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jueves, 20 de septiembre de 2012

El Sentido del Humor

Existe una regla no escrita para los peluqueros y tertulianos, que aconseja que si se quiere tener la fiesta en paz, mejor no hablar ni de política, ni de religión ni de fútbol. El motivo es muy simple: para la mayoría de las personas (desgraciadamente) esos temas forman parte de sus convicciones inalienables y no están dispuestos ni siquiera a debatir sobre ellas. A un hombre que se considera católico, del PP y del Real Madrid (un decir, por supuesto), le saldrán ronchas sólo de estar cerca de alguien que no considere a alguna de esas tres adicciones como la única realmente válida, realmente cierta, en su campo.
Imágenes de una manifestación en Australia.
(Fuente: alianzacivilizaciones

La razón para este sinsentido es que esta civilización actual parece haber guardado el sentido del humor en el baúl de los recuerdos. La manifestación más perversa que existe del sentido del humor es el reírse del mal ajeno, y esa es la única que subsiste con gran placer de muchos. Pero es su manifestación más torpe.

El verdadero sentido del humor tiene que ver con la capacidad de reírnos, lo primero, de nosotros mismos. Cuando, recién levantados, nos miramos al espejo (esa mirada lánguida, esa barba incipiente, esa legaña pegada, esos pelos en guerrilla indómita, esa barriga cervecera, esos gayumbos caídos...) y somos capaces de reírnos de nosotros mismos, de encontrarnos ridículos y patéticos, estamos practicando realmente el ejercicio de desdramatizarnos y desdramatizar el mundo en general.

Luego, cuando salgamos a la calle, no nos molestará que otros (también) nos vean patéticos, con nuestra corbatita impostada de esclavo laboral. Y si sonríen, sentiremos una curiosa sintonía con ellos.

En esta vida, que sepamos, lo único que no tiene remedio es la muerte. Todo lo demás admite diversos caminos, que podemos forzar o andar llevados de la mano o por la fuerza de la corriente. Si somos capaces de desdramatizar (al final, reírnos) de todos los problemas, estaremos en condiciones de ocuparnos en su solución, y no estaremos bloqueados en la preocupación por los problemas mismos.

Si salgo a la calle con el jersey azul, jamás debería pensar que esa es la mejor (la única) elección posible para un día como hoy. Podría haberme puesto cualquier otro (suponiendo que tenga más de uno, con la que está cayendo) y el mundo seguiría funcionando de igual forma (bien o mal, que esa es otra conversación) aunque yo llevara el jersey verde.

Viene esta disquisición al hilo de los gravísimos problemas que estamos viviendo estos días, debido al nulo sentido del humor que presentan las grandes religiones corporativas. Los islamistas (cuidado, que también existen catolicistas o cristianistas, aunque no nos refiramos a ellos por esos nombres) consideran una burla y un desprecio a su religión (por supuesto, como todas, como la de cada cual que tenga, la única verdadera) la publicación de ciertas diversiones (más o menos torpes, que esa también es otra conversación) al hilo del Islam y de su profeta Mahoma. Frente a un vídeo malo, hecho por aficionados, o a algunas viñetas de dibujantes de variada inspiración y maestría, se despliegan algarabías y disturbios gigantes, con muertos y muchos heridos. De la monstruosa desproporción de estas reacciones da fe una de las muchas pancartas que se ha visto en ellas: Decapitad al que insulte al Profeta.

Jamás una palabra, una sonrisa, un dibujo, un pensamiento, ha matado a nadie.

Todo ello constituye una manifestación perentoria de la dramática ausencia de sentido del humor en la vida pública del mundo actual. Cuando una palabra, o una viñeta, hay que vengarla con la violencia, mi único pensamiento es que estamos asistiendo a una manifestación interesada de un rencor atávico. Y a la total incapacidad de desdramatizarse a sí mismos y a sus circunstancias, una enfermedad que afecta a una parte que no cesa de crecer de la población mundial. En todos los campos y en todos los ámbitos.

Y es que las palabras nunca son inocentes. Cuando nuestra reacción al que sonríe al vernos salir de casa absurdamente pronto por la mañana es pensar que se burla de nosotros, estamos tirando el sentido del humor por la borda. Por el contrario, si antes que ellos ya nos hemos reído nosotros mismos, sentiremos más bien un sentimiento de sintonía y hasta de empatía con ese desconocido que sonríe al vernos.

Y ¿por qué las religiones en general (y sus fieles adictos) carecen tan por completo de cualquier brizna de sentido del humor?. Yo voy a dar mi propia explicación, con la que seguro que me ganaré algunos enemigos (espero que puramente verbales). El encaje de las religiones en general es tremendamente frágil y vulnerable, y su supervivencia está ligada a la capacidad de mantener adhesiones inquebrantables y masas sólidas de fieles (de creyentes) que creen lo que su Iglesia les dice. La sonrisa, la desdramatización, el sentido del humor en general, es el enemigo a batir, porque atenta a sus mismos cimientos. El que sonríe, piensa y disfruta, y ese es el embrión que puede crear una diversión del camino correcto trazado.
Todas las liturgias resultan ridículas, si las tomamos con
sentido del humor (reciente apertura del año judicial)
(Fuente: ser)

Si queremos verlo así, desdramatizándolo, todas las liturgias resultan ridículas. Las togas de los jueces en los actos solemnes; los trajes de gala de los militares en los desfiles; los fieles católicos, ahora de pie, ahora sentados, ahora de rodillas; los fieles musulmanes, tumbados por el suelo, descalzos, para sus rezos varias veces al día;... Reconocer este hecho no significa, en absoluto y para nada, burlarse de ellos, sólo desdramatizarlo, convertirlo en una anécdota, en algo que mañana se podría decidir que se desarrollara de modo diferente, y no se pararía el Sol en el cielo.

Recordemos la trama de la maravillosa novela (y película, por cierto) El Nombre de la Rosa, de Umberto Eco. La gran amenaza para la Iglesia, que conlleva numerosos asesinatos, es que podría ser que Aristóteles hubiera dedicado un volumen a la Comedia, a la risa, a la sonrisa. Si eso trascendiera, ya no colaría el argumento de que el humor y la risa son manifestaciones torpes y zafias a evitar por los auténticos creyentes.

El que sale a la calle convencido de que el jersey azul era la única elección válida y seria para un día como hoy, inevitablemente sentirá odio hacia el que sonríe al verlo. Y ya dependerá sólo de su carácter, de su temperamento y de otras circunstancias (agravantes o atenuantes) que le dé la espalda sin más, que le espete un ¿y tú de que te ríes, c.....? o que le suelte una guantá con la mano abierta. Ponerme el jersey azul fue una elección, resultado de una decisión que tomé, como podría haber elegido el verde, que ya dudé, ya. Si hubiera elegido el verde, seguro que ese g........ también sonreía como un tontaina, que es lo que es, vamos.

