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jueves, 14 de julio de 2011

La Côte Vermeille

La Còte Vermeille es un cantón francés que comprende la zona costera mediterránea inmediata a la frontera española. Comprende cuatro municipios: Cerbère, Banyuls-sur-mer, Collioure y Port-Vendres.
Playa del centro de Collioure. Las lomas, verdes de viñas.
(JMBigas, Julio 2011)

Para mí, la Còte Vermeille siempre ha sido una tierra mítica, desde mis primeros viajes en tren a París. En Cerbère cambiábamos de tren, y tomábamos el llamado Côte Vermeille-París, que llegaba a la Gare d'Austerlitz a la mañana siguiente.

La he cruzado muchas veces, pero casi siempre apresurado, persiguiendo llegar a Montpellier, a Marsella, a Lyon, a Niza o incluso a Roma. Sólo hace unas pocas semanas tuve ocasión de dedicarle un día con tranquilidad.

Esa tierra tiene connotaciones emotivas para muchos españoles, porque muchos exiliados (políticos o no) acabaron sus días ahí. Collioure fue la tumba de Antonio Machado, y Pitorliua, el homosexual que tuvo que huir del pueblo en Pa Negre, acabó muriendo en Port Vendres.
Canet-Plage, la playa de Perpignan
(JMBigas, Julio 2011)

Al Sur, los Albères, las estribaciones costeras de los Pirineos, la separan de España. En lontananza, el Canigó asoma por encima del horizonte. Y en esas lomas frente al mar, bañadas por un Sol Mediterráneo, se cultivan las viñas que dan lugar a los excelentes vinos de la zona, de los que luego hablaré.

Todo el Rosellón, del que la Côte Vermeille forma parte, tiene muchos siglos de historia en común con los condes de Barcelona primero y con la Corona de Aragón después. Desde muchos puntos de vista es tierra catalana, y algunos de sus enclaves, como Prades o Villefranche de Comflent, son faros de la común cultura catalana. Y el propio Canigó (Canigou) fue la inspiración poética de mossén Cinto Verdaguer.
Viñas en las lomas tras Banyuls-sur-mer
(JMBigas, Julio 2011)

Pero la costa, ese trocito corto de costa escarpada, con algunas bahías alrededor de las cuales se aglutinan los pueblos, es bella, muy bella.

Nos hemos acostumbrado a cruzarla por el interior. La autopista pasa por La Junquera y Le Perthus, en su camino directo hacia Perpignan y, más allá, Narbonne. El nuevo ferrocarril de alta velocidad ha excavado el túnel de Le Perthus, y ya permite ir desde Figueres hasta Perpignan en un suspiro. Pero esas rutas han abandonado la costa, la dejan de lado, con sus prisas la dejan pronto atrás.

En toda la zona se pueden producir vinos que se acogen a las denominaciones genéricas del departamento (Pyrenées Orientales - 66) o de la región, tales como Vin de Pays de la Côte Vermeille (muy rara), Vin de Pays des Côtes Catalanes o Vin de Pays d'Oc.
Banyuls-sur-mer
(JMBigas, Julio 2011)
Playa de Banyuls-sur-mer. Las viñas ocupan las colinas.
(JMBigas, Julio 2011)

Pero hay dos denominaciones de origen que protegen a los excelentes vinos que se producen en este trocito de la costa. La primera (Banyuls) es muy especial, pues cubre Vinos Dulces Naturales (tanto tintos como blancos), producidos principalmente a partir de diversas variedades de garnacha. Según dice la leyenda, el Banyuls tinto es el único vino que puede acompañar al chocolate.
Plataforma flotante para reposo de los bañistas, en la
bahía frente a Banyuls-sur-mer
(JMBigas, Julio 2011)

Su elaboración es todo un poema. Lo he leído en diversos sitios, pero me lo contó en persona el dueño de la Cave Saint Jacques (luego en el recibo de la Visa aparecía Cave San Jaume) de Banyuls-sur-Mer (25, avenue Puig del Mas). Al empezar la fermentación, va decreciendo el contenido de azúcar, y va creciendo el de alcohol. Cuando ambos se cruzan, se interrumpe la fermentación mediante la adición de alcohol neutro, lo que da lugar a vinos dulces con elevado contenido alcohólico (en torno a los 15º es lo habitual). Hay muchas variedades dependiendo del tipo de envejecimiento al que se haya sometido. Y existe un Banyuls-grand-cru que procede de las parcelas mejor expuestas al Sol, y que tiene normas de elaboración más estrictas. Se utiliza la curiosa palabra rimage, que es mezcla de raïm (uva en catalán) y age (edad en francés), para indicar la añada, en su caso.
Castillo Real de Collioure
(JMBigas, Julio 2011)

Los excelente tintos y blancos de mesa que se producen en la zona, así como los corpulentos rosados, tienen derecho a la denominación de origen (AOC - Appelation d'Origine Controlé) Collioure. Los tintos y rosados proceden principalmente de grenache noir, mourvèdre y syrah, mientras que los blancos (que sólo se incluyeron en la AOC a partir de 2002) proceden principalmente de grenache blanc y grenache gris.

Las zonas geográficas de las AOC Banyuls y Collioure incluyen los cuatro municipios de la Côte Vermeille. La Collioure cubre una superficie de 619Ha, mientras que la Banyuls (a secas y grand-cru) cubre 1.160Ha.
Pequeño puerto de Collioure. A la izquierda, el Castillo Real. A la
derecha, el campanario de la iglesia
(JMBigas, Julio 2011)

Como parte final de un viaje por el Sur del Sur de Francia, me quedé dos noches en Perpignan, lo que me dio un día completo para hacer una ruta por la costa. Primero por Canet-Plage (prácticamente, la playa de Perpignan), que fue un enclave mítico y una válvula de escape para los españolitos de los 60 y de los 70. Al principio con los casinos (cuando el juego estaba prohibido en España), y luego para ver películas atrevidas, que la Censura no dejaba proyectar en los cines españoles. Especialmente relevantes fueron El Último Tango en París y Emmanuelle.

