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martes, 11 de marzo de 2014

11-M. La sociedad necesita una catarsis profunda.

Este martes, 11 de Marzo de 2014, se han cumplido diez años desde la trágica jornada de los sangrientos atentados en varios trenes de cercanías del área de Madrid. Unos atentados que provocaron 192 fallecidos, y unos 1.500 heridos de diversa consideración. Unos atentados que provocaron heridas en la sociedad que todavía no se han cerrado diez años después.

Es evidente que nuestro primer recuerdo y toda la solidaridad debe dirigirse hacia las víctimas, todas ellas inocentes que vieron truncada su vida, o marcada para siempre por heridas físicas y psicológicas que, incluso, hoy, diez años después, no les dejan dormir sin pesadillas.

Todos los medios de comunicación le han dedicado espacios especiales al recuerdo de los luctuosos hechos de ese jueves 11 de Marzo de 2004. En la Catedral de La Almudena se ha celebrado un Funeral de Estado (retransmitido en directo por varias cadenas de televisión). Por cierto, el Estado creía que era laico. Y las radios han abierto sus micrófonos a los oyentes, para que rememoraran lo que perdieron, lo que sufrieron, lo que vieron y lo que vivieron en ese trágico día.

Escuchando este espacio en Onda Cero (por la mañana, en el programa Herrera en la Onda), me ha sorprendido que la mayoría de los que han llamado han manifestado su inquietud por conocer a los verdaderos autores de aquel atentado. Esa es la herida social, desgraciadamente la más difícil de curar.

Da la sensación de que genera mucha inquietud y desaliento haber perdido a un ser querido a manos de unos cuantos mindundis mataos y fanáticos, que hicieron explotar unas bombas caseras en varios trenes de Cercanías de Madrid. Y que preferirían saber que ese atentado fue el resultado de una conspiración cósmica de los poderes oscuros. Quizá eso daría más glamour a la pena y al dolor, aunque no los mitigaría de ningún modo.

La realidad es que el 11-M ha sido utilizado e instrumentalizado por todos, con indignos fines electorales o políticos. Por otra parte, esa es la peor tradición fratricida de este país, que parece absolutamente incapaz de conseguir que las Dos Españas de Machado sean ya sólo cosas del pasado.

Me da envidia ver las conmemoraciones del 11-S en Nueva York. Tres mil víctimas inocentes de unos desalmados fanáticos que atacaron a la sociedad norteamericana. Desde su punto de vista, que "nos" atacaron. La sociedad en su conjunto, y sus enemigos.

Ha habido un juicio completo del 11-M, con su correspondiente sentencia. Y la verdad judicial, es decir, la verdad de todo aquello que pudo ser probado, es que la autoría de los atentados corresponde a unos cuantos fanáticos islamistas, bajo la inspìración o las órdenes de Al Qaeda. Fin de la historia.

Sin embargo, parece persistir en la sociedad la inquietud por conocer a los (presuntos) inductores o autores intelectuales de los atentados del 11-M. Como si necesitáramos ponerle alguna cara conocida a la culpabilidad por tantas víctimas inocentes. De esto son culpables (y también rehenes), los políticos y los medios de comunicación. Todos ellos han insistido, con intereses y objetivos contrapuestos, en utilizar los atentados y las víctimas para apoyar o soportar sus propios intereses.

Es cierto que los atentados se produjeron sólo tres días antes de la convocatoria electoral del 14-M, que dio el punto final a la segunda legislatura de Aznar, y el gobierno pasó a manos del PSOE, encarnado en José Luis Rodríguez Zapatero. Es cierto que los atentados influyeron en el resultado de estas elecciones. No recuerdo haber sufrido tantas aglomeraciones y colas en el colegio electoral como ese domingo. Los atentados movilizaron a varios millones de tradicionales abstencionistas, que depositaron un voto que básicamente resultó ser de castigo al PP. Intuyo que por la cuestión de la guerra de Iraq, que siempre tuvo una fuerte oposición popular, y también por la gestión, bastante torticera, de las primeras horas y días tras el atentado.

El PP se dio cuenta desde el principio de que un atentado islamista les iba a perjudicar en sus ambiciones electorales de situar a Mariano Rajoy en la Presidencia del Gobierno. Es por ello que, más allá de las primeras pruebas que ya hacían intuir esa autoría, insistieron casi hasta el esperpento en una hipotética autoría de ETA; incluso hoy hay voceros que siguen sosteniendo esa teoría, algunos, por cierto, con mando en plaza. Y el PSOE vio una oportunidad de capitalizar los atentados en su propio beneficio, y cometió la tropelía de violentar la jornada de reflexión, ese sábado víspera de la jornada electoral, con ataques a las sedes del PP, entre otros desmanes.

Aun hoy, algunos políticos del PP, y los medios de comunicación más afines, insisten en sugerir una conspiración tras los atentados. Aunque no se diga nunca explícitamente, claro, sería una conspiración del PSOE para desbancar al PP del poder. Una hipótesis que resulta abominable sólo de pensarla y que nunca ha tenido ninguna base policial ni jurídica.

Respetando al máximo el dolor de las víctimas, esa es la peor herida que le ha quedado a esta sociedad. Una nueva fractura que separa irremediablemente a los que nos creemos la verdad judicial, y a los que siguen insistiendo en otras oscuras conspiraciones nunca explicadas, los conspiranoicos.

Y es que la sociedad española necesita una catarsis profunda. Han pasado ya casi cuarenta años desde los inicios de la Transición y de la elaboración de una Constitución que daba la espalda, muy respetuosamente, eso sí, al régimen anterior. Creo que ya ha llegado el momento de madurez social como para embarcar al país en una profunda renovación que deje definitivamente atrás al pasado histórico (y sangriento) que le ha tocado vivir a este país.

Otros países de nuestro entorno (Francia, Alemania, Gran Bretaña,...) no han vivido conflictos civiles globales en los últimos dos siglos. No creo que ningún francés contemporáneo se considere a sí mismo como perdedor en la Revolución Francesa.

Pero España, para nuestra desgracia, vivió una muy sangrienta Guerra Civil hace apenas 75 años. Una guerra que tuvo su inicio en un alzamiento militar, apoyado inequívocamente por las derechas más conservadoras del país. Una Guerra a la que siguió una posguerra donde los españoles se dividían entre vencedores y vencidos, una división que aún hoy parece bastante visible a menudo.

