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miércoles, 18 de julio de 2012

Belchite (Viejo), los restos de una calamidad

Recientemente, un viajero amigo (MEKIII, Julio) publicó un Diario de Viaje estremecedor, sobre el pueblo viejo de Belchite, al que tituló "Olvido". Lo acompañó de numerosas fotografías y de versos del inolvidable Labordeta. Me picó la curiosidad, y me anoté el lugar en mi agenda de lugares a visitar.
El Arco de la Villa, la puerta de entrada a las ruinas
del Pueblo Viejo de Belchite.
(JMBigas, Julio 2012)

En la segunda semana de Julio dediqué unos días a un viaje de turismo de interior, con fines vagamente vinícolas, por tierras de Aragón y Navarra. El miércoles por la mañana salí de Tarazona, muy cerquita del Moncayo y de la zona vinícola de Campo de Borja, con destino hacia Cariñena. De todo ello ya os contaré próximamente algunas cosas.

En lugar de tomar el camino directo, preferí dar un rodeo por Zaragoza capital, y acercarme hasta Belchite, para ver con mis propios ojos lo que tan bien había descrito Julio.

Recorrí todo el periférico de Zaragoza, en dirección hacia Barcelona. Pasado Alfajarín, encontré el desvío hacia Belchite. Los primeros kilómetros la carretera es una suntuosa autovía (la ARA-1) de tráfico muy escaso, de las que han contribuido a traernos a la difícil situación económica que estamos atravesando.

Pronto se disipa el espejismo, y hay que tomar la carretera A-222, de calzada única y dos carriles para la circulación, uno en cada sentido.

Cerca de Fuentes de Ebro, desde la carretera se tiene una buena visibilidad de un tramo largo de la nueva línea ferroviaria del AVE Madrid-Barcelona. Paré donde pude, con la sana intención de poder fotografiar a un tren circulando por ese tramo. Se cumplió la Ley de Murphy. Tras quince minutos de espera a pleno Sol, tuve que desistir de mi intención (quiero suponer que pasaría un tren, si no dos, uno en cada sentido, dentro de los cinco minutos siguientes a mi partida).

El resto de la carretera hasta Belchite (unos 35 kilómetros) es prácticamente una recta larga, rodeada de campos de cereal y algunos olivos, que solamente tiene que seguir las suaves ondulaciones del terreno.
Sin Comentarios
(JMBigas, Julio 2012)

Llegando al pueblo de Belchite (provincia de Zaragoza; pop. 1.636), aparqué en el centro, cerca de la Plaza del Ayuntamiento. Antes de enfrentarme a las ruinas tenía que reponer fuerzas, ya que el frugal desayuno en el hotel de Tarazona ya era sólo un vago recuerdo. Así, recuperé la tradición mediterránea del almuerzo (esmorsar) que consiste en un reconstituyente bocata. En el Bar Gavilán (un local bastante oscuro, con tres o cuatro mesitas en la calle y la música incesante de las tragaperras, activadas por algún que otro jubilado) me sirvieron un fenomenal (y enorme) bocadillo caliente de lomo con queso. Con un refresco y un café, acabé pagando 6€, más algunos comentarios sobre lo dañino que iba a ser la en ese momento sólo temida subida del IVA a la hostelería (hoy ya una realidad).

Hice un par de fotografías del centro del Pueblo Nuevo (la plaza del Ayuntamiento, el campanario de una iglesia) y monté en el coche para acercarme al pueblo viejo, cuyas ruinas había visto en lontananza al acercarme a Belchite por la A-222. La verdad es que me dio un cierto pudor preguntar a alguien el camino para llegar hasta allí, y confié en mi buena suerte. Lo cierto es que me equivoqué la primera vez, y tuve que dar la vuelta cuando ya había salido del pueblo en dirección a Fuendetodos y Cariñena.

En el segundo intento, llegué hasta las proximidades del llamado Arco de la Villa, que constituye la entrada a lo que fue el pueblo de Belchite hasta la Guerra Civil y que hoy no son más que un montón de ruinas abandonadas a su suerte.
Sin Comentarios
(JMBigas, Julio 2012)

La mayor destrucción del pueblo se produjo en el marco de una campaña del ejército republicano (1937), que los expertos califican de ridícula o absurda. Querían recuperar Zaragoza, pero la campaña acabó atrancándose en Belchite (a unos 45 km. de la capital) y cebándose en el pueblo y sus habitantes. El coste en vidas y en daños al patrimonio fue enorme. La destrucción se completó en la breve campaña por la que Belchite fue recuperado más tarde por el ejército franquista.

Por una decisión, como mínimo discutible, de los vencedores, se decidió dejar al pueblo tal y como había quedado (y no reconstruirlo) y, por el contrario, diseñar y construir un pueblo nuevo para los habitantes que habían sobrevivido a los rigores de la guerra. Por supuesto, dicha construcción fue llevada a cabo principalmente por penados y prisioneros, como la mayoría de las grandes construcciones de los primeros tiempos del franquismo, tras ganar la Guerra Civil (si hacemos una excepción a la regla de que en una guerra civil sólo hay perdedores). El Pueblo Viejo se dejó tal y como quedó tras la contienda, en un intento de ilustrar con piedra machacada los Desastres de la Guerra (y, de paso, los desmanes del enemigo).
Sin Comentarios
(JMBigas, Julio 2012)

Finalmente, en 1964, todos los habitantes abandonaron el pueblo viejo y se trasladaron al de nueva planta.

Desde entonces, nada de provecho han hecho los humanos con las ruinas. El paso del tiempo y el abandono, lógicamente, han ido acentuando la calamidad, provocando nuevos desprendimientos y profundizando la destrucción.

Frente al Arco de la Villa existen hoy tres indicadores. El más grande identifica la zona como "Belchite (Pueblo Viejo) Ruinas Históricas". El segundo identifica al propio Arco de la Villa, y el tercero avisa a los visitantes sobre el peligro de desprendimientos. Aunque no lo dice explícitamente, se entiende muy bien que te están diciendo que, si quieres cruzar bajo el Arco y adentrarte en las ruinas, es bajo tu única responsabilidad.

Era mediodía de un miércoles de Julio, y frente al Arco de la Villa había un único coche aparcado. Efectivamente, en todo mi recorrido por las ruinas, me crucé una vez con la pareja del coche, que estaban haciendo alguna fotografía y comentando la tristeza que da ver aquello de cerca. Este hecho ilustra la segunda muerte del Pueblo Viejo de Belchite: el Olvido.

No tengo palabras para el resto de la visita. Resulta desolador y, a veces, hasta peligroso. Hice bastantes fotografías, que os brindo graciosamente. Podéis acceder a una colección de 37 fotografías, pinchando en la siguiente foto. Pero en todas, lo único que se me ocurre como Descripción es un lacónico Sin Comentarios.

Belchite (Viejo), los restos de una calamidad


Aunque sólo fuera para que el pueblo viejo pudiera contribuir a evitar tener que repetir la historia, creo que valdría la pena poner en valor las ruinas, de alguna forma. Se me ocurren dos posibles maneras. La primera sería respetar las ruinas, adecentar y asegurar un poco el conjunto, para que no resultase peligroso para el visitante y definir un cierto itinerario de visita segura, con paneles explicativos de lo que fueron los diversos edificios de los que sólo quedan algunas paredes en pie.