El sentido del humor nos protege frente a nuestra propia insignificancia. Si no somos capaces de reírnos ante el espejo antes de salir de casa, durante todo el día estaremos expuestos a multitud de hdp,s que nos odiarán, nos despreciarán o se burlarán de nosotros. A los que, por cierto, habría que darles una buena lección.

En resumen, este mundo anda tan tremendamente enloquecido (entre otras importantes cosas) porque hemos aparcado el sentido del humor y lo hemos hecho desaparecer de la vida pública. Parece que nos dé vértigo asomarnos a nuestros propios barrancos interiores (y desdramatizarlos, claro) y entonces sólo el sentimiento de pertenencia a una tribu de firmes convicciones nos aporta algún descanso y alguna seguridad.

Es inútil que intentemos huir de nosotros mismos, porque al final del camino (como frente al espejo matinal) es lo que nos espera.

JMBA

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Desaparecen de escena dos animales políticos

Con un día de diferencia, y por razones, afortunadamente, muy diferentes, la escena política española se despide de dos auténticos animales políticos, que han protagonizado una parte importante de las últimas décadas de la historia de España. Ambos, por cierto, lo más alejados que es posible en el espectro de sus respectivos pensamientos.

El lunes, Esperanza Aguirre sorprendía a tirios y troyanos convocando a toda prisa una conferencia de prensa, donde anunció que dimite como Presidenta de la Comunidad de Madrid y como diputada en la Asamblea, y que también lo hará como Presidenta del PP de Madrid. Con 60 años, se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con ella, pues sus posiciones políticas están en la derecha extrema y el neoliberalismo contumaz. Pero hay que reconocer que no deja a nadie indiferente, que ha hecho gala de una cintura política sin parangón por estos lares más bien poblados de mediocridades, y que habla tan clarito que se le entiende (casi) todo. Menos este lunes, en que a nadie le quedaron del todo claros los auténticos motivos que la han llevado a hacer un discreto mutis por el foro.
(Fuente: lavanguardia, extraída de imágenes de rtve)

Es conocido que se le diagnosticó un cáncer, del que estaría presuntamente curada. Pero todos los que han sufrido alguna vez esta cruel enfermedad, conviven con el continuo sobresalto de que pueda reaparecer o extenderse. Es sabido que las ambiciones políticas que nunca se ha preocupado de disimular en demasía no tienen cabida en el PP actual, y que ya no podía aspirar, en su carrera política, a ser más que Presidenta de la Comunidad de Madrid, por lo menos sin pegar un portazo en el PP e irse a otra formación política (algunos incluso especulan con su pronta reaparición de la mano del Mario Conde político). Y es sabido también que el verano trae consigo alteraciones en las rutinas de convivencia que provocan muchos divorcios en Septiembre, muchas decisiones de cambio en el estilo de vida.

Podemos hacer un cóctel con todas esas razones, y posiblemente estaríamos cerca de los motivos auténticos por los que Esperanza Aguirre ha decidido eclipsarse de la escena política activa, en primera línea. No hace mucho, por cierto, todavía quería poner la primera piedra del proyecto Eurovegas (suponiendo, claro, que los miles de millones y los cientos de miles de puestos de trabajo sean algo más que el delirio senil de un ludófilo americano). Sus explicaciones durante la conferencia de prensa del lunes han dejado la puerta abierta a especulaciones diversas.

Su imagen de buena gestora (a pesar de las toneladas de privatizaciones encubiertas, propias de la ideología neoliberal que persigue un estado del menor tamaño posible) y sus rápidas reacciones en construir cortafuegos ante los casos de corrupción que se hicieron públicos (Gürtel y demás), atrajo votos de electores no tradicionales del PP, que le llevaron a holgadas mayorías absolutas en la Asamblea de Madrid.

Ahora deja al frente de la Comunidad a su delfín, Ignacio González, un personaje hasta ahora más bien gris, que ha crecido (políticamente) bajo sus faldas (un decir). Rajoy no es muy partidario, pero parece ser que ha preferido no abrir un nuevo frente bélico, con la que ya le está cayendo por todas partes.

Sólo cabe desearle una larga vida, y que sea feliz en su nueva peripecia personal, familiar y profesional. Veremos si no reaparece, más pronto que tarde, en alguna otra trinchera que la motive con nuevos desafíos.

* * *

Este martes nos enteramos de que el dirigente histórico del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo, murió como un pajarito, a sus 97 años, durante la siesta de la tarde, seguro que con un Ducados humeando cerca. Carrillo ha sido la mejor demostración de que la enfermedad es pura estadística.

Como no podía ser de otra forma con un personaje de su talla política, Carrillo ha sido durante toda su vida un personaje controvertido. Más o menos todo el mundo reconoce su actitud positiva en la etapa posterior a la muerte del dictador Franco. Su disposición al sacrificio, o incluso a la renuncia, y su buena química con el que era a la sazón Presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, favorecieron que la Transición política fuera más fácil de lo que podría haber sido, o incluso que fuera posible. Es ya parte de la memoria común ese Sábado Santo de 1976, en que se produjo, con nocturnidad cierta, la legalización del PCE.
(Fuente: estrelladigital)

Muchos siguen pensando que es un asesino antes que ninguna otra cosa, por su destacado papel como comisario comunista durante la Guerra Civil, y su decisiva participación en matanzas y hechos luctuosos, como los acaecidos en Paracuellos del Jarama. Personalmente, creo que lo que es injusto es la guerra en general, y las guerras civiles todavía más, y que, a pesar de todo, los asesinatos en esos tiempos tienen el atenuante de conflicto bélico. Es esa dialéctica perversa de los efectos secundarios y los daños colaterales, que tan difícil es de entender en tiempos de paz y libertad.

Su prolongado exilio, relativamente dorado, por Francia, Moscú y otros lugares, también despierta las críticas de algunos de sus propios correligionarios, muchos condenados a exilios vergonzantes y forzosos, plagados de nostalgia y miseria. Y los famosos episodios de la peluca y los paseos clandestinos por el Madrid inmediatamente postfranquista, ya forman parte del anecdotario popular.

En estas últimas décadas, sin embargo, ya viejo pero nunca senil, ha sido una voz informada y bastante preclara, desde mi punto de vista, de la historia reciente de España. Ha estado colaborando en tertulias de diverso signo hasta muy recientemente.

Carrillo se ha llevado a la tumba, con seguridad, muchos secretos y algunos remordimientos. Y también algunas satisfacciones. Ya no quedan muchos con vida que participaran activamente en la Guerra Civil, de cuyo inicio se cumplieron ya los 75 años.

Algunos, que nunca cejan de intentar encontrar alguna vis cómica a cualquier acontecimiento, han afirmado que el acceso al Infierno está bloqueado porque, en primera fila, Fraga y Carrillo están discutiendo y la cola no puede avanzar hasta que se pongan de acuerdo. Y va para largo.