Porque la II República, que fue vencida en la Guerra Civil, equivocadamente se identifica con la izquierda. Mientras que la derecha estaría tras el Alzamiento y pasó a ser la facción dominante en el país durante muchas décadas.

Esta dicotomía provoca efectos muy nefastos en la sociedad española. Hemos llegado a un estado tan kafkiano que ser patriota (ser un amante de este país, de España) sigue siendo de derechas. Y esto no se va a resolver con parches, porque las heridas son demasiado profundas.

Creo que ya ha llegado el momento de iniciar un nuevo proceso constituyente, para proclamar una Constitución que sea definitivamente de todos. Habrá que revisar si el pueblo acepta una Monarquía, o prefiere que nuestro régimen sea republicano. Habrá que inventar una bandera nueva que no haya sido nunca de nadie antes, para que todos la podamos sentir como propia. Y un Himno Nacional con una letra que todos podamos entonar con orgullo y sin vergüenza ni recato.

Si no cogemos el toro por los cuernos, nos acabará corneando. No podemos seguir viviendo con estas pequeñas rencillas diarias que nos arruinan la convivencia. Y que, por cierto, alientan los nacionalismos segregacionistas. Es absurdo, por ejemplo, que existan tres asociaciones diferentes de Víctimas del Terrorismo, porque hasta los muertos todavía son nuestros o suyos.

Necesitamos que la sociedad española tenga una nueva ilusión, y que todos nos sintamos identificados con nuestro país, y trabajemos por su progreso y bienestar.

Es, sin duda, una tarea ingente. Pero una tarea necesaria, sin duda, o nos acabaremos consumiendo en esas pequeñas piras que se incendian todos los días. Una tarea, por cierto, que requiere de políticos de altas miras, de largo plazo, que piensen de verdad en España y en los españoles.

Ni contables ni menestrales nos servirán para esa labor.

JMBA

viernes, 7 de marzo de 2014

"Cabaret Pompeya" de Andreu Martín

Andreu Martín (Barcelona, 1949) es tenido por uno de los principales exponentes de la novela negra y policíaca española. Ha escrito multitud de obras, principalmente de ese género, aunque también ha publicado novelas y relatos para el público infantil y juvenil, y ha colaborado con el cine y la televisión.

Pero, hace unos pocos años, le asaltó la necesidad de escribir la gran novela policíaca de su ciudad, Barcelona. Y así nació Cabaret Pompeya (Ediciones Siruela, Alevosía, 2011). Se trata de una obra voluminosa (más de 600 páginas), pero que se lee (casi) de un tirón.

No se trata de una novela policíaca strictu sensu, pues no hay investigaciones para averiguar la autoría de ningún asesinato. Pero sí hay muertos (aunque con poco misterio) y un completo repaso a las lealtades y traiciones de los protagonistas. Tampoco se trata de una novela histórica, a pesar de que sus personajes se pasean, viven y sufren en la Barcelona primero brillante y luego gris de la primera mitad del siglo XX. Pero sus peripecias les llevan también a muchos otros lugares, a veces buscando aventuras, otras simplemente huyendo, o buscando refugio.

La voz del narrador, muy poco invasiva, es el hijo de Fueyito, un abuelito rutinario y aburrido, pero que tiene, en lo alto de un armario, un estuche negro con un precioso bandoneón en su interior. Un día, llama a la puerta de su casa Victor, un amigo de juventud, largo tiempo desaparecido.

Y allí empieza el repaso de las aventuras y la vida del trío del Pompeya, sus amores, sus lealtades, sus traiciones. La revisión de una amistad que nunca declinó del todo, aunque motivos hubo para ello.

Tres jóvenes amigos de 20 años que, en la atribulada Barcelona del pistolerismo de principios de siglo, pasean su desenfado y desvergüenza por el Cabaret Pompeya, uno de esos tugurios del Paralelo que tanto florecieron en la época. Fueyito, Victor y un oscuro Miguel, cuya vida y secretos están llenos de luces y, más bien, de sombras y oscuridades.

La historia de esos años les acompaña y, a menudo, les atropella. Primero la Dictadura de Primo de Rivera, luego la República, la Guerra Civil y la gris posguerra, sólo tamizada por la Segunda Guerra Mundial, con sus tragedias pero también sus oportunidades.

El narrador, que no tiene nombre, va descubriendo asombrado que su padre, ese abuelito aburrido, o su propia madre, una atenta ama de casa, fueron auténticos personajes de comedias y melodramas en su juventud. Que ese bandoneón abandonado interpretó tangos por media Europa, en manos de su padre.

Desde los coqueteos con el anarquismo de su primera juventud, sus vidas van evolucionando hacia la necesidad de sobrevivir como única inquietud, o hacia la suficiencia del Régimen de los victoriosos.

El inicio de la necesidad de recuperar su historia, ese reencuentro, se desarrolla en una fecha simbólica para España, las vísperas de la muerte de Franco. Y, poco a poco, la historia, absolutamente desconocida, al principio, por el hijo, se va completando como un gigantesco rompecabezas. Todos (Victor, Fueyito, su madre, otros amigos,...) le van contando sus batallitas, que aportan nuevos elementos o nuevas perspectivas, a los diversos episodios de la historia.

Hasta que toda la trama queda expuesta con claridad al lector, y Andreu Martín le puede poner el punto final.

En resumen, una obra monumental donde Barcelona, la negra y la otra, es protagonista. Donde los personajes viven, o sobreviven, en ella. A veces se van, pero siempre vuelven. Una ciudad que permanentemente se debate entre dos extremos: los patronos y los sindicalistas (pistoleros ambos); las derechas y las izquierdas; los nacionales y los republicanos; los vencedores y los vencidos; los ricos y los pobres.

Una lectura muy placentera y absolutamente recomendable, especialmente para los que sienten alguna debilidad por el alma de Barcelona y por su historia.

Andreu Martín ha conseguido escribir la gran novela histórica y policíaca de la Barcelona de la primera mitad del siglo XX. Pero no es una novela histórica, aunque la Historia es el telón de fondo en el que se mueven los personajes. Y tampoco es una novela policíaca, aunque hay policías, prostitutas, delincuentes y asesinatos.

En resumen, una novela muy bien construida y excelentemente narrada. Sus muchas páginas se deslizan una detrás de otra con fluidez, y el lector necesita avanzar con avidez, para intentar arrojar luz sobre las nuevas sombras que van apareciendo continuamente.

Muy recomendable, casi imprescindible.

