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viernes, 4 de febrero de 2011

El Recorte de las Pensiones

Utilizo el término de Recorte (en lugar del políticamente correcto de Reforma), porque, a final de cuentas, es de eso de lo que estamos hablando. Y no deja de sorprender la atonía, pasividad y falta de resistencia de la opinión pública y de los ciudadanos en general. Quizá sea porque todos hemos acabado aceptando que la alternativa sería peor, o algo así.
Una ilustración esquemática de la pirámide demográfica
(Fuente: finanzzas)

Está claro que este Recorte viene prácticamente obligado por una serie de circunstancias, de todos conocidas. La pirámide demográfica, que amenaza con la jubilación en los próximos años de la generación del baby boom, y la escasez de recaudación, debido a una tasa de inactividad (o paro) exageradamente elevada, son los detonantes inmediatos de tener que abordar esta reforma ahora. Las últimas cifras sobre el 2010 publicadas por el Secretario de Estado para la Seguridad Social (en las que un mínimo superávit procede de los intereses del Fondo de Reserva) auguran grandes batacazos para los próximos años, si no se cambian las condiciones de contorno. Es decir, si no se recortan los derechos de los ciudadanos a percibir pensiones públicas tras su jubilación.

Los Sindicatos (que a menudo parecen formar parte del aparato del Estado) se han sentado con el Gobierno y han acordado una serie de modificaciones (léase recortes) sobre el sistema de pensiones contributivas. Básicamente se retrasa la edad de jubilación desde los 65 hasta los 67 años, y además se exigen 37 años de cotización para alcanzar la pensión máxima. Es decir, globalmente, ambas variables se aumentan en dos años.

Hay una serie de modificativos y considerandos, que conviene tener en cuenta. El paso a la jubilación a los 67 años será gradual. Entre 2013 y 2018 irá aumentando a raíz de un mes por año, mientras que entre 2019 y 2027 aumentará dos meses por año. En otras palabras, los nacidos hasta 1947 podrán jubilarse a los 65 años. Los nacidos a partir de 1960 no se podrán jubilar hasta los 67 años. Y para todos los que hemos nacido entre esos dos años nos tocará una cifra intermedia.
El ingenio no ha parado de fluir
al hilo de este sangrante tema
(Fuente: IU)

Cualquiera podrá seguir jubilándose a los 65 años, siempre que acredite 38,5 años de cotización (que más parece una condena penitenciaria). Y hay algunas consideraciones especiales para la etapa profesional de becario, donde habrá una fórmula para que conste como período de cotización (hasta un máximo de dos años, pero no tengo claro quién lo paga) así como para las mujeres que hayan interrumpido su vida laboral para cuidar a sus hijos recién nacidos, para quienes también contará como cotizado un período máximo de dos años.

Pero vayamos a la realidad del país y de los ciudadanos. Yo he trabajado casi treinta años en una multinacional, y sólo recuerdo a una persona que se jubilara a los 65 años (y, casualmente, era el Director de Recursos Humanos). La gran mayoría fueron invitados a retirarse con antelación, bajo distintas modalidades de incentivo. Por ejemplo, cobrar durante dos años el subsidio de desempleo, y percibir una indemnización que compensara por los años que le faltaran a cada cual para llegar a la edad legal de jubilación. O la simple indemnización legal por despido improcedente.

En general, parece evidente (aunque deberíamos hacérnoslo mirar) que las empresas no quieren mantener en plantilla a profesionales mucho más allá de los cincuenta y no muchos años. Pasados los cincuenta, las probabilidades de ser expulsados del mercado laboral son muy elevadas. Hasta la edad de jubilación, cada cual se busca la vida, trabajando en chapucillas como autónomo, realizando algún tipo de consultoría (muchas veces incluso para la empresa que le expulsó), o cualquier otra cosa que complemente los ingresos hasta un nivel que pueda resultar suficiente. Y estableciendo un convenio especial con la Seguridad Social, para pagársela de su bolsillo durante unos años, a fin de no sufrir merma en el importe de la pensión a la que acaben teniendo derecho.

Por otra parte, los jóvenes que realizan algún tipo de estudios universitarios, se encuentran muchas veces que a los treinta años todavía están inmersos en esquemas de temporalidad, con sueldos escasamente mileuristas y sin ninguna perspectiva de fidelización a la empresa, mediante contratos fijos y/o planes de carrera.
Ciudadano español, en plena degustación.
(Fuente: padylla)

En estas condiciones, conseguir treinta años de cotización ya parece una misión complicada, cuanto más llegar hasta los 37. Para un titulado de 30 años que consiga estabilizarse en un empleo más o menos fijo (o al menos, indefinido), con sueldo razonable y cotización completa a la Seguridad Social, su única esperanza (más bien vana) es mantenerse en actividad laboral prácticamente sin interrupciones hasta los 67 años, con lo que atesoraría los 37 años de cotización que le garantizarían la pensión máxima. Recordemos que alguna interrupción, siempre que esté cubierta por el subsidio de desempleo, consta a todos los efectos como período cotizado. Pero si en algún momento es despedido y se le agota el subsidio, el espejismo de los 37 años de cotización se desvanece como la niebla.

Todo ello, en la práctica, significa que se persigue que cada vez menos trabajadores lleguen a la edad de jubilación con derecho al 100% de la prestación que le corresponda, de acuerdo a su base de cotización. A ello hay que añadir que para los profesionales de cierto nivel, que en su vida laboral normal pueden alcanzar retribuciones superiores al máximo reconocido por el Sistema de la Seguridad Social (que en 2011 creo que son 3.230 Euros al mes), incluso la pensión máxima representará solamente una parte de la retribución salarial que puedan percibir antes de su jubilación (puede que incluso en torno a solamente el 50%).

En fin, toda la maquinaria se ha dispuesto para reducir (hasta 2029; luego el flujo de ingresos al sistema de pensiones volverá a ser directamente la pirámide demográfica) el número de personas que alcancen la edad legal para jubilarse con derecho a pensión, por una parte, y por la otra que la alcancen sin derecho a percibir el 100% de la pensión que les corresponda.
Rubalcaba y Valeriano Gómez (Ministro de Trabajo), el
pasado viernes presentando la Reforma.
(Fuente: ultimahora)

Con claridad, y para hablar de modo que se entienda, se trata de una Reforma que supone un Recorte de las pensiones que el Estado debe pagar a los ciudadanos. Es el peaje que debemos pagar por mantener un sistema público de pensiones por el método del reparto. Y, lógicamente, es una puñalada al llamado Estado del Bienestar.

Aunque no conozco todos los detalles (si algún lector me puede ilustrar, se lo agradecería), Suecia, que pasa por ser uno de los líderes en esto del Estado del Bienestar, inició la reforma de su sistema de pensiones ya en 1993, para introducir un sistema mixto de reparto y capitalización. Hay que reconocer que los nórdicos son pocos pero listos, y saben anticipar la jugada.

Ahora lo que nos queda es confiar que, cuando salgamos de la crisis y la economía vuelva a crecer, el Estado sepa ser generoso en cuanto a la redistribución de esa riqueza, y revise al alza los importes acordados para las pensiones. Claro que, con el crecimiento, es fácil que vuelvan unas tasas de inflación más elevadas que las que hemos tenido en los últimos años, que se pueden acabar comiendo esas subidas.

