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viernes, 30 de marzo de 2012

Londres: El Brixton Market


Cuando uno visita las grandes capitales, y especialmente las arterias comerciales del centro, a menudo cuesta entender cómo podrá vivir la gente normal aquí, o cuánto tienen que ganar. Porque el turista o visitante ocasional, habitualmente se mueve, consciente o inconscientemente, por las zonas más nobles de las ciudades, las que se arreglaron para las visitas. Zonas donde el comercio ofrece productos de calidad, o al menos de elevada distinción o simplemente fashion. Dicho de otro modo, productos que, strictu sensu, no son necesarios, son superfluos.

La salida del Metro, e imagen de Brixton Road, con uno de los
omnipresentes puentes ferroviarios.
(JMBigas, Marzo 2012)


Algunos edificios dan muestras de esplendor.
(JMBigas, Marzo 2012)


El comercio en Brixton Road tiene un estilo algo diferente al del mercado.
Como la tienda de Marks&Spencer o la oficina del Santander.
(JMBigas, Marzo 2012)

Esto sucede en Madrid si sólo se visitan las calles principales del barrio de Salamanca o la calle Preciados, o en París si uno apoya la nariz en los escaparates de la rue Saint Honoré o en los alrededores de la Place Vendôme. Lo mismo sucede en Londres si, aparte del área más popular de Oxford Street, se visitan las grandes boutiques de Mayfair, o las tiendas selectas de Piccadilly, Saint James Street, el Strand o Regent Street.

Sin embargo, todas las ciudades siempre hurtan a nuestras miradas de turista curioso otra cara de la realidad, que no está especialmente preparada para nosotros. En el corazón de los barrios más populares late un comercio distinto, de proximidad, preparado para otros públicos, básicamente los propios vecinos del barrio, con otros niveles de precios y también, claro, por supuesto, con otras calidades. Y también con otro tipo de productos y servicios.

Brixton es un barrio popular del sur de Londres, donde acabaron residiendo muchos de los inmigrantes de todos orígenes que acudieron a la capital británica a partir de los años 60 y 70, como reflujo, a menudo inesperado, de una descolonización no siempre realizada con mimo. Brixton es una comunidad multiétnica donde ser blanco es -casi- una excepción, y priman los inmigrantes de origen africano o caribeño con todos sus múltiples  matices. (hasta el 24% de la población). En los años 70 fue escenario de unos violentos conflictos, cuando la puritana sociedad británica todavía no era ni siquiera consciente de que las características y composición de su propio tejido social estaba cambiando a pasos de gigante.

Gentes mal integradas en una sociedad que no les reconocía, sobrevivieron en Brixton durante muchos años, hasta que estallaron los conflictos, como siempre con origen inmediato en algún incidente menor al que alguna de las partes le asignó calidad de categoría, entendiendo que se violaban principios básicos de la dignidad de las personas. Pero, sin embargo, conflictos larvados durante lustros de vivir insertados en una sociedad que no sólo no les apreciaba, sino que, muy probablemente, más bien les despreciaba y opinaba que les estaban invadiendo el hogar.

Brixton es la estación más al sur de la línea Victoria del metro londinense. Ir hasta allí supone encontrarse con la parte más comercial del barrio, por otra parte principalmente residencial.
Electric Avenue, invadida por los puestos del mercado.
(JMBigas, Marzo 2012)
Una de las múltiples pescaderías de la zona.
(JMBigas, Marzo 2012)

Tiendas y almacenes temáticos y étnicos, en el Brixton Market.
(JMBigas, Marzo 2012)

En los alrededores de las estaciones (la del Underground y también la ferroviaria, muy próxima) se desarrolla, principalmente por Electric Avenue, Atlantic Road y calles aledañas, el mercado del barrio, el Brixton Market, apodado The Larder of Lambeth (La Despensa de Lambeth - el distrito o borough del sur de Londres al que pertenece Brixton).

Hay muchos mercados en Londres, y algunos son bien conocidos por sus visitantes. Se pueden citar los de Portobello o Camden, que son cosmopolitas, incluso dentro de su estética a menudo de arte povero. O el fabuloso Borough Market (al que ya dediqué un artículo) que, pese a desarrollarse bajo las vías del tren junto a London Bridge, ofrece productos gourmet internacionales de primera calidad, y siempre está atestado de turistas. O el de Spitalfields, cerca de Liverpool Street, que, a pesar de estar instalado en la (teóricamente) deprimida zona del East London, su proximidad con la City lo convierte, con criterios objetivos, en un mercado pijo.

El Brixton Market es otra historia por completo. Tuve ocasión de visitarlo el pasado jueves por la mañana. Desde la zona de King's Cross, donde tenía mi hotel, tomé la línea Victoria hasta su extremo sur, teniendo la precaución de que la estación de Brixton pertenece a la Zona 2 de tarificación.

Puestos y tiendas, en una cierta anarquía que, seguro, está controlada,
en el Brixton Market.
(JMBigas, Marzo 2012)

Escasamente dos metros cuadrados para esta fantástica tienda de
calzado deportivo (Atlantic Footwear).
(JMBigas, Marzo 2012)

Tiendas improbables, que venden electrodomésticos, en una de las
calles laterales del Brixton Market.
(JMBigas, Marzo 2012)

La salida del Metro está sobre Brixton Road, posiblemente la arteria más principal del barrio. Pero ya se distinguen, a uno y otro lado, diversos puentes ferroviarios sobre la calle, que auguran que el entorno no es del máximo prestigio. Como curiosidad, se puede ver una oficina del Santander, un enclave de nuestro poderío financiero cántabro en un barrio popular de Londres.

A la izquierda de la salida del subterráneo, está Electric Avenue. De avenida sólo tiene el nombre, pues es una callejuela ancha, invadida por los diversos puestos del mercado, con tiendas más estables a ambos lados. El mercado se extiende por Atlantic Road y por diversos callejones (lanes) interiores, con la proximidad, a veces agobiante, de las vías del ferrocarril, que discurre cerca de las cabezas de los visitantes.

Mi primera sensación ahí fue que ese no era mi territorio. Con mi apariencia, ciertamente disimulada, de turista, pero con la cámara fotográfica al cinto (o en ristre a veces), parecía claro que yo no era un cliente, ni siquiera potencial. Pero me recorrí todo el mercado sin problema alguno, ante la total indiferencia de los parroquianos, más allá de la curiosidad de algunos, sorprendidos de que alguien pudiera tener algún interés en fotografiar algunos aspectos del mercado.