En solamente dos días, dos auténticos animales políticos (en el mejor sentido de la expresión) han hecho mutis por el foro.

JMBA


(21/9/12) - Se han publicado nuevas informaciones (por ejemplo, aquí), que apuntan a que la razón última para la dimisión de Esperanza Aguirre habría sido una agria bronca con Rajoy, debido a que Esperanza podría haberse extralimitado de sus atribuciones y competencias, al comprometer modificaciones legislativas que se acomodaran a las demandas de Adelson para la instalación de Eurovegas en Madrid. Por ejemplo, con la ley antitabaco.

Por otra parte, todavía no ha dimitido como presidenta del PP de Madrid, donde se auguran turbulencias. Según algunas fuentes, Rajoy preferiría a la consejera Lucía Figar como recambio de Aguirre, en lugar del delfín Ignacio González. Veremos lo que nos deparan los próximos días.

A Rajoy, como a todos los indolentes, se le están acumulando los problemas.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Viaje a la Galicia Interior - 1 - Ponferrada

A mediados de Agosto tuve ocasión de poder dedicar una semana a un viaje en coche desde Madrid hacia la Galicia Interior (provincias de Orense y Lugo). Tanto a la ida como a la vuelta planifiqué una etapa en la provincia de León. A la ida, en Ponferrada, y a la vuelta en la capital.
Detalle de una de las farolas de la Plaza del Ayuntamiento
de Ponferrada.
(JMBigas, Agosto 2012)

Para llegar a Ponferrada desde Madrid hay que seguir la llamada Carretera de La Coruña, la A-6. que cruza las provincias de Segovia, Ávila y Valladolid, antes de entrar en la de León. En Rueda (Valladolid) se puede hacer una parada de interés vinícola, como ya he comentado en otra ocasión.

Ponferrada es la ciudad más importante de la comarca del Bierzo (León), famosa por sus excelentes viandas   que incluyen vinos muy recomendables (especialmente tintos de uva Mencía y blancos de uva Godello). El Bierzo es como una enorme cazuela, absolutamente rodeada por montañas. Para llegar a Ponferrada desde Astorga, hay que cruzar montañas, y lo mismo para cruzar desde allí hacia Galicia (provincia de Orense). Por su proximidad y muchas afinidades, algunos consideran al Bierzo como la quinta provincia gallega. Por ejemplo, el dueño del restaurante O Asador en Viveiro (Lugo), que tiene al excelente tinto Cepas Viejas de Dominio de Tares, en el capítulo de tintos gallegos, como contaré en un capítulo posterior.

En esta ocasión hice una breve parada en Rueda para desayunar en Casa Lola, y acabé llegando a Ponferrada pasada la una de la tarde. Me hospedé de nuevo, como el año anterior, que ya conté, en el Hotel Aroi Bierzo Plaza, en la misma Plaza del Ayuntamiento, el centro neurálgico del casco histórico de Ponferrada. El propio complejo del hotel dispone de dos restaurantes: la Taberna, donde se pueden comer platos y raciones en un entorno informal, y el restaurante gastronómico La Violeta, muy recomendable como ya glosé en otra ocasión.
Castillo de Cornatel, en Priaranza del Bierzo.
(JMBigas, Agosto 2012)

Tras ocupar la habitación, bajé a la terraza de la Taberna, en la propia plaza, para comer una cazuela de revuelto con gulas y gambas, acompañado con un par de copas de Godello. A las dos y media de la tarde, la Plaza del Ayuntamiento olía a siesta. El día era muy caluroso, y poca gente se veía circulando a esa hora. En la terraza, sólo había dos o tres mesas ocupadas. Justo en la mesa de al lado había dos parejas jóvenes, que hablaban con acento exageradamente gallego, a pesar de que deduje que vivían en Ponferrada. Mientras los chicos sesteaban sin dejar de manipular sus smartphones, las dos chicas (una, muñequita linda; la otra, guapina de cara pero algo entrada en carnes) no dejaban de parlotear en voz suficientemente alta, de modo que no tuve más remedio que enterarme de parte de sus conversaciones. Buena parte del tiempo, esta versó sobre peluquerías y centros de belleza, hasta que Muñequita Linda llamó a algún establecimiento de otro lugar distinto a Ponferrada para reservar una sesión para su amiga. Imperdible su introducción: "¿Jenny? Hola, soy Vanessa...". Parece ya obsoleto el tiempo de las Marías y las Carmen de España.

Yo no cedí a la tentación de la siesta, y tras la frugal comida volví a tomar el coche para ir hasta el municipio próximo de Priaranza del Bierzo, donde está el Castillo de Cornatel. Se estima que, originariamente, el castillo fue un castro romano, que posiblemente vigilaba los accesos a las minas de oro de Las Médulas, que están relativamente próximas. Pero su esplendor fue con los Templarios (s. XII y XIII), aunque pasó por muchas manos. Actualmente está en parte en ruinas, aunque su perfil exterior se conserva bastante bien. El problema es que el horario para poder visitarlo es muy escaso (en verano y únicamente los fines de semana). Como era jueves, tuve que conformarme con tomar algunas vistas del exterior.
Basílica de la Encina, Ponferrada
(JMBigas, Agosto 2012)

El Castillo de Cornatel está enclavado sobre un barranco de unos 180 metros de profundidad, por sus lados Este y Norte, por donde discurre el arroyo de Rioferreiros, mientras que es fácilmente accesible por los otros. Muy cerca se encuentra la pintoresca aldea de Villavieja.

Tanto al pie mismo del Castillo como en el camino desde Ponferrada, se tienen algunas vistas maravillosas de lo que es el valle del Bierzo, con el Lago de Carucedo, algunas plantaciones de viñedos y, siempre, las montañas que circundan la comarca en todas direcciones.

De vuelta a Ponferrada, quería visitar el famoso Castillo de los Templarios (que en mi anterior visita, un lunes, estaba cerrado al público). Desde la Plaza del Ayuntamiento, hay un breve paseo hasta el Castillo, por la calle del Reloj, la plaza de la Encina y luego la calle de Gil y Carrasco, que discurre paralela a sus murallas.

Serían ya las siete de la tarde, pero ese día de Agosto fue caluroso de verdad, y el Sol, ya cercano a su puesta, seguía apretando de forma inmisericorde.

El Castillo de los Templarios de Ponferrada está asentado sobre un alto junto al río Sil, que cruza la ciudad antes de adentrarse en Galicia (ya os contaré mi navegación por el Cañón del Sil, límite entre Lugo y Orense, en otro capítulo). Está en muy buen estado de conservación, y la ciudad lo utiliza como recurso cultural, para realizar exposiciones y conciertos. Ese día por la noche había un concierto de música clásica de cámara, a cargo de una pequeña banda de viento, al que no pude asistir.
Castillo de los Templarios, Ponferrada.
(JMBigas, Agosto 2012)

La visita al Castillo cuesta 6 euros, e incluye la sala de audiovisuales explicativos, así como la exposición permanente Tempus Libri, de visita obligada. Se exponen ahí ejemplares facsímil de libros y documentos medievales. Junto a la entrada, pasada la taquilla, una guía te da las explicaciones sobre el monumento, y te indica la ruta aconsejada para la visita.