En Argelès-sur-Mer visité la Cave de Taxo. Bajo la apariencia de una tienda de conveniencia para veraneantes (venden pan, comestibles y toda clase de cosas), con un pequeño bar donde tomarse un refresco a la sombra del porche, sobre unos toneles puestos en pie, y con un amplio aparcamiento propio, tienen una bodega absolutamente reseñable, especialmente con vinos de todas las zonas del Rosellón. Por supuesto, los Collioure y Banyuls, pero también excelentes Côtes du Roussillon y Côtes du Roussillon Villages, Rivesaltes, Maury, etc. La verdad es que si no fuera porque la Asociación de Cavistes Catalans tienen una web donde están todos reseñados, jamás la hubiera encontrado. Incluso pasando por delante, no creo que me hubiera detenido, porque la apariencia es que allí sólo podrás comprar el pan o incluso un flotador con patito o una fea cerámica de recuerdo. La excelente bodega muy bien surtida es, sin duda, una muy agradable sorpresa.
Playa de Collioure. De nuevo, las colinas
están verdes de viñas
(JMBigas, Julio 2011)

En el hotel de Perpignan había preguntado, por la mañana, en qué pueblo me recomendaban parar para poder comer pescado de confianza en un restaurante. Me indicaron Collioure como la mejor elección. En Francia no acostumbro a comer pescado, salvo en restaurantes que me llamen la atención junto al mar. En París hay excelente pescado, por supuesto, pero la cocina francesa habitual tiende a disimularlo de mil maneras, con guisos y salsas de todas clases, que nunca me han terminado de gustar. Por el contrario, junto al mar, tienes la oportunidad de tomar algún pescado fresco de la zona, hecho simplemente a la plancha, con unas hierbas o poco más, que acostumbran a resultar excelentes.

Así que, después de visitar Banyuls, me dirigí a Collioure con la sana intención de regalarme un apetitoso almuerzo a base de pescado. El centro del pueblo, en torno a una pequeña bahía en forma de media luna, que no tendrá mucho más de doscientos metros de extremo a extremo, es ciertamente angosto, aparte del puro Paseo Marítimo. Para aparcar el coche y poder comer con tranquilidad, hay dos opciones principales. La primera es en la zona Sur, un pequeño parking de pago junto al mar, donde cabrán escasamente una treintena de vehículos. Al otro extremo, en lo alto del castillo, hay otro parking de pago bastante más grande, cuyo único inconveniente es que a la hora de recoger el coche hay que remontar algunas fuertes pendientes.
Colinas y castillo sobre Collioure. El edificio de piedra
grande de la izquierda es el Cellier Dominicain
(JMBigas, Julio 2011)

Como eran los primeros días de Julio, todavía no había aglomeraciones fuertes, pero el aparcamiento junto al mar estaba completo, y tuve que ir al del Castillo. Oteé diversos restaurantes que no me acabaron de convencer. Ya en la zona Sur pasé frente a L'Amphytrion, que ofrecía una carta de pescados tentadora. Unos cientos de metros más allá se divisaba otro (Le Neptune; luego me enteré de que lo cita la Guía Michelín), con una concurrida terraza sobre el mar. De hecho, había pasado por delante de su entrada de coches, en la carretera costera al entrar en Collioure.

Vi por ahí a un hombre fumando un cigarrillo, y le pregunté por su consejo para un buen restaurante de pescado. Se me quedó mirando, y luego me dijo que es que él era el dueño de L'Amphytrion, y que qué iba a decirme. Se deshizo en elogios de su restaurante (el rodaballo piense que ha entrado fresco a media mañana,...), y me convenció. No tuve de qué arrepentirme. Comí en una terraza semiabierta, a pesar de lo cual no dejaban fumar para evitar molestias a los vecinos de mesa.
Remate de un carrusel, junto a la playa de Collioure
(JMBigas, Julio 2011)

Escogí una tarta de hojaldre aux 2 anchoies (anchoas y boquerones), que estuvo deliciosa. Y un filete del famoso rodaballo, que, sí, estaba fresquísimo y excelente. Acompañado de lo que llaman gratin catalan, una montañita de lajas de patata cocida de color rojo, por su exposición al tomate, que también estuvieron muy agradables.  Regado con un blanco Collioure Cellier Dominicain Padreils, cuya bodega está a escasos 50 metros del restaurante.
Restaurante L'Amphytrion, en Collioure
(JMBigas, Julio 2011)

El vino venía en el formato de botella de 50cl, muy extendido por esa zona, y que resulta muy adecuado desde mi punto de vista. Es una cantidad correcta para dos personas que no beban mucho vino, y es una monodosis generosa pero no abusiva para la comida de alguien a quien le gusta el vino.

Tras digerir el ágape, recogí el coche (sudando en la cuesta); pagué 3,10€ por tres o cuatro horas de aparcamiento, lo que me pareció correcto. Y tomé el camino de vuelta a Perpignan, aunque todavía di algún rodeo que ya os contaré en otra ocasión.

Le puse cara, ojos y detalles a esa costa que sólo recordaba de verla pasar por la ventanilla de aquel Corail Côte Vermeille Paris de los 70.

Esa Costa Bermeja por la que pasaron tantos exiliados, y donde algunos incluso vivieron muchos años y acabaron muriendo. 

JMBA

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