Me maravilla, con todo esto, ver lo extremadamente responsables que somos los ciudadanos españoles, que hemos aceptado estos recortes sin casi ni enarcar una ceja. Los franceses, ante iniciativas parecidas, tuvieron hasta siete huelgas generales contra Sarkozy, con una movilización espectacular de la ciudadanía. Claro que, al final, han acabado tragando los recortes como unos campeones. Porque en la base del tema solamente hay sumas y restas, así de simple. Y esto es lo que hay.

De momento, Zapatero y su Gobierno se han apuntado un tanto al alcanzar un acuerdo sobre este asunto con los sindicatos. Angela Merkel pasó este jueves por Madrid bendiciendo a su alumno aplicado, y se han hecho fotos para todos los gustos, a utilizar en la próxima campaña electoral. El PP, en su ensoñación perpetua, ya se estará preguntando si lo de decir sistemáticamente que NO les rinde algo positivo. Porque en esta foto, desde luego, no están. Y si fueran ellos los que ocuparan el Gobierno en estos días, se habrían aplicado tanto o más que los socialistas en aplicar los (mismos) recortes necesarios. Sólo que, en su caso, posiblemente tuvieran a los sindicatos en contra.
Angela Merkel, canciller de Alemania, con Zapatero,
en su visita-examen de este jueves a Madrid.
(REUTERS; Fuente: Faro de Vigo)

De verdad, a Rajoy no le entiendo. Sospecho que siguen tan convencidos de que el Gobierno nacido después del 11-M es un usurpador, y que las elecciones del 2012 les darán una gran ventaja, que parecen estar solamente viendo pasar el tiempo, holgando en su rincón. Deberían tener presente que el votante recuerda a los que han trabajado y a los que no han dado un palo al agua. El poder no volverá a sus manos simplemente por el principio imperturbable del movimiento pendular de la historia. Tienen que ganárselo, compañeros. Que Zapatero, con todas estas reformas al gusto de la Unión Europea ha ganado muchos enteros, y veremos lo que dicen las próximas encuestas. Hoy ya se perfila como el candidato del PSOE para 2012, algo que parecía impensable solamente hace unas cuantas semanas.

Y, mientras, los votantes más radicales de la izquierda andan blasfemando por los pasillos (y por los comentarios a las noticias sobre el recorte de pensiones) quejándose de que el Gobierno del PSOE está haciendo cosas que no estaban en su programa electoral del 2008. También les convendría abandonar su ensoñación y poner, de nuevo, los pies en la tierra. No creo que nadie le pidiera a un Gobierno que dimita por dedicar fondos especiales a reparar los daños de un terremoto, sólo porque "un terremoto no estaba en su programa electoral".

Y la que está cayendo en lo económico es parecido a un terremoto que socava los cimientos (frágiles, por lo que se ve) de un Estado del Bienestar del que todos estábamos orgullosos. La socialdemocracia ha muerto.

Menos mal que siempre nos quedará el jamón y el vino, aunque el jamón sea de recebo y el vino sea joven, que no están los tiempos para dispendios...

JMBA

miércoles, 2 de febrero de 2011

Un Faisán que debería dejar de volar

Por las alcantarillas del Estado (de cualquier Estado) no circula nunca nada bueno para la salud. En las cloacas se ventilan componendas que los ciudadanos no necesitan conocer. Que, posiblemente, sea más saludable ignorar.
Un policía vigila el Bar Faisán, de Irún
(Autor: Javier Hernández; Fuente: El País)

Existen en los Presupuestos Generales del Estado, aprobados cada año por el Congreso de los diputados, una partida de Fondos Reservados cuyo destino y uso no pueden conocerse (como dijo sabiamente Felipe González recientemente) precisamente por eso, porque son reservados.

Esos fondos, genéricamente hablando, se utilizan para que no se atasquen las alcantarillas del Estado. Con ellos se pagarán confidentes, se intercambiarán favores, se comprarán lealtades, siempre (teóricamente) con el principio de evitar males mayores.

Dicho esto, nadie está por encima de la Ley. Pero tampoco parece razonable imputar a altos funcionarios por utilizarlos para lo que (en modo no escrito, es cierto) están destinados.

El 22 de Marzo de 2006, ETA anunció una tregua o alto el fuego permanente. Según todos los indicios, como parte de un proceso de negociación en el que el gobierno de Zapatero había puesto muchas esperanzas. El proceso en sí fue, desde luego, discutible, pero quiero pensar que siempre lo animó el intento de evitar males mayores. Se demostró como un fracaso con el atentado al Aparcamiento de la T4 de Barajas del último día de ese año (todavía recuerdo el atasco monstruoso que me tuve que tragar ese sábado por el filtro policial que se montó en el nudo de Manoteras de Madrid).
Joseba Elosua, liberado por Garzón en 2007 debido a su
"riesgo vital elevado", fumando un puro en su bar en 2010
(Fuente: El Mundo)

En cualquier conversación en las cloacas es complicado saber si se está hablando con el que manda, e incluso en este tipo de temas es complicado saber quién es el que manda. Posiblemente el atentado fue ideado, impulsado y realizado por lo que podríamos llamar disidentes internos de la banda. Por ventilarlo con pocas palabras.

En esa primavera del 2006, se estaba urdiendo una macrooperación de la Audiencia Nacional (liderada por el juez Grande-Marlaska) contra el aparato de extorsión de ETA, es decir, contra la maquinaria de recaudación del llamado impuesto revolucionario. En esa operación, uno de los lugares que estaban en el objetivo era el Bar Faisán de Behobia (Irún), y su propietario de Joseba Imanol Elosua Urbieta, a la sazón cercano a los 70 años de edad.

Ignoro (creo que todos los ciudadanos de a pie ignoramos) qué papel podía estar jugando o haber jugado este hombre en las conversaciones que parece que se estaban produciendo por las alcantarillas en esa época. Por algún motivo, la cúpula del Ministerio del Interior tuvo por conveniente hacerle a Elosua el favor de prevenirle sobre esa operación, para que pudiera tomar las medidas que estimara convenientes. Quizá con eso se le pagaba un favor debido, o se ganaba el derecho de pedirle un favor más tarde. Por las alcantarillas las cosas funcionan así.

De modo un tanto rocambolesco, parece que alguien (un miembro de la Policía Nacional, aparentemente) le entregó a Elosúa un teléfono móvil al que un tercero llamó para prevenirle de la operación en marcha e informarle de algunos detalles que sólo podía conocer gente próxima a las investigaciones. Una conversación entre Elosua y su yerno, en el coche al que se le habían puesto micrófonos, en el marco de la operación contra la red de extorsión, puso de manifiesto esta filtración.

La noche del 20 al 21 de Junio de 2006 se desató la operación policial y judicial contra esa red. Lógicamente, no sabemos lo que Elosua pudo salvar (esconder, reconducir, limpiar,...) en ese mes y medio, desde la filtración.