La segunda manera supondría terminar la destrucción de lo que queda del pueblo viejo y convertirlo en un Parque Urbano dedicado a los muertos en todas las guerras. En él se podría construir un Museo dedicado a los Desastres de la Guerra y al Belchite que fue, antes de ser arrasado por ellos. En ambos casos se debería cobrar alguna cantidad (digamos 5€) como contribución a los gastos de conservación.
Sin Comentarios
(JMBigas, Julio 2012)

Claro que ese miércoles de Julio habrían recaudado 15€, que no da para muchas alegrías. Pero eso sería retomar el tema de las dificultades de desarrollar el Turismo de Interior, lo que ya he tratado recientemente.

En resumen, creo que es injusto el olvido al que están sometidas esas ruinas, provocadas por mano humana (o por su extensión, las armas de los ejércitos).

No me atrevo a recomendaros que planifiquéis una visita al pueblo viejo de Belchite. Pero si estáis por la zona, no dejéis de acudir y pasearos un rato entre tanta piedra machacada. A fin de cuentas, a mitad de camino entre Belchite y Cariñena, podéis visitar la Casa Natal de Goya en el pueblo de Fuendetodos. Vaya, Goya y sus Desastres de la Guerra...

Será casualidad. O no.

JMBA

martes, 17 de julio de 2012

Paisajes singulares en las Bardenas Reales

El Parque Natural de Bardenas Reales de Navarra fue declarado por la UNESCO como Reserva de la Biosfera en el año 2000. Se trata de un extenso territorio (41.845 Ha) semidesértico y despoblado, al sudeste de la Comunidad Foral de Navarra, en el Norte de España. Se encuentra en el centro de la gran depresión del Valle del río Ebro.
Cabezo de Castildetierra.
(JMBigas, Julio 2012)

La erosión de miles de años ha provocado formaciones muy curiosas y singulares, entre las que destacan los llamados cabezos, que surgen orgullosos de la planicie.

Pertenece íntegramente a Navarra, aunque limita al Este con Aragón (provincia de Zaragoza). Sus ejes máximos son de 45km (Norte-Sur) y 24Km (Este-Oeste), y su altitud varía entre los 280 y 659 metros sobre el nivel del mar.

Antiguo territorio de los reyes de Navarra, por diversos motivos (pagos al Rey, servicios prestados en las varias guerras,...) se acabó constituyendo (en 1705) la Comunidad de Bardenas Reales, que consolidó y unificó los derechos sobre el territorio. Esta Comunidad es quien gestiona en la actualidad el territorio, y está formada por 22 entidades llamadas "congozantes", que incluyen a los municipios limítrofes, al Monasterio de la Oliva (en Carcastillo) y a los valles de Roncal y de Salazar.

Reproduzco la descripción general incluida en el folleto del Parque (D.L.: NA 1696/2010): "[Las Bardenas Reales] ofrecen un paisaje característico, de relieve abrupto, lleno de cabezos, planas, barrancos encajados... El clima se caracteriza por los veranos calurosos, inviernos fríos y lluvias reducidas (350 l/m2).

A grandes rasgos, se pueden diferenciar tres zonas. La Bardena Blanca es la depresión central, de suelos a menudo blanquecinos y desnudos y de aspecto desértico. El Plano es una terraza aluvial elevada casi llana, con suelos procedentes de los aportes del río Aragón. La Negra se caracteriza por la existencia de grandes planas, provocadas por estratos horizontales de caliza; los taludes cubiertos de pinos y coscojas y su tierra oscura han dado lugar al topónimo."

En el centro de La Bardena Blanca se encuentra una zona militar protegida, donde hay un cuartel y un extenso Polígono de tiro.

Hay varios accesos posibles al Parque. Al noroeste está el embalse del Ferial (accesible desde las proximidades del pueblo de Caparroso), que tiene un pequeño desarrollo turístico. Al sur lo cruza la carretera (NA-125) que une las poblaciones de Tudela (Navarra) con Ejea de los Caballeros (Zaragoza). También hay diversas rutas señalizadas en el interior del Parque, tanto para vehículos a motor, como para BTT (bicicletas de todo terreno) y senderos peatonales.
Centro de Información de Bardenas Reales,
en el acceso desde Arguedas.
(JMBigas, Julio 2012)

La semana pasada, con ocasión de un breve viaje a la provincia de Zaragoza y Navarra, tuve ocasión de realizar una visita a Las Bardenas Reales. Os cuento a continuación los detalles.

Desde el pueblo de Arguedas (al oeste del Parque y próximo a Tudela) se puede acceder por una pista asfaltada (unos 6km) hasta el Centro de Información de Bardenas Reales (creo que de obligatoria visita). En el Centro se puede conseguir un folleto sobre el Parque, que incluye un plano con las diversas rutas habilitadas para los diversos medios.

Esa pista asfaltada continúa hasta el Cuartel Militar del centro de La Bardena Blanca. Rodeando a esa zona central hay un gran rectángulo formado por una pista de tierra compactada (transitable sin problemas para vehículos de todo tipo, a velocidad reducida de 30-40Km/h).

Las pistas disponen de la suficiente señalización para orientarse convenientemente, aunque no sobra el disponer de una brújula (la mayoría de dispositivos GPS disponen de esta facilidad) para mayor seguridad. Os incluyo una fotografía de ese plano, para que os hagáis una idea.

Al rectángulo central se puede acceder desde el oeste (Arguedas) y desde el norte (Carcastillo). Yo recorrí el camino desde Arguedas al Centro de Información, luego hasta el Cuartel Militar y, por la izquierda, hacia el Cabezo de Castildetierra, una de las formaciones más conocidas del Parque. Desde allí seguí por el camino perimetral hasta el desvío hacia Carcastillo, por donde salí del Parque. En total, el recorrido puede tomar fácilmente un par de horas (incluyendo algunas breves paradas en las zonas señalizadas y miradores, para tomar algunas fotografías).
Paisaje casi lunar, en Bardenas Reales.
(JMBigas, Julio 2012)

A pesar de ser una incursión muy ligera en el Parque, el recorrido merece absolutamente la pena, por los paisajes singulares y extraños, vagamente lunares, por los que se transita. El trayecto entre Arguedas y Carcastillo, por las carreteras externas al parque (NA-134, N-121 y NA-124) puede tomar unos 45 minutos. Por el interior del Parque, el mismo recorrido tomará casi tres veces ese tiempo, pero el valor añadido bien merece ese retraso.

Si se le quiere dedicar más tiempo, hay algunos otros accesos posibles, aunque no todos son transitables por vehículos a motor.

Las Bardenas Reales aportan un paisaje semidesértico y a veces casi lunar, junto a la fértil huerta de la Ribera del Ebro.

Aparte de las fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, tenéis acceso a una colección más completa (de 27 fotografías), pinchando en la fotografía del Cabezo de Castildetierra.

Bardenas Reales


En todo el recorrido (que realicé la mañana de un martes de Julio, calurosa pero no agobiante) sólo vi una media docena de vehículos, varios de ellos extranjeros (franceses y belgas, creo recordar). Pero, curiosamente, la mayoría estaban realizando el recorrido inverso al que hice yo, lo que tiene el problema de que se metieron en el Parque sin disponer del utilísimo folleto y plano que se consigue (gratuitamente) en el Centro de Información por el acceso desde Arguedas. Ello demuestra que queda todavía mucho recorrido para la puesta en valor del rico patrimonio natural y monumental de la España Interior.

