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miércoles, 6 de abril de 2011

Hoteles (Controladamente) Cutres

Hace unos meses, ya dediqué una serie de artículos a desgranar los criterios y medios adecuados para reservar un hotel por Internet. Pero hoy quiero centrarme en los hoteles (controladamente) cutres, que pueden ser un excelente recurso para las visitas urbanas.
Entrada al hotel Paris Liege, en la rue de Saint Quentin,
París, frente a la Gare du Nord
(Fuente: venere.com)

En el centro de todas las grandes ciudades, especialmente de aquellas muy habituadas a los visitantes, anidan infinidad de hoteles, hostales y pensiones, que dan acogida a viajeros de todo tipo.

La mayoría son casas de vecinos reconvertidas, con éxito desigual. Con suerte, podemos topar con algún Palacio reconvertido a hotel de categoría superior.

Desgraciadamente, casi nunca (dejemos la esperanza del casi) podemos planificar ningún viaje en base a presupuesto ilimitado. Lo que, en la práctica, significa que todo lo que gastemos en alojamiento deberemos recortarlo de otras partidas (comidas, visitas, excursiones, espectáculos, compras,...).

Es por ello que, y no por propia voluntad, deberemos escoger siempre un alojamiento lo más económico posible. Sin embargo, esto no debe significar gastar lo mínimo, sino gastar lo mínimo necesario para asegurarnos de que, si bien prescindimos de ciertas comodidades, no deberemos soportar incomodidades más allá de lo que estemos dispuestos a aceptar. Porque eso acaba arruinando un viaje.
El hotel está a un paso de la Gare du Nord (al fondo)
(Fuente: tripadvisor)

Si miro hacia atrás, especialmente cuando viajaba de estudiante con un presupuesto extremadamente reducido, visualizo algunos de los lugares que frecuenté, y a los que hoy no volvería. Claro que la edad y una cierta renta te evitan enrocarte en una juventud eterna.

Entre los sitios que prefiero olvidar, destacaría un Hostal en Londres donde no existía el concepto de mi/nuestra habitación. Te tumbabas en una cama a echar la siesta, y te podías despertar frente a un motorista alemán que ni se había quitado las botas para descansar. O una pensión de la que por algún motivo he borrado los detalles de mi mente, en la rue Jean Jacques Rousseau de París, cerca del Louvre. Sólo recuerdo haber tenido ahí una conversación con un americano pelirrojo absolutamente antisistema y antiimperialista, pero a quien le parecía lo más normal del mundo tener un Marlboro o una Coca-Cola al alcance de la mano en cualquier lugar del mundo. O un hotelito junto a la place de la Republique, con un ascensor postizo en el que sólo cabías o tú o tu maleta, y un mini cuarto de baño en la habitación dentro de un armario. O la Locanda Il Gambero en una calleja de Venecia, cercana a San Marco, a cuyo dueño, un obeso deforme, sólo lo vi sentado todo el tiempo en la planta baja; eso sí, discutiendo a gritos por el precio de la restauración de un cuadro.

Con un amigo cogimos una vez el Alpen Express en Roma, dirección Hamburgo (creo que el viaje eran más de 24 horas). Íbamos sentados en segunda clase (de puro InterRail sin suplementos) pero nos acercamos, para gran sorpresa del maitre, por el vagón restaurante para cenar en condiciones. Bueno, un presupuesto limitado impone definir prioridades claras.
De un hotel cutrillo no se pueden esperar lujos
(JMBigas, Marzo 2011)

Actualmente, la oferta hotelera es prácticamente ilimitada y de todas las categorías (por lo menos en los países del primer mundo); además tenemos pleno acceso a ella gracias a Internet. Por ello, cuando debemos manejar un presupuesto escaso, conviene tener claras las prioridades que tenemos en cuanto al hotel, las comodidades a las que no nos importa renunciar y las incomodidades que no estamos dispuestos a vivir.

Lógicamente, todas las informaciones que se brindan por Internet forman parte del marketing hotelero, y a menudo no se aproximan demasiado a la realidad que nos encontraremos a nuestra llegada. Ser capaces de ver a través de esa nube que se nos tiende no siempre es fácil. Necesitamos una cierta dosis de experiencia (propia o de alguien cuyas prioridades y entorno nos sean conocidos).

Yo, por ejemplo, he pisado a pie desnudo y sin ninguna aprensión moquetas indescriptibles, que provocan en otros toda clase de rechazos. Me gustan las camas grandes, pero puedo dormir en una pequeña, siempre que esté limpia. Me cuesta renunciar a tener una mesa (aunque sea pequeña) y una silla en la habitación. Necesito un cuarto de baño, aunque sea mínimo, en la habitación. No me importa que no haya tele, pero aprecio disponer de WiFi gratuita. Puedo sobrevivir en una habitación pequeña, aunque la ventana dé a un patio interior casi sin luz.
Imprescindibles: una mesa y una silla
(JMBigas, Marzo 2011)

Al fin y al cabo, cuando se está de viaje, se permanece muy poquito tiempo en la habitación del hotel (aparte de para dormir y para el aseo). Si acaso consultar el correo electrónico, leer un poco o consultar mapas, planos o folletos.

De todas formas, que quede claro que, si el presupuesto es ilimitado, hay que escoger, sin dudarlo, el mejor hotel disponible cuya ubicación nos resulte conveniente. Y si lo de ilimitado se convierte en millonetis, hasta la ubicación nos da igual, porque tenemos el coche y el chófer a nuestro servicio. Y los mejores hoteles siempre están en un entorno muy agradable.

Pero la realidad nos obliga a asumir compromisos, para conseguir un mix de servicios que nos resulte conveniente por un precio abordable.

Voy con cierta frecuencia a París (al menos dos o tres veces al año). Y he desarrollado un patrón para escoger hotel que quiero compartir con vosotros. Hay dos grandes opciones, dependiendo, ante todo, de si viajo con coche o sin coche. Si viajo con coche, acostumbro a escoger alguno de los infinitos hoteles económicos que hay sobre el Boulevard Périphérique, junto a alguna de las múltiples Portes. Son fácilmente accesibles en coche (salvo los atascos a veces, claro) y disponen de aparcamiento. Un Ibis, por ejemplo, significa que ya sabes lo que te vas a encontrar, y a mí me cubren lo que considero imprescindible. Las Puertas del Periférico, además, tienen habitualmente estación de Metro, y es un área comercial con restaurantes, etc. Bueno, todo bastante bien resuelto. Si no es temporada muy alta, habitualmente se puede conseguir habitación por menos de 80€ (en algunos, hasta menos de 50€), lo que me parece más que razonable tratándose de París.
Enchufes abundantes, necesarios para recargar todo
tipo de pirulos que nos acompañan
(JMBigas, Marzo 2011)

Si viajo sin coche, procuro escoger un hotel por el centro, que esté bien comunicado. La zona que más me gusta es la de Les Halles, porque hay muchísima animación, y oferta comercial y de restauración para todos los gustos. Además, está excelentemente comunicada, ya que se cruzan allí varias líneas de Metro y las dos grandes líneas (A y B) del suburbano (RER). Pero no hay muchos hoteles, y la mayoría son descontroladamente cutres, y no especialmente baratos. Estuve una vez en el Agora, a una manzana de Les Halles, y juré no volver. La recepción está en el primer piso, sin ascensor. En el baño, el plato de ducha era enano y la mampara no dejaba más de treinta o cuarenta centímetros para entrar y salir. Tenía que entrar de lado, y cuando conseguía que pasara la barriga, se oía plop, plop. En la zona hay un hotel digno, el Novotel Les Halles, pero raramente se puede conseguir una habitación allí por debajo de los 200€.

