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domingo, 28 de julio de 2019

"Las Puertas del Infierno" - Epílogo


"Las Puertas del Infierno" - Capítulo 15: Vuelta a casa


Cuando escribo estas líneas han pasado exactamente diez meses desde mi vuelta a casa.

Llevo, pues, ya diez meses viviendo de nuevo en mi casa. Pero no he recuperado, todavía, mi total independencia. La reinervación (regeneración de los enlaces nerviosos deteriorados por una u otra razón) es un proceso extremadamente lento y que requiere muchísima paciencia.

Actualmente sigo utilizando la muleta para circular por la calle, aunque la tengo ya totalmente aparcada cuando estoy en casa. Por casa, tras hablarlo con el fisio, acostumbro a andar descalzo. Esto contribuye a masajear los pies, y también a ser plenamente consciente del estado nervioso de mis pies. Tengo todavía la sensación de embotamiento en los pies, con sensibilidad mínima en algunas zonas, casi normal en otras e incluso con reacción no lineal en algunos puntos de los pies (una reacción exagerada ante un estímulo moderado). Tampoco he recuperado el control total del comando motriz de los pies, lo que me impide, por el momento, volver a conducir con normalidad.

Tengo que seguir teniendo paciencia, cuando ya han transcurrido casi dieciséis meses desde el incidente que provocó inicialmente esta situación. Sigo visitando el Gabinete de Fisioterapia de mi barrio dos veces por semana, los lunes y los jueves de una a dos de la tarde. Es pequeño y solo trabajan allí los dos socios: un hombre, D., y una mujer, S. Como buenos autónomos, le echan más horas de las que aconseja una buena salud, pero los clientes mandan, y algunos necesitan visitarlos a las ocho de la mañana (antes de ir a trabajar, por ejemplo) mientras otros lo hacen a las nueve de la noche, tras terminar la jornada. Yo utilizo el horario en que, principalmente, los clientes son los jubilados y las mamás recientes o próximas.

A mí siempre me atiende D., un caballero muy atento, cultivado y bien informado. Las sesiones se han convertido en tertulias muy agradables sobre temas de actualidad o de fondo, amenizadas con diversos ejercicios para reforzar mi estabilidad y equilibrio.

El tema urinario ha recuperado una práctica normalidad y las micciones ya se producen de modo natural, con la frecuencia y el caudal ordinarios. Recientemente he empezado a prescindir del pañal, y parece que la situación ya es estable y las mínimas pérdidas pueden considerarse normales, en la mejor tradición de "aunque le des con un martillo, la última gota va al calzoncillo" y de "lo amarillo delante, lo marrón atrás".

Pero esta casi normalidad (todavía no tengo una plena sensibilidad en la zona, se requiere de una cierta reinervación, como en los pies) la he recuperado pasando por otro episodio agudo que os voy a contar.

En Marzo de 2019 seguía sufriendo de micciones complicadas y a menudo incluso algo dolorosas, con frecuencias poco regulares y a menudo falsas sensaciones de ganas de orinar. A finales de ese mes, sufrí una nueva infección urinaria. El martes 26 por la tarde tuve un breve episodio de pico de fiebre (supongo) con escalofríos y temblores. El miércoles 27, al acostarme, sufrí un nuevo episodio de escalofríos.

Al día siguiente, jueves 28 de Marzo, que coincidía con el día del cumpleaños de mi hermana, tras felicitarla por WhatsApp me fui directamente a Urgencias del Hospital Ramón y Cajal. Allí conté el episodio, así como el recordatorio de la infección de caballo del año anterior, que me había tenido en ese Hospital durante más de un mes, incluyendo varios días en la UCI.

Tras el triaje inicial, característico de Urgencias, le conté toda la historia al médico que me atendió, que me escuchó con atención e interés. Me dijo que casi con seguridad tenía de nuevo una importante infección urinaria y que lo confirmarían con las analíticas pertinentes. Pero, adelántandose a la confirmación del diagnóstico, me prescribió de forma inmediata una dosis de antibiótico intravenoso. En caso de no confirmarse la infección, pues me lo llevaría puesto.

Practicaron analítica de sangre y orina y, a la espera de resultados, me administraron el antibiótico en una sala común de la zona de Urgencias. Se confirmó la infección y me realizaron algunas pruebas adicionales, como una ecografía de la zona urinaria y renal, para verificar que los riñones no habían sufrido daño alguno y que el problema era estrictamente del sistema urinario externo.

Esa tarde estuvieron a punto de enviarme para casa, con prescripción de antibiótico por via oral. Pero los médicos, como la policía, trata de modo diferente a los episodios iniciales de las reincidencias. Yo era reincidente y decidieron tenerme algunos días ingresado en el Hospital.

Pasé esa noche en una sala común, una especie de zona de espera hasta el traslado a planta. A primera hora de la tarde del viernes me trasladaron a una habitación de la sexta planta, que ya conocía bastante bien, desde mi larga estancia allí el año anterior. Me siguieron administrando antibióticos (y suero, como siempre) por via intravenosa.

Por supuesto, me tocó pasarme en el Hospital el fin de semana. En ese período, el encefalograma médico es prácticamente plano. Afortunadamente, me visitó algún amigo y también mi hermano y mi cuñada que ya tenían previsto viajar esos días a Madrid, entre otras cosas para visitar a su hija, que trabaja aquí desde hace ya un tiempo. Mi hermano, el sábado por la mañana, se encargó de traerme de mi casa algunas cositas que necesitaba para poder sobrevivir dignamente durante esos días en el Hospital.

Los médicos, a menudo, se concentran en resolver el problema agudo concreto que están tratando y no toman la perspectiva suficiente como para considerar al enfermo en su globalidad y no a la pura enfermedad.

Afortunadamente, mi reincidencia despertó la curiosidad y el interés de uno de los Urólogos pata negra de ese Servicio. A las ocho de la mañana del lunes vino a visitarme a mi habitación, acompañado del doctor que me había atendido durante esos días. Me dio la sensación de que habían estudiado las características de mi reincidencia y ya traía en la cabeza su posible causa, que solo venía a verificar.

Tras estudiar la zona, dictaminó con autoridad que yo tenía un problema crónico de fimosis lo que, con los años, había convertido el exceso de tejido en un laberinto para la orina (de ahí las micciones trabajosas o incluso dolorosas) y en un foco de infecciones (de ahí la reincidencia). Me dijo que me darían el alta hospitalaria al día siguiente, con una cita a la mayor brevedad, para practicarme la intervención de circuncisión.

Recuerdo, siendo todavía un niño, que siempre aparecía fimosis en las observaciones de las revisiones médicas del colegio. Teniendo quizá ocho o nueve años, tengo presente con total claridad una conversación entre mi madre y el doctor de la familia sobre este tema. Mi madre opinaba que sería conveniente operarme de ello, pero el doctor se lo quitó de la cabeza, aduciendo que no había ninguna necesidad de hacerlo. Parece que, muchas décadas después, esa decisión había acabado pasando factura.