JMBA

martes, 25 de febrero de 2014

París desde la Tour Montparnasse

La Tour Montparnasse (con sus 210 metros de altura) es el segundo rascacielos más alto de Francia, sólo superada por una de las torres de La Défense, que alcanza los 220 metros. Por supuesto, la Tour Eiffel, con sus 317 metros de altura, juega en una División diferente.
La Tour Montparnasse, desde su base.
(JMBigas, Marzo 2013)

Este rascacielos se inauguró en 1973 entre fuertes polémicas, ligadas a su altura y aspecto, que nunca han gustado a los parisienses. De hecho, en 1975 se proclamó un decreto municipal prohibiendo la construcción (dentro de los límites del Boulevard Periphérique) de edificios de más de 7 plantas de altura.

Siempre se ha tildado a la Tour Montparnasse de ser un edificio feo. De hecho, en una reciente votación popular por Internet, ha sido elegida como el segundo edificio más feo del mundo, sólo superada por el Ayuntamiento de la ciudad de Boston, en los Estados Unidos.

París tiene dos miradores o atalayas privilegiados, que son la Tour Eiffel, por supuesto, y el Sacré Coeur de Montmartre. Hace ya más de diez años que no he subido a la Torre Eiffel (a pesar de mis frecuentes visitas a París). Las permanentes colas para acceder a los ascensores me han echado para atrás. La colina de Montmartre se eleva unos 120 metros sobre la ciudad, a lo que habría que sumar los 83 metros de altura de la propia Basílica. Para disfrutar del Sacré Coeur de Montmartre (como ya he contado en alguna ocasión), recomiendo una visita temprano por la mañana (antes de las nueve), para poderlo vivir en su forma genuina, sin la invasión de turistas que la satura durante el resto del día.
La Catedral de Notre Dame.
(JMBigas, Marzo 2013)

Sin embargo, se dice que la mejor atalaya de París es, precisamente, la Tour Montparnasse, ya que es el único mirador de los tres desde los que se tiene una excelente panorámica tanto de la Tour Eiffel como del Sacré Coeur y, además, desde ella no se ve la fealdad de la propia torre.

Cincuenta y cinco plantas de la Tour Montparnasse están dedicadas a oficinas y no son accesibles al público. Pero en la planta 56 hay un mirador abrigado, al que se puede acceder previo pago de la correspondiente entrada. A finales de Marzo de 2013 visité París, y quise visitar, de nuevo, el mirador en lo alto de la Tour Montparnasse.

Contrariamente a la torre Eiffel, no hay, habitualmente, grandes aglomeraciones de público en la Tour Montparnasse, a pesar de que recibe anualmente más de un millón de visitantes. La entrada estándar para adulto cuesta 14€, con algunos descuentos posibles para jóvenes, estudiantes, niños, etc. Es posible comprar la entrada, válida para cualquier día y hora, por Internet; pero también se puede comprar directamente en el hall de recepción de visitantes.
Hotel y Explanada de los Inválidos.
(JMBigas, Marzo 2013)

La Tour Montparnasse está situada hacia el sur de la ciudad, en 33, Avenue du Maine. Ocupa el espacio de la antigua estación ferroviaria de Montparnasse. La nueva estación (la enorme Gare Montparnasse) se construyó a unos cientos de metros de su emplazamiento original. Es la puerta ferroviaria de acceso a París para todos los viajeros procedentes de la Bretaña y el Oeste (Brest, Quimper, Nantes, Rennes,...) y del Suroeste (Burdeos, Poitiers, Hendaya,...) y la cabecera de la línea de Alta Velocidad conocida como TGV Atlantique.

Muy cercana al Boulevard de Montparnasse, es un centro de intercambio para el transporte urbano. A la estación de Metro Montparnasse Bienvenüe acceden cuatro de las líneas del Metropolitain. Y, aparte de las Grandes Líneas de ferrocarril (principalmente los TGV - Train à Grande Vitesse), muchas líneas de cercanías llegan a esta estación.

Por comodidad, compré mi entrada por Internet, y el lunes 25 de Marzo, pasado el mediodía, me dirigí hacia la Tour Montparnasse (tras haber realizado una visita matinal al Sacré Coeur). Hay una entrada dedicada a los visitantes, donde se puede comprar (o validar) el ticket, y desde la que se accede a los ascensores que suben hasta la planta 56. El trayecto sólo dura 38 segundos y la velocidad de los ascensores alcanza la impresionante cifra de más de 6 metros/segundo.
Basílica del Sagrado Corazón, en lo alto de la
colina de Montmartre.
(JMBigas, Marzo 2013)

En esa planta está el restaurante panorámico Le Ciel de Paris, pero tiene un acceso separado, con su propio servicio de ascensores. Está abierto todo el día y ofrece desayunos, almuerzos, salón de té por la tarde y cenas en dos turnos (a las 19 y 21.30 horas) e incluso un servicio de cenas tardías (para la salida de teatro), a las 23 horas los jueves, viernes y sábados. Yo he cenado alguna vez en ese restaurante. Las vistas son impresionantes, aunque la comida no es más que regular, tirando a mediocre. Por la noche, la iluminación interior es muy tenue, para no perjudicar la panorámica; pero ello hace que la experiencia gastronómica de la cena no sea todo lo placentera que podría ser.

La zona del mirador panorámico, que abarca algo menos de los posibles 360º, ofrece diversos servicios. Hay una tienda donde comprar algún recuerdo de la visita y también un bar-café para disfrutar de una pausa o comer algo rápido.
Eje monumental de la Tour Eiffel, con los rascacielos
de La Défense al fondo.
(JMBigas, Marzo 2013)

El mirador está climatizado (en él no se pasa frío en invierno ni calor en verano) y está cerrado con grandes cristaleras. Para los amantes de la fotografía, los cristales no siempre están lo suficientemente limpios como para que no dificulten las tomas. En toda la sala hay bastantes bornes interactivos, que ofrecen información de realidad ampliada sobre las diversas vistas que se pueden tener desde los diferentes ángulos. Para los atrevidos, también ofrecen algún quiz, con preguntas sobre la ciudad, para validar el conocimiento que tienen los visitantes de París y sus diversos monumentos.

Hay también una exposición fotográfica permanente, que ilustra sobre la construcción de la propia Torre y la panorámica de París que se tiene desde ella.

Subiendo varios tramos de escaleras, es posible acceder hasta la planta 59, donde se ubica la terraza panorámica al aire libre, aunque protegida del viento por paneles de cristal.