Parece bastante evidente que un visitante ocasional al Brixton Market muy raramente va a encontrar nada que le apetezca comprar. Lo que abundan son tiendas y puestos de alimentación centrados en las necesidades (y las posibilidades) de los habitantes del barrio. Donde se pueden comprar frutas o verduras de todos los aspectos, carnes correctas para todo tipo de ritos, y artículos diversos de todo pelaje, necesarios para la vida diaria de cualquier habitante del barrio. O puestos de ropa de la que raramente nos va a resultar atractiva. Pero me llamaron especialmente la atención las tiendas dedicadas al pescado, en su mayor parte congelado. En bolsas de plástico transparente (como rellenadas en casa de alguien), se ofrecen al público unos cuantos pescados congelados, enteros las piezas más pequeñas, o fileteados las de mayor tamaño. A precios atractivos, qué duda cabe.
El Brixton Recreation Center, un equipamiento cívico del barrio.
(JMBigas, Marzo 2012)

El frecuente paso de trenes crea un cierto ambiente musical en Brixton.
(JMBigas, Marzo 2012)

Por los callejones interiores, en casi cada portal hay una tienduca que tiene alguna cosa (producto o servicio) para vender. Muchos puestecillos ofrecen artículos o servicios relacionados con la telefonía móvil, de una forma que yo fui incapaz de evaluar si son legales, ilegales, alegales o mediopensionistas.

Otras ofrecen artículos del ramo de la ferretería, pero con todo mezclado en un batiburrillo difícil de desbrozar para el profano. Otras ofrecen CD,s con música étnica (que suena con insistencia por la zona) de la que nunca ocupará los estantes de una tienda de High Street. Discos que dan la sensación (seguramente falsa) de haber sido grabados por aficionados y duplicados en casa de alguien.

En un par de metros cuadrados bajo las vías del tren, alguno tiene su comercio de venta de zapatillas deportivas, dispuestas en estantes metálicos que saca enteros de la tienda a la calle, cuando abre, y reproduce el movimiento inverso al cerrar. En tugurios mínimos de alguno de los numerosos pasadizos, nos espera una peluquería de señoras, que puede prestar todos los servicios habituales de un establecimiento de este tipo, pero en solamente cuatro o cinco metros cuadrados y escasos de luz. Sólo la complicidad entre los clientes y los comerciantes puede permitir sobrevivir sin muchas tensiones en estas condiciones.

Y así podría citar muchas docenas, si no algunos cientos, de pequeños comercios que sobreviven con la actividad diaria del mercado de Brixton.


El Brixton Oval, una plaza enorme sobre Brixton Road.
(JMBigas, Marzo 2012)

Las grandes ciudades lo son porque en ellas hay de todo. Cuando se visitan, conviene ser conscientes de que, habitualmente, estamos recorriendo la zona de la casa que está preparada para las visitas. Esa mañana de jueves, yo me salí (un poquito sólo) del guión. Y conviene no olvidar, cuando nos paseemos por Oxford Street, entre el Selfridges, el House of Fraser o el HMV, que mucha de la gente que atesta las calles y las tiendas son habitantes de Londres, no como nosotros, pero que también están de visita en esa zona.

En conjunto, la lección que nos conviene extraer es que vivir en Londres (o, para el caso, en cualquier otra gran capital) tiene un coste muy variable, dependiendo principalmente de la necesidad de cada cual. Si la vida, las circunstancias y tus propias posibilidades te empujan a vivir en un cierto barrio, este te acoge con su comercio particular, adaptado a los gustos y necesidades de los vecinos más habituales, pero siempre tratando de encajar en sus posibilidades reales. Buscando los niveles adecuados de calidad, para que se puedan vender al precio que, razonablemente, el cliente puede pagar.

En cualquier ciudad, no nos dejemos deslumbrar por las tiendas del lujo, el boato, los clientes importantes y los precios elevados. Ocultos en sus barrios, esperan al que sepa descubrirlo cientos de comercios de otro estilo, pensados para cubrir las necesidades de sus habitantes reales, con los productos y servicios adecuados, a precios que pueden pagar.

Gastando diez, o cien, o mil, lo que nos une, sin embargo, es que todos estamos convencidos de que hay mucha crisis, de que los ingresos no dan para llegar a final de mes, y de que todo está muy caro.

Eso sí, cada cual en el nivel que le es propio.

JMBA

miércoles, 28 de marzo de 2012

El Londres Olímpico


Hasta 1839, en que se introdujo el ferrocarril, Stratford (no confundir con Stratford-upon-Avon, donde nació Shakespeare) no era más que un pequeño centro agrícola. Luego se convirtió en un suburbio industrial y ha acabado siendo uno más de las docenas de pueblos dormitorio que existen en las inmediaciones de Londres, formando parte del llamado Gran Londres (Greater London). Una más de las llamadas Commuter Cities.


Vistas del Estadio Olímpico y demás instalaciones, desde la tercera
planta de los grandes almacenes John Lewis, en el centro comercial
Westfield Stratford City. Por cierto, ignoro cuál será la misión
de esta torre tan singular.
(JMBigas, Marzo 2012)

El commuter es un tipo de ciudadano que se caracteriza por vivir en un lugar diferente del lugar donde trabaja, o quizá trabaja en un lugar diferente del que vive. Cada día, dos veces (por la mañana y luego por la tarde) utiliza algún medio de locomoción (el coche propio, trenes de cercanías, Metros, autobuses, o en casos extremos, incluso avionetas, helicópteros o globos aerostáticos) para acercarse al trabajo o para volver a casa.

Cuando todas las zonas de docks (muelles) del Este de Londres se empezaron a recuperar para la vida útil, y se construyó Canary Wharf y todo lo que eso significa, también se construyó la primera línea del Metropolitano sin conductor, a la que se llamó DLR (Docklands Light Railway).

Stratford, que tenía, por supuesto, su propia estación del ferrocarril de cercanías, pasó a ser la terminal de uno de los ramales del DLR. Con lo que ya existía y lo que se fue construyendo con el tiempo y los diferentes eventos, hoy en la zona oriental de Londres cubierta por el DLR está tanto el London City Airport (LCY) como el Millenium Dome (hoy conocido como O2) o el centro de convenciones y acontecimientos ExCeL (Exhibition Centre London).

Cuando se inauguró el servicio ferroviario comercial a través del Túnel bajo el Canal de la Mancha (1994), el viaje en Eurostar entre París y Londres tardaba unas tres horas. Desde París hasta Calais y la entrada al Túnel, existía una excelente línea de Alta Velocidad, que permitía alcanzar la costa en poco más de hora y media. Pero, saliendo del Túnel por el lado británico, en Folkestone, el maravilloso convoy se juntaba con el tráfico local de Kent, y tardaba más de una hora en alcanzar la estación de Waterloo en Londres (la terminal del Eurostar desde su puesta en marcha hasta el 2007, en que se remodeló por completo la estación de St Pancras, que tiene en la actualidad ese papel).




