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domingo, 11 de septiembre de 2011

Editores Fotográficos (GIMP) y datos Exif

Cuando ya nos hayamos convencido de que el salto a la fotografía digital nos ha cambiado los problemas, que hemos abandonado los antiguos, a cambio de abrazar los nuevos, estaremos abocados a la necesidad de utilizar algunas funciones de las que habitualmente se encuentran en los programas o aplicaciones (software) llamados Editores Fotográficos o Editores Gráficos.
Cuando seleccionamos un fichero fotográfico (*.JPG) en Windows XP,
en un segundo (más o menos), vemos una ventanita con datos adicionales
que están incrustados en el fichero. Son los datos Exif.

Pero, ¿qué funciones necesitamos utilizar de un editor fotográfico?. Para empezar, manejar y cambiar la resolución (tamaño) de la fotografía. Por defecto, nos conviene siempre obtener las fotos en la cámara con la máxima resolución que esta nos pueda dar. Esto nos va a permitir poder imprimirla sobre papel, incluso en formatos relativamente ampliados, con la máxima calidad.

Con fotografías a 8, 10, 12, 14 ó 18 megapixels, acabamos obteniendo ficheros de un tamaño enorme (3, 5, 8 o más megabytes). Prácticamente no los podemos mover. Intentar incluirlos como adjuntos en un correo electrónico, habitualmente nos lleva a superar los límites de tamaño establecidos por los diversos servidores.

Si las subimos a algún servidor de la red de los que permiten compartir álbumes (galerías o colecciones) de fotografías con otros usuarios (familia, amigos, conocidos, público en general), la operación de subirlas nos costará (en tiempo) lo que corresponda a su número de megabytes. Y no olvidemos que si disponemos de un ADSL, la A significa asimétrico, es decir, la velocidad de subida de datos es mucho menor que la de bajada. Fácilmente subir 10 fotos de 5MB cada una nos puede acabar costando una hora, o incluso más.
Podemos ampliar los datos Exif que vemos, en XP, dando al botón derecho
del ratón, y escogiendo Propiedades, luego pestaña Resumen y Opciones avanzadas

Y la sorpresa es que las fotos almacenadas efectivamente en ese servidor, las que podemos bajarnos nosotros mismos o nuestros conocidos, tienen ya una resolución mucho menor, la adecuada para una perfecta visualización en la pantalla del ordenador. En general, estarán almacenadas con una resolución de 1024x768, que es la resolución que más habitualmente estamos utilizando en nuestros ordenadores. Estos servicios (Picasa, Flickr,...), por lo tanto, son extremadamente útiles para que otras personas puedan ver nuestras fotos en sus pantallas de ordenador. Pero no podemos confiar en que se las puedan bajar y sacar una copia en papel de buena calidad.

La única solución que yo conozco para compartir realmente fotografías con la alta resolución de las originales es utilizar alguno de los servicios de compartición de ficheros que existen, como Dropbox, por ejemplo. Su manejo es menos intuitivo que los servicios de compartición de fotografías, pero los ficheros se guardan y se pueden bajar exactamente en las mismas condiciones de resolución (y tamaño) de los originales.

Si queremos subir a alguno de esos servicios, pues, una colección de 50, 100 ó 200 fotografías, parece absurdo consumir tiempo de subida para nada. Quizá nos convenga tener una versión de nuestros mejores originales (los que queramos efectivamente compartir) en la resolución de la pantalla del ordenador. Para poder mover los tamaños justos y necesarios a este objetivo. Si reducimos la resolución original a, por ejemplo, 1024x768 píxeles (puntos), cada fichero nos ocupará entre 300 y 500 KB. Si sacrificamos calidad, podemos incluso llegar a una décima parte de ese tamaño. Podemos incluso pensar en enviar una colección de una docena (o más) de fotografías con esta resolución en un solo correo electrónico.

Reducir la resolución, escalar la imagen, como habitualmente se conoce en el argot, es una de las funciones básicas de un editor fotográfico.

Al margen de las composiciones artísticas que cada cual quiera hacer, y centrándonos en lo más básico, es habitual que alguna de las fotografías pueda mejorar sensiblemente sólo con ajustar un poco el Brillo y/o el Contraste. Las fotografías tomadas con poca luz, o con bastante zoom, a menudo pueden mejorar significativamente aumentando ligeramente el contraste, o dándoles un poquito más de luz (brillo).

Si queremos subirlas a algún servidor a disposición pública, y queremos que cualquiera que las reutilice mantenga nuestro nombre como autor (aunque sólo sea un refuerzo de nuestro ego de fotógrafo aficionado, y no nos suponga ingreso alguno), deberemos poner nuestro nombre, o un texto de autoría en alguna parte de la foto. Eso es añadir una capa de texto a la imagen, que es otra de las funciones básicas que realiza cualquier editor fotográfico.
En Picasa, por ejemplo, al visualizar una fotografía, vemos, a la derecha
(zona marcada) los datos Exif más importantes.

Conviene ahora que tengamos en cuenta otro tema que puede ser muy importante. La mayoría de cámaras graban las imágenes en formato JPEG (sufijo .JPG) que es un formato comprimido y normalizado para almacenar imágenes. Pero en ese fichero, además de la imagen, se almacenan otros datos (o metadatos), siguiendo la normativa Exif (EXchangeable Image File format). Las especificaciones Exif fueron elaboradas y emitidas por la JEITA (Japan Electronic and Information Technology Industries Association). Su última revisión (la versión 2.2) data de 2002, y el documento de especificaciones ocupa casi 150 páginas.

