Querido Paseante, siempre eres bienvenido. Intenta escribir algún comentario a lo que leas, que eso me ayuda a conocerte mejor. He creado para ti un Libro de Visitas (La Opinión del Paseante) para que puedas firmar y añadir tus comentarios generales a este blog. Lo que te gusta, y lo que no. Lo que te gustaría ver comentado, y todo lo que tú quieras.


Pincha en el botón de la izquierda "Click Here - Sign my Guestbook" y el sistema te enlazará a otra ventana, donde introducir tus comentarios. Para volver al blog, utiliza la flecha "Atrás" (o equivalente) de tu navegador.


Recibo muchas visitas de países latinoamericanos (Chile, Argentina, México, Perú,...) pero no sé quiénes sois, ni lo que buscáis, ni si lo habéis encontrado. Un comentario (o una entrada en el Libro de Visitas) me ayudará a conoceros mejor.



Mostrando entradas con la etiqueta corrupción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta corrupción. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de febrero de 2016

El Día de la Marmota

Este 2 de Febrero es la Candelaria, que marca la equidistancia entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera. El punto medio de la estación invernal.

Dice un refrán catalán lo siguiente:

Quan la Candelera plora, el fred és fora; quan la Candelera riu, el fred és viu; però tant si riu com si plora, mig hivern fora

En una traducción libre, podríamos decir que: Cuando la Candelaria llora, el frío está fuera; cuando la Candelaria ríe, el frío está vivo; pero tanto si ríe como si llora, medio invierno fuera.

Por cierto, Candelaria es también un municipio de la isla de Tenerife.
(Fuente: editando)

Hoy se celebra en la Norteamérica rural el Día de la Marmota, en que, dependiendo del comportamiento de una marmota al salir de su madriguera, se predice si la primavera se va a avanzar, o tendremos un invierno largo. La más famosa es la que se celebra en el pueblo de Punxsutawney (Pennsylvania), que fue inmortalizada en la película Groundhog Day (Atrapado en el Tiempo) (1993) dirigida por Harold Ramis y protagonizada por Bill Murray y Andie MacDowell. En ella, un reportero que cubre esa celebración, se ve condenado a repetir la misma jornada una y otra vez, lo que genera giros muy interesantes en el guión.

Popularmente, la expresión Día de la Marmota tiende a tener el significado asociado a esa película: una situación que se repite cansinamente una y otra vez, sin modificaciones ni evoluciones aparentes.

Curiosamente, muchas de las cosas que rodean nuestra vida cotidiana nos sugieren al Día de la Marmota. Y a su segunda interpretación: que es una insensatez esperar obtener un resultado diferente haciendo siempre lo mismo.

Hay cosas (y personas) que resultan graciosas en pequeñas dosis. Pero su reiteración acaba resultando estomagante.

En política estamos asistiendo a nuestro particular Día de la Marmota. La segunda ronda de contactos de los líderes de las diversas formaciones con el Rey parece producirse en circunstancias prácticamente idénticas a la de hace un par de semanas, sin avances de ningún tipo. En resumen, sin que hayan hecho los deberes.

Sólo espero que el Rey tome, esta vez, una decisión diferente, para salir de un bucle que podría ser infinito. Ya es hora de que los líderes, especialmente Rajoy y Sánchez, salgan de su tacticismo y dontancredismo, y empiecen a hacer los deberes que les hemos dado los ciudadanos en las urnas.

Hasta ahora nunca había habido problemas de este tipo, porque la situación que dejaban las urnas era bastante clara, con un partido claramente destacado, con mayoría absoluta o muy próxima, y no había dudas sobre quién debía asumir la investidura. Pero tras la espantada de Rajoy en la primera ronda, poniéndose de perfil para que se estrelle el siguiente, esta ocasión es diferente de todas las anteriores. Esta vez, me parece que el Rey debe asumir sus funciones de Jefe del Estado y poner firmes a los diversos líderes, forzándoles a que hagan sus deberes, a que lleven adelante las pertinentes negociaciones hasta el final, para validar si sus respectivos proyectos políticos tienen buenas posibilidades de superar una investidura.

Desde mi punto de vista, si yo fuera el Rey (que ya me gustaría, ya) abriría formalmente un período de negociación política (de un par de semanas), y citaría a los líderes a una nueva ronda con todas las posibilidades exploradas a conciencia.
Los cuatro líderes políticos, sumidos en la inacción.
(Fuente: elperiodico)

En esa potencial tercera ronda, podrían darse varios casos. Si ningún líder consiguiera los apoyos necesarios, estaríamos abocados a nuevas elecciones. Si uno de los dos afirma disponer de los apoyos suficientes, debería ser nominado como candidato a la Presidencia del Gobierno, y enfrentarse a un debate de investidura. Si los dos líderes principales afirmaran estar en condiciones de una investidura, sin duda uno de los dos estaría mintiendo. Pero, en ese caso muy improbable, Rajoy como líder de la fuerza más votada, debería ser el (primer) candidato a la investidura.

Lo que no me parece para nada correcto es ir a la audiencia con el Rey con problemas al hombro, en lugar de llevar soluciones. Porque existe la posibilidad de que hubiera soluciones más imaginativas, que hoy no están encima de la mesa. Pero eso sólo se descubrirá tras lijar el culo a base de largas sentadas de trabajo.

En fin, este proceso está siendo muy, muy cansino. Un auténtico Día de la Marmota. Y me temo que lo que, sin ninguna duda, se va a conseguir, es que la desafección de los ciudadanos por la política vaya en aumento, y se manifieste en un crecimiento importante de la abstención en unas hipotéticas nuevas Elecciones Generales.

Desgraciadamente, en la política hay más cosas que también nos sugieren al Día de la Marmota. Como los espectáculos coreográficos de la corrupción, que se repiten una y otra vez. Aunque debo reconocer que las fórmulas imaginativas que algunos desplegaron para implementar sus latrocinios crean una cierta variación en el tono de los colores de la corrupción. Por el contrario, la reacción de los portavoces y líderes del PP ante los diversos episodios escandalosos que les afectan directamente resulta de un cansino que ya fatiga. Da la sensación de que, en alguna parte de la organización, tienen una fábrica de mantras exculpatorios, que luego repiten urbi et orbe en todos los tonos posibles.

Después de que toda la organización del PP valenciano esté sub judice, resulta insostenible la posición de que la corrupción es de las personas y no de las organizaciones, y de que Rajoy y su Gobierno han tomado más iniciativas contra la corrupción que todos los gobiernos anteriores. O de que la corrupción es un tema del pasado.  Después de los Luis, sé fuerte y de la sospecha de los sobres y las cajas de puros con billetes dentro, Rajoy, para muchos ciudadanos, está marcado por una sospecha más que evidente. Pero hace sólo un día que hemos oído al ministro Catalá (y a todo el paquete de portavoces del PP) manifestarse en esos mismos términos.

En fin, hay chistes o situaciones graciosas que nos pueden hacer sonreír las tres o cuatro primeras veces. Pero su repetición y reiteración cansina resulta ya claramente enojosa.

Phil, la marmota de Punxsutawney, no es el responsable del folclore, ciertamente kitsch, que se monta a su alrededor. Pero pudiera ser que la única solución para salir del bucle sea matar a Phil. O cambiar de líderes, que ellos sí son responsables de este particular Día de la Marmota.

Ría o llore la Candelaria, ya nos hemos ventilado la mitad del invierno.

JMBA

viernes, 18 de diciembre de 2015

El Votante en su Laberinto

Estamos a un par de días solamente de una de las Elecciones Generales más decisivas de las últimas décadas, y, sin embargo, las encuestas, sondeos y sensaciones de los entendidos parecen indicar que hay, todavía, un elevado número de votantes indecisos. Según algunas fuentes, incluso por encima del 20% de los que están seguros de que irán a votar, todavía no saben muy bien por quién.