Diversas imágenes de los alrededores del Westfield Stratford City,
junto al Parque Olímpico, todavía en obras.
(JMBigas, Marzo 2012)

El Reino Unido, en otros momentos pionero mundial en el transporte ferroviario, perdió la carrera de la Alta Velocidad frente a Japón, por supuesto, pero también frente a Francia o incluso España. Cuando en diciembre de 1981  los primeros trayectos inaugurales del llamado APT (Advanced Passenger Train) entre Londres y Glasgow sufrieron diversos problemas (fallos en el sistema de basculación, gripado de frenos por el frío, incluso un convoy bloqueado por la nieve), el cénit británico de su poderío ferroviario ya se había extinguido hacía algún tiempo.

La construcción del Túnel bajo el Canal de la Mancha (una obra colosal desde todos los puntos de vista) abrió la posibilidad de conectar Londres (o incluso otras ciudades británicas) con las grandes capitales europeas (especialmente París y Bruselas) en trayectos ferroviarios directos de duración muy competitiva.

Así nació el proyecto HS1 (High Speed 1), que ha permitido construir la primera línea ferroviaria de Alta Velocidad en todo el Reino Unido. Conecta Folkestone (la salida británica del Túnel) con la estación de St. Pancras en Londres en una media hora, lo que permite realizar el trayecto completo entre París y Londres en solamente dos horas y cuarto. Aparte de los trayectos internacionales, también circulan por esta ruta algunos trenes nacionales (de la compañía SouthEastern) que unen Londres con diversas localidades del Sudeste inglés. Para ello, se han construido tres estaciones nuevas en la HS1: Ashford International, Ebbsfleet International y Stratford International. Muy poquitos servicios Eurostar paran en alguna de estas estaciones intermedias. Pero ellas son la clave de la integración de la nueva línea HS1 en la muy tupida malla ferroviaria convencional de Gran Bretaña.

El nuevo Estadio Olímpico, entrevisto desde las vallas que
protegen las obras todavía en curso.
(JMBigas, Marzo 2012)
Con todas estas novedades, pues, hemos visto a Stratford, una commuter city más, convertida en ciudad con presencia internacional y hasta con una estación ferroviaria de Alta Velocidad, que la une a St Pancras en Londres en tan sólo 7 minutos (por 5,70GBP, eso sí).

Cuando Londres fue declarada Ciudad Olímpica 2012, la decisión de ubicar las instalaciones principales (el Parque Olímpico con su Estadio Olímpico, la Villa Olímpica,...) en algún lugar del Este de Londres parecía la opción más evidente. East London ya era una zona muy deprimida en la época victoriana de los crímenes de Jack el Destripador, y todos los desarrollos ligados a la nueva ciudad de los negocios de Canary Wharf le han lavado la cara, y han permitido ver en toda la zona nueva construcción de oficinas, hoteles o viviendas, ya del siglo XXI.

Finalmente, el lugar elegido como sede olímpica principal fue Stratford. A cuatro meses del inicio de los Juegos Olímpicos el próximo mes de Julio, he tenido ocasión de visitar un poco la zona que, como podéis suponer, está plenamente en obras, con las prisas habituales de la fecha fija de terminación.

A la estación ferroviaria tradicional de Stratford, aparte del DLR, llega también la línea Jubilee y el London Overground, una experiencia muy estimulante de construcción de una ruta ferroviaria orbital de Londres, reutilizando en buena parte tramos ya existentes, algunos de ellos abandonados y otros muy infrautilizados. Otro día os contaré más detalles tanto sobre el London Overground como sobre el macroproyecto CrossRail. Por la estación de Stratford International circulan (la gran mayoría sin parar) muchos trenes Eurostar al cabo del día, y algunos otros locales de la compañía Southeastern, con destinos la mayoría marítimos, como Margate, Dover o Folkestone. No hace mucho tiempo se extendió el recorrido del DLR, de modo que su terminal actual es Stratford International.


En los alrededores de la estación Stratford International
se está construyendo la Villa Olímpica.
(JMBigas, Marzo 2012)
Entre las dos estaciones (la International está ubicada ligeramente más al Norte que la local), ha nacido y crecido un gran Centro Comercial, llamado Westfield Stratford City. Se tiene acceso a él directamente desde la estación local de Stratford. En la tercera planta de los grandes almacenes John Lewis de ese centro está instalada actualmente una de las tiendas oficiales London 2012, donde están a la venta toda clase de gadgets y recuerdos relacionados con los Juegos Olímpicos y Paralímpicos que se van a celebrar allí este año. A su vez, esa tienda es, hoy por hoy y hasta su inauguración oficial, el mejor mirador de las instalaciones olímpicas. A nivel de la calle, se vislumbra el Estadio Olímpico y alguna otra construcción, pero solamente a través de las vallas y las verjas que protegen las obras en curso.

Por utilizar las palabras que todos los responsables turísticos han aprendido y ya no paran de repetir, los Juegos Olímpicos de Londres 2012 han contribuido a poner en valor una zona del Este de Londres, que de otra forma hubiera estado condenada a la somnolencia y el aburrimiento de ser poco más que una commuter city.

En la zona de los Docklands se encuentra también el pequeño Aeropuerto London City (LCY), que es el quinto de Londres (tras los gigantes Heathrow y Gatwick; y los más pequeños y alejados Luton y Stansted). Para mí es, desde luego, el más cómodo: es pequeño y manejable y tiene una estación propia del DLR, desde donde se llega a Bank (en plena City) en 22 minutos. Sin embargo, existen pocos vuelos a este aeropuerto (desde Madrid, sólo un par los días laborables). Los aviones que vuelan a LCY son reactores más pequeños de lo habitual (por limitaciones de su pista), los conocidos genéricamente como CityLiners, por lo que el vuelo tarda unos diez minutos más de lo habitual.

Volé la semana pasada al London City. Mi vuelo aterrizó a las 9.05 de la mañana. Para que os hagáis una idea de su comodidad, tras recoger la maleta que había facturado, tuve que hacer tiempo (dos cigarritos, en la calle, por supuesto) para esperar a las 9.30 en que empieza el período off-peak y las tarjetas DayTravelCard resultan más baratas.

Imágenes de la entrada al London City Airport. Por el puente circulan
los trenes del Docklands Light Railway (DLR).
(JMBigas, Marzo 2012)

Aunque es un episodio poco conocido, en los años 70 el Gobierno de Edward Heath manejó un proyecto (que nunca llegó a ser una realidad) de construir un aeropuerto completamente nuevo (que sustituyera a Heathrow) en el estuario del Támesis, más allá de Southend-on-Sea, en la zona conocida como Maplin Sands, junto a Foulness Island. Incluso se inició su construcción, pero hubo que abandonar el proyecto. Curiosamente, el pasado mes de Enero el rubito alcalde de Londres (Boris Johnson) filtró a la prensa que el Gobierno podría estar evaluando un plan parecido en la actualidad. Pero existe hoy una fuerte oposición a construir esa rápidamente llamada Boris Island, especialmente por parte de los ecologistas.