Efectivamente, el martes 2 de Abril a mediodía me dieron el alta hospitalaria, con una cita para el lunes 15 de Abril (el lunes de Semana Santa, por cierto) a las 12 horas para la intervención ambulante. A las dos de la tarde de ese martes ya volví a mi casa, en compañía de mi asistenta, que se prestó a acompañarme en ese traslado. Me prescribieron un tratamiento antibiótico, a base de comprimidos, durante las tres semanas siguientes. Y me dieron una cita para revisión en Urología del Hospital para el 10 de Mayo, con indicación de que, con antelación, pasara por mi Centro de Salud para realizar un análisis y cultivo de orina.

El lunes 15 de Abril volví al Hospital (de nuevo acompañado por mi asistenta, por no hacer viajar a ninguno de mis hermanos por un ratito) para la mínima intervención prevista. A las dos de la tarde ya estábamos de vuelta en mi casa, tras pasar por todo el protocolo quirúrgico y por el quirófano durante un tiempo muy corto, que no sé evaluar con seguridad.

El lunes 29 de Abril, a primera hora de la mañana, dejé en el Centro de Salud una muestra de orina (tras prescripción unos días antes, en Consulta, con mi Doctora de Familia). El viernes 3 de Mayo me llamó la doctora por teléfono, para informarme de que el cultivo había dado presencia de una cierta bacteria.

El viernes 10 de Mayo visité de nuevo la Consulta de Urología en el Ramón y Cajal. Allí ya dieron por cerrado mi expediente, salvo si se presentaba de nuevo algún episodio infeccioso que, en principio, ya no debería producirse tras la intervención quirúrgica. Respecto a la bacteria, no le dieron demasiada importancia, pero me facilitaron una cita con Enfermedades Infecciosas del mismo Hospital, para el siguiente jueves, 16 de Mayo.

El Doctor de Infecciosas revisó mi historial y escuchó atentamente mis comentarios. Su conclusión fue, si acaso, sorprendente. Me dijo: "Mire, no vamos a hacer nada".  Su argumentario era simple. Me dijo que si nos empeñábamos en eliminar esa bacteria a base de tratamiento antibiótico potente, solo íbamos a conseguir que acabara colonizado por otra bacteria más resistente. Solo si se cursara una nueva infección, lo que no era nada probable, según su opinión (y la mía, por cierto), debería repetir el proceso (visita a Urgencias, etc.).

Así se terminó ese episodio y considero que, a día de hoy, la práctica normalidad ha vuelto a mi vida en este tema. Pasado el verano visitaré de nuevo a mi Doctora en el Centro de Salud, por ver si resulta conveniente involucrar a los neurólogos para verificar de modo fehaciente el estado de mi proceso de reinervación.




Mi estancia de cuatro meses y medio en una Residencia de Mayores ha sido una época singular de mi vida, que creo que nunca olvidaré. A ella he dedicado este relato sobre Las Puertas del Infierno. Tras un incidente grave de salud, como el que sufrí el 9 de Abril de 2018, uno tiene cierta tendencia a sentir culpabilidad, porque seguramente podría haberse evitado la máxima gravedad y las secuelas que todavía arrastro, si hubiera atendido el problema inicial con una mayor diligencia. Pero esto no sirve para nada.

Lo cierto es que cuando la vida te sorprende con una situación de dependencia que nunca hubieras anticipado, la reacción debe ser afrontar con seriedad la situación real y nunca llorar sobre la leche derramada. De esta forma, me vi de repente inmerso en un ambiente que, según todos los criterios, no me correspondería (al menos, no todavía).

Convivir durante meses en una Residencia de Mayores, desde la total y completa lucidez, me aportó una experiencia intensa que me vi abocado a contar con todo detalle, lo que he hecho hasta en quince capítulos. Desde el principio tenía claro que su título debía ser Las Puertas del Infierno, porque eso es lo que sentí y visualicé desde los primeros días de mi estancia en la Residencia. Como si hubiera abierto por casualidad o desidia esas puertas que deberían permanecer cerradas hasta que no tengas más remedio que abordar la etapa final de tu vida y ese sea el único recurso disponible.

En algunos momentos me sentí como si estuviera en el aparcamiento del desguace, oyendo las prensas que convierten a los coches en un amasijo de hierros. Pero mi coche arrancaba sin problemas y solo requería un ligero ajuste para poder seguir circulando.

Me asomé al abismo, pero me salvé de él.


F I N

sábado, 27 de julio de 2019

"Las Puertas del Infierno" - Capítulo 15: Vuelta a Casa





Para mediados de Agosto, ya conseguía manejarme razonablemente bien con una sola muleta. En esas condiciones ya me atreví a salir de la Residencia para dar algunos breves paseos. Con las máximas precauciones, pues todavía mi estabilidad era relativamente precaria, y la calle está llena de trampas, de las que no nos damos cuenta cuando estamos en perfectas condiciones.

Así, me fui alguna mañana hasta la churrería de la plaza, a unos pocos centenares de metros de la Residencia, para tomar un segundo desayuno de placer, con unos excelente churritos (o incluso alguna porra), junto con un café con leche. Durante el paseo cruzaba frente al quiosco, y me sorprendía ver que todos los días se seguían publicando todos los periódicos conocidos (no solo el ABC, que era el rey de la Residencia). Y también pegaba la nariz en el escaparate de la tienda de vinos junto al mercado, la que visitaba Don Jaime con su nieta, para comprar alguna botellita de blanco gallego, con la que luego nos invitaba en el comedor.

Tras pasar unos meses recluido, primero en el Hospital y luego en la Residencia, la calle representaba el vértigo del mundo real, lleno de personas de todos los géneros y edades. Los jóvenes y jovencitas que veía por la calle quizá tuvieran abuelos, pero probablemente vivían en su propia casa, o la compartían con ellos. Iban y venían a sus cosas, a o desde sus respectivos trabajos o estudios, de compras, al gimnasio o donde fuera. De nuevo el contacto con la vida de la gente en general, que nunca y a ninguna hora deja de fluir por las calles de la ciudad.

Los meses de reclusión me acabaron generando la sensación de que el mundo se limitaba al entorno de la Residencia, que toda la población consistía en los abuelitos y abuelitas que veía todos los días aparcados en un rincón del jardín, o apalancados ante un televisor que no dejaba de emitir sus propias consignas, ante la apatía general de la audiencia.

Esos paseos fueron el principio de mi vuelta a la vida real. Debo reconocer que con un cierto vértigo, que fui venciendo con el paso de los días.

A primeros de Septiembre se reunieron varias circunstancias que me llevaron al convencimiento de que ya debía preparar el abandono de la Residencia y mi vuelta a casa. De una parte, los días eran cada vez más cortos. A la hora de la cena, las ocho de la tarde, la luz en el jardín ya casi no permitía ni siquiera seguir leyendo, y el cigarrito de después de cenar se producía ya en la casi total oscuridad. De otra parte, mi disfunción motriz, manejable con una única muleta, era perfectamente compatible con la vida en mi casa. Desde luego, no podía todavía conducir, pues la sensibilidad y agilidad de mis pies era prácticamente inexistente y no permitía, de ninguna forma, hacerlo con la necesaria seguridad y firmeza.