Estos datos adicionales grabados (incrustados) en el fichero de imagen, pueden variar entre unas cámaras y otras. De entre los muchísimos datos, destaquemos que se guarda habitualmente una miniatura de la imagen (thumbnail - uña de pulgar) - lo que facilita enormemente su visualización en una tira de miniaturas. Además, se almacenan datos de la cámara (marca y modelo) utilizada, así como sus principales parámetros de configuración (velocidad de obturación, longitud focal, diafragma, utilización de flash, fecha y hora de la toma, etc. etc.). Algunas cámaras altas de gama permiten también personalizar al autor de la fotografía, y que su nombre forme parte de estos metadatos incrustados en el fichero de la imagen. También es posible guardar las coordenadas GPS del lugar donde se tomó la fotografía, así como la altitud sobre el nivel del mar. Claro que para algunos de estos datos hace falta que la cámara disponga (en estándar, o mediante un accesorio adicional) del dispositivo capaz de generar esa información, lo que, habitualmente, no es el caso.

Para los fotógrafos profesionales que utilizan a diario cámaras de alta gama, las posibilidades son mayores. Pero la más elemental camarita digital compacta graba bastantes de estos datos.

Desde el propio Sistema Operativo del PC podemos ver algunos de ellos. Por ejemplo, en Windows XP, si ponemos el cursor sobre el nombre de un fichero de tipo imagen (.JPG, por ejemplo), en (más o menos) un segundo veremos una ventanita de información con algunos datos básicos (tipo de cámara, fecha de la toma). Si seleccionamos el fichero, pulsamos el botón derecho del ratón y seleccionamos Propiedades, y luego la pestaña Resumen y Opciones avanzadas, podremos ver una ventana con una colección mayor de estos metadatos, genéricamente llamados datos Exif.
Siguiendo con Picasa, esto es lo que visualizamos si pedimos
página con información detallada

Para las fotos que hayamos subido a algún servicio de compartición de fotografías, también podemos (y pueden todos los demás que hayamos autorizado a visualizarlas) ver el valor de estos datos para nuestras imágenes. Por ejemplo, en Picasa veremos por defecto unos cuantos de estos datos (la cámara utilizada, la fecha de la toma y algunos datos técnicos de la fotografía). Incluso podemos ver las coordenadas GPS donde se tomó la foto, pero habitualmente sólo si las hemos geoposicionado a mano en el mapa, después de subirlas, que es una opción que todos los servicios ofrecen. Pero si escogemos página con información detallada (en azul, bajo los datos básicos), se abre una página nueva donde podremos ver todos los metadatos del fichero de imagen.

No existe una tabla fija para estos datos, ya que las especificaciones Exif son muy flexibles y sofisticadas. Definen la forma de incluir datos Exif, mediante la definición de punteros, tamaños y etiquetas. Por ello, el tamaño que ocupen estos datos en un fichero de imagen puede ser muy variable de una cámara a otra, y en especial, entre las cámaras compactas y las más profesionales.

Esta sofisticación en la forma de almacenar los datos Exif hace que su estructura se pueda corromper por una manipulación inadecuada que haya realizado algún software. En particular, con las opciones avanzadas de la pestaña Resumen de Propiedades, en Windows XP, tenemos opción de añadir manualmente algunos datos a esta estructura (tales como autor, comentarios de la toma, etc.). Si lo hacemos, la estructura de datos original habrá sufrido algún tipo de corrupción. Podremos recuperar los datos que hayamos introducido en XP desde el propio XP, pero es muy probable que otro programa no sepa interpretarlos correctamente, y dé errores en alguno de ellos.

Existe un programa muy simple, desarrollado por un aficionado a la fotografía, llamado PhotoMe, de libre descarga y utilización, que permite visualizar todos los datos Exif de un fichero de imagen (.JPG por ejemplo), e incluso modificar alguno. Puede ser una buena ilustración de lo que os estoy intentando contar.

Hay una consideración importante a realizar en lo que se refiere a estos datos Exif. Algunos pueden ser muy útiles para nosotros mismos. Por ejemplo, el modelo de cámara utilizado (quizá tengamos varias, y seguramente habremos tenido varias a lo largo del tiempo), o que se mantenga invariable la fecha y hora de toma de la imagen, al margen de las manipulaciones que hagamos con el fichero que contiene la imagen. Otros datos pueden resultar muy útiles (para nosotros mismos o para otros) a fin de ver con qué configuración se realizó una fotografía que resultó excelente -para reutilizarla-, o incluso una que salió mal -para evitarla-.

Pero debemos tener en cuenta que hay algunos editores fotográficos muy básicos que no respetan estos datos Exif. Por ejemplo, uno que es básico y muy sencillo de utilizar (fotografix), al menos en la versión que yo he utilizado (1.5) no respeta los datos Exif. Al modificar una foto con este editor y grabarla como .JPG, perdemos los datos Exif originales. Lo cual puede resultar o irrelevante o dramático, pero conviene conocerlo de antemano, para evitar sorpresas.

En cualquier caso, antes de empezar a editar ninguna fotografía, debemos tener claro que tenemos que conservar los ficheros con las fotografías originales de la cámara. Es la garantía de poder recuperar la máxima resolución, y todos los datos Exif tal y como los generó nuestra cámara en el momento de la toma. Podemos crear ficheros con las fotos manipuladas -editadas- con el mismo nombre, pero en un directorio distinto. Nunca deberíamos machacar un original con su versión editada.

Y ahora viene la gran elección: ¿qué editor fotográfico utilizar?. Si buscamos en Google, o en alguna de las webs que distribuyen software (softonic u otras), por Editores gráficos o Editores fotográficos podemos obtener una lista con cientos de ellos. El más conocido, por supuesto, es el Adobe Photoshop, que es el Rolls Royce de los  editores fotográficos. Pero su complejidad, sofisticación y coste, lo convierten en una herramienta casi exclusiva para profesionales. Hablando una vez por la radio del Photoshop aplicado habitualmente a las fotografías de famosos (o especialmente famosas) publicadas en las revistas, llamó un oyente que comentó que para Photoshop, las fotos de los Platos Combinados de las cafeterías, que no se parecen en nada a la triste realidad que acaba en nuestra mesa.