Aparte de las fotografías de la zona, también os incluyo un vídeo de los alrededores de la estación de Stratford International, donde se está construyendo la Villa Olímpica para residencia de los deportistas durante la celebración de los Juegos.


Por el momento, esto es lo que hay.

JMBA

martes, 27 de marzo de 2012

El Laberinto Andaluz

Con el reposo que ya permiten el par de días transcurridos, es momento de analizar la sin duda compleja situación que ha dejado en el Parlamento Andaluz el resultado de las Elecciones Autonómicas del pasado domingo.
José Antonio Griñán, actual presidente en funciones de
la Junta de Andalucía, depositando su voto el
pasado domingo, con cara de circunstancias.
(Fuente: intereconomia)

Aunque ya no constituye novedad ni supone sorpresa, las tres grandes fuerzas dicen haber ganado. El PP por ser la fuerza más votada, y la que más escaños ha conseguido. El PSOE, porque se esperaba un descalabro todavía mayor de los 47 diputados que tendrá a partir de ahora. E Izquierda Unida porque es la única fuerza que ha aumentado en número de votos, y ha duplicado su presencia hasta los 12 diputados.

Desde otro punto de vista, los tres partidos han perdido. El PP porque esperaba la mayoría absoluta, que le permitiera formar gobierno en solitario en la Junta de Andalucía. El PSOE porque pierde más de 600.000 votos y nueve escaños. Pierde, además, la confianza de una parte del electorado, sin duda asqueada de las maquinarias corruptas y trinconas puestas en marcha en el entorno de la Junta. IU, por su parte, sólo ha podido aprovechar para la izquierda seis de los nueve diputados que han perdido los socialistas.

En realidad, quien ha perdido de verdad en Andalucía son los políticos. Con una abstención por encima del 40%, hasta el PP, en su victoria relativa, ha perdido votos respecto a las últimas elecciones autonómicas. El mensaje claro que envía el electorado a la clase política es de falta de confianza en que estos políticos puedan aportar nada a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Esta es, a fin de cuentas, la esperanza de los votantes cuando acuden a las urnas.

Porque no se trata de que haya muchos electores a quienes les dé pereza acercarse a su colegio electoral en un domingo de primavera, en lugar de irse al campo o a la playa. Se trata con bastante claridad (sólo hace falta quitarse las anteojeras del color de cada cual) de que una parte muy importante de la ciudadanía da la espalda a estos políticos, consideran que en nada les pueden ayudar en sus actuales tribulaciones.

Esta realidad es sangrante y debería hacer reflexionar en profundidad a todos. La imagen chanchullera de un perfecto engranaje trincón, donde se blanquea dinero público hacia el bolsillo (privado, por supuesto), de amigos, conocidos, familiares o simpatizantes; la estampa patética de meter mano en la caja para disponer del dinero en juergas, francachelas y cocaína; las fotografías nada edificantes de mariscadas de a mil euros en Bruselas; la persistente visualización de Javier Arenas como el señorito cortijero, al que cuesta dejar de imaginar con un langostino de Huelva en una mano y una copita de Manzanilla de Sanlúcar en la otra; la percepción de una izquierda histórica anclada en un anarquismo agrario que ya es de otros tiempos; todo ello contribuye a que el ciudadano deje de tener confianza alguna en que estos políticos (¡vaya panda!) entiendan en absoluto la situación real de cada cual.

Con un 30% de desempleo, ¿qué votante andaluz no tiene algún familiar o amigo sufriendo del paro?. Cuando cuesta mucho esfuerzo llegar a final de mes, y hay que tirar de las redes familiares (incluyendo las exiguas pensiones de nuestros mayores) para sobrevivir, la imagen que transmiten los políticos es de un autismo tan total y trágico que ya no despierta ninguna ilusión ni esperanza en el ciudadano medio.

El escenario político que queda en el día después parece abonar la teoría de que lo más natural es que siga habiendo en Andalucía un gobierno de izquierdas, muy probablemente presidido por José Antonio Griñán (que, a nivel personal, está quedando relativamente a salvo de los múltiples escándalos) y apoyado (o quizás incluso compuesto) por Izquierda Unida. La inercia política con la que nos hemos (mal) acostumbrado a convivir parece indicar que este es el único camino posible, dados los resultados electorales.
Javier Arenas, candidato del PP, celebra su victoria,
arropado por algunos Ministros del Gobierno de España.
(Fuente: abc)

Sin embargo ya he oído a algunos comentaristas políticos que sugieren una salida alternativa a la situación, llamémosle un camino a la vasca. En el País Vasco se demostró que es posible hacer las cosas de otra manera; se vio que a veces hay que esforzarse en retener aquello que nos une, e intentar aparcar, evitar o incluso olvidar, lo que nos separa. Un Gobierno de los socialistas, apoyado en el Parlamento Vasco por el Partido Popular, parece estar demostrando que esa es una posibilidad que acaba rindiendo sus frutos positivos. En el País Vasco, por ejemplo, el nivel de desempleo es poco más que la mitad de la media en el conjunto del Estado. Si bien hay que tener en cuenta que esta es una Comunidad Autónoma que sucumbió con mucha menos intensidad y fervor a la burbuja inmobiliaria, que está en la raíz de los problemas exagerados en otros territorios. Pero es justo reconocer que parece que los políticos vascos han trabajado mejor que otros.

Si no fuera imposible, la mejor solución para Andalucía en estos nuevos tiempos sería una solución calcada, con un Gobierno de los socialistas apoyado, al menos en las cuestiones mayores de Estado, por el PP en el Parlamento Andaluz. No creo que se tratara de formar un Gobierno de Concentración Nacional, una fórmula que se nos atraganta a todos sólo con formularla. Pero sí negociar un respaldo parlamentario suficiente para poder gobernar.

Muy poco favor le hará a Andalucía que se formalice el pacto entre PSOE e IU, más que alumbrar un nuevo Gobierno de izquierdas, me temo que con aromas añejos, si no directamente anacrónicos. En este nuevo milenio, la dialéctica tradicional entre derechas e izquierdas ha pasado en la práctica a mejor vida en el pensamiento de los ciudadanos, y sólo pervive en el lenguaje habitual de los propios políticos. Que Andalucía se convierta (como ya se han oído manifestaciones en ese sentido) en la trinchera de una cierta (pretendida) izquierda contra la ola azul del neoliberalismo, no le ayudará a salir adelante de esta crisis profunda sin dejar montones de cadáveres (económicos) en la cuneta. En las trincheras se sufren toda clase de penalidades. Y en las trincheras pasan hambre hasta los ganadores.
Diego Valderas (IU) celebrando su victoria el domingo,
arropado por Sánchez Gordillo, el histórico alcalde
de Marinaleda desde 1979.
(Fuente: abcdesevilla)

Creo que sería una señal muy positiva hacia el electorado y los ciudadanos andaluces que los políticos iniciaran con generosidad un intento en esta dirección. Que se sentaran con ánimo de entenderse, al menos en lo principal. Que intentaran encontrar fórmulas de colaboración, para contribuir a encontrar las mejores soluciones para los dramáticos problemas de Andalucía y los andaluces.