Desde mi casa, podría realizar pequeños paseos por el barrio, o desplazarme a otros lugares utilizando el taxi o el servicio voluntario de algún amigo o familiar que se prestara a actuar puntualmente de chófer. Para gestionar los suministros, podía utilizar las diversas formas de compra por Internet sin problemas. En resumen, todos los aspectos necesarios para que la vida cotidiana resultara razonablemente confortable estaban suficientemente asegurados.

Por ello tomé la decisión de que debía abandonar la Residencia y volver a casa antes de finalizar el mes de Septiembre. Así lo anuncié a la dirección de la Residencia, informando de que les daría, más adelante, la fecha exacta de mi partida.

Solo había un par de temas que debía resolver antes de mi vuelta a casa. De una parte necesitaba asegurar continuidad a las sesiones de Fisioterapia y, de otra, tenía que realizar alguna mínima adecuación en el baño de mi casa, para instalar en la bañera una barra que me diera una mayor seguridad y estabilidad durante la ducha.

Con la tablet de la que disponía, investigué un poco, y vi que muy cerca de mi casa había un Gabinete de Fisioterapia, en el que deposité mi confianza. Por si acaso, hablé con P., el fisio jefe en la Residencia, para asegurar que, si lo necesitaba, pudiera seguir yendo un par de veces por semana al Gimnasio de Fisioterapia de la Residencia, incluso después de volver a casa. Lo comentó con la dirección y no me pusieron ningún problema, en caso de que yo lo necesitara.

Para el tema de la barra del baño, enrolé en el empeño a mi buen amigo Coyantino (DL), que se prestó con total disponibilidad. Pedí por Internet un par de agarraderos para los dos baños de casa, así como un taburete para que pudiera afeitarme y asearme en posición sentada, que me resultaba mucho más cómoda que hacerlo de pie. Para facilitar la entrega, hablé con mi amigo por ver si podían enviárselo directamente a su casa. Pero él iba a estar unos días de viaje, fuera de Madrid, por lo que arbitramos la solución de que pudiera recogerlo en un punto de entrega situado en una tienda frente a su casa. La compra tuve que realizarla en Amazon, el único proveedor que me ofrecía esa opción de entrega un poco peculiar.

Finalmente fijé la fecha del traslado a mi casa para el viernes 28 de Septiembre, e informé de ello en la Recepción de la Residencia. Con DL decidimos visitar mi casa el lunes anterior, el 24 de Septiembre, para poder instalar esos agarraderos, que me resultaban imprescindibles antes de trasladarme a casa, para reducir el riesgo en el baño ante mis dificultades de equilibrio y estabilidad.

Ese lunes, DL me recogió a media mañana en la Residencia. Se traía consigo todo el arsenal del bricolador profesional que lleva dentro (a pesar de que en mi casa hay unos cuantos kilos de herramientas y elementos ferreteros diversos).

Era la primera vez que visitaba mi casa desde que la abandoné el lunes 9 de Abril y habían pasado ya más de cinco meses y medio de ausencia. Sin duda, un momento de una cierta emoción contenida.

Mientras DL se centraba en sus labores de instalador, yo procedí al montaje del taburete de baño que también había comprado, junto con las barras agarradero. Aproveché también para poner en marcha el ordenador, sin problemas, en presencia de DL que había sido incapaz de conseguirlo unos meses antes. En fin, cosas de la vida, las tecnologías y los tecnólogos aficionados.

Escogí también, de mi bodeguiya doméstica, una buena botella de vino tinto (un recio Calzadilla, de Huete, Cuenca) para invitar esa noche, en la cena, a los comensales de la Residencia con los que había compartido mesa durante esos meses, y también a Don Juan y a Don Jaime, que lo hacían en otras mesas del comedor.

Terminadas todas las labores previstas, a plena satisfacción, nos fuimos a comer al GINOS del Palacio de Hielo, para celebrar el éxito de la jornada. A pesas de sus reticencias, yo invité a la comida, como agradecimiento por la inestimable ayuda de DL en ese día clave para mi vuelta a casa.

Dediqué los siguientes días a asegurar los últimos aspectos logísticos que eran necesarios para una vuelta a casa sin sorpresas. Para mis desplazamientos, yo estaba utilizando una muleta que era propiedad de la Residencia. La gestión de las ayudas técnicas para la movilidad en la Residencia correspondía a P., como jefe de la sección de Fisioterapia. Hablé con él, y no puso ningún problema en regalarme esa muleta para que pudiera llevármela a casa. Pero ya estaba muy gastada y me pareció conveniente asegurarme una nueva muleta para mi vida doméstica.

Como mi sistema urinario no estaba todavía para nada estabilizado y seguía teniendo algunas pérdidas (no abundantes, pero sí persistentes) de orina, utilizaba habitualmente un pañal desechable que se renovaba todos los días. Me enteré, a través de una de las auxiliares, del modelo concreto para poder aprovisionarme de ellos en casa. Buceé por Internet y localicé a un proveedor especializado en el suministro de toda clase de ayudas y accesorios para hacer frente a dependencias y disfunciones de todos los niveles: Ortoweb. Hice un pedido que incluía los pañales, una muleta ergonómica especial para el brazo derecho (con empuñadura asimétrica) y también una botella para la orina, esa especie de orinal para la mesilla de noche, habitual en los Hospitales y que había venido utilizando en la Residencia, desde que me retiraron la sonda urinaria. Ese accesorio me permitía evitar el riesgo de tener que levantarme en la mitad de la noche y medio dormido para ir al baño.

Procuré que la entrega de esos elementos en mi casa se realizara el viernes, en que ya estaría yo mismo para recibirlo. Por si acaso, advertí al conserje de mi casa de la posibilidad de que el paquete llegara la víspera, para que lo recogiera sin problemas.

El segundo elemento básico era el suministro de comida, bebida y artículos de limpieza e higiene personal. Tras tantos meses de ausencia y a pesar de que en sus visitas regulares mi asistenta había ido tirando diversos alimentos que ya estaban mucho más allá de su momento óptimo de consumo, era consciente de que debería prescindir de prácticamente toda la comida que pudiera tener. Por ello, debía hacer un pedido (en este caso, en Carrefour Online) como para poner en marcha por primera vez un hogar. Arbitré la entrega en mi domicilio para el viernes por la tarde, en que yo ya estaría instalado en casa. Más adelante realicé también pedidos al Supermercado de El Corte Inglés, que me ofrece algunas facilidades adicionales en la compra de artículos frescos (como la charcutería al corte) así como la posibilidad de incluir en el mismo envío productos del Club del Gourmet.

Me fui despidiendo durante esos días de los Residentes con los que había tenido alguna relación, y también de las auxiliares de trato más próximo.

El jueves 27 de Septiembre fue mi última sesión de Fisioterapia en la Residencia. Con P. arbitramos que me tomaría una semana sabática (la primera de Octubre) sin sesiones. Volvería por allí el lunes siguiente (8 de Octubre) a la hora habitual (la una de la tarde) y decidiríamos en ese momento cómo se iba a desarrollar nuestra mutua relación en el futuro.