La ruta discurre, en primer lugar, por la sala de audiovisuales, donde hay paneles informativos sobre los castillos de frontera de la región de Castilla y León, así como vídeos explicativos del propio Castillo y del proyecto para su restauración y recuperación para la vida ciudadana de Ponferrada. En la planta baja se exponen algunos atuendos medievales.

Luego se anda por todo el camino de ronda por las murallas que discurren paralelas al casco antiguo de la población. Hay un gran patio central, al fondo del cual está el Castillo Antiguo, que es la siguiente etapa de la visita. Se puede acceder a la Torre del Homenaje, pero el camino es bastante angosto y se requiere una buena agilidad para no sufrir algún tropiezo.
Castillo Antiguo, en el interior del complejo del
Castillo de los Templarios, Ponferrada.
(JMBigas, Agosto 2012)

De vuelta hacia la entrada, se sigue el camino de ronda junto a las murallas occidentales, sobre el río Sil y la parte más nueva de la ciudad de Ponferrada. La visita termina en la zona de nuevas edificaciones, donde está la exposición permanente. En una de las salas estaba ensayando la banda que tenía concierto esa misma noche.

Saliendo ya del Castillo (donde sudé la gota gorda), tuve que abrevar en un bar cercano, porque estaba próximo a la deshidratación. Volví al hotel, y algo más tarde salí para cenar. Me apetecía una simple pizza, y elegí la terraza de una de las varias pizzerías que hay en el camino entre la Plaza del Ayuntamiento y el Castillo. Acompañé la cena con una botella (en formato 50cl) del excelente tinto Cepas Viejas (Mencía) de Dominio de Tares.

Aparte de las fotografías que he elegido para ilustrar este artículo, podéis acceder a una completa colección de 51 imágenes, pinchando en la foto de la Plaza del Ayuntamiento.


Al día siguiente, antes de las ocho de la mañana, la Plaza del Ayuntamiento (mi habitación esquinera tenía un pequeño balcón sobre la propia plaza) estaba silenciosa y callada (es zona peatonal), salvo por el motorista que iba repartiendo bolsas con churros calientes a las diversas cafeterías. Tras desayunar en el sótano del hotel (un buffet muy bien surtido), seguí camino hacia Valdeorras y Orense.

Pero ese ya es otro capítulo.

JMBA

martes, 11 de septiembre de 2012

Los Prejuicios

En lógica se conoce como argumento ad hominem (del latín, literalmente, "al hombre") a un tipo de falacia. Consiste en decir que algo es falso, eludiendo presentar razones adecuadas para rebatir una determinada posición o conclusión. En su lugar se ataca o desacredita a la persona que la defiende señalando una característica o creencia impopular de quien lo expresa (Wikipedia).

Este fin de semana ha tenido relevancia en la Red un artículo de César Molinas publicado por El País, titulado Una teoría de la clase política española. Lo leí y me pareció bastante atinado, aunque sus conclusiones son, quizá, demasiado arriesgadas y deben repensarse un poco más. Lo compartí en Facebook , e incluso se lo remití a algunos amigos. Es relativamente largo, y su lectura toma un cierto tiempo, pero os lo recomiendo vivamente.
Ilustración de El País al artículo citado en el texto.
(Fuente: elpais)

El artículo ha generado mucha polémica. Creo que el título define correctamente su contenido, y no pretende analizar exhaustivamente el problema de España, sino que se centra en las disfunciones asociadas a nuestra clase política, nacida en la Transición. Algunas de las críticas que ha levantado tienen que ver con el hecho de que algunos han pensado que la teoría del autor es que EL problema de España es su clase política, lo que en ningún momento se dice en él. Aunque es cierto que sólo analiza el comportamiento de la clase política, que es el objetivo definido por su propio título.

Pero otras críticas han tirado del argumento ad hominem. Algunos han manifestado que si lo ha publicado El País, entonces no es de fiar. O que el autor trabajó para Merrill Lynch, y claro... Descalificaciones, que no críticas ni opiniones, gratuitas y falaces. El periodista Ignacio Escolar le dedica un artículo a refutar sus argumentos. Resulta curioso ver cómo, entre la multitud de comentarios que han enviado los lectores, hay alguno que acusa al autor de utilizar el argumento ad hominem.

Todos tenemos un cierto número de prejuicios. Así, algunos prefieren unos medios de comunicación a otros, porque habitualmente transmiten mensajes que son más acordes con sus propias opiniones personales. Y deciden, por tanto, no leer nada de aquellos medios que nos les resultan afines. Los hay adictos a Intereconomía, otros a El País, algunos a La Razón, y así para adelante. Lo que normalmente va acompañado de la correspondiente manifestación de urticaria ante cualquier cosa que transmita un medio que no lo perciba como fiable.

Este filtro que introducen los prejuicios nos permiten desbrozar un poco el camino, y nos evitan el sofoco de leer opiniones que, muy probablemente, no coincidan con las nuestras. Bueno, como opción intelectual es discutible, pero es una opción personal perfectamente válida.

El problema, la disfunción, la falacia, aparece cuando alguien descalifica una información (o un artículo de opinión) por el solo hecho de que se ha publicado en determinado medio que no es de su confianza. En otras palabras, los prejuicios nos autorizan la omisión (ni leer, ni consultar, ni ver lo que publiquen los medios que filtramos como no fiables para nosotros), pero la opinión requiere de un ejercicio intelectual y de lógica que evite por completo las falacias.

Son infinitas las facilidades que dan los medios tecnológicos modernos para que todo el mundo pueda opinar de forma muy fácil (los comentarios son siempre posibles, y mucho más inmediatos y fáciles, que las famosas Cartas al Director). Con lo que, inevitablemente, este ejercicio vicioso de la lógica, con utilización de argumentos ad hominem, están a la orden del día.
Woody Allen
(Fuente: resumi2)

Supongo que cada cual, de acuerdo a sus propias experiencias, tiene sus escritores favoritos (de los que se ha leído algún libro que nos ha gustado) y sus directores de cine preferidos (de los que se ha visto alguna película que nos ha gustado). A mí, por ejemplo, me gustan como directores tanto Woody Allen como Pedro Almodóvar, por citar solamente dos. Pero jamás me atrevería a decir que todas sus películas son geniales. En el caso del americano, Bananas, Misterioso Asesinato en Manhattan o Match Point tienen elementos que, en mi opinión, las acerca a la genialidad; mientras que otras, con cierta inspiración bergmaniana, son intragables, y las últimas son (casi) puros panfletos turísticos de Barcelona, París o ahora parece que Roma (la veré, sin duda, pero con este prejuicio). En el caso del manchego, a la indudable genialidad de Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios o a la profundidad de Carne Trémula o Volver, se contraponen otras películas bastante insufribles y truculentas, que hacen realidad las maravillosas imitaciones (exageradas, por supuesto) que de Almodóvar realiza el cómico Miki Nadal. Algo así como un taxidermista transexual y cocainómano de Puertollano se enamora de una ardilla del bosque y, al no ser correspondido, asesina al alcalde.

