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viernes, 18 de mayo de 2012

Sarkozy, de vuelta a ¿casa?. Cambia la foto.

Como ya comenté el pasado martes, tomó posesión François Hollande como séptimo Presidente de la Vª República francesa.

Al principio del acto, en el Palacio del Elíseo se escenificó el relevo entre Sarkozy y Hollande. Tras saludarse las dos parejas a las puertas de palacio, Sarkozy y Carla Bruni, de la mano, avanzaron por la alfombra  roja hasta el coche oficial, e hicieron fundido a negro, hacia su nueva vida privada.
Merkel y Hollande acabaron sonriendo, tras la
conferencia de prensa en Berlín.
(Fuente: teinteresa)

Al día siguiente hubo una escena parecida en Matignon (la residencia del Primer Ministro), para el relevo entre François Fillon y Jean-Marc Ayrault. La tarde del miércoles conocimos la composición del nuevo Gobierno (17 ministros y 17 viceministros) perfectamente paritario: 17 hombres y 17 mujeres. Una de sus primeras decisiones ha sido reducirse los sueldos en un 30%. Que será el chocolate del loro, pero es bueno ver que también el loro practica la austeridad.

El jueves ya se celebró la primera reunión del Consejo de Ministros, mientras que Hollande ya había visitado a Angela Merkel en Berlín (episodio del rayo en el avión incluido) y se ha ido este viernes hacia los Estados Unidos, para diversas cumbres del G8 y de la OTAN.

En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, celebradas el domingo 6 de Mayo, todos los sondeos daban a François Hollande como vencedor, con horquillas entre los cuatro y los diez puntos de ventaja. Al final, el resultado real fue mucho más reñido (solamente tres puntos de diferencia). Lo que me sorprendió es que Sarkozy apareció por televisión (y ante sus adeptos, en París) sólo unos minutos después de las ocho de la tarde, en que cerraron los últimos colegios electorales. En ese momento, los únicos datos oficiales que se conocían eran las previsiones de los sondeos realizados a pie de urna.

Sin embargo, ya a esa temprana hora, Sarkozy reconoció abiertamente su derrota, y felicitó a François Hollande por haber ganado las elecciones. En España, habitualmente, ese tipo de sondeos suelen equivocarse en bastantes puntos, incluso en el sentido del voto, y a ningún político se le ocurriría una comparecencia pública, en uno u otro sentido, basándose solamente en esos sondeos. Cuando se fue conociendo el escrutinio real de votos emitidos, se confirmaron las posiciones que avanzaban los sondeos, aunque finalmente el margen entre ambos candidatos fue bastante más ajustado que las primeras previsiones. En España, seguramente, todos mentimos bastante más que nuestros vecinos los franceses, por eso los sondeos salen como salen.

Sospecho que a última hora apareció un cierto voto del miedo, que favoreció ligeramente a Sarkozy. Algunos votantes del Front National en la primera vuelta acabarían depositando un voto contra François Hollande, prefiriendo lo malo conocido a la aventura de un Presidente Socialista. Y otros puede que acabaran votando a Sarkozy, pensando que Hollande podría contribuir a romper el buen entendimiento franco-alemán. Para un francés medio, asistir al entente cordiale entre Angela Mekel y Sarkozy puede darle la sensación de que Francia está en la cabeza (bicéfala, eso sí) de la Unión Europea y de la Eurozona. En otras palabras, puede sacar la conclusión de que Francia es más importante con Sarkozy que lo que será con Hollande.

En fin, al margen de matizaciones, François Hollande ganó la segunda vuelta de las Elecciones Presidenciales 2012, y ya se ha convertido en el primer presidente socialista de Francia desde que en 1995 François Mitterand abandonara la presidencia, tras trece años de mandato.
Nicolas Sarkozy y Carla Bruni se van del Elíseo,
bajo la atenta mirada de François Hollande.
(Fuente: lavanguardia)

Y ahora, el día después, ¿qué va a ser de Sarkozy?. Ya se le ha oído decir que le gustaría ganar mucho dinero. Esto auguraría que le veamos en breve dando conferencias geoestratégicas internacionales, con minutas millonarias. Creo que tiene buena madera de orador y estadista para esa labor, muy habitual en ex-presidentes de todos los colores.

Además, tanto su puesto de Presidente de la República (durante cinco años), que tiende a acercarse a amistades presuntamente peligrosas, pero siempre suntuosas, como, mucho más claramente, su enlace matrimonial con Carla Bruni, le han abierto las apetencias de la vida de las clases más acomodadas.

Carla Bruni, que fue la Primera Dama de Francia hasta el pasado martes, ha seguido en su juventud una carrera medianita como top model (en desfiles de moda, reportajes fotográficos,...) y también como cantante de gama media. No tiene grandes dotes vocales, y siempre se ha refugiado en las canciones intimistas, que no le obliguen a entonar en exceso la voz. Recientemente, también consiguió un pequeño papel (poco más que un cameo), en la película de Woody Allen Midnight in Paris, un lujoso folleto turístico de París, con el toque de gracia del maestro Allen.

Sin embargo, y a pesar de una carrera profesional personal más bien de bajo perfil, Carla Bruni pertenece a una antigua familia de la aristocracia de origen italiano, a la que Sarkozy se aproximó con sumo gusto. Así han sido sus reservadas vacaciones en Cap Nègre, un exclusivo enclave próximo a Saint Tropez, en el Departamento de Var, propiedad de la familia de Carla.

Por otra parte, Sarkozy ya anunció poco después de pasada la segunda vuelta, que no va a liderar su formación política, la UMP (Union pour un Mouvement Populaire) en las inmediatas elecciones legislativas. Lo que significa que, aparte de haber digerido (posiblemente) mal la pérdida de la Presidencia, se retira de la primera fila de la política activa. Su ego superdesarrollado no le permitirá mantenerse alejado de las cámaras y los flashes. El tiempo nos dará los detalles.

Y ahora queda por ver la situación que quedará entre los principales gobernantes de la Unión Europea. Hollande ha denunciado repetidas veces el duopolio Alemania-Francia como tándem de mando de la Unión Europea y de la Eurozona. En el propio debate televisado de la segunda vuelta, se mostró contrario, especialmente por la imagen de marginación en el proceso de toma de decisiones que sienten los ciudadanos del resto de los países. Además, Hollande difiere (si no en el sentido, sí en la intensidad), de la receta neoliberal estricta de lucha a muerte y rápida contra el déficit público y la Deuda, que ha sido en los últimos tiempos el discurso impertérrito de Ángela Merkel. Con buen criterio, me parece, estima que la pura austeridad y el recorte draconiano de los gastos públicos está contribuyendo a acentuar y  perpetuar la recesión y la depresión, especialmente en los países periféricos de la eurozona.

Angela Merkel ya ha modificado algo su discurso, aceptando que además de la austeridad, hay que intentar implantar, desde la UE, medidas que favorezcan el crecimiento de las economías. Lo que lleva inevitablemente a prolongar la lucha contra el déficit y a moderar su ritmo. Algo es algo.
La experiencia de David Cameron es diferente de la
de la eurozona. ¿Podríamos aprender alguna cosa de él?
(Fuente: telegraph)

Este jueves se supo que estaba convocada una videoconferencia a cuatro bandas (Merkel, Hollande, Monti y Cameron), posiblemente como preparación para una posición común en las reuniones del G8 que se celebran en Camp David. Veremos los resultados.