Llegó por fin el viernes 28, que sería mi última mañana en la Residencia. Preparé el equipaje (una maleta y un par de bolsas) y hacia mediodía apareció mi amigo DL, según habíamos previsto. Me acompañó a Recepción, para las últimas gestiones antes de abandonar la Residencia. Cargamos el equipaje en el coche (que había podido aparcar en la calle, en las proximidades) y nos fuimos directamente a casa.

No os negaré que me invadió una cierta emoción por volver a mi hogar tras más de cinco meses y medio de ausencia. El paquete de Ortoweb había llegado finalmente la víspera y lo tenía el conserje, que me lo subió a casa.

Como todavía no tenía recursos en casa para preparar una comida (el pedido de Carrefour Online llegaría esa tarde, como había solicitado) nos fuimos con DL a comer al Centro Comercial del Palacio de Hielo. Nos comimos una hamburguesa más o menos Gourmet en un Fosters Hollywood. Resultó una explosión de gula tras meses de sobriedad y austeridad nutritiva en la Residencia.

Por la tarde volví a mi casa y DL se fue a sus tareas de abuelo esclavo. Recibí y ordené la entrega de suministros y me preparé para una nueva rutina, retomada desde antes de ingresar en el Hospital en el ya lejano mes de Abril.

Ese fin de semana disfruté de la anarquía de ser dueño de mis horarios, comiendo, cenando, levantándome y acostándome a las horas que me dictaban mis propios biorritmos, sin atender a disciplina concreta alguna.

El martes 2 de Octubre visité el Gabinete de Fisioterapia de mi barrio y llegué a un acuerdo para fijar dos sesiones semanales con ellos, los lunes y los jueves, de una a dos de la tarde. Aproveché para comer un plato combinado grasiento en el Bar de la Esquina, a menos de medio kilómetro desde casa. El lugar es refugio tradicional de transportistas y albañiles y ello les lleva a una oferta gastronómica con tendencia a ser hipercalórica.

Disfruté toda esa semana de mi vuelta a casa, sin ningún problema específico, más allá de acarrear la muleta por todas partes, para asegurar la estabilidad. El aseo no presentó dificultad alguna, gracias a los agarraderos que me había instalado mi amigo DL.

Como estaba previsto, el lunes siguiente, ocho de Octubre, visité de nuevo el Gimnasio de Fisioterapia de la Residencia, para informarles de que ya no volvería por allí, sino que realizaría algunas sesiones en el Gabinete de mi barrio. Fui a la hora que me había sido habitual, la una de la tarde. A la salida, aproveché para comer un Menú del Día en la terraza de una de las cafeterías de la zona. Otra concesión a la lujuria y el desenfreno, tan propio del que disfruta de sus primeros días de libertad tras su estancia en la cárcel.

Así terminaron mis cuatro meses y medio de estancia en la Residencia. Llegué allí en la noche del miércoles 16 de Mayo y la abandoné el mediodía del viernes 28 de Septiembre.

Por fin había conseguido cerrar de nuevo Las Puertas del Infierno y quedarme fuera.



"Las Puertas del Infierno" - Epílogo



lunes, 2 de julio de 2012

¡Tricampeones!

Para cualquier aficionado a ver buenos partidos de fútbol, este domingo fue, sin ninguna duda, una gozada el asistir al encuentro entre España e Italia, de la Final de la Eurocopa 2012.

Si algo tiene de atractivo el fútbol es que se trata de un deporte con una cierta dosis de azar y suerte. Esto significa que no siempre gana el que mejor jugó, que los dos equipos que saltan al campo empiezan cero a cero y lo tienen que demostrar todo en el terreno de juego, no importa la historia que puedan llevar encima. También significa que gana el equipo que marca más goles, y a veces los goles son accidentes o fruto de un despiste puntual.
(Autor: Carmelo Rubio; Fuente: RFEF)

Sin embargo, cuando se ve uno de esos (raros) partidos en que el que mejor juega gana con diferencia y además convence con su juego y hace disfrutar al público, entonces la satisfacción ya es completa, y se ha alcanzado el cenit de este deporte que a tantas masas atrae.

Este domingo, el partido empezaba con posibilidades del 50% para cada uno de los dos equipos. Italia venía de un partido brillante en las semifinales, en que eliminó a la todopoderosa Alemania, mientras que España había brindado destellos de muy buen juego (contra Irlanda especialmente, una selección menor, de todos modos), pero que tuvo problemas en las semifinales. No se consiguió pasar del empate a cero contra Portugal, y sólo gracias a la lotería de los penalties fue que España alcanzara la final que se jugó este domingo.

Sin embargo, tras el silbato del árbitro (como en toda la Eurocopa, precedido de la vistosa cuenta atrás en las pantallas gigantes del estadio), ya se vio que los dos equipos ayer no estaban igualados. España pronto demostró que tenía capacidad defensiva (y no sólo por los excelentes defensas que jugaron ayer, y que ya lo habían hecho en los partidos precedentes) para desmontar el juego de ataque de los italianos. El poderoso Balotelli se vio anulado por un Sergio Ramos muy inspirado y atento. Y, alguna vez que llegaron a la puerta española, bajo los palos estaba un Iker milagroso, que parece atraer todos los balones y que, además, es el capitán indiscutido de la selección, a la que ha impregnado de su bonhomía.

Y en el centro del campo empezó a desarrollarse la magia del juego del fútbol. Xavi, que había estado algo mustio en los partidos previos, ayer estuvo en lo más alto de su genialidad, pensando e identificando en todo momento las mejores jugadas, y ejecutando los pases con total precisión. Iniesta, que ya ha sido proclamado por la UEFA como Mejor Jugador de la Eurocopa, estuvo muy travieso, como en él es habitual, y sembró la confusión y la impotencia en la defensa italiana.

Cesc Fàbregas, que ayer volvió a jugar de falso 9, recibió un balón medido y supo deshacerse lo suficiente de su marcador como para ponerle un balón que olía a gol en la cabeza de Silva, que la empujó con sabiduría lejos de Buffon, y marcó el primero.

Poco después, una nueva maravilla. Jordi Alba, ese lateral novato en la selección que ha debutado en esta Eurocopa, y que ya ha demostrado de lo mucho que es capaz, identificó un pasillo de desmarque y se recorrió el campo entero, para estar en posición correcta, exactamente en el lugar donde Xavi le colocó otro balón de terciopelo, que controló con sabiduría y que empotró en la red de los italianos. 2-0 mediada la primera parte. Nadie esperaba que el partido se nos pusiera tan de cara, y mucho menos los italianos, que ya estaban sumidos en la confusión de su propia impotencia.

Prandelli agotó los cambios muy pronto, intentando encontrar un remedio válido a la manifiesta superioridad de los españoles en el campo. Pero no obtuvo mucho éxito.

Irse al descanso con un 2-0 a favor era algo inaudito, y garantizaba una final con muchos menos nervios de lo que podía haberse previsto.

En la segunda parte, Italia metió en el campo a Thiago Motta, como último recurso. Pero en una jugada sin nada especial, se rompió (una mala posición le provocó, sin duda, una ruptura fibrilar severa) y no pudo seguir jugando. Sin posibilidad de más cambios, Italia no tuvo más remedio que afrontar la última parte del encuentro con 10 jugadores.

