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martes, 9 de febrero de 2016

Es la hora de hablar

A lo que se invita a la familia, a los amigos y a los conocidos, es a la boda. El noviazgo se desarrolla, habitualmente, en una razonable penumbra de privacidad.

El afán de transparencia y de luz y taquígrafos está provocando que todo el proceso de negociación para la formación de un nuevo Gobierno, prácticamente se retransmite en tiempo real.
Pedro Sánchez, candidato a la Presidencia del Gobierno.
(Fuente: huffingtonpost)

Hace unos días, el veterano periodista Miguel Ángel Aguilar, en una larga pregunta que planteó en una de las infinitas ruedas de prensa que estos días está ofreciendo Pedro Sánchez, hacía alusión a esta necesidad de áreas de penumbra en las negociaciones tanto políticas como incluso amorosas. Creo que tiene toda la razón.

Hay una realidad que creo que la mayoría de periodistas están ignorando, en pos de una supuesta total transparencia, que no creo que sea un bien superior en todos los casos.

Es imprescindible que, si se llega a algún tipo de acuerdo, este se haga público en todos sus extremos, porque los ciudadanos tenemos derecho a conocerlo.

Pero los tiempos políticos tienen, necesariamente, aproximaciones diferentes. Durante cualquier campaña electoral, el objetivo ideal de cada líder es conseguir que el 100% de los ciudadanos depositen un voto en favor de su formación. En su defecto, todos intentan hacer lo que sea para conseguir la mayor representación posible. Esto significa que se se compara la fuerza propia con las rivales, a las que a menudo se desacredita o incluso descalifica. En la reciente campaña del pasado Diciembre, el PSOE intentaba convencer a los tibios del centro para que votaran al PSOE y no a Ciudadanos, y a los votantes de la izquierda para que votaran a una fuerza de la izquierda moderada como el PSOE, y no a una fuerza de la izquierda más radical, como Podemos.

En campaña, todos los líderes tienen su objetivo muy claro, y actúan en consecuencia. Pero ese tiempo termina el día de las votaciones.

El día después, está clara la representación, en término de votos y de escaños, que cada fuerza ha obtenido.

El siguiente paso, como se está poniendo de manifiesto de forma muy palmaria en esta ocasión, viene el período de negociación y de obtención de pactos, para facilitar la formación de un Gobierno con el suficiente apoyo parlamentario para que resulte razonablemente estable. Un Gobierno, por cierto, que debe actuar para todos los ciudadanos, no solamente para aquellos que votaron a las fuerzas que apoyen el gobierno.

En esta fase, creo que lo más conveniente es que todos (políticos, medios, periodistas, ciudadanos) olvidemos las infinitas pullas que se han lanzado entre ellos en otro tiempo político.

Una vez las urnas han dado su veredicto, cada fuerza política sabe cuál es la representación que le han dado los ciudadanos. Si somos puristas, el programa electoral con que cada formación se presenta a las Elecciones debería convertirse en su programa de gobierno si consigue una mayoría suficiente para poder gobernar sin necesidad de llegar a acuerdos con otras fuerzas. En la realidad, incluso con mayorías absolutas, luego se cumple o no, pero esa sería otra conversación.
El periodista Miguel Ángel Aguilar.
(Fuente: periodistadigital)

Pero en cuanto se abre un tiempo de negociación, conviene que todos olviden (olvidemos) lo que sucedió durante la campaña. A una negociación conviene acudir modestamente con tu programa bajo el brazo, y una clara consciencia de que la fuerza real conseguida en las urnas es la que debería dictar cuánto de ese programa puede acabar viéndose reflejado en un eventual Programa de Gobierno.

La fase de negociación y de búsqueda de pactos supone, para todos, la necesidad, o por lo menos la conveniencia, de tragarse unos cuantos sapos incómodos. Y a nadie le apetece que la deglución de ese batracio se produzca en público. Para tener alguna opción de llegar a un acuerdo hay que olvidar las líneas rojas y desarrollar la empatía necesaria con las demás fuerzas políticas. Hay que tener claro que detrás de cada líder, en esa fase, está el respaldo de un cierto número de ciudadanos en las urnas. Ni más ni menos.

No acabo de entender las posiciones excluyentes ante una negociación. Por el bien de los ciudadanos, todos deberían aportar partes de su programa y de su ideario. Entiendo que ni al PP ni al PSOE les apetece negociar entre ellos, pues son realmente el uno la alternativa natural del otro. Pero sería muy necesario, por el bien del país, que exista un cierto nivel de acuerdo entre ellos, al menos para que todos participen en los grandes pactos nacionales y de Estado para los temas realmente importantes y de largo recorrido (reformas constitucionales, pactos por la Educación, acuerdos para el desarrollo de la Ciencia y el I+D, etc.).

Y tampoco comprendo la posición de Podemos, que se desarrolla con una altanería y una soberbia que parece olvidar que su apoyo en términos de votos ciudadanos es el que ha sido. Importante, sí, especialmente para una fuerza que venía de cero, pero limitada. Intentar una negociación en exclusiva con el PSOE no podría conducir en ningún caso a que Pedro Sánchez pudiera ganar un debate de investidura ni formar un gobierno razonablemente estable.

Y, definitivamente, me parece desproporcionada la saña con que algunos periodistas se empeñan en enfrentar a todos los líderes con sus propias palabras y descalificaciones durante la campaña electoral. Un buen ejemplo de ello fue el cruel ejercicio de Maldita Hemeroteca (que rinde, en general, muy buenos servicios a los ciudadanos) al que sometió mi admirada Ana Pastor al jefe del equipo negociador del PSOE, Antonio Hernando, en el programa El Objetivo el pasado domingo. Me parece que eso en nada contribuye a que las negociaciones puedan desarrollarse con los mínimos contratiempos posibles. Hernando, que ha sido azote del Gobierno y del PP desde su posición de portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, acudió al plató con su piel de cordero (y sus nuevas gafas de color, por cierto), propia del nuevo tiempo de negociación y pactos. Y Ana Pastor intentó forzarle, sin éxito, a que reconociera que hoy ya no comparte las descalificaciones a otras fuerzas que vertió en tiempo de campaña.

El negociador no tiene por qué cambiar de opiniones. Sólo que está obligado a olvidarlas, para facilitar la labor de identificar aquellas áreas y aquellos temas en los que puede haber cierta coincidencia, y tratar de elaborar una propuesta común, que provoque la parcial satisfacción de todas las partes.  
Ana Pastor, directora de El Objetivo, en La Sexta.
(Fuente: vertele)

En política, cada tiempo tiene sus propias reglas, que conviene no alterar. Por eso me parecen necesarias esas áreas de penumbra que evocaba Miguel Ángel Aguilar. En la privacidad de una mesa de negociación se pueden verter descalificaciones o incluso insultos de unos hacia otros. Pero lo que realmente importa es que esa situación pueda superarse, para contribuir al bien superior del país y sus ciudadanos.

