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lunes, 9 de agosto de 2010

T Cuadrado

Trinidad y Tomás. Tomás y Trinidad.

(Trinidad Jiménez. Fuente: www.publico.es).

Hoy parece ser que ha vuelto (¿precipitadamente?) de vacaciones la Ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez. Y se ha apresurado a confirmar que, efectivamente, va a competir por la candidatura del PSOE a la Comunidad de Madrid. Disputándole el puesto, en unas elecciones primarias a celebrar a primeros de Octubre, a Tomás Gómez, que fue nombrado secretario general del PSOE en Madrid ahora hace 3 años.

Menos mal que este caluroso (pero no tan soleado, al menos en Madrid) mes de Agosto nos da alguna de estas serpientes de verano a las que hincar el diente.

El aparato del PSOE ha llegado a la conclusión de que con Tomás Gómez no tiene ninguna posibilidad de arrebatarle el gobierno regional a Esperanza Aguirre. Lo cual no es de extrañar, porque Tomás Gómez ni siquiera tiene un escaño en la Asamblea de Madrid, lo que lo convierte en un perfecto desconocido para (casi) todo el mundo en la Comunidad de Madrid. Fuera de Parla, claro, donde fue el alcalde elegido con la mayoría más abultada de toda España.

(Tomás Gómez. Fuente: www.diarioya.es).

Un candidato debe ser conocido por la gente. Y apreciado, si ello es posible siendo político. Para el líder de la oposición es básico poder hablar en el Parlamento, en el debate sobre el Estado de la Región ó Nación. No estar en el Parlamento, y no estar en el poder, es una fórmula infalible para mantener hasta al diamante más pulido en estado de clandestinidad.

Pero lo que ahora no debería hacer el aparato del partido es darle la patada a Tomás Gómez. Posiblemente ha hecho una buena labor interna en el PSOE de Madrid (al menos así lo reconoce gente bien cualificada). Y ser un perfecto desconocido, y no tener ninguna opción de desbancar a la increíblemente mediática Esperanza, no es culpa suya (al menos, no por completo).

Me diréis que unas primarias no es darle la patada. Seamos serios, que todo el aparato, empezando por el Presidente del Gobierno, han tomado posiciones a favor de Trinidad Jiménez, y por tanto, en contra de Tomás Gómez.

Entiendo que Tomás Gómez piense que su responsabilidad para con sus seguidores es seguir adelante. Pero, como la Armada Invencible, no vino a luchar contra los elementos. Es inútil seguir adelante con el desgaste que suponen unas primarias (para el que gana y para el que pierde; porque el resultado no es otro).

Creo que lo mejor para él, para Trinidad, para el partido y para toda la sociedad de Madrid sería que dimitiera de modo inmediato de su candidatura a la Comunidad de Madrid. Que se apañen ellos. Y que, desde ya, esté claro quién disputará el cetro a Esperanza Aguirre. Ah, y por cierto, que Trinidad Jiménez dimita de modo inmediato de su cargo de Ministra de Sanidad.

Claro que debe haber suficientes elementos de disciplina, obediencia debida y demás zarandajas de cualquier estructura jerárquica, que probablemente no le permitan a Tomás Gómez hacer eso, y tendrá que aguantar el chaparrón. Ojalá gane las Primarias, y entonces todo este desgaste habrá sido inútil, pura sobrecarga de los apparatchik (liderados por Pepe Blanco, que Leire Pajín es la Voz de su Amo).

Porque ganar, ganar, el PSOE, en Madrid, lo tiene más bien entre regular y fatal. Por el momento.

Y, por cierto, Zapatero nunca debería haberlo recibido en Moncloa, sino en Ferraz. Que el café de Moncloa lo pagamos entre todos.

JMBA

domingo, 8 de agosto de 2010

Chablis (Borgoña 1)

Voy a empezar a hablaros algo de la zona vinícola de la Borgoña por su excepción (al menos geográfica).

La Borgoña vinícola se desarrolla en una franja Norte-Sur, relativamente estrecha, entre Dijon y Macon, extendida hacia el Sur, según las consideraciones, hasta incluir el Beaujolais, ya cerca de Lyon. Incluye zonas de los Departamentos de la Côte d'Or y de Saône et Loire, mientras que el Beaujolais se sitúa más al Sur, en el Departamento de Rhône (Lyon). Este último, administrativamente ya no pertenece a la Région Bourgogne, sino a la Rhône-Alpes.