Podéis ver una pequeña historia de los hechos y del posterior proceso judicial en la Wikipedia, con enlace directo a diversas noticias publicadas en la prensa del momento.
El Ministro del Interior junto a Baltasar Garzón, a la sazón
juez de la Audiencia Nacional.
(Fuente: almadormida)

Del sumario principal contra la red de extorsión, incoado por Baltasar Garzón tras la marcha de Grande-Marlaska de ese Juzgado, se desgajó en sumario separado el tema de la filtración. A petición de la Fiscalía (que esgrimió diversos motivos más bien burdos), Garzón decidió el archivo del sumario. El Partido Popular, escandalizado, se presentó como acusación particular, para poder mantener vivo el sumario. Y la organización Dignidad y Justicia le siguió los pasos. 

Recientemente, el juez Ruz (también de la Audiencia Nacional) ha decidido reabrir el caso. Y veremos a dónde lleva todo esto.

Parece claro que estamos hablando de un caso en que se ha abierto una trampilla sobre las alcantarillas del Estado. Parece existir un vídeo del bar Faisán, fruto del seguimiento previo a la operación de Junio de 2006, que habría sido manipulado, para que no aparezca el misterioso interlocutor portador del teléfono móvil.

Un tema de esta trascendencia parece evidente que era conocido (si no impulsado) desde la cúpula del Ministerio del Interior. Que Alfredo Pérez Rubalcaba lo conocía (y tácitamente o explícitamente lo aprobó), y que intervino activamente el Secretario de Estado de Seguridad Antonio Camacho, aparte de los mandos policiales ya imputados.

Insisto en que nadie está por encima de la Ley, pero no se le puede recriminar al pocero que se manche las manos de m...... Si se siguen realizando las investigaciones de este asunto, en el mejor de los casos se podrá demostrar la intervención (o mero conocimiento) de estas personas en la filtración a Elosua. Pero eso, ¿para qué servirá?.

Bueno, parece claro que para los enemigos del Gobierno, servirá para empañar la imagen política del que parece hoy la mano derecha de Zapatero, o incluso su posible sucesor. Pero, intentando ser ecuánime, sólo demostrará que, efectivamente, como todos conocemos aunque ignoramos los detalles, el Estado tiene alcantarillas, y toda cloaca debe tener su pocero. Que cualquier conversación con delincuentes, con el objetivo de evitar males mayores, se desarrolla en la oscuridad y se basa en el intercambio de favores.

Personalmente, creo que a estas alturas sería mejor dejarlo estar. Se le han visto un poco las costuras a la alcantarilla, pero nada con lo que no podamos convivir los que no tenemos como principal objetivo desprestigiar a Rubalcaba.
Rubalcaba junto al Secretario de Estado de Seguridad,
Antonio Camacho. Una correlación de hechos fácil
de imaginar.
(Fuente: PP)

En todas las series policiales de la televisión, nos hartamos de ver al delincuente recién detenido intentando negociar un intercambio de favores. Si os facilito pruebas contra alguien más importante que yo, os olvidáis de mí, ¿hay trato?. Y luego nos escandalizamos de que eso mismo ocurra en la vida real subterránea de nuestro país. Bonita ironía.

En la escena final de Algunos hombres buenos, un Jack Nicholson, histriónico como en sus mejores momentos, es presionado por el jovencito fiscal Tom Cruise (y su ayudante Demi Moore). Como comandante de una base militar en territorio enemigo (Guantánamo), ha proclamado a los cuatro vientos durante el juicio que yo trabajo las veinticuatro horas del día para que vosotros podáis dormir tranquilos. Al final, no le queda más que reconocer, a voz en grito, que por supuesto que ordené un Código Rojo, hijo. A continuación, se lo llevan detenido, como imputado.

Nadie está por encima de la Ley. Pero intentar iluminar las alcantarillas parece un contrasentido. Si bien la cloaca no tiene leyes ni normas, sí tiene reglas, que se basan en la confianza mutua y en el intercambio de favores. Si se quiere arrojar luz sobre ello, bastaría con que el Congreso no autorizase los Fondos Reservados. Claro que, en ese caso, ¿cuánto tiempo tardaría la maquinaria del Estado en atascarse?.

Creo que es positivo aceptar, sin más, el mal menor.

JMBA

martes, 1 de febrero de 2011

Imperium II. Rango: Tramposo

No me ruboriza reconocer que (casi) siempre que dedico algún tiempo a un videojuego en el PC, lo hago utilizando toda clase de trampas y trucos conocidos. De hecho, ya lo he confesado en otra ocasión.
Pantalla inicial del juego, donde se escoge el modo, el
jugador, etc.

Para las aventuras gráficas, utilizo los llamados walkthrough, es decir, las descripciones detalladas de todas las acciones que hay que realizar para que el guión vaya avanzando hacia su final. Me falta la paciencia (y supongo que la voluntad de dedicarle más tiempo) para entretenerme en una pantalla hasta descubrir que debajo de una piedra, casi invisible, hay un papel que da una pista que será imprescindible más adelante. Tener que volver hacia atrás para recuperar lo que se me olvidó me provoca una frustración que me lleva a abandonar el juego. Para los walkthrough creo que la mejor web (en inglés, eso sí), es GameBoomers.

No valgo para los juegos de acción. No me hace falta ninguna prueba para demostrarme que cualquier ordenador me gana en agilidad. El riesgo permanente de que el enemigo me aniquile, anula por completo el placer que el juego podría darme. Estar en tensión no es lo que yo entiendo por relajarme un rato con el ordenador.

Me gustan los juegos llamados de estrategia, pero son, en general, exageradamente complejos. Hay que manejar un número elevadísimo de variables, estar atento a multitud de cosas, de acontecimientos, en definitiva, también estar en tensión todo el tiempo. Muchos de los juegos de este tipo que me he comprado tienen jugados unos treinta minutos, el tiempo suficiente para comprobar que las dificultades sólo hacen que crecer, de generación en generación de juegos, y para disfrutar del nivel de detalle de los gráficos.
Conquistando un campamento teutón

Hay una excepción a esta regla, y es el juego Imperium II. Este juego (desarrollado en 2003 por una compañía búlgara, Haemimont Games, y distribuido en España por FX Interactive) es el segundo de una serie de tres, que fue posteriormente seguido por otra colección llamada Imperium Civitas.

Tengo los tres juegos de la serie (Imperium, Imperium II e Imperium III), pero el segundo es el que siempre ha colmado todas mis expectativas.

Se trata de un juego de estrategia bélica (situada, digamos, en la época del Imperio Romano) con la disciplina llamada Conquista en Tiempo Real (RTC = Real Time Conquest). Aunque dispone de modos de juego de Aprendizaje, de Aventura y para Juego en Red, yo siempre utilizo el modo llamado Estrategia, en que el objetivo último de la partida es la eliminación de todos los (otros) contendientes.

El manejo del juego es relativamente simple, lo que me permite recordar sus fundamentos incluso un año, o más, después de la última partida. Se puede escoger un Mapa de diferentes tipos (pequeño, normal o grande; de formato continente, ribereño, de islas, etc.); un contendiente manejado por el jugador, y de 1 a 7 manejados por el ordenador; para cada uno se puede elegir uno de entre cuatro pueblos: Romano, Galo, Ibero o Cartaginés.