Durante unos días, las próximas semanas, deberíamos dejar tranquilos a nuestros políticos, para que puedan desarrollar de la mejor manera posible la labor por la que les pagamos un buen sueldo.

Aunque hay que reconocer que hay un elemento distorsionador de esta situación. Da la sensación de que algunas fuerzas políticas están apostando a que el proceso descarrile y resulte inevitable convocar unas nuevas Elecciones Generales. Es muy complicada la gestión de un ambiente político en que algunos están en el tiempo de la negociación, mientras que otros parecen moverse en las arenas de una nueva campaña electoral.

Personalmente, creo que debería resultar posible llegar a un acuerdo que, por activa o por pasiva, permitiera que Pedro Sánchez sea investido Presidente del Gobierno. Con un programa de gobierno que debería incluir elementos del PSOE, de Ciudadanos y de Podemos, y con la aquiescencia del PP, al menos en lo que a los grandes temas de Estado se refiera.

Claro que para llegar a ese estadio, a lo mejor es necesario que algunos líderes den un paso al lado, para que un posible recambio haga más fáciles las cosas.

JMBA

viernes, 18 de diciembre de 2015

El Votante en su Laberinto

Estamos a un par de días solamente de una de las Elecciones Generales más decisivas de las últimas décadas, y, sin embargo, las encuestas, sondeos y sensaciones de los entendidos parecen indicar que hay, todavía, un elevado número de votantes indecisos. Según algunas fuentes, incluso por encima del 20% de los que están seguros de que irán a votar, todavía no saben muy bien por quién.

Y es que el escenario político, esta vez, es complicado y, a la vez, apasionante. Hay dos formaciones emergentes, que no están presentes en el Parlamento actual y que, según todos los indicios, pueden alcanzar una posición importante, incluso por encima de los cincuenta escaños cada una de ellas. Ciudadanos y Podemos son los grandes protagonistas. Y parece que podrían barrer a otras dos fuerzas que ocupan espacios parecidos, pero que nunca han sabido ser algo más que fuerzas testimoniales. Estas elecciones podrían ser el final de UPyD y de Izquierda Unida. O no, que sorpresas habrá el domingo, con seguridad.

El bipartidismo de PP y PSOE, que han tenido la total hegemonía de la escena política los últimos casi cuarenta años, está muy seriamente amenazado. Las previsiones indican que podrían estar, conjuntamente, claramente por debajo del 50% de los votos. Este bipartidismo que ha venido perpetuándose a sí mismo es víctima de la esclerotización de la política, de la tiranía de la partitocracia y del aparato de los propios partidos, y de un sistema político que ha facilitado hasta límites irrespirables la construcción de auténticas maquinarias de corrupción, latrocinio y saqueo de lo público. No lo tienen todo perdido, pero deben apuntarse con premura y decisión al carro de la regeneración política. Lo que, hasta ahora y por cierto, no se ha visto con nitidez.

Ha llegado el momento de un cierto cambio de régimen, que sustituya al statu quo creado por el proceso constituyente que culminó en 1978, y que ha prestado grandes servicios a España desde entonces, pero que se ha ido agotando y quedando sin fuelle. Ciudadanos y Podemos, desde posiciones reconocibles como neoliberales a la derecha y socialdemócratas a la izquierda, representan muy bien esa esperanza de cambio, no sólo de Gobierno, sino también de régimen y de práctica política. Cabe la posibilidad de que, en unos años, puedan constituir el nuevo escenario de bipartidismo que nos acompañe las próximas décadas.

Pero el voto, que es un acto de tremenda intimidad, se mueve a menudo por emociones no siempre perfectamente identificables. En el voto del 20D reconoceremos, por lo menos, el temor y la esperanza. Algunos sienten el temor de que los nuevos actores no estén capacitados para gobernar España. Es cierto que son formaciones muy jóvenes, casi sin historia (por lo menos a nivel nacional, en el caso de Ciudadanos) y que han crecido mucho y con mucha rapidez. Esto ha provocado, inevitablemente, crisis de crecimiento, ya que han tenido que incorporar cuadros a gran velocidad y no siempre con los necesarios filtros. De otra parte, el mensaje de Podemos se ha ido atemperando, desde la dinámica prácticamente antisistema, heredera de los movimientos populares del 15M, hasta una posición mucho más asimilable a una socialdemocracia del centro o norte de Europa. Esto también ha creado confusión en algunos de sus seguidores tempranos, aunque ha atraído a muchos votantes tradicionales del PSOE. El mensaje de Ciudadanos, por su parte, resulta a menudo algo ambiguo, y difícilmente situable en el espectro tradicional español derecha-izquierda. Y las declaraciones poco contenidas y nada disciplinadas de algunos de sus representantes han creado fuegos donde no los había. Parece que los españoles tenemos ciertas dificultades para poner derecha y moderna en la misma frase.
Los cuatro líderes políticos que, muy probablemente, van a tener
protagonismo tras el 20-D.
(Fuente: elperiodico)

De otra parte, Mariano Rajoy no creo que despierte entusiasmo, ni siquiera entre muchos del fondo de armario de los votantes tradicionales del PP. Pero hay que reconocer que es un estadista veterano y, a estas alturas, bastante predecible. Para muchos puede representar una tabla de salvación ante lo desconocido. Pero, a su vez, tiene algunas sombras graves que le persiguen. De una parte, la mentira. Porque, al poco de llegar al Gobierno, empezó a hacer todo lo contrario de lo que decía el Programa electoral del PP en 2011. Claro que el PP culpa de ello a la herencia recibida de la última etapa de Zapatero. Una excusa que no convence a los que no somos hooligans del PP. Además, en estos cuatro años, el Gobierno del PP se ha instalado en la permanente invención de neologismos y perífrasis para disimular una situación económica que, desde luego, no es ni mucho menos buena para una parte importante de la población. Ocultando las falacias bajo una retórica barroca.

Es cierto que se ha empezado a crear empleo en los últimos dos años. Pero también es cierto que la economía, incluso la globalizada, es cíclica, y ahora toca un ciclo de cierta expansión, que no es, por lo menos no en su totalidad, obra o resultado del Gobierno del PP. Sin descontar otros factores que coadyuvan a una imagen económica algo menos apocalíptica, como la depreciación del euro (que facilita ciertas exportaciones) o la bajada del precio del petróleo. Las cifras no engañan, y al final de la legislatura hay algunos ocupados cotizando menos que al principio de la misma, ahora hace cuatro años. Y los salarios se han degradado, lo que tira a la baja de las cotizaciones sociales que deberían hacer sostenible, por ejemplo, el sistema de pensiones.

La tibia recuperación económica está siendo injusta, porque los salarios se han despeñado y el riesgo de exclusión social ya no es sólo patrimonio de los desempleados, porque ha nacido una nueva clase social, la de los trabajadores que no ganan lo suficiente como para poder vivir dignamente. Esto está creando fuertes tensiones sobre los sistemas de solidaridad, Y conviene no olvidar que la caridad y la solidaridad son valores que contribuyen a hacer frente a emergencias sociales, pero no son un sustituto para compensar desequilibrios estructurales.

