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domingo, 20 de febrero de 2011

Pa Negre. DOS obras maestras

En estas pasadas Navidades, he tenido ocasión de estar algunos días por Barcelona, visitando a mi familia y amigos. Un día estaba por la FNAC del Triangle d'Or con mi sobrina, y acabamos en la zona de los libros de Literatura Catalana. Frente a mí tenía un libro que se titulaba Pa Negre, de Emili Teixidor. Indicaba que se trataba del libro que ha inspirado la película. Yo ignoraba por entonces que existía una película llamada Pa Negre también.
Cartel de la película.
"Las mentiras de los adultos
crían pequeños monstruos"
(Fuente: cachecine)

Tras leer la contraportada, me convenció y lo compré. Lo añadí a la colección de libros que tengo en casa pendientes de leer, y a continuación me olvidé de él.

Con las nominaciones a los premios Goya, Pa Negre se citaba una y otra vez. Y en la Gala, fue la más premiada, hasta nueve Goyas, entre los que están el Goya a la mejor película, al mejor director, al mejor guión adaptado, a la mejor actriz de reparto y a los mejores actor y actriz revelación.

Decidí leerlo. La semana pasada, en tres o cuatro sentadas, me tragué las casi cuatrocientas páginas del libro, y me encantó. Me pareció, francamente, una obra maestra. Sobre todo, por su capacidad de recrear una época y unos personajes ante los que no puedes quedar indiferente. En un tiempo y una tierra oscuros (la posguerra en la Catalunya interior, la Plana de Vic con la sierra de las Guilleries insinuada) unos pocos personajes pasean con su dignidad perdida, intentando ya solamente sobrevivir. Una masía de pagès que me recordaba terriblemente al lugar donde nació mi padre, y que de niño visitamos tantas veces. Los masovers (los inquilinos que cultivan el campo y los animales, para los dueños de la masía y sus tierras), con la abuela, el hereu (heredero, el hijo mayor), el segundón, la nuera, la tía soltera y algo casquivana. Y los niños, casi los auténticos protagonistas. Andreu, el narrador, Nuria (la Ploramiques), el Quirze jove (el hijo del hereu) y una Roviretes compañera en la escuela, que se da importancia contando todas las historias turbias que conoce o ha escuchado. Un maestro desencantado, un convento con enfermos cuyo mal nadie quiere describir. Un alcalde que se alineó con los vencedores de la guerra, y los guardias civiles, omnipresentes en la España de la época.

La novela es dramática, porque los personajes que son adultos arrastran sus vidas sin dignidad, persiguiendo su propia supervivencia como máximo objetivo. Conversaciones a medias (para que los niños no comprendan de golpe todas las iniquidades que les rodean) y muchas mentiras esconden oscuros episodios del pasado, que en la novela nunca se detallan. Y los niños, escuchando aquí y allá y atando cabos, se van haciendo mayores entre tantas mentiras, e intentan hacerse una idea del mundo en el que les ha tocado vivir. Con mucha desesperanza y bastante miseria. La madre de Andreu trabaja en la fábrica, y deja a su niño en la masía, con la abuela, porque no tiene tiempo para ocuparse de él. Su padre está en la cárcel por motivos nunca aclarados, hasta que muere. Los padres de Nuria se dice que huyeron a Francia, pero al lector le queda la inquietud de que quizá esa no sea la verdad.

Andreu descubre los atisbos del sexo por contagio, por su proximidad con Nuria, desde una total ignorancia. La tía Enriqueta se entiende con un guardia civil de Canarias, hasta que acaba huyendo con otro hombre. Todos los personajes buscan algún camino que les lleve a un futuro más habitable.

La novela está fantásticamente contada, con una narración comedida, que refleja esas conversaciones interrumpidas, esas medias verdades, esos grandes secretos.

En el piso superior de la masía está la vajilla buena, la que sólo se utiliza cuando vienen a comer los amos. Y la casa está habitada por fantasmas que se pasean de noche, y que, posiblemente, sean bastante más humanos de lo que piensan los niños y les cuenta la abuela.

Andreu consigue salir de ese mundo opresivo, e irse a estudiar con los escolapios a una ciudad más grande.

Con otro escenario, otro paisaje y otros personajes, Pa negre narra la historia que Miguel Delibes contó en Los Santos Inocentes. Sólo que en Pa negre no hay inocentes.
Marina Comas y Francesc Colomer, en la película
(Fuente: peliculasdecine)


Está disponible la versión original del libro en catalán, así como la versión traducida al castellano.

Con todo ese bagaje recolectado en la novela, el viernes decidí ir a ver la película tan premiada. En los cines Renoir Plaza de España, en versión original catalana (subtitulada).


En este punto hay que decir que, al hilo de los nueve Goyas que ha ganado esta película, la caverna mediática del país se ha movilizado, para decir, como ya viene siendo habitual, grandes tonterías. Por ejemplo, que Pa Negre debía haberse presentado a mejor película europea, ya que, según dicen, la productora y el director son independentistas... Sin comentarios. Y también han criticado que los dos niños se expresen con dificultades en público (en castellano), lo que me parece normal para sus años. Porque también les cuesta hilvanar un discurso en catalán. No es problema de idiomas, sino de sus pocos años y de las muchas emociones que les está tocando vivir. 

Y la película de Agustí Villaronga es otra obra de arte, otra obra maestra. Pero, definitivamente, NO es la novela en imágenes. La película se desarrolla en el mismo tiempo y con los mismos escenarios que la novela. La mayoría de personajes son comunes. Pero el drama sordo, oscuro, oculto casi siempre, sugerido, que habita la novela, en la película se transforma en tragedia, mejor en tragedias que se van sucediendo, y que dan una cierta interpretación a los secretos y a las medias verdades de las que la novela está llena.

No es en absoluto una crítica a Agustí, antes al contrario, pero el guión de la película está hecho pensando en que la película debe tener el pulso narrativo que el cine requiere. Inspirada en la novela es un término absolutamente correcto.

La película empieza con un asesinato, cometido por un encapuchado que no es identificable. Luego se irán desentrañando los diversos secretos, medias verdades, medias palabras, que ilustran el hecho de que esos personajes que ya no tienen dignidad, no es exactamente que la hayan perdido, o que se la hayan arrebatado, sino que más probablemente la han vendido para intentar sobrevivir. Víctimas de unos tiempos oscuros y unas terribles desigualdades sociales.