En estos momentos, creo que es muy importante la presencia de Cameron, a pesar de que el Reino Unido está fuera de la Eurozona y mantiene la libra esterlina como su moneda nacional. O precisamente por eso. Porque la situación del Reino Unido en términos de déficit público y Deuda no tiene nada que envidiar a la de España. Sin embargo, disponen de un arma poderosa: un Banco Central nacional (el Banco de Inglaterra) con plenos poderes. Un Banco que tiene en sus arcas una parte importante de la Deuda Pública del país, a diferencia del BCE, quien, siguiendo los dictados de Alemania, siempre ha sido renuente a comprar bonos de los países miembros.

Su situación de partida es relativamente parecida a la de España (salvo en el paro, que es un fenómeno muy destacadamente español; en los años buenos creábamos uno de cada dos empleos de la Unión; hoy destruimos también uno de cada dos empleos que desaparecen en la Unión). Pero están capeando mejor que España este temporal económico-financiero. Y una de las razones para ello (no la única, ojo, porque el modelo económico del país es bastante diferente del español) es que mantienen su moneda nacional y no están en el Euro. Lo que, en la práctica, le da los plenos poderes (monetarios, tasas de interés, inflación,...) al Banco de Inglaterra. Por el contrario, el Banco de España se ha visto vaciado de contenido y de responsabilidades. Su propio Presidente y el resto de responsables transmiten la sensación de que esto no va con ellos, lo que, por cierto, es bastante verdad. Pero algunas de las funciones y responsabilidades de un Banco Central Nacional han dejado de estar en manos del Banco de España, pero no las ha asumido por completo el BCE.

Mientras que Hollande está a favor de la emisión de eurobonos, bajo ciertas condiciones, Sarkozy, en el propio debate, se revolvió duramente en contra, con el argumento parcialmente demagógico de que Alemania y Francia estarían pagando la Deuda de otros. Lo que no es totalmente cierto. Alemania está sacando buen partido de las muy exigentes condiciones de los mercados financieros para comprar Deuda de algunos países, lo que presiona a la baja el rendimiento de sus bonos nacionales. De modo que Alemania consigue financiarse mucho más barato que los demás, y hasta cinco puntos por debajo de los bonos italianos o españoles. Si se emitieran Eurobonos, en condiciones correctas, posiblemente tendrían un rendimiento algo superior al del bund alemán, pero muy inferior a lo que actualmente tenemos que pagar españoles e italianos (por no hablar de griegos y portugueses).

Emitir Eurobonos (por parte del BCE, con la garantía de la Unión Europea) transmitiría a los mercados la unidad de la que hoy se duda (con mucha razón y por diversas razones). Solamente cambiaría, en la práctica, que estaríamos lavando los trapos sucios en el patio de casa, en lugar de hacerlo en el lavadero público a la vista de hienas, búfalos y leones. Cada país debería hacer frente a sus propias deudas, sólo que con el escudo de la UE su coste sería infinitamente inferior de lo que es en la actualidad. En el límite, Alemania podría seguir emitiendo sus propios bonos nacionales, si le conviniera mejor así, y el mercado se lo aceptara y remunerara con un rendimiento algo más bajo.

El objetivo, pues, no es que unos paguen las deudas de los otros, sino que el BCE actúe como una Central de Compras de dinero para todos los países.
Los Eurobonos podrían ser un airbag para la situación
actual de los mercados de Deuda.
(Fuente: elmundo)

En cualquier caso, con la partida de Sarkozy de la escena de máximo nivel, cambia la foto. Veremos en los próximos días y semanas cómo lo han visualizado los mercados financieros. De ello dependerá, en buena medida, el grado y la intensidad del sufrimiento al que tendremos que hacer frente.

Sarkozy es ya el enésimo líder europeo que pierde su posición por culpa, de una u otra forma, de la crisis económica global, y de su forma de encararla. Los electores, dolientes y sangrantes por los múltiples sacrificios auspiciados desde el gobierno y desde ese duopolio, a nivel de la UE, prefieren cambiar el sentido de su voto. Contra lo malo conocido; a la búsqueda de algo mejor, todavía por conocer.

A Sarkozy sin duda le veremos dando conferencias geoestratégicas por ahí, en los próximos tiempos. Y nos conviene que Hollande se consolide y sería una buena noticia que el duopolio Alemania-Francia no se reedite, y que se suban al carro otros líderes, a ese nivel donde se toman realmente las decisiones trascendentes. Con nuevos puntos de vista y experiencias diferentes que pueden resultar estimulantes.

Mi opinión sobre el relevo de Sarkozy por Hollande es que debería ser beneficioso para España, aunque ignoro en qué grado o intensidad. Para empezar, la posición genuina y rocosamente neoliberal de Ángela Merkel ya tiene que hacer frente a la pinza entre Hollande y el socialismo francés, con los socialdemócratas alemanes del SPD. Porque Merkel se enfrenta a elecciones generales en 2013, y el riesgo de que sea la siguiente víctima política es muy elevado. A partir de entonces, posiblemente podamos ver conferencias internacionales a dúo, de Merkel con Sarkozy.

Ella conoce perfectamente lo débil que es su posición doméstica. Y algo hará para evitar lo peor (para ella).

JMBA

miércoles, 16 de mayo de 2012

A Vueltas con ETA

Empapuzados a diario por primas de riesgo, desplomes de la Bolsa, rescates bancarios y elecciones en Grecia, se habla bastante poco en estos últimos tiempos de la cuestión de ETA, y su final.
Imagen ya habitual de los encapuchados de ETA,
difundiendo comunicados en vídeo.
(Fuente: rtve)

Ahora parece que, a través de un comunicado a la Agencia France Presse, la banda pide a la Unión Europea que ejerza presiones sobre los gobiernos francés y español para establecer un diálogo con ellos, y afirman haber nombrado a una comisión o delegación para llevar adelante esas (presuntas) negociaciones.

Creo que hay demasiada gente (y, por lo tanto, demasiados intereses) hablando, reuniéndose y diciendo cosas sobre el tema. Por un lado, los políticos abertzales (con Amaiur al frente, en el propio Congreso de los diputados). Por otro, los nacionalistas del PNV, que siempre están a recoger nueces. El lehendakari Patxi López sostiene posiciones poco claras y bastante ambiguas que, entre otras cosas, han provocado el final del apoyo del PP a su gobierno en minoría. De vez en cuando también respira una llamada Conferencia Internacional de Expertos, que no se sabe muy bien de quién reciben el mandato y la financiación. En medio está el Gobierno de España que, entre todos ellos y sin que sirva de precedente, es el que sostiene una posición más clara y definida. Y, en el otro extremo, están algunas Asociaciones de Víctimas, que siguen sangrando y llorando por sus heridas.

Como las palabras nunca son inocentes, creo que es imprescindible que todos empecemos a llamar a las cosas por su nombre, sin ambigüedades, sutilezas ni subterfugios.

ETA es una banda armada y mafiosa, que ha cometido muchos delitos, entre los que, sin duda, los más graves son los más de 800 asesinatos que han cometido a lo largo de los años de su existencia. Ya han pasado más de 35 años desde la muerte del dictador, más de 33 desde que se proclamó formalmente la Constitución y que en este país existe un sistema democrático de gobierno. No sé si existen delitos pendientes anteriores a 1975, pero probablemente hayan prescrito legalmente, y ese NO es el problema.