Sin embargo, la zona de Chablis es satélite de la Borgoña principal, ya que está situada más al noroeste, cerca de la ciudad de Auxerre (85.000 habitantes). El pueblo de Chablis es su centro (2.500 habitantes), a unos veinte kilómetros al este de Auxerre, y a algo menos de 200 kilómetros de París, sobre el eje de la Autoroute du Soleil, que conduce a Lyon y, por el valle del Ródano, hacia la Provenza.

Chablis produce únicamente vino blanco, a partir de uva Chardonnay. Un vino que es una auténtica golosina para el paladar. De hecho, para mí, la Borgoña produce los mejores vinos blancos que yo conozco, y algunos pueden envejecer mejorando durante incluso docenas de años.

Los viñedos de Chablis se extienden siguiendo las laderas de las colinas que bordean el curso del río Serein, por el municipio de Chablis y hasta casi una veintena de municipios próximos, por un total, actualmente, de algo más de 4.500 Hectáreas.

Existen cuatro denominaciones para el vino de Chablis. De pequeña a grande, están el Petit Chablis (780 Ha y 46.000 Hl de producción anual media), el Chablis (3.150 Ha y 187.000Hl), el Chablis Premier Cru (770Ha y 43.900Hl) y el Chablis Grand Cru (103Ha y 5.200Hl). Los dos primeros son genéricos, mientras que los crus van acompañados de la denominación del terreno (lieux-dit) o climat, como se le llama en Borgoña.

Los Grands Crus ocupan las laderas mejor expuestas, cercanas al propio pueblo de Chablis. Los apelativos topográficos (climats) son los siguientes: Blanchot, Bougros, Les Clos, Grenouille, Les Preuses, Valmur y Vaudésir.

Los Premiers Crus tienen más de una treintena de lieux-dits (lugares llamados o climats específicos) de los que los más conocidos son los Montée de Tonnerre, Mont de Milieu, Fourchaume, Vaillons y Montmains.

Existe una cooperativa muy potente en la zona del Chablis, La Chablisienne (www.chablisienne.com). Agrupa a unos 300 productores y vinifica en torno al 25% del total del viñedo de Chablis. Asimismo, hay muchos viticultores independientes, en Chablis y en el resto de pueblos del entorno. La mayoría acostumbran a ofrecer visitas, degustación y venta. Pero, al tratarse en general de pequeñas explotaciones, hay que concertar la visita con antelación. Incluso para comprar vino en algunos de ellos, no tienen habitualmente un horario estable.

Por ello, la mejor opción (por lo menos la más simple si no se tiene mucho tiempo) es comprar en La Chablisienne (Boulevard Pasteur, Chablis), que tienen un amplio horario de apertura (que podéis consultar en su web). Bajo marca La Chablisienne disponen de todas las denominaciones, y prácticamente todos los lieux-dits de Premier y Grand Cru. De hecho el Grand Cru Grenouilles lo tienen en exclusiva, y producen el Chateau Grenouilles, que es su vino más alto de gama.

En el centro del pueblo de Chablis hay varias tiendas que venden vino de la zona. Además, algunos productores tienen su propia tienda en el pueblo, donde se pueden comprar vinos de su producción (habitualmente algún Grand Cru, algún Premier Cru, Chablis y Petit Chablis). Aunque en los últimos años he visto cerrar alguna de estas tiendas. Dentro de Chablis destacaría el Domaine Laroche (http://www.larochewines.com/), el Gouailhardou (ambos en la calle principal del pueblo), o el Domaine Vocoret (http://vin-blanc.domaine-vocoret.com/) (en la Route d'Auxerre, a las afueras del pueblo).

En la tienda del Domaine Laroche es donde me contaron que sus mejores vinos los embotellan con tapón de rosca (y no corcho), evitando de esta forma las posibles interacciones negativas entre el corcho y el vino. Da la sensación de que esta tendencia se está extendiendo porque, además, el precio del tapón de corcho no es nada despreciable en la actualidad. En países vinícolas como Africa del Sur, Australia o Nueva Zelanda, la mayoría de vinos ya se embotellan con tapón de rosca.