Los actores desempeñan su cometido no sólo con gran profesionalidad, sino que encarnan los personajes de modo que resultan absolutamente creíbles. Nora Navas, como Florència, la madre de Andreu, se desempeña con el desgarro y el sentimiento de una mujer a quien la vida le ha ido arrebatando todo lo que quería, y ya sólo le queda su hijo y su empleo esclavizante en la fábrica textil. Y renunciará a todo, y pasará por todo, para que su hijo pueda atisbar una vida diferente. Laia Marrull es la viuda de un antiguo colega del padre de Andreu (un personaje que no existe explícitamente en la novela), pero borda su papel de mujer atormentada por su viudedad forzada por un asesinato, que le arrebató, además, a su hijo. Eduard Fernández (el maestro) y Sergi López (el alcalde) tienen papeles secundarios, pero muy importantes para la trama, y los encarnan con el sentimiento y el acierto que cabe esperar de estos dos grandes profesionales.

Y los niños (Andreu y Nuria), una auténtica maravilla. Francesc Colomer carga a sus espaldas el desarrollo de la película, sin flaquear un momento. Avanza en su progresivo descubrimiento de lo sórdida que es la realidad que le envuelve, y escoge al final (o le fuerzan a escoger), una vida diferente para preservar su dignidad. Y Marina Comas, directamente, me enamoró. A sus 14 años (cuando se rodó la película tendría uno o dos menos) sabe transmitir de una manera que parece completamente natural el carácter marginal y rompedor de la Nuria de la película, una niña a quien las desgracias de la vida le han enseñado muchas más cosas de las que se supone que debería saber a su edad. En su formato de niña de campo, es ya a menudo una joven mujer capaz de todas las entregas para retener a quien le entiende. Impagable la escena del bosque, cuando encuentran la bicicleta de la tía Enriqueta, que estará posiblemente en un encuentro amoroso con su amante guardia civil. Andreu quisiera ir a su encuentro para saber qué están haciendo. Y Nuria, con su talante de mujer precoz, le espeta "¿I qué vols que facin?. Cardar" (¿Y qué quieres que hagan?. Chingar.). Podéis ver el corte en YouTube.  O cuando le cuenta un secreto a Andreu, y luego le dice "Si obres la boca, et tallo els collons, ¿entesos?" (Si abres la boca, te corto los huevos, ¿entendido?). Podéis ver el corte dentro de la presentación del Premi Gaudì a la mejor actriz secundaria (minuto uno y pico del corte de tres), que también ganó Marina.
Nora Navas, como Florència, la madre de Andreu
(Fuente: albertodemasiadocine)

En resumen, tanto la novela como la película son obras maestras, porque están desarrolladas con un mimo exquisito por los personajes y con un gran tino narrativo. Pero son diferentes. La novela es dramática y te puede hacer asomar una lagrimita en algunos pasajes. La película es mucho más trágica, llena de terribles verdades reveladas.

La película está inspirada en la novela, pero no es la novela en imágenes. La mejor recomendación que os puedo hacer es que leáis la novela y luego veáis la película. O al revés. En cualquier caso, serán DOS placeres en lugar de uno.

JMBA    

viernes, 18 de febrero de 2011

Los 23-F siempre pasa algo en España

Para mí, el 23-F siempre estará ligado al cumpleaños de una novieta que nunca llegó a serlo, siendo yo muy joven.

El más famoso 23-F, sin duda, fue el del intento de Golpe de Estado de Tejero en el Congreso, en 1981. Pero, dos años después, el mismo día, el Gobierno socialista (con Boyer de Ministro de Economía, a la sazón) decidió la expropiación de Rumasa, ese imperio con pies de barro construido desde el populismo por el empresario jerezano José María Ruiz-Mateos, por cierto, católico ultramontano. Según parece, el Gobierno llegó a detectar en esa Rumasa una caja B con un agujero del orden de los 111.000 millones de pesetas (es decir, unos 667 millones de euros). Podéis ver más detalles aquí.
José María Ruiz-Mateos, cabeza de Nueva Rumasa
(EFE; Fuente: ABC.es)

Desde hace dos o tres años, se empezó a hablar en los medios de la Nueva Rumasa. Saltó a la palestra, especialmente, con la emisión de unos pagarés para ser vendidos a inversores, por importe mínimo de 50.000 Euros a un interés anual del 8% (más o menos el doble de lo que se podía obtener en ese momento de un depósito bancario ordinario). Debo reconocer que llegué a analizar la posibilidad de invertir algo en esa Nueva Rumasa, pero un par de hechos me echaron para atrás. Por una parte, el importe mínimo, que estaba por encima de mis posibilidades. Y, por otra parte, el oscurantismo y la opacidad con la que se presentaba la inversión, al margen de todos los circuitos regulatorios, especialmente de los de la CNMV.

La propia CNMV, limitada por la ley a no poder intervenir de otro modo, previno a los inversores sobre esos pagarés, dejando claro que quedaban al margen de las regulaciones habituales del mercado de valores. Hasta siete avisos de este tipo llegó a hacer la CNMV sobre las ofertas de la Nueva Rumasa para inversores.
(Fuente: informacioneconomia)

Nueva Rumasa nunca ha sido un holding que integre empresas y que, por tanto, esté sujeto a las regulaciones habituales que, básicamente, implican la transparencia y la publicación de Informes Financieros y demás. Hoy por hoy, no es más que un conglomerado de, aparentemente, hasta 117 empresas independientes. Cada una de ellas debe presentar (o no) sus cuentas por separado y resulta muy complicado rastrear sus entresijos.

En los últimos tiempos, con garantía (presunta) de alguna de las compañías del grupo, se llegaron a ofrecer inversiones con rendimiento del 10% a un año, o hasta del 12% anual para inversiones a 24 meses. De alguna forma, la manifestación de las dificultades del grupo para conseguir financiación por los caminos habituales.

La primera oferta de pagarés, que analicé en su momento con cierto detalle, se emitía con la (presunta, de nuevo) garantía de los activos que decían tener en el fondo de alguna de las bodegas. Unos activos valorados muy imaginativamente, de los que nunca se ha tenido constancia fidedigna.