En el País Vasco existen diferencias políticas entre las diversas formaciones que representan cada una a una parte de la población. Pero hablar de Conflicto Político o de Conflicto Vasco es intentar llevar las cosas a una dimensión irreal, imaginada, es sumirse en una ensoñación nada práctica. Pero, en cualquier caso, en ese (presunto) conflicto, ETA no tiene nada que ver. Las diferencias políticas hay que resolverlas desde la política. Las armas y los asesinatos no caben en ese escenario.

Algunos siguen hablando de la cuestión de los presos vascos, que es hablar por hablar de algo que no existe. Los presos son personas condenadas por la Justicia a penas de privación de libertad, como pago  por los delitos cometidos contra la sociedad. Entre todos los presos que hay en España, los hay vascos, andaluces, catalanes, gallegos y de todas partes. Habrá mecánicos de autómovil, fontaneros, abogados, ingenieros, médicos y hasta algún taxidermista. Los hay rubios y morenos, altos y bajos, gordos y flacos. Ese, desde luego, no es el problema.

La política penitenciaria tiene que ser una gestión profesional de la población reclusa. Debe velar para facilitar, en lo posible, la reinserción de los presos a la sociedad (al final de su condena), mediante acciones de formación, trabajo, deporte o lo que sea. Debe evitar la posibilidad de que se establezcan sociedades paralelas en el interior de las cárceles, que puedan derivar en motines, por ejemplo, o en la extensión del caos. Para ello, posiblemente, una herramienta utilizable es la de no acumular presos con fuertes relaciones antes de su ingreso en prisión, para evitar que formen familias o grupos de presión, inaceptables en la convivencia carcelaria.
Jorge Fernández Díaz, Ministro del Interior. No tiene que
lidiar con la prima de riesgo, pero tiene trabajo por delante.
(Fuente: informacionydinero)

Si de repente, la Policía consiguiera desmantelar una organización mafiosa dedicada a la trata de personas, al tráfico de armas y drogas, al blanqueo de dinero y a la extorsión; y detuviera a doscientos de sus miembros, contra los que pudiera probar los cargos y facilitara que la Justicia los condenase a todos a penas privativas de la libertad, la primera decisión razonable de la política penitenciaria sería no acumularlos en una única cárcel. De no hacerlo así, la estructura estrictamente mafiosa se reproduciría en el interior del establecimiento, y podría crearse un grupo de presión (y de extorsión) que no es deseable bajo ningún concepto, y que es obligación del Gobierno evitar.

Hace unos meses, la banda ETA difundió un comunicado por el que anunciaba su decisión de cesar en las acciones armadas. Bien, una buena noticia para la sociedad, pero es sólo una parte de la noticia que todos esperamos, que es su disolución irreversible y la entrega de todas las armas. Dejando a las fuerzas políticas que hablen y planteen escenarios convenientes para todos, limando diferencias y llegando a acuerdos. Una banda armada no tiene ningún papel que jugar en ese escenario, no puede arrogarse ahora la pretensión de velar por la resolución del (presunto, insisto) conflicto vasco. Aceptar esa tutela sería dar entrada a la violencia y al asesinato como arma política (lo que ya no es ni aceptable ni presentable ni defendible en estos tiempos). La sociedad no puede, de ninguna forma, remunerar la violencia y el asesinato.

Por lo tanto, lo único que debe y puede hacer ETA es disolverse por completo y entregar las armas.

Todos los presos que lo sean por delitos relacionados con la banda, lo único que pueden y deben esperar es no sufrir ninguna discriminación (ni positiva ni negativa) respecto al colectivo de presos. Cada preso tiene su propia historia y situación penal, y deberá seguir adelante con ellas hasta que termine de pagar a la sociedad lo que le debe, de acuerdo a las decisiones judiciales y a lo que marca la ley. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado deben mantener su celo en intentar esclarecer aquellos delitos que no se hayan resuelto, para ponerlos a disposición judicial. Y, muy posiblemente, todavía tendrá que haber nuevos presos, a causa de esos delitos, para asesinos que hoy están en libertad. Del mismo modo que los derechos son de las personas (y no de territorios, organizaciones o asociaciones), los delitos los cometen personas (y no bandas u organizaciones). 

En ese escenario de no discriminación (ni positiva ni negativa) tanto judicial como penitenciaria, habrá que tener en cuenta que las circunstancias de premeditación, alevosía y sangre fría (habituales en los delitos cometidos por miembros de ETA) constituyen más bien agravantes que atenuantes. Por otra parte, la colaboración con la Justicia puede ser un atenuante, que haga que algunas penas puedan ser en algunos casos menos severas. Si, tras su disolución, los ex-miembros y ex-directivos de la banda colaboran en aclarar aquellos delitos todavía no condenados, estarían contribuyendo a clarificar la situación judicial y penal de todos, y eso sería dar un paso importante hacia la futura reinserción de los que han cometido delitos, con sus cuentas ya saldadas.
A las víctimas (y sus asociaciones) no se les puede pedir
que perdonen a sus asesinos. Pero la sociedad debe avanzar.
(Fuente: nacionespañola)

Creo que no hay atajos a esta aproximación. Cualquier otra cosa sería dejar heridas abiertas y amenazas latentes, que dificultarían la normalización de la situación.

El Gobierno debe ser capaz de actuar en este tema sin discriminaciones (positivas ni negativas) respecto al tratamiento dado a cualquier otro delincuente. No hay ninguna posibilidad de negociación con la banda, más allá de la escenificación, si se quiere, de la entrega de las armas y la disolución de la banda.

Cualquier decisión sobre la dispersión (o reagrupamiento, en su caso) de los presos relacionados con ETA debe ser de índole puramente de política penitenciaria, tras evaluar finamente las ventajas y riesgos de cualquier movimiento en ese ámbito.

Sólo con esta hoja de ruta se puede conseguir que, en el plazo de algunas décadas, todo el tema pueda caer en el olvido y sea solamente pasto de historiadores, como cuando hoy hablamos de la Ley Seca, Al Capone y las mafias del Chicago de los años 20 y 30.

El Gobierno debe ser capaz de tomar las decisiones que deba tomar, igualmente alejado de la banda criminal (y sus mariachis) que de las asociaciones de víctimas. Porque nadie le puede pedir a una víctima que perdone al asesino de su padre, marido o hermano. A pesar de ello, la sociedad no tiene más remedio que seguir avanzando.

Dejémonos, pues, de tonterías. Dejemos de hablar en términos que únicamente existen en las ensoñaciones de algunos o en el imaginario ideal de otros. No existen los presos vascos, ni el conflicto vasco, ni zarandajas del género. Existen delincuentes que, como cualquier otro, deben pagar su deuda con la sociedad, y que deben ser tratados, pura y simplemente como ciudadanos que han cometido algún delito. La Justicia tiene que hablar y los atenuantes y agravantes ya matizarán las condenas. Y en su régimen penitenciario, las mismas ventajas (o desventajas) que cualquier delincuente en este país. Que puede reducir su pena (el total de su pena; no vaya a ser que matar a más acabe siendo gratis) por el trabajo, el buen comportamiento o cualquier otra razón contemplada por la legislación. Que puede solicitar un indulto individual, atendiendo a sus circunstancias personales. Pero punto y final.

Sólo aplicando el principio de la no discriminación (ni positiva ni negativa) a los delincuentes de ETA podemos tener ciertas esperanzas de dejar atrás, sin cierres en falso, un período negro.

No hay atajos. Justicia (y no venganza) y ausencia de discriminación.

Otra cosa sería marear la perdiz.