En otras palabras, que un director nos guste o no (así, en general) significa que estaremos dispuestos (o no) a dedicarle un cierto tiempo a ver y analizar su última película. Pero la crítica (buena o mala) nunca deberá serlo en función de quien es el director, ya que caeríamos en la falacia del argumento ad hominem, sino en la propia película, su argumento, su desarrollo, el trabajo artístico, técnico, etc. Si un director no nos gusta, evitaremos perder nuestro tiempo viendo sus películas, pero eso no nos autoriza a decir que son malas por el simple hecho de quién sea su director.

Los prejuicios nos autorizan legítimamente a la omisión, pero si opinamos debemos hacerlo respetando unas reglas mínimas de altura intelectual, y no utilizar ese tipo de falacias, como el argumento ad hominem.

Tengo algún amigo a quien no le gusta nada el cine español. Es perfectamente respetable que decida no dedicar su tiempo a ver ninguna película española, que las omita de su selección. Pero a menudo traspasa el umbral de la falacia, argumentando que una película (que muy probablemente ni siquiera ha visto) es mala por el simple hecho de ser española. Yo soy lo contrario, en general me gusta el cine español. Ello significa que estoy más dispuesto a dedicar mi tiempo a ver una mala película española que una película americana regulera. Lo que no obsta para que, después de verla, pueda opinar que es mala de solemnidad, que el argumento no se sostiene, que los actores no son creíbles, etc. etc.
Pedro Almodóvar
(Fuente: esmas)

En estos tiempos apresurados, globalizados y atribulados, existen infinitas facilidades (comentarios on-line a cualquier publicación, blogs, foros, etc. etc.) para que todo el mundo pueda manifestar su opinión, y eso es bueno. Pero ello no significa que se puedan saltar impunemente las reglas más elementales de la lógica, y utilizar masivamente argumentos ad hominem para descalificar aquello con lo que no comulgamos. Todo opinador es respetable, sí; pero toda opinión debe ganarse la respetabilidad no utilizando argumentos falaces ni descalificaciones gratuitas.

Si tus prejuicios te llevan a que no te guste cierto escritor, tu libertad te permite omitirlo de tu lista de lecturas. Pero si lo lees y opinas, siempre hay que respetar las normas básicas de la lógica al emitir una opinión y, especialmente, evitar las falacias como el argumento ad hominem.

No todo vale. Tener ciertas preferencias no nos autoriza de ningún modo a cancelar el sentido crítico. Ni para el incienso ni para el ventilador de KK.

JMBA

viernes, 7 de septiembre de 2012

La Convivencia en los Viajes

Mucho se ha escrito sobre el deterioro que se produce en cualquier tipo de relación debido a la convivencia diaria. Pequeñas diferencias de detalle, o la obsesión (habitualmente inútil) de un@ por cambiar a otr@, van erosionando la relación, y pueden incluso acabar con ella.
(Fuente: marcadecoche)

Sin embargo, existe una situación incluso peor, porque puede producir un deterioro severo mucho más rápidamente. Estoy hablando de los viajes compartidos. La explicación es muy simple. En la vida cotidiana, la convivencia se desarrolla en fases puntuales del día y de la semana (por la mañana, por la noche, durante el fin de semana,...), mientras que durante un viaje, la convivencia se desarrolla continuamente, 24/24.

Cuando se programa una estancia en un hotelito junto a la playa, o un circuito organizado al otro lado del mundo, la situación es, en general, menos grave. Si el viaje es organizado, la mayoría de decisiones las toma alguien externo al grupo (el guía, por ejemplo). El único aspecto que conviene negociar es la total obediencia al líder y el respeto por los horarios. Nuestro grupito viajero (una pareja, dos amig@s - con o sin tensión sexual -, unos cuantos amigos,...) se disuelve en un grupo mayor donde una tercera persona asume el liderazgo. Sólo hay que controlar que el proceso de toma de decisiones en los ratos libres no se desmadre, e incluso no hay mayor problema en respetar ciertas horquillas de libertad individual, pues siempre las siguientes citas están claras (a las nueve cena; a las cinco excursión; etc.).

Si hablamos de una estancia en la playa, a pesar de que habrá ciertos patrones de comportamiento predefinidos o acordados, no es mayor problema respetar ciertas libertades individuales. Cuando alguien prefiere dar un paseo en lugar de ir a la playa una mañana, siempre se puede quedar a las tres, para comer, en el chiringuito o donde sea. El problema puede aparecer si alguien desea dar un paseo acompañado necesariamente del resto del grupo, que claramente prefiere la playa. En esas circunstancias, la toma de decisiones puede convertirse en un proceso tenso.

Pero las circunstancias más exigentes se producen cuando hemos programado un viaje, con una ruta aproximada, unas etapas definidas, unos hoteles reservados y un marco temporal estricto. Por ejemplo, vamos a estar una semana por Andalucía, con etapas definidas en Málaga, en Granada y en Sevilla, donde ya hemos reservado hoteles.

Cuando varios viajan en un solo coche, este se convierte en un recurso escaso y (en principio) no clonable. En todos los desplazamientos que no sean de ida y vuelta, todo el grupo debe necesariamente viajar unido (bueno, al menos al mismo tiempo), y las playas de libertad son limitadas. En viajes de este tipo, a menudo hay que tomar decisiones rápidas: viajando por la autopista, vemos el desvío a un pueblo reconocible, cuya visita podría ser de interés. La decisión de desviarse o no, hay que tomarla de modo inmediato, antes de sobrepasar la salida. Cada persona del grupo tendrá su propio criterio. Si viajan cuatro, por ejemplo, las opiniones irán desde imperdonable pasar por aquí y no visitar el pueblo, hasta mejor seguimos, que si no llegaremos demasiado tarde, con todos los posibles grados intermedios. Algun@ opinará que podemos desviarnos y según veamos, paramos o no. Y el desvío se acerca y, muy frecuentemente, el conductor debe tomar una decisión sin haber tenido tiempo de obtener un consenso previo. No le queda más remedio que asumir la responsabilidad de hacerlo, y arrear con las consecuencias que ello pueda tener.
¿Cómo algo tan simple puede acabar siendo origen de
conflictos?
(Fuente: 123rf)

Otro factor problemático es cuando se producen críticas reiteradas al comportamiento de algun@ de los del grupo. Porque le cuesta levantarse por las mañanas, porque siempre va tarde y retrasa a los demás, o porque sorbe ruidosamente el café con leche.  Hay personalidades y caracteres para los que resulta muy complicado diluirse (llamémoslo así) en un grupo de viaje. Hay personas que no pueden sentirse confortables si todo el mundo a su alrededor no se desarrolla exactamente como lo tienen programado. Y hay personas que jamás cejarán en su intento (baldío siempre) de cambiar el comportamiento de otr@. Como en cualquier convivencia en general, la palabra clave es siempre la negociación. A veces puede resultar tedioso, pero siempre es efectivo. Conviene no olvidar que, a partir de la adolescencia, somos lo que la vida y nosotros mismos hemos construido y, aunque podamos disimular temporalmente, cambiar, cambiar, pues va a ser que difícil.