El Barrio Latino (el entorno de boulevard Saint Michel) es otra buena opción, pero allí todos los hoteles son bastante caros salvo, quizá, los muy alejados de la estación del Metro.

Las últimas veces que he estado en París sin coche, he escogido algún hotelito en las proximidades de la Gare du Nord (10é). Es cierto que el vecindario no es de lo más estético que tiene París, pero la zona está muy vigilada, y no es más peligrosa que cualquier otro sitio de la ciudad. Está bien comunicado también (la línea B del RER permite el acceso a los dos grandes aeropuertos). Y si pienso hacer alguna excursión a Londres (como ya he contado recientemente) el Eurostar sale de la Gare du Nord, y es muy cómodo estar a unos minutos a pie, tanto a la ida como a la vuelta. Lo mismo vale para Lille, Bruselas, Amsterdam o Colonia.

Además, hay bastantes hoteles a menos de cinco minutos a pie de la estación. Hay un hotel digno (el Mercure Terminus Nord) pero el precio raramente baja de los 150€. Sin embargo, hay varios hoteles con precios entre los 60 y los 90€ que pueden ser razonables. Pero hay que escoger bien, para evitar caer en alguno que sea descontroladamente cutre. He ido muchas veces al Apollo Gare du Nord, un hotelito en la propia Rue Dunkerque (frente a la parte nueva de la estación), pero actualmente el edificio está en obras de restauración. Veremos lo que quedará cuando terminen.

Las últimas veces he recalado en el Paris Liège, un hotelito de dos estrellas, cutrillo pero soportable, y muy bien de precio (70€ incluyendo el desayuno continental pagué hace poco). Está en la Rue Saint Quentin, perpendicular a la Gare du Nord, a uno o dos minutos a pie. Tiene recepción 24 horas en la planta baja, con un par de máquinas expendedoras de bebidas y snacks (a menudo desabastecidas, eso es cierto). Pero en las cercanías hay varias tiendas de conveniencia, abiertas hasta muy tarde, donde comprar refrescos o hasta botellitas de ron o de whisky, si nos apetece una copita en la habitación, mientras preparamos el itinerario del día siguiente.

Tiene cinco o seis plantas, con un ascensor postizo y enano (donde solamente caben un viajero y una maleta no muy grande). Además, el ascensor atiende los medios pisos. Significa que para cogerlo en recepción hay que subir media docena de escalones, y al llegar a la habitación, hay que bajar otros tantos. Si se tiene una habitación en la cuarta planta, por la ley del mínimo esfuerzo, se va al cuarto en ascensor (bajando unos escalones hasta la habitación), pero se toma en el tercero (para también bajar, en lugar de subir).
Un plato de ducha de tamaño razonable
(JMBigas, Marzo 2011)

Hay una salita pequeña junto a recepción, donde se sirven los desayunos, a menú fijo: café o té, zumo de naranja de brik, panecillo, croissant, mantequilla y mermelada. Con suerte, en este tipo de hotelitos todavía se pueden degustar los excelentes croissants de boulangerie. Porque en los hoteles más grandes, los croissants son siempre congelados y horneados ad hoc.

Esta vez conseguí una habitación individual, pequeñita y con una cama pequeña, pero con mesa, silla y tele pequeña pero plana. La ventana daba a un patio interior.

El cuarto de baño, pequeño pero con todo lo imprescindible: plato de ducha de tamaño medio con mampara de puerta corredera (aquí la barriga se deslizaba hacia dentro o hacia fuera con cierta agilidad), WC y lavabo con espejo y estante (por algún extraño motivo siempre algo inclinado, por lo que es normal encontrarse el peine caído en el lavabo). Eso sí, en la ducha no había estante alguno para el gel de baño. Quizá mejor, porque dado el tamaño, correríamos el riesgo serio de descalabrarnos con él.

En el desayuno te puedes encontrar al resto de huéspedes. Si se juntan todos a la vez no hay espacio suficiente. Entre ellos puedes distinguir alguna pareja de campagnards en viaje de bodas a la capital, o alguna pareja irregular (como una alemana cuarentona con cara de satisfacción junto a un negro mazas), o un grupito de un par de parejas rusas, de turismo por la Ciudad de la Luz. Lo que nunca te encuentras en estos hotelitos (porque no caben) son los autocares de turistas, a los que, personalmente, odio con todo el cariño.

En la habitación tenía acceso WiFi gratuito que funcionaba como un tiro (seguramente sería yo el único que lo utilizaba en todo el hotel). Al entrar a la habitación, casi me chocaba con el armario. Un armario con un solo estante y media docena de perchas de diversos orígenes: tienda de ropa, Grandes Almacenes, tintorería, otros hoteles,...

En resumen, un alojamiento económico, controladamente cutre, suficientemente cómodo, que libera presupuesto para otros fines más agradables.

Es complicado, sin una experiencia previa, topar con hoteles que tengan una oferta tan bien balanceada. Si buscamos (sólo) lo más económico, caeremos en lo inaceptablemente cutre con mucha facilidad.

La única solución que conozco (aparte de la recomendación de alguien que ya haya estado) es leerse en Internet los comentarios de otros clientes, siempre que haya por lo menos 100; si no, no es nada significativo. Atender al perfil de cada uno (si viajaba solo, en pareja, en grupo de amigos, en familia), matizando los comentarios negativos (quejas de habitaciones ruidosas pueden ser muy graves para unos, y absolutamente veniales para otros), prestando especial atención a los temas relacionados con la limpieza (o su escasez) y obviando los comentarios sobre la amabilidad o grosería del personal. Por una parte, en un hotel cutre el personal (escaso) no está para atender nuestros caprichos, y si no hablamos la lengua del lugar, podemos esperar ciertas dificultades. Y mucho cuidado con los comentarios elogiosos o muy positivos, que hay gente para quien cualquier cosa ya le parece la bomba. Se puede recomendar un hotel sin necesidad de que sea el mejor de la ciudad; a pesar de que sea relativamente cutre, puede ser recomendable si el precio está en consonancia con la oferta. Si filtramos bien, podemos hacernos una idea bastante cabal de lo que vamos a encontrarnos.