Y es que el escenario político, esta vez, es complicado y, a la vez, apasionante. Hay dos formaciones emergentes, que no están presentes en el Parlamento actual y que, según todos los indicios, pueden alcanzar una posición importante, incluso por encima de los cincuenta escaños cada una de ellas. Ciudadanos y Podemos son los grandes protagonistas. Y parece que podrían barrer a otras dos fuerzas que ocupan espacios parecidos, pero que nunca han sabido ser algo más que fuerzas testimoniales. Estas elecciones podrían ser el final de UPyD y de Izquierda Unida. O no, que sorpresas habrá el domingo, con seguridad.

El bipartidismo de PP y PSOE, que han tenido la total hegemonía de la escena política los últimos casi cuarenta años, está muy seriamente amenazado. Las previsiones indican que podrían estar, conjuntamente, claramente por debajo del 50% de los votos. Este bipartidismo que ha venido perpetuándose a sí mismo es víctima de la esclerotización de la política, de la tiranía de la partitocracia y del aparato de los propios partidos, y de un sistema político que ha facilitado hasta límites irrespirables la construcción de auténticas maquinarias de corrupción, latrocinio y saqueo de lo público. No lo tienen todo perdido, pero deben apuntarse con premura y decisión al carro de la regeneración política. Lo que, hasta ahora y por cierto, no se ha visto con nitidez.

Ha llegado el momento de un cierto cambio de régimen, que sustituya al statu quo creado por el proceso constituyente que culminó en 1978, y que ha prestado grandes servicios a España desde entonces, pero que se ha ido agotando y quedando sin fuelle. Ciudadanos y Podemos, desde posiciones reconocibles como neoliberales a la derecha y socialdemócratas a la izquierda, representan muy bien esa esperanza de cambio, no sólo de Gobierno, sino también de régimen y de práctica política. Cabe la posibilidad de que, en unos años, puedan constituir el nuevo escenario de bipartidismo que nos acompañe las próximas décadas.

Pero el voto, que es un acto de tremenda intimidad, se mueve a menudo por emociones no siempre perfectamente identificables. En el voto del 20D reconoceremos, por lo menos, el temor y la esperanza. Algunos sienten el temor de que los nuevos actores no estén capacitados para gobernar España. Es cierto que son formaciones muy jóvenes, casi sin historia (por lo menos a nivel nacional, en el caso de Ciudadanos) y que han crecido mucho y con mucha rapidez. Esto ha provocado, inevitablemente, crisis de crecimiento, ya que han tenido que incorporar cuadros a gran velocidad y no siempre con los necesarios filtros. De otra parte, el mensaje de Podemos se ha ido atemperando, desde la dinámica prácticamente antisistema, heredera de los movimientos populares del 15M, hasta una posición mucho más asimilable a una socialdemocracia del centro o norte de Europa. Esto también ha creado confusión en algunos de sus seguidores tempranos, aunque ha atraído a muchos votantes tradicionales del PSOE. El mensaje de Ciudadanos, por su parte, resulta a menudo algo ambiguo, y difícilmente situable en el espectro tradicional español derecha-izquierda. Y las declaraciones poco contenidas y nada disciplinadas de algunos de sus representantes han creado fuegos donde no los había. Parece que los españoles tenemos ciertas dificultades para poner derecha y moderna en la misma frase.
Los cuatro líderes políticos que, muy probablemente, van a tener
protagonismo tras el 20-D.
(Fuente: elperiodico)

De otra parte, Mariano Rajoy no creo que despierte entusiasmo, ni siquiera entre muchos del fondo de armario de los votantes tradicionales del PP. Pero hay que reconocer que es un estadista veterano y, a estas alturas, bastante predecible. Para muchos puede representar una tabla de salvación ante lo desconocido. Pero, a su vez, tiene algunas sombras graves que le persiguen. De una parte, la mentira. Porque, al poco de llegar al Gobierno, empezó a hacer todo lo contrario de lo que decía el Programa electoral del PP en 2011. Claro que el PP culpa de ello a la herencia recibida de la última etapa de Zapatero. Una excusa que no convence a los que no somos hooligans del PP. Además, en estos cuatro años, el Gobierno del PP se ha instalado en la permanente invención de neologismos y perífrasis para disimular una situación económica que, desde luego, no es ni mucho menos buena para una parte importante de la población. Ocultando las falacias bajo una retórica barroca.

Es cierto que se ha empezado a crear empleo en los últimos dos años. Pero también es cierto que la economía, incluso la globalizada, es cíclica, y ahora toca un ciclo de cierta expansión, que no es, por lo menos no en su totalidad, obra o resultado del Gobierno del PP. Sin descontar otros factores que coadyuvan a una imagen económica algo menos apocalíptica, como la depreciación del euro (que facilita ciertas exportaciones) o la bajada del precio del petróleo. Las cifras no engañan, y al final de la legislatura hay algunos ocupados cotizando menos que al principio de la misma, ahora hace cuatro años. Y los salarios se han degradado, lo que tira a la baja de las cotizaciones sociales que deberían hacer sostenible, por ejemplo, el sistema de pensiones.

La tibia recuperación económica está siendo injusta, porque los salarios se han despeñado y el riesgo de exclusión social ya no es sólo patrimonio de los desempleados, porque ha nacido una nueva clase social, la de los trabajadores que no ganan lo suficiente como para poder vivir dignamente. Esto está creando fuertes tensiones sobre los sistemas de solidaridad, Y conviene no olvidar que la caridad y la solidaridad son valores que contribuyen a hacer frente a emergencias sociales, pero no son un sustituto para compensar desequilibrios estructurales.

Además, muchos ciudadanos recriminan al PP su uso torticero de la palabra, que ha ido sembrando la actualidad de agravios absurdos y perfectamente evitables, si hubieran utilizado el lenguaje de un modo mucho menos agresivo y partidista. En este catálogo tendríamos desde el Que se jodan (dirigido a los desempleados) de esa diputada (hija del impresentable Carlos Fabra), a la movilidad exterior de la Ministra de Empleo, tratando de disimular el fenómeno migratorio que estamos viviendo, o la indemnización en diferido con la que tuvo que lidiar María Dolores de Cospedal o lo de españolizar a los alumnos catalanes del ex ministro Wert. Las palabras pueden herir tanto como las armas más afiladas. Y hacen sangre.

Personalmente, además de todos estos temas, mi principal reproche al Gobierno del PP es que para nada ha trabajado para desarrollar las bases necesarias para que, en dos o tres décadas, España se parezca al país que nos gustaría que fuera. Nada se ha hecho para modificar el modelo económico español, a fin de poder ser más competitivos con los países más avanzados de nuestro entorno, y no con los países de mano de obra más barata, que es uno de los efectos secundarios de su famosa Reforma Laboral. Estamos intentando remontar la crisis subiendo por la misma pendiente por la que nos despeñamos a partir del 2007. Y eso deja atrás a los enfermos y heridos, y nos condena a repetir la historia. Se ha descapitalizado, todavía más, la investigación, y muchos jóvenes de la generación mejor formada de nuestra historia reciente se han visto obligados a buscarse la vida lejos de nuestras fronteras, contribuyendo al desarrollo de otros países. Una ruina para España.