Los principales monumentos de París quedan a la vista maravillada del visitante. Se pueden ver con nitidez (si la meteorología acompaña) las imágenes que identifican a la ciudad: la catedral de Notre Dame, el Museo del Louvre, el Centro Georges Pompidou, el Hotel des Invalides, los Jardines de Luxemburgo, con su Palacio que es sede del Senado francés, la basílica del Sacré Coeur de Montmartre, el Panthéon,...
Palacio del Louvre. Al fondo a la izquierda, el
Sacré Coeur de Montmartre.
(JMBigas, Marzo 2013)

Pero, para mí, la vista que hace que la visita al mirador y terraza panorámicos de la Tour Montparnasse sea de obligado cumplimiento para cualquier visitante de la ciudad es el eje monumental en torno a la Torre Eiffel: École Militaire, Champ de Mars, la propia Torre, Palais de Chaillot y, de fondo, los rascacielos de la zona de La Défense.

En días claros, la vista puede alcanzar hasta los 40 kilómetros de distancia, aunque los principales atractivos están mucho más cercanos.

Cada hora del día tiene su propia personalidad. Para algunos, la mejor hora es la del atardecer, cuando se puede empezar a ver el monumental París iluminado. Personalmente, prefiero el mediodía, a ser posible, de jornadas con cielo despejado.

Conviene dedicar, al menos, una hora para la visita y, si se es muy aficionado a París y/o a la fotografía, conviene pensar más bien en el doble.

Como ya era una hora avanzada para el almuerzo, decidí bajar a la calle, y comí muy bien en una de las múltiples brasseries (cafés, bares, restaurantes,...) que abundan en el entorno. Como la Gare Montparnasse siempre ha sido la puerta de entrada a París desde la Bretaña, por las calles adyacentes abundan las Crêperies bretonas, donde se pueden comer las típicas crêpes (o galettes) saladas o dulces, acompañadas de los clásicos boles de sidra. Y en el 102, Boulevard de Montparnasse se encuentra uno de los restaurantes populares (por fama, que no por precio) más emblemático de París: La Coupole.
Terraza panorámica de la Tour Montparnasse.
(JMBigas, Marzo 2013)

En resumen, la subida al mirador y terraza panorámicos de la Tour Montparnasse debería estar en la agenda de cualquier visitante de la ciudad, a quien le guste hacerse una idea cabal de la ciudad desde una atalaya elevada.

Es posible planificar la visita a las tres atalayas principales de París en un solo día. Yo recomendaría empezar la jornada en el Sacré Coeur de Montmartre (Metro Anvers y Funiculaire de Montmartre) en torno a las 8.30 de la mañana. Se puede ver la zona antes de que lleguen las multitudes, y también, un poco más tarde, en su propia salsa.

Hacia mediodía se puede visitar la Tour Montparnasse (Metro Montparnasse Bienvenüe). En torno a un millón de personas lo hacen cada año. Antes o después de la visita se puede comer en la zona, donde abundan las opciones.

Por la tarde se puede visitar la Tour Eiffel (Metro Bir-Hakeim, o RER C Champ de Mars), pero es imprescindible haber reservado y comprado las entradas previamente por Internet, o las colas se nos comerán los nervios y el tiempo. Hay que afinar un margen de media hora, y comprarlas con bastante antelación, pues no en vano la Tour Eiffel es el monumento de pago más visitado del mundo (más de 7 millones de visitantes al año).

Aparte de las fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una completa colección de 35 fotografías, pinchando en la foto de la Torre.


JMBA

viernes, 14 de febrero de 2014

Las Terrazas del MNAC

El Palacio Nacional es un edificio de estilo clasicista, inspirado en el Renacimiento español, que se construyó en lo alto de Montjuïc, en Barcelona, para la Exposición Universal de 1929, que se celebró en la Ciudad Condal.
El Palacio Nacional de Montjuïc, con las cascadas que
descienden hasta la Fuente Mágica.
(JMBigas, Enero 2014)

En 1934 se convirtió en la sede del Museo de Arte de Cataluña. Tras sucesivas rehabilitaciones y reconversiones, en 1990 se fundó el Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC), cuya sede principal es el Palacio Nacional de Montjuïc.

Desde la Plaza de España, el núcleo de comunicaciones (Metro, autobuses) más cercano, se puede subir hasta el Palacio Nacional por un sistema de escaleras mecánicas (o por escaleras fijas, por supuesto), bordeando el sistema de fuentes y cascadas que diseñó el arquitecto e ingeniero Carles Buïgas i Sans (1898-1979), entre las que destaca la llamada Fuente Mágica de Montjuïc. Desgraciadamente, la Fuente Mágica no siempre está en funcionamiento. Pero, especialmente por la noche, su juego de agua y luz es todavía hoy espectacular y extraordinaria, más de noventa años después de su diseño y construcción.

El domingo 5 de Enero coincidió que estaba en Barcelona por motivos familiares, y tenía la mañana libre. Decidí utilizarla para una breve visita al MNAC y, muy especialmente, a las terrazas recientemente abiertas al público.
Las Cuatro Columnas, con la Plaza de España abajo, y el
Tibidabo enfrente.
(JMBigas, Enero 2014).

Barcelona tiene varios miradores panorámicos destacables. De una parte, la montaña del Tibidabo, con su templo expiatorio, el Parque de Atracciones y la Torre de Collserola. De otra, el Castillo de Montjuïc, de infausta memoria (se utilizó más frecuentemente para atacar la ciudad que para defenderla) desde el que se tiene una vista privilegiada de toda la zona portuaria. Recientemente se añadió la espectacular terraza panorámica circular, en lo alto del Centro Comercial Las Arenas, en la propia Plaza de España. Esta instalación reaprovechó por completo la estructura y fachada de la antigua Plaza de Toros de las Arenas, con una ingente obra de ingeniería, que duró bastantes años.

A esta fantástica panoplia se le han unido recientemente las terrazas del Palacio Nacional (del MNAC, por tanto). Siempre existieron, desde su construcción, pero no eran accesibles al público. Se ha realizado una obra de puesta a punto de las tres terrazas, de modo que, actualmente, se pueden visitar y disfrutar de las maravillosas vistas que se tienen desde ellas.
Vistas panorámica desde la terraza frontal.
(JMBigas, Enero 2014).