Adobe tenía una versión doméstica, llamada Adobe Photodeluxe Home Edition, que yo utilicé durante algunos años. Pero estaba preparada para Windows 98, y, a pesar de que funcionaba con las primeras versiones de XP, a partir de la implantación de alguno de sus Service Packs, ya dejó de funcionar. Su heredero, en la oferta de Adobe, es el llamado Photoshop Elements, de precio reducido y que nos lo podemos encontrar como software incluido al comprar un ordenador nuevo.

Sin embargo, mi recomendación para el uso doméstico de que estamos hablando, es GIMP (GNU Image Manipulation Program). Se trata de un proyecto de código abierto y su utilización es libre, bajo la licencia de software libre GNU. Es muy completo (lo que, posiblemente, acabe siendo su principal inconveniente) y su utilización para realizar operaciones básicas, tras un pequeño aprendizaje, es relativamente intuitivo. Actualmente está disponible para su libre descarga la versión estable 2.6.11.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que la edición fotográfica no es una tarea trivial, y conviene entender su principio, que es la utilización de capas. Así, al abrir una fotografía original, esa imagen será la primera capa. Pero si añadimos un texto a la fotografía, por ejemplo, este ocupará una segunda capa. Podemos guardar la imagen en el formato nativo de GIMP (.xcf) que es un formato editable, pero que no podemos utilizar directamente para subirlo a ningún servidor de compartición, ni, en general, puede ser leído por otro software diferente de GIMP. Ese formato nos puede servir, simplemente, para mantener la estructura de capas que hayamos creado, y poder modificar posteriormente una de ellas (cambiar un texto, por ejemplo).

Por el contrario, los formatos habituales de imagen (.JPG en particular) son formatos planos, de una sola capa. Si hemos abierto una imagen, y le hemos añadido un texto (por ejemplo, nuestro nombre en una esquina), al pedir a GIMP guardar como, tenemos que asegurarnos que estemos guardando un fichero .JPG, y GIMP nos advertirá que hay que exportar los datos para aplanar el fichero. Esto significa que en la imagen resultante (en formato JPG), el texto introducido formará ya parte de la propia imagen, y no será editable, ya no podremos cambiarlo. Si hemos cometido un error, deberemos recuperar la imagen original y repetir el proceso, con el texto correcto.

El hecho de ser un proyecto de código abierto facilita el que otros desarrolladores puedan producir complementos o plugins para realizar determinadas operaciones, no incluidas en la distribución estándar. Algunos de ellos es posible que se acaben integrando en alguna versión posterior, si son realmente útiles para la mayoría de usuarios. Por lo que sé, aunque no lo he probado hasta hoy, existe un complemento para realizar un tratamiento por lotes, para modificar algunas características que puedan ser automatizables. Por ejemplo, si queremos solamente reducir la resolución a 1024x768 pixeles de un paquete de 200 fotografías, la alternativa a realizar esa repetitiva operación foto a foto, manualmente, sería descargar, instalar y utilizar ese complemento.

Por terminar este artículo con algunas informaciones prácticas, voy a detallar las operaciones necesarias (utilizando GIMP) para reducir la resolución de una fotografía a una manejable (1024x768), modificar algo el brillo y/o contraste, añadir una marca de autoría (un texto con nuestro nombre, por ejemplo), y guardar la nueva imagen en un directorio diferente del original.

Al lanzar GIMP (tras un cierto tiempo, medio minuto por ejemplo), obtendremos una visualización con dos ventanas: a la izquierda la ventana de Caja de Herramientas, y a la derecha una ventana vacía (porque todavía no hemos cargado ninguna imagen).


Ahora tenemos que cargar la imagen que queremos editar. En la ventana de la derecha, seleccionaremos Archivo y luego Abrir, iremos al directorio donde tenemos la fotografía, la seleccionaremos y daremos Abrir. Nos aparece la fotografía original en la ventana (sin ascensores verticales ni horizontales).


En la banda azul superior de la ventana vemos (en este caso de ejemplo) 3264x2448 (que se corresponde con las cifras de las regletas vertical y horizontal que rodean a la imagen de la fotografía). Esto variará dependiendo de la resolución original de la fotografía. En este caso, la fotografía se ha tomado a la máxima resolución de una Canon IXUS 950is, que son 8 megapixels, y en la ventana vemos la fotografía completa.

Para reducir la resolución vamos a seleccionar Imagen y luego Escalar la imagen, y se abrirá una tercera ventana con la información requerida.


En ella vemos el tamaño actual de la imagen (en anchura y altura; medida en píxeles o puntos) y la resolución en los dos ejes, que es la misma, y no nos conviene modificar, de 72 píxeles por pulgada. Los valores de altura y anchura están unidos por una cadena, que no queremos romper. Esto significa que la proporción de la fotografía es de 4:3 (como la mayoría de fotografías digitales, a diferencia de las de carrete, que tenían habitualmente una proporción de 3:2). Si rompiéramos esa cadena, provocaríamos una deformación de la imagen, que no queremos.

Escogemos 1024 para la anchura y, si le damos a tabulación, directamente nos aparecerá 768 en la altura, manteniendo, pues, la proporción inicial.


Le damos ahora al botón Escala, y se ejecuta el cambio de resolución (de tamaño). La nueva visualización que obtenemos es la de la siguiente imagen.


Para que le cupiera la foto original entera en la ventana de visualización, el sistema tuvo que aplicar una reducción al 18% del tamaño original, que ahora mantiene para el nuevo tamaño, por lo que vemos la imagen mucho más pequeña.