Ahora parece que el nuevo conglomerado vuelve a derrumbarse. Diez de las empresas del grupo pasan a situación preconcursal, con tres meses, según la ley, para negociar refinanciaciones de la deuda, que se estima en unos 700 millones de Euros, o caer en la suspensión de pagos. Aunque Nueva Rumasa (y Ruiz-Mateos en particular) siempre se ha mostrado extremadamente reservada al respecto, podría haber un total de 5.000 inversores que habrían aportado hasta 140 millones de euros al grupo. Claro que como todo el tema se desarrolla con la mínima transparencia y la máxima opacidad, muy posiblemente una parte importante de esos fondos puedan provenir de entornos asimismo opacos, y los paraísos fiscales parecen tener bastante que ver con el grupo en su conjunto.

Francamente, no siento ninguna pena por los inversores. Les atrajo la codicia de una rentabilidad garantizada exageradamente elevada, y como todo se ha desarrollado al margen de los organismos regulatorios, esa garantía se acaba si se desmorona el castillo de naipes. Alta rentabilidad significa elevado riesgo. Que cada cual arree con lo que le toque.
CLESA, una de las empresas afectadas (junto a Dhul,
El Caserío, Garvey,...)
(Fuente: lavozdeasturias)

Sí me conmueven los 10.000 empleados que podrían tener actualmente el total de empresas del grupo. Sin tener responsabilidad alguna en el resultado de la aventura, se pueden ver abocados al desempleo si todo el conglomerado se acaba viniendo abajo. Supongo que en el cesto de empresas habrá frutas más sanas que otras, que podrían ser compradas por terceros, y hacerlas viables.

El trasfondo de toda esta historia es que el modo de hacer negocio de Ruiz-Mateos está fuera de lugar en la economía de la última parte del siglo XX y de este siglo XXI. Su intento de construir una empresa familiar gigante, mucho más allá de sus límites naturales, manteniendo los toques paternalistas, no va a ninguna parte más que al desastre.

Nos gustarán más o menos, pero todos los organismos regulatorios de que se ha ido dotando al mercado, aportan grandes dosis de transparencia y exigen a toda empresa cotizada (por ejemplo) la máxima responsabilidad social corporativa, frente a clientes, proveedores, entidades financieras, inversores y frente a la sociedad en general. Os recomiendo, si tenéis ocasión, de que os conectéis a la web de la CNMV, donde podréis ver todos los datos aportados por todas las compañías cotizadas en el mercado, por todas las instituciones financieras, incluidas las (a veces) denostadas SICAV, etc. Mediante los Hechos Relevantes, las sociedades deben informar a la CNMV (y por ende, al mercado, a todos los inversores y a cualquier ciudadano interesado) de cualquier evento que influya en la marcha de las empresas, cualquier movimiento corporativo de compra o de venta, cualquier decisión de reparto de dividendo, cualquier emisión de deuda o cualquier ampliación de capital social, etc. etc.
El Rayo Vallecano, otra
entidad afectada.
(Fuente: felipeandlurds)

Supongo que la pregunta sería por qué Ruiz-Mateos se empeñó, de nuevo, en construir un conglomerado opaco y al margen de todos estos mecanismos que son los que aportan transparencia y orden al mercado, y los que pueden transmitir confianza. Descarto, por la profunda religiosidad de que hace gala, que tras esa decisión estuviera el ánimo de defraudar. Hubiera debido construir un holding cotizado en Bolsa, ampliar capital social mediante la emisión de acciones, transmitir a la CNMV, y por tanto, al mercado, todas las informaciones e informes que fueran menester, y sacar adelante una iniciativa empresarial próspera. Claro que, si lo hubiera hecho así, y visto lo visto, quizá esos capitales opacos no hubieran acudido al reclamo, y la cotización de sus acciones y todo el Grupo en general se habría hundido mucho antes.

Aunque a veces nos duela decirlo así, en Economía hace falta menos romanticismo y más efectividad y transparencia.

JMBA

miércoles, 16 de febrero de 2011

No pienso comprar ni un DVD más

De ahora en adelante, no pienso comprarme ni un DVD más, ni pienso pedir que me regalen ninguno. Y eso no significa para nada que no vaya a pagar por el cine que me apetezca ver.
DVDs de películas
(Fuente: depaginas)

Desde siempre soy aficionado al cine. No soy un fanático, ni un friki, pero me gusta. Y siento cierta debilidad por el cine español. Con ello quiero decir que prefiero una mediocre película española que una mediocre americana. Que de las dos abundan.

Pero ya tengo en el trastero dos cajas grandes llenas de cintas VHS con películas, que la obsolescencia tecnológica ha convertido en inútiles. De hecho, tengo todavía en casa un aparato de vídeo VHS (que no estoy seguro de que funcione correctamente). Bueno, no hace mucho tiempo todavía lo utilicé para pasar los vídeos de algunos de mis viajes a formato digital, para preservarlos de alguna forma, y poderlos seguir disfrutando en el futuro (no sé muy bien por cuánto tiempo).

No sé cuánto dinero llegué a gastarme en películas VHS, pero seguro que bastantes cientos de euros, si no algunos miles. Pagué, por tanto, derechos de autor y demás, y todo eso ya no me sirve para prácticamente nada de nada. Bueno, sí, me ocupa espacio en el reducido trastero.

Tengo en casa varios armarios y estantes llenos de DVDs de todos tipos. Hay muchos que he comprado (o me han regalado) en diversos momentos. Hay otros que venían anexos a alguna publicación, un periódico, una revista, sin sobrecoste. Y también debe haber alguno de esas colecciones a precio muy barato, que promocionan de vez en cuando los principales periódicos.

Y también estoy abonado a Digital+ (lo que me cuesta la mitad de un riñón todos los meses, por cierto), y en sus diversos canales acabo viendo algunas películas todos los meses (o, más bien, bastantes trozos de películas). Con la tecnología doméstica disponible, puedo grabar cualquiera de las películas que se emiten, y guardarla en mi videoteca para visionados posteriores, o para lo que quiera. Pero raramente lo hago porque, con todos los canales del satélite más la TDT, sólo haciendo zapping para ver lo que echan ya he consumido el tiempo que pensaba dedicarle.

Si bien ya he contado en alguna otra ocasión que mi relación con el libro-objeto tiene algo de litúrgico y sensual, mi relación con los CDs o los DVSs es puramente funcional. Es decir, me interesa estrictamente el contenido, y todo el espacio que ocupan en mi librería, en los estantes del despacho o incluso en el trastero, es un engorro que considero como efecto secundario de ese tipo de soporte.