Para explicar el descenso de las cifras del paro, hay cuatro razones posibles, de las que el Gobierno sólo quiere utilizar una. El paro puede bajar porque más gente encuentra empleo. Pero hay menos cotizantes en la Seguridad Social, lo que desmiente este argumento. Puede bajar también si hay gente que se marcha del país y deja de constar como parado. O también por la gente que ha abandonado toda esperanza de volver a trabajar, y se ha borrado como buscador de empleo. Y, finalmente, también puede bajar porque más gente se dedica a actividades de economía sumergida. Me temo que de todo hay, pero el Gobierno insiste en sólo aceptar y declinar la primera, la que más cree que le favorece.

Con el PP, la mayoría de españoles parecen condenados a ser los camareros de Europa, con contratos extremadamente volátiles, de cuatro horas, pero trabajando doce a cambio de una pequeña compensación adicional en B. De esta forma no conseguiremos nunca ser un país más avanzado, competitivo y feliz. Sólo repetir periódicamente las caídas y las crisis muy profundas. No deberíamos aceptar que un 12% de paro se considere paro técnico, ni que periódicamente debamos enfrentarnos a cifras de desempleo claramente superiores al 20% (lo que no sucede, por cierto, en ninguno de los países avanzados de nuestro entorno). 

Y, por último, la corrupción, que ha ilustrado día tras día todas las portadas. Dejando al margen la infinidad de escenas impresentables que nos ha tocado vivir, las tramas Gurtel y Púnica ilustran a la perfección cómo el sistema ha permitido diseñar maquinarias perfectamente corruptas, para ejecutar con precisión el saqueo de lo público. Y resultan patéticos cuando intentan convencernos de que el problema de la corrupción es de las personas y no del partido, ni del sistema. Eso, simplemente, es una falacia lamentable. Y lo que ya se ha sabido sobre Bárcenas y sus papeles no tiene nombre. El Gobierno ha sido muy tibio en el reproche y erradicación de ese tipo de corrupción, lo que nos hace sospechar a muchos que los que intentan sofocar el fuego no están lo suficientemente limpios como para poder actuar sin trabas ni compromisos. El tema de los famosos sobresueldos en B, en sobres manila o cajas de puros, sé que seguirá siendo una leyenda urbana, porque esas cosas son prácticamente imposibles de demostrar en sede judicial. El dinero B, por definición, nunca aparece en las contabilidades oficiales ni en las declaraciones a Hacienda. Pero, por lo menos, que no nos tomen por imbéciles.

A mí me resulta francamente sorprendente el prurito de agredido ofendido que adoptó Rajoy cuando Pedro Sánchez, en el Cara a Cara del pasado lunes, le dijo que no era un político decente. No le llamó delincuente, porque sabe, como la gran mayoría de españoles, que eso nunca se podrá demostrar. Pero Rajoy parece haberse olvidado de que el desempeño de la política, aparte de estar sometido a posibles responsabilidades judiciales, en su caso, está permanentemente sujeto a la responsabilidad política, que siempre es inevitablemente subjetiva. La decencia, en política, no es un atributo que sea demostrable que se tiene o no, si no en función de lo que una mayoría de ciudadanos perciban. La respuesta de Rajoy debería haber sido: Bueno, esa es su opinión. Además, me resultó francamente casposa su línea de defensa en el sentido de que lleva 30 años dedicado a la política. ¿No será ya demasiado, señor Rajoy?.

En fin, creo que, en sólo cuatro años, el PP ha hecho méritos más que suficientes para ser apartado del poder, y darles la oportunidad de depurarse en su rincón de todas las toxinas que han ido acumulando. Necesitan como el comer su propia travesía del desierto. Sólo deberían votarle los hooligans.

¿Y qué decir del PSOE?. Acabó absolutamente desarbolado la etapa Zapatero, donde tuvo que traicionarse demasiadas veces a sí mismo. Ya analicé con cierta extensión esa época. Cometieron el error de practicar el sectarismo con demasiada frecuencia, el pecado de gobernar para los suyos y no para todos los españoles. Rubalcaba, político sagaz donde los haya, tenía claro que su única posibilidad era retirarse de la primera línea a su cátedra de Química, y dejar que otros lidiaran con ese toro. Pedro Sánchez es joven y guapo, pero es un líder discutible y discutido del Partido Socialista. Con demasiada frecuencia es bombardeado por el fuego amigo. Me temo que el partido necesita otros cuatro años para regenerarse de nuevo, para depurar sus muchos pecados, cambiar otra vez de líder, y prepararse para un nuevo asalto al poder en 2020. Y eso suponiendo que el escenario político no haya cambiado tanto que ya no tenga cabida un partido histórico como es el PSOE.

El 20D votar al PSOE significa querer un cierto recambio, pero sentir temor por el cambio. El liderazgo de Pedro Sánchez, por su parte, no creo que sobreviva al fracaso anunciado en estas Elecciones Generales.


Creo llegada la hora de los emergentes que, aparte de otras delicias, aportan aire fresco a un ambiente enrarecido. No hay duda de que, con el poder, tendrán que hacer frente a sus propios episodios de corrupción, pero espero que los sepan lidiar con firmeza y diligencia. Parecen genuinamente animados para llevar adelante la regeneración política de este país, para trabajar por la separación efectiva de poderes, dispuestos a negociar reformas constitucionales que permitan que la mayoría de españoles podamos sentirnos razonablemente felices y queridos en nuestro propio país.

Tendrán que demostrar que son capaces de gobernar para todos y no sólo para sus votantes, y que tienen en la cabeza el país que les gustaría que fuera España en el 2040 y que trabajan todos los días para acercarnos a ello.

Por supuesto que nada será perfecto, porque la perfección no es un atributo humano. Pero, como mínimo, será esperanzador ver renovado el ambiente en el Congreso de los Diputados y espero que también en la Moncloa.

Según la aritmética que salga de las urnas veremos las posibilidades reales que van a existir de articular mayorías para el Gobierno de España. Ahí se pondrá a prueba la flexibilidad de cintura de los nuevos, pero también de los veteranos. Porque cuando el PP habla de estabilidad para la gobernabilidad del país, quiere decir mayoría absoluta del PP. Y los otros tres (PSOE, Ciudadanos y Podemos) hacen ascos a clarificar cuál será su actitud negociadora, porque hasta el domingo su único objetivo es conseguir ser la fuerza más votada, lo que tienen muy, muy complicado.

Claro, también se podrá votar a los dos partidos que están en la UVI (UPyD e Izquierda Unida). Francamente, me cuesta entender, si no fuera por la fuerza de ciertos egos, cómo no ha sido posible que se integren en las nuevas formaciones, que tienen mucho más empuje y mucho mejores perspectivas, y además ocupan espacios sociológicos homologables.

En ciertas regiones, además, se podrá votar a fuerzas nacionalistas. Pero el votante deberá tener en cuenta que su fuerza en la gobernabilidad de España se ha visto seriamente deteriorada por la decrepitud del bipartidismo, que fue su pesebre durante décadas, al actuar de bisagras en favor de unos u otros, a cambio de favores o competencias.

Y en todas partes habrá, también, una docena larga de otras formaciones inevitablemente condenadas a la marginalidad, me temo.

Ah, y que nadie olvide que también deberemos votar por el Senado, aunque nadie tenga muy claro para qué sirve ni si va a sobrevivir a la próxima legislatura. Sugiero que cada cual se lea la relación de nombres que se presentan por su provincia, y decida por personas, en función de su propio conocimiento y al margen de la estructura de listas (abiertas, por cierto) de cada partido. 