Pero hay que tener cuidado, porque todos los hotelitos tienen una o varias habitaciones que son las cenicientas (muy pequeñas, casi sin luz natural, con cama enana,...). Un precio muy por debajo de la media del hotel debe hacernos sospechar.

En fin, los presupuestos limitados exigen compromisos.

JMBA

martes, 5 de abril de 2011

Volar no mola - 2 - El viaje al aeropuerto

La mayoría de aeropuertos están relativamente alejados de las ciudades. Ello tiene su razón de ser. Efectivamente, instalaciones que deben dar servicio a docenas de millones de viajeros al año requieren de una gran extensión de terreno y de unas condiciones que solamente se dan en la gran periferia de las ciudades.
La nueva Terminal 1 del Aeropuerto del Prat, en Barcelona
(Fuente: sobrebarcelona.com)

Por otra parte, y debido a diversos motivos, entre los que el principal es la seguridad, de la que hablaré en otro artículo, hay que acudir al aeropuerto con bastante antelación, para evitar sorpresas de última hora.

Para los viajes muy cortos, o para los que viven muy lejos del aeropuerto, la mejor solución es acudir al mismo en coche privado. Para ello se requiere dejarlo en algún aparcamiento habilitado en el aeropuerto, y pagar una tarifa diaria de cierta relevancia (en general, en el entorno de los 20 Euros). Por otra parte, en algunos aeropuertos y a ciertas horas, o ciertos días, los aparcamientos están saturados, y pueden generar un estrés adicional al viajero. Si se llega al aeropuerto con el tiempo justo y el parking está completo, entran ganas de llorar de pura impotencia.
Aeropuerto de Kansai Osaka (1994), construido sobre una
isla artificial a 3km de la costa
(Fuente: arqhys)

Algunos aeropuertos ya han habilitado la posibilidad de reservar desde casa una plaza de aparcamiento para el vehículo privado. Muchos tienen, además, pequeños aparcamientos cercanos al edificio terminal, para los que sólo llevan o recogen viajeros. Habitualmente son gratuitos los primeros quince o treinta minutos, y carísimos después de eso. Y muchos disponen también de aparcamientos de larga duración, mucho más alejados de los edificios terminales, pero más económicos a partir del cuarto o quinto día.

También se puede acudir en taxi al aeropuerto. Normalmente, esto no tiene mayor problema que su coste. Pero la inversa no es cierta. En determinadas condiciones, coger un taxi en el aeropuerto para llegar a casa puede convertirse en una experiencia francamente desagradable. Aparte de las colas, que pueden llegar a ser monumentales si el embarque de viajeros no está bien resuelto, si el trayecto es relativamente corto uno se puede ver sometido a un auténtico acoso del taxista, que persigue desembarcarnos inmediatamente e intentar buscar otro pasajero más rentable. Ya conté en otro artículo alguna (mala) experiencia en este sentido con los taxistas de Barajas

Coger un taxi en cualquier aeropuerto del mundo es una tarea de cierto riesgo, especialmente si no se habla el idioma local. Dado que la espera de los taxistas en cualquier aeropuerto acostumbra a ser prolongada (dos o tres horas puede no ser descabellado, especialmente en los aeropuertos muy grandes), cuando por fin consiguen un servicio, intentan rentabilizarlo al máximo. Esto incluye, en algunos casos, incluso intentos de estafa o de aplicación de tarifas abusivas. O trayectos mucho más largos de lo necesario, o franca animadversión si el trayecto es más corto de lo que consideran conveniente.
Nutrida playa de taxis, en el Aeropuerto de
Barcelona
(Fuente: bcnhoy.com)

Este hecho ha llevado a algunos aeropuertos, especialmente en los países en desarrollo, a crear un mostrador oficial específico para comprar el servicio de taxi para una zona determinada de la ciudad. De este modo, al taxista se le entrega un ticket que previamente se ha pagado en ese mostrador a su precio oficial. 

Todos los aeropuertos tienen diversos servicios de transporte público para ir desde o hacia el centro de las ciudades. Normalmente coexisten los medios ferroviarios (sea metro, suburbano o incluso estación ferroviaria de larga distancia) con los de carretera (principalmente, autobuses de todo tipo).

En Madrid se puede llegar a cualquiera de los cuatro terminales en Metro (dos estaciones en el aeropuerto), por solamente un euro de suplemento respecto al billete normal de Metro (precio total: 2 Euros), y en menos de quince minutos desde el Paseo de la Castellana. En Barcelona, hay una estación de cercanías en el Aeropuerto, próxima a los antiguos terminales, pero alejada del nuevo T1. Sin embargo, el Aerobus es un medio muy aconsejable y cómodo, ya que se aborda en el centro de la ciudad (Plaza de Cataluña) y cuesta algo más de cinco euros.
Unidad del Gatwick Express
(Fuente: southernelectric)

Los dos grandes aeropuertos de París están unidos con la ciudad por diversas rutas de autobús, y por el ferrocarril suburbano (extensión del Metropolitano, el llamado RER). Llegar a Orly o Charles de Gaulle cuesta más de ocho euros. Para Orly, este precio incluye un ramal de ferrocarril sin conductor (llamado Orlyval) que une la estación de Antony del RER con las dos terminales del aeropuerto. Charles de Gaulle tiene dos estaciones del RER, además de un ferrocarril interno sin conductor, llamado CDGVal (gratuito) que une las diversas terminales y los principales aparcamientos y estaciones del RER.

Heathrow está unido con el centro de Londres mediante la Piccadilly Line del Underground (por cuatro libras, y una hora de trayecto hasta Piccadilly Circus). Los cuatro aeropuertos de Londres (incluyendo Gatwick, Luton y Stansted) tienen servicios ferroviarios exprés con alguna estación del centro de Londres. Son caros (habitualmente del orden de 10 libras por trayecto) pero rápidos. Y también autobuses de diversos tipos, que tienden a eternizarse por las rotondas de la periferia, pero que son más económicos.