Del Bosque hizo los cambios habituales, pero nada agobiado por tener que buscar alternativas, porque en el campo toda la maquinaria funcionaba a la perfección. Entró el niño Torres, que marcó el tercero en una de sus primeras internadas, ante una Italia que ya estaba desarbolada. A pesar de los pocos minutos que ha jugado en toda la Eurocopa, Torres ha manifestado sus grandes dotes de delantero oportunista, de modo que se ha ganado la Bota de Oro al más goleador. Un poco más tarde entró Mata, que marcó el cuarto gol a pase próximo (y muy generoso) del propio Torres.

En resumen, cuatro goles marcados por cuatro jugadores diferentes. Un equipo sólido, que sabe a lo que juega y que, lo que es extremadamente importante para asegurarse la continuidad de los éxitos, sabe enseñar muy rápido a los nuevos jugadores que se van incorporando a la Selección. Mata y el extraordinario Jordi Alba son un buen ejemplo de ello.

Enfrente, una Italia que parecía fatigada desde el primer momento, pero que muy pronto se dio cuenta de que poco podía hacer para enfrentarse a un equipo que es una maquinaria perfecta de elaborar fútbol. Un equipo muy experto, que acabó fundido de perseguir espectros, de ser humanos frente a un equipo que a ratos parecía de dibujos animados.

Una victoria indiscutible de España, que convenció a propios y extraños de que sabe jugar el mejor fútbol que se ha visto jamás en los campos de este mundo. Este lunes, toda la prensa internacional elogia el juego de la selección española. Una victoria que se une a las de la Eurocopa 2008 y del Mundial 2010, y que ha llevado a España a conseguir lo que nunca nadie había podido conseguir hasta ayer. Con el aplauso, además, de público y crítica.

Puyol y Villa, que no han podido participar activamente por sus respectivas lesiones, estuvieron ayer apoyando a sus compañeros en Kiev, pero no quisieron robarles el más mínimo protagonismo a los 23 (alguno incluso sin jugar ni un minuto) que nos han llevado, de nuevo, a la gloria.

Mi más sincera enhorabuena a Vicente del Bosque y a todo el equipo, que nos han hecho disfrutar tanto y que han convencido a todo el mundo de que el fútbol también puede ser arte. Algún día, todos los equipos tendrán que jugar así.

Pero lo que me parece más importante es que se ha desarrollado un espíritu de equipo, una maquinaria implacable y unos automatismos, que tienen muy buenas probabilidades de poder sobrevivir sin muchos sobresaltos a los inevitables ciclos vitales. Para el próximo Mundial de Brasil, en 2014, tras ver lo que vimos ayer, España se presenta como la mejor candidata a ganar su segundo Mundial consecutivo. Es posible que algunos jugadores ya no lleguen en las condiciones óptimas, pero otros llegarán para mantener a esta Selección como campeona. Si no se rompe la magia, tenemos muchas alegrías por delante.

Con la que está cayendo, no cabe sino felicitar sin reservas a la Selección Española y a su seleccionador, que han hecho olvidar a este país, aunque sea por unas horas, la crisis devastadora en la que estamos sumidos.

El fútbol, pues, ¿es el opio del pueblo?. Quizá, pero el placer de poder ver un partido como el de ayer no es de este mundo. Y, aunque resulte cruel, ver las lágrimas de un bravucón Balotelli o de un veterano Pirlo no mitiga en absoluto la profunda alegría que nos embarga.

Ahora, vacaciones, pero sin dejar de vigilar por el rabillo del ojo el IBEX35 y la prima de riesgo.

JMBA

miércoles, 16 de mayo de 2012

A Vueltas con ETA

Empapuzados a diario por primas de riesgo, desplomes de la Bolsa, rescates bancarios y elecciones en Grecia, se habla bastante poco en estos últimos tiempos de la cuestión de ETA, y su final.
Imagen ya habitual de los encapuchados de ETA,
difundiendo comunicados en vídeo.
(Fuente: rtve)

Ahora parece que, a través de un comunicado a la Agencia France Presse, la banda pide a la Unión Europea que ejerza presiones sobre los gobiernos francés y español para establecer un diálogo con ellos, y afirman haber nombrado a una comisión o delegación para llevar adelante esas (presuntas) negociaciones.

Creo que hay demasiada gente (y, por lo tanto, demasiados intereses) hablando, reuniéndose y diciendo cosas sobre el tema. Por un lado, los políticos abertzales (con Amaiur al frente, en el propio Congreso de los diputados). Por otro, los nacionalistas del PNV, que siempre están a recoger nueces. El lehendakari Patxi López sostiene posiciones poco claras y bastante ambiguas que, entre otras cosas, han provocado el final del apoyo del PP a su gobierno en minoría. De vez en cuando también respira una llamada Conferencia Internacional de Expertos, que no se sabe muy bien de quién reciben el mandato y la financiación. En medio está el Gobierno de España que, entre todos ellos y sin que sirva de precedente, es el que sostiene una posición más clara y definida. Y, en el otro extremo, están algunas Asociaciones de Víctimas, que siguen sangrando y llorando por sus heridas.

Como las palabras nunca son inocentes, creo que es imprescindible que todos empecemos a llamar a las cosas por su nombre, sin ambigüedades, sutilezas ni subterfugios.

ETA es una banda armada y mafiosa, que ha cometido muchos delitos, entre los que, sin duda, los más graves son los más de 800 asesinatos que han cometido a lo largo de los años de su existencia. Ya han pasado más de 35 años desde la muerte del dictador, más de 33 desde que se proclamó formalmente la Constitución y que en este país existe un sistema democrático de gobierno. No sé si existen delitos pendientes anteriores a 1975, pero probablemente hayan prescrito legalmente, y ese NO es el problema.

En el País Vasco existen diferencias políticas entre las diversas formaciones que representan cada una a una parte de la población. Pero hablar de Conflicto Político o de Conflicto Vasco es intentar llevar las cosas a una dimensión irreal, imaginada, es sumirse en una ensoñación nada práctica. Pero, en cualquier caso, en ese (presunto) conflicto, ETA no tiene nada que ver. Las diferencias políticas hay que resolverlas desde la política. Las armas y los asesinatos no caben en ese escenario.

Algunos siguen hablando de la cuestión de los presos vascos, que es hablar por hablar de algo que no existe. Los presos son personas condenadas por la Justicia a penas de privación de libertad, como pago  por los delitos cometidos contra la sociedad. Entre todos los presos que hay en España, los hay vascos, andaluces, catalanes, gallegos y de todas partes. Habrá mecánicos de autómovil, fontaneros, abogados, ingenieros, médicos y hasta algún taxidermista. Los hay rubios y morenos, altos y bajos, gordos y flacos. Ese, desde luego, no es el problema.