Además, muchos ciudadanos recriminan al PP su uso torticero de la palabra, que ha ido sembrando la actualidad de agravios absurdos y perfectamente evitables, si hubieran utilizado el lenguaje de un modo mucho menos agresivo y partidista. En este catálogo tendríamos desde el Que se jodan (dirigido a los desempleados) de esa diputada (hija del impresentable Carlos Fabra), a la movilidad exterior de la Ministra de Empleo, tratando de disimular el fenómeno migratorio que estamos viviendo, o la indemnización en diferido con la que tuvo que lidiar María Dolores de Cospedal o lo de españolizar a los alumnos catalanes del ex ministro Wert. Las palabras pueden herir tanto como las armas más afiladas. Y hacen sangre.

Personalmente, además de todos estos temas, mi principal reproche al Gobierno del PP es que para nada ha trabajado para desarrollar las bases necesarias para que, en dos o tres décadas, España se parezca al país que nos gustaría que fuera. Nada se ha hecho para modificar el modelo económico español, a fin de poder ser más competitivos con los países más avanzados de nuestro entorno, y no con los países de mano de obra más barata, que es uno de los efectos secundarios de su famosa Reforma Laboral. Estamos intentando remontar la crisis subiendo por la misma pendiente por la que nos despeñamos a partir del 2007. Y eso deja atrás a los enfermos y heridos, y nos condena a repetir la historia. Se ha descapitalizado, todavía más, la investigación, y muchos jóvenes de la generación mejor formada de nuestra historia reciente se han visto obligados a buscarse la vida lejos de nuestras fronteras, contribuyendo al desarrollo de otros países. Una ruina para España.

Para explicar el descenso de las cifras del paro, hay cuatro razones posibles, de las que el Gobierno sólo quiere utilizar una. El paro puede bajar porque más gente encuentra empleo. Pero hay menos cotizantes en la Seguridad Social, lo que desmiente este argumento. Puede bajar también si hay gente que se marcha del país y deja de constar como parado. O también por la gente que ha abandonado toda esperanza de volver a trabajar, y se ha borrado como buscador de empleo. Y, finalmente, también puede bajar porque más gente se dedica a actividades de economía sumergida. Me temo que de todo hay, pero el Gobierno insiste en sólo aceptar y declinar la primera, la que más cree que le favorece.

Con el PP, la mayoría de españoles parecen condenados a ser los camareros de Europa, con contratos extremadamente volátiles, de cuatro horas, pero trabajando doce a cambio de una pequeña compensación adicional en B. De esta forma no conseguiremos nunca ser un país más avanzado, competitivo y feliz. Sólo repetir periódicamente las caídas y las crisis muy profundas. No deberíamos aceptar que un 12% de paro se considere paro técnico, ni que periódicamente debamos enfrentarnos a cifras de desempleo claramente superiores al 20% (lo que no sucede, por cierto, en ninguno de los países avanzados de nuestro entorno). 

Y, por último, la corrupción, que ha ilustrado día tras día todas las portadas. Dejando al margen la infinidad de escenas impresentables que nos ha tocado vivir, las tramas Gurtel y Púnica ilustran a la perfección cómo el sistema ha permitido diseñar maquinarias perfectamente corruptas, para ejecutar con precisión el saqueo de lo público. Y resultan patéticos cuando intentan convencernos de que el problema de la corrupción es de las personas y no del partido, ni del sistema. Eso, simplemente, es una falacia lamentable. Y lo que ya se ha sabido sobre Bárcenas y sus papeles no tiene nombre. El Gobierno ha sido muy tibio en el reproche y erradicación de ese tipo de corrupción, lo que nos hace sospechar a muchos que los que intentan sofocar el fuego no están lo suficientemente limpios como para poder actuar sin trabas ni compromisos. El tema de los famosos sobresueldos en B, en sobres manila o cajas de puros, sé que seguirá siendo una leyenda urbana, porque esas cosas son prácticamente imposibles de demostrar en sede judicial. El dinero B, por definición, nunca aparece en las contabilidades oficiales ni en las declaraciones a Hacienda. Pero, por lo menos, que no nos tomen por imbéciles.

A mí me resulta francamente sorprendente el prurito de agredido ofendido que adoptó Rajoy cuando Pedro Sánchez, en el Cara a Cara del pasado lunes, le dijo que no era un político decente. No le llamó delincuente, porque sabe, como la gran mayoría de españoles, que eso nunca se podrá demostrar. Pero Rajoy parece haberse olvidado de que el desempeño de la política, aparte de estar sometido a posibles responsabilidades judiciales, en su caso, está permanentemente sujeto a la responsabilidad política, que siempre es inevitablemente subjetiva. La decencia, en política, no es un atributo que sea demostrable que se tiene o no, si no en función de lo que una mayoría de ciudadanos perciban. La respuesta de Rajoy debería haber sido: Bueno, esa es su opinión. Además, me resultó francamente casposa su línea de defensa en el sentido de que lleva 30 años dedicado a la política. ¿No será ya demasiado, señor Rajoy?.

En fin, creo que, en sólo cuatro años, el PP ha hecho méritos más que suficientes para ser apartado del poder, y darles la oportunidad de depurarse en su rincón de todas las toxinas que han ido acumulando. Necesitan como el comer su propia travesía del desierto. Sólo deberían votarle los hooligans.

¿Y qué decir del PSOE?. Acabó absolutamente desarbolado la etapa Zapatero, donde tuvo que traicionarse demasiadas veces a sí mismo. Ya analicé con cierta extensión esa época. Cometieron el error de practicar el sectarismo con demasiada frecuencia, el pecado de gobernar para los suyos y no para todos los españoles. Rubalcaba, político sagaz donde los haya, tenía claro que su única posibilidad era retirarse de la primera línea a su cátedra de Química, y dejar que otros lidiaran con ese toro. Pedro Sánchez es joven y guapo, pero es un líder discutible y discutido del Partido Socialista. Con demasiada frecuencia es bombardeado por el fuego amigo. Me temo que el partido necesita otros cuatro años para regenerarse de nuevo, para depurar sus muchos pecados, cambiar otra vez de líder, y prepararse para un nuevo asalto al poder en 2020. Y eso suponiendo que el escenario político no haya cambiado tanto que ya no tenga cabida un partido histórico como es el PSOE.

El 20D votar al PSOE significa querer un cierto recambio, pero sentir temor por el cambio. El liderazgo de Pedro Sánchez, por su parte, no creo que sobreviva al fracaso anunciado en estas Elecciones Generales.