Claro que va a ser imposible. Que el señorito se siente a hablar, con ánimo de entenderse, insisto, con los descamisados (aunque yo a Griñán siempre lo he visto de traje y corbata, o de casual elegante) sería infumable para buena parte del núcleo duro de los votantes andaluces del PP. Pero, como partido político responsable y con voluntad de gobierno, deberían poder entender que tienen en esta legislatura bastantes votos prestados, dados por ciudadanos que todavía confían en que los políticos (estos políticos) puedan esforzarse de verdad en intentar resolver los problemas bien reales que tienen los ciudadanos. Y que todos los diputados elegidos lo han sido solamente para servir a los ciudadanos y no para servirse de ellos para sus propios intereses personales y particulares.

Izquierda Unida, por su parte, haría bien en no sacar demasiado pecho, ni hacer excesivo alarde de una pretendida victoria. Sus seis nuevos diputados han sido elegidos gracias a votos prestados y, como formación política, todavía tienen pendiente de aprobar la asignatura de su capacidad real de ser una fuerza de gobierno en este mundo real. Porque todos tenemos todavía muy presente la imagen patética que dieron en Extremadura, donde favorecieron con su abstención la elección del líder de la fuerza más votada como nuevo presidente autonómico. Una actitud motivada por rencillas pequeñas contra los socialistas. Pero sin un ápice de voluntad política de llevar adelante el compromiso con sus votantes, de contribuir (con su específica sensibilidad de izquierdas) al Gobierno de Extremadura.

El propio Rajoy, desde Seúl, ha dejado claro que, en política, no siempre se puede conseguir el 100% de lo que se persigue. Este es el espíritu del pacto (de los pactos). Nunca lo más importante debe ser lo que cada cual consiga de esa negociación, sino más bien aquello a lo que cada cual esté dispuesto a renunciar, a cambio de asegurar de la mejor manera posible que el mandato de los ciudadanos es diligentemente atendido.

Que los políticos andaluces se vayan aplicando el cuento. Porque los ciudadanos (y la Historia) les pasarán factura por las decisiones que tomen y por los acuerdos a los que lleguen en las próximas semanas.

JMBA

viernes, 23 de marzo de 2012

Londres y París:. Cenar se cena...

La próxima semana os daré algunos artículos sobre este viaje de inicio de primavera, a Londres y París, con abundantes fotografías.

Pero hoy, desde el Hotel Paris Liège junto a la Gare du Nord de Paris, os quiero adelantar algunos detalles.

El jueves cené en Londres, en un Angus Steak House, en Cranbourne Street, junto a Leicester Square. Un lugar relativamente exquisito, cuyo principal objetivo es servir carnes de primera calidad a los clientes. Siempre que se sepa pedir con el nivel de cocción adecuado. A los que nos gusta la carne roja por dentro (lo que los franceses llaman segnant), en Inglaterra no hay que tener pudor, y pedir la carne rare (cruda). aunque la mayoría de camarer@s ya entiende cuando se pide segnant, red inside.

La verdad es que la carne estaba excelente, si no superior. Claro que todos los extras suponían algunas libras de más en la cuenta final. El pan, la salsa a la pimienta, las patatas fritas,... Todo aparece en la cuenta final, una o dos libras cada elemento.

El vino no es parte de la cultura británica, pero ya han aprendido que hay muchos viajeros que lo aman, especialmente para acompañar a una carne bien hecha. Habitualmente, ofrecen vino en copas, porque casi nadie en UK se permite el pedir una botella de vino. La mejor opción que conseguí fue pedir dos copas de 250cl de un Merlot inconcreto de Pays d'Oc.

La camarera (tod@s l@s camarer@s) eran cáucasicos (habría español@s, italian@s, o bien estoni@s o leton@s). La que me tocó en suerte (soy incapaz de identificar su origen) fue una morena pecosa, con mucho gracejo en el cuerpo.

Tras todos los excesos (ojo, comedidos, que eso es Londres), acabé pagando 55 Libras (tras añadir algunas libras como propina - gratuity o pago del servicio- para la morena pecosa). En londres, nunca acaba de estar claro si el servicio está o no incluido.

Hoy viernes he cenado en París, en un lugar parecido, al menos en sus objetivos. Un Hippopotamus frente a la Gare du Nord. Un lugar cuya especialidad es ofrecer al cliente las mejores carnes, excelentemente cocinadas.

Ningun@ de l@s camarer@s se podría llamar caucásico. Prácticamente tod@s eran negr@s de diversa intensidad, incluyendo a una negrita cachosa, que alteraba al personal con sus paseos.

Escogí como plato principal un coeur de rumsteack (parecido al Fillet Steak que escogí en Londres, aunque algo inferior). El Fillet Steak la verdad es que es una maravilla para quien le gusta la carne (y puede pagar lo excelente). Pedí un chaud de chèvre para empezar (un par de medallones de queso de cabra gratinado, sobre una rebanada de pan negro, acompañados de hierbas verdes que más vale olvidar). Lo que se podía comer, estaba muy rico.

Como Francia es país de vinos, la carta permitía algunas variaciones interesantes. Al final, pedí una botella de Côtes du Rhône Villages (Roumanière, 14º), un vino mediterráneo que estaba excelente, tanto en su ligereza como en su contundencia. Como en Londres, pedí una botella de agua mineral con gas. Aquí fue un Eau de Perrier (50cl.; el agua con gas moderado que ha puesto Perrier en el mercado), mientras que en Londres tuvo que ser 1l. de Schweppes Algo Well, porque la alternativa era una botellita de tamaño ridículo.

Hoy, en París, frente a la Gare du Nord, pagué el mismo importe, pero en euros, 55 de vellón.

La diferencia, si me permitís, es la joie de vivre que forma parte del sentimiento diario de los franceses, o el prejuicio británico (si disfrutan, que paguen) respecto a los que aman vivir más allá de la Union Jack.

Dos cenas simples, pero espectaculares en su calidad. Mi único consejo es que no dejéis de lado ni una ni otra. Hay cosas que son más caras allí que aquí, y otras puede que al revés. Pero el placer que podéis obtener no tiene medida. No intentéis medirlo con la cartera, que es medida muy pobre y poco cualificada.