En cuanto a precios, un Petit Chablis se puede comprar por unos 6-8 Euros, un Chablis por 8-10, un Premier Cru a partir de 10 Euros (habitualmente en torno a 12-15 Euros), mientras que el precio de partida de un Grand Cru está en el entorno de los 25-30 Euros.

Tradicionalmente, el Chablis no tiene madera, por lo que se compran habitualmente cosechas relativamente recientes. Pero se está extendiendo para algunos vinos de la gama media, el ofrecer versiones envejecidas en barrica, algo más caros que la versión fresca.

Si queréis más detalles sobre la zona y sus vinos, os recomiendo la Guide Hachette des Vins 2010 (la versión de 2011 aparecerá en torno al próximo Noviembre). Tienen también una web muy completa (www.hachette-vins.com).

Tomando únicamente el aspecto turístico, para mi gusto el paisaje de las colinas de los viñedos de Chablis es de los más bonitos que conozco. Si alguna vez tenéis que viajar de París a Lyon por carretera, tomad la salida 20 (Tonnerre) de la Autopista, hacia Chablis y alrededores. El desvío os garantizo que merece la pena.

Os incluyo el acceso a una galería de fotografías de la zona de Chablis, donde os podéis hacer una idea de la belleza de los paisajes de viñedos. Eso sí, si buscáis Sol, Chablis NO parece el mejor destino.


(Pinchad en la foto y tendréis acceso a una galería de 26 fotografías del pueblo de Chablis y de los viñedos de su alrededor, que reside en el servicio Google PicasaWeb).

¡¡¡Que lo disfrutéis!!!

JMBA

Sacré Coeur de Montmartre

He estado varias veces en el Sacré Coeur de Montmartre, y siempre había sacado la conclusión de que es un sitio habitualmente atestado de turistas, vendedores ambulantes y artistas callejeros. Aparte, por supuesto, de lo bonita que es la Basílica, el entorno y las vistas de París que se tienen desde ahí.

El viernes 30 de Julio tuve ocasión de conocer la zona con otra perspectiva diferente. Llegué a la estación de Metro Anvers (sobre el Boulevard Rochechouart) en torno a las 8.20 horas de la mañana. Los cafés abiertos, los comercios cerrados, y ni rastro (todavía) de los grupos numerosos de turistas.

Remonté a pie las dos manzanas de la rue Steinkerque hasta la estación baja del Funicular de Montmartre. Llegué, pues, al pie de la basílica en torno a las ocho y media de la mañana. Sin vendedores ambulantes ni grupos de turistas.

Hice unas cuantas fotos de la Basílica, y de las vistas de París que se tienen desde la explanada frente a ella. Luego me fui por detrás, hacia la Place du Tertre, habitualmente con las terrazas atestadas y docenas de artistas callejeros persiguiendo al turista para hacerle retratos, caricaturas, o el pino si hiciera falta. Las terrazas estaban preparadas, pero vacías todavía. Y artistas había sólo unos poquitos.

Claro que la extremada carestía de clientes potenciales a esa hora me hizo el objetivo de uno de los pocos artistas que ya estaban a pie de obra. Le dije a Sandro (un suizo italiano del Ticino) que no perdiéramos el tiempo ni él ni yo, que yo no quería ningún retrato ni nada similar. Al principio desistió, pero al volvérmelo a cruzar de vuelta, empuñó un lienzo y se empeñó en hacerme un retrato, allí, de pie los dos. Cuando terminó, lo firmó y me lo iba a dar. Yo le dije que le daba cinco euros por hacerle una foto (al retrato), pero que se lo quedara él. Ni hablar del peluquín, que el retrato me lo tenía que llevar yo. Al final la broma me salió por diez euros, y me llevé un retrato que, al principio, pensé que era yo con treinta años menos. Mirándolo bien, luego, llegué a la conclusión de que NO soy yo.

Como no iba preparado, el retrato acabó llegando a casa arrugadito y tal y tal. Menos mal que tuve la inciativa de hacerle una foto sobre el capó de un coche allí mismo, que os incluyo en la colección de fotografías del lugar.