Cada contendiente dispone de una fortaleza base, desde la que desplegar su poderío hasta conquistar las fortalezas de los demás contendientes. En cada fortaleza hay cinco estructuras. Cada una de ellas permite realizar ciertas funciones. Aunque sus nombres pueden diferir según los diversos pueblos, básicamente son las siguientes:

- Herrería. Allí se desarrolla la tecnología de armas que permite formar soldados cada vez más demoledores.
- Cuartel. Ahí se forman los soldados (las unidades).
- Coliseo. Ahí se desarrollan las técnicas de combate, permitiendo formar unidades de mayor capacidad. Además allí se forman los Héroes (los únicos que van sobre caballo blanco y que pueden aglutinar hasta cincuenta unidades para formar un cuerpo de ejército). Asimismo permite reclutar a ciertas unidades especiales: los Liberatus (Romanos), los Jefes Normandos (Galos), los Guerrilleros (Iberos) y los Elefantes de Combate (Cartagineses).
- Taberna. Allí se desarrollan acuerdos comerciales que permiten, a veces, dotar a nuestras unidades de mayor poder devastador. Asimismo permite convocar a los campesinos, que se pueden formar como unidades de combate.
- Templo. Permite desarrollar poderes mágicos de diversa índole (curación, sanación, hechizos varios) para luego formar sacerdotes, druidas, hechizeras o chamanes con esas capacidades. Si acompañan a los ejércitos les pueden, por ejemplo, prolongar la salud más allá de los ataques de los enemigos, o pueden lanzar sobre ellos hechizos que mermen su capacidad.
Asalto final a la fortaleza enemiga, mediante catapultas.

Sólo se manejan dos recursos (Víveres y Oro). La cantidad disponible de estos recursos es la que limita la capacidad de realizar todo el resto de acciones.

La fortaleza tiene una capacidad máxima de población, aunque gastando oro se puede aumentar ligeramente. La presencia de población en la fortaleza va generando (lentamente) oro de acuerdo a su volumen.

Cada unidad tiene una serie de características que definen su nivel de resistencia y lo contundente de sus ataques. Se resumen en una única característica llamada Nivel. Normalmente, cuando las nuevas unidades salen del cuartel o del Coliseo tienen Nivel 1, que se puede ir incrementando con el tiempo a base de adiestramiento o combate. Por causas naturales o forzadas (utilización de trucos o trampas) el Nivel de una unidad puede llegar hasta 1000. Os podéis imaginar que una unidad de Nivel 1 puede caer fulminada al primer mandoble de otra de Nivel 1000.


En el exterior de la fortaleza, y distribuidos por el mapa, hay algunas otras estructuras, principalmente las Aldeas y los Fortines. Las Aldeas son las que generan los víveres, de acuerdo a su volumen de población. Es imprescindible conquistar cuantas más mejor, para asegurarse el suministro (que hay que transportar a las fortalezas a lomos de burro). Si las despoblamos convocando campesinos a la fortaleza, la producción se reducirá, aunque se irá recuperando lentamente.

Hay cuatro tipos de Fortines:

- Comercio. En ellos se puede generar oro a base de vender víveres.
- Oro. Si disponen de 2000 unidades de oro (por lo menos) van generando más oro con el paso del tiempo.
- Adiestramiento. Las tropas acantonadas en este tipo de fortines van ganando Nivel con el paso del tiempo.
- Reclutamiento. Si convocamos campesinos a este tipo de fortines, con el tiempo se van convirtiendo en Guerreros con Maza.

Los Fortines pueden ser de nadie (en ese caso, conquistarlos es simple, y se obtiene un premio de 500 unidades de Oro), o estar ocupados por alguno de los contendientes. En este caso, la conquista requiere un poco de batalla y se produce (o no) dependiendo de las fuerzas relativas entre asaltantes y defensores.

Existen también los campamentos teutones, que empiezan el juego siendo neutrales, pero que se ponen al servicio de quien los conquiste.


Existen otro tipo de estructuras de las que no hablaré (Cuevas, Ruinas, Altares de Sacrificios) puesto que yo nunca las incluyo en el mapa, porque generan demasiadas sorpresas y alteraciones a la marcha normal del juego.


Al principio, sólo se tiene visibilidad de la parte del mapa que ha estado, en algún momento, a la vista de estructuras o unidades de nuestro bando. Por lo que resulta necesario enviar unidades a explorar las partes no visibles del mapa. Además, existe una niebla de guerra que nos impide ver la actividad (movimientos de tropas,...) que se está produciendo en cualquier parte del mapa que no esté a la vista en ese momento de una unidad o estructura de nuestro bando.

Estos son básicamente los mimbres para lanzarse a iniciar una partida nueva. Hay que administrar los recursos para ir generando nuevas unidades, balanceando las opciones entre crear más unidades o crearlas más capaces. Hay que enviar unidades o cuerpos de ejército a la conquista de aldeas y fortines, y tendrán que pelear con las fuerzas enemigas que se encuentren en campo abierto, o retirarse si la victoria no está clara. En la fase final, hay que asaltar la fortaleza del resto de contendientes, para conquistarla. Si jugamos con más de dos contendientes, las fortalezas que conquistemos durante la partida pasan a ser operativas a nuestro servicio, y también nos permiten formar nuevas unidades, etc.
Imagen de pantalla que acredita que, en alguna ocasión,
he alcanzado el grado máximo: ¡¡¡Tramposo!!!

Sin usar ningún truco ni trampa, lo más probable que suceda es que el pequeño pelotón que hemos conseguido formar sea incapaz de conquistar ningún fortín, y sea aniquilado en el intento. O las fuerzas sean dispersadas y eliminadas en el primer encuentro a campo abierto con algún ejército enemigo. Exagero, porque si se es un jugador experto, paciente y sabio, es posible acabar ganando la partida.

Pero esa opción no me compensa para lo que busco con una partida de Conquista en Tiempo Real. Que, básicamente, es crear ejércitos poderosísimos, capaces de ganar cualquier batalla, de conquistar cualquier fortín y de aniquilar a las fuerzas enemigas que se encuentren por el camino. La partida termina, en estas condiciones, con el asalto y captura, mediante catapultas, de la última fortaleza enemiga.

Claro que para conseguir las condiciones necesarias para jugar de este modo se requiere utilizar unos pocos trucos (podéis verlos aquí, por ejemplo) que modifican (a nuestro favor) las condiciones del juego:

- Aumentar la población de la fortaleza. Aunque habitualmente el límite son 100 habitantes, puedo forzarlo a 100.000 (aunque luego decrezca con cierta rapidez, para recuperar sus niveles normales). En el proceso se han generado ingentes cantidades de oro. Con oro a espuertas, puedo forzar el adiestramiento de mis tropas en la fortaleza hasta límites inalcanzables por medios naturales. Y lanzar al campo de batalla cuerpos de ejército numerosos y de Nivel 200 o 300 para enfrentarse a partidas enemigas más pequeñas y de Nivel 5 o 10.

- Aumentar el nivel de víveres (de la fortaleza o de los fortines). Las tropas sometidas a carestía de víveres van menguando de salud y, por tanto, de resistencia y capacidad de ataque, hasta que acaban muriendo.

- Tener visibilidad completa de todo el mapa desde el principio, y eliminar la niebla de guerra, para ver la actividad en todo momento sobre todo el mapa.

Aplicando todas estas modificaciones, tenemos garantizado ganar la partida, que puede durar una o dos horas, dependiendo de las condiciones de contexto escogidas, del número de contendientes, etc. Esta, para mi, es la condición indispensable para ponerme a jugar un rato. No soporto que una actividad lúdica y de distracción pueda acabar generándome ansiedad. Para eso ya está la vida real.