En resumen, dos cenas basadas en la carne, con factura de 55 (libras ayer; euros hoy), que permiten volver al hotel con ganar (auténticas) de dormir unas horas.

55. Esto es lo que cuesta una cena de productos de buena calidad, con su vinito, sentadito y que te sirvan, tanto en París como en Londres. Nada de cocina creativa, sólo excelente materia prima, bien cocinada. La diferencia entre Euros y Libras es el factor de distorsión que introduce la política.

Me temo.

JMBA

martes, 20 de marzo de 2012

La Galera y el Tambor

Aquella galera avanzaba por el mar a velocidad de crucero, bajo el impulso pausado de los galeotes remeros, al ritmo andante del tambor. Cada remero ocupaba su posición, disponía de su propio remo, y sabía hacia dónde había que remar. Todos remaban a la vez y la galera avanzaba majestuosa por el mar. En el puente, el capitán conocía cuál era su objetivo y había fijado correctamente el rumbo.
(Fuente: yaguegarces)

Acercándose a un episodio de batalla, donde se requería facilitar el abordaje de una nave enemiga, el ritmo del tambor se fue acelerando hasta llegar al Prestissimo, y bajo ese incentivo todos los remeros aceleraron sus movimientos, de modo que la galera aumentó su velocidad hasta que se realizó el abordaje con éxito.

Pero también surcaba los mares otra galera indisciplinada. Los galeotes estaban sentados en todas las direcciones, algunos no tenían ni remo, y muchos de los que sí disponían de él, lo tenían roto e inútil. Ignorando el ritmo del tambor (manejado por un fino estilista, que iba a lo suyo), cada remero hacía lo que podía. El resultado es que la galera apenas se movía de su lugar, y no avanzaba sino que andaba girando sobre sí misma a velocidad imprevisible.

En un cierto momento, el capitán nefasto de esta galera mala decidió que quería intentar un abordaje, y ordenó un incentivo, de modo que el tambor empezó a resonar a ritmo Allegro Molto. Cada galeote siguió haciendo lo mismo que venía haciendo, sólo que con mayor diligencia y velocidad. El resultado fue que la galera giró sobre sí misma todavía a mayor velocidad, hasta que las aguas la sepultaron y volvió a los fondos marinos que nunca mereció abandonar.
(Fuente: empresuchas)

Con esto quiero decir que cuando se aplica un incentivo a cualquier actividad humana, no se modifica el resultado final, sino que sólo se acelera su consecución. Cada participante seguirá haciendo lo mismo que venía haciendo, sólo que con mayor diligencia y velocidad. Así he visto tirar a la basura muchos incentivos de ventas, por ejemplo. Vendedores desorientados que no tienen claro lo que tienen que vender ni a quién, y ni la más remota idea de cómo hacerlo. Ante unos resultados muy mediocres, el Director Comercial decide implantar un incentivo: pagará una mayor comisión a quien consiga vender un pirulo tipo X. El resultado es que no se venderá ni un pirulo más de los que se hubieran vendido sin el incentivo (pero sí resulta más cara la venta) y todos los vendedores, además de desorientados, acabarán cansados de dar vueltas a toda velocidad al mismo palo absurdo.

Lo mismo sucede con los (presuntos) incentivos que aplican los políticos para intentar enderezar la economía. Con la Reforma Laboral, por ejemplo, se facilita (se abarata) tanto el despido como la contratación. Como la tónica de la economía en España es la de despedir empleados (más que contratarlos), gracias a los incentivos el número de despidos aumenta y se acelera su ritmo. Algunos confían en que, cuando la economía cambie de tono, las medidas introducidas también provocarán que las nuevas contrataciones se aceleren. Pero esto, creedme, es un acto de fe nada evidente. Básicamente porque las medidas no están haciendo nada para forzar o fomentar que la economía cambie de tono.

Introducir un incentivo provoca, habitualmente, que se acelere la velocidad del movimiento previo. Si este era caótico, tras el incentivo será una apología de la entropía. Y si el movimiento era en el sentido contrario al que deseamos, tras el incentivo nuestro objetivo estará cada vez más lejos.
(Fuente: mundoparapsicologico)

Los buenos capitanes ponen a su galera en orden, escogen el rumbo y deciden el objetivo. Sólo cuando todo eso se ha conseguido, ordenan que aumente el ritmo del tambor, para que se acelere la nave y consiga llegar al objetivo antes de lo que parecía.

Los malos capitanes no pararán de dar órdenes, pero muchas serán contradictorias. Los galeotes seguirán a lo suyo y si el tambor acelera su ritmo, sólo conseguirá que el caos sea todavía mayor, que la nave se escore peligrosamente y pueda acabar hundiéndose.

Me da la sensación de que la panda de funcionarios europeos que aplauden las medidas del Gobierno sólo se han leído un manual (el de cómo manejar el tambor) e ignoran los rudimentos básicos del oficio de patrón de barco.

Rumbo al iceberg gigante, avante toda.

JMBA

lunes, 19 de marzo de 2012

Hasta las Calendas de Abril

Nos quedan algo menos de dos semanas hasta que se termine el mes de Marzo, y todavía nos quedan muchos sobresaltos (previstos) por vivir.

El próximo domingo se celebrarán las elecciones autonómicas en Andalucía y en Asturias.
Francisco Álvarez Cascos, candidato por Foro Asturias.
(Fuente: 20minutos)

Andalucía lleva treinta años gobernada por el Partido Socialista. La densidad, espesor y solidez de las redes de clientelismo y de los mecanismos de corrupción que tantos años en el poder han ido tejiendo, aconsejan un ejercicio de higiene democrática. Creo que debería cambiar el partido en el Gobierno de Andalucía. La mala noticia es que no parece que nadie más que el Partido Popular pueda asumir ese papel. Las encuestas les dan como ganadores, y al borde de conseguir incluso la mayoría absoluta (eufemísticamente, le llaman una mayoría suficiente de gobierno). Si el PP pasa a gobernar en Andalucía, se producirá una concentración de poder en todo el territorio de España como nunca antes se ha visto en el período democrático reciente. No creo que sea una buena idea, pero creo que es prácticamente inevitable.

La situación en Asturias es diferente. La fuerte personalidad de Álvarez Cascos forzó su salida del PP y la creación de otro partido de la derecha regional: Foro Asturias. Vencedor en las pasadas elecciones de Mayo, su Gobierno ha sido incapaz de recabar los apoyos suficientes para llevar adelante su tarea. Su talante ciertamente autoritario no facilita las cosas. Tanto PP como PSOE le pusieron todos los palos posibles en las ruedas de su gobierno, y en estas nuevas elecciones, convocadas por sorpresa sólo unos meses después de tomar posesión, los sondeos le dan como perdedor.