Creo llegada la hora de los emergentes que, aparte de otras delicias, aportan aire fresco a un ambiente enrarecido. No hay duda de que, con el poder, tendrán que hacer frente a sus propios episodios de corrupción, pero espero que los sepan lidiar con firmeza y diligencia. Parecen genuinamente animados para llevar adelante la regeneración política de este país, para trabajar por la separación efectiva de poderes, dispuestos a negociar reformas constitucionales que permitan que la mayoría de españoles podamos sentirnos razonablemente felices y queridos en nuestro propio país.

Tendrán que demostrar que son capaces de gobernar para todos y no sólo para sus votantes, y que tienen en la cabeza el país que les gustaría que fuera España en el 2040 y que trabajan todos los días para acercarnos a ello.

Por supuesto que nada será perfecto, porque la perfección no es un atributo humano. Pero, como mínimo, será esperanzador ver renovado el ambiente en el Congreso de los Diputados y espero que también en la Moncloa.

Según la aritmética que salga de las urnas veremos las posibilidades reales que van a existir de articular mayorías para el Gobierno de España. Ahí se pondrá a prueba la flexibilidad de cintura de los nuevos, pero también de los veteranos. Porque cuando el PP habla de estabilidad para la gobernabilidad del país, quiere decir mayoría absoluta del PP. Y los otros tres (PSOE, Ciudadanos y Podemos) hacen ascos a clarificar cuál será su actitud negociadora, porque hasta el domingo su único objetivo es conseguir ser la fuerza más votada, lo que tienen muy, muy complicado.

Claro, también se podrá votar a los dos partidos que están en la UVI (UPyD e Izquierda Unida). Francamente, me cuesta entender, si no fuera por la fuerza de ciertos egos, cómo no ha sido posible que se integren en las nuevas formaciones, que tienen mucho más empuje y mucho mejores perspectivas, y además ocupan espacios sociológicos homologables.

En ciertas regiones, además, se podrá votar a fuerzas nacionalistas. Pero el votante deberá tener en cuenta que su fuerza en la gobernabilidad de España se ha visto seriamente deteriorada por la decrepitud del bipartidismo, que fue su pesebre durante décadas, al actuar de bisagras en favor de unos u otros, a cambio de favores o competencias.

Y en todas partes habrá, también, una docena larga de otras formaciones inevitablemente condenadas a la marginalidad, me temo.

Ah, y que nadie olvide que también deberemos votar por el Senado, aunque nadie tenga muy claro para qué sirve ni si va a sobrevivir a la próxima legislatura. Sugiero que cada cual se lea la relación de nombres que se presentan por su provincia, y decida por personas, en función de su propio conocimiento y al margen de la estructura de listas (abiertas, por cierto) de cada partido. 

Para el próximo domingo, el votante se enfrenta a un laberinto. Podría decidir no entrar, y quedarse como está, porque no vea claro que sabrá salir de él, como el caballo que rehuye saltar una valla. En este caso, y según su sensibilidad, debería votar a PP o a PSOE. Pero, francamente, en las condiciones actuales quedarnos como estamos no me parece que sea una opción. La etapa democrática que se inició en el 78 ha cumplido muy bien su papel, pero se ha ido viciando y está agotada. Los votantes estamos obligados a facilitar que la política del siglo XXI para España la lleven adelante políticos del siglo XXI. Muchas cosas, necesariamente, deberán ir cambiando. Ante un reto de tales dimensiones, no cabe el paso atrás de la cobardía. El valiente no es el que no siente miedo (ese es un temerario), sino el que sabe vencerlo o, al menos, rodearlo.

Espero que en las urnas del 20D haya mucho más de esperanza que de temor.

JMBA

jueves, 21 de mayo de 2015

Reflexiones de un indeciso

Yo vivo y estoy empadronado en Madrid capital. Esto significa que el próximo domingo, 24 de Mayo, tendré que depositar dos votos en las urnas de mi colegio electoral: una para la alcaldía de Madrid y otra para el Gobierno de la Comunidad de Madrid.

Ya es jueves, y todavía estoy indeciso.

Hay poquitas cosas que tengo claras. Voy a intentar hacer un inventario de ellas, a ver si me sirve para tomar una decisión.

1.- Voy a depositar mi voto en las urnas, y no votaré en blanco ni depositaré un voto nulo. Aunque ninguna fuerza me convenza, siempre tengo alguna preferencia, aunque sea pequeña.

2.- No pienso votar al Partido Popular. Dejando al margen las políticas que desarrollan (algunas no me disgustan, pero muchas me repugnan), creo que es, actualmente, una estructura absolutamente impregnada por la corrupción. Lo que me parece más grave aún, ha desarrollado una capacidad enfermiza de convivir amigablemente con ella. Aunque puede que no sea fácil de demostrar judicialmente, estoy convencido de que actualmente el PP es una maquinaria corrupta.

3.- Con la corrupción, tolerancia cero. Aunque se presenta con muchas caras, la corrupción consiste siempre en desviar dinero público, dinero que es de todos, hacia uno o varios bolsillos privados (personales o de partido). Puede tratarse de comisiones ilegales (con lo que pagamos más de lo que deberíamos por obras públicas o suministros que requiere la Administración Pública para su funcionamiento); o de evasión fiscal en todas sus formas; o de administración desleal, gastando el dinero público de forma alegre y frívola, en cosas que en nada, o en muy poco, mejoran la calidad de vida de los ciudadanos; o pueden ser tramas preparadas para desviar dinero público de su destino legal, como el caso de los ERE de Andalucía.

4.- Mi corazón está un poquito más hacia la izquierda.

5.- A pesar de lo que a veces podemos decir en un calentón, como ciudadanos y como sociedad, tenemos mucho que perder, si las circunstancias fueran adversas.

6.- Me repugna (y me aterra) que el PP quiera arrogarse lo mismo de lo que acusa a Podemos: que nadie más que ellos debería gobernar nunca en España.

7.- A pesar de que considero que Esperanza Aguirre es un animal político muy inteligente, ni me representa ni nunca podría hacerlo.

8.- Podemos, como fuerza política, me resulta bastante simpática. Pero tiene algunos tics que no trago. Como cuando insisten en hablar de una gran mayoría de ciudadanos, arrogándose una posición y un conocimiento del que carecen, o cuando parecen condescendientes con algunos sátrapas sudamericanos.

9.- La transición política y la Constitución de 1978 han desarrollado un papel muy importante en España en las últimas décadas. Pero la sociedad ha madurado y nos hemos ganado el derecho a dar una vuelta de tuerca a nuestra democracia, para mejorar su calidad.

10.- Ciudadanos, como fuerza política, me resulta simpática, al tratarse de una formación de nuevo cuño, con lo que eso siempre significa de frescura y de ausencia de hipotecas. Pero su afán por un crecimiento demasiado rápido les está provocando disfunciones graves y relajación en los controles imprescindibles para evitar engorrosas situaciones.

11.- Nuestro objetivo como sociedad no debe nunca ser que haya menos ricos, porque eso es absurdo. El objetivo debe ser que haya menos pobres, que los pobres cada vez lo sean menos, y que los que lo sigan siendo lo pasen lo menos mal posible.