La política penitenciaria tiene que ser una gestión profesional de la población reclusa. Debe velar para facilitar, en lo posible, la reinserción de los presos a la sociedad (al final de su condena), mediante acciones de formación, trabajo, deporte o lo que sea. Debe evitar la posibilidad de que se establezcan sociedades paralelas en el interior de las cárceles, que puedan derivar en motines, por ejemplo, o en la extensión del caos. Para ello, posiblemente, una herramienta utilizable es la de no acumular presos con fuertes relaciones antes de su ingreso en prisión, para evitar que formen familias o grupos de presión, inaceptables en la convivencia carcelaria.
Jorge Fernández Díaz, Ministro del Interior. No tiene que
lidiar con la prima de riesgo, pero tiene trabajo por delante.
(Fuente: informacionydinero)

Si de repente, la Policía consiguiera desmantelar una organización mafiosa dedicada a la trata de personas, al tráfico de armas y drogas, al blanqueo de dinero y a la extorsión; y detuviera a doscientos de sus miembros, contra los que pudiera probar los cargos y facilitara que la Justicia los condenase a todos a penas privativas de la libertad, la primera decisión razonable de la política penitenciaria sería no acumularlos en una única cárcel. De no hacerlo así, la estructura estrictamente mafiosa se reproduciría en el interior del establecimiento, y podría crearse un grupo de presión (y de extorsión) que no es deseable bajo ningún concepto, y que es obligación del Gobierno evitar.

Hace unos meses, la banda ETA difundió un comunicado por el que anunciaba su decisión de cesar en las acciones armadas. Bien, una buena noticia para la sociedad, pero es sólo una parte de la noticia que todos esperamos, que es su disolución irreversible y la entrega de todas las armas. Dejando a las fuerzas políticas que hablen y planteen escenarios convenientes para todos, limando diferencias y llegando a acuerdos. Una banda armada no tiene ningún papel que jugar en ese escenario, no puede arrogarse ahora la pretensión de velar por la resolución del (presunto, insisto) conflicto vasco. Aceptar esa tutela sería dar entrada a la violencia y al asesinato como arma política (lo que ya no es ni aceptable ni presentable ni defendible en estos tiempos). La sociedad no puede, de ninguna forma, remunerar la violencia y el asesinato.

Por lo tanto, lo único que debe y puede hacer ETA es disolverse por completo y entregar las armas.

Todos los presos que lo sean por delitos relacionados con la banda, lo único que pueden y deben esperar es no sufrir ninguna discriminación (ni positiva ni negativa) respecto al colectivo de presos. Cada preso tiene su propia historia y situación penal, y deberá seguir adelante con ellas hasta que termine de pagar a la sociedad lo que le debe, de acuerdo a las decisiones judiciales y a lo que marca la ley. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado deben mantener su celo en intentar esclarecer aquellos delitos que no se hayan resuelto, para ponerlos a disposición judicial. Y, muy posiblemente, todavía tendrá que haber nuevos presos, a causa de esos delitos, para asesinos que hoy están en libertad. Del mismo modo que los derechos son de las personas (y no de territorios, organizaciones o asociaciones), los delitos los cometen personas (y no bandas u organizaciones). 

En ese escenario de no discriminación (ni positiva ni negativa) tanto judicial como penitenciaria, habrá que tener en cuenta que las circunstancias de premeditación, alevosía y sangre fría (habituales en los delitos cometidos por miembros de ETA) constituyen más bien agravantes que atenuantes. Por otra parte, la colaboración con la Justicia puede ser un atenuante, que haga que algunas penas puedan ser en algunos casos menos severas. Si, tras su disolución, los ex-miembros y ex-directivos de la banda colaboran en aclarar aquellos delitos todavía no condenados, estarían contribuyendo a clarificar la situación judicial y penal de todos, y eso sería dar un paso importante hacia la futura reinserción de los que han cometido delitos, con sus cuentas ya saldadas.
A las víctimas (y sus asociaciones) no se les puede pedir
que perdonen a sus asesinos. Pero la sociedad debe avanzar.
(Fuente: nacionespañola)

Creo que no hay atajos a esta aproximación. Cualquier otra cosa sería dejar heridas abiertas y amenazas latentes, que dificultarían la normalización de la situación.

El Gobierno debe ser capaz de actuar en este tema sin discriminaciones (positivas ni negativas) respecto al tratamiento dado a cualquier otro delincuente. No hay ninguna posibilidad de negociación con la banda, más allá de la escenificación, si se quiere, de la entrega de las armas y la disolución de la banda.

Cualquier decisión sobre la dispersión (o reagrupamiento, en su caso) de los presos relacionados con ETA debe ser de índole puramente de política penitenciaria, tras evaluar finamente las ventajas y riesgos de cualquier movimiento en ese ámbito.

Sólo con esta hoja de ruta se puede conseguir que, en el plazo de algunas décadas, todo el tema pueda caer en el olvido y sea solamente pasto de historiadores, como cuando hoy hablamos de la Ley Seca, Al Capone y las mafias del Chicago de los años 20 y 30.

El Gobierno debe ser capaz de tomar las decisiones que deba tomar, igualmente alejado de la banda criminal (y sus mariachis) que de las asociaciones de víctimas. Porque nadie le puede pedir a una víctima que perdone al asesino de su padre, marido o hermano. A pesar de ello, la sociedad no tiene más remedio que seguir avanzando.

Dejémonos, pues, de tonterías. Dejemos de hablar en términos que únicamente existen en las ensoñaciones de algunos o en el imaginario ideal de otros. No existen los presos vascos, ni el conflicto vasco, ni zarandajas del género. Existen delincuentes que, como cualquier otro, deben pagar su deuda con la sociedad, y que deben ser tratados, pura y simplemente como ciudadanos que han cometido algún delito. La Justicia tiene que hablar y los atenuantes y agravantes ya matizarán las condenas. Y en su régimen penitenciario, las mismas ventajas (o desventajas) que cualquier delincuente en este país. Que puede reducir su pena (el total de su pena; no vaya a ser que matar a más acabe siendo gratis) por el trabajo, el buen comportamiento o cualquier otra razón contemplada por la legislación. Que puede solicitar un indulto individual, atendiendo a sus circunstancias personales. Pero punto y final.

Sólo aplicando el principio de la no discriminación (ni positiva ni negativa) a los delincuentes de ETA podemos tener ciertas esperanzas de dejar atrás, sin cierres en falso, un período negro.

No hay atajos. Justicia (y no venganza) y ausencia de discriminación.

Otra cosa sería marear la perdiz.

JMBA

miércoles, 26 de octubre de 2011

Tras 50 años de dolor, ahora que no haya prisas.

Ya he dicho que el comunicado de ETA de la semana pasada me parece un paso importante, pero que no significa (todavía) el fin de ETA.
Iñigo Urkullu, el presidente el PNV, en su reunión de
este lunes con el lehendakari Patxi López.
(Fuente: lavozlibre)

Conviene recordar que el comunicado fue leído ante las cámaras por tres personajes encapuchados, lo que da pocos indicios sobre su deseo de reintegrarse en la sociedad y de pedir perdón por todas las atrocidades que han cometido en los últimos 50 años.

Queda todavía que ETA de el paso definitivo de su rendición incondicional y su disolución. No puede quedar ni el resquicio de una duda de que siga existiendo una banda con delincuentes engrasando sus pistolas, no fuera el caso que resultara necesario volver a matar, en caso de que las cosas no vayan como a ellos les gustaría.