Una vez que tenemos claro que ganar, ganaremos, queda la ilusión por conseguir la máxima graduación militar al final de la partida. Esta depende de muchos factores, entre otros del despliegue de tropas que realicemos, del número total de efectivos, de la relación entre unidades eliminadas y perdidas, etc. Si desarrollamos una partida con desgana podemos, incluso ganándola, obtener una graduación militar menor que alguno de nuestros enemigos eliminados.

Un usuario nuevo empieza como Aprendiz, con graduación cero. Hasta la graduación 200 se desarrollan diversos grados (Decurión, Centurión, Pretor, Tribuno, Cónsul, Emperador,...). Por encima de ese nivel (para jugadores excelentes) hay previstas algunas otras graduaciones todavía más honoríficas (Héroe, Leyenda, Deidad). Y por encima de los trescientos y pico puntos, existe la última categoría, por la que yo me peleo en cada partida: ¡¡¡Tramposo!!!.

A pesar de que ya tiene unos años, este juego está plenamente vigente, y funciona muy correctamente. Eso sí, utilizando trampas hay que evitar escoger el Mapa Grande. En este caso, el número de unidades que podemos acabar poniendo en circulación es de tal calibre que desborda todos los contadores internos, y se produce un crash del juego.

Yo lo tengo desde su aparición en el mercado. Puede pasar un año o más en que lo tengo abandonado, pero de repente me entra el gusanillo (habitualmente coincidiendo con mis biorritmos más bajos, en Septiembre o Enero) y juego en unos pocos días unas cuantas partidas. Para abandonarlo de nuevo, hasta la siguiente ocasión.

No sé si es muy constructivo el contar cómo jugar con trampas (contra el ordenador, eh!, que se j...), pero para mí marca la diferencia entre jugar alguna vez o no jugar nunca.

JMBA

lunes, 31 de enero de 2011

Pequeñas Cosas que no Molan Nada (5)

(Se puede acceder al resto de artículos de esta sección mediante la palabra clave "no mola" al final de la página).


Durante muchos años utilicé a diario el mismo tipo de calcetines, fuera invierno o verano. Negros (en un pasado remoto, también azul marino), de los llamados de espuma o algo así. Supongo que serían sintéticos de algún modo.
Variedad de calcetines
(Fuente: solostocks)

Los calcetines son una prenda que tiene algunas características singulares. Por una parte, son para los pies, lo que ya es decir mucho, pues los pies tienen muy mala fama. Por algo la Naturaleza sabia los colocó en la posición más alejada posible de la nariz. Su misión es cubrir, proteger, abrigar, los pies. Una vez puestos, y aunque habitualmente no se exhiben, sí se ven, por lo que tienen hasta cierto punto un objetivo estético. Al menos hay que intentar transmitir con ellos un cierto sentido del decoro. Es por ello que muchas grandes transgresiones se articulan en torno a los calcetines, como lo de llevar dos de diferente color y cosas del género.

Por otra parte, los calcetines se compran (y se utilizan) por pares, al menos para la mayoría de personas que todavía conservamos los dos pies. Sin embargo, si bien  se trata de pares genuinos de dos (no como el par de pantalones, que si intentas separarlo los has desgraciado), se trata de dos unidades idénticas. A diferencia, pues, de otras prendas que se utilizan por pares (como los guantes, en que hay uno dedicado a la mano derecha, y otro a la mano izquierda), el par de calcetines está compuesto por dos piezas iguales, que sirven indiferentemente para uno u otro pie. Supongo que hay excepciones (como los calcetines con deditos), pero en los que yo utilizo esta es la regla.

Por esta regla, si junto seis pares de calcetines, tengo doce posibilidades iguales de cubrir y/o abrigar un pie cualquiera (bueno, siempre que el tamaño sea relativamente parecido).

Gracias a este corolario de la regla, en la época en que utilizaba un solo tipo de calcetines a diario (misma marca, mismo modelo, mismo color), mi estrategia de lavado y almacenaje se basaba en el gurruño de calcetines, dentro del cajón destinado a ellos. Me explicaré. Cada mañana, al ir a coger calcetines para el día, acudía al cajón de los calcetines, cogía dos (no un par) y los utilizaba a continuación del modo habitualmente consensuado. Al quitármelos por la noche, como es normal, los calcetines sucios quedaban dispuestos por el revés del lado que los había utilizado.
Gurruño de calcetines desparejados
(Fuente: mercecasado)

Como tenía bastantes pares de calcetines iguales, la fase de lavado se desencadenaba cuando cogía del cajón los últimos disponibles (o los penúltimos si me encontraba en una etapa especialmente previsora). Esto me permitía llenar razonablemente una lavadora exclusiva para ellos (aunque sean negros y no de color, lo que añadiría el riesgo de que destiñan, parece aceptado que conviene lavarlos por separado del resto de prendas). Al recogerlos de la lavadora después de la fase de secado, estaban ya preparados para un nuevo uso. El haz de calcetines individuales era insertado en forma de gurruño en el cajón de los calcetines, preparados para su uso durante las dos semanas siguientes (o incluso algo más).

Este método de extrema simpleza tiene, es evidente, algunos inconvenientes, pero con los que se puede aprender a convivir. Por una parte, lo más habitual es que de cada dos usos, en uno el calcetín se utilizaba por el derecho, mientras que en el otro se utilizaba por el revés. En muchos modelos de calcetines, la diferencia es nimia o prácticamente inapreciable. Si, en el momento del uso, me encontraba especialmente quisquilloso, podía verificar ese hecho, e incluso proceder en ese mismo instante a darles la vuelta, por el clásico procedimiento de introducir la mano hasta el fondo, pinzar el extremo y llevarlo hacia fuera. Claro que luego la sensación al salir a la calle, de buena mañana, sabiendo que ya había metido mi mano dentro de un calcetín resultaba a veces algo embarazosa.

Por supuesto, la posibilidad de que los dos calcetines escogidos del cajón pertenecieran al mismo par tal y como los había empaquetado inicialmente el fabricante era remota. Pero dado que todos eran iguales, ese hecho no suponía ningún tipo de problema. 

Sin embargo, una situación tan idílica se vió (he dudado si poner este acento, sospecho que estoy violando el Principio de Economía de la Real Academia; las palabras monosílabas nunca se acentúan, salvo que se requiera una tilde para la función diacrítica de diferenciar dos palabras diferentes que se escriban igual; en este caso se trata de una secuencia vocálica en diptongo, por lo que se trata de un monosílabo sin confusión posible; aunque parte de los hispanohablantes la pronuncien como un hiato, resultando bisílabas a efectos de pronunciación; página 231 de la Ortografía de la lengua española -2010-), bueno digo que se vio truncada por la realidad de las estaciones extremas, especialmente cierta cuando me trasladé desde mi Barcelona natal a este Madrid estepario de clima continental. Con lo cual tuve que tomar una decisión extrema respecto a los calcetines: debía tener un stock separado de calcetines para el invierno y otro para el verano.