12.- La igualdad es una falacia propagada por cierta progresía, porque cada persona es única y todos somos diferentes. Pero hay que asegurar la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos, sin discriminación por razones de sexo y/o orientación sexual, raza o posición económica.


Estas son las diversas claves que manejo y que me tienen que ayudar a llegar a alguna decisión, que me haga escoger el domingo unas papeletas y no otras. Sabiendo, por supuesto, que yo, como ciudadano, también estaré obligado a pactar entre mis principios y la realidad a la hora de decidir mi voto.

Del resto de candidatos a la Alcaldía de Madrid, dejando ya fuera de inicio a Esperanza Aguirre, al que mejor conozco es Antonio Miguel Carmona, del PSOE. Le he visto como tertuliano televisivo, y me parece una persona inteligente y suficientemente vehemente como para liderar un Ayuntamiento del tamaño y trascendencia de Madrid. A veces resulta errático y se mueve por ocurrencias. Y es que su partido tampoco le ayuda demasiado, parece moverse en un cierto aislamiento del aparato. Recientemente ponía las manos en el fuego por Tomás Gómez. Si bien es cierto que ninguna imputación recae sobre Tomás Gómez, también lo es que la dirección del partido decidió destituirle, por triste y perdedor (lo último es de mi propia cosecha). Bueno, Carmona ha demostrado que sabe caer de pie.
Antonio Miguel Carmona, candidato del PSOE a la
Alcaldía de Madrid.
(Fuente: huffingtonpost)

Como cualquier político con cierta historia pública, alguna mancha tiene en su pasado Carmona, pero ninguna (que yo sepa) que le inhabilite para representar con dignidad y la cara bien alta a todos los madrileños. Es una opción que considero.

Manuela Carmena, candidata por Ahora Madrid (en el entorno de Podemos) es bien conocida por su activismo político, social y judicial en las últimas décadas de este país. No estoy seguro de verla desempeñar con cierta comodidad el cargo de Alcaldesa de Madrid, pero seguramente puede hacerlo. Es otra opción que valoro.

De la candidata de Ciudadanos, Begoña Villacís, sólo sé que es una mujer de madura belleza, 37 años, abogada y madre de familia (Google dixit). Es una opción que podría salir bien, pero ciertamente arriesgada.

De Izquierda Unida y Unión, Progreso y Democracia casi ni me merece la pena hablar. Desconozco a sus candidatos (Raquel López por IU y David Ortega por UPyD). Ambas formaciones están necesitadas de una renovación y regeneración en profundidad, que se han resistido a hacer hasta ahora. UPyD no tiene más remedio que prescindir del caudillismo de Rosa Díez, e intentar establecer una tercera vía viable en el centro derecha, junto a Ciudadanos. Izquierda Unida, por su parte, nunca ha estado más desunida que en la actualidad. Compadezco a Alberto Garzón, su líder sobre el papel, que tiene que lidiar con los desechos inconexos que le han dejado muchos años de desidia y clientelismo, especialmente en Madrid. Creo que ambas formaciones serán un voto inútil para este 24 de Mayo. Es más que probable que se acaben quedando sin ninguna representación en el Ayuntamiento de Madrid.


Para la Comunidad de Madrid, en la izquierda hay un duelo de personalidades bastante ajena a la política activa y a los propios partidos por los que se presentan. De una parte, Ángel Gabilondo (PSOE), con excelente trayectoria universitaria pero nula experiencia dentro de un partido político, aunque fuera ministro de Zapatero. Francamente, no le veo como Presidente de la Comunidad de Madrid. De otra, Luis García Montero, por IU, es conocido como poeta pero no como político con poder. Su candidatura es el resultado de intentar salvar los muebles tras la absoluta descomposición de IU en la Comunidad de Madrid, y me temo que acabe resultando puramente testimonial. Me parece que sería un voto perfectamente inútil. Me gustaba Tania Sánchez, que fue elegida en las primarias de IU, pero las diversas facciones de IU Madrid le obligaron a separarse de ese proyecto.

Podemos, que sí se presenta a las Autonómicas con su marca propia, está encarnado por José Manuel López Rodrigo (he tenido que buscarlo en Google). A falta de más conocimientos (de los que carezco), tengo que valorarlo por la marca que le sustenta, Podemos. Con Ignacio González (PP), a quien dejó el marrón Esperanza Aguirre tras su espantá, ya estamos acostumbrados a personajes grises al frente de la Comunidad.
José Manuel López Rodrigo, candidato de consenso de
Podemos para la Presidencia de la Comunidad de Madrid.
(Fuente: eldiario)

El PP presenta a Cristina Cifuentes, que ha sido estos últimos años la Delegada del Gobierno en Madrid. Personalmente, me parece una política honrada, aunque no coincido con algunas de sus opiniones. En cualquier caso, me resulta bastante más próxima que su compañera de cartel, Esperanza Aguirre. El problema es que la Comunidad de Madrid, tras más de una década en manos del PP, desde el famoso Tamayazo, requiere de una limpieza bajo las alfombras que Cifuentes no creo que pudiera hacer.

Ciudadanos presenta a Ignacio Aguado (de nuevo, Google dixit), que es un abogado de 32 años. Posiblemente sea conveniente que él y su equipo próximo estén en la Asamblea de Madrid, pero no le veo como Presidente de la Comunidad. El candidato de UPyD es Ramón Marcos, una cara algo más conocida, pero la situación del partido en la actualidad posiblemente provoque que el (escaso) voto por UPyD vaya a quedarse sin representación en la Asamblea.

Estoy seguro de que hay muchas más candidaturas y muchos más candidatos y candidatas a la Alcaldía de Madrid y a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Pero no tengo ni el tiempo ni las ganas para intentar conocerlos mejor, porque creo que no me iban a aportar nada significativo para mí.


Con estos mimbres deberé tomar una decisión sobre qué papeletas voy a introducir en las urnas el próximo domingo. No estoy seguro de que escribirlo me haya servido de mucho, pero algo habrá ayudado, sin duda.

JMBA

lunes, 23 de marzo de 2015

Elecciones en Andalucía

Hace unas semanas publiqué un artículo con mis impresiones y opiniones sobre la compleja situación política y electoral en España para este año 2015. Prometía actualizarlo al hilo de los resultados de las diversas citas electorales.
Susana Díaz (PSOE) ha sido, sin duda, la gran ganadora
en las elecciones andaluzas.
(Fuente: elpais)

El día después de las elecciones (anticipadas) en Andalucía, es momento de honrar esa promesa.

Un titular: Susana Díaz consigue un éxito importante, al repetir resultado, pese a la fuerte irrupción de dos nuevas fuerzas en el Parlamento de Andalucía (Ciudadanos y Podemos). El PSOE pasa a ser la fuerza más votada, a 14 diputados de distancia de la segunda (PP). Desplome del Partido Popular y reducción de Izquierda Unida a fuerza residual. Éxito sin paliativos para Ciudadanos y éxito relativo para Podemos, que no consigue los resultados que podían anticiparse.