JMBA

martes, 15 de mayo de 2012

François Hollande, coronado Presidente de la Vª República

Decía Raimon que al meu pais la pluja no sap ploure (en mi país, la lluvia no sabe llover). O no llueve nada o llueve demasiado; la sequía o la catástrofe: 

Al meu país la pluja no sap ploure:

o plou poc o plou massa;
si plou poc és la sequera,
si plou massa és la catàstrofe.


(extraído de cancioneros).
François Hollande, junto al Collar de Gran Maestre de la
Legión de Honor, recibe los aplausos de su compañera,
Valérie Trierweiler.
(AFP; Fuente: tf1)

En París, la lluvia sí sabe llover (como bien lo conocen sus habitantes, o quien lo haya visitado varias veces), y un día fresco y lluvioso de primavera ha recibido hoy la investidura de François Hollande (1954) como séptimo Presidente de la Vª República.

Se celebró esta mañana en el Palacio del Elíseo de París la llamada Ceremonia de Investidura (o de Traspaso de Poderes - Passation de Pouvoirs). Hollande fue proclamado oficialmente como nuevo Presidente de Francia para los próximos cinco años (un quinquenio, un quinquenat).

La Ceremonia está diseñada para darle el máximo protagonismo al Presidente entrante. Nicolas Sarkozy recibió a François Hollande en la alfombra roja al pie de los escalones de acceso. A continuación tuvieron una breve reunión (Sarkozy le daría las llaves de la casa, las del garage, esta para desactivar la alarma; la combinación de la caja fuerte; aquí está la llave del gas y en ese armarito están los fusibles y el disyuntor; si algo no os gusta, se lo dices al secretario; hasta luego, Lucas, buena suerte). Sólo media hora después, las dos parejas se despidieron a las puertas del Elíseo, y se escenificó la partida de Nicolas Sarkozy, hacia el coche oficial de la mano de su esposa, Carla Bruni, y en dirección a su domicilio particular.

En la Vª República francesa, la figura del Presidente no es, ni mucho menos, meramente representativa (como en otras repúblicas próximas, Italia o Alemania, por ejemplo). El Presidente de la Vª República es el Jefe del Estado y el máximo dirigente político del país. El Primer Ministro (nombrado directamente por el Presidente de la República) está a la cabeza del Gobierno, pero su relevancia es equivalente a la de un vicepresidente del Gobierno en España, por hacer una comparación fácilmente entendible. Esta tarde se ha sabido que el nuevo Primer Ministro será Jean-Marc Ayrault (1950), alcalde de Nantes desde 1989 y presidente del grupo socialista en la Asamblea Nacional desde 1997. Además, habla perfectamente el alemán.
El saludo de los presidentes saliente y entrante, a las
puertas del Palacio del Elíseo.
(Eric Feferberg; AFP; fuente: thestar)

En la etapa de Nicolas Sarkozy, hombre bajito pero de ego superdesarrollado que todo lo invadía, ha dado la sensación de que el Presidente de la República no sólo era el que mandaba más, sino que era el que mandaba sobre todo. Hollande ha prometido un estilo de Presidencia diferente; ha dicho repetidas veces que el Jefe del Estado no es el jefe de todo. Hoy ha indicado que su misión es la de fijar las prioridades, pero que Gobierno, Parlamento y Justicia son independientes. En el mejor estilo de los tradicionales valores republicanos.

Por su protocolo, por sus manifestaciones y por la visibilidad y trascendencia de sus actos, la Vª República tiene tintes muy próximos a la monarquía. Algunos hablan de República Monárquica, pero la prensa prefiere utilizar la fórmula inversa, de Monarquía Republicana. Por eso puede parecer que Hollande ha sido coronado hoy como Presidente de la República. El interior del Palacio del Elíseo (que hoy hemos podido ver con profusión, pues las cámaras televisivas han seguido en todo momento al nuevo Presidente por sus pasillos y sus salas), recuerda más a un Palacio Real que a la residencia de un presidente republicano. Tras ser proclamado oficialmente como nuevo Presidente de la República (por el presidente del Consejo Constitucional), lo primero que se le ha entregado a François Hollande es el Collar de Gran Maestre de la Legión de Honor, de manos de su Canciller. Que no es una corona, pero se da el aire.

Es la primera vez que alcanza la Presidencia de la Vª República un hombre soltero. Al menos, técnicamente soltero. A pesar de la larga convivencia con Segolène Royal (hija de militar, nacida en 1953 en Dakar, parte de lo que entonces era el África Occidental Francesa; presidenta del Consejo Regional de Poitou-Charentes, al suroeste de Francia; candidata a las Presidenciales de 2007, pero finalmente vencida en la segunda vuelta por Nicolas Sarkozy), de la que tienen cuatro hijos (Thomas -1984-, Clémence -1985-, Julien -1987- y Flora -1992), nunca llegaron a casarse. Aparte de sus convicciones o decisiones personales, parece que en este hecho tuvo su influencia el que la ley francesa prohíbe que los dos miembros de un matrimonio puedan ser diputados al mismo tiempo.

En vísperas de las elecciones presidenciales de 2007, se filtró la posibilidad de que acabaran anunciando su boda; pero, en su lugar, lo que se hizo público fue su separación. Desde 2006, François Hollande había iniciado una nueva relación sentimental, con Valérie Trierweiler, que hoy ha acompañado a François toda la mañana, y se ha convertido en Primera Dama de Francia. Valérie Massonneau (su apellido familiar de soltera) nació en Angers (al oeste de Francia, sobre el curso bajo del Loira) en 1965. Se ha casado dos veces. La primera con un compañero de infancia, que terminó en divorcio sin hijos. Y la segunda con Denis Trierweiler, secretario de redacción de la revista Paris-Match, con quien tuvo tres hijos y de quien está en proceso de divorcio, todavía no resuelto.

Valérie realizó diversos trabajos de periodismo político. Desde 1989 en Paris-Match (siguiendo, especialmente, al Partido Socialista). Y desde 2005 en la nueva cadena de televisión Direct 8. Esta mañana oí a algún periodista de la televisión francesa (France 24), comparar su situación con la de nuestra Princesa de Asturias, que pasó de periodista televisiva a princesa tras su matrimonio con Felipe de Borbón. Valérie, que llevaba un vestido negro, tenía en alguna parte del Elíseo una chaqueta larga y blanca, para abrigarse cuando había que salir al exterior.

Hollande quería para hoy una ceremonia sobria y sencilla, dados los tiempos que corren. Así, entre los dos centenares de invitados al acto en el Palacio del Elíseo, no estaba ninguno de sus familiares (a excepción de su compañera Valérie), ni siquiera sus propios hijos. Parece que ha querido alejar el acto de las portadas de la prensa del corazón.

En su primer discurso como Presidente de la República ha insistido en los temas clave que han articulado su campaña, contra cualquier tipo de discriminación (citó al antisemitismo, en particular) y respeto a la dignidad de todos (citó especialmente a las mujeres). Prometió respeto a todos los pueblos. Quiere ser el Presidente de todos los franceses (sea cual sea su origen, su residencia o su recorrido) y llama a la unión (rassemblement). Se propone promover en Europa una nueva via. En una entrevista política de estos últimos días, manifestaba su desagrado con la imagen que se ha dado en llamar Merkozy. Insiste en que no se puede gobernar a toda la Unión Europea desde un duopolio, que provoca en los demás países la sensación de estar dirigidos por un Directorio que da prioridad (muy probablemente) a sus propios intereses nacionales. No hay duda de que François Hollande trae aires nuevos al ambiente extremadamente enrarecido de estos últimos años.
Exterior del Palacio del Elíseo
(AFP: Fuente: republicain-lorrain)

En su discurso recordó algunos de los logros de sus predecesores en el puesto. A Sarkozy solamente le deseó lo mejor para la nueva vida que ahora se abre por delante suyo. No parece que sean, precisamente, grandes amigos. En la segunda vuelta, Sarkozy cayó derrotado por un estrecho margen de tres puntos (51,5% vs. 48,5%). 