Para seguir trabajando, nos conviene recuperar una visualización más práctica. Para ello seleccionaremos Ver y luego Ampliación (18%), con lo que nos aparecerá una ventana con las diversas posibilidades. Para seguir trabajando cómodamente, recomiendo escoger la visualización 1:1 (100%).


En la nueva visualización, si hemos escogido el 100%, la foto no cabe entera en la ventana, por lo que veremos unos ascensores vertical y horizontal, para desplazarnos por la imagen.


La foto de esta plaza en sombra ha quedado demasiado oscura. Deberíamos aumentar algo el brillo para mejorar la imagen. Para ello escogemos Colores y luego Brillo y Contraste. Se nos abrirá una ventana con unos deslizadores para brillo y contraste de la imagen, que deberemos ajustar a nuestro gusto.


Cuando veamos la imagen tal y como queremos (dentro de las limitaciones de la fotografía original, claro), pulsaremos el botón Aceptar, y la imagen quedará modificada.

Ahora vamos a introducir en la imagen un texto con nuestro nombre, como marca de autoría. Para ello, deberemos seleccionar en la Caja de Herramientas, la herramienta de texto (la marcada con una A). En la parte inferior de la ventana de la Caja de Herramientas se nos muestran las opciones de la herramienta de texto. Ante todo, deberíamos escoger la fuente de caracteres que queremos utilizar (aunque luego podríamos cambiarla). Por defecto, el texto se escribirá en color negro.

Con la herramienta texto activada, pinchamos en el lugar de la imagen donde queremos añadir el texto. Se nos abre una ventana, donde escribimos el texto que queremos incluir. Simultáneamente, se escribe sobre la imagen, en el lugar seleccionado.


Podemos desplazar la caja del texto introducido (sobre la propia imagen), hasta el lugar exacto que queremos que ocupe. Como la zona escogida es más bien oscura, será mejor que el texto se escriba en color blanco. Desaconsejo el uso de otros colores, porque acaba siendo un pasteleo desagradable.

Para ello pinchamos en el campo de Color de la parte inferior de la Caja de Herramientas, y nos aparece una paleta de selección del color del texto.


En este caso, bastará escoger el color blanco (que he marcado aquí con un círculo) y dar a Aceptar. Tendremos ya la imagen editada con su forma definitiva.


Ahora queremos guardar un fichero con la imagen modificada. Como no queremos machacar la imagen original, escogeremos Archivo y luego Guardar como. Se nos abre una ventana de diálogo para escoger dónde queremos guardar el nuevo fichero, y con qué nombre.


Por defecto, el sistema nos propone el mismo nombre de la imagen original. Tenemos que asegurarnos de que el formato es el correcto que queremos (normalmente JPG), lo que se escoge en la parte inferior de la ventana. Tenemos que asegurarnos de que el directorio donde lo vamos a guardar es el que queremos. Por defecto, el sistema nos propone el mismo directorio que la imagen original. Mi recomendación es crear una carpeta bajo el directorio donde están las imágenes originales, y así podremos guardarla con el mismo nombre, lo que nos facilitará las manipulaciones posteriores.

Cuando todos los datos sean correctos (vale la pena asegurarse un par de veces), pulsaremos el botón Guardar de la parte inferior, y el nuevo fichero con la imagen modificada ya estará almacenado donde le hayamos dicho, y habremos terminado la operación. Antes tendremos que haberle confirmado al sistema que queremos Exportar la imagen (aplanar el fichero, porque ahora tenemos dos capas, la imagen y el texto añadido), y el nivel de calidad con la que la queremos guardar. Por defecto nos propondrá un 85% que es bastante correcto. A mayor porcentaje, más tamaño del fichero resultante, y al revés.

Con un poco de práctica, toda la operación se puede realizar en menos de un minuto.


Creo que es conveniente comprender todos estos mecanismos (la resolución, el tamaño, los datos Exif, la edición por capas...). Pero, para la gestión simple como hemos visto aquí, el trabajo se nos puede simplificar bastante utilizando algún software integrado y distribuido (como el Picasa 3.8, por ejemplo), que permiten subir fotos a una resolución menor de la original, e incluir una marca de agua (donde podemos poner nuestro nombre, nuestra página web, la dirección de nuestro blog personal...). De todas formas, antes de utilizar la calculadora, es bueno aprender a sumar, restar, multiplicar y dividir, o nunca entenderemos lo que estamos haciendo. 

Espero que todas estas explicaciones os puedan resultar de utilidad, y os ahorren buena parte del tiempo que yo he invertido en aprenderlo.

JMBA

viernes, 9 de septiembre de 2011

Avilés (Centro Niemeyer) y el Faro de Peñas

Tras el paseo matinal por Gijón, ese último sábado de Agosto emprendí camino por carretera hacia Avilés, a poco más de 20 kilómetros de distancia. Principalmente quería visitar el nuevo Centro Niemeyer, construido junto a la ría. Llegué a Avilés un poco antes del mediodía.
Centro Niemeyer de Avilés
(JMBigas, Agosto 2011)

Le había introducido al GPS la dirección del Centro (Avenida del Zinc), pero eso me llevó a la orilla derecha de la ría, que es la zona industrial. Y, desde allí, al menos por el momento, no hay acceso al Centro Niemeyer. El camino correcto es la plaza de España, en el mismo centro de Avilés. Allí se puede aparcar el coche en el parking subterráneo de la propia Plaza de España. Así lo hice.

La web del Centro Niemeyer informa de que dispone de un parking de 300 plazas, pero temporalmente cerrado al público. Sospecho que su puesta en funcionamiento coincidirá con la habilitación de un acceso conveniente desde la orilla derecha de la ría.