Ahora vayamos al detalle. Todos los datos que cito son los disponibles en la web de la Junta de Andalucía, que corresponden al 99,95% de los votos escrutados. Los definitivos podrían tener alguna ligera variación.

Empecemos por la participación. Se ha alcanzado el 63,94% de participación, unos tres puntos por encima de las elecciones de 2012 (60,78%). Esto significa que se han emitido, en total, 4.017.912 votos en las urnas.
Juan Manuel Moreno Bonilla (PP), cuya imagen ha crecido
durante la campaña, ha pagado el desgaste nacional.
(Fuente: lavanguardia)

Ha habido un ligero repunte de los votos nulos (40.939, 1.02%, frente al 0,58% en 2012) y en blanco (54.807, 1,38%, frente al 0,91% en 2012). Unas cifras, en cualquier caso, residuales y poco significativas.

En total ha habido 216.030 votos a formaciones que, finalmente, no han conseguido ninguna representación en el Parlamento. Entre estas fuerzas destacan UPyD (76.653 votos), Partido Andalucista (60.707 votos) o Vox (18.017 votos). Como es habitual últimamente, el PACMA (Partido Animalista Contra el Maltrato Animal) ha obtenido 37.735 votos que para nada han servido.

Hasta 9 formaciones políticas han conseguido menos de 500 votos en toda Andalucía.

Lo más significativo es que UPyD ha quedado fuera del Parlamento de Andalucía. Ya anticipaba en mi anterior artículo que la confusión programática y el caudillismo de este partido le iba a pasar factura.

Ahora pasemos a analizar los resultados obtenidos por las fuerzas que sí han conseguido representación parlamentaria.

Al PSOE (Susana Díaz) le han votado 1.409.042 andaluces (35,43%), que le otorgan 47 diputados (los mismos que tenía hasta ahora). Ha perdido algo más de 100.000 votos (frente a los 1.527.923 votos de 2012, 39.56%), pero ha mantenido su presencia parlamentaria. Con diferencia, ha pasado a ser la fuerza más votada, a 13 puntos de distancia de la siguiente, que ha sido el Partido Popular.
Teresa Rodríguez (Podemos) ha alcanzado un
éxito relativo.
(Fuente: elmundo)

El PP ha conseguido el apoyo de 1.064.168 andaluces (26.76%), que le reportan 33 diputados. Frente a los comicios de 2012 ha perdido la impresionante cifra de medio millón de votos (frente a los 1.570.833 - 40.67% -) y 17 diputados. Esto supone un desplome monumental. Sin duda, el PP ha pagado el desgaste del Gobierno de Mariano Rajoy (subidas de impuestos, recortes en sanidad, educación y prestaciones sociales, aumento de la pobreza y la precariedad). Su candidato, Juan Manuel Moreno Bonilla, empezó la carrera siendo (casi) un perfecto desconocido para los ciudadanos andaluces. Personalmente, creo que ha desarrollado una buena campaña y su imagen pública ha mejorado considerablemente. Pero la debacle estaba servida y no hubo manera de revertirla.

Izquierda Unida, sumida a nivel nacional en una crisis grave de identidad y supervivencia, ha pagado en Andalucía, además, los errores del gobierno de coalición con el PSOE en el que participó. De los 12 diputados que tenía (438.372 votos, 11.35%), su presencia se ha visto reducida a 5 diputados (273.927 votos, 6.89%). Unos ciento sesenta y cinco mil votos han huido hacia otras formaciones, y han provocado que IU pasara de tercera fuerza a quinta y prácticamente residual.

Dos formaciones que no tenían presencia en el Parlamento de Andalucía han irrumpido en él, y con mucha fuerza.

Ciudadanos ha conseguido 9 diputados (368.988 votos, 9.28%), iniciando la que auguro que va a ser una impresionante carrera ascendente hacia las Generales de fin de año. Podría llegar a ser una tercera fuerza decisiva en la gobernabilidad a nivel nacional. Su talante moderado, pero enérgico en lo que se refiere a regeneración democrática, le acredita para esta posición. Es la opción evidente para los ciudadanos indignados pero que, a pesar de todo, son conscientes de que tienen muchas cosas que podrían perder. Veremos si el fuelle electoral y político les da para un crecimiento tan rápido.
Juan Marín (Ciudadanos), junto a su líder nacional,
Albert Rivera.
(Fuente: elmundo)

Pese a su impresionante resultado, el éxito de Podemos ha sido relativo. Como ya es habitual, su objetivo era ganar las elecciones y, evidentemente, no lo han conseguido. Y sus expectativas estaban por encima de los 20 diputados, y finalmente han obtenido 15 (590.011 votos, 14.84%). En próximas convocatorias podría arañar algún punto adicional (básicamente, fagocitando a Izquierda Unida). Pero creo que su techo electoral está claramente por debajo del 20% de los votos. Podemos parece la opción por defecto para aquellos ciudadanos que están convencidos de que no tienen nada que perder. Y este colectivo podría disminuir algo si la macroeconomía sigue mejorando como se prevé, y empieza a alcanzar el bolsillo de las familias y el empleo.

Mi impresión es que Podemos pasará a ocupar la posición dominante a la izquierda del PSOE, fundiéndose o reemplazando a Izquierda Unida. Con un techo electoral que estará más próximo del 15% que ha obtenido en Andalucía que del 20% que se podría llegar a suponer a partir de algunas encuestas.


Y ahora las lecturas más políticas y especulativas. El PP se ha desplomado en Andalucía, lo que anticipa las que, sin duda, serán las tendencias dominantes en las municipales y autonómicas y más tarde en las Generales. Su resultado es una censura explícita a Mariano Rajoy y a su Gobierno. Más de treinta años en la oposición en Andalucía, sin haber alcanzado nunca posiciones de gobierno es, ya, para hacérselo mirar.
Antonio Maíllo (IU), junto a su líder nacional, Alberto Garzón .
Caras serias en la noche electoral.
(Fuente: cuatro)

Rajoy todavía podría modificar el rumbo para moderar la debacle. Pero la falta de autocrítica que se observa en el PP y la tradicional abulia y laissez-faire del Presidente no auguran nada bueno para su formación. Es más que probable que Rajoy sea el primer Presidente de la democracia que no consiga revalidar su posición para una segunda legislatura.

A pesar de la ligera erosión de votos, Susana Díaz se refuerza como la figura de mayor poder e influencia en el seno del PSOE. Será, sin duda, Presidenta de Andalucía, y esta vez ratificada por las urnas. Pedro Sánchez tendrá que tener muy en cuenta sus opiniones, ya que no tiene margen para forzar una ruptura que podría acabar con su propia carrera política., apenas iniciada. Mantener sus 47 diputados supone que, a pesar de la erosión por la izquierda que ha sufrido con el ascenso de Podemos, el PSOE ha recuperado bastantes votos de los desengañados del PP. Los votos que entran por los que salen.