(Pinchad en la foto, y tendréis acceso a una colección de 46 fotografías del Sacré Coeur y su entorno, con hermosas vistas de París. La galería de fotos reside en el servicio Google PicasaWeb).

Las vistas de París desde el Sacré Coeur son muy hermosas, especialmente en días claros (a mi me tocó una mañana bastante clarita, salvo un poco de calima sobre la ciudad). Es curioso ver todos los edificios del centro de París (salvo la Tour Eiffel y la Torre Montparnasse) de una altura modesta, y los rascacielos asediando la ciudad desde más allá del Boulevard Peripherique.

Cuando emprendía el camino de vuelta (algo más tarde de las nueve de la mañana), riadas de turistas estaban ya alcanzando la cumbre, el Funicular subía atestado, y había cola en la estación baja. Les dejé el campo libre, a ellos, y a las docenas de vendedores ambulantes que ya habían extendido sus improvisados tenderetes, esperándoles.

¡¡¡Que lo disfrutéis!!!

JMBA

sábado, 7 de agosto de 2010

Montjuïc

Montjuïc es la segunda gran atalaya para poder ver Barcelona (casi) desde el aire. Junto con el Tibidabo, claro.

Montjuïc (o Montjuich, como habitualmente se ha venido escribiendo en castellano) es una montaña junto al mar, donde hay muchos equipamientos públicos (Palau Sant Jordi, Piscinas, Estadio Olímpico, Cementerio del Sudoeste, etc. etc.).

En su cima está el Castell de Montjuïc, auténtica fortaleza costera para defender la ciudad de ataques marítimos. Desgraciadamente, el Castell ha jugado un papel más bien negro en la historia de la ciudad, y la fortaleza construida para defenderla, a menudo fue utilizada más bien para lo contrario. Por todo ello, el Castell (que hoy en día ya no es una instalación militar, sino que está a disposición del Ayuntamiento) es una patata caliente, cuyo uso futuro todavía no está claro. En el ánimo de muchos políticos seguramente está la opción de simplemente demolerlo, pero eso no se puede hacer. Y hay proyectos diversos a debate, para definir su uso futuro como equipamiento para el ciudadano.

A diferencia del Tibidabo (relativamente alejado del mar), desde Montjuïc se tiene una visión privilegiada de la fachada marítima de Barcelona, incluyendo todas las instalaciones portuarias, así como hasta el Port Olímpic, algo más alejado.

El acceso a Montjuïc se puede realizar por medios públicos (y así lo hice yo el domingo 25 de Julio de 2010; fecha de la colección de fotografías que os regalo). En Metro se llega a la estación de Paral.lel (líneas 2 ó 3), y allí se enlaza directamente con el Funicular de Montjuïc (sin pagar de nuevo, si se tiene un billete validado de Metro).

El Funicular sube hasta la mitad de la montaña. Junto a su estación superior está la estación inferior del Teleférico de Montjuïc, que remonta al visitante hasta las murallas del Castell. El precio del billete de Adulto para el Teleférico (de subida y bajada) es de 9€.

Hay una estación intermedia del Telefèric (sólo accesible en el sentido de descenso) que deja al visitante junto a los Jardines Joan Brossa y el Monumento a la Sardana, donde hay otro excelente Mirador.

La subida a Montjuïc debería formar parte de los deberes de cualquier turista en Barcelona, al igual que la subida al Tibidabo.


(Pinchad en la fotografía, y accederéis a una colección de 36 imágenes de esta excursión, que reside en el servicio Google PicasaWeb).

Los que hayáis visitado Barcelona, pero no Montjuïc, anotaos falta, y corregidlo en cuanto podáis. Los que no conozcáis todavía Barcelona, anotaos Montjuïc como una excursión obligatoria, para cuando tengáis ocasión de estar allí.

¡¡¡Que lo disfrutéis!!!

JMBA

jueves, 5 de agosto de 2010

Los Toros

Algún gracioso desconocido (al menos para mi) acuñó aquello de que donde esté una buena corrida, que se quite el Fútbol. Y los Toros.


Estos días los Toros están en portada de los medios de comunicación, debido a la votación que se ha realizado en el Parlament de Catalunya para prohibir su celebración en ese territorio.