Tras el discurso, saludos personales (algún abrazo, muchos apretones de mano, algunas palabras, bastantes besos tanto a mujeres como a algunos hombres) a todos los invitados, entre los que no estaba Segolène Royal ni, por supuesto, Dominique Strauss-Kahn. Se pudo ver, por ejemplo, a Martine Aubry, actual secretaria general del Partido Socialista francés, o a Lionel Jospin, primer ministro con Mitterrand, y fracasado candidato a las presidenciales de 2002, en las que no llegó ni siquiera a la segunda vuelta (donde Chirac tuvo que enfrentarse a Le Pen). Ese año, un 80% de los franceses, muchos con una pinza en la nariz, votaron por Chirac en la segunda vuelta, o sea, contra Le Pen. Sería un apasionante ejercicio político poder asistir a una segunda vuelta de elecciones en Grecia; en la que los electores tuvieran que enfrentarse a decidir dar su apoyo a la derecha europeísta o a la extrema izquierda que propone la insumisión y la salida del euro. Le he oído recientemente a un comentarista político un símil estimulante: mientras que la votación en la primera vuelta es sexual, en la segunda es amorosa.

Tras la revista militar en los jardines de Palacio (con interpretación de La Marsellesa y 21 salvas de cañón), desplazamiento al obligado homenaje en la Tumba del Soldado Desconocido, en el Arc de Triomphe. Aquí, una novedad interesante, en lo que se refiere al vehículo oficial que ha escogido Hollande: un Citroën DS5. Se trata de un coche familiar grande, estilo monovolumen, con el techo de lona y descapotable. Fabricado, por supuesto, en Francia. Todo un mensaje de estilo.

En el recorrido por los Campos Elíseos, hasta la Place de l'Étoile, el vehículo circuló a velocidad lenta, rodeado por motoristas de escolta y fuerzas a caballo. El chófer del coche presidencial tenía el limpiaparabrisas en funcionamiento intermitente. Hollande, de pie dentro del coche, saludaba al escaso público presente (propio de un día laborable y lluvioso) y a sus paraguas. No sé cuántas veces habrá tenido que cambiarse de traje, pues la lluvia ha sido inclemente con él, durante toda la jornada. Por el camino, se dio la tradicional escena de publicidad gratuita (supongo) al pasar frente a los característicos toldos rojos del Restaurante Fouquet.

Una de las tradiciones republicanas para el primer día de los nuevos Presidentes es la de llevar a cabo algún homenaje específico, escogido por el Presidente y que todo el mundo interpreta como el tono que quiere dar el entrante a su presidencia.

Hoy el primer homenaje fue a Jules Ferry, frente a la estatua dedicada a él, en el Jardin des Tuileries, junto a la Rue de Rivoli. Jules Ferry fue un político francés del siglo XIX, que fue alcalde de París, primer ministro de la IIIª República por dos veces, Ministro de Asuntos Extranjeros, Presidente del Senado y Ministro de Instrucción Pública y de las Bellas Artes. Entre 1881 y 1882, proclamó las leyes que consagraron la educación obligatoria y gratuita, y la enseñanza laica. Se le considera uno de los padres fundadores de la identidad republicana, y el promotor de lo que a menudo se conoce como la escuela republicana, la escuela gratuita, laica y obligatoria. Según parece, también sostuvo posiciones muy discutibles sobre la expansión colonial francesa, por lo que su elección por parte de François Hollande ha sido bastante controvertida.

En el Jardín de las Tullerías esperaban a François Hollande un par de centenares de invitados, entre los que había numerosos alumnos de escuela, niños y jovencitos de todas las razas, unidos por su afán de inmortalizar la jornada con sus móviles.

En un breve discurso, condenó a Jules Ferry por sus posiciones colonialistas, y le ensalzó por su papel en la promoción de la école republicaine. Insistió en la importancia de la enseñanza para todos como eje vertebrador de los valores republicanos. Y reiteró su promesa electoral de aumentar durante su mandato el número de profesores de escuela en 60.000. Para garantizar la igualdad de oportunidades, sin importar dónde o en qué medio se reside. Hizo mención específica de la importancia de las escuelas en el medio rural. 
La comitiva del nuevo Presidente, por los Campos Elíseos,
hacia el Arco de Triunfo.
(Fuente: tf1)

Durante este acto, el Sol brilló un ratito con timidez.

El segundo homenaje lo rindió a Marie Curie, en el Instituto Curie, rue d'Ulm, en el distrito quinto de París (5éme arrondissement), cerca de los Jardines de Luxemburgo. En este acto (en el que no hubo discurso, pero el cielo se abrió para dar paso a un breve aguacero), Hollande homenajeaba a la estudiante polaca inmigrante en Francia, a la mujer y madre de familia, a la investigadora de prestigio (Premio Nobel de Física en 1903, junto a Henri Becquerel y Pierre Curie; Premio Nobel de Química en solitario en 1911) y a la propia labor de investigación del Institut Curie para la curación del cáncer. El ayudante que sostenía un paraguas no consiguió evitar que el traje de François Hollande quedara nuevamente empapado, así como los cristales de sus gafas.

La jornada en París concluyó con la tradicional recepción en el Ayuntamiento de París (Hotel de Ville). En su discurso, desglosó una oda a Paris, casi un panegírico, centro de acontecimientos históricos (desde la Revolución de 1789 a los hechos de Mayo de 1968), la gran capital donde se genera el 10% del PIB de todo el país. Todo ciudadano francés tiene una unión especial con su propio pueblo o ciudad, y con París, que les pertenece a todos. Citó a Victor Hugo (todo el género humano tiene derechos sobre París) y reconoció de sí mismo que, habiendo nacido en Normandía, ha desarrollado una relación muy especial con el Departamento de Corrèze (en la región Limousin), pero se siente parisino de corazón y vida. Prometió que el Estado será socio leal para el desarrollo de los proyectos de futuro de la capital, como el Paris Metropole. Insistió en sus ideas centrales de transmitir a todos los ciudadanos un mensaje de confianza y de esperanza, y de velar especialmente por los Derechos del Hombre y por la juventud, otra de sus obsesiones.   

Esta misma tarde tenía una reunión (una cena) con la canciller alemana Angela Merkel, en Berlín. Se acabaron los fastos y las candilejas, y hay que ponerse a trabajar. Según la información oficial, se trata de una reunión protocolaria para establecer mutuo conocimiento, y no se esperan (todavía) decisiones importantes. Pero la Merkel no da puntada sin hilo. Habrá que ver lo que los noticieros publican mañana.

Para el jueves se prevé la primera reunión del Consejo de Ministros, para el viernes un encuentro bilateral con Barack Obama en Camp David, una cumbre del G8 para el sábado, y una cumbre de la OTAN en Chicago para el domingo y el lunes. Trabajo no le faltará.

François Hollande es ya oficialmente el séptimo Presidente de la Vª República (y el 24º Presidente de la República Francesa). Una tendencia política y un talante personal muy diferentes de los de Nicolas Sarkozy. En Francia (y en la Unión Europea) parece que se respiran aires nuevos.

Que tenga mucha suerte y acierto. Que falta nos hace.