Manteniendo en vigor ciertas decisiones estéticas (para diario, calcetines siempre negros), tuve que escoger un nuevo tipo de calcetines de lana para los inviernos, y de calcetines de algodón para el verano. Tras algunos titubeos y pruebas diversas, me hice con una cantidad razonable (dadas mis estrategias de lavado) de calcetines de los dos tipos, con alguna mezcla de marcas y modelos, hasta la decisión final.
Alguien inventó esta bolsa para calcetines solos
(Fuente: decoesfera)

La primera consecuencia de esta decisión es que tuve que destinar dos cajones (en lugar de uno solo) para los calcetines. Desde entonces, tengo un cajón para los calcetines de invierno y otro diferente para los calcetines de verano. Otra consecuencia desagradable a la que hubo que poner remedio es que la elección al azar de dos calcetines del gurruño de calcetines de la temporada ya podía provocar con mucha frecuencia efectos desastrosos desde el punto de vista estético. En efecto, entre los diversos modelos que tanteé, algunos son más largos y otros más cortos, unos tienen el canalé más ancho y otros más estrecho. Y, definitivamente para los calcetines de invierno, utilizar uno del revés repugna al sentido común.

Por todo ello, tuve que modificar las condiciones de mi proceso de lavado de calcetines, añadiéndole una fase posterior a su recogida tras el secado en la lavadora. Había que apilarlos y, uno a uno, meterles la mano para, por una parte, asegurarse de su integridad, y por la otra verificar si están ya del derecho o hay que darles la vuelta. Una vez extendido cada calcetín, ya por su lado bueno, hay que buscarle su par utilizando el criterio de parecidos razonables. Definido un nuevo par, conviene plegar los dos calcetines juntos, para facilitar su selección y uso futuro. Claro, durante el proceso es frecuente identificar alguno que presenta un tomate de difícil resolución, por lo que hay que eliminarlo del circuito de utilidad. Por lo que, al final de la operación, es posible encontrarse con un calcetín al que es imposible encontrarle par por falta de existencias.

Para el calcetín desparejado, su destino natural es el fondo del cajón. Claro, en el fondo del cajón ya hay otros calcetines desparejados, procedentes de procesos previos de lavado. Ocasionalmente puede producirse un reencuentro, cuando dos calcetines de dos pares del mismo tipo han muerto en momentos distintos. Es en ese momento cuando los dos viudos pueden reiniciar una nueva vida como par, abandonando el ostracismo del fondo del cajón y retornando al circuito de utilidad. A fin de cuentas, así se resuelve también  a menudo la viudedad en la vida real, ¿no?.

Con este proceso redefinido de esta manera, la operación de escoger dos calcetines para su uso en el día se ha convertido en la elección de un par de calcetines para ello. Mucho más civilizado, sin duda.
El Resultado: cajón con calcetines plegados por pares
(JMBigas, Enero 2011)

Una pequeña mención merece también el proceso de aprovisionamiento de calcetines. Tengo un estante donde se acumulan las prendas por estrenar, entre ellas, los calcetines. Voy introduciendo pares nuevos en el circuito de uso cada vez que hace falta, debido a la merma provocada por la retirada de los que han sucumbido a su tarea y han dejado de ser utilizables. De vez en cuando, aprovechando la época de Rebajas (tres pares por el precio de dos, o ventajas equivalentes), acostumbro a comprar seis pares nuevos, que me valen para disponer de reservas durante bastante tiempo.

Con todo ello, la operación de lavado se ha convertido en una tarea ingrata, que siempre procuro diferir al límite de lo posible. Tengo un stock bastante extenso de calcetines (para los de invierno, he contado hasta veinte pares en circulación), pero llega un momento en que el lanzamiento de un proceso de lavado resulta ya inaplazable. Y, tras la operación automática de la lavadora, toca el proceso manual (y nunca mejor dicho), que te lleva a meter la mano en hasta cuarenta calcetines y a desarrollar un complejo temporal de cebador de calamares. Por eso es mejor hacerlo de noche, cuando ya no haya que salir de casa, a fin de evitar esa sensación embarazosa de que hablaba antes. Ah, y hay que hacerlo en un lugar con buena luz y con las gafas de ver de cerca, en su caso.

Una operación que, a fin de cuentas, no dura más de quince o veinte minutos, pero que resulta sumamente desagradable y no mola pero que nada de nada. Que termina, eso sí, con el cajón rellenito y ordenado con los pares de calcetines limpitos para utilizar en los próximos días. Hasta que toque repetir.

Ayer me tocó lavar calcetines.

JMBA

viernes, 28 de enero de 2011

¿Por Qué es Bueno Leer?

(Artículo escrito por invitación tácita de jesusguerrero).

La Naturaleza nos ha dotado con dos ojos y dos orejas, pero, sin embargo, solamente tenemos una boca y somos diestros solamente con una de las dos manos. Lo de los dos pies es pura estática salvo, quizá, para los futbolistas.
(Autor: Juan García-Gálvez; Fuente: jggweb)

La Naturaleza, que es sabia, nos ha preparado para que sea superior (¿el doble?) el flujo de información que debemos absorber respecto a la que podemos emitir. En otras palabras, conviene escuchar el doble de lo que hablamos; porque de lo que se escucha se aprende, mientras que de lo que se habla, como mucho, quizá aprenda algo algún otro.

Escuchar, viajar o leer nos da la oportunidad de compartir lo que otros han aprendido ya, o lo que han visto, o lo que han vivido o viven, o lo que alguna vez han imaginado. Viajando relativizamos nuestro concepto sobre las cosas, al ver cómo gentes diferentes se enfrentan de formas diferentes a parecidos problemas. Si sabemos escuchar, leer, viajar y lo hacemos con frecuencia, estaremos más abiertos para entender a los demás.

Leer es como escuchar a alguien que no está junto a nosotros. Es por ello que necesitamos imaginar lo que nos describe y lo que nos quiere decir, porque no podemos interrumpirlo. Por eso leer es, y debe ser, un ejercicio activo, en que debemos poner mucho de nuestra parte para reconstruir un mundo y unos sentimientos que en el libro son solamente palabras.

Se dice que todo está en los libros, y es cierto. Lo que alguien aprendió (con placer, dolor, sentimiento o sufrimiento), lo escribió para que otros lo puedan aprender con más facilidad. Todo lo que alguien vió, vivió, disfrutó, sufrió o imaginó, está en los libros.

Leer es una actividad placentera, porque nos da la ocasión de recomponer un mundo que solamente está descrito con palabras. Y tenemos que hacerlo sólo con las palabras que están escritas. Bueno, y con las que imaginamos cuando nos hace falta, porque al protagonista lo vemos rubio (o moreno), aunque el autor no lo especifique. Cualquier libro le pertenece tanto a su autor como a cada uno de sus lectores.

El propio hecho de estar leyendo ya nos produce un placer (especialmente si el autor demuestra un buen dominio del lenguaje). Tener el hábito de leer todos los días nos hace siempre más sabios, más tolerantes, más flexibles y más generosos.
(Fuente: oposiciones20)

De joven conviene leer todo lo que se pueda, porque hay tanto por aprender... Con los años, se aprende también a discernir entre los libros que nos aportan algo importante y los que no nos compensan adecuadamente por el tiempo que les dedicamos. Es normal que tengamos algunos libros olvidados, con su punto en la página 10, o por la mitad, o 10 páginas antes del final. Abandonar algún libro, después de abrazarlo, es inevitable algunas veces.