La semana de la votación yo estaba de viaje por Francia. Y las únicas dos noticias relacionadas con España, retransmitidas una y otra vez por la radio (France Info) eran el buen papel de los atletas franceses en los Campeonatos Europeos de Atletismo, y la votación contra los Toros en el Parlament de Catalunya. Un poco patético, quizá.

Soy, por principio, contrario a las prohibiciones. Porque, en general, la necesidad de prohibir sólo aparece cuando ha fracasado la capacidad de convencer, bien porque los argumentos no tienen el peso suficiente (o admiten opiniones válidas de muy diverso tono) o porque se agotó la capacidad de comprender. 

Prohibir es, básicamente, reconocer un fracaso, y eso nunca es bueno. Y, además, prohibir tiene por objetivo extender la visión de unos sobre todos los demás.

Me preocupa el talante de algunos políticos (los socialistas, en estos tiempos, presentan ese tic con bastante frecuencia) que se empeñan en regular hasta los aspectos más privados de la vida de los ciudadanos, mediante normativas y prohibiciones que a menudo resultan en intrusiones inaceptables en la libertad individual de los ciudadanos.

Por eso me gusta el tono de leyes como la del Aborto, que no prohibe ni obliga a nadie. Solamente da cobertura legal a la decisión, sin duda muy dramática, de algunas mujeres, por razones que visualizan como válidas. Empeñarse, como hace la derecha y la Iglesia, en prohibir el aborto es dar la espalda a la realidad social. La Ley no les obliga a abortar, si su conciencia no se lo permite. Claro que la necesidad o las circunstancias a veces violentan la conciencia, y es mejor siempre lo legal que lo clandestino. 

No soy aficionado a los Toros. En toda mi vida habré visto en directo unas tres o cuatro corridas de toros, con ocasión de Ferias o Fiestas significadas, donde la corrida forma parte del desarrollo de la fiesta misma. Y debo reconocer que sufro más por los toreros que por el toro. El toro de lidia, cuidado durante su vida en las dehesas entre algodones, va a la Plaza donde va a terminar su vida, en ocasiones de forma hasta épica. En lugar de ir al Matadero.

El Torero juega con ventaja, claro. Porque, habitualmente, sale vivo de la Plaza. Pero corre un riesgo cierto, y el número de toreros muertos por un toro en la plaza es significativo.

El ser humano, por razones que yo sería incapaz de explicar, es el único animal de la Tierra que tiene conciencia de sí mismo. Y utiliza los recursos que le brinda la tierra para su propio beneficio e interés. Creo que sí tenemos la obligación de que esta explotación sea sostenible. Es decir, tenemos que asegurarnos de que las siguientes generaciones tendrán las mismas oportunidades que hemos tenido nosotros. Recojamos las manzanas, pero no talemos el manzano. Este es el principio.

(Toro de Lidia en el Campo. Fuente: http://blogdetoros.com/tag/francisco-galache/).

Entre los recursos de la Tierra están también los animales. El ser humano los cría con el único objetivo de aprovechar lo que los animales producen. Sea contribuyendo con los huevos o la leche a la alimentación humana, o comprometiéndose con su propia vida a alimentar nuestros frigoríficos con pechugas de pollo, chuletas de cordero, filetes de ternera, o chorizos y jamones. También cría otros animales (perros, gatos, hamsters,...) para que le sirvan de compañía doméstica, o para que realicen otras tareas para las que ciertos animales están capacitados (caballos, bueyes, camellos,...).

Podríamos discutir este principio de funcionamiento, pero yo, desde luego, no pienso hacerlo. Manejar, con la frivolidad con que se viene haciendo en el tema de los Toros, los argumentos ligados con la tortura a los animales, me parece una sublimación ascética de lo políticamente correcto, que no comparto. Seguir por ese hilo me lleva a territorios que no me gustaría habitar. Si negamos la capacidad (y el derecho, si a eso vamos) del ser humano para modificar su entorno, entonces nunca habríamos salido de las cavernas. Y ni yo, ni ninguno de mis lectores, ni los favorables ni los detractores de los Toros, siquiera existiríamos.