Hay que tener precaución con cualquier medio que utilice la carretera, pues los atascos están más extendidos que el acné juvenil. Una hora de trayecto habitual se puede convertir fácilmente en dos o tres, según el horario, el día de la semana o las circunstancias. Recuerdo una ocasión, en París, en que el trayecto por carretera entre Les-Clayes-sous-Bois (más allá de Versailles) y el aeropuerto Charles de Gaulle (trayecto normal, unos cincuenta minutos) me costó casi tres horas debido a un accidente en el túnel de Saint Cloud y un recital de Johnny Halliday en el Stade de France.
Orlyval, en el Aeropuerto de Orly
(Fuente: descubriparis)

Y los medios ferroviarios también nos pueden dar algún susto, si no nos tomamos el desplazamiento con tiempo sobrado. El otro domingo tuve que volar de París Charles de Gaulle a Madrid, a las tres de la tarde. Confié en el RER que, para mí, es el mejor medio para ese aeropuerto, si hay que ir desde el centro de la ciudad. Sin embargo, resultó que el ramal del aeropuerto estaba cerrado debido a obras de mejora. Tras ver que dos trenes seguidos iban a Mitry-Claye, el otro término norte de la línea B del RER, empecé a buscar explicaciones, y ya vi que no había servicio de tren ese día al aeropuerto. La alternativa propuesta era viajar a Mitry-Claye, y de allí un servicio de autobuses-lanzadera (en el que viajamos como piojos en costura, dicho sea de paso) nos llevó a la estación 1 del RER en Charles de Gaulle. En resumen, un trayecto del orden de treinta minutos más largo de lo habitual, lo que hubiera podido resultar dramático de no ir con tiempo sobrado.  

Pequeños inconvenientes que solamente no se convierten en problemas si tomamos los desplazamientos con un buen colchón de tiempo.

Un colchón que nos sobrará entero si todo va como estaba previsto. Más tiempos de espera en el Aeropuerto. Claro que a lo mejor nos lo consume alguna de las tareas que hay que realizar antes de poder abordar el avión, que es, finalmente, a lo que vamos.

Algunos grandes aeropuertos de nueva construcción han podido diseñarse de modo integral con los diversos medios de transporte para el acceso. Así, por ejemplo, la estación de Metro en la T4 de Barajas se construyó al mismo tiempo que el terminal (aunque entró en servicio bastantes meses más tarde que el propio terminal), y está un piso más abajo que la planta de llegadas, de acceso muy cómodo. Para el nuevo aeropuerto de Pudong en Shanghai se diseñó un tren de levitación magnética para el acceso al mismo desde el centro de la ciudad.
Dos líneas del Aerobus unen el centro de Barcelona con
los terminales del Aeropuerto del Prat
(Fuente: ciutatdebarcelona)

Pero la mayoría de aeropuertos grandes de Europa y Norteamérica han ido creciendo sobre la marcha, por capas como las cebollas. Y eso los ha hecho muy complicados para la circulación de viajeros y para el acceso desde la ciudad. Será por eso que, últimamente, se han inaugurado algunas nuevas terminales en diversos aeropuertos, que en la práctica son como nuevos aeropuertos. Es más fácil diseñar desde cero un conjunto armónico. Este ha sido el caso de la T4 de Barajas, o del Terminal 1 del Prat, en Barcelona, o de la T5 de Heathrow.  

Si hemos hecho bien los deberes hasta aquí, y no hemos tenido ningún contratiempo, deberemos haber llegado al aeropuerto con suficiente antelación. Tocará ahora proceder a la facturación, pero esa ya lo contaré en la siguiente crónica de esta serie.

JMBA

La Sainte Chapelle - París

He estado infinidad de veces en París (tanto por trabajo como en viaje de placer), pero nunca había visitado la Sainte Chapelle. Hasta el otro viernes, en que disponía de un día completo en París para hacer turismo, ir de compras y tomarse una cervecita en alguna de las terrazas del boulevard Saint Michel.
La Sainte Chapelle, como parte del complejo del
Palais de Justice
(JMBigas, Marzo 2011)

Decidí dedicar un rato por la mañana para visitar la Sainte Chapelle. París, cualquier día del año, está plagada de turistas procedentes de todas las partes del mundo. Hay que contar que para visitar cualquiera de sus grandes atracciones, nos espera una cola de proporciones variables. Y la Sainte Chapelle no es una excepción.

La Sainte Chapelle es una capilla de proporciones modestas (salvo, quizá, los 20 metros de altura de la llamada capilla alta), mandada construir por San Luis, rey de Francia, en el 1241. Es del estilo llamado gótico rayonnant (radiante) y destaca por las espléndidas vidrieras de la capilla alta.

Se encuentra en plena isla de la Cité (Metro Cité) y se accede a ella desde el boulevard du Palais. Construida en el interior del Palais de la Cité, hoy está en el interior del complejo del Palacio de Justicia. Ello implica que el acceso está regulado por la Gendarmerie, y hay que pasar un estricto control de seguridad.
La Sainte Chapelle
(JMBigas, Marzo 2011)

A las diez de la mañana, me tocó esperar una media hora de cola, detrás de un grupo de revoltosos adolescentes italianos. La Sainte Chapelle forma parte del Centre des Monuments Nationaux, y la entrada cuesta 8€. Tenéis una descripción bastante completa en la Wikipedia.

La capilla baja era la única a la que tenía acceso el pueblo llano. De hecho el acceso a la capilla alta sólo era posible a través de las galerías superiores de palacio. En la actualidad, hay dos angostas escaleras de caracol, en los ángulos de la fachada de entrada, que permiten el acceso a la capilla alta desde la baja.
Detalle de la Vidriera nº 15, sobre las Reliquias de Cristo
(JMBigas, Marzo 2011)

La capilla baja está prácticamente ocupada por el puesto de venta de recuerdos con el tema de la Sainte Chapelle. Hay también la réplica de una estatua de San Luis, rey de Francia. Las columnas que sostienen todo el edificio, son de color azul (decoradas con flores de lis, símbolo de la realeza francesa) o de color rojo (decoradas con castillos de oro, ya que Luis IX era hijo de Blanca de Castilla).
Rosetón de 9m de diámetro, con escenas del Apocalipsis
(JMBigas, Marzo 2011)

La capilla alta destaca especialmente porque la mayoría de las paredes fueron sustituidas por vidrieras gigantes, que tiñen el ambiente de un cierto tono azul. Hay hasta 15 vidrieras de entre 13 y 15 metros de altura, que representan más de mil escenas bíblicas del antiguo y el Nuevo Testamento.

Una de las grandes vidrieras (la nº 15, que está situada junto al rosetón gigante, a la derecha de la nave), está dedicada a la historia de las reliquias de Cristo. De hecho, la Sainte Chapelle se construyó para albergar una serie de reliquias que San Luis compró al emperador bizantino.

El rosetón, de nueve metros de diámetro, representa diversas escenas del Apocalipsis.
Ábside de la Sainte Chapelle
(JMBigas, Marzo 2011)

Desde hace años, el Centre des Monuments Nationaux tiene en marcha un programa para la restauración y conservación de los vitrales.