Izquierda Unida está pagando la pobre imagen que transmite a la ciudadanía. Su presencia, con varias consejerías, en el Gobierno de la Junta de Andalucía, le ha sumado, en la imaginería popular, a la llamada casta política. Sillones frente a programa es un arreglo por el que siempre se acaba pagando. Veremos si Alberto Garzón consigue enderezar el rumbo y capitalizar los nuevos votos de la izquierda que, por defecto, irán más bien al entorno de Podemos.

Ciudadanos, y su líder, Albert Rivera, han conseguido un importante triunfo. Los intentos del PP de desacreditarlo en base a su origen en Catalunya, donde, por cierto, viene desarrollando un nítido papel contra el secesionismo y en favor de la regeneración, fueron una torpeza política que le ha pasado una pesada factura al Partido Popular. La ciudadanía los percibe como una fuerza nueva en el ámbito del centro algo a la derecha, y su base social está en parte del electorado del PP, y también entre los más centristas de los votantes del PSOE. Su papel a nivel nacional será, sin ninguna duda, de gran relevancia en los próximos tiempos. En Andalucía va a tener una oportunidad que espero no desperdicie, de demostrar lo mucho que puede aportar a la escena política nacional.
Rosa Díez (UPyD), la gran perdedora en las elecciones
de Andalucía. Se queda fuera del Parlamento.
(Fuente: laredaccion)

Globalmente, es falaz, si no directamente falso, afirmar que ha muerto el bipartidismo. Un 62.19% de los andaluces han votado a uno de los dos grandes partidos nacionales. Esta posición creo que se va a deteriorar algo durante este año, y en las Generales podríamos ver un porcentaje varios puntos por debajo de este. Pero el nivel del 50% para la suma de votos de los dos grandes partidos es más que seguro para las próximas confrontaciones. En las Elecciones Generales, me atrevo a anticipar que esa suma estará ampliamente por encima del 55%. Sólo que habrá dos fuerzas con presencia importante (Ciudadanos y Podemos, cada una en el entorno del 15-20% de los votos) que marcarán el rumbo de las posibles alianzas y pactos.

Sospecho que este nuevo escenario podrá influir muy seriamente en un deterioro de la presencia de los partidos directamente nacionalistas (CiU, ERC, PNV,...) en el Congreso de los Diputados. Para el parlamento nacional, los ciudadanos van a preferir alinearse con cierta claridad en el eje tradicional derecha-centro-izquierda , más que reforzar los aspectos más específicos de los nacionalismos. Estos seguirán siendo muy importantes, sin embargo, en las elecciones autonómicas.

La radiografía del Congreso de los Diputados tras las próximas Generales podría ofrecer una presencia importante de cuatro fuerzas (con soportes populares en la línea 30-25-20-20), dejando un espacio inferior al 10% para otras fuerzas, incluyendo las nacionalistas.

En dos meses nos vamos a enfrentar a las elecciones municipales y autonómicas. Me parece que van a desaparecer la mayor parte de las situaciones de mayoría absoluta, y los pactos y alianzas serán las palabras del día después. En esa refriega, es más que probable que el PP pierda muchos de sus feudos actuales, erosionando su capilaridad de cara a las Elecciones Generales de fin de año.


Nos queda todavía mucho año electoral por delante. Pero, sin ninguna duda, el escenario político global ha cambiado de una forma muy importante que, además, no será reversible. Ya no es tiempo de mayorías absolutas, y sí de consensos y acuerdos.

Más análisis tras las elecciones de Mayo.

JMBA

martes, 25 de noviembre de 2014

Contra la Casta Vivían Mejor

Creo que a Pablo Iglesias y a la organización, partido o lo que sea, Podemos, les ha hecho mucho daño su entrevista en El Objetivo de Ana Pastor, en La Sexta, el domingo de la pasada semana. Seguramente, fue demasiado prematura. Ana Pastor quería que Pablo Iglesias le contara el programa político de gobierno de Podemos. Y quedó claro que este (¿todavía?) no existe.
Pablo Iglesias con Ana Pastor, en El Objetivo de La Sexta
(domingo, 16 de Noviembre de 2014)
(Fuente: laSexta)

Ana Pastor, en su línea inquisitiva habitual, buscaba respuestas, lo más claras posible, a sus múltiples preguntas. Y Pablo Iglesias, en general, no las dio. Se extravió en dudas y circunloquios, que en nada refuerzan su imagen pública de líder político con posibilidades de llegar a Moncloa.

Cuando el puesto de pipas y golosinas de la entrada al parque se enfrenta a su evolución a multinacional de la patata frita e imperio de las cortezas, debe abordar con seriedad un cambio significativo de su modelo de negocio. Los métodos de gestión y dirección que eran válidos para el puestecito, deben cambiar y evolucionar de modo muy significativo, o el fracaso más estrepitoso está servido.

Podemos, que, de alguna forma, es un spin-off de los movimientos ciudadanos del 15-M, se está enfrentando a un cambio muy significativo de su identidad y de sus modelos de gestión y de negocio, digámoslo así.

Al éxito, que nadie debería dudar, de su propuesta para las Elecciones Europeas, han seguido las sucesivas encuestas que sitúan a Podemos entre las primeras fuerzas políticas del país, amenazando con claridad al bipartidismo imperante en toda la última etapa democrática. Según algunas de ellas, sería la fuerza política con mayor intención directa de voto.

Podemos, y su ya líder elegido, Pablo Iglesias, están actualmente inmersos en el proceso de definición de su identidad, organización y programa políticos. Este proceso es inevitable para estar en condiciones de disputar el poder en unas Elecciones Generales, que están, salvo adelantos no previstos, a un año de celebrarse.

Sin embargo, el proceso no es gratuito. Entre muchos otros aspectos, porque obliga a empezar a comunicar en positivo. Ya no basta presentarse como una alternativa a la casta política que ha estado gobernando España en los últimos cuarenta años. Ya no bastan las soflamas incendiarias con eslóganes que a muchos ciudadanos, castigados por la crisis y hastiados del cenagal, les resultan atractivos. Ya es tiempo de empezar a hablar en positivo. De contar con claridad a los ciudadanos qué piensan hacer en cuanto alcancen, supuestamente, el poder. Y, sobre todo, cómo piensan hacerlo.

Es tiempo ya en que resulta obligatorio que todas las iniciativas vayan acompañadas de una cierta memoria económica. Porque los ciudadanos tenemos el derecho a saber lo que sucedería si, algún día, otorgamos de forma mayoritaria nuestra confianza a esta formación política.

El desafío mayor para Podemos es si van a conseguir cambiar el chip a estos nuevos tiempos, sin convertirse, ellos también, de algún modo, en casta.