JMBA

sábado, 12 de mayo de 2012

"Es el Negocio, estúpidos"

En 1992 se desarrolló una campaña electoral en Estados Unidos, que le dio un vuelco a las previsiones iniciales. George Bush (padre) partía como vencedor, gracias a lo que el público percibía como éxitos de su gestión (final de la Guerra Fría, la Guerra del Golfo Pérsico tras la invasión de Kuwait,...). Los asesores de Bill Clinton, que acabó convirtiéndose en Presidente, intentaron focalizar la campaña en algo diferente, en temas donde la posición de Bush era menos sólida. Aunque inicialmente fue una simple nota interna de recordatorio para los miembros de la campaña demócrata, la frase "the economy, stupid" se convirtió en un eslógan, que se ha reutilizado (mutatis mutandi) en muchas ocasiones posteriores, para diversos temas. Su sentido es fácil de entender: hay que centrarse en lo importante, lo trascendente, lo significativo, lo relevante. Y hay que evitar volar a merced del viento de las opiniones preponderantes o mayoritarias.
Una de las torres inclinadas de la Plaza de Castilla de
Madrid, con el logo de Bankia.
(Fuente: ultimahora)

En castizo podríamos decir que, a menudo, el árbol no nos deja ver el bosque.

En la crisis bancaria, o así, a la que parece que estamos asistiendo, se oyen muchas opiniones para todos los gustos. Desde las diatribas dialécticas extremistas contra los explotadores y los ricos de este mundo, hasta las acusaciones a los políticos que han manipulado a muchas instituciones según sus propios intereses (particulares o partidistas). Con muchos matices intermedios.

Pero encuentro a faltar un recordatorio, una llamada de atención, que ponga el énfasis en que lo realmente importante para los Bancos (y las Cajas de Ahorro) debería ser centrarse en su negocio, en el núcleo de su razón de existir. Un negocio (y un modelo) que muchas veces se ha abandonado o incluso traicionado, persiguiendo otros objetivos no siempre confesables. Es el Negocio, estúpidos. Cuando una entidad va mal, hay que analizar si su Negocio (el básico, el core) funciona correctamente o no. Si no funciona, malo, malo. Y también, si acaso, si han abandonado ese negocio central, persiguiendo quimeras financieras y codicias de corto plazo. En este caso, toca reprender a los gestores. 

Hablaré de los Bancos en general, pero creo que muchos de los temas y problemas son comunes con las Cajas de Ahorro (aunque hoy ya todas están prácticamente bancarizadas, salvo lo que quede, si queda algo, de su Obra Social).

Un Banco es una empresa. Como todas las empresas, su objetivo es vender bienes o servicios a otras empresas o a particulares, que pagan dinero por ellos. Hay empresas que fabrican automóviles, hay otras que nos suministran electricidad a los hogares o industrias, hay otras que nos preparan comidas (para ahorrarnos tiempo o para aumentar el placer), e incluso otras que nos dan servicios de asesoría de cualquier tipo, o que nos ofrecen transportarnos a otros lugares en tren, en avión o en barco. Para todas ellas su razón de ser son sus clientes: las personas o empresas que están dispuestas a pagar un cierto precio (habitualmente definido por un equilibrio de oferta y demanda, por unas condiciones de competencia de mercado o por una regulación gubernamental) a cambio de los bienes o servicios que esas empresas pueden proporcionar.

La singularidad de los Bancos es que lo que suministran es dinero. Y, curiosamente, dinero a cambio de dinero. Es decir, el dinero también tiene un precio, como el resto de recursos necesarios para llevar adelante cualquier actividad humana. Un precio que, por cierto, puede variar en función de muchos y variados factores.

Desde este punto de vista, los clientes de los Bancos son aquellos particulares y empresas a quien el Banco ha vendido dinero (a cambio de un cierto precio). A diferencia de otras operaciones de compra/venta, que se realizan puntualmente y se pagan en el acto (asumamos esta simplificación), la venta de dinero es una operación de largo plazo. Para quien vende un coche a un particular, la transacción termina en cuanto el cliente lo paga. A partir de ahí, a ese cliente intentará velarlo y atenderlo el Servicio Técnico, para asegurar un mantenimiento correcto que garantice su utilización en las mejores condiciones. Para que el cliente quede satisfecho de su compra. Pero para el fabricante, ese cliente deja de serlo en cuanto lo ha pagado, y sólo intentará mantener la relación con él, por la esperanza de que pueda volver a comprar un coche nuevo (de la misma marca) en el plazo de unos años.

La relación de un Banco con sus clientes es algo más compleja. Porque el dinero realmente no se vende, sino que se cede el derecho a utilizarlo durante un cierto tiempo, bajo unas condiciones estrictamente pactadas. Pero, al final, el cliente deberá devolver el dinero que el Banco le prestó, aparte de pagar el precio estipulado por su utilización. Hasta cierto punto, su modelo de negocio se parecería más al de una empresa de alquiler de automóviles que al propio fabricante.

En este tipo de transacciones hay que considerar, pues, un factor adicional, que es el riesgo. Al final del período el Banco debe recuperar el dinero cuya utilización cedió. Del mismo modo que quien alquila un autómovil durante unos días puede acabar estrellado en alguna cuneta, y el coche cedido convertido en pura chatarra con ningún valor, quien toma dinero prestado de un Banco puede acabar no devolviéndolo por muy diversas razones. El alquilador de automóviles intenta asegurarse ante estas eventualidades: una tarjeta de crédito donde cargar los gastos inesperados, un seguro que cubra los desperfectos, etc. etc. El objetivo de todo ello es que la única obsesión del alquilador de automóviles sea conseguir suficiente número de clientes para obtener un rendimiento correcto de su stock de coches. La única amenaza para su modelo de negocio es que los coches estén parados, sin ser utilizados por ningún cliente.

Cualquiera que ofrezca vender (o arrendar) un bien o un servicio, tiene que disponer previamente de él. Por eso los alquiladores de automóvil se preocupan de realizar compras de lotes de coches a los fabricantes, en las mejores condiciones que puedan conseguir. Además, deben preocuparse de que los coches estén físicamente en el lugar donde hay clientes dispuestos a pagar por su utilización durante un cierto período.

Para los Bancos este problema es menor, ya que no tienen ninguna dificultad logística. El dinero puede fluir de modo instantáneo allí donde se le requiera. No hay que transportarlo, ni disponer físicamente de él allí donde hay un cliente dispuesto a pagar por utilizarlo durante un tiempo. En este sentido lo tienen más fácil para organizarse.