Para el próximo domingo, el votante se enfrenta a un laberinto. Podría decidir no entrar, y quedarse como está, porque no vea claro que sabrá salir de él, como el caballo que rehuye saltar una valla. En este caso, y según su sensibilidad, debería votar a PP o a PSOE. Pero, francamente, en las condiciones actuales quedarnos como estamos no me parece que sea una opción. La etapa democrática que se inició en el 78 ha cumplido muy bien su papel, pero se ha ido viciando y está agotada. Los votantes estamos obligados a facilitar que la política del siglo XXI para España la lleven adelante políticos del siglo XXI. Muchas cosas, necesariamente, deberán ir cambiando. Ante un reto de tales dimensiones, no cabe el paso atrás de la cobardía. El valiente no es el que no siente miedo (ese es un temerario), sino el que sabe vencerlo o, al menos, rodearlo.

Espero que en las urnas del 20D haya mucho más de esperanza que de temor.

JMBA

lunes, 1 de diciembre de 2014

Corrupción y Élites Extractivas

El concepto de élites extractivas fue acuñado por los economistas Daron Acemoglu y Jim Robinson, en su libro "Por qué fracasan las naciones". Este tipo de élites parásitas las podemos encontrar tanto en la política como en el entorno del mundo financiero, de la economía, de los medios de comunicación o de la Inteligencia, de acuerdo a los citados economistas.
(Fuente: effeta)

En España, actualmente, este concepto se ha popularizado y convertido en mediático, referido de modo casi exclusivo a las élites políticas. Hay buenos motivos para ello (de los que la corrupción es, seguramente, la principal), pero conviene no olvidar que la categoría trasciende a otros campos.

Las élites extractivas se apartan de la obtención del bien común, y dedican sus esfuerzos a su propio bienestar y al grupo al que pertenecen. Elaboran un sistema de captura de rentas que les permite, sin crear riqueza ni valor, detraer rentas de la mayoría de los ciudadanos en beneficio propio.

La clase política española actual, nacida y desarrollada a partir del nuevo escenario político creado tras la muerte del Dictador, se ha consolidado como élite extractiva. A ello no es ajeno el sistema electoral proporcional con listas cerradas, que era posiblemente la mejor solución en ese momento para desarrollar el papel de los partidos políticos, prácticamente desaparecidos de la vida pública española durante el franquismo. Ese sistema, junto con el desarrollo de un Estado autonómico basado en el principio del café para todos, ha tenido un cierto recorrido que era necesario, pero ha entrado en crisis de agotamiento. Negar esta realidad es perpetuar una crisis democrática (y económica, por cierto) que perjudica a la gran mayoría de ciudadanos que no forman (no formamos) parte de esas élites.

Conviene no olvidar que la pervivencia y la perpetuación de ciertas élites extractivas es lo que, principalmente, provoca la incapacidad de muchos países del Tercer Mundo, o incluso de algunos países en vías de desarrollo, de salir de su sopor y poderse incorporar con garantías a la nómina de países democráticos que garantizan un cierto estado de bienestar a todos sus ciudadanos. Muchos países africanos y algunos de América Latina, por ejemplo, sufren de este síndrome en modo agudo.

Para quien quiera informarse sin excesivos tecnicismos ni recurrir a las fuentes originales, le recomiendo vivamente el artículo que publicó el economista César Molinas en El País (Una teoría de la clase política española, 10 de Septiembre de 2012) y que constituye la base de uno de los capítulos de su libro Qué hacer con España, publicado en 2013.

Un sistema electoral basado en listas cerradas y bloqueadas nos ha llevado a que los cargos electos deben lealtad y obediencia a los órganos de su propio partido (que son los que deciden quíén y en qué posición, aparece en las listas electorales), en lugar de consagrarse al servicio de los ciudadanos que les han votado. Este sistema es maligno desde su inicio, aunque haya tenido una cierta justificación durante algunas décadas, para reforzar la imagen pública de los propios partidos políticos. Unos partidos políticos que fueron prácticamente imperceptibles en el interior durante la Dictadura, o condenados a la melancolía del exilio.

La Administración Pública y, con ella, la organización práctica de la estructura del Estado, genera valor, dentro de ciertos límites. Estos límites están fijados en la capacidad que tiene el Estado de hacer que el país esté mejor ordenado, y que se puedan desarrollar los recursos comunes (infraestructuras y otros) necesarios para mejorar la competitividad internacional del país, en las mejores condiciones económicas posibles. Es por ello que un cierto tamaño del Estado es necesario para garantizar estas ventajas a todos los ciudadanos, y aportarles el máximo bienestar posible. Habitualmente, la percepción de una excesiva burocratización en la relación de los poderes públicos con los ciudadanos, acostumbra a ser un síntoma de que se ha caído en el pecado del gigantismo parásito y extractivo.

En ninguna parte está escrito que la estructura del Estado deba ser grande o pequeña. Diversas opciones políticas y económicas defienden uno u otro extremo, con argumentos teóricos razonables en todos los casos. A los ultraliberales les gustaría un Estado de tamaño mínimo, para que la mayoría de las rentas sigan en manos de quienes las generaron. En el otro extremo, los socialdemócratas, o incluso los comunistas, defienden un Estado de mayor tamaño, con funciones muy claras de redistribución de la renta. Pero la capacidad del Estado de generar valor para sus ciudadanos es limitada, por lo que su gigantismo o hipertrofia son dignos, en principio, de toda sospecha. Este es, muy habitualmente, el nido en el que se acunan las élites extractivas.

Es por ello que la extensión, en tamaño y alcance, de la estructura del Estado tiene el riesgo elevado de consolidar a la clase política como una genuina élite extractiva. En estas condiciones, es inacabable el rosario de creación de organismos y empresas públicos, cuyo objetivo principal acaba siendo la generación de nóminas y dietas. Además, entre muchos otros desmanes, estas élites se dedican a generar burbujas de las que detraer sus propias rentas de clase, como ese calamar vampiro del que hablaba el analista financiero Matt Taibbi al referirse a Goldman Sachs. La burbuja inmobiliaria que hemos vivido en España, o la burbuja financiera internacional de las hipotecas subprime, son un buen ejemplo de ello.

Es en este contexto enfermizo donde conviene situar los inacabables episodios de corrupción que estamos viviendo todos los días en España. Un sistema político que se basa en la detracción de rentas (legales, eso sí, pero profundamente inmorales), inevitablemente acaba dando acogida a individuos cuya superior codicia les lleva a perseguir la obtención de mayores rentas, ya claramente ilegales, o a conseguirlas con mayor rapidez.

Es por ello que resulta patético oír a Mariano Rajoy hablar de que la corrupción en España es un problema de casos puntuales de personajes corruptos, y no de que el sistema esté corrupto en sí mismo. Cuando el propio sistema político, y su clase dirigente a la cabeza, han diseñado una maquinaria legal para detraer rentas para su propia clase, sin generar valor, es inevitable que en muchos rincones se perfeccione esa maquinaria para generar rentas mayores y con mayor rapidez, cayendo en la ilegalidad y la corrupción.

Una reforma en profundidad del sistema es ya una necesidad perentoria en España. Combatir los casos puntuales de corrupción no puede ser la única iniciativa. Aunque hay que hacerlo, por supuesto, con toda la carga de la ley, con la máxima rapidez y ejemplaridad. Para el bien común de la gran mayoría de ciudadanos, lo que hay que desmontar es esa maquinaria enfermiza de extracción de rentas sin generar valor. Porque su propia existencia, por muy legal que pueda ser, es un cáncer para el bienestar de la mayoría de los ciudadanos.

La corrupción es un síntoma, pero la enfermedad es más profunda. La existencia de esas élites extractivas en el núcleo de la clase política, es la enfermedad. Y los casos de corrupción son los abscesos que la enfermedad genera, aquí y allá, que deberían facilitar a los médicos un diagnóstico certero de la enfermedad profunda.