La aritmética del gobierno es aburrida, pero tozuda por encima de todo. El gasto público, la prometida renta universal, etc. etc., requiere de los suficientes ingresos para poder sufragarlo. Porque el déficit permanente y creciente no es ni una respuesta ni una solución. El déficit público, como los préstamos personales o las hipotecas, tiene sentido cuando se dedica a financiar inversiones que mejoren la competitividad del país en su conjunto. Pero no lo tiene si se destina a pagar los gastos corrientes.

La Deuda Pública, si queremos seguir siendo un país serio, no puede impagarse sin más. Para estar en condiciones de mejorar la vida de los ciudadanos, España debe ser un país fiable, donde reine la seguridad jurídica.

Claro que es posible un camino alternativo. Situándose al margen del contexto internacional y de los mercados de capital, abordando colectivizaciones que, inevitablemente, nos recuerdan al fracaso soviético, creando una moneda nacional que se pueda manejar con total libertad y que esté sujeta, por supuesto, a inacabables devaluaciones. Retirándose de la Unión Europea y del Euro. Instalándose en un estado de autarquía que nos recuerda, inevitablemente, al período de posguerra.

Con esos mimbres, cualquier utopía podría ser posible. Pero, sospecho, pocos ciudadanos españoles estarían dispuestos a abordar ese camino, si se les cuenta con suficiente claridad.

Su propio éxito les puede asfixiar. No es evidente cuál debería ser el mejor camino para descender de los grandes principios y los eslóganes atractivos, a la realidad de los presupuestos y las prioridades políticas; a la definición de cómo se va a reformar el esquema de tributación y los impuestos; a la realidad de qué es lo que va a suceder con los autónomos o con los pequeños rentistas, que viven del rendimiento de sus ahorros. Y así con todos los pequeños y aburridos detalles del día a día que supone gobernar.

De la lírica hay que descender a las matemáticas, a la aritmética, a las sumas y las restas. Y esa evolución no está exenta de gravísimos riesgos, en los que Podemos podría estrangularse con su propio cordón umbilical.

De momento, lo que Pablo Iglesias le contó a Ana Pastor no creo que convenza a nadie. Necesitan tiempo, pero no tienen mucho.

Este domingo, César Molinas, en El País, titulaba su columna "Los Gansos del Capitolio", y la subtitulaba con "Regeneración Forzada". Reproduzco aquí su último párrafo (la cursiva es aportación mía), muy ilustrativo, agradeciéndole a mi buen amigo Paco Reverte que la pusiera bajo mis ojos:

"En el año 390 a. C. los galos destruyeron Roma y los romanos se refugiaron en las fortificaciones del Capitolio. Por la noche y en sigilo, los bárbaros intentaron escalar los parapetos, lo que provocó una gran algarabía de graznidos de los gansos sagrados que moraban en las laderas de la colina. Esto despertó a los romanos que consiguieron repeler el ataque. España está sitiada por la corrupción, el desempleo, la crisis territorial, la falta de un proyecto solvente de futuro y un régimen político inoperante. En este símil los de Podemos son los gansos, no los bárbaros.".

Podemos todavía está en condiciones de convertirse en la horda de asaltantes del Capitolio. Pero deben superar un desafío de resultado incierto: descender de la poesía a las matemáticas. Y que la aritmética convenza a una mayoría de ciudadanos.



Aunque se resisten a identificarse como una fuerza de izquierdas, para la mayoría es bastante evidente que Podemos es una formación que podríamos situar en la izquierda bastante extrema. El Partido Popular lo tiene claro, y por eso vive con regocijo, y también cierta inconsciencia, la creciente fragmentación aparente de las fuerzas de izquierda. Aunque en estos temas delicados, lo importante no es reír, sino ser el último en hacerlo.



Y muy torpes deberían ser PSOE e Izquierda Unida, o muy adormilados deberían estar, para no darse cuenta a tiempo del graznido de los gansos. Y reaccionar, por consiguiente, con claridad y energía a la absoluta necesidad de una regeneración en profundidad de esta democracia enferma.



La creciente inquietud de los ciudadanos y su progresiva exaltación y cabreo, no supone que puedan estar dispuestos a apoyar con sus votos iniciativas que se vean como suicidas.


Podemos se enfrenta a un proceso muy delicado, en el que se arriesgan a convertirse ellos también en casta, o a declinar propuestas que estén lejos de lo que una mayoría de ciudadanos puedan aceptar. El éxito en ese camino es posible, pero no está de ningún modo asegurado, sino que tendrán que ganárselo con humildad y esfuerzo.

En el espejo de la realidad, Podemos se ha visto con posibilidades reales, en un plazo bastante corto (un año a contar desde hoy), de convertirse en la fuerza política responsable del Gobierno de España. Y eso supone gobernar para todos los ciudadanos, no solamente para los indignados antisistema o los mal llamados perroflautas. Necesitan desarrollar a toda prisa un programa político de gobierno que resulte creíble y sea seductor para una mayoría de los ciudadanos.

Porque creo que ya no vale invocar un eventual voto a Podemos como parte de un desespero ciudadano, del hecho de estar convencidos de que nada tenemos que perder. En España, un país razonablemente próspero, integrado en Europa y en el primer mundo, un estado de derecho con un sistema democrático, mejorable pero democrático al fin y al cabo, hay muchas cosas que podríamos perder. Nunca las cosas están tan mal como para que no puedan empeorar.

Hay que tener en cuenta, además, que la sensación de libertad de cualquier ciudadano que responde a una encuesta no tiene nada que ver con la responsabilidad que siente cuando deposita su voto en una urna. Y todos estamos muy cansados del sectarismo mostrado por los últimos gobiernos, que a menudo parece que sólo gobiernan para sus amiguetes o sus simpatizantes.

No creo que a ningún ciudadano medio de este país pueda seducirle la idea de convertir a España en la Venezuela de Chaves. Un suponer.

Podemos se enfrenta ahora a una tarea titánica. A toda prisa debe desarrollar un programa político de gobierno que nos convenza de que están dispuestos a gobernar para todos los españoles. Un programa que nos seduzca con sus propuestas y que no nos inquiete con sus inconcreciones.

Y, para mí, el argumento principal debe ser que el compromiso de todo gobernante debe ser el de erradicar la pobreza, no la riqueza. Conseguir que cada vez haya menos pobres, no que haya menos ricos.

Del éxito de esa reválida a la que se enfrenta Podemos va a depender que se convierta en una fuerza política fiable para asumir el Gobierno de España, o sólo hayan sido esos gansos del Capitolio, que con su aleteo desenfrenado alertó a los defensores de la fortaleza sobre el ataque de los bárbaros. Una banda que disipó el sopor que afectaba a los guardianes.

Está claro que contra la casta vivían mejor, o por lo menos, más cómodos. Pero ese tiempo ya pasó, y deben asumir con rapidez su nuevo papel.

En cualquier caso, que se conviertan o no en parte de la casta que tanto han denostado, dependerá básicamente de su actitud.

JMBA