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jueves, 14 de julio de 2011

La Batalla del Euro

Oí esta mañana un extracto de la entrevista que Juan Ramón Lucas le hizo a Rubalcaba en RNE. Como siempre, a Rubalcaba se le entiende todo. Refiriéndose a la crisis actual del euro, vino a decir que en Europa hemos hecho partes de los deberes, con la introducción del euro. Que ha sido muy positiva, y conviene que los alemanes no se olviden de que el euro les ha beneficiado mucho, también a ellos. Pero nos quedan deberes por hacer (implantar una economía única, simplificando) y nos ha pillado la crisis gigante con tareas pendientes.
(Fuente: libretadeperiodista)

Ya he comentado en diversas ocasiones el desajuste que supone el que solamente la política monetaria (una de las muchas patas que tiene la política económica) se haya delegado por los países del Euro en la Unión Europea. Es actualmente el Banco Central Europeo quien fija los niveles de liquidez, la circulación de efectivo, los tipos de interés, etc. Pero ahí se acaban sus funciones.

Por otra parte, Estados Unidos en general, y los mercados, con fuerte influencia norteamericana, nunca han creído en la viabilidad del Euro como moneda única europea. Lo que provoca que, ante la más mínima muestra de debilidad o vulnerabilidad, se desaten ataques tan colosales contra las deudas soberanas, por ejemplo, de algunos países entre los que se cuenta España.

Durante bastantes años hemos disfrutado todos de las grandes ventajas que tiene la existencia del euro. Ahora nos toca sufrir los inconvenientes de su implantación incompleta. Debería existir un Ministerio de Economía Europeo, que dirigiera y controlara la política económica de todos los países del Euro. Que definiera (como ya hace bastante hoy) la política monetaria. Que fijara la política fiscal, común a todos los países del euro, y que controlara y verificara su implantación. Que definiera las políticas presupuestarias, los techos de gasto, los límites de deuda, los déficit máximos aceptables.

Eso, por supuesto, supondría la renuncia de cada país a una cierta dosis de soberanía. Pero, a menudo, la soberanía es un lujo que ya no podemos permitirnos. Y, además, sin eso, la moneda única no puede funcionar más que cuesta abajo, en los períodos de vacas gordas. Es incapaz de sortear las dificultades, como se está viendo de forma repetida y reiterada en estos tiempos de grandes cataclismos.

Por otra parte, el euro se está viendo crónicamente sobrevalorado, como acartonado en una posición, viendo flotar al resto de divisas a su alrededor, de acuerdo a los avatares económicos de los respectivos países. Este hecho, dificulta, obviamente, la competitividad de las exportaciones de la zona euro hacia el resto del mundo.

Y eso, creo, es debido a que los mercados nunca han conseguido ver en el euro una divisa más, como el dólar, el yen o el franco suizo. Porque detrás del euro no hay un país con su Banco Central (Reserva Federal o como queramos llamarlo), su Ministerio de Economía, su política fiscal y presupuestaria, su déficit, su deuda, y todo lo que queramos considerar. Sino que hay un Banco Central con muchos países detrás, cada uno con lo suyo a cuestas.
(Fuente: cotizalia)

De este hecho, de esta más que aparente fragmentación, nacen las entelequias sobre los países centrales y los países periféricos, y demás zarandajas. Y los mercados, que se lanzan a la herida sólo con ver una gotita de sangre, como los tiburones, lanzan salvajes ataques que hacen temblar los cimientos de todo el montaje.

Está claro, y hay que diseñar un modelo que conviva con ello sin ningún problema, que todos los países del Euro no tenemos el mismo nivel económico, no tenemos la misma renta per cápita. Es aceptable que exista un objetivo político a muy largo plazo para intentar armonizar las economías de los diferentes países, pero no es previsible que se pueda conseguir nunca que la renta per cápita de un griego sea igual que la de un francés, o que la de un español sea igual que la de un alemán. Si nos cuesta entenderlo, pensemos simplemente en España. Tenemos 17 Comunidades Autónomas, y cada una tiene su propio nivel de riqueza, la midamos como la midamos. La estructuración política y económica de España no puede tomar como prerrequisito que el nivel de riqueza de todas las Comunidades Autónomas sea exactamente igual; porque lo siguiente sería que fuera también idéntica entre los diferentes pueblos y ciudades de la misma Comunidad Autónoma, y así hasta intentar conseguir la entelequia de que la renta per cápita de cada español fuera exactamente la media. Sería un sinsentido.