Por cierto, es este caldo de cultivo el único que puede explicar la aparición de elementos esperpénticos como el llamado Pequeño Nicolás. Un jovencito que parece haber medrado estrictamente a base de generar en terceros la percepción de proximidad con el poder político y, por ende, sugerir la oportunidad de apropiación de rentas detraídas.

Ya no cuela la estrategia de extender el miedo a los antisistema. Hay que tener ciertas precauciones, claro, porque no se trata de destruir el sistema para que impere el caos, sino de cambiar el sistema para que resulte mucho más justo para la mayoría de la población. Se trata de eliminar a esas élites extractivas y sustituirlas por una clase política renovada y decente, que esté realmente al servicio de los ciudadanos, y que se consagre a generar valor para el país y sus ciudadanos.

Claro que este proceso exige que esas élites, que controlan los resortes de la legalidad y sus cambios, por uno u otro motivo, se vean forzadas a diseñar y aceptar su propio harakiri. Para que esto sea posible, fuerzas políticas como Podemos pueden ser un buen instrumento. No creo que su aproximación política sea perfecta, y en su programa hay cosas que me gustan, otras que me desagradan, y algunas que me parecen absolutamente utópicas y alocadas. Pero son los únicos que parecen claramente decididos a erradicar a esas élites extractivas del poder político en España. Los partidos políticos tradicionales harían bien en tomar buena nota de los motivos profundos por los cuales una alternativa conceptualmente minoritaria como Podemos está alcanzando la relevancia que vemos en medios de comunicación y encuestas. Creo que el ciudadano medio no quiere destruir el sistema, pero exige su reforma en profundidad, para erradicar a esas élites extractivas parásitas de la vida pública. Si nadie más ofrece una alternativa atractiva, Podemos, en soledad, alcanzará el éxito electoral.

Hoy por hoy, me temo que los ciudadanos no tenemos muchas más alternativas viables. Si nadie propone reformar el sistema en serio, entonces triunfará la opción revolucionaria. Con consecuencias todavía imprevisibles. 

JMBA

viernes, 7 de noviembre de 2014

La Necesaria Transparencia

Ya estaba tardando. Se han filtrado datos que apuntan a que el Presidente de Extremadura podría haber pagado viajes (presuntamente privados) a Canarias y otros destinos, con fondos públicos.
José Antonio Monago, Presidente de la Junta de Extremadura.
(Fuente: ABC)

José Antonio Monago es un personaje que resulta incómodo para muchos, incluido el propio aparato del Partido Popular. De una parte, gobierna en Extremadura con la anuencia (abstención o lo que toque) de Izquierda Unida. De otra, se ha manifestado como un verso libre dentro del PP, clamando por la transparencia y la honestidad. Por eso hacen más daño estas filtraciones. Y resultan, por supuesto, dignas de toda sospecha de que se trate de iniciativas torticeras para debilitar a un rival incómodo.

Personalmente, creo que Monago no es un personaje corrupto y que, muy probablemente, esos viajes tienen, de una u otra forma, una cobertura legal y una explicación suficiente. Aunque abundan las dudas.

Este viernes, Monago ha ofrecido una rueda de prensa, seguida de las preguntas que han querido plantear los periodistas (lejos de las versiones plasma de Rajoy, dicho sea de paso). Básicamente ha venido a decir que todos sus viajes privados los ha pagado de su bolsillo, y que si a alguno le parecen muchos los viajes que ha realizado pagados con dineros públicos, a él mismo también le parece que han sido muchos, y su espalda se queja de ellas. Según afirma pero, según parece, no tiene muchas posibilidad de demostrar de forma fehaciente, todos ellos serían para trabajar, en uno u otro ámbito, en uno u otro sentido.

En principio, no tengo razón alguna para dudar de sus palabras.

Sin embargo, me inquieta profundamente saber que los gastos de viaje y representación de los cargos públicos no parece que estén controlados de ninguna forma. Me gustaría ver publicados en la web del Gobierno de Extremadura (o donde correspondiera) el detalle de todos los viajes, un titular para el motivo de los mismos y los gastos realizados y su justificación. Por lo dicho hoy por Monago, parece que no tendremos otra posibilidad que creer (o no) lo que con su mejor buena fe nos ha contado hoy.

Yo he trabajado durante casi treinta años en una compañía multinacional. Durante buena parte de esa época, dispuse de una tarjeta de crédito de empresa, para el pago de todo tipo de gastos, especialmente de los realizados por cuenta de la compañía. Todos los gastos se cargaban directamente en mi cuenta corriente personal, y yo podía recuperar los gastos de empresa tras justificarlos, dentro de las normas y límites fijados por la empresa, en las correspondientes Hojas de Gastos, aportando todos los justificantes, en su caso.

Esas Hojas de Gastos siempre tenían que ser validadas por el responsable jerárquico y por la Dirección Financiera. Seguro que un resumen de los mismos deben estar disponibles en algún sistema informático de la empresa, y los tickets de taxi, los billetes de tren o avión y las facturas de hotel estarán custodiados en algún almacén de documentación.

Me parece que esta forma de proceder es la correcta. Entre otras cosas, asume que nadie, dentro de la empresa, está por encima de las normas. Y hasta los gastos del Director General o el Presidente deben ser controlados y validados por el Director Financiero. Parece razonable que cualquier empresa, con ánimo de pervivir, implante normas de este tipo. Si no lo hiciera, podría caer en la red de cualquier pirata que gastara el dinero de la empresa como si no hubiera un mañana.

Siendo esto así, no entiendo por qué parece que la Administración Pública no es, ni con mucho, tan rigurosa en el control y registro de sus gastos. Que se realizan, además, con dinero público, es decir con NUESTRO dinero. Por lo que ha contado hoy Monago, no parece que pueda aportar justificaciones documentales de todos sus viajes, que son muchos, tanto por Extremadura como por Andalucía o, muy especialmente, Canarias. Aparte de los viajes a Madrid o a otras Comunidades Autónomas, por motivos diversos.

Da la sensación de que sólo nos queda confiar, o no, en la buena fe del mandatario. Insisto, Monago me inspira una cierta confianza. Aunque hoy se ha publicado que, por la época de los viajes, en Canarias vivía una mujer con la que Monago mantenía una cierta relación personal. La buena fe de los políticos es un activo tan frágil y en baja estima en la actualidad, que resulta totalmente insuficiente.

La única explicación que encuentro, me aterra. Da la sensación de que mucha gente en este país (Gobiernos de todas clases y ámbitos, para empezar; Parlamentos de todos los idiomas y así para adelante) se consideran a sí mismos por encima de las normas y, por ende, por encima de la propia Ley. Parece que el hecho de que exista un Presupuesto aprobado por el correspondiente Parlamento, para cubrir determinado tipo de gastos, ya sea suficiente para poderlo gastar con total impunidad y sin dar explicaciones a nadie.

Es imprescindible dar un paso decidido hacia adelante, por el camino de la transparencia y la publicidad. Supongo que algunos gastos puede que deban ser protegidos por el secreto. Pero todo Parlamento debe tener una reducida Comisión de Secretos Oficiales, que debe estar informada de todos ellos, aun asumiendo un compromiso de no revelación.

Me gustaría ver publicados los detalles de las Hojas de Gastos de todos los responsables y representantes políticos, y el detalle de cómo y en qué se ha gastado TODO el dinero que los ciudadanos hemos confiado a cualquier departamento público. Por supuesto, eso podría provocar alguna incomodidad. Pero las ventajas serían ampliamente mayores que los inconvenientes.

De ninguna forma los ciudadanos podemos seguir aceptando que nos pidan que creamos a pies juntillas en la buena fe de nuestros políticos. Tantos gángsters y gamberros se han colado en esas filas, que esa confianza ciega no se nos puede pedir en ningún caso.