Una visita muy recomendable si se transita por la zona, que permite, si se dispone de tiempo, excursiones más en profundidad a diversas zonas del Parque.

JMBA

lunes, 16 de julio de 2012

Turismo de Interior

Dediqué cuatro días de la pasada semana (de lunes a jueves) a realizar un viaje de turismo (con motivación más o menos vagamente vinícola) por la provincia de Zaragoza, con extensión a la Ribera de Navarra. En otro momento os contaré algunos detalles muy interesantes de esos días.
El río Duero, a su paso por San Esteban de Gormaz
(Soria). Allí empieza la Ribera del Duero vinícola.
(JMBigas, Julio 2012)

Os puedo asegurar que, en muchos momentos, he llegado a pensar que era el único suficientemente excéntrico como para abordar un viaje de ese tipo, incluso en el período más o menos vacacional que es el mes de Julio.

El Turismo de Interior es minoritario. No hay que confundirlo con el turismo rural, donde se han creado pequeñas infraestructuras dedicadas a acoger turistas y visitantes. Cuando se practica el Turismo de Interior se están compartiendo las infraestructuras existentes con otros ciudadanos que tienen unas motivaciones e intereses muy diferentes de los nuestros. Y, por lo tanto, el turista o visitante no siempre encuentra aquello que precisaría y en el momento en que lo querría tener disponible.

Cuando uno se instala una semana en Benidorm (por poner un ejemplo), resulta prácticamente inevitable compartir el hotel elegido con algunas docenas, o incluso algunos cientos, de otros ciudadanos que están allí básicamente por las mismas razones que nos han llevado a nosotros. Entre todos forman una masa suficiente como para desarrollar unos ciertos patrones de conducta que a su vez generarán infraestructuras adecuadas para servirles. Los bares definirán una Hora Feliz cuando a la mayoría le apetece tomarse una cervecita (o lo que sea) con tranquilidad, después de haber estado en la playa, tostándose al Sol. Y el bañador y las chanclas serán el vestuario habitual.
Un hotel de carretera será un alojamiento habitual para
un Turista de Interior.
(JMBigas, Julio 2012)

Lógicamente, este tipo de turismo (al que habitualmente se denomina como de Sol y Playa) tiene algunos problemas difíciles de resolver. El primero es su fuerte estacionalidad. Más allá de unos pocos meses de verano, la mayoría de negocios instalados para atender a grandes masas de ciudadanos de vacaciones puede que no resulten rentables. El invierno generará un cierto letargo, con muchas persianas cerradas.

Los hoteles que no quieran cerrar sus puertas fuera de temporada deberán espabilarse mucho, aplicarle mucha creatividad, para conseguir que no les resulte ruinosa esa decisión. Acogerán a turismo de la tercera edad o a gente para quien los quince grados de un invierno mediterráneo ya represente un cierto verano, aunque sólo sea en comparación con sus países de origen.
Parque Natural del Moncayo (Zaragoza)
(JMBigas, Julio 2012)

Por el contrario, cuando uno practica el Turismo de Interior, es muy fácil resultar el raro, el forastero. En el salón de desayunos de un hotel del interior podemos encontrar de todo. Al fondo hay una pareja con dos niños, que están de vacaciones y pararon aquí camino del pueblo de sus padres, o están dedicando unos días a conocer el país profundo. A la derecha hay tres operarios alemanes, que están instalando una maquinaria compleja en alguna fábrica de las inmediaciones. A la izquierda hay un señor pegado al móvil, que probablemente sea viajante de comercio, buscando nuevos clientes o pedidos de los que ya lo son. El señor de pantalón corto y prominente barriga es un camionero que tuvo que parar anoche para que el tacómetro no delatara una jornada demasiado prolongada. En el rincón hay tres hombres, uno del país intentando desengrasar su escaso inglés y los otros dos, visitantes de ultramar, que han venido a verificar la idoneidad de una cierta industria de los alrededores para convertirse en su presunto proveedor.

El caballero de pelo blanco y apariencia de profesor universitario, es un americano que ha venido para estudiar las pinturas recién descubiertas en la restauración de la Catedral. La parejita de la esquina se ha cogido unos días de vacaciones y odia las aglomeraciones; han decidido visitar las (escasas) atracciones turísticas de la región, que incluyen un Parque Natural, dos Monasterios y la Catedral del profesor. Y, sentado en mi mesa, de perfecto uniforme con pantalón corto, zapatillas cómodas y prominente barriga, está un Turista de Interior a quien le apetece aproximarse a una región vinícola que apenas conocía.

A las ocho de la mañana, todos coinciden en el desayuno. Pero a las nueve, cada cual estará haciendo lo que sea que ha venido a hacer a este lugar.
Típicas bodegas tradicionales, excavadas en las colinas.
Estas en Tabuenca (Campo de Borja - Zaragoza).
(JMBigas, Julio 2012)

A diferencia del Turismo de Sol y Playa, el Turismo de Interior se desarrolla con total proximidad a la vida cotidiana de los ciudadanos corrientes. Y esto, lógicamente, provoca algunas veces la sensación ciertamente incómoda, pero soportable, de pensar que este no es mi territorio. Hay que habituarse a que te identifiquen con rapidez como el forastero, y hay que aprender a sobrevivir con ello.

Posiblemente, uno de los temas más complicados sea el de lidiar con los horarios. Además, en España, los horarios son un auténtico galimatías, como ya he detallado en otra ocasión. De una a dos de la tarde es buena hora para almorzar un Menú del Día. Pero si has conseguido un buen restaurante para comer a la carta, aparecer antes de las dos o dos y media será de mal tono. Aunque te apetezca cenar a las ocho (porque a las siete se te acabó la gasolina de rondar todo el día), aquí nadie cena antes de las nueve. Para visitar cualquier atracción turística (que, muy probablemente, será minoritaria) deberás atender a los horarios publicados y confiar en que los respeten. Que seguro que algunos decidirán ni abrir ese día, confiando en que nadie se entere (afluencia cero).

Lo de cerrar al mediodía en España significa que entre la una y las seis de la tarde puedes encontrarte un comercio cerrado, sin ningún derecho al pataleo. Cada negocio, como es natural, adecuará sus horarios a las necesidades y disponibilidades de sus clientes más habituales. Convéncete, el raro eres tú, el forastero.

Algunas veces te apetecería una cena gastronómica (para acompañar los buenos vinos de la región). Pero, lógicamente, no va a existir un buen restaurante solamente para ti. Los bares y restaurantes no están pensados para los turistas o los visitantes de fuera. No significa esto para nada que no acojan al turista con los brazos abiertos, pero todos sus recursos y la orientación de su negocio está dirigida a sus clientes más habituales. Si al mediodía vas a algún lugar para tomar un almuerzo, te verás de modo inmediato sentado en una mesa con vino y gaseosa y empapuzándote con el Menú del Día, a buen precio, eso sí, pero que se supone que te vas a tomar en veinte minutos y luego desaparecerás a tus cosas.

En la puerta (cerrada) de una bodega cooperativa de la zona de Cariñena, un letrero casero reza que abren,  de martes a viernes, entre la una y la una y media de la tarde, para el despacho de vino. Obviamente, no están esperando a ningún enoturista a su puerta.