Cuando quedó claro que el formato VHS estaba superado, yo esperaba que alguien ofreciera al público la sustitución de las cintas VHS por sus equivalentes DVD, a un precio simbólico (¿1€ cada uno?). Pero eso no sucedió. Solamente el dispose of them properly, es decir, el apáñatelas como puedas. No sé si el DVD tiene mucha vida tecnológica por delante. Los Blu-Ray no parecen tener demasiado fuelle, y la única luz en todo este embrollo es la difusión de estos contenidos mediante ficheros, digamos, informáticos.
Estanterías atiborradas de DVDs
(Fuente: kaosklub)

Ahora mismo, en un disco duro externo (que ocupa como un libro de tamaño medio) tengo guardadas algunos cientos de películas. Algunas proceden del llamado ripeado de DVDs de mi propiedad, es decir, de la conversión de la película en el DVD a un fichero de tipo AVI, que se puede ver en cualquier ordenador, o pasarlo al televisor del salón mediante cualquier método informático (llave USB o así). Bastantes de las películas que tengo en ese disco las he bajado de Internet mediante algún mecanismo de intercambio de ficheros. De ésas, muchas las he tenido en propiedad, pero en formatos ya obsoletos.

Soy consciente de que sucumbo con facilidad a mi afán de coleccionista, y muchas de esas películas jamás encontraré el rato, o el ánimo, para verlas. Pero me consuela tenerlas ahí, disponibles.

Por las que me he bajado de la Red, no he pagado explícitamente nada a los creadores, aunque habré pagado religiosamente el cánon por el disco duro, y he necesitado, claro, un ADSL para hacerlo. Y eso es así porque ese método (llamado, por algunos, piratería) es el único método real que funciona, que existe. También debo decir que muchas de ellas, del cine digamos clásico pero no en el mainstream, ni siquiera están disponibles en el comercio convencional. 

Analicemos un poco los escandallos. ¿Cuánto pagamos por un DVD en el comercio? Pues depende, claro. Si se trata de una película reciente de éxito, fácilmente pueden pedirnos 12, ó 15 ó hasta 18 Euros (no sé si incluso más). De ese dinero, ¿qué parte va realmente para los creadores del contenido, para la productora?. Ya hice el análisis para los libros, y sospecho que la respuesta es parecida, y no creo que exceda el 10% del precio que pagamos por el DVD. El resto se quedará como margen para el propio punto de venta, o será para remunerar el trabajo de la Distribuidora y los costes propios de elaborar ese DVD-producto (la copia, el soporte, la carátula, el estuche, el almacenaje, el transporte, etc.). Pero el papel de la Distribuidora en este mercado solamente es necesario para sostener un determinado modelo de negocio, que es el que manifiestamente está obsoleto.

Algunos me dirán que la misión de la Distribuidora consiste en hacer conocida una película, en las campañas de marketing y de publicidad. Y también en atender a los puntos de venta (sean estos las salas de cine o las tiendas que venden DVDs). Estoy de acuerdo. Ahora bien, todas esas funciones están asociadas al modelo de negocio practicado hasta ahora, y me parece evidente que las cosas pueden pensarse de otra manera.
Malizia (1973) de Salvatore
Samperi, con una turbadora
Laura Antonelli. La cinta VHS yace
 en una caja de mi trastero.
 La película, en mi disco
duro.

Como principio básico del comercio en el siglo XXI, sólo tienen cabida en las cadenas de distribución los intermediarios que añaden más valor que el coste que suman. 

¿Por qué no existen, o no han triunfado, webs legales que pongan a disposición del público, de todo el mundo en todo el mundo, las películas-contenido, por un precio razonable para ello. Si de la venta de un DVD el creador (la productora) no cobra más de 1€, tomemos ese valor como precio base, y añadamos algo por los gastos de gestión y funcionamiento de la web que las pusiera a disposición. A lo mejor se podrían comprar por 2€ las películas recientes y por algo menos las de catálogo o las que ya no tengan derechos de autor vigentes (no sé si se da el caso).

Por lo que sé, todos los intentos que ha habido han chocado con el temor a la piratería y la timoratez de un sector que da la sensación de que siempre ha pensado que no existe otro modelo de negocio posible que el existente, el de toda la vida. Las iniciativas han chocado con precios exageradamente elevados, catálogos muy restringidos y limitaciones por todos lados. Vamos a ver, caballeros. Si lo llevamos al límite, con un usuario que compre un DVD y lo convierta en un fichero informático, ya puede estar a disposición de cualquiera en el mundo que se lo quiera descargar. De nada vale intentar ponerle puertas al campo, porque las vacas se escurren por los laterales.

Por lo tanto, el poner a disposición de cualquier usuario del mundo, para su descarga legal previo pago de un importe razonable, una película, no marca diferencia significativa, en cuanto a los riesgos de copia, que el vender los DVDs.

Por otra parte, hay algunas webs de descargas ilegales que sí están sacando beneficio económico de ello (claro, sin pagar derechos a nadie). Lo que sí me parece indiscutible es que todo creador tiene derecho a participar de cualquier beneficio económico que produzca su creación (y eso va también por el llamado top manta). El que todo acceso a una creación artística tenga que tener una contraprestación económica podría ser más discutible, y sería objeto de otro debate.
Álex de la Iglesia, Presidente de la Academia
"Sin público, esto no tiene sentido"
(Fuente: cerebro-digital)

Claro que hay que tener en cuenta que muchas de las películas españolas ni siquiera son objeto de descargas ilegales (al menos, en número significativo), es decir, que no tienen (casi) ningún interés para el público en general (salvo familiares, amigos y frikies especialistas). Y eso sí que no tiene remedio, porque las subvenciones no son ninguna solución y, como dijo Álex de la Iglesia en la Gala de los Goya 2011, sin público, esto no tiene sentido. Pero también, por otro lado, algunas películas pueden tener interés mucho más allá de a donde alcanzan los canales de distribución actuales.

En resumen, el sector necesita pensar y diseñar un nuevo modelo de negocio acorde con los tiempos. Pero hay que tener en cuenta que no cualquier creación artística tiene derecho per se a una retribución económica. El público es el rey.

Yo, como ejemplo que no sé si lo soy, sueño con tener acceso a alguna web de descarga legal, por un precio razonable, está claro, de donde pueda descargarme las películas que yo quiera, sabiendo que obtendré la máxima calidad posible y que no me encontraré, al reproducirlas, con dos tíos desnudos zumbando, o con una desconocida recubierta de látex dando zurriagazos a otra desconocida atada y amordazada.