Desde la Plaza de España (donde se encuentra el Ayuntamiento de Avilés, con una curiosa carabela junto al reloj y la campana de su torre), se desciende por la calle de Ruiz Gómez, y en un centenar de metros se llega a la zona próxima a la ría. Allí se cruza la calle Llano Ponte, que es la referencia para acceder a la pasarela peatonal de nueva construcción.
Plaza de España, Avilés
(JMBigas, Agosto 2011)

La pasarela peatonal es ciertamente singular, ya que es de ida y vuelta, en voladizo, y desde su extremo se tiene una muy buena vista del complejo del Centro Niemeyer. A pesar de su longitud, realmente sólo permite cruzar las vías del ferrocarril, que en esta zona discurren paralelas a la ría. Otra pasarela de nueva construcción (llamada cromática) permite cruzar la ría, ya de poca anchura en esta zona. Luego, un pequeño túnel pasa por debajo de la carretera N-632 (o avenida del Conde de Guadalhorce) y se accede directamente al Centro Niemeyer.

El Centro consiste en una explanada de hormigón (hostil al peatón en días de mucho Sol o de lluvia) donde se levantan cuatro edificios: la Cúpula (con su latiguillo, puro recurso estético que, a pesar de no ser accesible, la une con el edificio del Auditorio), el Auditorio (con su característico dibujo estilizado de una mujer recostada), la Seta (un mástil con una escalera circular exterior, y una planta más ancha a una veintena de metros del suelo, donde está instalada una coctelería) y el edificio bajo de servicios (recepción, bar, tienda, sala de cine, salas de reunión,...).
Plano simplificado del Centro Niemeyer de Avilés.
(Fuente: niemeyerorg)

El Centro se constituye en una instalación singular, en el marco de los proyectos de regeneración de la ría de Avilés y será, si no lo es ya, un indudable atractivo para los turistas y visitantes en Asturias. De todas formas, creo que se ha perdido una oportunidad fantástica para construir, en la explanada, una torre más alta que la Seta, que tuviera una plataforma mirador, bar y restaurante a un centenar de metros del suelo. En una ciudad que es más bien llana, se hubiera convertido en la auténtica Atalaya de Avilés. Pero no le voy a enmendar la plana al más que centenario arquitecto brasileño Oscar Niemeyer.
Pasarela peatonal con voladizo sobre la ría
(JMBigas, Agosto 2011)

Ese sábado fue un día soleado y bastante caluroso. La explanada representaba una tortura lenta, porque no hay prácticamente ninguna área de sombra, más que en el interior de los edificios.

Desde los extremos de la explanada se tienen muy buenas vistas de toda la zona industrial que rodea al Centro por la orilla derecha, así como sobre el puerto deportivo, a lo largo de la orilla izquierda. En esta zona destaca la escultura (en acero corten y hormigón armado) Avilés (2005), obra de Benjamín Menéndez.

El Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer se pretende que sirva como sede de exposiciones diversas, de espectáculos audiovisuales, conciertos en su Auditorio, etc. Un precioso recurso cultural para la ciudad de Avilés y Asturias en general.
Pasarela cromática, para cruzar la ría
(JMBigas, Agosto 2011)

No tenía previsto visitar ninguna exposición en concreto, pero me llamó la atención un espectáculo audiovisual llamado Luz, de Carlos Saura, en la Cúpula. Pero resultó que hacía falta una entrada que no se podía comprar en la propia Cúpula, sino que había que ir a comprarla en la Recepción del edificio de servicios, a un centenar de metros a pleno sol. Esto fue suficiente razón para desmoralizar a un visitante ya no muy motivado.

Para cruzar la ría en esa zona hay dos pasarelas. La cromática (el camino natural si se viene desde el centro y la Plaza de España), que se cruza tras haber volado sobre las vías del ferrocarril (una de ancho ibérico; la otra una vía estrecha) por la gran pasarela en voladizo. La otra, más cercana al puerto deportivo, requiere luego alejarse mucho más si se precisa cruzar las vías del ferrocarril. Anteriormente la ría se podía cruzar por el puente de San Sebastián, que estuvo en servicio entre 1893 y 2006. De hecho, en las cercanías hay expuesta una sección del antiguo puente.
La Seta, que tiene una coctelería en la planta superior.
(JMBigas, Agosto 2011)

La Seta tiene una escalera circular exterior, que permite subir hasta la plataforma donde está la coctelería. También dispone de un ascensor. Pero la coctelería estaba cerrada en esa tarde de sábado (serían las dos de la tarde), por lo que no pude disfrutar de las vistas de la zona que se deben tener desde allí.

Deshice el camino andado (pasarela cromática, luego pasarela de voladizo) y volví a la zona del centro de la ciudad. Paseé un rato por las calles peatonales, donde ese sábado había muchos puestos que vendían toda clase de cosas en un mercadillo improvisado (o no). Corría por la zona un personaje con un rebaño de patos (u ocas, que yo no sé distinguirlos) ejerciendo de pastor, con un cencerro, para gran alborozo de los niños. En una plazoleta habían instalado también una Pulpería ambulante, atestada de público.
Puerto deportivo de Avilés. Al fondo, las flechas de la
escultura de Benjamín Menéndez.
(JMBigas, Agosto 2011)

El hambre ya empezaba a acosarme. Vi a un chaval (bueno, los veinticinco ya no los cumplía), acodado en el exterior de un bar, bebiendo algo y fumando un cigarrillo. Empecé por preguntarle si era de Avilés, a lo que me respondió primero que , y luego que bueno. Entendí que no sería nacido en Avilés, pero vive ahí, o por lo menos conoce bien la ciudad. Le pregunté por un restaurante donde pudiera comer buen pescado. Se lo pensó un momento, y rápidamente me dijo que tenía que ir a Casa Lin. Que no estaba al lado, pero tampoco estaba lejos. Me indicó muy correctamente el camino.