La capilla alta transmite una sensación de elevación casi mística, gracias a la altura de la bóveda (unos veinte metros) y a la luz tamizada que entra en la capilla a través de las vidrieras.

Tenéis una pequeña colección de fotografías adicionales aquí.

Una visita muy recomendable. Muy cercana, además, a Notre Dame. Cruzando el brazo sur del Sena, estaremos en pleno Barrio Latino, en el inicio del boulevard Saint Michel. Allí no dejéis de visitar la librería Gibert Jeune (de cuatro plantas, más una zona exterior de oportunidades y ofertas), y la terraza del Saint Sévérin que, pese a practicar unos precios ciertamente abusivos (5,50 Euros pagué yo por 25cl de cerveza Leffe), siempre está repleta de gente que mira y se deja mirar, asomada al bulevar y al río.

En París, de todas formas, siempre os quedará algo por visitar, para el siguiente viaje.

JMBA

Una Estimulante Novedad Literaria

Ha tocado recientemente todas las librerías del país un libro nuevo, escrito por un autor novel, pero ambos con mucha historia a sus espaldas.

Eloy Moreno ha contado una y muchas veces la gran aventura que se inició en su vida cuando concluyó el libro que tenía que escribir: El bolígrafo de gel verde. Curioso título, pero es cierto que a menudo las cosas más pequeñas y nimias son las que desencadenan las grandes tragedias.

Y si no, recordemos lo de Por un clavo se perdió una herradura ... por una guerra se perdió un reino.

Eloy decidió autopublicarse el libro, como única posibilidad a su alcance para intentar difundirlo. Y cuenta sus viajes por toda España con una maleta llena de ejemplares de su libro, buscando librerías o lugares donde se lo dejaran promocionar. La reacción habitual siempre era la misma: ese no es el buen camino. O habla de su madre, que siempre llevaba un ejemplar en el bolso, para decirle a todo el mundo este libro lo ha escrito mi hijo.

Pero el interés del libro fue pasando de boca en boca, se difundió viralmente por las redes sociales, y al final una gran editorial (Espasa) decidió publicarlo de forma comercial. Desde entonces, El bolígrafo de gel verde se mantiene en los primeros puestos de venta de libros de ficción.

¿ Y qué cuenta esta novela ?. Pues lo que todos hemos sentido en muchas fases de nuestra vida. Estar dando vueltas en una noria que nunca se detiene. Y la única forma de no marearse es mirar fijamente la barquilla que nos precede. Porque si miramos alrededor, todo da vueltas, pero parece que nada se mueva.

Nos cuenta la terrible incomunicación en la que caemos, incluso con las personas a las que queremos y que nos quieren. La tragedia de un tiempo ocupado al cien por cien con obligaciones de todo tipo, en que no existe tiempo libre. Porque hasta el fin de semana, en que no tenemos que ir, como todos los días, a ese trabajo alienante, el tiempo está reglado por las obligaciones domésticas y familiares. Perdemos la capacidad de decidir qué haremos en el instante siguiente, porque ya está decidido por el sistema.

El protagonista de la novela, el narrador, empieza a mirar al paisaje desde la noria que no para de girar. Y se marea, y mucho. Quiere cambiar de vida, pero eso obliga a bajarse de la noria en marcha, a abandonar muchas cosas y a muchas personas que constituyen su rutina, su vida diaria. A hacer daño a personas que quiere.

Mirando siempre hacia delante, da la espalda a lo que ha sido su vida hasta ahora, y se construye una noria a su medida, que gira o se para según su voluntad. Y hasta aquí puedo leer.

¿ Y por qué este libro está teniendo tanto éxito ?. Primero, porque (casi) cualquier lector se puede sentir identificado con el protagonista. Porque las situaciones y las personas que le rodean nos resultan tremendamente familiares. Y porque el libro está escrito con absoluto desgarro, destila vida desde la primera a la última página. Sin artificios, ni abalorios, acaso sólo alguna truculencia. Porque de los personajes y de los lugares nos cuenta sólo lo que necesitamos conocer.

El bolígrafo de gel verde es un libro que se puede leer de un tirón. El lector se siente atraído a compartir con el protagonista la gestación de un viaje liberador, que le alejará de una situación opresiva que al lector le resulta muy familiar.

La incomunicación provoca malentendidos, e hiere a las personas que rodean y quieren al protagonista. Pero consigue deshacerse de la piel que le aprisionaba. Con destino a otra parte.

No se trata de Gran Literatura, porque es una novela escrita desde una experiencia personal opresiva; fluye como los propios sentimientos y sensaciones del protagonista. Pero conmueve, y el lector se siente también un poco liberado de una noria que conoce bien. El protagonista se convierte, a los ojos del lector, en un nuevo Héroe que ha sido capaz de liberarse de estar mirando fijamente a la barquilla de la noria que nos precede, para no marearse.

Sufre el mareo, pero sobrevive a él. Renace.

Yo soy muy aficionado a los bolígrafos de gel, porque transmiten la sensación, con la suavidad de su escritura, de que siempre estamos escribiendo lo que queremos, como sin esfuerzo. Pero nunca he tenido uno que escriba en color verde.

Para más información sobre el libro y el autor, y para interactuar con él, podéis consultar la web del libro, y/o conectaros a su perfil de Facebook.

Lectura muy recomendable. El bolígrafo de gel verde, de Eloy Moreno (Espasa, 16,90 euros).

JMBA

lunes, 4 de abril de 2011

La margarita del PSOE

Tras muchos rumores en favor y en contra, finalmente este sábado José Luis Rodríguez Zapatero comunicó en el Comité Federal del PSOE que no va a presentarse como candidato del partido para las elecciones generales que deberán celebrarse en Marzo de 2012; si no las adelanta, finalmente.
Zapatero en el Comité Federal del sábado
(Fuente: elcorreogallego)

De una u otra forma, pues, para bien y para mal, se abre el debate sucesorio en el PSOE.

Algunos se han apresurado a interpretar el tema desde el punto de vista de las ideologías (ver por ejemplo, este post de Joaquim Pisa en uno de sus blogs, o el artículo publicado por José Luis Álvarez en El País del sábado, recogido por Joaquim en otro de sus blogs). Pero yo creo más bien poco en las ideologías, especialmente en este siglo XXI que ya se nos está escurriendo entre los dedos de las manos. Pienso que la realpolitik deja muy poquitos grados de libertad para que los gobiernos puedan desplegar sus ideologías. No se lleve, sin embargo, el lector la idea de que me da igual quien gobierne, porque es totalmente falso. Pero soy consciente de las limitaciones que el sistema (sea lo que sea esto, la globalización, la pertenencia a ciertos frentes y no a otros, la dictadura de los mercados, las decisiones de la Unión europea,...) impone al gobernante de un país como España.