Es necesario que se rindan y se disuelvan. Sólo entonces se podría tener alguna negociación de tipo policial, penal o penitenciario, como el acercamiento de los presos a Euskadi, o cosas así.

Porque la libertad sólo la conseguiremos con la ley y el estado de derecho. Los delincuentes deben cumplir sus penas (en las condiciones que se definen en la Ley). Los que todavía están en el monte deberán ser juzgados y cumplir las penas que se les impongan.

Sólo de este modo podremos avanzar desde una situación de no violencia a otra de libertad en el País Vasco. Que es lo que todos los demócratas queremos.

La publicación de ese comunicado en pleno período electoral (todavía no campaña propiamente dicha, pero lo parece desde hace meses) parece haber inoculado en algunos de nuestros políticos unas urgencias absolutamente impropias.

Creo que debería quedar absolutamente claro que el tema del terrorismo y de ETA está absolutamente al margen de la pelea electoral. Porque, gane quien gane, deberá ir adoptando las medidas legales y penales que corresponda, de acuerdo a nuestro estado de derecho.

Algunos ya se apresuran a pedir amnistías (no posibles, por otra parte, con nuestro actual ordenamiento jurídico), reagrupamiento de presos y otras lindezas. Después de 50 años de dolor, más de ochocientos muertos, miles de personas afectadas muy directamente por las actividades de la banda, debemos desterrar las prisas. Si todos hemos tenido que esperar tanto tiempo, ahora no viene de unos meses más. Y la reflexión nos evitará cometer errores estúpidos.

Algunos piden que no haya vencedores ni vencidos en este final de ETA. Pero eso es imposible. El único desenlace es que el estado de derecho y todos los demócratas habremos vencido, y una banda de delincuentes, asesinos y terroristas habrá perdido la batalla. Cualquier otra cosa es intentar retorcer la realidad. Y la realidad puede que sea flexible, pero es tozuda.
Imagen (extraída del vídeo) de los tres encapuchados
durante el anuncio de su último comunicado.
(Fuente: oviedodiario)

Creo que no podemos, ni debemos, pedirles a las víctimas indirectas (porque las directas ya ni sienten ni padecen, en su reposo eterno) que olviden ni perdonen. Pero mientras la banda no pida perdón por todas sus atrocidades, ni siquiera tienen la opción de planteárselo.

Y si algunos quieren escenificar el final de un (presunto) conflicto vasco, la solución no es otra que la rendición incondicional. No hay otra opción para una banda mafiosa que ha sofocado la libertad del pueblo vasco (y también del resto de España y hasta un poco de Francia) durante tantos años, y que ha asesinado tantas veces a sangre fría.

No debe quedar ni el más mínimo resquicio a la pretensión de que ETA haya ayudado a nada en Euskadi. Porque si llegáramos a aceptar eso, la tentación estaría servida para volver a las andadas.

El tema es muy trascendente. La hoja de ruta del estado de derecho deberá fijarse con calma por parte del próximo gobierno que salga de las urnas el 20-N, y por los componentes del nuevo Congreso de los Diputados.

Pero que todo el mundo se olvide de las prisas. Que la precipitación provoca cometer errores, y estos son muy difícilmente enmendables luego. Calma y tranquilidad. Que si todos hemos tenido que esperar 50 años, no viene ahora de unos meses más o menos.

Y hay que acabar de una vez por todas con esa dialéctica jesuítica tan clásica de la época de Arzalluz, del unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces. La mera existencia de ETA no beneficia a ningún demócrata, y por el contrario sí nos perjudica a todos.

Que se callen todos los políticos sobre este tema, que se refugien en una tranquila espera del desenlace de las próximas Elecciones Generales. Que uno es dueño de sus silencios, pero esclavo de sus palabras. El Gobierno actual no debería dar un paso más en este tema; el PNV debería refrenar sus afanes liberatorios; la izquierda abertzale debería interiorizar, sin ningún género de dudas, el hecho de que la existencia de ETA no les ayuda en nada; y, desde luego, debe desterrarse de la escena democrática cualquier atisbo de compasión o condescendencia, ese tan manido de esos pobres chicos. Esos pobres chicos son delincuentes y asesinos, integrados en una banda mafiosa. A partir de ese reconocimiento, ya todo el mundo puede opinar.

Y a ETA todavía le quedan pasos que tienen que dar. Debe disolverse, entregar las armas, aceptar las condiciones de la rendición, pedir perdón y aceptar las penas que les correspondan. De no ser así, estaríamos cerrando en falso 50 años de sufrimiento. Y no es factible de ningún modo un escenario en que ETA sea el garante de nada, que sea el vigilante de nada. Porque ETA no es más que una organización criminal, ademocrática y antidemocrática, y su único destino es desaparecer.

Claro que a lo mejor el problema inmediato es que los miembros actuales de la banda no son más que una panda de haraganes, que ven muy negro el futuro de sus pequeñas vidas personales, si desaparece la banda. Que la comodidad de estar engrasando las pistolas en un cuarto oscuro (sin luz ni taquígrafos) igual les confunde.

Y sería una buena señal que el próximo comunicado lo publiquen a cara descubierta. Sería el indicio cierto de que ya han empezado a entender de qué va esto.

JMBA

viernes, 21 de octubre de 2011

ETA: Cese definitivo de la violencia

El último comunicado de ETA se parece mucho a los anteriores (tres encapuchados y demás).

Pero hay un matiz: hablan de negociar las consecuencias del conflicto, y no sus causas, que era la retórica habitual.

Hoy es día de felicidad prudente. Este comunicado no es el final, pero puede ser el principio del final. Abre la posibilidad de negociar la rendición, de una negociación P3: Policial, Penal, Penitenciaria.

Espero que se mantenga la unidad de las diversas fuerzas políticas democráticas. que nadie se cuelgue medallas excluyentes.

Y, para terminar esta reflexión apresurada, ETA no es una organización separatista, como reflejan muchos medios internacionales. Hay organizaciones políticas separatistas (vascas) actuando ya en algunas instituciones. ETA es, simplemente, una banda mafiosa de delincuentes, violenta, asesina y terrorista.

Procuremos entre todos no retorcer el lenguaje. El separatismo NO es un delito. El asesinato, SI.

JMBA

domingo, 29 de mayo de 2011

Posiblemente, el mejor equipo del mundo

No soy fanático del fútbol, pero sí me gusta ver un buen partido. Luego mi memoria para el fútbol es muy corta, y me olvido hasta del resultado unos días después de ver un buen partido.
(Fuente: UEFA)

Este sábado nos reunimos varios amigos en casa para ver la final de la Champions League, desde el fabuloso estadio de Wembley. Y maravillosamente retransmitido por TVE HD en alta definición.

Y la verdad es que fue un partidazo, donde especialmente el Barça manifestó los mejores aromas del estilo de juego que le ha llevado a donde está hoy. Por el momento, muy posiblemente, el mejor equipo del mundo. Y todavía arrastro la resaca del champán que descorchamos al final.