Y, desde luego, yo no pienso comprar ni un DVD más. Ya no me caben.

JMBA

martes, 15 de febrero de 2011

El desbarajuste de los horarios en España

Por alguna extraña razón que se me escapa, una de las cosas relativas a España de la que nos sentimos particularmente orgullosos son los horarios estrambóticos que practicamos habitualmente, y por los que se rige la vida social de este país. Se lo contamos a los visitantes como la máxima expresión de la calidad de vida y del disfrute personal. Nos reímos de ellos cuando empiezan a poner carita de almuerzo a las doce del mediodía. Y, definitivamente, nos burlamos de ellos cuando pretender organizar una cena para las siete y media de la tarde.
Reloj espiral
(Fuente: detapeoporgranada)

Contra la creencia popular, este tipo de horarios no son tradicionales en España, ya que proceden de la década de la posguerra, los años 40 del siglo XX. Y tienen mucho que ver con una realidad de pobreza que obligaba al pluriempleo. Y era el almuerzo el que separaba las dos jornadas de trabajo, y la cena no podía ser antes, porque el segundo trabajo no terminaba hasta tarde.

Hemos progresado mucho desde entonces, pero ciertas consecuencias de ese estilo de vida no solamente no se han modificado, sino que a menudo las tenemos por las más convenientes y las consideramos como el mejor exponente de la alegría de vivir que nos caracteriza a los españoles.

Sin embargo, desde mi punto de vista, los horarios que practicamos tienen algunos inconvenientes muy graves. Quedar para cenar con unos amigos, por ejemplo, a las nueve y media, sabiendo que no empezará la cena antes de las diez, significa que, incluso sin prolongación de ningún tipo, vamos a trasnochar con seguridad. Difícilmente regresaremos a casa antes de la una de la madrugada, o las dos si hemos accedido a tomar una copita después de la cena.

He viajado bastante a Francia, tanto por motivos laborales como por puro placer. Quedar para cenar a las siete y media o las ocho (como allí es habitual) deja el tiempo necesario para disfrutar de la cena, e incluso de una copita luego, y regresar a casa (o al hotel) antes de medianoche, sin haber trasnochado propiamente.

Cuando actúo de turista viajero (no de residente en un hotel de playa, ojo, que esa es otra historia) procuro moverme con la luz del día. Si se quieren visitar sitios o lugares, la luz del día es el mejor acompañante. Incluso para viajar en coche, hacerlo de día le añade varios ingredientes muy agradables. Lógicamente, la luz del día es variable dependiendo de la época del año, pero me he acostumbrado a un horario que me permite aprovechar al máximo ese recurso limitado. Para ello, procuro realizar un buen desayuno en el hotel, y estar preparado para salir en torno a las ocho de la mañana. En torno a las doce y media o una de la tarde, una parada para un almuerzo ligero, o incluso un simple tentempié. Procuro estar en el hotel de destino (el mismo o diferente, dependiendo de la planificación del viaje) no más tarde de las seis o siete de la tarde. Para cenar a las ocho como un señor, y poderse acostar no más tarde de las diez y media u once de la noche. Con ello, levantarse a las seis de la mañana el día siguiente no será un sacrificio enorme.

De esta forma, si has previsto ruta con el coche, aprovechas al máximo las horas diurnas (en que puedes disfrutar del paisaje todo lo que el tiempo meteorológico permita). Si estás de visita en una ciudad, disfrutas de ese par de horas de quietud hasta que abre todo el comercio, los Museos o los monumentos que quieras visitar, y ves la ciudad moviéndose a su ritmo natural, no al de los turistas. Por ejemplo, la última vez que estuve en París pude visitar el Sacré Coeur de Montmartre un día laborable de ocho a nueve y pico de la mañana. Lo vi como nunca lo había visto hasta entonces; antes de que las hordas de turistas lo invadieran a partir de las nueve y media.

Y luego por la tarde, a las siete se te han agotado las pilas. Si no se puede cenar hasta las diez, esas tres horas serán de aperitivos diversos y cervezas, forzados para esperar a que llegue la hora de cenar. Mucho más civilizado cenar a las ocho, y después de cenar que cada cual prolongue la velada como mejor le apetezca. 

Claro, una planificación de este estilo es muy complicada de llevar a cabo en España. Por supuesto puedes desayunar en el hotel a las siete de la mañana, por ejemplo. Pero con eso no aguantas hasta las tres de la tarde en que se puede almorzar. Tienes que renunciar a cualquier tipo de almuerzo agradable, y tomar un tentempié de cualquier forma a la una. Y luego, por la noche, es imposible cenar a las ocho, por ejemplo. Si cenas a las nueve y media, difícilmente te podrás acostar antes de medianoche, y levantarse al día siguiente a las seis de la mañana será un quebranto insostenible.

Con ello quiero desmontar el mito de que los horarios españoles son el paradigma de la joie de vivre y demás. Es mentira. Los horarios habituales en España, por el contrario, son diabólicos, y dificultan el aprovechamiento racional del tiempo.
La Persistencia de la Memoria (Los Relojes Blandos)
Salvador Dalí (1931)
(Fuente: Lizard_CR)

Para los días festivos, los países centro europeos y nórdicos inventaron una gran muestra de civilización sofisticada, que es el llamado brunch. Es decir, una comida a medias desayuno y a medias almuerzo, que se puede tomar desde las 11 ó las 12 del mediodía, hasta las tres o las cuatro de la tarde. Partiendo de que en día festivo queremos descansar, y nos levantamos tarde, esta es una opción de lo más conveniente. Porque encajar un desayuno y un almuerzo cualquier domingo en que nos levantemos después de las diez de la mañana es un fino trabajo de orfebrería, de éxito imposible. Que nos lleva, claro, a almorzar a las cuatro de la tarde; a no tener hambre para la hora habitual de la cena (con lo que la retrasamos todavía más) y, curiosamente, a trasnochar porque no nos apetece irnos ya a la cama; y a empezar la semana siguiente con déficit de sueño desde el propio lunes.

En fin, con el tema de la crisis económica con la que nos está tocando convivir, el asunto de los horarios es uno más de los que se acaba poniendo encima de la mesa, cuando se quieren dilucidar los aspectos relacionados con la productividad y demás. Los horarios que habitualmente practicamos en España, de modo natural pero no necesariamente deseado, nos lleva a prolongar artificialmente las jornadas de trabajo más allá de lo que sería razonable, pero no a ser más productivos. Y una simple cena con los amigos nos obliga a trasnochar, con lo que al día siguiente estamos en malas condiciones. Si comemos tarde, llegamos con hambre, y el almuerzo acaba siendo demasiado copioso, con lo que la mitad de la tarde se nos va en sopores.