Prefiero intentar una interpretación de lo que puede pasar a continuación desde un punto de vista puramente práctico, de práctica del poder.

De momento, la primera cita a la que todos deben devotamente dedicarse son las elecciones municipales y autonómicas (en algunas autonomías, que no en otras) previstas para el próximo 22 de Mayo. Formalmente, por lo menos, Zapatero ha retrasado cualquier debate sucesorio a después de esas elecciones. Claro que no se le pueden poner puertas al campo, y todos, dentro y fuera del partido, ya han empezado sus campañas particulares.
Alfredo Pérez Rubalcaba, candidato in pectore a la
sucesión de Zapatero
(Fuente: jesaal)

Sin embargo, creo que el resultado de estas primeras elecciones va a marcar el tono y el desenlace del proceso de sucesión. De alguna forma, el estilo político de Zapatero (tanto en el partido como en el gobierno) ha sido extremadamente personalista, lo que siempre dificulta el que otras personalidades del partido puedan tener luz propia.

La situación, en estos momentos, para el PSOE es más que muy delicada. Muchas de las decisiones que el Gobierno (que Zapatero, en suma) han creído que estaban obligados a tomar les ha alejado de buena parte de sus bases electorales. Está claro que puede haber votos de izquierda prestados al PSOE que pueden derivarse hacia otras fuerzas de izquierda que todavía están vírgenes de la erosión que el ejecricio del poder acaba provocando. Es más que esperable, por lo tanto, una cierta progresión electoral de Izquierda Unida.

Y también parece confirmado por todas las encuestas que mucho voto centrista que se llevó el PSOE en 2004 y 2008, podría cambiar al PP, más como única alternativa viable de Gobierno que por convicción política. El PP, con Rajoy a la cabeza, se viene dedicando, desde que abandonó el poder en 2004, a una oposición raquítica, de acoso y derribo, de descrédito del contrario, y han cruzado varias líneas rojas, lo que el elector no ferviente no perdona ni olvida con facilidad. Se han instalado en la convicción de que un PSOE desacreditado deberá llevar, de forma natural, el Gobierno a sus manos.

Y no debemos olvidar las posibilidades de progresión electoral de cierta envergadura que pueda conseguir Rosa Díez y su UPyD. Su campaña la están centrando en mensajes muy claros, de los que llegan al ciudadano medio. Especialmente en lo que se refiere a la transparencia política y a la oposición frontal a la corrupción. Aunque también está proponiendo ciertos movimientos de reversión del modelo autonómico, que podría restarle soporte electoral.
Carme Chacón, la candidata de la efebocracia
(Fuente: catalunyapress)

Es decir, las perspectivas electorales para 2011 y 2012 que tiene el PSOE son muy complicadas (y eso, intentando ser generoso). A pesar de que el comportamiento del electorado en las elecciones municipales, autonómicas y generales tiende a ser bastante disperso, los resultados del 22-M van a influir de modo decisivo en cómo se desarrolle a continuación el debate sucesorio en el interior del partido.

Si el resultado del 22-M pudiera considerarse finalmente como una debacle del PSOE, el nuevo líder elegido tendrá como único objetivo el intentar minimizar los daños de las generales de 2012. El partido no tendrá más remedio que asumir que va a perder el Gobierno tras las generales, y el líder a quien le toque estar al frente en esa etapa tendrá su futuro político seriamente comprometido.

En ese escenario, Rubalcaba podría hacer un excelente papel en esa labor de no mucho más de un año de duración, intentando reducir al máximo de lo posible el retroceso electoral del partido en las generales de 2012. Descabalgados del gobierno, el PSOE deberá iniciar la travesía del desierto que para todo partido supone el abandono del poder. Para ello, sería bueno tener un líder nuevo, que pueda abordar sin demasiados juicios previos una cierta refundación del partido. Carme Chacón podría ocupar esa posición.

En estas condiciones, podría incluso no haber Primarias esta primavera, si solamente Rubalcaba se ofreciera a ese puesto fusible a tan corto plazo. Al fin y al cabo, pertenece a una generación anterior, y su ciclo vital y político ya está en la tercera fase. Para él, políticamente, sólo existe el corto plazo.
José Bono podría volver a postularse como
candidato (en 2011 ó 2012)
(Fuente: terra.es)

Después de las generales de 2012 habría un segundo debate sucesorio, para la elección del nuevo líder para la travesía del desierto. No olvidemos que en ambos partidos principales ha habido líderes intermedios, que se han consumido en la pira de ese desierto (recordemos a Hernández Mancha en el PP, y a Borrell o Almunia en el PSOE). En esas condiciones, es más que posible que incluso Carme Chacón prefiriera no optar a tan agitada posición, y pospusiera sus ambiciones a un momento en que se pudiera vislumbrar de nuevo un éxito electoral. Al fin y al cabo, solamente tiene hoy cuarenta años, y le queda todavía recorrido por delante. En ese momento es posible que aparecieran varios candidatos para lidiar en unas Primarias de la Travesía del Desierto. Bono o Blanco podrían ser los que acabaran asumiendo esa etapa. O quizá apareciera algún otro contendiente de menos fuste y cuya incineración el partido acabara estimando como menos gravosa.

La situación y el escenario serían absolutamente diferentes si el resultado de las elecciones del 22-M se pudiera entender como un retroceso no dramático del PSOE. Es decir, si los socialistas pudieran conservar todavía una esperanza razonable de retener el poder tras las Elecciones Generales de 2012. En este caso, la batalla de esta primavera sería mucho más decisiva, porque se trataría de escoger un líder que tuviera algunas posibilidades de suceder a Zapatero en la Presidencia del Gobierno en 2012. Habría, sin duda, Primarias este año. Y los candidatos podrían ser más de los que hoy visualizamos. Es más que probable que gente como Bono o Blanco dieran, también, un paso adelante. En ese caso, mi opinión es que la elección debería ser Carme Chacón. Asumiendo que sería jugarse el futuro político a una sola carta; pero si las esperanzas de éxito fueran razonables, es un envite que quizá la Chacón podría aceptar.

