del País Vasco con proyectos políticos diferentes. Pero es el juego democrático (y no cualquier otro tipo de amenaza) el que debe dar a cada cual la representación que le corresponda. Y el futuro sólo puede ser como todos decidamos que sea.
Pernando Barrena y su cohorte
(Fuente: reflexionesdelaerazp)

En la integración de la izquierda abertzale al juego político normal no puede quedar ni la más mínima duda, o no se producirá.

Ya sólo queda tiempo para Luz y Taquígrafos. Tomar el pulso (en lo que es maestro Jesús Eguiguren, Presidente del PSE, que seguro se deja la piel en ello, con la mejor intención) está ya fuera de lugar. Y Otegui (emponzoñado en juicios y cárceles, embalsamado por sus menciones al conflicto vasco) debería ser ya una figura amortizada, porque no podemos aceptar que a nadie se le ocurra el llegar a presentarlo como mártir.

A la izquierda abertzale como opción política le hace falta un liderazgo firme y claro, alguien identificable que maneje el timón en la dirección correcta. Porque la imagen de esas conferencias de prensa (donde habitualmente no se admiten preguntas) en que hablan uno o dos, y otras dos docenas de personas asisten callados tras la mesa, prestando una tácita aquiescencia y sugiriendo la idea de fuerza, o incluso de violencia,  esa imagen, digo, es suficientemente siniestra como para que sólo forme parte ya del pasado.

Desde la democracia política se pueden defender todas las opciones.

JMBA