Si imaginamos que los bóvidos tuvieran conciencia y discernimiento, pensemos en cuál podría ser su decisión enfrentados a la alternativa de ser criados como toros de lidia, y vivir sus últimos quince minutos de gloria en la Plaza, o criarse en granjas para carne, y acabar troceados en un blister de cualquier supermercado de barrio. Claro que si eso fuera así, quizá seríamos los seres humanos los que acabáramos corriendo como pollos descabezados, intentando inútilmente evitar ser corneados en un recinto habilitado al efecto (¿la Plaza de Hombres?) por uno o varios toros, que serían los Señores. Para el placer de otros miles aposentados en el lugar del público.

Desgraciadamente, no podemos cambiar solamente algún elemento del conjunto, sin que todo el andamiaje se venga abajo. El Mundo no es como es por el placer o la decisión de algunos, sino que obligatoriamente tiene que ser un sistema viable, que se sostiene en un cierto equilibrio y resiste al paso del tiempo.

A todo ello tenemos que añadirle, lógicamente, los intereses espúreos (casi bastardos) de ciertos políticos, que utilizan el tema de los Toros para establecer una distancia (artificial) entre la Civilizada Catalunya y la Salvaje España (bueno, el salvaje resto de España). Nada nunca puede ser tan simple. Y defender algo así sólo manifiesta la propia estulticia, o la creencia de que los tontos somos los ciudadanos. Y ambas cosas son reprobables en políticos con poder. Se les ve el plumero.

No me gustan los Toros. Pero odio prohibir, porque solamente es reconocer un fracaso. Enfrentado a una votación como la del Parlament de Catalunya, sólo habría podido abstenerme.

Claro que, posiblemente, en Catalunya no existe el negocio de la cría del toro de lidia. En toda Catalunya sólo existe una Plaza de Toros en funcionamiento, y organiza apenas una o dos docenas de corridas al año. Por lo que el ejercicio es con gaseosa y en casa. Apenas afecta al bolsillo, y sacar pecho sale barato.

Que intenten regular la tortura a los cerdos o a los pollos en las granjas intensivas. Que sabrán lo que es hacerlo en público y con champán del bueno.

Cuentan que, durante una guerra, le preguntaron a un ciudadano qué haría si tuviera un gran castillo con mucho terreno. La respuesta fue: "Lo donaría a la Cruz Roja, para que lo convirtieran en un hospital para ayudar a los heridos". Luego le preguntaron qué haría si tuviera un gran coche. La respuesta fue: "Lo donaría a la Cruz Roja, para que lo utilizaran como ambulancia para poder trasladar a los heridos con rapidez al hospital". Luego le preguntaron qué haría si tuviera una moto de gran cilindrada. La respuesta fue: "Ojo, que moto tengo".

Agradeceré todos los comentarios sobre este tema. Sean favorables o desfavorables. Siempre que no sean ofensivos y dejen los fanatismos al margen, por favor.

Dejémonos de pamplinas y papanatismos, que nos olvidamos de lo principal.

JMBA

Tibidabo

Deberían implantar un control de salida en el Aeropuerto de Barcelona, para evitar que ningún visitante se vaya de la ciudad sin haber visitado, al menos, una de sus dos atalayas: el Tibidabo y Montjuïc.

En la cima del Tibidabo (que forma parte de la Serra de Collserola) hay un Parque de Atracciones muy tradicional, así como el Templo Expiatorio del Tibidabo. En un edificio relativamente antiguo de la cima, recientemente se ha inaugurado el lujosísimo Hotel Florida.

A la cima del Tibidabo se puede acceder en vehículo privado (y utilizar el aparcamiento de pago), o bien hacerlo mediante medios públicos.

En este caso, el ascenso empieza en la parada del Tramvia Blau (Tranvía Azul), situada frente al edificio de La Rotonda, en las confluencias del Passeig de Sant Gervasi y la Avinguda del Tibidabo. Hay numerosos autobuses que tienen parada cercana, y cruzando el Passeig de Sant Gervasi está la estación de los Ferrocarrils de la Generalitat (integrados con el Metro de Barcelona en cuanto a tarificación) de Avinguda del Tibidabo.

Con el Tramvia Blau (4,10€ cuesta el billete de subida y bajada) se realiza todo el ascenso de la Avenida del Tibidado hasta la Plaza del Doctor Andreu, donde está la estación inferior del Funicular del Tibidabo. Con el Funicular se accede a la plaza central de la cima del Tibidabo, frente al Templo Expiatorio y junto a la entrada al Parque de Atracciones. El precio del billete es de 4€ (subida y bajada; única opción disponible).