Para los electores (ya no solamente los miembros del partido) una mujer candidata a la Presidencia del Gobierno para 2012 sería un elemento estimulante y refrescante, que quizá haría olvidar otros sinsabores e incluso movilizaría a esa parte del electorado de izquierda que tiene una enfermiza tendencia a quedarse en casa el día de las votaciones. Si, a pesar de todo, el PSOE debiera abandonar el gobierno tras las elecciones de 2012, entra dentro de lo posible que Carme Chacón pudiera evitar la incineración ad aeternum, tuviera ocasión de replegarse a los cuarteles de invierno y dejar la Travesía del Desierto a algún otro líder más fungible. Para volver, quizá, a la primera plana unos años más tarde, cuando las condiciones objetivas volvieran a ser más favorables.
José Blanco podría liderar la Travesía del Desierto,
a partir de 2012
(Fuente: cincodias)

Por lo tanto, a todos en el PSOE les interesa que no se airee nada el debate sucesorio hasta pasadas las elecciones del 22-M. Porque de su resultado pueden derivarse estrategias de unos y otros muy diferentes. Todo lo que se diga ahora puede ser una hipoteca demasiado pesada luego.

En resumen, no veo a Rubalcaba como el próximo Presidente del Gobierno. Si fuera elegido candidato por el PSOE, sería para intentar minimizar los daños, y llevar al partido en las mejores condiciones posibles a la necesaria Travesía del Desierto después de las generales del 2012. El partido le pediría un último sacrificio antes de entregarse a una jubilación presuntamente dorada.

Si hubiera alguna posibilidad de que el próximo Presidente del Gobierno siguiera siendo del PSOE, entonces apuesto claramente por Carme Chacón.

Y el PP con Rajoy al frente deberían ponerse a trabajar denodadamente para construir una imagen de alternativa de poder viable; no sólo porque el vuelco resulte inevitable, sino porque los electores así lo quieran y lo decidan.

Tiempos apasionantes nos esperan en la política nacional.

JMBA

sábado, 2 de abril de 2011

Volar no mola - 1 - Reservas y Billetes

Pensaba escribir un artículo sobre las infinitas incomodidades que supone en la actualidad cualquier viaje en avión. Pero salía demasiado largo, y he decidido iniciar una pequeña serie de artículos, titulada Volar no mola.
Billetes físicos de avión, ya en desuso
(Fuente: conocermallorca)

Hace alguna década, viajar en avión era la forma más noble, confortable y descansada de viajar. Claro que también eran los tiempos en que muchas empresas pagaban sin pestañear el equivalente a mil euros por un billete de avión Madrid-París-Madrid. Ese por el que hoy ya nos parece caro pagar más de cien euros.

La extensión del uso del transporte aéreo a cada vez más capas de la población ha sido, sin duda, un avance claro en su democratización y popularización. Pero, al mismo tiempo, su masificación y proletarización ha creado una serie creciente de incomodidades, a las que voy a intentar dar un repaso.

Hace años, los billetes para viajes en avión eran un producto de venta prácticamente exclusiva a través de las Agencias de Viajes. El fenómeno absolutamente irreversible de la progresión de uso del Internet por parte de cada vez más parte de la población (significativamente de los más jóvenes) ha influido definitivamente en la forma de reservar y comprar billetes para los viajes aéreos.
Propuesta de las tarifas más económicas para un vuelo Madrid-París
 en ciertas fechas de Mayo, en la web de Rumbo 

Los proveedores, básicamente las Compañías Aéreas, han tenido que adaptar su estrategia a esta nueva forma de comprar, en que el cliente potencial está expuesto y tiene acceso en minutos a la oferta de todos los competidores que trabajan una cierta ruta. En que puede escoger las fechas con los precios más favorables, y la compañía que globalmente le ofrezca un servicio con mejor relación calidad-precio, o simplemente la que ofrezca un mejor precio para una cierta ruta en fechas determinadas.

Desde el regulador, se produjo la liberalización del sector aéreo (no completada todavía en Europa), lo que abrió el camino a la competencia desaforada en las rutas más rentables o de mayor demanda. Todas las compañías han peleado con uñas y dientes para mantener ciertos monopolios por el mayor tiempo posible. Hasta hace relativamente poco tiempo, un viaje en avión de Madrid a Valencia sólo podía hacerse con Iberia, y el billete podía llegar a costar hasta más de trescientos Euros. Un sin sentido. 

En paralelo, aparecieron con mucha fuerza en el mercado las compañías llamadas low cost. Esto supone un cambio drástico en el modelo de negocio de las Compañías Aéreas. Las compañías llamemos tradicionales, o las compañías conocidas como de bandera (es decir, la compañía oficial de un país), se habían instalado en una posición muy cómoda, con buenos márgenes de comercialización, y cayeron lógicamente, en toda clase de ineficiencias, prebendas y privilegios, incompatibles con la nueva situación de competencia en el sector.
Planilla con las mejores tarifas para volar Madrid-París-Madrid,
torno a ciertas fechas de Mayo, en la web de Iberia

Hemos visto desaparecer compañías de toda la vida (como Swissair, que ya ha pasado por varias refundaciones; o Alitalia, cuya situación no está nada clara desde hace bastantes años). Todas se han visto obligadas a realizar movimientos corporativos, de fusión o de alianza fuerte, para mantener una ventaja diferencial con los nuevos competidores, basada en el volumen y el número de rutas cubiertas.

Todo ello ha provocado un cambio drástico en la forma de tarificar los viajes aéreos, ha obligado a aplicar la máxima creatividad en su confección y adaptación constante a las características y volumen de la demanda.

Hace años, los precios de los billetes de avión eran prácticamente únicos, y bastante caros, además. Las compañías empezaron a ofrecer combinaciones más económicas bajo ciertas condiciones (los billetes incluyendo una noche de sábado; o de semana completa). Estas prácticas todavía se intentan conservar, aunque de forma ya muy residual, por parte de algunas de las compañías llamadas de bandera.
Propuesta de las mejores tarifas para volar Madrid-Londres-Madrid
en torno a ciertas fechas de Mayo, en la web de Easyjet

La liberalización del tráfico aéreo, a la que Estados Unidos se lanzó en los 80, y Europa un poco más tarde, creó nuevas compañías aéreas desde la nada. Algunas prosperaron y florecieron, y otras desaparecieron sin dejar rastro. Recuerdo todavía un vuelo Nueva York-Buffalo allá por 1985 (o así) en una compañía llamada People Express (ya desaparecida hace mucho tiempo). El billete se pagaba a bordo, con los auxiliares de cabina pasando con el carrito y la bacaladera. Si se quería facturar alguna pieza de equipaje, este servicio se pagaba aparte en el mostrador de facturación. La mayoría de estas compañías han acabado desapareciendo o siendo compradas por otras. Pero también algunas con mucha historia y de gran tamaño (como la TWA o PanAm) pasaron por situaciones económicas críticas, y sus retales acabaron en manos de otros, y sus marcas desaparecieron del mercado.