Un Banco, pues, para desarrollar su negocio debe disponer de un stock de dinero, de capital. Para disponer de él tiene muchos métodos. Recordaba ayer a esos bancos familiares primigenios, que ilustran el modelo básico. Si yo (o mi familia) tenemos dinero, a través de ese Banco puedo encontrar clientes que estén dispuestos a pagar un cierto precio por utilizarlo durante un tiempo. Es decir, le puedo sacar rentabilidad a ese capital para el que mi familia no tiene otro uso. Si consigo más clientes de los que puedo satisfacer con el dinero que tengo, puedo recurrir a impositores: terceros (particulares o empresas) dispuestos a prestar su dinero al Banco durante un tiempo, a cambio de una cierta remuneración pactada. El modelo del Banco está a salvo si la diferencia entre la remuneración que le pagan por el uso del dinero y el que debe pagar por el uso del dinero de terceros es suficiente para pagar los costes de funcionamiento del propio Banco.
El negocio básico de los Bancos se parece al de los
alquiladores de automóviles: ceden por un tiempo la
utilización de un recurso (el dinero) a cambio de una
remuneración pactada, y la devolución del recurso.
(Fuente: sixt)

Por cierto, esta actividad de intermediario entre los que tienen dinero y los que lo necesitan temporalmente alumbra una oportunidad adicional de negocio para los Bancos. Pueden actuar también de intermediarios entre sus propios clientes y aquellos otros particulares o empresas con quienes su cliente mantiene relaciones económicas de cualquier tipo. Nace así el concepto de Cuenta Corriente, esa especie de cartera electrónica que nos descarga de la necesidad de movernos permanentemente con el fajo de billetes en el bolsillo. Nos ingresan dinero a esa CC las empresas para quienes trabajamos, o los clientes a quienes hemos vendido algún bien o servicio, y del dinero en esa CC pagamos las facturas de la electricidad o de los proveedores en general, a quienes hemos comprado algún bien o servicio. Aunque los Bancos pueden cobrar alguna comisión por este servicio, es habitual que no le cueste nada al impositor, a cambio de que el Banco dispone de ese dinero prácticamente sin tenerlo que remunerar. Si el número de impositores es suficientemente elevado, el Banco puede contar con que la probabilidad de que todos ellos quieran retirar su dinero el mismo día es remota; por ello, podrán contar con una parte de ese dinero como capital estable del que disponer para aumentar su negocio natural.

Siempre, claro, que la gestión del riesgo sea correcta. Es decir, que sus clientes le devuelvan sin falta el dinero utilizado, al final del período acordado. Y que le paguen por su utilización el precio acordado.

Si fuera posible asegurar un funcionamiento con riesgo cero, en el límite un Banco podría funcionar sin capital propio. Sin embargo, y dado que estas condiciones ideales son imposibles de asegurar, las autoridades (la Administración, los Gobiernos) imponen algunas condiciones a las empresas que quieren poder funcionar públicamente como Bancos. En particular, les exigen disponer de una cierta cantidad de capital propio. Y, además, a cambio de cumplir esas exigencias, protegen a los impositores con el margen de confianza que da saber que la entidad está cubierta por la Administración.

Para atender a estas necesidades de capital, el Banco puede decidir emitir acciones, es decir, permitir a terceros que participen del capital del Banco, y que puedan ser remunerados (por ejemplo, mediante dividendos) en función de los beneficios que consiga la entidad por llevar a cabo su actividad. O puede emitir otros instrumentos financieros (bonos, pagarés,...) con un rendimiento pactado a cambio de poder utilizar ese dinero durante un período de tiempo. Todos estos instrumentos financieros tienen su propio nivel de riesgo, que debe ser conocido por el inversor antes de tomar su decisión. El valor de las acciones dependerá de la marcha de la entidad; percibir dividendos (y su cuantía) dependerá de la capacidad de la entidad en generar beneficio; y la remuneración (o incluso la devolución del capital) de otro tipo de instrumentos puede verse comprometida bajo determinadas circunstancias.

Si la entidad goza de confianza, podrá también financiarse a partir de los mercados de capital, mediante préstamos o créditos de muy diversas características y condiciones. Los mercados de capitales, en general, basarán sus estrategias en una cierta ecuación entre la rentabilidad y el nivel de riesgo (real y/o percibido). A un riesgo nulo le corresponderá una rentabilidad modesta y al revés. Por eso nos está costando tan cara la Deuda Pública en estos tiempos, por una percepción de los mercados de un elevado riesgo para España. La famosa prima de riesgo.

Conviene aquí no perder de vista el modelo básico (es el Negocio, estúpido). Un Banco necesita disponer de capital (lo más barato posible) para poderlo prestar (lo más caro que le permitan la competencia y las condiciones del mercado). Y la buena gobernanza de una entidad de ese tipo debe basarse en la correcta gestión (y cobertura) del riesgo.

Con este modelo básico en la cabeza, no hay ninguna necesidad objetiva de que los Bancos sean muy grandes para poder sobrevivir.

Pero el funcionamiento de los Bancos reales se ha ido convirtiendo en mucho más complejo y sofisticado. Por ejemplo, para limitar el riesgo, puede decidir hacerse con capital de terceros a cambio de venderles las deudas (por ejemplo, una parte de los préstamos que ha concedido a terceros -particulares o empresas-). El comprador paga un dinero a cambio de hacerse con el derecho de recibir de los deudores la remuneración pactada con el Banco, y el propio capital prestado al final del período correspondiente. Y también compra el riesgo (y por tanto libera al Banco de él) que esas deudas puedan tener. Empieza con estos movimientos lo que se llaman los derivados (o productos financieros derivados).

La extensión ad infinitum de esta práctica, incluyendo deudas de baja calidad (de elevado riesgo), es lo que provocó el inicio de esta crisis financiera mundial, las llamadas hipotecas subprime. Deslumbrados por una abundancia obsesiva de capital, de crédito (desbrozar su origen sería objeto de otra conversación), muchos particulares aceptaron dinero prestado, aunque tuvieran escasas posibilidades de poder cumplir las condiciones pactadas para su devolución. Pero las entidades estimaron que, existiendo una garantía inmobiliaria (una vivienda, un local, un solar,...) cuyo valor pensaban (genuina o espúreamente) que no cesaría de aumentar en los años y décadas siguientes, el riesgo era muy limitado y asumible.
No ha pasado ni un año desde esta imagen de la salida a Bolsa de Bankia.
(Fuente: tusdepositos)

Ese efecto se vio multiplicado y amplificado por las pingües remuneraciones que se ofrecían a los empleados (brokers, directivos) que consiguieran vender esos paquetes de deuda a terceros (al margen de su calidad intrínseca, o precisamente debido a su baja calidad real).

El efecto de este tipo de prácticas es el de la Bola de Nieve. Cada vez se va haciendo más grande y se desliza a mayor velocidad. Pero no existe ninguna pendiente en ninguna montaña del mundo que sea infinita. En algún momento se llega al llano, y la Bola se espachurra y deja a la vista que no todo es nieve en su interior: ha arrastrado piedras, guijarros, arena, porquería en su recorrido.

Metidos ya en movimientos de este tipo (la segunda o tercera derivada de la actividad bancaria), sí resulta imprescindible tener un gran tamaño para poder sobrevivir. Porque la economía está muy globalizada, y las sinergias que proporciona ser una entidad muy grande son las que permiten acceder a los capitales más baratos y prestarlos donde se esté dispuesto a la remuneración más alta. Sólo una entidad que sea visible desde la economía global puede sobrevivir en esas aguas turbulentas. Pero con ese aumento de tamaño, algunas entidades se convierten en sistémicas, es decir, que su quiebra o desaparición podría hacer tambalear a todo el sistema financiero; por ello las autoridades se ven obligadas a protegerlas, para evitar que eso pueda llegar a suceder. Una entidad como Bankia, por ejemplo, gestiona del orden de un cuarto de billón de euros en recursos, tiene hasta 400.000 accionistas minoritarios y 10.000.000 de clientes. Realmente, no sabemos cuántos de esos diez millones son clientes de verdad, es decir, que tienen deudas con Bankia, y cuántos son simplemente impositores, cuentacorrentistas o depositantes.