Por todo ello, creo que debemos dejar de mirar de soslayo a los que proponen modificaciones en los horarios habituales de este país. Algunos cambios pueden contribuir, por motivos diversos, a mejorar de verdad nuestra calidad de vida. Y no debemos considerar para nada que se trate de un atentado a las tradiciones más acendradas de este país, porque es falso.

En esto, seamos también un poco más europeos.

JMBA

lunes, 14 de febrero de 2011

La Gala de los Goya 25 años

Este domingo por la noche se celebró, esta vez en el Teatro Real de Madrid, la Gala de entrega de los Premios Goya 2011, que celebraba, además, su 25 aniversario, ya que su primera edición se celebró en 1987.
(Fuente: cachecine)

Venía rodeada de morbo, porque el (todavía) actual Presidente de la Academia, Álex de la Iglesia, ya había anunciado su dimisión tras la Gala, por serias diferencias con la Ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, en relación con el tratamiento del tema Internet y el Cine. El morbo quedó servido con la fotografía de ambos, del bracito, en la entrada del Teatro Real.

Como puro espectáculo, la Gala fue digna; Buenafuente estuvo como se esperaba y, como ya viene siendo habitual, duró unos 45 minutos más de lo que estaba previsto, terminando a la una y cuarto de la madrugada.

Desde el punto de vista cinematográfico, la gran triunfadora fue Pa Negre, de Agustí Villaronga, que obtuvo hasta 9 Premios Goya, entre ellos los más importantes de Mejor Película y Mejor Director. Para una película rodada en catalán, y con una difusión comercial, hasta el momento, bastante restringida, no deja de ser una agradable sorpresa.
La Ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde,
del brazo de Álex de la Iglesia
(Autor: Juan Medina/REUTERS; Fuente: El País)

Lejos quedaron También la Lluvia, de Iciar Bollain (tres Goyas) y Buried de Rodrigo Cortés, también con tres Premios Goya. La gran perdedora de la noche fue la película del propio Álex de la Iglesia, Balada Triste de Trompeta, que sólo obtuvo dos Goyas técnicos (maquillaje y efectos especiales). Quizá la Academia castigó a Álex por su espantada (creo que muy digna y motivada).

Aparte de esto, algún premio técnico para Lope y el ya consabido de Mejor Actor para Javier Bardem (por Biutíful, de González Iñarritu).

Si dejamos al margen cortometrajes, documentales y películas de animación, incluso en las nominaciones muy poco más había. Todo un año de cine español con solamente 4-5 películas remarcables. Una pobre cosecha para un año malo (otro más) para el cine español.

También se entregó el Goya de Honor por toda una carrera al director cántabro Mario Camus. Entre sus obras, la recordada Los Pájaros de Baden-Baden (1975), o las inolvidables La Colmena (1982) y Los Santos Inocentes (1984), donde virtió a la pantalla nada menos que a Cela y a Delibes. Y hubo un emotivo recuerdo para Luis García Berlanga, fallecido en el último año.

Para mí, lo más interesante de la Gala fue el (breve) discurso del Presidente de la Academia (podéis verlo entero aquí; os lo recomiendo, vale la pena). En poco más de 6 minutos, dejó clara su posición por la que (implícitamente) va a dimitir de su puesto. Defendió que Internet no es el futuro (como algunos creen), sino que Internet es el Presente. Y que Internet será la salvación del cine español. Sin decirlo con todas sus letras, defendió la necesidad de generar un nuevo modelo de negocio para el sector (como yo mismo postulaba recientemente). No se trata de defender la piratería, pero atacarla no puede significar un ataque indiscriminado contra Internet y los internautas (puesto que es un medio que utilizan cientos de millones de personas). Ni puede convertirse en una defensa a ultranza de las salas de cine como único medio para disfrutar de las películas (como defendió Javier Mariscal en su breve intervención).
Álex de la Iglesia, todavía Presidente de la Academia,
durante su breve discurso
(Fuente: cerebro-digital)

Álex de la Iglesia, en poquitos minutos, dijo verdades como puños, que deben hacer reflexionar a la industria (y a la propia Ministra, por supuesto) sobre cuál es su cometido y su misión. Sin público, esto no tiene sentido. Me pareció su discurso un ejercicio de humildad de los que la escena política de este país carece de forma tan dramática. Veremos cómo avanzan las cosas en los próximos tiempos.

La industria del cine español debe salir de ese ensimismamiento en el que lleva postrada demasiado tiempo. No se puede sobrevivir en una espiral constrictiva de proyectos subvencionados que no interesan al público. Está claro que la competencia con la muy poderosa industria cinematográfica estadounidense es dura. Pero no se puede sobrevivir a base de proteccionismos, cuotas de pantalla y pesebrismo del Estado (bueno, del Gobierno). Ganar en esa competencia sólo puede conseguirse a base de proyectos que interesen al público, por el medio que sea. Que lo atraigan a las salas o a las pantallas domésticas. De nuevo, citando a Álex, sin público, esto no tiene sentido.
Belén Rueda, una mujer renacida,
todo elegancia y distinción.
(Fuente: theposhstyle)

Y, finalmente, y como ya es habitual, la ceremonia fue un ejercicio perfecto de endogamia de la profesión. A pesar de que hubo voces que hablaron de hasta 30.000 personas que hacemos cine en este país (Álex de la Iglesia), y se refirieron al talento cinematográfico que hay en esta sala, pero hay mucho más fuera. Si la Gala acaba siendo una especie de catarsis para el sector, bienvenida sea.

Sólo me queda por averiguar quién paga la celebración. Sospecho que el que TVE la retransmitiera en exclusiva significa que, al menos una parte, la pagamos entre todos con nuestros impuestos.

JMBA  

sábado, 12 de febrero de 2011

Pequeñas Cosas que no Molan Nada (6)

Primero, un chiste antiguo. Un señor va a la consulta del médico, aquejado de acidez de estómago. El médico le prescribe lo siguiente: Tómese estas pastillas amarillas, que son mano de santo para la acidez. Eso sí, puede que le den algún ligero mareo. Si fuera así, tómese una de estas pastillas verdes. Claro que quizá le produzcan una leve taquicardia. En ese caso, tómese dos grageas de las azules. Podría notar algo de somnolencia; tómese entonces una de estas pastillas blancas. Posiblemente le den algo de acidez de estómago sin importancia.
Colchicina
(Fuente: sertox)

Bueno, casi parecen los Círculos Viciosos de Sabina (¿por qué va a caballo? - porque es el jefe ... ¿por qué es el jefe? - porque va a caballo).