Pero este progreso evidente que hemos vivido ha convertido el precio de los billetes de avión en un auténtico infierno. No importa lo barato que nos cuesten, siempre pensamos que nos han timado. Y si a bordo de cualquier avión, cada cual dijera en voz alta lo que ha pagado por el billete, habría auténticos motines y cuchilladas, debido a severos agravios comparativos.

Pero esta tarificación digamos creativa es perfectamente comprensible si nos atenemos al hecho de que las plazas en los vuelos son el producto más perecedero que existe. Si un asiento viaja vacío en un vuelo cualquiera, ya se perdió la posibilidad de rentabilizarlo de ninguna forma. Podrán vender ese asiento para otro vuelo, pero en ese vuelo ya se pudrió y es invendible.

Por lo tanto, y fijando como primera prioridad el conseguir la máxima ocupación en todos los vuelos, maximizando al mismo tiempo los ingresos totales, no resulta sorprendente que se puedan conseguir plazas en vuelos con diferencias de precios del orden de cinco o hasta diez veces. Todo depende de una multitud de factores, que el cliente sólo controla muy marginalmente, pero que las compañías conocen perfectamente.

La antelación, el horario, la fecha, la ocupación ya conseguida, entre muchos otros, son factores que acaban determinando a qué precio se puede conseguir una plaza más en ese vuelo.

La contrapartida, claro, es que con el precio del viaje a (casi) cualquier capital europea equivalente a una noche de hotel, se desarrolla la posibilidad de los viajes cortos (de fin de semana, o de tres o cuatro días), que antes eran prácticamente inviables. Lo cual, indirectamente, ha provocado que cada vez viaje más gente en avión y que los aeropuertos se hayan convertido en las estaciones ferroviarias de este siglo XXI.

Cualquier alusión a la nobleza del medio aéreo en estos días ya está fuera de lugar. Se ha democratizado enormemente su uso, y eso es bueno, pero no neutro, tiene consecuencias que todos sufrimos.

A ello se suman las prácticas no siempre totalmente legales, que fragmentan el precio de un billete de avión en muchos capítulos diferenciados, lo que complica enormemente la comparación rápida de precios entre diferentes competidores, porque a menudo el perímetro de los precios es absolutamente diferente. Parece lógico, por otra parte, que un viajero no deba pagar con su billete por servicios que no va a recibir. Eso sucede, por ejemplo, con las consumiciones a bordo, que progresivamente han desaparecido de la oferta estándar. O con la facturación de equipaje, que cada vez más compañías cobran como un concepto separado de la plaza en sí.  
Propuesta de las mejores tarifas para volar Madrid-Londres-Madrid
en torno a ciertas fechas de Mayo, en la web de Ryanair

En la práctica, el precio del billete hay que construirlo a partir de la acumulación de diversas cantidades. Estas incluyen la tarifa de la compañía aérea, las tasas aéreas, si queremos facturar algún equipaje, si queremos reservar un asiento específico, si queremos embarcar de los primeros, si queremos pagar con tarjeta de crédito,... No sabemos a ciencia cierta el precio final del billete hasta terminar el proceso de reserva. Ya conté en otra ocasión mi experiencia de billete a 0€, por el que, con todos los sacramentos puestos, acabé pagando cerca de 80€.

Y esta práctica, claro, convierte en un infierno la comparación de precios entre diversas compañías.

Mi recomendación es mantener la calma y seguir el siguiente octólogo, a la hora de reservar y comprar billetes de avión para un viaje planificado:

1) Empezar a tantear el mercado y las tarifas con la máxima antelación posible. Aunque no siempre comprar con mucha antelación sea la mejor estrategia si se persigue el máximo ahorro.

2) Revisar los precios que se practican en cierta ruta para determinadas fechas mediante alguna de las webs que existen y ofrecen ese servicio (tales como Rumbo o Destinia). Eso nos da una idea de qué rango de precios podemos esperar conseguir para nuestro viaje, y de qué compañías cubren la ruta que nos interesa. Hay que prestar mucha atención porque, generalmente las opciones más baratas son trampas cazaosos: bien los horarios son infernales (de madrugada o de trasnoche); bien combinan muy malamente (ida un día por la noche y vuelta al día siguiente de madrugada); o bien son rutas con escalas inesperadas.

3) Una vez nos hemos hecho una idea de qué compañías pueden ofrecernos el servicio que precisamos (ruta, fechas y precios orientativos) conviene consultar sus diferentes webs durante algún tiempo (días o incluso semanas, si disponemos de ellas) para ver cómo evolucionan los precios y las disponibilidades.

4) En este proceso podemos ver desfilar precios muy atractivos que se nos escapen irremisiblemente. No perdamos la calma.

5) Cuando tengamos más o menos claro el racional que prima en esa ruta, ya sabremos cuál es el precio óptimo que podemos esperar obtener.

6) En este punto hay que estar preparado para tomar decisiones rápidas. Si podemos permitirnos un pequeño baile de fechas, quizá tengamos opción de cerrar el viaje a un precio muy ventajoso. Pero tengamos en cuenta que las tarifas más ventajosas no son canjeables ni reembolsables. Es decir, si compramos ese billete, o volamos en ese vuelo o perdemos el importe del billete.

7) Conviene no comprar nunca sin haber comparado, al menos, la propuesta de tres o cuatro compañías diferentes, si existen en la ruta que queremos. Con la ventaja que suponen las pestañas de los navegadores, podemos tener abierta sesión en tiempo real con todas ellas, y acabar cerrando el viaje con una de ellas.

8) Una vez comprado el billete a una compañía concreta, para unas fechas determinadas y a un precio cerrado, esa ya es la mejor opción posible para nosotros. Sobre todo conviene no seguir consultando, para evitar enojosos disgustos.

Ah, y por cierto, actualmente ya se utiliza el billete electrónico en la mayor parte de rutas. Eso significa que no tenemos nada físico que sea el billete de avión (buenas noticias: una cosa menos a extraviar). Bastará presentar nuestra identificación (DNI, Pasaporte, o lo que sea) y nos localizarán de modo inmediato como viajeros registrados para ese vuelo. Yo siempre acostumbro a llevar conmigo la documentación de la compra del billete, pero NUNCA he necesitado recurrir a ella.

Si la compañía lo permite, nos convendría escoger ya nuestro asiento para el vuelo al realizar la reserva, aunque no imprimamos tarjetas de embarque como tales. 

En resumen, volar se ha democratizado, y el viajero ha pasado a ser mucho más protagonista de lo que lo fue nunca antes. Pero eso también nos da una responsabilidad, que debemos saber asumir sin perder los nervios.

Y, sobre todo, nunca le preguntemos al compañero de asiento en el avión, o al que nos sigue en la cola de embarque, cuánto pagó por el billete.

Es una cuestión de salud mental.

JMBA