Para ilustrar estos comportamientos, os voy a contar una situación a la que asistí (involuntariamente) en la cafetería de una Estación de Servicio en la Autovía del Cantábrico, en algún lugar del Occidente asturiano. Una pareja (un chico y una chica, al final de sus veintes) estaban tomando algo en la barra. A la chica se la veía ceñuda. El chico tenía delante un café con leche, y había pedido un bollo de esos que parecen bombas nutritivas (con algo de chocolate por fuera y, seguramente, crema o cabello de ángel por dentro). Con ojillos infantiles y traviesos se dirigió a la camarera para pedirle si era posible que le sirviera un vaso de leche fría, sin más. La camarera le advirtió que no tenía leche en la nevera (¿¿??) y se la sirvió del tiempo. El chico le añadió algo de azúcar y procedió a desgajar el bollo, y a mojarlo con lo que parecía un placer infinito, en el vaso de leche.

La nube en la cara de ella se fue espesando, hasta que estalló. Si es que no entiendo cómo, teniendo ya un café con leche, ahora pides un vaso de leche. El chico, sin prestarle mucha atención, le explicó que le gusta tomar el café con leche sin mojar nada, y que le gusta mojar el bollo en leche sola. Mientras, seguía procediendo a la ingesta con carita de placer. Por su actitud, posiblemente ese tipo de trifulca ya le resultaba repetitiva o incluso cansina. La actitud de la chica no cambió hasta que se fueron. Quizá incluso estaba volcando en esa fútil crítica algún agravio que el rencor no le permitía olvidar.

Les vi montar en su utilitario y seguir camino. La chica, con cara de gran cabreo y él como pasando de la película. No sé como continuaría la historia, pero el drama (o incluso la tragedia) estaba servido en forma de un vaso de leche fría.

A menudo tenemos amig@s, incluso muy próximos, con quienes nunca hemos ido de viaje. La primera vez es un desafío que conviene no minusvalorar, por el bien del placer de viajar.

A menudo, las tensiones que provoca esta convivencia tan íntima amenazan la propia continuidad del viaje. Mi opinión es que, ya puestos en esa tesitura, el viaje es lo primero. Hay que intentar negociar siempre, transigir cuando resulte la única solución viable, y nunca plantearse seriamente abandonar el viaje a la mitad. Otra cosa es que de todo se aprende, y es posible que nunca volvamos a planificar un viaje con ciert@s compañer@s.
Estalagem do Farol (Cascais)
(Autor: José Rendeiro; Fuente: treklens)

Hará quince o veinte años, mi amigo V. me convenció para abordar un viaje de fin de semana a Cascais (junto a Lisboa), en compañía de dos chicas. Los dos éramos treintañeros avanzados, y con una de ellas, de poco más de veinte, V. estaba convencido de que el tema estaba maduro como para enrollarse en una aventura o lo que fuera. La conocía del pueblo que él frecuentaba con asiduidad. La otra era una amiga, a la que V. no conocía con anterioridad. He olvidado sus nombres, por lo que las llamaré A. y B.

Las recogimos en la Estación de Autobuses (venían directamente del pueblo), y tomamos carretera y manta dirección a Lisboa. Hasta Badajoz, V. viajaba a mi lado, y las dos chicas atrás, tod@s en animada conversación más o menos intrascendente. B. resultó ser un poco mayor que A., y era una mujer casada con muchos problemas (en su matrimonio y en su cabeza), que no tenía nada claro que una aventura le fuera a arreglar nada en su maltrecha vida. Aunque en ningún momento yo había tenido grandes expectativas (más allá de un fin de semana en Cascais, comiendo buen pescado y quizá hasta un croissant de almendras tibio de la Pastelaria Suiça del Rossio en Lisboa) esos 400km. me dejaron claro que cualquier tensión sexual que pudiera existir debería resolverse necesariamente por via manual.

En una gasolinera de Badajoz, junto a la frontera portuguesa, V. intentó un avance con A. en la dirección de lo que eran sus expectativas. Habíamos reservado dos habitaciones en un hotelito que ya conocíamos de algún viaje anterior, y V. intentó dejar claro que el reparto de habitaciones se haría por parejas, a lo que A. y B., al unísono, se opusieron frontalmente.

La decepción de V. fue de tal calibre, que propuso abandonar a las chicas en la gasolinera y seguir viaje a Lisboa nosotros dos. Yo traté de imponerme, y al final conseguí que el viaje siguiera tal y como se había planificado, expectativas románticas no negociadas previamente, aparte.
Praia do Guincho (Estoril). ¿Cómo un paisaje tan idílico
puede envenenarse por l@s acompañantes?
(Fuente: estoril-portugal)

Fueron un par de días curiosos. B. se sentía violenta, y se me acercaba para verificar si yo me encontraba a gusto o no, si yo también había construido sobre la nada expectativas no satisfechas. Le manifesté que estaba tranquilo y que disfrutáramos todos de ese par de días sin más, que otra cosa muy poquito nos podría aportar. Tuvimos que asistir impertérritos a las sesiones de flirteo de A. con el camarero del hotel, y lo único que sí parecía haberse negociado con anterioridad es que los paganinis oficiales durante el tour éramos mi amigo y yo.

El sábado tuvimos una cena opípara en Praia do Guincho, soportando con estoicismo los arrebatos infantiles, pero provocativos, de A. con todo el mundo (menos con V., por supuesto).

El domingo iniciamos la vuelta a Madrid. Debíamos dejarlas de nuevo en la Estación de Autobuses. Pero antes decidimos cenar juntos los cuatro, y no sé a quién se le ocurrió la idea de ir a un restaurante erótico próximo. Ese fue el remate de los dos días de falsas esperanzas. De postre, A. tomó una imitación dulce de los órganos sexuales masculinos. Ya en plena Estación de Autobuses, y a voz en grito, tuvimos que aguantar la última humillación, cuando A. profirió que la p..... que me acabo de comer me ha dejado llena.

Afortunadamente, desaparecieron las dos a bordo del autobús, y nunca las he vuelto a ver. De hecho, desde ese día no volví a planificar viaje alguno con mi amigo V.

Cuando se viaja en grupo nada se puede asumir y todo hay que negociarlo.