Existe un medio alternativo de acceso, mediante el Funicular de Vallvidrera y un pequeño autobús de barrio.

Desde la cima, donde hay varios Miradores muy bien preparados para ello, en días claros (las fotos fueron tomadas el sábado 24 de Julio de 2010) se domina toda la ciudad y los alrededores. Las vistas son impresionantes, y permiten abrazar Barcelona de una sola mirada.


(Pinchad en la foto, y accederéis a la colección completa de cuarenta y siete fotografías, almacenadas como un álbum Google Picasa Web).

¡¡¡Que lo disfrutéis!!!

JMBA

¿Clochards de nuevo cuño?

El clochard forma parte de la imagen urbana de las grandes ciudades de Francia desde hace mucho tiempo. Se trata de los que allí conocen (con su afán habitual por los apócopes y las siglas) como SDF (Sin Domicilio Fijo).

(Chicos, chicas y perros, en el boulevard François Mitterand, Clermont-Ferrand, domingo, nueve de la mañana. JM Bigas. Julio 2010).

La mejor traducción al castellano de esta palabra la rubricó Disney cuando la (ñoña) película La Dame et le Clochard se tituló en España como La Dama y el Vagabundo. Aceptemos, pues, que el clochard es un vagabundo, aunque existen bastantes matices que conviene no olvidar.

El clochard tradicional es alguien que de modo más o menos voluntario, se ha marginado de la sociedad mayoritaria, sobrevive como puede por la calle, y es víctima habitualmente de alguna adicción (la más frecuente, el alcoholismo; por eso a menudo se considera al clochard como un vagabundo borrachuzo). A menudo puede compartir su existencia con un perro de compañía, que quizá le pueda proteger de las agresiones de algunos intolerantes violentos.

El clochard es un ser básicamente solitario, pero muy solidario en general con los que comparte el margen de la calle. Sus preocupaciones se limitan a ver cómo pasar el tiempo, a intentar conseguir lo que sea para comer (y beber), y así sobrevivir un día más.

Sin embargo, en mis viajes por Francia en los últimos años he detectado lo que me parece que son grupos de clochards de nuevo cuño. Está claro el problema que existe en Francia con los inmigrantes de segunda generación, habitantes del banlieu de las grandes ciudades, sin esperanzas de cambio en su vida, y que generan periódicamente episodios de violencia urbana. Ya he hablado de este tema en otra ocasión (http://jmbigas.blogspot.com/2010/07/los-disturbios-de-banlieue.html) pero creo que no tiene nada que ver con el fenómeno que quiero comentar hoy.

(Chicos, chicas y perros en la Place Sainte Anne, Rennes. JM Bigas. Agosto 2007).

La primera vez que detecté este fenómeno fue en Rennes (Ile et Vilaine, Bretaña) una capital de provincia de algo más de doscientos mil habitantes, en Agosto de 2007. En la Place de Sainte Anne, pleno centro de la ciudad, está la monumental iglesia de Saint-Aubin. Allí, a media tarde, entre los cientos de paseantes de clase media, que iban y venían de su trabajo, o de compras, hablando por el móvil, había un grupo de una decena de jóvenes (chicos y chicas) con varios perros firmemente sujetados por sus correas, con vestimenta de estética marginal (paramilitar, abundantes piercings, trenzas y rastas). No se metían con nadie, no abordaban a los paseantes para pedir dinero, pero parecían simplemente estar allí, dejando pasar el tiempo y hablando entre ellos.

Sin embargo, el grupo constituía una anomalía en el paisaje urbano de la plaza. Podría tratarse de alguna tribu urbana, pero no he encontrado referencia clara a este tipo de grupos en Internet. Podría tratarse de okupas o squatters, pero la especial atención que prestaban a los perros me sugería la posibilidad de algún tipo de tráfico o actividad ilícita (¿quizá peleas clandestinas?). O quizá los perros eran su herramienta de defensa de su particular territorio, frente al de otros grupos marginales o tribus urbanas. Parecían conscientes de ocupar un cierto margen de la sociedad, pero a la vez daba la sensación de que eran especialmente cuidadosos para no transgredir ciertas líneas rojas que pudieran acabar provocando una intervención policial justificada. Lo que sí era claro es que no había connotaciones raciales. Desde luego no parecían inmigrantes (no eran magrebíes ni de raza negra), y podían ser perfectamente franceses de siempre, o de otros países europeos.