Dice la creencia popular que solamente hay algo peor que una persona que nunca leyó un libro; y es aquella persona que solamente leyó uno (pero está convencid@ de que contiene toda la verdad que necesita conocer).

Leed novelas, porque contienen lo que sus autores imaginaron o deliraron; leed ensayos, porque sus autores os transmitirán la sabiduría que atesoraron en su campo de actuación, o bien os aportarán puntos de vista nuevos y diferentes a problemas conocidos; leed libros de viajes, porque os ayudarán a escoger a dónde os apetecería ir en la próxima escapada. Nunca dejéis de leer lo que otros han escrito pensando en vosotros, en que lo que ellos han aprendido, imaginado, vivido, reflexionado, sentido o sabido os puede resultar útil o placentero.
Hay-on-Wye, el pueblecito de Gales con más librerías
por habitante de todo el mundo
(JMBigas, Julio 2008)


Si conocéis varios idiomas, intentad tener siempre cerca algún libro escrito en ellos. Si sabéis catalán, valenciano, mallorquín, gallego o euskera, algún libro escrito en ese idioma debería estar siempre en vuestro escritorio, o en la mesilla de noche. Si os defendéis bien en inglés, francés, alemán... esforzaos en leer algún libro en su versión original. Cuando viajéis, poned las librerías en vuestra lista de lugares a visitar.


Al hacer el equipaje, nunca os olvidéis de poner algún libro, o un LELE bien cargadito, en su caso. Si vais al Reino Unido, no dejéis de visitar el pueblecito de Gales que tiene más librerías por habitante de todo el mundo (Hay-on-Wye). Que no os produzca ningún pudor el mantener una relación sensual con los libros de papel. Pero no os avergoncéis tampoco de preferir las últimas tecnologías de los ebooks (los libros que ni pesan ni acaban en el trastero).

Cuando viajéis, hacedlo con ojos nuevos, sin el ánimo de compararlo todo con los paisajes o las comidas que os resultan más habituales. Disfrutad de lo que cada persona, cada sociedad, cada lugar tiene para ofreceros. Disfrutad de cada paisaje como si fuera siempre la primera vez que veis uno, pero nunca penséis este es el paisaje más maravilloso del mundo, porque con eso cerraréis la puerta a muchas otras espléndidas oportunidades.

Lo mismo debéis hacer cuando os enfrentéis a la lectura de un nuevo libro. Encaradlo como si nunca hubiérais leído uno, como si fuera el primero. Pero pensad también, y si este fuera el último, ¿habría valido la pena?.
(Fuente: hipertexto)

Leed, escuchad y viajad. Y escribid siempre que os parezca que tenéis algo importante que contar, porque en alguna parte siempre hay alguien a quien le resultará útil, aunque sólo seas tú mismo un tiempo después.


Leyendo compartiréis las experiencias, conocimientos y vivencias de otros. Además, enriqueceréis vuestro lenguaje, aprenderéis palabras nuevas y matizaréis mucho mejor los colores, entre el blanco y el negro. En los idiomas no existen sinónimos absolutos, siempre hay algún matiz para que sigan existiendo varias palabras que se refieren a la misma cosa, o al mismo sentimiento. En un mundo donde predominan los sentimientos tribales (o conmigo o contra mí), la lectura contribuye a que no se erosionen los matices y a que los colores sigan siendo miles.


Y nunca olvidéis que tenemos dos orejas y una boca para escuchar (al menos) el doble de lo que hablemos. 

JMBA

jueves, 27 de enero de 2011

La Retribución de los Políticos

Están circulando estos días por los diferentes medios, y muy especialmente por la Red, iniciativas populares para recoger firmas con el objetivo de revisar, reducir o lo que sea, las retribuciones que están percibiendo en la actualidad los políticos en ejercicio.
(Fuente: CRdiario)

Yo no estoy muy de acuerdo con este tipo de iniciativas porque me parecen exageradamente globales, y fácilmente desmontables con diversos tipos de argumentos, que los políticos son muy duchos en manejar. Además, me parecen injustas por meter a churras y a merinas en el mismo corral. Me parecen, además, una distracción de los auténticos problemas por los que la clase política se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la ciudadanía.

Podemos discutir la necesidad, pertinencia o conveniencia de la propia existencia del Senado. Mi opinión es que se trata de una Cámara a medio hacer, a la que le faltan varios grados de cocción para llegar a ser lo que alguna vez se dice, la Cámara de representación territorial. Desde luego, en su formato actual, es meramente inoperante.

Pero creo que todos estaremos de acuerdo en la necesidad de que exista un Parlamento, un Congreso de los Diputados, con miembros elegidos por los ciudadanos en las Elecciones Generales. Se comenta por ahí acerca del bajo nivel (cultural, de instrucción, de capacitación profesional) de muchos de los Diputados, que fuera de la vida pública les haría ser no más de mileuristas. Posiblemente sea cierto (en parte, como todo; que también hay en el Congreso gente muy capaz). Pero el origen de este problema, desde mi punto de vista, son las listas cerradas para las Elecciones Generales. Esto da tal nivel de poder a los aparatos de los partidos políticos (que son los que, a fin de cuentas, confeccionan las listas) que permite toda clase de abusos y de tropelías. Especialmente en circunscripciones con varias docenas de representantes en el Congreso, en el interior de las listas (aparte del cabeza de lista, o de los dos o tres primeros) lo que abunda son mediocridades o estómagos agradecidos, políticos profesionales que, posiblemente, en la empresa privada no pasarían de auxiliares de segunda y jamás podrían aspirar a cargo directivo de ningún tipo. Sé que estoy siendo injusto, seguro, al generalizar en demasía, pero no puedo aquí hacer un análisis diputado por diputado.
Leire Pajín, un ejemplo de carrera política desarrollada en
el aparato del PSOE (en este caso), que ya le ha llevado
a ser Ministra de Sanidad
(Fuente: PSOE)

Es decir, la medianía o mediocridad reinante entre la clase de los diputados es directamente un efecto del poder de los aparatos de los partidos políticos. Aquí llegamos al segundo de los cánceres graves de la política en España. La gran mayoría de políticos en activo (especialmente en Congreso y Senado, pero no sólo) son lo que llamaríamos políticos de carrera. Es decir, gente cuyo primer trabajo de responsabilidad fue, por ejemplo, responsable de las Juventudes del Partido en mi provincia. Esta dependencia vital de lo público  hace que muchas veces sean incapaces de interiorizar los conceptos más básicos que cualquier ciudadano de a pie entiende. Muchos de ellos piensan, y a alguno hasta se le escapa delante de los micrófonos alguna vez, que el dinero público no es de nadie. Lo que es una aberración abominable, ya que la realidad es justamente la contraria: el dinero público es de todos los ciudadanos que pagan sus impuestos, tasas, etc.

Alguien que, desde los veintipocos años, ya está metido en el aparato de su partido, acaba siendo básicamente incapaz de ninguna (otra) actividad productiva, lo que le hace ser servil hasta la extenuación para no perder su beneplácito, y así continuar su vida profesional a base de diversos cargos públicos. Es por este motivo que cualquier partido que ha estado en el Gobierno (del tipo que sea) y de repente pasa a la oposición, sufre una travesía del desierto, a la que no siempre consigue sobrevivir. De repente el pasto disponible para los serviles decrece de forma dramática, y aparecen toda clase de crisis, genuinas y, especialmente, espúreas.