El MNAC tiene varias colecciones permanentes, entre las que destaca la que posiblemente sea la colección más completa de Arte Románico. Sin haberlo previsto, me aproveché de que fuera el primer domingo de mes, y la entrada era gratuita. Yo no disponía de mucho tiempo, por lo que únicamente visité una exposición temporal de fotografía (Jo faig el carrer - Yo hago la calle), dedicada a Joan Colom i Altemir (Barcelona, 1921), galardonado, entre otros, con el Premio Nacional de Fotografía en 2002, concedido por el Ministerio de Cultura. La exposición recoge, principalmente, series de fotografías (1957-2010) de Colom por las calles más populares de Barcelona, especialmente del llamado barrio chino, más o menos el actual Raval. Muy recomendable la muestra, sin duda.

Busqué a continuación el acceso a las terrazas, que era mi principal objetivo ese día. Hay un ascensor que sube hasta la terraza frontal (hay que rematar el camino subiendo varios tramos de escaleras a pie). Desde esta terraza, orientada al noroeste, se domina todo el complejo de la Feria de Montjuïc, y la Plaza de España al fondo. Destacan los pabellones feriales, incluyendo alguno original de la Exposición Internacional de 1929, como el de Mies van der Rohe. Por supuesto, la Fuente Mágica y su sistema asociado de cascadas, así como las Cuatro Columnas exentas con capiteles jónicos, que simbolizan la senyera, la bandera de Catalunya. Estas columnas se construyeron originalmente en 1919, en el lugar que actualmente ocupa la Fuente Mágica. Fueron demolidas en 1928, durante la dictadura de Primo de Rivera, y se reconstruyeron en 2010, ubicadas a pocos metros de su emplazamiento original.
Las Arenas, con su espectacular terraza panorámica
circular.
(JMBigas, Enero 2014).

Ese domingo de Enero no era especialmente frío, pero sí extremadamente ventoso en Barcelona. Lógicamente, el viento en las terrazas del MNAC, especialmente en la frontal, era de aúpa y dificultaba la contemplación sosegada de las maravillosas panorámicas.

En la terraza frontal hay unas pequeñas gradas, que permiten, en días sosegados, sentarse y relajarse, con buena parte de la ciudad a tus pies.

Las tres terrazas se han unido entre sí mediante diversas pasarelas instaladas a este fin. El recorrido ofrece vistas de la cúpula principal, así como de las diversas torres que componen el Palacio Nacional, y también, hacia abajo, de algunos de los recoletos patios interiores que ofrece el edificio.

Desde la terraza lateral, orientada al noreste, se domina todo el centro de Barcelona, hasta la zona del río Besós. Destacan en la vista, por su altura, la Sagrada Familia, la Torre Agbar, la Catedral y la Basílica de Santa María del Mar. Hacia la zona del Puerto, destacan las tres chimeneas del Paralelo y el Monumento a Colón, al final de las Ramblas.
Desde la terraza lateral, el centro de Barcelona,
donde destaca la Catedral y Santa María del Mar.
(JMBigas, Enero 2014).

La terraza posterior está orientada al sureste, y desde ella se domina el resto de la montaña de Montjuïc. Muy próximo está el Palacete Albéniz, con los jardines de Joan Maragall, que lo rodean. El Palacete, inaugurado en 1929, es actualmente la residencia oficial de la Familia Real española durante sus estancias en Catalunya. Más hacia el sur y suroeste, destaca el Estadio Olímpico Lluís Companys, originalmente construido en 1929, y completamente reconstruido y rehabilitado para los Juegos Olímpicos de 1992, celebrados en Barcelona. Y algo más a la derecha, se ve el perfil inconfundible de la Torre de Telecomunicaciones de Montjuïc, obra del arquitecto valenciano Santiago Calatrava, inaugurada en pleno Anillo Olímpico en 1992.

Desde esta terraza se toma otro ascensor que desciende hasta la planta baja, en las inmediaciones del Gran Salón. El Gran Salón o Salón Oval es el centro del Palacio Nacional, sobre el que destaca la gran cúpula. En uno de sus extremos destaca un órgano monumental, originalmente construido por la casa alemana Walcker y Cia. Tras la restauración y ampliación realizada en 1955, tiene un impresionante tamaño de 34 metros de longitud por 11 metros de altura, y dispone de seis teclados.
La Torre de Telecomunicaciones de Montjuïc,
obra de Santiago Calatrava.
(JMBigas, Enero 2014).

Este Salón, originalmente diseñado para grandes celebraciones o acontecimientos, fue donde se desarrolló la ceremonia ofricial de inauguración de la Exposición Universal de 1929. Se utiliza con frecuencia para eventos masivos, como bailes de gala, conciertos o congresos, y dispone de un espacio libre útil de 2300 metros cuadrados y graderías para unos 1300 espectadores. Tras su última rehabilitación, dispone también de varios ascensores panorámicos para el acceso a las graderías.

Desde el Salón Oval se puede acceder a las diversas exposiciones del MNAC, así como al café restaurante y a la muy bien surtida tienda del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
Órgano monumental en el Salón Oval.
(JMBigas, Enero 2014).

La bajada desde el Palacio Nacional hasta la Plaza de España supone el reingreso en el entorno puramente urbano. Las escaleras mecánicas, también para el descenso, facilitan el acceso a todos los visitantes.

Para los muy amantes del arte y los museos, el MNAC puede ofrecer varias jornadas de placer. Para los más tibios, convendría reservar, durante la estancia en Barcelona, media jornada para visitar el Palacio Nacional y sus maravillosas terrazas panorámicas, así como alguna de las exposiciones que ofrece, de forma permanente o temporal, el Museu Nacional d'Art de Catalunya.

Para los amantes de las vistas urbanas desde enclaves elevados, las terrazas del MNAC, recientemente abiertas al acceso público, son ya una visita imprescindible durante cualquier estancia en Barcelona.

Aparte de las fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una completa colección de 35 fotografías, pinchando en la siguiente vista panorámica.


También podéis ver un breve vídeo, grabado en las terrazas lateral y posterior del Palacio Nacional (MNAC), así como en el Gran Salón o Salón Oval.


JMBA

lunes, 13 de enero de 2014

Proyecto Cisterna

He estado estos últimos días alejado de este blog, y os merecéis una explicación. Aparte de las clásicas fiestas de inicio de año (Nochevieja, Reyes,...), he tenido que afrontar mi personal Proyecto Cisterna en casa.
Así quedó el interior de la cisterna, tras instalar los
nuevos mecanismos.
(JMBigas, Enero 2014)

El primer síntoma que detecté de un posible problema fue la pérdida de un hilillo de agua en la taza de váter del aseo. El tema parecía menor, y además me pareció que la pérdida no era constante, sino sólo ocasional.