El mismo punto de partida debemos tener para la construcción europea. Sin perjuicio de que la Unión Europea dedique medios y recursos a tirar de los más rezagados hacia arriba, en un esfuerzo solidario, la igualdad o uniformidad NO puede ser el punto de partida. Porque la realidad no es así.

La batalla del Euro no tiene más salida que hacia adelante. Ninguno de los países que estamos dentro de la zona euro podemos abandonarla, no podemos echar a ningún país fuera. La salida hacia adelante está en profundizar lo que ya hemos hecho, para conseguir una política económica común y única. No pensemos que eso signifique que el salario medio de un español vaya a ser igual que el de un alemán, porque eso NO va a suceder, por lo menos en los próximos cien años. Pero, seguramente, con un salario más elevado, el alemán medio tendrá que pagar más impuestos (en euros) que un español medio.

Pensemos que la vida tiene muchas facetas, y la económica sólo es una de ellas. Un ingeniero empleado posiblemente gane más dinero en Dusseldorf que en Madrid o Barcelona. Y seguramente gane algo menos todavía en Sevilla o Mérida. Aunque igual vive mejor junto al Guadalquivir que junto al Rhin.

Ya basta de deudas soberanas de cada país. Es imprescindible la implantación de la Eurodeuda, con la Unión Europea como garantía. Cada Estado deberá negociar sus niveles de préstamo o deuda con el Ministerio de Economía Europeo, pero quien salga al mercado a endeudarse debe ser la Unión Europea. Los trapos sucios tenemos que lavarlos en casa. El que el Estado de California haya llegado a estar al borde de la quiebra, ¿acaso llegó a preocupar a alguien, o desató un ataque de los mercados?. La deuda americana, enorme, por cierto, la gestiona la Reserva Federal. Y se dice que China tiene en sus arcas hasta medio billón (sí, 500.000 millones) de dólares en deuda americana.

Si la situación se complica, el dólar se devaluará respecto al resto de divisas, hasta conseguir un nuevo nivel de equilibrio. Con el euro debería suceder lo mismo. Y para que eso pueda ser así, es imprescindible avanzar con urgencia en el sentido de la asunción de la soberanía económica por parte de la Unión Europea, del BCE o de un Ministerio de Economía Europeo de nuevo cuño. Ahora, claro, la Unión y sus órganos no pueden seguir siendo un nido de funcionarios bien pagados y perezosos, ni el cementerio de políticos en desuso. Los mejores conocimientos, los mejores gestores, los técnicos más capaces, los políticos con más visión, deben tener claro que su summum profesional se tiene que producir en el marco de la Unión Europea, que no debe seguir siendo en ningún caso un refugio para su declive.

Y, además, propongo que, para liberar a Bruselas de tan pesada carga, la sede para el Ministerio de Economía Europeo se fije en Viena, en Burdeos o en Barcelona.
Sede del BCE en Francfort
(Fuente: phantonomics)

Hagamos el esfuerzo de seguir construyendo los Estados Unidos de Europa, que mejor nos irá a todos. Sólo que conviene hacer caso a las sabias palabras del fundador de los jesuitas, Ignacio de Loyola (en tiempos de tribulación, no hacer mudanza). De la que está cayendo tenemos que salir con lo que tenemos hoy. No queda otra alternativa que los rescates milmillonarios, los ajustes y recortes salvajes y la recuperación a sangre y fuego de una cierta estabilidad. Conseguida esta, a trabajar todos duro con el fin de preparar la embarcación para que soporte mejor las tormentas, y también para que sea más marinera en tiempos de bonanza.

En el magnífico documental Inside Job (que espero que todos hayáis visto, de una u otra forma), se cuenta muy clarito la génesis y el desarrollo de la crisis financiera que está en el origen de la debacle económica que estamos viviendo. Las dos lecciones más importantes que saqué de la película es que, por una parte, los que provocaron la crisis persisten en el error y se niegan a reconocer sus equivocaciones. Y, por otra parte, que hubo expertos que sí anticiparon el camino que la situación iba a tomar. Pero fueron silenciados, boicoteados, ninguneados y desacreditados. Se mató, una vez más, al mensajero antes de que abriera la boca.

Aprendamos a escuchar con ganas e interés de entender, y no sacrifiquemos al mensajero sólo porque viene de una tierra de la que no queremos, o no nos interesa, saber nada.

La salida es más Europa, no menos Europa. Con decisión.

JMBA

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