Seguramente lo menos agradable que heredé de mi padre es una tendencia a tener alto el nivel de ácido úrico en sangre. En sí mismo no es nada grave ni de preocupar. Conviene limitar la ingesta de determinados productos (tomates, carne roja, marisco, vísceras, foie gras...), y tomar un poco de alopurinol todos los días (Zyloric o equivalente).

Sin ser grave, puede desencadenar crisis agudas de cálculos renales (nunca los he sufrido, y cruzo los dedos al escribirlo) o ataques agudos de gota. La gota (esa enfermedad de reyes y emperadores) se caracteriza por la deposición de cristalitos de ácido úrico en las articulaciones, especialmente en el pie. Puede llegar a ser extremadamente dolorosa, ya que poner el pie en el suelo se puede convertir en un suplicio.

Una o dos veces al año, de repente empiezo a notar un pie. En uno o dos días, el dolor se concretiza y se manifiesta como gota. Si no se trata adecuadamente, puede seguir haciéndonos la vida imposible durante una semana o incluso más.

Para los ataques de gota hay un fármaco que es mano de santo: la colchicinaCuriosamente (o no), su uso a estos efectos está documentado desde 1810. Una de sus presentaciones comerciales consiste en unos minigránulos que contienen 1mg del principio activo.

Tras el primer gránulo ya se nota algún alivio. Conviene tomar un segundo gránulo a las dos horas, y hasta otros dos durante el día. Con eso, habitualmente, el ataque de gota ha remitido y el dolor ha cesado.

Pero la colchicina tiene habitualmente algún efecto secundario.

Después de un día de tratamiento, casi ya sin dolor, en mitad de la noche, de repente abrimos los ojos de par en par, como si un león se hubiera acercado a la tienda. La Naturaleza es sabia, y nos avisa como advierte a los animales de la sabana cuando se acerca una tormenta fuerte.
Ilustración de pie gotoso
(Fuente: posteos13)

La primera sensación es de que hemos despertado un momento antes de dar suelta a una leve ventosidad retenida. Pero, amigos, desconfiad. Nada es lo que parece. Intentad llegar al baño sin grandes esfuerzos abdominales, y asentad vuestras posaderas en la taza. Si alcanzáis ese punto sin que se haya desencadenado la tragedia, estáis relativamente a salvo.

Entre tinieblas, asistiréis a la gran tormenta tropical (marrón), y pensaréis por un momento en qué os puede haber sentado mal. La realidad es que estáis pagando el precio de hacer desaparecer el dolor de la gota en 24 horas.

Normalmente a estas alturas el pie ya no os duele. Abandonad la colchicina por esta vez y, durante el día siguiente, procurad no alejaros más de diez metros del baño más próximo. Luego ya habrá cedido el efecto.

Lo cierto es que el médico que me lo recetó y el propio prospecto, advierte de que entre sus efectos secundarios pueden darse diarreas, náuseas y más raramente, vómitos. Si todavía voy a ser afortunado, que sólo sufro una de tres.

Os puedo asegurar que, en el vértigo de las varias descargas intestinales que sufriréis muy probablemente, se os habrá olvidado que os dolía un pie. Un efecto secundario (pérdida de memoria) que no está documentado.

Si hasta olvidaréis la razón de haber tomado ese laxante.

JMBA

miércoles, 9 de febrero de 2011

¿Industria de Contenidos o de Continentes?

La Banca (a la que se puede criticar por muchos motivos, pero nadie puede decir que descuiden su negocio) descubrió hace muchos años la magia de lo que se ha dado en llamar multicanal. Se dieron cuenta de que el trato personal en sus agencias no era más que una de las formas posibles de relación con sus clientes. Conscientes de ese hecho, empezaron a instalar cajeros automáticos, desplegaron toda clase de tarjetas de pago, desarrollaron la banca telefónica y luego la banca por Internet. Hoy, un cliente medio de la banca personal puede visitar su agencia solamente para una de cada centenar de transacciones. Entre visita y visita, habrá retirado efectivo de un cajero decenas de veces, habrá hecho docenas de pagos con sus tarjetas de débito o crédito, habrá efectuado transferencias para cancelar toda clase de deudas, habrá constituido y cancelado varios depósitos, habrá comprado y vendido diversas acciones. Y, todo ello, sin tener que pisar la agencia bancaria.
Jesús Mosterín, filósofo y escritor, que estuvo este
martes con Buenafuente
(Fuente: CCCB)

Mi padre siempre contaba la anécdota de los fabricantes de hornillos de petróleo. En una cierta época de este país, estos artilugios se utilizaban en muchos hogares para la cocción de la comida. La evolución de la tecnología (y de la renta) trajo cambios y novedades en este campo. Algunos de los fabricantes de hornillos de petróleo se murieron con su producto, porque nunca supieron remontar su misión desde la anécdota a la categoría. Otros entendieron que su negocio era fabricar y distribuir instrumentos o herramientas para la cocción de los alimentos, y pasaron a fabricar cocinas de camping gas cuando llegó su tiempo.

Creo que a la industria de distribución de contenidos culturales le está sucediendo un poco como a los fabricantes de hornillos de petróleo. Las editoriales son empresas que venden libros. La misión de las discográficas es vender CD,s de música. Y, en un alarde de diversificación multicanal, las distribuidoras cinematográficas venden su producto a los exhibidores (las salas de cine), y también venden DVDs (o BluRays o lo que toque) para su consumo doméstico.
Libros, el continente habitual de la
creación de los escritores
(Fuente: Qué.es)

En otras palabras, todas ellas actúan como distribuidores de continentes (libros, CD,s, DVDs,...) y no acaban de asumir su función de distribuidores de contenidos. Un libro magníficamente encuadernado, por ejemplo, es una joya bibliográfica, pero no necesariamente una aportación cultural destacada.