Pero la alarma llegó en forma de factura del agua. Un incremento del orden de un 40% del consumo en metros cúbicos respecto a la factura anterior encendió todas las luces rojas. Hay que pensar que si uno se remansa algo más de lo razonable bajo la ducha, a lo mejor consume veinte litros más de lo necesario. Si eso lo repite todos los días de un mes, a lo mejor el consumo de agua habrá aumentado en medio metro cúbico. Pero si la taza de un WC tiene una pérdida de agua constante, eso se produce durante las 24 horas del día y los 30 días del mes. Y puede resultar en varios metros cúbicos de agua consumida (y desperdiciada) que quedarán fielmente reflejados en la siguiente facturación.
La base de la taza, tras desmontar la cisterna.
(JMBigas, Enero 2014)

Decidí tomar la iniciativa. Hace un par de años tuve un problema parecido con el otro baño. Tras descubrir que en el mundo del saneamiento y la fontanería los estándares son relativos, decidí llamar a un fontanero. Inocentemente, yo había comprado un descargador en una de las grandes superficies dedicadas a los manitas. El dispositivo fue inmediatamente descartado por el profesional. No era compatible, y mi taza era de una marca (Jacob Delafon) que requería un tipo específico de descargador, y el fontanero me dijo que ya no se fabrica, y no sé si todavía podré encontrar uno (sin duda se estaba preparando un sobrecoste en la factura; bueno, factura...). Finalmente parece que lo consiguió y vino un día a instalarlo. Tras la intervención, de vez en cuando todavía me parece que hay alguna pérdida de agua (igual deberé lanzar en breve el Proyecto Cisterna II...). Lo que tengo claro es que las instalaciones realizadas por profesionales no garantizan de ningún modo la ausencia de chapuzas, apaños o ñapas. Sólo que son desconocidas por el cliente.
Los diversos elementos antiguos ya desmontados
de la cisterna.
(JMBigas, Enero 2014)

Esta vez me decidí a dedicarme personalmente a la resolución del problema: primero entenderlo, y luego poner los medios para resolverlo por mí mismo. Por cierto, como parte de la decoración del despacho tenía un precioso descargador nuevo, que resultó (aparentemente) inútil en su momento.

Primero retiré la tapa de la cisterna, para estudiar su comportamiento durante algunos días. Cuando un lego se asoma al interior de una cisterna es como asomarse a los nueve círculos del Infierno del Dante. Al principio, no comprendes nada; luego, la lógica se va imponiendo.

No acabé de entender por donde se escurría el agua, pero el grifo de alimentación presentaba unos borbotones muy sospechosos, y el ciclo de llenado resultaba muy irregular, incluso incompleto en algunas ocasiones.

Como primera medida, cerré la llave de paso del agua, situada junto a la taza. Sólo la abría cuando quería utilizarla, y eso bajo una estricta vigilancia, cerrándola después.

Decidí que lo mejor que podía hacer era sustituir los dos mecanismos internos que hay dentro de una cisterna: el grifo de alimentación y el descargador. Los dos me parecieron muy envejecidos, incluso con un diseño ya nada actual. El descargador sólo soportaba una descarga total, impidiendo las medidas que ya son habituales para conseguir un cierto ahorro de agua, cuando la utilización de la taza es para aguas menores, practicando descargas parciales.
La cisterna, en la mesa de trabajo. Se aprecia la placa
metálica y, al fondo, la llave de plástico.
(JMBigas, Enero 2014)

Vacié la cisterna de agua y desmonté los dos mecanismos. El grifo de alimentación no tiene demasiada complejidad, ya que su única interfase con el exterior es un tubo roscado de medida estándar de 3/8 de pulgada (para la conexión a la llave de alimentación mediante un latiguillo o corta tubería flexible, a fin de adaptarse a la configuración de cada caso). La única precaución es asegurarse de si la alimentación es lateral (por un agujero a la derecha o la izquierda de la parte alta de la cisterna), que es mi caso, o bien por el fondo de la misma. Detalles, en cualquier caso, bastante evidentes.Y, por supuesto, que, por su tamaño, quepa en el interior de la cisterna.

Pero el tema del descargador es bastante más espinoso. La base del mismo está fijada a la cisterna. El cuerpo del descargador normalmente se fija a la base mediante un encaje que requiere sólo un leve giro del cuerpo. El problema es si el nuevo descargador no es compatible con el cuerpo del anterior. Entonces no es posible ese encaje, y no queda más remedio que desmontar la cisterna, y cambiar ese cuerpo por el del nuevo descargador.

Para intentar evitar una intervención mayor, me descargué un voluminoso documento con el catálogo de recambios del fabricante de mi taza (Jacob Delafon). Más o menos identifiqué el modelo de mi casa, pero el descargador original constaba como claramente discontinuado y, por lo tanto, no disponible. Para el recambio propuesto como sustitución, quedaba claro que debía desmontarse la cisterna, es decir, cambiar la base del descargador.
La base de la taza, tras asearla un poco.
(JMBigas, Enero 2014)

Ante ese hecho, pensé que el descargador decorativo que ya tenía en casa sin duda era válido, pero que debería desmontar la cisterna, para sustituir la base. Vi que entre los accesorios incluidos tenía todos los elementos que pudiera necesitar (junta de goma taza-cisterna, tornillos, arandelas, tuercas, para la fijación de la cisterna a la base). Compré un grifo de alimentación lateral en un comercio del ramo, y abordé la realización del proyecto este domingo.

Vi que bajo la parte trasera de la taza sobresalían dos tornillos con sendas palomillas, que se utilizan para la fijación de la cisterna sobre la taza. Pero la cabeza de los tornillos no se veía en el interior de la taza, por lo que, sin duda, iba a encontrarme algún ingenioso dispositivo para evitar más taladros en la porcelana.

Salvo el contorsionismo habitual para acceder a las dos palomillas en el reducidísimo espacio de un aseo, el desmontaje no presentó problemas. Retiradas las dos palomillas con sus correspondientes arandelas de ajuste, bastó levantar la cisterna a pulso, venciendo la leve resistencia de una junta de goma prácticamente desestructurada tras quince años de estar presionada entre las dos piezas (taza y cisterna).

Llevé la cisterna a una mesa de trabajo más cómoda, que había protegido previamente con unas hojas de periódico (siempre quedan restos de agua en una caja que ha estado inundada durante quince años). Allí descubrí el mágico dispositivo de fijación: la base del descargador aprisionaba una placa metálica de unos pocos milímetros de grosor, en la que estaban incrustados los dos tornillos para la fijación taza-cisterna. No tenía más remedio que reutilizar ese mecanismo, so pena de cambiar la cisterna entera.