Se me quedó el tema archivado en la memoria, sin más, y saqué la conclusión de que Rennes parecía una ciudad con bastante marginación, y una sensación en la calle más inquietante que en el propio centro de París.

Un año más tarde (en Mayo de 2008) tuve ocasión de pasar una noche en Charleroi, en la zona francófona de Bélgica. Charleroi es una ciudad que seguramente muy poca gente visitaría, si no fuera porque una compañía de low cost (Ryanair, para el caso) se empeña en utilizar su aeropuerto como alternativa más económica al Aeropuerto de Bruselas. Está en el centro de una región económicamente deprimida (antiguas industrias metalúrgica y del carbón cesaron progresivamente su actividad, provocando un elevado desempleo).

(Iglesia de St. Christophe, Place Charles II, Charleroi, Bélgica. JM Bigas. Mayo 2008).

La Plaza de Charles II, de geometría prácticamente circular, está en la parte más elevada de la ciudad. En ella hay varios edificios singulares, como el propio Ayuntamiento, o la iglesia de Saint Christophe. Otra vez a media tarde, y contra los muros de la iglesia, pude ver otro grupo parecido al de Rennes del año anterior. Más numeroso (quizá quince o hasta veinte personas) con media docena de perros. Misma apariencia, misma actitud, mismo comportamiento. Los dos hechos quedaron unidos en mi cabeza.

(Cumbre del Puy de Dôme, desde la Place de la Victoire, Clermont-Ferrand. JM Bigas. Julio 2010).

Pero a la tercera va la vencida. Hace apenas una semana pasé una noche en Clermont-Ferrand (departamento Puy-de-Dôme; capital de la región de Auvergne; algo más de ciento cincuenta mil habitantes) en pleno centro de Francia. Por cierto, ahora mismo está cerrado el acceso de vehículos a la cima del Puy-de-Dôme (muy próximo a la ciudad), de casi mil quinientos metros de altitud. Y es que para Junio de 2012 está prevista la inauguración del nuevo tren de cremallera Panoramique des Dômes para acceder a la cumbre, actualmente en obras de construcción.

(Estatua de Vercingetórix, Place de Jaude, Clermont-Ferrand. JM Bigas. Julio 2010).

Por la noche, hacia las diez, y recostados contra las vidrieras de una tienda de moda junto a la céntrica Place de Jaude, otro grupito parecido a los anteriores. Esta vez sólo tres o cuatro personas, con un par de perros. Una chica (de aspecto europeo y estética absolutamente anti-líbido) empezó a tener diferencias con un joven de aspecto magrebí que pasaba por allí y aparentemente se metió con ellos. La querella fue subiendo de tono, hubo empujones y gritos, y los perros asumieron una actitud agresiva frente al atacante. Y todo ello frente a la aparente indiferencia de los demás peatones, que sólo esperábamos que no llegara a haber sangre.

Y, al día siguiente, domingo nueve de la mañana, vi a otro grupito parecido (media docena de chicos y chicas, con dos o tres perros) paseando por el céntrico boulevard François Mitterand.

Tras tantas casualidades me decidí a escribir estas líneas sobre los que, por ahora, sólo me atrevo a calificar de clochards de nuevo cuño. Porque no son solitarios, sino que van en grupos de varias personas, y porque los perros no parecen simplemente animales de compañía.

Si alguien tiene más información sobre el trasfondo social y cultural de esta presunta tribu urbana, le agradeceré un comentario al respecto.

Lo que sí es cierto es que las calles de las ciudades francesas me parecen algo más inquietantes desde que he identificado este fenómeno. Y es curioso que no lo haya detectado en París, crisol de todos los brillos y de todas las miserias. Pero, claro, en la fauna inmensamente variopinta de la capital, este fenómeno posiblemente pueda pasar desapercibido.

Pero en la apacibilidad de las capitales de provincia, resulta, como poco, chocante.

JMBA