En diversos momentos, coincides con otros turistas o visitantes. Pero la coincidencia es casual, porque en el Turismo de Interior cada cual tiene sus propios intereses e inquietudes. Para nada se parece a ese habitual de once a dos nos encontraréis en la playa.
Evidentemente, no esperan que un enoturista acuda a
su puerta (Almonacid de la Sierra - Zaragoza).
(JMBigas, Julio 2012)

La mayoría de los otros turistas que ves son nacionales. Incluso muchos son locales, que aprovechan un día de asueto para visitar el Monasterio próximo a su pueblo, y para comer en el restaurante que está al lado. Pero también hay algunos extranjeros, que, en general, o bien son alternativos, de una u otra forma, o están ya de vuelta de los caminos más clásicos y los senderos más batidos. A algunos les interesa el vino, a veces incluso más allá de lo que resulta saludable. Otros están obsesionados con la historia de la piedra vieja. Algunos buscan parajes naturales diferentes de lo habitual.

Pero todos, todos, se sienten felices de haber superado los convencionalismos y las multitudes, y están satisfechos de someterse a un baño de cotidianidad, de contacto con la población real de la España profunda.

Viajero, si vas a abordar un viaje de interior, tienes que desprenderte del temor a ser el forastero y tienes que superar la vergüenza de ver que están hablando de ti. . Tienes que saber que ni hoteles ni restaurantes te estarán esperando específicamente a ti, pero todos te acogerán con los brazos abiertos, porque representas su negocio adicional. En algunos momentos seguramente te tocará también tragar polvo (literalmente). Tu coche (o moto, o caravana) será lo único de lo que nunca querrás desprenderte, porque es tu seguro de poder volver a tu mundo, cuando esto acabe.

Cuando vuelvas a casa, es probable que lleves en el maletero algunas botellas, o incluso algunas cajas, de vino de los lugares que has visitado. O algún recuerdo de esos que acaban ocupando espacio en los estantes de tu salón. En el equipaje, tu ropa estará para echarla a lavar. El polvo del camino habrá manchado tu coche y tus zapatillas.

Pero seguro, seguro, que a la vuelta de un viaje de Turismo de Interior llevarás contigo la experiencia única y genuina de haber compartido, durante unos días, un cierto territorio con sus habitantes habituales.

JMBA

jueves, 5 de julio de 2012

Horarios Comerciales

Una vez más estamos a vueltas con el tema de la liberalización (más o menos completa) de los horarios comerciales. Vaya por delante que yo soy partidario de la total liberalización , sin más regulación que la necesaria para evitar dañar otros derechos de los ciudadanos (ruidos a horas intempestivas, o cosas así).
Un pequeño comercio.
(Fuente: revisioninterior)

Tradicionalmente, el pequeño comercio es contrario y las grandes superficies son favorables.

Desde mi punto de vista, el único criterio que debe tener el dueño de un comercio (pequeño, mediano o grande) es la rentabilidad de cada hora en que tiene el comercio abierto. Abrir una tienda tiene una serie de costes fijos (luz, empleados,...), y esos costes deben compensarse con el beneficio de las ventas que se puedan producir.

El resto es lírica, nostalgia o victimismo.

Empecemos por decir que el comercio es un servicio público, que ofrecen los comerciantes de toda laya al conjunto de la población. Y, de facto, existe una total libertad de compra: cada cual compra lo que le parece conveniente, en el lugar que más le apetece o que mejor le compensa, y a la hora en que puede hacerlo (tiene que coincidir, claro, la disponibilidad de tiempo del comprador y la apertura del correspondiente comercio).

Con el comercio electrónico todos los consumidores hemos descubierto lo que es la auténtica libertad de horarios. A la una de la mañana (un suponer), en zapatillas y con un cubata en la mano, se puede lanzar un pedido de cápsulas de café, de una nueva cámara fotográfica o de esos libros recientemente aparecidos y que ansiamos poseer.

Cada comerciante debe ser capaz de proponer a sus clientes potenciales una oferta que le haga distintivo y que aporte al comprador argumentos que valore para comprarle a él en lugar de hacerlo en otro lugar. Cada comprador tiene unos ciertos patrones de comportamiento. Algunos saben exactamente lo que quieren comprar, pero se hartarán de buscar dónde pueden conseguirlo unos euros más barato. Otros saben exactamente quién vende lo que quieren comprar, y cruzarán la ciudad, si hace falta, para hacerse con esos croissants deliciosos o con el jamón york que le gusta. Otro simplemente necesita comprar un pan razonable a las diez de la noche, que es la única hora en que sus actividades se lo permiten.

Con todo ello volvemos a las teorías más primigenias del marketing y de las 4 P,s: Product, Price, Place, Promotion. Un consumidor no sólo compra un producto, sino que lo compra en un lugar mejor que en otro, a un cierto precio y su decisión puede estar manejada (o manipulada, dirían algunos) por determinados elementos de promoción (publicidad machacona o que aparezca muy bonito en la tienda). Hay productos que pueden ser prácticamente intercambiables: a muchos consumidores les puede dar igual que el pan de molde sea de una marca o de otra, o incluso de una marca blanca. Pero seguro que habrá otros consumidores que comprarán necesariamente el más barato, o forzosamente el de una cierta marca.

Un pequeño comerciante de proximidad no creo que gane nada oponiéndose a la liberalización de los horarios. Por mucho que se esfuerce en conseguir que los comercios alternativos al suyo estén cerrados cuando lo esté el suyo, eso no llevará necesariamente clientes a su tienda cuando tenga abierto. Debe ser capaz, eso sí, de analizar su modelo de negocio, e identificar cuáles son sus elementos distintivos para que los vecinos compren ahí, en lugar de en la tienda de enfrente, o en otra tienda más grande o en un hipermercado. Seguramente no podrá competir en precio puro, ni tampoco en variedad de productos equivalentes (todos tenemos presentes esas inacabables góndolas de supermercado donde hay latas de bonito del norte en aceite de treinta y nueve marcas diferentes). Pero seguro que puede identificar algún elemento que le haga distintivo y que le convierta en atractivo a un número suficiente de consumidores para que sus cuentas acaben siendo rentables.

Es posible que resulte absurdo que tenga abierto a las doce del mediodía, si en su zona todo el mundo está trabajando a esa hora. Pero puede que no sea ninguna tontería que tenga abierto a las diez de la noche, porque a esa hora los vecinos sí tienen algo de tiempo libre. Según la idiosincrasia de sus vecinos, les puede aportar un valor añadido tomando decisiones de aprovisionarse de unos productos u otros de acuerdo a los criterios de compra que tengan la mayoría de sus clientes potenciales. Posiblemente sea inútil que tenga esas treinta y nueve marcas de bonito del norte en aceite, pero tendrá que esforzarse en tener siempre el que resulte más barato (si la mayoría de sus clientes compran en base puramente a precio) o en tener el de mejor calidad, si sus clientes dan prioridad al producto en sí respecto a su precio. O quizá le compense tener solamente esos dos.
Una gran superficie en el País Vasco. El pequeño comercio
debe poder competir con otras reglas.
(Autor: Santos Cirilo; Fuente: elpais)

Parece absurdo que los comercios estén cerrados a aquellas horas en que se pasea mucha gente por delante de sus escaparates con el cierre echado. No tiene sentido, por ejemplo, que las tiendas de recuerdos estén cerradas cuando hay mayor afluencia de visitantes que siempre podrían gastar un poquito más si se les ofrece alguna cosa que les apetezca. Si el comerciante prefiere ir a la procesión que abrir la tienda, esa es su libertad. Pero, como todas las libertades, nunca es gratuita.