Quizá es por esto que planifico con frecuencia viajes que realizo yo solo. He descubierto que el proceso de toma de decisiones conmigo mismo es suficientemente rápido como para haber llegado a alguna conclusión antes de sobrepasar la salida.

JMBA

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Pasadas de Frenada

Vivimos unos tiempos oscuros. Una terrible crisis económica (a la que muchos, no faltos de razón, llaman mejor estafa o timo) nos tiene en vilo desde hace ya cuatro o cinco años, y todavía no se ve la luz por ninguna parte.
Ejemplo de una pasada de frenada (esta del Área
de Juventud de Izquierda Unida - Abril 2012)
(Fuente: outono)

Vivimos un tiempo absurdo, en que más de uno se alegra de ser ya mayor para no tener que enfrentarse de nuevas con un entorno laboral que nunca, de nuestro recuerdo, había sido tan hostil como lo es ahora. La mitad de nuestros jóvenes están desempleados (muchos de ellos más y mejor formados que ninguna generación anterior). Se ven obligados a aprender alemán (¡o chino!), para intentar labrarse algún futuro lejos de su país, que es incapaz de brindárselo.

Asistimos atónitos al desmontaje sistemático de algo que creíamos eterno, el llamado Estado del Bienestar. Las arcas públicas se manifiestan incapaces de sufragar su coste, y cada Viernes de Dolores esperamos con temor los nuevos destrozos de la segadora del Gobierno (ya han abandonado el bisturí, por demasiado lento). El déficit público y la Deuda son galopantes y cada vez se recaudan menos impuestos (aunque suban los tipos) porque la Economía está absolutamente atrancada. Y lo que se mueve, tiende a sumergirse.

En este contexto abrupto, el ciudadano sufridor tiene más que la sensación de que siguen existiendo gastos suntuarios que deberían cortarse de raíz, o privilegios de los políticos que son incompatibles con la situación general. No tardan en lanzarse invectivas (cuando no insultos y descalificaciones) contra los políticos (contra todos los políticos) a los que se acusa de mantener sus prebendas cuando el resto de ciudadanos estamos sufriendo tanto.

Las facilidades de transmisión de mensajes que aportan las nuevas tecnologías (especialmente, las llamadas Redes Sociales) favorecen la creación y difusión de informaciones falsas (o, por lo menos, muy discutibles) que rápidamente se toman como verdades absolutas y se siguen difundiendo en modo viral. Así, por ejemplo, el absurdo de los 3.500 millones de euros que nos podríamos ahorrar haciendo desaparecer el Senado. En los Presupuestos Generales del Estado del año 2010, el total de gastos para la Sección 02 - Cortes Generales fue de 231 M€. Y aquí se incluyen el Congreso de los Diputados, el Senado, la Junta Electoral Central y el Defensor del Pueblo.

Hemos visto también circular ese panfleto irritado e indignado con los (presuntos) 450.000 políticos que hay en España, se dice que tres veces más que en Alemania. Esa cifra es ciencia-ficción, inalcanzable incluso si sumamos hasta el último concejal del último pueblo del país (muchos de los cuales, por cierto, que no tienen ninguna retribución económica).

Con este tipo de bulos, falacias o medias verdades (si acaso) crece la sensación de indignación del conjunto de los ciudadanos, que ya arremeten sin control contra la clase política en su conjunto. Como ese eslógan que se ha hecho ya famoso en las últimas manifestaciones, de que el próximo recorte lo haremos con la guillotina.

Todas estas actitudes son claramente pasadas de frenada. En la espiral de indignación, ya no se repara en crear (inventar o exagerar) los argumentos que luego se utilizan para justificar (y extender) la indignación. Está claro que los políticos son culpables de muchas cosas y que su actitud no es la mejor para acompañar a la ciudadanía en general a salir de este hoyo económico gigantesco. Obliguémosles a hacer mejor su trabajo, pero si les acusamos hasta del asesinato de Prim, ese será un reclamo para los salvapatrias (que haberlos, siempre los hay), de los que el cielo nos libre, que es una especie que ya conocemos bien en España.

En ciertos foros de los llamados progresistas, o en el seno de los movimientos de indignados, se ha perdido toda mesura. Hoy, el que tenga todavía la suerte de cobrar un sueldo decente por un trabajo esclavizante que seguro que le ocupa muchas horas de todos los días y en el que muy probablemente se deja la piel, se acaba sintiendo hasta culpable y temeroso. Procura reducir sus gastos porque nunca se sabe lo que puede venir, y así jamás conseguiremos remontar la recaudación de las arcas públicas.

Da la sensación de que hemos llegado a una situación en que toda manifestación de riqueza, o incluso de un cierto desahogo económico, es digna de toda sospecha. Leía recientemente que ya se han creado ámbitos de mayor privacidad para que los que todavía pueden permitirse ciertos gastos no se sientan culpables. En concreto, salas privadas (lejos de la atención pública) para probarse ropas de calidad, y precio elevado. La riqueza clandestina.

La indignación, tan a menudo sorda y ciega, pero implacable siempre por su pátina de justicia social, da la sensación de que tenga por objetivo que todos seamos pobres. Y ese, desde luego, no puede ser el objetivo de este país ni el de sus ciudadanos. Hay que combatir las desigualdades extremas (y crecientes), es cierto. La mejor ilustración son los propios Estados Unidos, donde actualmente las 400 mayores fortunas del país disponen de mayor renta que los 150 millones de ciudadanos menos favorecidos, y el candidato republicano a la Presidencia presume de que, con sus ingresos millonarios, ha pagado el 13% de impuestos, de media. Pero si seguimos instalados en las pasadas de frenada permanentes, acabaremos saliéndonos de la pista, y arrastrándonos por el suelo hasta chocar con la barrera de protección.

Para ilustrar este fenómeno, valgan dos ejemplos de las últimas semanas. Dos personajes prestigiosos del entorno progresista han cometido sendas pasadas de frenada en twitter.
Alfredo Pérez Rubalcaba, actual líder del PSOE
(Fuente: elmundo)

Alfredo Pérez Rubalcaba, líder actual del PSOE (o alguien de su equipo, claro, pero en su cuenta personal de twitter) publicó que habría que eliminar la exención fiscal del primer año para los Premios de Lotería. Es cierto que los décimos de Lotería, por ejemplo, que son documentos al portador, son objeto de deseo para algunos que tienen necesidad de blanquear dinero. Es cierto que algunos insignes personajes de la derecha rancia (como el ínclito Carlos Fabra) han manifestado durante varios años que les ha tocado el Gordo de Navidad. Muy probablemente hayan comprado décimos premiados, exportando a otros el problema del dinero negro. Pero la Lotería ya paga sus impuestos antes de destinar una parte (en torno a la mitad) de la recaudación a premios. No es ni siquiera planteable la doble imposición, porque eso sería hacer pagar a justos por pecadores, aparte de que el impacto recaudatorio sería muy limitado. Yo contesté a ese tweet, pero, por supuesto, no he recibido respuesta ni rectificación alguna.
Rosa María Artal, periodista y bloguera, muy
activa en las redes sociales.
(Fuente: minutodigital)