Dicho esto, y si nos centramos, por ejemplo, en los Diputados, se parte de la base de que son cargos de representación territorial. Es decir, cualquier Diputado lo es por la provincia de XXX. Por lo tanto, su principal trabajo político de contacto con los ciudadanos que le han elegido debe realizarse en XXX. Madrid, y el Congreso de los Diputados, es donde debe acudir para defender los intereses de sus representados. Claro que, con esto, estoy hablando de otro país. Aquí las listas (insisto, cerradas) las confecciona el aparato del partido en cuestión, jugando con las adscripciones territoriales (e incluso con los censos provinciales) de la forma que les resulte más conveniente. Así, aparecen diputados por la provincia XXX que, a lo mejor, ni siquiera la han visitado nunca (exagero un poco, pero ya me entendéis, seguro).
(Autor: J. R. Mora; Fuente: IU Almuñécar)

Partiendo de este hecho de representatividad territorial, que les obliga a desplazarse desde sus respectivos lugares de trabajo (real, junto a sus ciudadanos) hasta Madrid para las sesiones del Congreso, es lógico y natural que el Sistema les pague los viajes y las correspondientes dietas de desplazamiento. Como, por otra parte, es costumbre hacer en cualquier compañía de implantación nacional, que requiera viajes frecuentes (o, al menos, periódicos) a la Sede para recibir las consignas corporativas y para reportar resultados, etc.

Otra cosa sería plantearse si tiene sentido, en este siglo XXI, que las únicas reuniones de trabajo que realiza el congreso (sea en Pleno o en Comisiones) tengan que ser necesariamente presenciales. Posiblemente hay una parte de viajes que podrían ahorrarse si se dispusiera de (y se utilizara) una tecnología para, por ejemplo, realizar reuniones por videoconferencia. Seguramente sea imprescindible que los Plenos sean presenciales (al menos, todos los Parlamentos del Mundo funcionan así), pero muchas de las reuniones de Comisiones podrían realizarse por otros métodos menos invasivos y mucho más económicos.

Hablar de un salario base por Diputado del entorno de los 2.800 euros mensuales no me parece descabellado. Y que exista un complemento por pertenecer a la Mesa o a Comisiones, entra dentro de lo razonable. Las dietas por desplazamiento son necesarias de acuerdo a lo ya comentado, aunque seguro que se podrían optimizar sus costes (económicos y personales para los propios Diputados) utilizando con más frecuencia otras tecnologías que están disponibles.

El tema de las asignaciones fijas (parece) en concepto de gastos de representación o de libre disposición, me parece mucho más discutible. Está claro que el Presidente del Congreso (o, incluso, el Presidente de alguna de las Comisiones) debe incurrir en determinados gastos que son propiamente de representación de la institución. En cualquier compañía que no sea propiedad de su máximo directivo (cualquier Sociedad Anónima debe dar cuenta de todo a sus accionistas, por ejemplo; y todo el aparato del Estado nos pertenece a todos los ciudadanos) se establecen criterios de autorización de gastos que pasan por una Dirección Financiera que debe autorizar (o denegar) la propuesta de gastos que realice el propio Director General. Algo así, mucho menos discrecional de lo que parece hoy en día, debería ponerse en marcha en el entorno público.

El tema de las pensiones de los Diputados y otros políticos es que su asignación parece diferir demasiado de los criterios que se aplican a los ciudadanos en general. Si habláramos de un colectivo que se dedica durante unos años a la política activa, por vocación de servicio, abandonando sus actividades principales y su propia carrera profesional, a la que vuelve al abandonar la política, podríamos entender que ese abandono se les gratificara de alguna forma. En otros contextos quizá se hablaría de una indemnización por despido, o de un blindaje, es decir, una cierta cantidad de dinero que se abona a alguien cuando cesa de prestar servicio. La Administración Pública no acepta este tipo de indemnizaciones, por lo que podría parecer adecuado que se les reconociera ese esfuerzo de abandono de carrera profesional con algún derecho ventajoso a pensiones. Sólo que con estas consideraciones estamos hablando de otros políticos que no son los nuestros, al menos no la mayoría.

En un establo de políticos de carrera, en que la fase de Diputado, por ejemplo, es una más dentro de su carrera de servicio público (public servants les llaman los anglosajones), no existe ningún motivo objetivo para que el cálculo de la pensión pública a la que tengan derecho sea diferente de la que se aplique a cualquier otro ciudadano.
Ejemplo de una de las campañas populares en marcha
(Fuente: noalossueldosdelospoliticos)

Por otra parte, el hecho de que los ex presidentes del Gobierno tengan una asignación económica de origen público no me parece mal. De nuevo, al no poder pagarles una indemnización al cesar en su cargo, el cobro de esa asignación debe recordarles que siguen vinculados a lo público y al deber de discreción con todo aquello que puedan haber sabido por motivo de su cargo pasado. Que les contraten para dar alguna conferencia en determinados entornos puede llegar a parecer razonable, pero me parece mal que les contraten como consejeros de ciertas empresas, ya que ahí lo único que aportan son los conocimientos (la experiencia y, sobre todo, las relaciones) atesorados en su etapa de presidentes del Gobierno. En otras palabras, me parece poco ético desarrollar una carrera de ex presidente. Me quedaría más tranquilo si volvieran a sus actividades privadas previas (su industria, su empresa, su bufete, su plaza de catedrático, etc. etc.). Claro que eso es imposible cuando hablamos de políticos de carrera. De nuevo tropezamos con el mismo obstáculo.

En resumen, salvo entrar en los matices y las optimizaciones económicas, que siempre se pueden hacer, el sistema de retribución de los políticos me parece razonablemente correcta, sólo que para otro tipo de políticos que los que parece que estamos condenados a sufrir. Las listas cerradas y la absoluta autoridad de los aparatos de los partidos en hacer que los diputados sigan, o no, en el Congreso (por ejemplo) hace de los políticos en activo una clase que desarrolla así su carrera profesional y que, por lo tanto, debería tener un sistema retributivo como el de cualquier otro trabajador del país.

Me apena que el criterio de continuidad o no pase por los servicios prestados al aparato de su propio partido, y no a los servicios prestados a los ciudadanos, que somos los que pagamos la fiesta. Si votáramos a personas y no a las listas cerradas que nos proponen los partidos, todo sería mucho más genuino, y los políticos estarían realmente interesados en la opinión que despiertan en los ciudadanos a los que (muchas veces sólo teóricamente) representan.

Otro día quizá hable de la multitud de cargos perfectamente prescindibles (nubes de asesores, redundancias entre las diversas Administraciones, etc.) a los que estamos pagando con dinero público. O de la atrocidad que supone que, de repente, todos los políticos (del partido que sean) estén de acuerdo en subirse sus propios sueldos en la primera reunión de un nuevo ayuntamiento.

Dejémonos de órdagos a la grande (como discutir o rechazar la totalidad del sistema retributivo de los políticos) y centrémonos en aquello que significaría un avance claro en su representatividad. Porque apuntar a lo que no constituye el auténtico problema siempre crea distracciones que impiden resolverlo.

Además, unos políticos buenos se merecerían la retribución que la Ley les otorga.

JMBA