Llevamos ya varios años en España sumergidos en una permanente reforma financiera. Existe una auténtica obsesión por conseguir entidades de mayor tamaño, y por lo tanto, que sean más visibles en los mercados internacionales y que tengan mejores capacidades de supervivencia o incluso de excelencia. Se viene persiguiendo que esa Bola de Nieve sea cuanto más grande, mejor. Pero da la sensación de que se ha obviado bastante la validación sobre lo que la Bola encierra en su interior. Si la Bola parece de Nieve, pues será Nieve lo que hay en su interior, y todos felices.

Las instituciones internacionales han venido realizando múltiples pruebas de solidez (los llamados stress tests) a todas las entidades financieras. El Gobierno nos decía que las instituciones financieras españolas eran de las más sólidas y solventes del mundo. Estábamos en la Champions League de la Economía, y la mayoría de nuestras entidades, en general, superaban con nota ese tipo de pruebas. Y eso probablemente fuera cierto. Pero las laderas de nuestra montaña tienen más piedras y arena que otras vecinas. La implicación de muchas de nuestras entidades con la locura del ladrillo, los enormes préstamos concedidos (con sensación de riesgo nulo) a promotores inmobiliarios, constructoras y particulares van quedando a la vista cuando la Bola de Nieve se espachurra. La hipótesis (de un cierto modelo de negocio desquiciado, o incluso de las propias pruebas de esfuerzo) resultó falsa, y muchos de esos solares, promociones , viviendas, locales o plazas de garage no solamente tienen un valor muy inferior al que se había pensado, sino que además son activos mucho menos líquidos de lo que se asumió: nadie quiere comprarlos. Posiblemente algunos estén esperando a que sus precios se desmoronen definitivamente, para conseguir auténticas gangas.

Con esto llegamos a los llamados Activos Tóxicos. Propiedades que han pasado a poder de los Bancos, al no poder hacer frente a los préstamos sus anteriores dueños (que han sido incapaces de venderlos, o incluso de terminar su construcción). Y que han ingresado como activos de la entidad a los precios a los que se tasaron, pero que, hoy por hoy, son absolutamente irreales. Posiblemente un piso terminado pueda acabar vendiéndose (a algún precio). Pero las promociones a medio hacer o los solares, posiblemente tienen un valor prácticamente nulo hoy en día.

De ahí vienen los principales problemas que están arrastrando nuestras entidades financieras. Las más grandes tienen una actividad más diversificada (incluso en otros países del mundo) y el impacto del ladrillo nacional es menor sobre sus cuentas de resultados y sobre su solvencia general. Pero el caso de Bankia es ejemplar: tanto Caja Madrid como Bancaja eran posiblemente las dos entidades con una exposición mayor a los préstamos inmobiliarios; y el resto de cajas más pequeñas que también formaron parte de la fusión aportan sus granitos de arena en la misma dirección. La Bola de Nieve se hizo mucho más grande, pero dentro hay mucha piedra y arena. Y eso sin incluir en la imagen las múltiples (y nefastas) decisiones financieras que los políticos les obligaron a aceptar. Cuando los que deciden no son los profesionales, siempre hay mucho riesgo. Manejar (como han hecho muchos políticos) las Cajas de Ahorro como si fuera la bota de San Farriol (esa que nunca tenía fondo) es, simplemente, una iniquidad. Que debería acabar en la cárcel.


Imagen clásica de una maravillosa promoción inmobiliaria.
El Ladrillo Nacional
(Fuente: empresaslider)


¡Qué pena que el maestro Berlanga haya muerto, porque podría hacernos sonreír con un nuevo episodio de su trilogía: El Ladrillo Nacional!.

Ahora, una vez más, todos quieren realizar catas de las Bolas de Nieve, para determinar la proporción de piedra y arena que contienen. La Unión Europea insiste en realizar evaluaciones independientes de la exposición al ladrillo, y verificar la calidad del capital que las entidades dicen poseer. Y el Gobierno no para de exigirles mayores reservas de capital como cobertura de esos descomunales riesgos (o ya mejor, realidades).

Como es habitual en todas las empresas, las tragedias económicas de las empresas las provocan los clientes, cuando estos dejan de comprar, no pueden seguir haciéndolo, buscan a otros proveedores alternativos, o la empresa se vuelve incapaz de suministrarles lo que buscan. Si una entidad no da crédito, se aleja de su modelo de negocio básico, y se huele la sangre. Acosada por su inacabable reserva de activos tóxicos, exagera la evaluación de riesgo de cualquier préstamo nuevo. Y si la propia demanda de crédito decrece, porque los clientes (todos nosotros) somos cada día más pobres, están servidos los ingredientes de la función.


El resto de actores de esta tragicomedia (impositores, accionistas,...) son sufridores en casa, que temen ver mermadas sus participaciones en el capital de Bankia. Por supuesto, el contrato con los impositores es claro, y para nada peligran sus ahorros. El caso de los accionistas (y para el caso, obligacionistas, bonistas, o lo que sea) es otro. Sabían que estaban realizando una inversión no carente de riesgo, y ahora tendrán que hacer frente a él.

En estas circunstancias es cuando sería muy conveniente ese movimiento que, en condiciones de crisis, se acostumbra a llamar Back to Basics. Es decir, la vuelta a la cordura de lo que es el negocio bancario en su origen: disponer de dinero cuya utilización por un período de tiempo se pueda ceder a terceros, que estén dispuestos a pagar por ello una remuneración conveniente.

No estoy de acuerdo con los que dicen que las entidades financieras fueron los causantes de la crisis. Para que la crisis haya llegado a tener las dimensiones trágicas que ha alcanzado, fue necesario que muchos ciudadanos y muchas empresas, engañados o autoengañados, aceptaran dinero prestado más allá de sus posibilidades razonables de devolverlo. Pero sí son las entidades las que más beneficio sacaron de ello, con su actitud temeraria y confiada, con su actitud cortoplacista y miope cuando se estaban negociando hipotecas a 40 años (con clientes de 45). Sólo se puede engañar al que se deja. Lo que ocurre es que sí ha habido una ruptura de la confianza que muchos ciudadanos podían tener en sus entidades bancarias. Desde su relativo desconocimiento, confiaron en lo que les proponían los que tenían por profesionales de las finanzas. Las entidades (y sus empleados, incentivados para ello) abusaron de la confianza cuando actuaron guiados por sus intereses en el corto plazo, y escondieron deliberadamente los aspectos más relevantes de riesgo de lo que estaban proponiendo a sus clientes. Abusaron de la confianza cuando proponían préstamos hipotecarios por el 120% del valor tasado de una vivienda a quien difícilmente podría hacer frente a ellos, en el largo plazo. Abusaron de la confianza al proponer a jubilados o a iletrados financieros la compra de participaciones de algunas Cajas, escondiendo el hecho de que eran inversiones de alto riesgo y sin posibilidad real de recuperar a voluntad el dinero invertido.

Quizá no hubo violación, pero sí son culpables de estupro; delito por el que habría que juzgarles.

Ha llegado el momento del acto de contrición, del Back to Basics (vuelta a lo básico), de volver al perímetro de las actividades definidas muy claramente en su modelo primigenio, y abandonar ese tipo de actividades de alto riesgo, para el que, manifiestamente, no estaban preparadas. Ni ellas ni sus clientes habituales. Quizá haya que fragmentar algunas entidades, para disgregar sus diferentes actividades. Recuperar los bancos minoristas (que atiendan las necesidades de sus clientes particulares), separados de los Bancos de Finanzas (para usuarios más avanzados) o de las Sociedades Hipotecarias, que lidien con los temas inmobiliarios y los larguísimos plazos.


O separamos las manzanas podridas, o toda la cesta se pudrirá.

Es el Negocio, estúpidos.

JMBA