Seguí sus indicaciones, más o menos paralelo a la ría, hacia abajo. Crucé el llamado Parque del Muelle, que era toda una institución en Avilés hasta que en los setenta se abrió el mucho más grande Parque de Ferrera, junto a la Plaza de España. Seguí un poco por la Avenida de los Telares, en dirección a las estaciones del ferrocarril y de autobuses, y allí está Casa Lín, a la izquierda. Posiblemente sea la sidrería de más renombre en Avilés, de las de serrín en el suelo y sidra escanciada por cajas (o por camiones). El local es muy grande, pero a pesar de ello, estaba bastante lleno de gente.
Fuente y escultura en el Parque del Muelle de Avilés
(JMBigas, Agosto 2011)

Me apetecía sentarme para comer, y, afortunadamente, tienen un comedor con mesas con manteles, que era lo ideal para mí en ese día. Casa Lin tiene fama, aparte de por la sidra, por la excelente calidad del pescado y marisco que sirve. Le pedí al camarero una recomendación de pescado, y me indicó el mero, que estuvo absolutamente delicioso. Precedido de una crema de nécoras con gambas, y todo ello regado con un vino verdejo fresquito. Para una comida así, prefiero el vino a la sidra, que siempre acaba resultando mucho más desordenada. Rematé con un sorbete de limón y café.

Di luego un paseo tranquilo por la zona, de vuelta hacia la Plaza de España, para ayudar a digerir un poco la comida. Recuperé el coche del aparcamiento subterráneo de la Plaza de España, y me dirigí a la zona del Cabo y el Faro de Peñas, no muy alejada de Avilés.
Faro de Peñas, en el cabo del mismo nombre.
(JMBigas, Agosto 2011)

El paisaje marítimo en la zona del Faro es magnífico. Hay un área de aparcamiento junto al faro, y un caminito lateral que lleva a otra zona de aparcamiento junto al bar-merendero, instalado junto al mar.

Siguiendo el borde marítimo, más allá del faro y del edificio anexo, existe un camino muy bien preparado (con suelo de tablas de madera y barandillas) que permite seguir un tramo del perfil marítimo del cabo, desde lo alto del acantilado, con excelentes vistas del mar rompiendo con su espuma blanca en las rocas, islotes y demás que hay en el área. Incluso en un día soleado y tranquilo como ese sábado, el mar rugía abajo. Verlo en día de galerna tiene que amedrentar.

Desde allí, por carreteras secundarias, volví hacia Gijón, a menos de treinta kilómetros de allí, donde tenía mi hotel para esa noche. Todavía me dio tiempo para un breve paseo por la Playa de Poniente, pero eso ya está contado.

Tenéis acceso a una galería fotográfica de 67 instantáneas de Avilés, el Centro Niemeyer y la zona del Faro de Peñas, pinchando en la foto del Centro.

Avilés (Centro Niemeyer) y Faro de Peñas


Al día siguiente bajé hasta Ponferrada, por el Puerto de Somiedo.

Pero esa ya es otra historia.

JMBA

Prospección sobre croissants

Tras el artículo sobre Croissants que publiqué el pasado 16 de Agosto, he realizado algunas prospecciones en el mercado de Madrid y alrededores, probando algunas de las muchísimas recomendaciones (supongo que algunas interesadas) que se encuentran por la red.
Excelentes croissants (8,5/10) de Oriol Balaguer
(JMBigas, Septiembre 2011)

Compré algunos en una confitería argentina cercana al Retiro (América II). Tenían unos grandes y de apariencia sospechosamente aburrida, que no llamaron mi atención. Me recomendaron unos muy pequeñitos, casi unas barritas, que finalmente no me aportaron nada especial.

Visité la famosa pastelería Manolo e hijos de Colmenar Viejo, ya en dirección a la sierra de Madrid. Sólo les quedaba uno y compré también unos manolitos (croissantitos enanos). El croissant era muy correcto y digno, pero bastante silencioso al mordisco. De 7 sobre 10. Puede servir como croissant refugio. Los manolitos sí estaban deliciosos, pero ese ya es otro producto diferente.

Busqué uno de los establecimientos de la cadena Cala Millor, que tiene varios al oeste de Madrid (en Majadahonda, Las Rozas y Boadilla del Monte). Finalmente estuve en el de Las Rozas, cercano al outlet Las Rozas Village. Pedí uno con un café con leche para desayunar. Me preguntaron si lo quería a la plancha (uy, uy, uy). Resultó ser bastante mediocre, modesto y digno, sin llegar a correcto. De 4/10. Además, el croissant a 1,35€, y 2,80€ con café con leche.

De momento, la estrella de los que he probado son los de Oriol Balaguer, un pastelero catalán (premiado en múltiples ocasiones) con tienda en Madrid, especializado en chocolates y repostería de alta gama. La tienda de Madrid está en pleno barrio de Salamanca (Ortega y Gasset esquina con General Pardiñas). Es una tienda pequeña, pero de apariencia muy lujosa, con chocolates en sus formatos más caprichosos y repostería de encargo. No es, para nada, una tienda de pastelería al uso. Por las mañanas (hasta que se terminan, que suele ser antes de las doce) tienen una o dos bandejas de repostería, básicamente croissants y alguna otra pieza. Hay que tener precaución con la puerta de cristal automática deslizante, ya que le cuesta un poco reconocer al visitante.

Los croissants son deliciosos. De formato prácticamente lineal (sin forma de media luna), de corteza firme pero nada pegajosa, en la mejor tradición de los excelentes croissants franceses. Se lamenta al morderlo (es muy crujiente), y la masa tiene una apariencia perfectamente canónica, muy bien trabajada y correctamente horneada. Para mí, son de 8,5/10.