Sospecho que Foro Asturias se convertirá en un partido bisagra en la región. Pero las fuertes rivalidades personales entre Álvarez Cascos y el PP asturiano harán muy complicado cualquier tipo de acuerdo entre ambas fuerzas, para constituir el nuevo gobierno. Por otra parte, una asociación de Foro con el PSOE creo que no es planteable, pues ataca las más básicas concepciones políticas de Álvarez Cascos. Claro que la pregunta, dependiendo de los resultados, es si el propio Álvarez Cascos seguirá en primera línea de la política activa en el Principado.

Será interesante ver la próxima semana la salida de este laberinto.
Javier Arenas, eterno candidato y más que probable
futuro Presidente de la Junta de Andalucía.
(Fuente: abc)

Si no fuera porque Izquierda Unida es, deliberadamente, un partido bastante minoritario, sería este un buen momento para que en Andalucía (y quizá también en Asturias) se produjera un cierto vuelco en el liderazgo de la izquierda. Pero eso, me temo, no va a suceder.

Mi previsión es que en ambos territorios veremos un avance del PP (en la práctica, la única alternativa viable al PSOE; ¡qué contradicción!) y tendremos que asistir a un refuerzo del poder regional de la derecha. 

Unos días después, en principio el viernes 30, el Gobierno de España publicará el proyecto de Presupuestos  Generales del Estado para 2012. Se formalizarán y concretarán (ya libres de compromisos electorales en el corto plazo) los recortes y ajustes anunciados (y los que no). Una reducción del déficit para este año cercana a los 40.000 millones de euros, no dejará títere con cabeza. Nuevos recortes y ajustes en el tamaño de la Administración Pública se van a producir, sin duda. Y un nuevo toque (al alza, por supuesto) de algunos impuestos va a resultar inevitable. El mensaje oficial (hasta ahora), es que cualquier aumento en la presión fiscal se producirá intentando hacer el mínimo daño al consumo privado. Pero las posibilidades, respetando esta restricción, son extraordinariamente limitadas. Posiblemente este año no se toque el IVA (aunque nos esperará una subida de un par de puntos para el 2013), pero veremos qué hacen con los impuestos especiales. Subir el impuesto de carburantes atenta directamente contra el consumo y generaría episodios inflacionistas nada deseables en esta tesitura. Pero aumentar el de tabaco y/o alcohol provocaría nuevas presiones sobre la estructura sanitaria, para tratar depresiones y desarreglos que un cubata y un cigarrillo por lo menos mitigan.
La primavera se ha adelantado, y ya hemos visto almendros en flor,
como este de la comarca de Guareña, en Badajoz (Marzo 2011).
(Fuente: pizarroguarena)

Muy probablemente se modificarán aspectos del Impuesto de Sociedades, para intentar evitar que grandes empresas internacionales (principalmente) se vayan (legalmente) de rositas del fisco español.

Hasta las calendas de Abril nos esperan un par de semanas desbordantes de novedades que habrá que analizar y desmenuzar.

Hoy es San José (festivo en seis Comunidades, y habrá atascos), ayer el Real Madrid tuvo un tropiezo de dos puntos y mañana empieza la Primavera.

JMBA

jueves, 15 de marzo de 2012

Telemarketing agresivo y no deseado

Cuando yo era un niño, el único teléfono que existía en toda la escalera de doce vecinos estaba en la portería. Para llamar había que bajar ahí, y la propia portera avisaba a los vecinos cuando recibían alguna llamada. Con el tiempo, pronto hubo un teléfono fijo (en esa época no había otra cosa) en cada domicilio.
Algo así era el teléfono comunitario
 de la portería de mi casa.
(Fuente: todocoleccion)

Con la aparición y la brutal expansión de la telefonía móvil, la tendencia se ha revertido un poco. Hoy muchos nuevos hogares deciden prescindir del teléfono fijo, y utilizar el móvil para todas sus necesidades de comunicación.

Pero, todavía, lo más habitual es que en cada casa haya un teléfono fijo (y tantos móviles como habitantes, por cierto). Su función principal hoy en día es ser el soporte del ADSL para conectarse a Internet. Salvo con familiares o amigos muy próximos, casi no nos atrevemos a llamar a los teléfonos fijos con fines personales. El teléfono móvil se ha convertido en el teléfono personal de cada cual. Aunque todavía quedan nostálgicos convencidos de que llamar a un teléfono móvil es una cierta invasión de la intimidad, o los que prevén conversaciones muy prolongadas que, entonces, utilizan la gratuidad de las llamadas a fijos, cuando se dispone de ADSL. Pero muchas veces se llama primero al móvil, y se coordina la siguiente llamada (larga) al fijo. ¿Estás en casa? Te llamo al fijo...

Por todas estas nuevas tendencias, cuando llama el teléfono fijo en casa, fruncimos el entrecejo y visualizamos de quién podemos estar recibiendo una llamada deseada. Quizá una madre, un hermano o un hijo que acostumbra a llamar a esa hora; o un amigo habitual; o la llamada ITV del novio o novia; y así cada cual conoce lo suyo. Pero viene siendo cada vez más habitual que en el teléfono fijo recibamos principalmente llamadas no deseadas. En mi caso, de nueve a diez de la noche puedo recibir alguna llamada de mis hermanos, por ejemplo, o de algún amigo/a muy concreto. Pero a las cinco de la tarde, la máxima probabilidad es que se trate de una interrupción no deseada.

Las llamadas no deseadas sí invaden nuestra intimidad, porque, en general, obedecen a intereses comerciales, e intentan acorralarnos para que no nos quede más remedio que aceptar la oferta que nos realizan, para no sentirnos   culpables.

Si anticipo que una llamada al teléfono fijo será no deseada, a menudo no me molesto ni en descolgarlo. Pienso que si es alguien conocido, ya me llamará al móvil a continuación.

Me puede resultar engorroso, pero no llega a molestarme, recibir correspondencia física de tipo comercial, o correos electrónicos con diversas ofertas de ese tipo. Les puedo hacer algo de caso (o no; según mis intereses, necesidades y tiempo libre), pero nunca me siento culpable por tirarlo a la papelera (física o virtual) si no atrae suficientemente mi atención.