La hostelería en general ha entendido estos rudimentos bastante bien. Los hoteles tienen que estar abiertos siempre (o durante toda la temporada -día y noche- en los lugares de playa, por ejemplo). Y tiene que espabilarse con tarifas creativas para mantener su ocupación siempre en los niveles más elevados posibles. Los restaurantes saben que tienen que tener abierto a las horas en que habitualmente la gente come o cena. Y cada vez más, con la globalización, seguramente, hay muchos lugares con cocina non-stop para atender a todos los gustos y a todas las necesidades. En el centro de las grandes ciudades acostumbra a haber bastantes establecimientos donde se puede comer casi a cualquier hora del día. En el centro de París, por ejemplo, hay muchos restaurantes que sirven comidas desde las once de la mañana hasta la una de la madrugada. Lógicamente, no necesitan el mismo número de cocineros o camareros a la una de la tarde -en que la gran mayoría del público toma su almuerzo- que a las cinco de la tarde, en que comen cuatro despistados o los recién aterrizados en la ciudad.

Sin embargo, hay otros restaurantes que, para preservar su calidad, prefieren tener sesiones con horarios definidos para comida y cena, y cerrar a otras horas. Están en su derecho, por supuesto.

La aspiración de cualquier comerciante, sea cual sea su sector de actividad, tiene necesariamente que ser el conseguir atraer a un número suficiente de compradores, para que su negocio sea viable y le rinda un beneficio que estime como suficiente. Una tienda que venda cualquier clase de cosas puede elegir su modelo: vender a muchos con pequeño margen, o a pocos con gran margen. Pero las cuatro P,s de esos dos modelos de negocio no se parecen en nada.

Lo que es absurdo es pretender que te compren la lata de bonito del norte más básica a precio de la buena, si no ofreces otras cosas además (atención esmerada con tus clientes; abierto a las diez de la noche; que te lo sube a casa a cualquier hora y rápido; etc. etc.).

La decisión de compra de un consumidor particular es un acto básicamente emocional. Y, por lo tanto, la propuesta comercial tiene que ser capaz de tocar esa fibra emocional en el comprador.

Lógicamente, los medios con que aborda su negocio un pequeño comerciante de barrio y una gran superficie no se parecen en nada. Pero cada consumidor puede ser cliente de uno u otro, en diferentes momentos, atendiendo puramente a factores emocionales.

En defensa del pequeño comercio a veces se esgrimen argumentos peregrinos. Por ejemplo, que su desaparición desertizaría el centro de las ciudades. Quizá sea verdad, pero eso no justifica de ninguna forma cualquier modo de subvención. Todos los comercios abiertos deben ser rentables. Si no lo son, deben buscar formas alternativas (modificar sus cuatro P,s, por ejemplo) para conseguir serlo. Y si no existe ninguna manera factible para que sean rentables, están abocados al cierre. Punto final. Siempre puede haber algún filántropo, pero una flor no hace primavera.

Existe libertad de compra y, por lo tanto, debe existir libertad de venta para conseguir que oferta y demanda se satisfagan mutuamente con el mejor éxito.

Hablar de libertad de horarios comerciales no tiene por qué significar que las grandes superficies, por ejemplo, vayan a abrir todos los días del año y a todas horas. Cada cual hará sus propios cálculos para evaluar si abrir un cierto domingo, por ejemplo, puede ser rentable o no. O evaluará su capacidad de influencia en un número suficiente de consumidores para llevarles a modificar sus hábitos y a comprar un domingo, en lugar de irse a pescar al río (un decir).

Si usted tiene una tienda de aire acondicionado en el Polo Norte, tendrá que evaluar la viabilidad de su negocio, porque allí siempre hace suficiente frío (o incluso demasiado) y, además, porque no hay un número de consumidores suficiente por los alrededores. No creo que nadie esté dispuesto a subvencionar a esa tienda, sólo por el hecho de que queda decorativa en el paisaje agreste del invierno ártico.

Libertad de horarios comerciales, sí, por supuesto. Pero cada comerciante deberá evaluar con mimo el perfil y contenido de su propia oferta comercial, y los consumidores, en cualquier caso, tomarán (emocionalmente la mayoría de las veces) sus propias decisiones de compra.

El simple hecho de que exista una tienda de conveniencia en la esquina de casa no garantiza de ninguna forma que siempre vaya a comprar ahí, ni que lo vaya a comprar todo en ella. Iré alguna vez (o no), dependiendo de si su oferta comercial me compensa o no.

Todos hemos visto alguna vez la imagen de dos bares que parecen iguales, en la misma calle, pero que en uno siempre hay mucha gente y en el otro no hay nunca casi nadie. Si lo analizamos, seguro que descubrimos que la propuesta comercial de uno atrae a muchos consumidores, mientras que la propuesta del otro no resulta atractiva.

Y todos hemos clasificado a menudo a un restaurante por si merece el desvío o no. Algunos son simplemente malos (o tienen una muy deficiente relación calidad/precio) y mejor no ir nunca. Otros pueden resultar convenientes si te encuentras en la zona y quieres comer. Y algunos, pocos, merecen cruzarse una gran ciudad o hacer cincuenta kilómetros de más, porque tienen una propuesta gastronómica absolutamente distintiva.

Si en tu tienda no entra casi nadie, no blasfemes contra los clientes que no vienen o que compran en otro lugar. Piensa en qué estás haciendo mal. No le pongamos puertas al campo, que las vacas las pueden rodear.


He encontrado en la red un breve artículo que me parece muy interesante sobre el tema del pequeño comercio, del que recomiendo su lectura.

JMBA

martes, 3 de julio de 2012

Hay vida (internacional), más allá de los Erasmus

Se cumplen ahora 25 años del programa Erasmus de la Unión Europea. Gracias a él, unos tres millones de universitarios europeos han tenido ocasión de estudiar durante una breve temporada en un país diferente del de su residencia habitual. Y también algunos profesores de Universidad han podido desempeñar su labor durante un tiempo en un entorno diferente del cotidiano.
El río Po, a su paso por la ciudad de Turín.
(Fuente: marcogrimaldi)

Según las informaciones que se conocen, España es uno de los países más activos, tanto en emisión como en recepción de Erasmus. En muchas ciudades de toda Europa, los llamados simplemente Erasmus se han constituido en una clase distintiva, caracterizada, en general, por sus ansias inacabables de fiesta y su férrea voluntad de integración en las costumbres y hábitos del país receptor.

Cuando yo estudié (1974-80) en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Barcelona (ETSIIB, hoy ETSEIB por la catalanización del nombre) de la Universidad Politécnica de Barcelona (así se llamaba entonces la actual UPC), no existía, obviamente, el programa Erasmus. La carrera la estudié en la misma Escuela, en Barcelona, de principio a fin.

Sin embargo, sí teníamos algunos recursos que nos facilitaban poder conocer algún otro país europeo durante la estancia en la Universidad. Podíamos conseguir pasar alguna breve temporada (generalmente, durante las vacaciones de verano) realizando algún stage técnico en una empresa de algún país de Europa. Existe una organización llamada IAESTE (fundada en el Reino Unido en 1948, a la que España se sumó en 1951) que en la actualidad afirma gestionar en España unos 300 intercambios anuales. Las siglas significan lo siguiente: The International Association for the Exchange of Students for Technical Experience.