Ya no basta que la mujer del César sea honrada. Además, debe parecerlo y poder demostrarlo.

En cualquier empresa existe una función que es el Control de Gestión, se llame como se llame. Su función es garantizar que todas las actividades con impacto económico se realizan con la necesaria justificación y/o autorización, y de acuerdo a las normas de obligado cumplimiento definidas por la política de gestión de la compañía. Es su obligación denunciar cualquier desvío de ese objetivo prioritario.

Me gustaría ver que en todas las Administraciones Públicas existan estos niveles de control y que se respeten. Y me aterra ver cómo los cargos electos se pasan por el forro (y, sobre todo, que puedan hacerlo), las opiniones y dictámenes de los correspondientes Interventores. Todos hemos visto en las películas americanas a los Departamentos de Asuntos Internos en los diversos Departamentos de Policía. Su misión (ingrata, quién lo duda) es ser moscas cojoneras en la persecución de aquellos que violan las normas. Y, de ninguna forma, pueden ser estómagos agradecidos que deban callar, básicamente por miedo, ante la más mínima indicación de cualquier responsable jerárquico.

Toda la estructura de Intervención de Cuentas en la Administración Pública debe estar protegida ante las desviaciones o caprichos de los responsables de las unidades que tienen como misión controlar. Pagar a una Intervención que no sea operativa y que deba acabar callando, es una doble traición a la transparencia a la que todos los ciudadanos tenemos derecho. Pagamos a controladores que no lo hacen.

El Gobierno lleva ya muchos meses hablando de la Transparencia. Pero tengo la sensación de que, sentados en el sillón del dentista y apretando los h..... del doctor, susurran: no nos haremos daño, verdad, doctor. La sensación de desánimo que nos inunda es la de que no quedan ya políticos que estén libres de pecado, como para tirar la primera piedra. Sólo aquellos que nunca han tocado poder, y a esos, como en la mili, la honradez simplemente se les supone.

Es posible que Monago sea un político honrado. Pero la parquedad de detalles que ha aportado en sus explicaciones juega en su contra. Sólo su credibilidad personal puede darnos, quizá, algo de tranquilidad. Frágil valor para merecer nuestra confianza. Si se confirmaran las últimas informaciones publicadas, quizá esté obligado a dimitir, por utilizar (de momento, presuntamente) recursos públicos para uso privado.

Luz y taquígrafos. Porque cuando el dinero, especialmente el público, que muchos parecen creer que no es de nadie, se mueve por rincones oscuros, nunca se tiene la seguridad de hacia dónde va.

Transparencia y publicidad absolutas en cómo se gastan los caudales públicos, YA.

Por favor.

JMBA

martes, 28 de octubre de 2014

La Maquinaria de la Corrupción

El ciudadano de este país, profundamente empobrecido por la crisis económica y los recortes del Gobierno, se ve expuesto a diario a nuevos episodios que se acaban revelando, que arrojan luz sobre toda clase de corrupciones.
Francisco Granados, que fue Consejero de la Comunidad de
Madrid, entre otros cargos, hoy detenido por
presunta corrupción.
(Fuente: cuatro)

Muchos de los gerifaltes de este país, mientras predicaban que la única solución era un mayor empobrecimiento del grueso de la población, se lo llevaban crudo con la otra mano, con tarjetas negras de gastos ocultos sin cargo, vendiendo su voto, o cobrando comisiones a cambio de favores políticos o torciendo decisiones en las adjudicaciones de diversas administraciones.

El problema es que da la sensación de que el Sistema, al margen de personajes más o menos desprovistos de escrúpulos, ha creado una maquinaria corrupta que ya funciona casi sola. Cuando alguien aparece por primera vez por un Ayuntamiento, Diputación o lo que sea, para asumir el papel de servidor del pueblo, da la sensación de que parte del briefing inicial debe ser hacerle consciente de cómo funciona la maquinaria corrupta en ella.

En ese ambiente, un político que pretenda mantenerse honesto se convierte rápidamente en un esquirol, un apestado, un indeseable para sus nuevos compañeros. En el escándalo de las tarjetas negras de Caja Madrid y Bankia, por ejemplo, hubo cuatro consejeros que nunca utilizaron esas tarjetas, pero tampoco las denunciaron.

Y una vez que los dineros se sumergen bajo la superficie, lejos de luz y taquígrafos, los caminos son ya inescrutables, tanto en dirección a las arcas B de los diversos partidos, como al bolsillo particular, léase cuentas sumergidas y ocultas en Andorra, Suiza, o donde sea.

El ciudadano tiene la sensación de que el único político que se mantiene honesto, y habrá muchos, por supuesto, es el que no tiene ocasión de corromperse. Hay miles de alcaldes y concejales por el país que sólo pueden manejar presupuestos mínimos, que no admiten merma alguna. Por los pequeños pueblos seguro que encontraríamos muchas personas que, sin cobrar ni siquiera un pequeño sueldo, dedican parte de su vida al servicio de sus conciudadanos. Tienen que tener envidia, a la vez que asco, de darse cuenta de lo precario de su propia situación.

Pero en cuanto empezamos a hablar de administraciones de mayor envergadura, con presupuestos más amplios, los contratos de obras y servicios ya admiten toda clase de juegos de manos, que son juegos de villanos. Los corruptores abundan (constructores, licitadores de servicios por concesión administrativa, etc.) y los políticos honestos, por lo que se está viendo, escasean.

Mientras muchos ciudadanos no saben cómo podrán asegurar la imprescindible comida a sus familias hasta fin de mes, y más allá, los políticos meten la mano en la caja y se lo llevan crudito.

Visto lo visto, ya no nos valen los argumentos de que los corruptos son casos aislados, la terminología preferida por el aparato de los partidos, para intentar esquivar el impacto de tanta basura. La corrupción existe al margen de los corruptos, que acaban siendo actores de un escenario que ya se les da hecho. La honestidad no sobrevive a este despliegue. Mirándose al espejo, reflexionan que no se puede ser el más tonto de la fiesta, ni más papista que el Papa. que si esto funciona así, pues adelante y a trincar como si no hubiera un mañana.

Los ciudadanos ya hemos superado la fase de identificar, detener, acusar y reprochar su comportamiento a corruptos individuales. La enfermedad es mucho más profunda que eso, que hay que seguir haciéndolo, por supuesto, pero ya no basta. Hay que desmontar las maquinarias corruptas que se han organizado en la mayoría de administraciones públicas. Hay que desmontar el Sistema, ya no queda otro remedio y no quedarán muchas más oportunidades.

Seguramente hay que cambiar la legislación penal, que está diseñada, como se ha dicho recientemente, con criterios del siglo XIX y pensando en el reproche a los robagallinas, para poder hacer frente como se debe a esta maquinaria de corrupción instalada con comodidad en los entresijos de la Administración.

Tenemos que ser capaces de desenmascarar a todos los corruptos, encarcelarlos y obligarles a devolver el dinero que han robado. Pero esto nunca será suficiente, si no somos capaces de desmontar la maquinaria que permite y facilita la corrupción. Si no lo hacemos, los corruptos encarcelados serán sustituidos por otros políticos que serán los nuevos beneficiarios de esa maquinaria que parece perpetuarse a sí misma.

Resulta indignante ver las reacciones tibias que están teniendo los aparatos de los partidos. Sólo se explica por la imposibilidad metafísica de morder la mano que les alimenta. La financiación de los partidos políticos es una asignatura pendiente que hay que resolver cuanto antes, segando la hierba bajo los pies a las oportunidades de nuevas corruptelas.