Pero en una llamada no deseada, habitualmente hay una persona al otro lado de la línea que está utilizando (o perdiendo, muy habitualmente) su tiempo conmigo, y me siento culpable si cuelgo sin dar más explicaciones. Por supuesto si lo que hay al otro lado de la línea es un autómata, cuelgo sin contemplaciones.
(Fuente: UGTatento)

Lo más habitual es que alguien, en un castellano más o menos inteligible, se identifique (Mi nombre es X, y le llamo de -parte de- la compañía Y). Y a continuación, sin que yo les haya autorizado, me hacen una pregunta (¿Con quién hablo, por favor? Pues, c..., con quien está llamando usted, o su sofisticado sistema de telefonía; o bien ¿Es usted Fulano de Tal?). Estas preguntas, especialmente si proceden de empresas con las que no tengo ninguna relación proveedor/cliente (suponiendo que yo haya entendido el nombre que apresuradamente me dio, o lo haya aclarado en una ronda previa de preguntas mías) me parecen una agresión a mi intimidad. No me parece ni ético, ni necesario, ni conveniente, responder a la pregunta de un desconocido por teléfono. Muy frecuentemente, la conversación termina aquí.

Debo reconocer que me muestro menos contrariado si el interlocutor habla un castellano correcto. Porque lo más habitual es que quien llama maneje un español latinoamericano, de infinitos acentos, que no siempre es fácilmente comprensible. Además, tengo la sensación de que muchos de esos centros de telemarketing que te machacan la hora de la sobremesa o de la siesta están físicamente ubicados en otros países, incluso con zonas horarias diferentes. Cuando es así, el acento extranjero no está ni siquiera tamizado por la convivencia con el castellano de España, sino más alejado todavía de los estándares locales, infiltrado de los giros de la calle del lugar desde donde me llamen.

Si la llamada procede de un proveedor alternativo (lo más habitual, proveedores de telefonía y comunicaciones, o de energía) y no tengo ninguna inquietud con mi proveedor habitual y ningún interés en lo que puedan ofrecerme, intento terminar cortésmente la conversación lo más rápido que puedo. Pongo de manifiesto mi falta de interés y la total inutilidad de seguir perdiendo el tiempo los dos.

Si la llamada procede de alguna empresa con quien sí tengo relaciones comerciales (y, por lo tanto, disponen de mis datos con mi consentimiento), intento que me comuniquen con rapidez las ventajas o mejoras que me están ofreciendo, para determinar cuanto antes si son de algún interés para mí, o no. Es inútil que perdamos tiempo mientras me relatan los infinitos detalles de una propuesta que no me interesa. De esta forma, por ejemplo, contraté en una ocasión el iPlus (siendo ya cliente de Digital+) o un servicio adicional de revisiones de mi proveedor de gas y electricidad.

Pero, en todos los casos, el teléfono es un medio muy malo para transmitir (y poder comprender por entero) la letra pequeña. Prefiero mil veces un correo electrónico con todos los detalles, que pueda estudiar tranquilamente. Pero cuando les sugiero que me envíen esa información, habitualmente obtengo una total falta de interés (porque eso ya es otro canal, y no está en los objetivos de quien me llama).
(Fuente: salaciencia)

Claro que también hay llamadas que se pueden terminar de forma hasta casi graciosa. Una vez querían venderme algo como una vaporeta, y me dijeron que querían hablar con la señora de la casa. Les respondí que de eso aquí no hay, y se terminó la conversación. O cuando querían venderme un curso de piloto aéreo, y me preguntaban si en mi casa vivía algún joven entre 22 y 28 años. Les respondí que NO, y colgamos. En otra ocasión me pidieron permiso para realizarme una encuesta telefónica sobre hábitos de consumo (o algo así). Tras la primera pregunta (edad), la chica me dijo que esa franja de edad ya la tenían completa, que muchas gracias y Adiós. Otra vez querían enviarme 25 kilos de naranjas recién cogidas del árbol a casa; hasta que les dije que yo vivía solo. En una ocasión, incluso mi propio proveedor de ADSL quería venderme ... ¡el ADSL!. Angelitos.

Otro gran capítulo de las llamadas no deseadas son las de control de calidad de algún servicio que me hayan prestado recientemente. Cuando llevo el coche al taller, por ejemplo, en las semanas siguientes me esperan dos llamadas: una del propio concesionario y otra de la marca, para verificar mi grado de satisfacción con el servicio prestado. O también las encuestas de control de calidad de algún banco con quienes mantenga relaciones comerciales (de 0 a 10, siendo 0 nada satisfecho y 10 muy satisfecho, ¿cómo valoraría...?).

Me parece muy bien, y acostumbro a hacerlo, dar mi opinión sobre un servicio en Internet, o a través de un correo electrónico. Si reservo, por ejemplo, un hotel por Internet, acostumbro luego a dar mi opinión, que estimo que le puede resultar de alguna utilidad a otro cliente. O cuando compro alguna cosa en el comercio electrónico, igual. Y antes de la compra, acostumbro a consultar las opiniones de otros clientes, que me ayudan a hacerme una idea más cabal de lo que voy a encontrar y si me conviene. Pero eso lo puedo hacer en el momento que me apetezca, y no necesariamente durante la somnolencia de la sobremesa, cuando el televisor no emite más que murmullos, que es cuando alguien ha decidido llamarme.

Llamar por teléfono a un domicilio particular es siempre una cierta forma de agresión, porque interrumpe lo que quiera que se estuviera haciendo en ese momento. Si la llamada es deseada, esa agresión se dispensa y, en su caso, se fija otra hora para hablar con más tranquilidad y reposo. Pero si la llamada es no deseada, entonces queda en pura agresión, difícilmente dispensable. Como cliente potencial, ya me tienen en su contra y va a resultarles muy complicado sacar algún negocio de la llamada. Acabaremos perdiendo el tiempo los dos. Y por ello, cuanto menos, mejor.
Contact Center en Brasil
(Fuente: telefonica)

En resumen, quien quiera venderme algo o quiera conocer mi opinión sobre algo, que me lo haga saber por correo electrónico. Es muy probable que no les haga ni p... caso (si no me interesa), pero, por lo menos, no habré perdido más que unos segundos en el momento que yo haya decidido dedicarle a ese tema. Y ellos no habrán perdido ni un segundo para obtener el mismo resultado (o sea, nada) que con la llamadita de los c......

Para finalizar, tres recomendaciones para los que gestionan estas operaciones de telemarketing:

1) Si en los primeros 15 segundos de la llamada el llamado no manifiesta algún tipo de interés, ABANDONAD. Ese es el tiempo máximo en el que un cliente potencial tiene que poder identificar si le están proponiendo alguna VENTAJA que le pueda compensar seguir escuchando.

2) La PRIMERA pregunta que realice el teleoperador debe ser NECESARIAMENTE para pedir permiso para hacer alguna otra pregunta posterior.

3) Las llamadas a puerta fría (a personas con quienes no tenéis ninguna relación comercial previa) generan agresividad en el objetivo (que se ha visto inútilmente interrumpido), y raramente darán ningún resultado. Por lo menos, así será conmigo.

Hacedme caso, u os seguiré detestando.

JMBA