Un buen amigo que conocí durante la carrera en la ETSIIB, C., se volvió adicto a este tipo de intercambios, y estuvo en empresas de Francia, Checoslovaquia y Holanda. En Holanda trabajó en Philips y, al terminar la carrera, se fue a Holanda a vivir y trabajar allí. No sé si es hoy ciudadano holandés o no, pero lleva treinta años viviendo en Holanda y ha fundado su familia allí, aunque abandonó Philips y se pasó a algún organismo de la Unión Europea en La Haya.

Yo no repetí tanto como él, pero sí utilicé una vez sus servicios. Para el verano de 1978 conseguí un stage técnico en FIAT, en la ciudad de Turín (Torino), en el Piemonte (norte de Italia). En total, suponía una estancia de cinco semanas, desde el veintitantos de Agosto hasta finales de Septiembre.La organización (o la empresa receptora, no lo sé muy bien) gestionaba el alojamiento en destino. El stage tenía una pequeña dotación económica, como contribución a los gastos de transporte y manutención. Recuerdo que, inicialmente, la dotación para las cinco semanas era de 240.000 liras italianas, que equivalían a poco más de 20.000 pesetas (es decir, poco más de unos 120 Euros actuales). Muy poquito, incluso para la época, pero había que arriesgarse y tirar para adelante y conocer mundo.
La Mole Antonelliana destaca en el skyline de Torino, junto a
las cumbres de los Alpes, hacia el Norte.
(Fuente: fotogian)

Antes de la partida, recibí una llamada telefónica de A., un estudiante de ingeniería en el ICAI de Madrid, con el que iba a coincidir en toda la estancia. Aun hoy, sigo manteniendo una buena amistad con A., al que conocí personalmente en Italia.

El viaje lo íbamos a hacer en ferrocarril. Yo había comprado un Inter Rail, que ya había utilizado ese verano para unos días de vacaciones creo que en Londres. Para viajar a Turín, yo salía desde Barcelona en el Hispania Express y debía cambiar de tren en Cerbère, montando en un expreso con destino Roma. En la estación de Savona debía cambiar a un tren regional, que me llevaría hasta Torino Porta Nuova (la estación central término de Turín). A. seguía otra ruta, pero en algún lugar (que no recuerdo exactamente; creo que era Montpellier) debía montar en el mismo tren. Por si acaso resultaba complicado encontrarnos a bordo del tren, quedamos en conocernos en el andén de la estación de Savona Letimbro, para abordar ya conjuntamente el tren hasta Turín. Para que no hubiera dudas en el reconocimiento, le dije que yo era gordo, calvo y llevaba gafas. Sólo una pequeña exageración para facilitar las cosas.

Llegado el día, para Turín que me fui. El expreso Cerbère-Roma iba completamente atestado, con todos los asientos ocupados, los pasillos llenos de gente y de equipajes, y hasta los descansillos ocupados por más viajeros. Resultaba incluso muy arriesgado intentar visitar el servicio, porque si eras afortunado y disponías de asiento, podías haberlo perdido a la vuelta.

El stage, lógicamente, se iba a desarrollar en inglés, pero un poco de italiano resultaría necesario para la vida cotidiana. Yo jamás había estudiado italiano, pero tenía la íntima confianza de que eso no iba a ser muy difícil, al conocer bien tanto el castellano como el catalán.

Cruzada la frontera entre Francia e Italia por Ventimiglia, el tren empezó a acumular retraso, ya que se movía muy lentamente. Allí aprendí mi primera palabra nueva en italiano: sciopero. Resulta que los ferroviarios italianos estaban de huelga, y el propio maquinista debía bajar de la locomotora para cambiarse las agujas manualmente.

Finalmente llegamos a Savona y descendí del tren. Cuando se liberó el andén, nos encontramos A. y yo. Resultó que él, a pesar de vivir y estudiar en Madrid, había nacido en la provincia de Tarragona, y hablaba catalán, como yo, sin ningún problema.

En un tren local acabamos llegando a Torino Porta Nuova. El alojamiento que nos habían preparado para nosotros dos era una Pensión en el centro (muy cerquita de la propia estación). Creo recordar que se trataba de la Pensione Barberis, posiblemente en la via Carlo Alberto, regida por un hermano y una hermana, de edad madura y presuntamente solteros. Un alojamiento ciertamente modesto, pero muy conveniente.
Estación ferroviaria de Torino Porta Nuova, sobre
el Corso Vittorio Emanuele II.
(Fuente: alberghi-in-italia)

Como llegamos uno o dos días antes de empezar el stage, y la fábrica de FIAT estaba cerrada por vacaciones hasta esa fecha, Turín parecía una ciudad fantasma, así de trascendente era la FIAT para la actividad de la propia ciudad.

El primer día del stage debíamos visitar al Avvocato Fassò, que era el responsable, en FIAT, del stage. Allí aprendimos que, en Italia, es muy habitual que el nombre de las personas se complemente con su oficio o profesión. Así, la mayor parte de personas de FIAT con las que coincidimos acababan siendo el Dottore X o el Ingegnere Y. La primera sorpresa (agradable) que nos dio el Avvocato fue que la asignación se había actualizado, e iba a ser de 340.000 liras italianas (equivalente a unos 170 Euros de los actuales).

Nos encontramos con que el grupo de stagiaires incluía a unos cuantos estudiantes italianos, más algunos extranjeros (polacos, egipcios, brasileños,...). De hecho, la primera identificación que nos dieron a A. y a mí nos hacía pasar por brasileños (de FIAT Automovéis). De acuerdo a las experiencias disponibles (en diversas factorías de la empresa en el área de Turín), cada uno escogió las que resultaban más próximas a su propia especialidad. Yo pasé casi todo el stage en la gran factoría de Mirafiori, con alguna incursión en la mucho más pequeña de Lingotto (reconvertida actualmente en un hotel). Creo que A. tuvo algunas experiencias en la sección de fundición, también.

En las cinco semanas que duró el stage, yo aprendí un italiano algo más que rudimentario. Con algunas sorpresas y muchas planchas, especialmente al principio. Montando y desmontando motores en Mirafiori, se utilizaba mucho el cacciaviti (literalmente cazatornillos, el destornillador); y para decir que entendíamos lo que nos contaban en italiano, debíamos decir noi capiamo y no noi capischiamo (como utilicé alguna vez, entre grandes risas de los nativos). La gran densidad de personal en FIAT procedente del Sur de Italia provocó que el italiano que aprendí tuviera un acento indiscutiblemente siciliano.

Con algunos del resto de stagiaires compartíamos Pensión (recuerdo a un par de estudiantes egipcios, muy entrañables), pero con otros nos veíamos bastante poco, si no coincidíamos en el mismo departamento de la factoría.

Durante la semana, aprovechamos para conocer algo la ciudad, aunque no teníamos mucho tiempo, y Turín no es precisamente una gran atracción turística. Pero es la sede estable de la Santa Sindone (Sábana Santa) y tiene a la Mole Antonelliana como su monumento más singular. Y dimos unos buenos paseos por via Roma y piazza Carlo Felice, por la muy popular via Nizza, o por el Corso Massimo d'Azeglio, que discurre paralelo al río Po, y en cuyas esquinas se insinuaban toda clase de comercios carnales. Un día A. quiso hacer un estudio de mercado, y la respuesta que obtuvo fue contundente: ma io sono un ragazzo (procedente de quien parecía ser una mujer de bandera).