Para el desmontaje de la base del descargador antiguo pude utilizar una pieza de plástico que actuaba de llave, suministrada con el nuevo. En eso sí hubo un cierto estándar. Retirar la base me costó algunos golpes de martillo (prudentes, que la porcelana es frágil) para desincrustarla del fondo.

Así, conseguí tener la cisterna limpia, sin nada más que porcelana. Por cierto, aproveché para limpiar un poco su interior, así como la base de la taza. Bastó utilizar un paño impregnado con un buen producto limpiador.
La parte inferior de la cisterna, tras montar y fijar la base del
nuevo descargador. Se aprecia el pequeño grosor
extra de la junta, por la presencia intermedia de la
placa metálica.
(JMBigas, Enero 2014)

El montaje de la base del nuevo descargador no presentó prácticamente problema alguno: pasarlo por el agujero del fondo de la cisterna, recolocar la placa metálica con los tornillos, y atornillar la base utilizando la misma llave de plástico. El remate fue la junta de goma, que asegura la estanqueidad entre taza y cisterna. Lógicamente, sobresalía unos milímetros de más, justamente los de la placa metálica de fijación. Esperé que eso no supusiera un problema mayor.

Aprovechando la comodidad de la mesa de trabajo, instalé allí mismo los dos mecanismos. Encajé el cuerpo del descargador a la base, y atornillé el grifo de alimentación, mediante un simple sistema de arandela interior más tuerca exterior.

Otra vez a pulso y con el correspondiente contorsionismo, fijé de nuevo la cisterna a la taza. El excesivo grosor de la junta (debida a la presencia de esa ingeniosa placa metálica), provoca que quede algún milímetro de holgura entre ambas, de modo que la fijación se realiza ahora sobre la junta de goma y gracias a los dos tornillos. Espero que esta leve holgura no me genere un problema, que me obligaría a conseguir una nueva junta algo menos gruesa, o cambiar la cisterna entera.
Trabajo concluido, con el doble pulsador ya instalado y
fijado, y la tapa cerrando la cisterna.
(JMBigas, Enero 2014)

Atornillé el latiguillo al grifo de alimentación, y todo estaba ya listo para abrir el paso del agua, y ver lo que pasaba. La cisterna se llenó de agua hasta un cierto nivel, se paró la alimentación, y no había rastro de pérdida alguna de agua. Quedaba la fase final del ajuste.

Los mecanismos modernos (tanto el grifo de alimentación como el descargador) tienen un mecanismo de regulación que, básicamente, varía la altura de un elemento flotante. El del grifo de alimentación regula el nivel de llenado de la cisterna, mientras que el del descargador varía el volumen de la descarga parcial (aunque puede haber diversas variantes).

Ajusté los dos reguladores a mi gusto (un cambio en el futuro supondría una intervención muy menor). Y ya sólo quedaba el remate de la operación.

El mecanismo del descargador (del que compré hace ya un cierto tiempo, recién instalado en la cisterna) se activa mediante un cable. Este tiene, en su extremo, el dispositivo para el anclaje del vástago del pulsador exterior para la descarga. El pulsador (doble, para descarga total y parcial), se ajusta a agujeros en la tapa de diversos diámetros, mediante un collarín troncocónico. La fijación del pulsador al cable es por presión (hay que oír un clic), y la del pulsador a la tapa se realiza mediante una tuerca de plástico. Esta tiene un segundo uso, como empujador para la desconexión del pulsador con el cable.

Ajusté finalmente la tapa de nuevo, y el trabajo quedó concluido a (casi) plena satisfacción. Tenía la gloriosa sensación de haber conseguido burlar las infinitas trampas sembradas por los diversos gremios para mantener a los legos alejados de sus respectivas especialidades, de haber aprendido sus particulares lenguajes de germanía. Como ingeniero que soy, comprender por fin los arcanos misteriosos por los que funcionan las tazas de váter ha sido un logro destacable, que pienso incluir en mi currículum.

Os he incluido algunas fotografías que ilustran el proceso completo.

JMBA


(25/2/14) - Para completar la misión, y asentar correctamente la cisterna sobre la taza, compré una lámina de corcho de 5mm de espesor. Con un cutter recorté cuñas de la forma y tamaño adecuado para su función. Finalmente, puedo decir que las dos tazas de mi casa (al final lancé inmediatamente el Proyecto Cisterna II) han quedado niqueladas, con mecanismos y juntas nuevos, y con cuñas de corcho para el correcto asentamiento de la cisterna sobre la taza, a pesar de los pequeños inconvenientes que he venido relatando.

Con una plancha de corcho recorté cuñas del tamaño y forma
adecuadas. Con cuatro o cinco superpuestas, el ajuste resultó correcto.
(JMBigas, Enero 2014)

jueves, 2 de enero de 2014

Novedades en croissants

Desde Agosto de 2011, he publicado varios artículos dedicados a la búsqueda implacable del croissant excelente, ese que parece ser un personaje de ficción. Podéis verlos todos seleccionando croissant en la lista de palabras clave al pie de esta página.
Croissants de Fonty. Muy cercanos a la perfección
en su estilo.
(JMBigas, Diciembre 2013)

Esta última semana he descubierto dos novedades interesantes, que quiero compartir con vosotros.

Granier es una cadena de origen catalán, que está expandiendo, con el modelo de franquicia, el concepto de panadería de barrio. En Catalunya es muy frecuente ver, por todos los barrios y pueblos del territorio, los llamados Forn de Pa o Fleca. Es decir, las tradicionales panaderías que acostumbran a disponer de obrador propio. Ofrecen productos variados de este segmento, como pan de diversos tipos, bollería (croissants, ensaimadas, las típicas cocas de pan, con azúcar y piñones o almendras,...) y otros productos del ramo. Asimismo han aparecido en las últimas décadas diversas cadenas dedicadas a este comercio.

Por el contrario, en Madrid el comercio minorista del pan ha sido muy maltratado. La progresiva desaparición de las tradicionales tahonas obligó a los consumidores particulares a comprar un pan de muy dudosa calidad en las tiendas de ultramarinos de barrio, normalmente procedente de panificadoras. Con el paso del tiempo, los supermercados e hipermercados han identificado esta carencia, y hoy es posible encontrar secciones de panadería muy bien surtidas, algunas de ellas incluso con un nivel de calidad más que apreciable en estos sitios. En cualquier establecimiento de Carrefour, Hipercor, Supermercado de El Corte Inglés, etc. se puede comprar pan y bollería, de calidad, por lo menos, bastante digna. Pero no es práctico tener que visitar un establecimiento de este tipo todos los días.