El Manchester United salió al campo con intención de arrasar y conseguir un gol que le diera ventaja, cuanto antes. Pero tras unos minutos de agobio, no le quedó más remedio que ceder a la evidente superioridad del Barça, que acabó ganando la Final por 3-1 (goles de Pedro, Messi y Villa; gol de Rooney para el ManU).

Y el capitán (un improvisado Abidal, como homenaje generoso de Puyol y el resto del equipo por su reciente paso por el quirófano, para extirparle un tumor en el hígado) alzó la orejuda, la Copa de la UEFA Champions League. Con todo merecimiento, creo yo.

Esta tarde de domingo, Barcelona debe estar sumida en la catarsis de la rúa del equipo por toda la ciudad, con fin de fiestas en el Camp Nou.

Sir Alex Ferguson (más de 25 años al frente del Manchester United) ha dejado dos titulares: Creo que es el mejor equipo que he visto nunca; Nunca nadie nos había dado una paliza así. Algo sabrá sir Alex de fútbol. Y decir eso después de perder la Final, le honra como un gran profesional.
El FC Barcelona lleva ya bastantes años construyendo, por una parte, un juego bonito y efectivo, basado en la posesión y el control del balón, al que el rival se cansa de perseguir. Un juego que tiene varios peones fundamentales en el centro del campo, allí donde se genera el juego de ataque, allí donde se anticipa una pequeña ventaja para el delantero, si se le hace llegar un balón en condiciones. Hacérselo llegar a un Pedro, a un Villa o a un Messi es la labor excelente de los Xavi, Iniesta o Busquets.

Pero, además, el Barça ha sabido cultivar un estilo de equipo, una solidaridad y una convicción tan total en el juego que saben y deben hacer, que incluso cambiando jugadores, el nivel de juego prácticamente se mantiene en sus elevados estándares. Y también un sentido deportivo que hace que a todo el mundo (salvo a sus acérrimos enemigos, por supuesto) les guste el Barça. Porque a su entrenador Guardiola no le gustan los grandes titulares, ni las polémicas inacabables; y siempre manifiesta en sus palabras el respeto por sus contrarios (excelentes o modestos). Y porque sus jugadores estrella hacen gala permanentemente de una humildad a la que no estamos acostumbrados en jugadores de ese nivel.

La Masía, como escuela de futbolistas del Barça, tiene mucho que ver en eso. Se ha inculcado en todos los jugadores un cierto espíritu de familia. En el equipo que ayer ganó la Champions, al menos la mitad de los jugadores provienen de La Masía. Incluso Messi, siendo argentino, el Barça lo integró en La Masía a los trece años, y ha crecido como futbolista en ese marco protector que imprime carácter.

Francamente, me parece que los éxitos que está cosechando el equipo estos últimos años son la justa recompensa a una labor callada de muchos años, con visión de futuro. Es imposible construir un equipo como este Barça solamente a golpe de chequera y exigiendo resultados inmediatos.

Viviendo en Madrid, es normal que tenga muchos amigos que son hinchas, en mayor o menor medida, con mayor o menor intensidad, del Real Madrid. La breve temporada de clásicos de este año (hasta cuatro partidos entre los dos equipos en sólo tres semanas) les ha hecho mucho daño, y siguen sangrando por la herida. A pesar de haber ganado la final de la Copa del Rey al Barça (1-0 en Mestalla), o haber empatado a uno en el correspondiente partido de Liga en el Bernabeu, la eliminación de la Champions en semifinales fue una desilusión demasiado importante como para poderla digerir.

Parece cierto que las organizaciones futbolísticas y futboleras (especialmente la Federación del villarato y la UEFA) en los últimos años están siendo algo más condescendientes con el Barça que con el Real Madrid (que es lo único que les importa a los madridistas). El motivo para que las cosas se desarrollen así habría que buscarlo en varios frentes. Por una parte, estos organismos siempre tienen una cierta tendencia a sobreproteger al mejor. Porque los campeones siempre mueven, generan o hacen generar más dinero. Y seguramente también porque las últimas directivas del FC Barcelona han tenido una habilidad superior en infiltrarse en estos organismos. Y seguramente también porque el estilo de equipo que ha construido el Barça sea más próximo a los modelos deportivos que deberían vehicular y estimular esas organizaciones.

Todo ello lleva a los aficionados a las teorías conspirativas a constatar una cierta realidad en el comportamiento habitual de los árbitros. Conscientes de esta relativa preferencia por parte de los organismos que les pagan, aplicarían habitualmente la teoría del in dubbio, pro Barça. La política de supervivencia de no morder la mano que te da de comer.

No voy a bucear en esos pozos habitualmente llenos de intereses más que de afán deportivo, en esas organizaciones siempre presuntamente mafiosas, que manejan muchísimo dinero y practican una transparencia de funcionamiento y una democracia interna prácticamente nulas. Mi amigo Ansgar ya lo hace abundantemente en los últimos tiempos. Por ejemplo, haciendo referencia a un vídeo del director del períodico deportivo As (Alfredo Relaño) donde cuenta algunos hechos significativos de esta etapa de villarato (por Ángel María Villar, presidente, parecería que perpetuo, de la Federación Española de Fútbol) que abonan esta teoría.

Seguro que hay mucho de verdad tras esta asunción de que el FC Barcelona estaría caminando sobre una alfombra roja. Pero les aconsejo desde aquí a todos los madridistas que abandonen la nostalgia, que dejen atrás la autocompasión, e inicien la más sana autocrítica.

Si bien es cierto que en los dos partidos de semifinales de la Champions (entre el Madrid y el Barça), hubo alguna decisión arbitral dudosa, que favoreció posiblemente al Barça, también es cierto que eso no alteró sensiblemente el signo de la eliminatoria. En mi opinión, el Real Madrid sabe jugar mejor de lo que lo hizo en esos dos partidos. Pero, por lo que se vio en el campo, el Barça ha sido el justo finalista de la Champions. Al final del primer partido, Mourinho tiró a la basura la eliminatoria, con sus extemporáneas y airadas manifestaciones, fruto de la frustración.

En cuanto a esas organizaciones siempre oscuras, nada democráticas y opacas, cámbiense si se puede, fuérzese su apertura, consígase que sean mucho más transparentes y demás. Y si no se puede, flaco favor le hacen a su equipo las denuncias desabridas de Mourinho. A esa clase de monstruos (Federación, UEFA) no queda más remedio que ofrecerles los sacrificios que toque durante el solsticio. Hasta que las cambiemos o nos deshagamos de ella.
El Real Moudrid ha hecho, por otra parte, una campaña excelente. Hubiera sido el Campeón de Liga si no existiera este Barça, pero dejó al siguiente a muchos puntos de distancia. Ganó la Copa del Rey. Y una final en Wembley entre el Barça y el Real Madrid hubiera sido, sin ninguna duda, un espectáculo que no olvidaríamos en mucho tiempo. Pero no podía ser y no fue.
Basta ya, por favor, de ensombrecer una realidad que está más allá de esas pequeñeces. Hoy por hoy, muy probablemente, el Barça es el mejor equipo del mundo.

Este sábado lo demostró de nuevo.
JMBA