Los fines de semana le sacamos partido al Inter Raíl, e hicimos varios viajes por Italia. El primero fuimos a Venecia (viajando en tren de noche, así ahorrábamos en alojamiento). Como el expreso tenía su término en Trieste, donde llegaba a primera hora de la mañana, nos dejó en Venezia Santa Lucia en plena madrugada (creo que en torno a las cinco y media, o algo así). Pero mi recuerdo más nítido de Venezia (donde he estado posteriormente algunas veces más), es ese amanecer sobre el Canal Grande y una Piazza de San Marco casi desierta a esas horas.

El Papa Pablo VI había fallecido el 6 de Agosto de ese año, por lo que estaba reunido el Cónclave para la elección de su sucesor. Coincidió que ese sábado en que llegamos a Venezia (26 de Agosto), resultó elegido el cardenal de Venezia (Albino Luciani) como nuevo Papa Juan Pablo I, por lo que las campanas no dejaron de retumbar durante todo el día en los campanarios de Venezia.

Otro fin de semana visitamos Roma, y un tercero Florencia y Milán, creo recordar. A., que era y es aficionado a las motos, quería visitar la factoría de Ducati en Bologna. Ese fin de semana yo aproveché para realizar una auténtica locura.

Tanto A. como yo mismo éramos fumadores de cigarrillos negros (él de Celtas con filtro, yo de Ducados), de los que era (y es) imposible encontrar en ningún lugar fuera de España. Decidimos que ese fin de semana yo haría un viaje relámpago (en tren, por supuesto) a Barcelona con la misión principal de reaprovisionarnos de cigarrillos negros. Tenía que realizar varios cambios de tren, pero esta vez viajé por la ruta de Lyon, que parecía algo más humana que la de la costa. En un sentido tuve que esperar unas horas (por supuesto, en plena noche) en la estación de Chambéry, y en el otro tuve que cambiar de tren en Lyon-Brotteaux (una estación que fue absorbida por la gigante Lyon Part-Dieu, que se construyó unos años después, para dar acogida al intenso tráfico de TGVs).
La via Roma de Torino, con sus clásicos soportales.
(Autora: Angela de Martiis -all rights reserved-;
Fuente: italiansrus)

El resumen es que salí de Turín el viernes por la tarde y llegaba a Barcelona el sábado a mediodía (con el tiempo justo de comprar algunos cartones de cigarrillos en el estanco junto a la casa de mis padres). Pude comer en familia, pero a las ocho de la tarde debía tomar de nuevo el Hispania Exprés, para el viaje de vuelta. Creo que estuve en Barcelona no más de unas siete u ocho horas, pero cumplí la misión principal. Estaba de vuelta en Turín a primera hora de la tarde del domingo, con mi cargamento de cigarrillos en la bolsa.

Avanzada ya la estancia y aproximándose su final, el signor Barberis (el dueño de la Pensión en que nos alojábamos) ofreció a todo el grupo una degustación de vinos en la bodega que tenía en el sótano del edificio de la propia Pensión. Nos dijo que comprásemos panini (bocadillos) para acompañar y empujar, y que él ponía los vinos.

En todo el grupo sólo había una chica, de Cerdeña, creo recordar que se llamaba Rosaria, de apariencia casi masculina. Pero para la ocasión invitó a una amiga (también sarda) que resultó ser una muñequita morena increíblemente bella, llamada Rosalina. Nos reunimos finalmente una veintena de personas, y el signor Barberis fue abriendo botellas de vino (una de cada tipo), de diversos colores, fragancias, añadas, unos más dulces, otros más secos. De cada botella nos tocaba un buchito a cada uno, pero al final trasegaríamos prácticamente una botella por barba (si no más), a razón de veinte buchitos. Se me quedó grabada la frase del signor Barberis cada vez que tomaba una nueva botella: La polvere sulle bottiglie significa la vechiaia (el polvo sobre las botellas significa la antigüedad). Sé que existe al menos una fotografía del evento, pero he sido incapaz de localizarla.

El resultado fue el esperable, ya que acabamos todos en un estado más bien lamentable. Un grupo acompañamos a Rosalina a donde se alojaba, pero al día siguiente yo era incapaz de identificar de ninguna forma el lugar. Tras arduas investigaciones, más o menos discretas, conseguí averiguar que Rosalina estaba trabajando en el Istituto Bancario San Paolo de Torino, y que se alojaba en la via Nizza (la calle paralela a la estación central) en una llamada Casa delle Impiegate e delle Studentesse (Casa de las Empleadas y las Estudiantes), una especie de residencia femenina de algún tipo. Cuando averigüé los datos necesarios ya era la mañana del día que debíamos tomar el tren de vuelta. Conseguí hablar con ella por teléfono para despedirme, e intercambiamos posteriormente un par de postales y allí se terminó esa singular, truncada y frustrada, presunta historia de amor.
Parte del rostro de la Santa Sindone,
Sábana Santa o Santo Sudario, que se
custodia en la Catedral de Turín.
(Fuente: conocereisdeverdad)

La misma mañana en que debíamos empezar la vuelta (el jueves 28 de Septiembre) , desayunando en la pensión oímos por la radio la noticia de que habían encontrado al Papa Juan Pablo I muerto en su habitación (Il Papa é trovato morto nella sua camera). Todo su (breve) Pontificado, a mí me pilló en Italia.

Volvimos A. y yo via Barcelona, y A. se vino a mi casa para esperar la hora de seguir viaje hacia Madrid. Mi madre le preguntó si le apetecía comer algo, y con una ingenuidad y un candor espontáneos, que han pasado a los anales familiares, le pidió unos huevos fritos a mi madre, lo que más le apetecía tras la estancia en Turín. Para mis hermanos, A. siempre será el de los huevos fritos.

De aquella experiencia en Turín finalmente no me quedó más amistad que la de A., pero también conseguí un razonable conocimiento de italiano, una rara habilidad con el destornillador y el bonito recuerdo de Rosalina.

Rosalina, una de esas chicas preciosas a las que conoces una tarde, y luego se pierden.

JMBA

lunes, 2 de julio de 2012

¡Tricampeones!

Para cualquier aficionado a ver buenos partidos de fútbol, este domingo fue, sin ninguna duda, una gozada el asistir al encuentro entre España e Italia, de la Final de la Eurocopa 2012.

Si algo tiene de atractivo el fútbol es que se trata de un deporte con una cierta dosis de azar y suerte. Esto significa que no siempre gana el que mejor jugó, que los dos equipos que saltan al campo empiezan cero a cero y lo tienen que demostrar todo en el terreno de juego, no importa la historia que puedan llevar encima. También significa que gana el equipo que marca más goles, y a veces los goles son accidentes o fruto de un despiste puntual.
(Autor: Carmelo Rubio; Fuente: RFEF)

Sin embargo, cuando se ve uno de esos (raros) partidos en que el que mejor juega gana con diferencia y además convence con su juego y hace disfrutar al público, entonces la satisfacción ya es completa, y se ha alcanzado el cenit de este deporte que a tantas masas atrae.