Rosa María Artal, periodista y bloguera, muy activa en las redes sociales, publicó un tweet más o menos en estos términos: Si queréis ver cómo gastan los ricos, id al Club del Gourmet del Corte Inglés en Nuevos Ministerios. En el Corte Inglés de la Castellana hace un tiempo remodelaron el Club del Gourmet existente (una tienda cara de productos alimenticios de lujo y/o capricho), y lo convirtieron en lo que hoy se conoce como Gourmet Experience. La diferencia es que es mucho más extensa, incluye secciones separadas para diversos productos altos de gama (quesos, ahumados, charcutería, bodega,...) y también diversas zonas de degustación y consumo (bares o restaurantes temáticos). Una iniciativa parecida a los Food Hall o Food Court de las grandes tiendas británicas. Es cierto que ahí están a la venta vinos de precios elevados, de la gama alta. Es cierto que se puede comprar una confitura inglesa por 6 Euros, que está a la venta en Carrefour por poco más de dos. Es cierto que el público (muy numeroso habitualmente) que hay por ahí tiende a ser de las clases más acomodadas. Pero también es cierto que hay mucha gente normal (de la clase media, vamos) que algún día decide darse algún capricho, o que algún día cambia el Menú del Día del bar de la esquina por una hamburguesa de buey hecha a la parrilla.

Twitter es una herramienta que puede resultar muy peligrosa, si no se toman algunas precauciones. Con su limitación a 140 caracteres por mensaje, impide ningún tipo de matizaciones, y lanza ideas que son puramente soflamas, al estilo de la Muerte al Rey, de la Revolución Francesa. En otras palabras, facilita la manipulación a base de erosionar los matices y unificar los colores.

Conviene que todos tengamos mucho cuidado con estas pasadas de frenada. Porque en la primera vuelta quizá consigamos trazar (malamente) la curva de alguna forma, pero en la siguiente podemos pegarnos la gran costalada.

Frenar a tiempo evitará que nos estrellemos. No todo vale.

JMBA

sábado, 1 de septiembre de 2012

Retransmisiones televisivas del Fútbol

Esta tarde de sábado, haciendo zapping en el televisor del salón, acabé quedándome colgado de la retransmisión de un partido de fútbol entre dos equipos que ni me van ni me vienen y que ya he olvidado. Dos equipos de la llamada Liga BBVA (patrocinio manda), de la Primera división de toda la vida, vamos.
El mítico gol de Zarra ante Inglaterra, de la época épica.
En el archivo de rtve se puede ver el vídeo.
(Fuente: rtve)

Y es que, actualmente, la retransmisión del fútbol ha alcanzado unas cotas técnicas de imagen (y sonido, pero menos) que las convierten en un maravilloso espectáculo visual. Con la Alta Definición (la famosa HD, que siempre nos ha hecho dudar al escoger un nuevo televisor), se les distingue con claridad la cara a todos los futbolistas, y a los trencillas de guardia, incluso en tomas relativamente generales. Se puede uno fijar en esas barbas cuidadosamente descuidadas, en algunos peinados imposibles o en los infinitos escupitajos que lanzan al suelo los jugadores. ¿Alguien sabrá cuántas veces escupe, de media, un jugador durante un partido de fútbol?.

He recordado con cierta nostalgia esas retransmisiones épicas de los partidos de fútbol en las etapas primigenias de la televisión en España. Cuando la televisión era binaria (podía estar encendida o apagada; pero el Canal era único) y el locutor era Matías Prats (padre). Cuando un par de cámaras esforzados intentaban seguir, como mejor podían y sabían, los lances del juego, y el locutor (de modos prácticamente radiofónicos), complementaba con su discurso los escasos alicientes de la retransmisión visual.

Hoy los campos de fútbol se han convertido en platós gigantescos, con docenas de cámaras instaladas por todas partes, para que el espectador no se pierda ni el más mínimo detalle. Claro que al árbitro se le sigue condenando a tomar sus decisiones basado casi exclusivamente en su intuición, mientras el espectador construye su opinión (siempre de acuerdo a sus prejuicios, si uno de los equipos que juega es el suyo) después de ver la jugada siete veces a cámara lenta y desde todos los ángulos imaginables. La necesidad de comentaristas para todos los partidos ha abierto oportunidades profesionales para la nómina de jugadores o entrenadores ya retirados de la práctica activa.

Actualmente se retransmiten (por algún canal de televisión) todos los partidos que tengan algún interés para algunas personas (aparte de los padres de los jugadores). Pero la lucha por ese pastel económico provoca que haya que hacer zapping para localizar el que te pueda interesar. Algunos sólo se difunden a través de los canales de pago dentro de las plataformas de pago. Cada semana, uno se da en abierto (supongo que seguirá siendo el de los sábados hacia las 10) y otro es el del Plus.
El mítico Matías Prats, retransmitiendo desde
Brasil el gol de Zarra, en 1950.
(Fuente: blogdetonito)

Con tanta exhaustividad y tanto detalle, hasta los jugadores han desplegado habilidades teatrales. Como los bebés, sienten la necesidad de llamar la atención de mamá (en este caso, del árbitro) y se tumban en el suelo (cuando no se tiran acrobáticamente) entre grandes muecas de dolor (saben que también hay primeros planos en la televisión). Un toquecito en el hombro puede provocar una voltereta y que se echen la mano al hombro como si una apisonadora les hubiera decoyuntado. Esto, a su vez, ha provocado que muy raramente se piten faltas si el que la recibe no acaba en el suelo. Y despiertan la animadversión y el desprecio de los contrarios, al grito de teatrero, nenaza o cualquier otra lindeza del género.

Mi memoria para el fútbol es extremadamente selectiva. Puedo disfrutar viendo un partido, y haber olvidado los contendientes, o incluso el resultado, a la media hora. Con esfuerzo, puedo rescatarlo, a veces, de mi memoria profunda, pero parece que algo de mi hardware (o software) relega estas informaciones a zonas poco accesibles de la memoria. A cambio, puedo recordar con nitidez el nombre de un lugar en el que estuve hace ya varios años, o ayer mismo, para el caso. Bueno, conozco casos contrarios. Tengo un amigo que creo que sería capaz de retransmitirte en directo, sin verlo, el partido de la semifinal de Champions del 86 (un decir). Con alineaciones, goles, faltas y jugadas polémicas. Supongo que cada cual elige (consciente o inconscientemente) aquello que quiere recordar y lo que prefiere olvidar.

Lo cierto es que, en estos tiempos, si en una tarde de sábado o de domingo, casi a cualquier hora, el zapping en el televisor de tu casa no acaba en la retransmisión en directo de algún partido de fútbol... es que probablemente no estés pagando lo suficiente.

Poderoso caballero es Don Dinero.

JMBA