La evolución de la tecnología ha permitido que sea frecuente el horneado de pan, a partir de masa congelada y con hornos eléctricos ad hoc, en tiendas de barrio de diversos tipos, incluidas las gasolineras. Así, es posible conseguir baguettes recién horneadas, de calidad razonable, pero una vida útil muy corta hasta que se convierten en incomestibles, por duros o gomosos.
Baguette con semillas de amapola de Fonty. Curiosa,
pero nada excepcional.
(JMBigas, Diciembre 2013)

Ante esta carencia, han aparecido algunas pequeñas cadenas dedicadas al pan en general, pero muy habitualmente con una aproximación de producto gourmet o delicatessen y precios, en consecuencia, bastante elevados. A menudo, mucho más elevados de la calidad que ofrecen. Así, por ejemplo, el [h]arina, con un establecimiento frente a la Puerta de Alcalá, y varios en el interior de los espacios Gourmet Experience de El Corte Inglés. Personalmente, no me acaba de satisfacer el pan que ofrecen, a precios de lujo, por cierto.

Granier viene a llenar ese hueco en el mercado minorista del pan en Madrid. Ya hay algunas docenas de establecimientos a pie de calle, con la estética de la tradicional panadería, o incluso de las afamadas boulangeries francesas. La mayoría de locales son mixtos, con un mostrador de venta para llevar, y mesas para degustación in situ.

Los últimos días he visitado dos de sus locales. El primero en General Perón, 10 (relativamente próximo a la zona de Azca, la Castellana y el Santiago Bernabeu), el sábado 28 de Diciembre. El segundo en Albarracín, 1 (esquina con Alcalá, muy cerca de Arturo Soria), el martes 31 al mediodía. En los dos tuve que guardar cola, pues había una buena afluencia de clientes. En mi visita del martes, en un mostrador de no mucho más de tres metros de largo había hasta cuatro dependientas despachando pan y otros artículos.

Practican precios muy populares y atractivos, con múltiples variedades de pan incluso por debajo del euro la pieza, y una fenomenal promoción de croissants, de 3 piezas por 1,50€. También tienen, de momento bastante tímidamente, algunas especialidades absolutamente inexistentes en Madrid, como la coca de panadero o la coca de vidrio (una masa muy fina, en forma redonda, cubierta de azúcar y almendra triturada) de calidad bastante razonable.

Los croissants, con factor de forma típicamente francés, son razonables, aunque no para tirar cohetes. Su muy atractivo precio de 0,50€ la pieza (al menos, durante la actual promoción) los convierte en muy competitivos. En cuanto a calidad, yo les pondría un 6,5/10. Correctos, pero no excelentes.

Les auguro mucho éxito en Madrid, carente, en general, de tiendas de barrio de este tipo. El único problema para mí, que vivo relativamente alejado de las zonas más comerciales, es que aproximarse a esas tiendas en coche y poder aparcar legalmente en sus alrededores durante unos minutos no siempre resulta posible ni evidente.


La segunda novedad es absolutamente diferente. Una mujer de origen en la República Checa formada en estos temas en Francia, abrió hace unos meses un establecimiento singular en la calle Castelló, 12 (muy cerquita de Alcalá y el Retiro). Se llama Fonty, recordando a la ciudad francesa de Fontainebleau, cercana a París. Tienen un obrador propio, visible para los clientes a través de una pared de cristal, para la elaboración de pan, bollería y pastelería.
Un interior y una reacción al corte absolutamente
canónicos, en los croissants de Fonty.
(JMBigas, Diciembre 2013)

El principal filón del negocio es la degustación in situ, para lo que hay un buen número de mesas en la sala. También hay un mostrador dedicado a la venta para llevar, aunque me ha dado la sensación de que esa parte de la actividad la tienen por secundaria. Ofrecen un par de especialidades de pan (baguette artesana y baguette recubierta de semillas de amapola). Eso sí, a 1,50€ la pieza. Correctas, pero nada extraordinario.

Por el contrario, producen unos croissants excelentes, en la mejor tradición francesa, a 1,50€ la pieza. Para mí, de 9/10. De tamaño medio y forma adiamantada perfecta (casi un rombo geométrico), su apariencia exterior es mate, y transmiten la sensación de un horneado perfecto. A pesar de ser elaborados con mantequilla, la tripa interior es de color blanco (una muy buena señal). La corteza cruje y se queja al mordisco o corte, desmigajándose un poco. La densidad y distribución de volumen es muy buena (doble grosor en el centro que en los extremos). La apariencia del interior es de un hojaldrado regular. Deliciosos de sabor, no resultan pesados ni dejan ningún tipo de regusto grasiento. En resumen, un producto muy destacable y a retener.
Dado el precio, el embalaje es importante. Bolsa de papel
blanco, con una elegante etiqueta adhesiva.
(JMBigas, Diciembre 2013)

El único problema es que me costó visitarles tres veces antes de conseguir comprar algunos croissants. Su orientación clara a la consumición en el propio establecimiento les lleva a horarios de salida del horno de la bollería adecuados para los desayunos y las meriendas. Según reza un cartel, la bollería saldría a las 9 y a las 16 horas (aunque el fin de semana abren a las 10 de la mañana). Mi primera visita fue un sábado a las dos y media de la tarde, sin éxito. La segunda, un domingo a las doce y media del mediodía, y agua de nuevo. En la tercera, un domingo a las once de la mañana, pude comprar algunos (de una bandeja con apenas cuatro o cinco que tenían en el mostrador). Aunque pude ver en el obrador algunas bandejas adicionales en fase de horneado.

El establecimiento ofrece también diversos productos de pastelería de gama alta, a los que no soy nada aficionado, por lo que no añado ningún comentario.

En resumen, un local muy agradable donde desayunar o merendar, o incluso almorzar con diversas propuestas informales. Con un pequeño esfuerzo de horarios, también un cliente puede llevarse a casa, para disfrute propio, de la familia y/o amigos, unos croissants excelentes, de lo mejor que está a la venta en Madrid, junto con los de Oriol Balaguer (que ya he comentado en otra ocasión), para los que también hay que madrugar.

Parece que la búsqueda del croissant perfecto va dando algunos frutos, con el paso del tiempo.

JMBA