A estas alturas, ¿quién puede creerse que Rajoy no sabía nada de la contabilidad B de Bárcenas? ¿y quién, con criterio neutral, puede sostener la opinión de que él mismo no se haya beneficiado casi con seguridad de esos dineros negros? ¿y quién va a creer que Esperanza Aguirre, que fue Presidenta de la Comunidad de Madrid, no conozca a alcaldes significados de su Comunidad, hoy detenidos por sospecha de corrupción?. ¿Y quién podrá creer que Rubalcaba, o Pedro Sánchez hoy, desconozca las ramificaciones de la maquinaria de corrupción que se ha instalado en Andalucía, donde gobiernan desde hace casi tres décadas?.

Aunque hay que reconocer que Esperanza Aguirre, mucho más lista que otros políticos con más poder, salió a la palestra con prontitud para pedir disculpas y perdón por haber nombrado para diversos cargos de confianza a Francisco Granados, que todo parece indicar que es el cabecilla de una trama corrupta. Es una actitud que la honra, pero no es en absoluto suficiente.

Los ciudadanos ya no podemos seguir creyendo que este Sistema puede funcionar con total honradez, sólo cambiando las personas. Es imprescindible hacer una reforma en profundidad, una revolución. Ahí tiene Podemos su gran pozo electoral de votos. Parece que son los únicos que están, con cierta rotundidad, por esa labor. A pesar de algunos tics que pueden resultar negativos, o al menos inquietantes, para muchos votantes.

Si los partidos políticos tradicionales no saben reaccionar con rapidez y energía, están anticipando el final de un ciclo, una revolución que les va a enterrar en cal viva.

Es evidente que no todos los políticos son corruptos. Pero los ciudadanos tenemos la desagradable sensación de que todos los políticos que tienen la posibilidad, los que están cerca de la llave de una caja con abundantes dineros públicos, se acaban corrompiendo.

Esto hay que erradicarlo sin tardanza alguna. O no nos quedará más remedio que tomar la Bastilla.

JMBA

martes, 7 de octubre de 2014

El que paga, manda.

Poderoso caballero es Don Dinero. El que paga, manda. Nunca muerdas la mano que te da de comer. La sabiduría popular es muy rica, y siempre lleva razón.

Estos días estamos todos los ciudadanos absolutamente escandalizados por la información sobre la existencia y la utilización de las llamadas Tarjetas Black en Caja Madrid (y luego en Bankia). Me temo que todos tenemos un primer sentimiento (enfermizo) de envidia. Porque, ¿qué no podríamos comprar con una tarjeta de límite generoso y que supiéramos que no acabaría metiendo mano a nuestra cuenta corriente?.
Miguel Blesa, Presidente de Caja Madrid (1996-2009).

Pero el hecho es gravísimo, y puede ser causa de numerosos delitos, aparte de la desfachatez y la sinvergonzonería que el propio hecho demuestra.

En primer lugar, parece que esta maquinaria de corrupción se puso en marcha en Caja Madrid a mediados de los ochenta, y ha seguido en vigor hasta muy recientemente. Hay que reconocer que, a diferencia de gestores anteriores, Goirigolzarri es un banquero consciente y profesional, al que solamente se le puede achacar no haber denunciado con más ímpetu esta desvergüenza que se encontró al hacerse cargo de Bankia.

El sistema en sí es corrupto y manipulador. En efecto, daba al Presidente la potestad de repartir con liberalidad, de forma absolutamente arbitraria, jugosos sobresueldos (en negro absoluto) a los altos cargos de la entidad. Con total opacidad para los Órganos de Gobierno y Gestión de la entidad. Según se ha sabido, los gastos generados por estas Tarjetas Black se contabilizaban engañosamente como errores informáticos, o incluso a la misma cuenta en la que se reportan los gastos de tarjetas robadas que no se pueden cargar a sus titulares, y que acaban en la Cuenta de Pérdidas y Ganancias.

Este solo hecho ya supone administración desleal.

Pero estos gastos, según parece de índole muy variada y claramente, en su mayoría, de tipo particular e incluso suntuario, eran totalmente opacos a la Administración Tributaria. Ni la entidad realizaba retenciones fiscales a los perceptores (por la remuneración en especie), ni informaba a la Agencia Tributaria de los correspondientes perceptores y cuantías. Esto supone un delito fiscal por parte de la entidad y especialmente de su Presidente. En una cuantía total, por lo que parece, del orden de los 15,5 millones de euros.

Seguramente los perceptores no han llegado a incurrir en delito fiscal, sólo porque los importes anuales no parecen haber superado el límite de los 120.000 Euros. Pero sí son faltas o irregularidades fiscales, que pueden ser objeto de regularización fiscal con las sanciones correspondientes. Incluso si devolvieran el dinero percibido fraudulentamente a través de estas tarjetas, habría que evaluar el impacto de los intereses por disponer de esas cantidades durante varios años. No debería aceptarse que acabaran siendo créditos a interés cero.

Por supuesto, dado que Bankia tuvo que ser rescatada por el FROB (por lo tanto, con dinero público de todos los ciudadanos), ese uso de los fondos de la entidad sería objeto, en su caso, de delito de malversación de caudales públicos. El dinero pagado por este medio acabó siendo una pérdida adicional para la entidad, contribuyendo a la necesidad de rescate público. De nuevo, la devolución íntegra, con intereses, de esos importes al FROB (a todos nosotros, insisto), debería ser innegociable. Este delito es el único que no tendría sentido si los hechos se produjeran en una empresa totalmente privada.

Pero hay un factor adicional especialmente perverso en este método arbitrario de repartir sobresueldos fiscalmente opacos. Le daba al Presidente una herramienta formidable para la total manipulación de sus altos cargos, asegurándose su total docilidad. Porque el que paga, manda. Quizá no sólo por este motivo, pero esta liberalidad sin duda contribuyó a ello, un personaje siniestro como Miguel Blesa y otro jesuítico como Rodrigo Rato, tuvieron las manos libres para tomar decisiones en la entidad de acuerdo a sus intereses personales, sin temor a críticas internas y sin necesidad de mayores explicaciones. Si tienes algo que ocultar, rodéate de estómagos agradecidos, que nunca arrojarán luz a los esqueletos del armario..

La total opacidad de estos gastos y su contabilización, los ocultaban a cualquier auditoría o a la propia Asamblea de la entidad, de lo que se deriva una necesaria malevolencia de esos Presidentes, y un evidente ánimo de engañar.

Por parte de los perceptores, lo más cómodo resultó, por supuesto, callar y seguir gastando con liberalidad, en muchos casos accediendo a lujos que jamás se hubieran podido permitir por sus propios medios, y en otros por pura codicia y avaricia, sabiendo que no mermarían sus propias cuentas corrientes.

Parece que algunos titulares de esas tarjetas decidieron no utilizarlas y guardarlas en el cajón, pero tampoco denunciaron la evidente irregularidad. ¿Ley del Silencio, Omertà?. Si eres honesto, no la uses, pero no impidas que los demás lo hagamos con alegría.

Me cuesta mucho creer (vamos, que no me lo creo), que la propia Agencia Tributaria o la Fiscalía desconocieran por completo el hecho. Pero complicidades inconfesables, o bozales distribuidos por sus superiores para proteger sus intereses o a sus amistades, provocaron que la situación se prolongara en el tiempo, sin ningún impedimento.
Rodrigo Rato, Presidente de Caja Madrid (Enero-Diciembre
2010) y de Bankia (3/12/2010-9/5/2012)

Al final, como es habitual en los casos de corrupción, la salida a la luz pública de esta maquinaria corrupta ha tenido que venir por la denuncia (demanda, o querella) de un partido político que nunca mojó de ella, por el simple hecho de estar ausente por completo del Consejo de Caja Madrid o posteriormente Bankia. A diferencia de los partidos mayoritarios (PP, PSOE, IU), la patronal y los principales sindicatos (UGT, CCOO), que sí tenían algunos de sus miembros en ese Consejo, UPyD no tenía a nadie en esos órganos. Se ha demostrado algo bien sabido, y es que la codicia, la avaricia y la corrupción no tienen colores políticos. Acaba siendo ladrón, con honrosas y poquísimas excepciones, quien tiene ocasión de serlo con la confianza de una total impunidad.