No tienen una puntuación más alta por dos pequeños inconvenientes (muy ligados entre sí). De una parte, resultan pesados. De otra, dejan en boca un regusto que, si bien es agradable, es demasiado grasiento. Posiblemente ambos inconvenientes estén ligados al tipo (y cantidad) de grasa utilizada en su confección.

De todas formas, resultan excelentes, muy por encima de la media. No son baratos (1,50€ la unidad), pero conviene recordar que las Pastelerías Mallorca, por su buen croissant refugio (7,5/10), ya cobran 1,55€ por unidad.

Su casa central está en Barcelona (plaça de Sant Gregori Taumaturg), con una segunda tienda en Travessera de les Corts. Y sucursal en Riyadh (Arabia Saudí), para los muy viajeros.

Seguiré informando.

JMBA

jueves, 8 de septiembre de 2011

La Fotografía Digital nos ha cambiado los problemas

Vivíamos felices con nuestras cámaras fotográficas de carrete. Cuando salíamos de viaje teníamos que llevar una provisión de carretes en la maleta (por si acaso ahí no hay, o son más caros). En las últimas generaciones, ya teníamos que prever también una pila de repuesto, no se nos fuera a agotar en mitad de una excursión o lo que fuera.
Cámara compacta de carrete
(Fuente: xatakafoto)

A la vuelta teníamos que llevar los carretes a un laboratorio fotográfico, esperar unos días y recoger media tonelada de papel impreso con las fotografías, y pagar una pequeña fortuna (entre unas cosas y otras, fácilmente se nos iban más de 20 céntimos (de Euro) por foto.

Al llegar a casa, las mirábamos una vez (si acaso) y las guardábamos en algún fondo de armario. En el mejor de los casos, en la caja de las fotografías, que sólo salía de su escondrijo en las tardes aburridas de domingo o cuando queríamos lucir de viaje ante las visitas (que no sabían qué inventarse para evitar esa tortura).

A veces incluso les dedicábamos algunas horas de trabajo y las ordenábamos en un álbum, incluso con rótulos para recordar qué es lo que habíamos fotografiado, o también junto con algunos otros recuerdos de viaje (la entrada del museo, el ticket del autobús, la factura del restaurante,...).
Caja llena de fotografías, a barullo.
(Fuente: 123rf)

Todo eso lo ha terminado la eclosión de las cámaras digitales. Prácticamente no existen fungibles (quizá la batería envejezca, o haya que comprar una tarjeta de memoria adicional, pero en total, minucias), por lo que el coste de hacer una fotografía más es nulo (una vez tenemos la cámara y los accesorios necesarios). De un viaje de cuatro o cinco días volvemos ya no con tres carretes, sino con una tarjetita de memoria con 1.000 fotos. Cuando algo nos gusta le hacemos varias fotos (alguna quedará bien).

Pero no nos alegremos tanto, que no hemos eliminado los problemas, sino que, simplemente, los hemos cambiado por otros nuevos.

Ahora en el equipaje tenemos que llevar el cargador de la cámara. Y, al volver a casa, tenemos que liberar las tarjetas de memoria (para su siguiente uso), y volcar las fotos al PC. Y cuidado que ocupan espacio en el disco. Tenemos que hacernos con un disco externo de gran capacidad para guardarlas todas. Y con otro igual para tener una copia de seguridad, no vayamos a perderlas. O con una bobina de DVD,s vírgenes, para irlas guardando en DVD,s.
Qué pequeñitas y qué bonicas son
(Fuente: Terra)

En la antigua caja de las fotografías, ahora hay DVD,s. Pero nadie sabe cuánto tiempo pueden durar sin degradarse. Antes podíamos sacar las fotos de la abuela cincuenta años después, y podían haber amarilleado, pero las podíamos ver; desde ese punto de vista eran eternas. Y, lo que es todavía peor, dentro de cincuenta años, suponiendo que el DVD haya conservado intacta la información, ¿quién nos garantiza que tendremos a nuestra disposición un dispositivo capaz de leerlos?. Porque por mucho que los miremos, no sucede nada.

Claro que podemos pasar todas las fotos a papel (en casa o en algún servicio dedicado a ello) con el correspondiente coste asociado. Pero el problema es que, para lo mismo, hacemos diez veces más fotos que antes, y la caja de las fotografías debería convertirse rápidamente en el baúl de las fotografías.

Claro, hay una solución, que es seleccionarlas. Pero ese es un trabajo ímprobo y desagradecido, porque siempre habrá alguien que preguntará ¿pero no había una en la que salíamos con el mono y el payaso?. Vaya, esa no la habíamos seleccionado.

Cada vez hay más servicios en la red que permiten subir fotografías, para luego poder compartirlas con los amigos, con la familia, o con todo el mundo. Porque enviar directamente una foto original de la cámara por el correo electrónico casi ya no es posible. Bueno, una quizá sí, pero dos o tres ya nos desborda los servidores.

Porque, claro, al hacer la foto siempre escogemos (con buen criterio) la máxima resolución que da la cámara. Por si acaso queremos algún día sacarla en papel de gran formato. Y una sola fotografía fácilmente nos ocupa 3, 4, 5 o incluso más MB.
Si somos caprichosos, o exigentes, también
pueden crecer...
(Fuente: anuncioneon)

Pero si subimos todas las fotos a mogollón, estamos consumiendo un espacio en el servicio que sea, y si nos pasamos nos tocará ampliarlo pagando una cierta cantidad. Uy, uy, uy.

Además, los amigos se nos quejan de que hay demasiadas, y que muchas no son buenas, la luz está mal, están desenfocadas, o movidas, o la composición es muy mala, o no aportan absolutamente nada, o hay tres repetidas. Si aparecen paisajes o monumentos, algún listo nos preguntará por la iglesia de la 9044, y casi seguramente no tendremos ni p... idea para responderle.