En el extremo de esa cadena, los puntos de venta también tienden a enquistarse en su labor física, pero remontan con dificultad a una misión más conceptual, de distribución de contenidos. Las librerías, por ejemplo, son, en su mayoría, espacios donde se exponen libros para su venta, y lo mismo podríamos decir de las tiendas de discos. El concepto de multicanal está ausente de su modelo de negocio, y eso puede propiciar su desaparición (como la de los fabricantes de hornillos de petróleo, para el caso).

De los videoclubes ni hablaré, porque sospecho que ya están en fase muy avanzada de desaparición. Las salas de exhibición cinematográfica se han visto mucho más expuestas, hasta ahora, al concepto de multicanal, al hecho de que el cliente puede escoger una forma diferente de disfrutar de una película, no necesariamente asistiendo a una sala de proyección. Eso les ha obligado a buscar la excelencia y todas las ventajas competitivas a su alcance, a hacerlas más atractivas que las otras formas disponibles, con tecnología avanzada (sonido Dolby, 3D,...), o con mayores comodidades (butacas mullidas y más separadas de la fila anterior,...). Y, sin embargo, su negocio sospecho que no es brillante, porque cada vez les cuesta más atraer al público a salir de casa y desplazarse a una sala de cine. Lo cual no significa, para nada, que el interés del público por el cine en general o por las películas en particular, haya decrecido. Sólo que los modos de consumo se van modificando con los cambios de estilo de vida y demás.

Este martes, en el programa de Buenafuente (en La Sexta), Jesús Mosterín nos dió una excelente lección en este campo. Acudió al programa para promocionar su último libro (A favor de los toros. Con una faja que aclara: Contra las corridas). Podéis ver el video de su intervención aquí (Parte 3, a partir del minuto 3 y pico). Buenafuente, con buen criterio, preguntó a Mosterín, que es muchas más cosas además de escritor, sobre su opinión de si es posible la libertad total en la Red. Con buen tino aclaró la diferencia entre un medio libre como la Red (donde cada cual hace lo que le apetece) y un medio democrático (en que cada cual hace lo que a la mayoría le apetece). Desde este punto de vista, posiblemente, la propia televisión sea un medio bastante democrático (los registros de audiencia orientan los contenidos hacia las mayorías), pero poco libre. Sólo la gran profusión de canales le da cierta libertad al individuo, la que no existía en la época de la televisión binaria (encendida/apagada primero; VHF/UHF un poco más tarde).
Los CD,s son el continente habitual para los
creadores musicales
(Fuente: acceso-directo)

Hablando de su nueva obra, le decía a Buenafuente que si alguien compra ese libro que tienes en las manos y paga, por ejemplo, 10 Euros, a mí me llegará 1 Euro, que, con los descuentos e impuestos, se quedará en medio Euro, que es poquito. Para nada le hago ascos a medio euro, sobre todo si lo compran muchos. Pero, añadía, si viajamos a las grandes capitales de América Latina (citaba Buenos Aires, Lima,...) y visitamos ahí las librerías, nos daremos cuenta de que prácticamente no hay libros de España a la venta. Eso en lugares con quienes compartimos idioma.

En la práctica, esto significa que la industria no le facilita al ciudadano de esos países el acceso a contenidos creados en España. Eso se explica, evidentemente, por la complejidad de la distribución y logística del continente libro, y por la atomización y dispersión de los posibles interesados. Mosterín decía que, como autor, a él le interesa que todo el mundo tenga acceso al contenido de sus libros, a sus ideas, a sus teorías, a sus exposiciones. Le interesa ser un autor conocido. Aunque eso no le dé ni siquiera ese medio euro del que hablaba, le proporciona otras ventajas (que no especificó; pero podemos imaginarnos conferencias, colaboraciones, etc. etc.).

Con sutileza, Mosterín le dejaba claro a la industria editorial que los libros que fabrica y distribuye no son más que uno de los canales de difusión de sus ideas, de los contenidos que él ha creado.

Citaba, además, los impedimentos que ha desarrollado la industria para que, por ejemplo, resulte imposible comprar un DVD o BluRay en Estados Unidos para utilizarlo en España (con la implantación de la limitación por Zonas y demás). Se evitan con eso el temor a movimientos masivos de mercancía de un mercado a otro, aprovechando que los precios no son precisamente iguales en todas partes. De nuevo, Puertas al Campo.
Las salas de cine son uno de los canales de
distribución de la industria cinematográfica
(Fuente: peliculasdecine)

Y hoy se votará (y aprobará, muy probablemente) la Ley Sinde en el Senado. Angeles González Sinde actúa muy correctamente como Ministra Lobbyista, una figura a la que aquí no estamos muy acostumbrados, pero que forma parte, por ejemplo, de la realidad diaria estadounidense. Representa en el Gobierno al lobby de los creadores audiovisuales y, con algún empujón adicional del Gobierno de Estados Unidos, que intenta proteger su muy poderosa industria cinematográfica, sacará adelante esta ley. De alguna forma, se consagrará el hecho de que la difusión de contenidos culturales sólo sea legal si es lucrativa. Y que el acceso a ellos sea imposible para quien no pueda pagarlos.

Jesús Mosterín aportaba este martes, en el programa de Buenafuente, la opinión (discrepante en el fondo del asunto) de un cierto tipo de creador.

Hace un tiempo, yo realizaba un cierto ensayo de escandallo de los libros en algún otro artículo. De acuerdo a ello parece un grave malentendido que la versión electrónica de un libro en papel que se vende por 20 Euros (de los que el autor escasamente percibirá dos) se ponga a la venta por 16 Euros. Posiblemente, su precio razonable (si prescindimos del temor cerval que le tiene la industria a la llamada piratería) fuera de, por ejemplo, tres o cuatro euros (de los que dos seguirían siendo para el autor).
DVD,s (o BluRays), continentes alternativos para la
creación cinematográfica
(Fuente: depaginas)

Por todo ello, desde aquí, modesta pero formalmente, le solicito al Presidente Zapatero que renombre el Ministerio de la Ministra Sinde como Ministerio de la Industria Cultural, y nombre de forma inmediata a un Ministro o Ministra de Cultura, de verdad. Claro que quizá no tenga mucho sentido que la Industria Cultural tenga un Ministerio propio, y bastaría con un Secretario de Estado o Director General, o cargo de menor rango.

En resumen, la Industria Cultural debe ser capaz de asumir por completo su misión en la Distribución de Contenidos Culturales. Si no, otros lo harán por ella, y acabarán desapareciendo como ya lo hicieron en su día los fabricantes de hornillos de petróleo que no supieron reciclarse a tiempo.

JMBA