Nadie puede asegurar su propia honradez si nunca tuvo acceso a la llave de la caja. Es por eso que, en el ánimo del ciudadano de a pie, aparece, incluso a su pesar, un primer sentimiento enfermizo de envidia. Curiosamente, la situación es parecida a la fidelidad en la pareja: nadie puede afirmar su propia fidelidad si nunca tuvo la oportunidad de no serlo (por ser más fe@ que picio y/o por carecer de otros atractivos, como el dinero). Dicen que la ocasión hace al ladrón, y la tentación es el origen del pecado.

Confío que la Agencia Tributaria y la Justicia hagan su labor, y evalúen las sanciones económicas y/o penales que correspondan en cada caso. Confío que los corruptos sean separados de todo cargo público por mucho tiempo o incluso de por vida. Y que los Grandes Manipuladores paguen con la cárcel acciones tan ignominiosas. Un Miguel Blesa, cuya única cualificación como banquero era ser amigo de Aznar, y que ya acabó con la carrera judicial de Elpidio Silva, que le investigaba (sin entrar a juzgar su idoneidad como juez), debe acabar en la cárcel. Lo mismo que Rodrigo Rato, que parece haber roto la vajilla en todos los puestos por los que ha pasado.

Caja Madrid engañó a los preferentistas, vendiendo activos ilíquidos y ruinosos a perfectos ignorantes financieros. Y Bankia engañó a muchos accionistas (entre ellos yo mismo, que acabé vendiendo sus acciones perdiendo más del noventa por ciento de lo que había pagado por ellas), cuando salió a Bolsa estando técnicamente en quiebra. Ahora resulta enternecedor ver a expertos financieros (abogados, economistas, incluso inspectores de Hacienda) alegando ignorancia, asegurando que se han sorprendido de ver cómo ese maná del cielo que cayó sobre sus cabezas por la liberalidad del correspondiente Presidente, resulta que era ilegal, jo. Que intenten convencernos de que llegaron a creerse que gastar sin control podía ser legal (e incluso responsable) sólo demuestra que, o son imbéciles ellos, o se creen que todos los ciudadanos lo somos. Impresentable.

Confío que se repare el daño, dentro de lo posible. Pero, la verdad, viendo la tibieza de muchos, no confío demasiado.

JMBA

sábado, 2 de agosto de 2014

Corruptos y Ladrones

Últimamente nos estamos desayunando día sí y día también con noticias sobre corrupciones, corruptelas y latrocinios varios. Confío que esto sea el síntoma de que esta sociedad entumecida está empezando a despertar y a tomar conciencia de lo que debe ser el comportamiento (público y privado) de los políticos y los personajes públicos.

Y es que una de nuestras lacras ha venido siendo que el primer sentimiento de los ciudadanos ante un episodio de corrupción es más bien el de envidia que el de censura. Porque el que no ha tenido oportunidad de corromperse, el que nunca ha tenido acceso a la llave de la Caja, no puede afirmar con rotundidad su entereza moral y su honradez.

En la última semana, sin duda el episodio más sangrante de todos ha sido la confesión del (ya no) Honorable Jordi Pujol i Soley quien, a sus más de ochenta años, confía en no pisar ya la cárcel y en proteger a su numerosa prole. Y es que quien ha sido President de la Generalitat durante más de 23 años y un cierto referente en la política nacional, parecería estar obligado a la máxima probidad y a una honradez a prueba de todo. Y no ha sido así, antes al contrario. Pujol ha dado muchas lecciones de cómo debe ser y comportarse un político, y se le ha tenido por estadista ejemplar. La realidad está demostrando que el viejo aforismo de haz lo que digo, no lo que hago sigue teniendo plena vigencia.

La herencia recibida de su padre, de origen bastante oscuro, por no decir directamente delictivo, no es más que la punta del iceberg de una podredumbre que parece muy arraigada en el seno de la sociedad, en este caso, catalana. Sus muchos hijos están siendo investigados, porque parece que se han criado en el desprecio a todos los que NO tenemos acceso a la llave de la caja. Una camada de gángsters, por lo que parece.

Cené este viernes con un buen amigo en Barcelona. Entre sus numerosos hermanos, varios son militantes convergentes y están desolados y desorientados. Entre muchas otras razones, porque el ancla de la sociedad que anhelaban ha revelado estar oxidada y se ha desintegrado como el azúcar en el café. Durante años han estado siguiendo a un estandarte roído y deshilachado, nada ejemplar, por supuesto. De alguna forma, se han quedado huérfanos.

No es mala señal que esta sociedad entumecida por ciertas tradiciones esté empezando a despertarse de su letargo. Lo único que nos puede salvar es el Imperio de la Ley, una ley consensuada por todos y que a todos obligue por igual. Y, de forma muy especial, a aquellos que desempeñan responsabilidades públicas.

De ninguna forma conviene que los ciudadanos sigamos a nadie, ni profesemos una fe ciega en estandarte o bandera alguna. Es ya hora de que los ciudadanos, todos, construyamos la sociedad que nos merecemos. Donde aquellos que asuman responsabilidades mayores en lo público sean los primeros obligados por la ley, y sepan y acepten que, de una u otra forma, deben ser ejemplares en sus comportamientos y en sus actitudes; que están al servicio de los ciudadanos, que es donde reside la soberanía y de donde emana, por delegación, el poder. La autoridad hay que ganársela a pulso.

Resulta turbador ver la tibieza con que el resto de fuerzas políticas tratan el tema, sin llegar a hacer sangre. Porque toda la camada de políticos de este país nada en un fango de dudoso color y muy probablemente corrupto. Donde nadie quiere hacer sangre, sabiendo que mañana les podrían hacer sangre a ellos mismos porque, desgraciadamente, motivos nunca faltan.

Unos se enriquecen sin pudor, saqueando lo público. Otros construyen maquinarias corruptas, por las que el dinero de todos se malbarata y se funde, acabando, a base de pequeñas corruptelas, engrosando algunos bolsillos privados. Es imprescindible legislar con claridad sobre la financiación de los partidos políticos. Porque, si no, no queda otro remedio que sumergir capitales para que fluyan por las cloacas. Y en las cloacas abundan los personajes siniestros que, en un oscuro sótano, cogen 300 con una mano y sueltan 100 con la otra para financiar su partido. El resto se convierte en un ingreso en una cuenta particular de Suiza o de cualquier otro paraíso fiscal.

En épocas pasadas de dictadura y cierta inseguridad jurídica, podía tener alguna explicación la existencia de capitales perdidos por el extranjero, como seguro en caso de tener que huir de las injusticias de un régimen nada democrático. Pero en la España actual ya no hay coartadas, ya no hay atajos, la honradez y la ejemplaridad sólo pueden tener un único camino, que pasa por el hecho indiscutible de que todos los ciudadanos debemos ser iguales ante la Ley.

Contra la corrupción, el latrocinio y el mal uso de los dineros públicos (que son de todos, no de nadie como parecen pensar algunos políticos), tolerancia cero. Con ello podremos conseguir, seguramente, ser una sociedad más madura y más justa.

JMBA