Este domingo, el partido empezaba con posibilidades del 50% para cada uno de los dos equipos. Italia venía de un partido brillante en las semifinales, en que eliminó a la todopoderosa Alemania, mientras que España había brindado destellos de muy buen juego (contra Irlanda especialmente, una selección menor, de todos modos), pero que tuvo problemas en las semifinales. No se consiguió pasar del empate a cero contra Portugal, y sólo gracias a la lotería de los penalties fue que España alcanzara la final que se jugó este domingo.

Sin embargo, tras el silbato del árbitro (como en toda la Eurocopa, precedido de la vistosa cuenta atrás en las pantallas gigantes del estadio), ya se vio que los dos equipos ayer no estaban igualados. España pronto demostró que tenía capacidad defensiva (y no sólo por los excelentes defensas que jugaron ayer, y que ya lo habían hecho en los partidos precedentes) para desmontar el juego de ataque de los italianos. El poderoso Balotelli se vio anulado por un Sergio Ramos muy inspirado y atento. Y, alguna vez que llegaron a la puerta española, bajo los palos estaba un Iker milagroso, que parece atraer todos los balones y que, además, es el capitán indiscutido de la selección, a la que ha impregnado de su bonhomía.

Y en el centro del campo empezó a desarrollarse la magia del juego del fútbol. Xavi, que había estado algo mustio en los partidos previos, ayer estuvo en lo más alto de su genialidad, pensando e identificando en todo momento las mejores jugadas, y ejecutando los pases con total precisión. Iniesta, que ya ha sido proclamado por la UEFA como Mejor Jugador de la Eurocopa, estuvo muy travieso, como en él es habitual, y sembró la confusión y la impotencia en la defensa italiana.

Cesc Fàbregas, que ayer volvió a jugar de falso 9, recibió un balón medido y supo deshacerse lo suficiente de su marcador como para ponerle un balón que olía a gol en la cabeza de Silva, que la empujó con sabiduría lejos de Buffon, y marcó el primero.

Poco después, una nueva maravilla. Jordi Alba, ese lateral novato en la selección que ha debutado en esta Eurocopa, y que ya ha demostrado de lo mucho que es capaz, identificó un pasillo de desmarque y se recorrió el campo entero, para estar en posición correcta, exactamente en el lugar donde Xavi le colocó otro balón de terciopelo, que controló con sabiduría y que empotró en la red de los italianos. 2-0 mediada la primera parte. Nadie esperaba que el partido se nos pusiera tan de cara, y mucho menos los italianos, que ya estaban sumidos en la confusión de su propia impotencia.

Prandelli agotó los cambios muy pronto, intentando encontrar un remedio válido a la manifiesta superioridad de los españoles en el campo. Pero no obtuvo mucho éxito.

Irse al descanso con un 2-0 a favor era algo inaudito, y garantizaba una final con muchos menos nervios de lo que podía haberse previsto.

En la segunda parte, Italia metió en el campo a Thiago Motta, como último recurso. Pero en una jugada sin nada especial, se rompió (una mala posición le provocó, sin duda, una ruptura fibrilar severa) y no pudo seguir jugando. Sin posibilidad de más cambios, Italia no tuvo más remedio que afrontar la última parte del encuentro con 10 jugadores.

Del Bosque hizo los cambios habituales, pero nada agobiado por tener que buscar alternativas, porque en el campo toda la maquinaria funcionaba a la perfección. Entró el niño Torres, que marcó el tercero en una de sus primeras internadas, ante una Italia que ya estaba desarbolada. A pesar de los pocos minutos que ha jugado en toda la Eurocopa, Torres ha manifestado sus grandes dotes de delantero oportunista, de modo que se ha ganado la Bota de Oro al más goleador. Un poco más tarde entró Mata, que marcó el cuarto gol a pase próximo (y muy generoso) del propio Torres.

En resumen, cuatro goles marcados por cuatro jugadores diferentes. Un equipo sólido, que sabe a lo que juega y que, lo que es extremadamente importante para asegurarse la continuidad de los éxitos, sabe enseñar muy rápido a los nuevos jugadores que se van incorporando a la Selección. Mata y el extraordinario Jordi Alba son un buen ejemplo de ello.

Enfrente, una Italia que parecía fatigada desde el primer momento, pero que muy pronto se dio cuenta de que poco podía hacer para enfrentarse a un equipo que es una maquinaria perfecta de elaborar fútbol. Un equipo muy experto, que acabó fundido de perseguir espectros, de ser humanos frente a un equipo que a ratos parecía de dibujos animados.

Una victoria indiscutible de España, que convenció a propios y extraños de que sabe jugar el mejor fútbol que se ha visto jamás en los campos de este mundo. Este lunes, toda la prensa internacional elogia el juego de la selección española. Una victoria que se une a las de la Eurocopa 2008 y del Mundial 2010, y que ha llevado a España a conseguir lo que nunca nadie había podido conseguir hasta ayer. Con el aplauso, además, de público y crítica.

Puyol y Villa, que no han podido participar activamente por sus respectivas lesiones, estuvieron ayer apoyando a sus compañeros en Kiev, pero no quisieron robarles el más mínimo protagonismo a los 23 (alguno incluso sin jugar ni un minuto) que nos han llevado, de nuevo, a la gloria.

Mi más sincera enhorabuena a Vicente del Bosque y a todo el equipo, que nos han hecho disfrutar tanto y que han convencido a todo el mundo de que el fútbol también puede ser arte. Algún día, todos los equipos tendrán que jugar así.

Pero lo que me parece más importante es que se ha desarrollado un espíritu de equipo, una maquinaria implacable y unos automatismos, que tienen muy buenas probabilidades de poder sobrevivir sin muchos sobresaltos a los inevitables ciclos vitales. Para el próximo Mundial de Brasil, en 2014, tras ver lo que vimos ayer, España se presenta como la mejor candidata a ganar su segundo Mundial consecutivo. Es posible que algunos jugadores ya no lleguen en las condiciones óptimas, pero otros llegarán para mantener a esta Selección como campeona. Si no se rompe la magia, tenemos muchas alegrías por delante.

Con la que está cayendo, no cabe sino felicitar sin reservas a la Selección Española y a su seleccionador, que han hecho olvidar a este país, aunque sea por unas horas, la crisis devastadora en la que estamos sumidos.

El fútbol, pues, ¿es el opio del pueblo?. Quizá, pero el placer de poder ver un partido como el de ayer no es de este mundo. Y, aunque resulte cruel, ver las lágrimas de un bravucón Balotelli o de un veterano Pirlo no mitiga en absoluto la profunda alegría que nos embarga.

Ahora, vacaciones, pero sin dejar de vigilar por el rabillo del ojo el IBEX35 y la prima de riesgo.

JMBA

Nota de Servicio

Ayer domingo, al tratar de acceder a mi blog desde Google Chrome, aparecía una pantalla de peligro, advirtiendo de que tenía un enlace a la web Blog de Libros, "conocida por difundir software malintencionado".

Esta web, dedicada a la crítica literaria, siempre me ha parecido muy interesante.

Pero es posible que haya sido atacada o hackeada por algún medio, y que esté actualmente infectada.

A falta de más información, he eliminado esta web de mi lista de "Blogs que sigo", para evitar cualquier riesgo a mis queridos lectores.

Saludos a todos.