Se impone una vuelta de tuerca. Vamos a dedicarle un tiempo a la operación. Vamos a seleccionar las fotos realmente buenas, y solamente subiremos esas. Y, claro, lo suyo es que le pongamos una leyenda que explique que la 9344 corresponde al valle del Pachunanga, o que la 9567 es de la iglesia de Surawasi, en Nenpil-Toqui. Así nos anticipamos a las preguntas comprometidas, y las evitamos. Lo daremos todo hecho a las amistades o a quien sea.

Responder a una pregunta de las visitas con un esa es Mayte frente a una ermita de ... allí puede permitir salir del paso. Pero si lo vamos a escribir tenemos que ser más precisos, no podemos pasar como si fuéramos unos patéticos papafritas.

Seleccionarlas ya es un currelo, porque exige, habitualmente, dos vueltas. En la primera las visionamos con un papel y bolígrafo en la mesa, y anotamos los nombres o los números de las que merecen estar en la colección definitiva. En la segunda, las subimos siguiendo la lista previamente elaborada.

Ponerles una leyenda no siempre es trivial. De la Torre Eiffel todo el mundo se acuerda, pero de la iglesuca esa del rincón de la plaza de un pueblo perdido, NO. Si se trata de fotos de lugares, siempre tendremos Google Earth (con su Street View, si está disponible en esa zona), para no meter (mucho) la gamba. Que si escribimos que es la ermita de Puchananga y resulta que realmente es la de Tupibamba, ¡qué chasco!.
Lo que cuesta llegar a tener un álbum en la red así de completito:
seleccionadas, ordenadas, con nuestro nombre, con su explicación,
geoposicionadas,... le calculo no menos de 5 minutos por foto.
(Fuente: uno de Mis Álbumes en Picasa)

Hay que tomar medidas. Al hacer las fotografías tenemos que llevar un bloc y un bolígrafo, para anotar lo que vamos fotografiando. Pero eso es pesado y poco práctico. Afortunadamente, la tecnología nos da nuevas herramientas para facilitarnos esta labor. Casi todas las cámaras digitales permiten, de uno u otro modo, grabar un fichero de voz que irá asociado de alguna manera a la correspondiente fotografía. Cuando tiramos la foto, a continuación ponemos la cámara en modo grabación, nos la acercamos a la boca para no hacer demasiado el ridículo, y le contamos a la cámara que esta es la ermita de Puchabamba en Tenil-Popi.

Cuando las estamos rotulando (habitualmente después de subirlas a algún servicio: Picasa, Flickr, Webshots... o directamente Facebook) y dudamos, buscamos un archivo de voz con ese número. Si no lo hay, blasfemamos (se nos olvidó comentarlo). Pero igual hicimos varias fotos de la misma ermita, y sólo comentamos la primera. Buscamos el fichero de voz anterior, e igual tenemos suerte. Pero, claro, nos asalta la duda: ¿la ermita de las tres fotos es la misma?.

Cuando terminamos el proceso, podemos publicar las fotos, y ya están a disposición de quien hayamos decidido (amigos, familia, público en general,...). Las visitas ya pueden tomar sus propias decisiones: ignorarlas por completo, ojearlas con prisa, o revisarlas con atención en su propia tarde aburrida de domingo. Es fácil que hasta haya alguno que nos enmiende la plana, y nos comunique formalmente que la ermita de Puchabamba es realmente la de la otra esquina de la plaza.

Con el tiempo, nos podemos enfrentar a otra situación nueva. Un día, navegando por Internet, caemos en una página sobre las ermitas de Tenil-Popi, y allí encontramos esa foto nuestra que salió tan bien, que otro ha aprovechado para completar su artículo, crónica, post o lo que sea. Si no llevaba mucha prisa, quizá haya indicado que la foto es del usuario pepino67 de Flickr. ¡Vaya, ese soy yo!. Sí, pero ¿quién más lo sabe?. Bueno, el que vaya a Flickr y pregunte por ese usuario, obtendrá la información... Sí, claro, pero ¿quién c... va a tomarse esa molestia?.

Nuestro ego nos reconcome, porque nos gustaría ver nuestro nombre junto a esa foto en la página de otro. Ahí sí tenemos un problema. Además, que fíjate lo bien que quedó, si es que soy un maestro...

Bueno, podríamos poner nuestro nombre en algún rincón de la fotografía, de modo que viajara con ella. Si alguien la reutiliza sin más, por lo menos nuestro nombre seguirá ahí, para que el mundo sepa lo excelente fotógrafo que soy. Siempre que no la recorten, claro, pero eso sería ya mala idea.

Pero, claro, para hacer eso hay que editar la fotografía, hay que modificarla en el PC (o donde sea). Y para eso hará falta un programa que sepa hacerlo, que no sé si tengo en el ordenador. Podemos preguntar a algunos amigos manitas, pero sólo tenemos la garantía de que nuestras dudas se verán convenientemente ampliadas, porque cada maestrillo tiene su librillo.

Bienvenidos al inacabable mundo de los editores fotográficos, de las diferentes resoluciones, de los diferentes formatos, de los datos (o metadatos) Exif y otras zarandajas del género. Nunca creímos que tuviéramos que llegar a esto, pero ahora ya nos resulta imprescindible.

En un próximo artículo intentaré desbrozaros algo ese arduo camino. Porque el mundo de la informática personal es un universo donde todo se puede hacer. Pero con qué herramientas y de qué manera, forma parte de los misterios que hay que desentrañar con esfuerzo, sangre y, sobre todo, tiempo, mucho tiempo. En Internet está disponible toda la información, y eso significa mucha, muchísima, mucha más de la que necesitamos o necesitaremos nunca. Pero ¿cuál es la buena?.

Hasta pronto.

JMBA