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miércoles, 16 de febrero de 2011

No pienso comprar ni un DVD más

De ahora en adelante, no pienso comprarme ni un DVD más, ni pienso pedir que me regalen ninguno. Y eso no significa para nada que no vaya a pagar por el cine que me apetezca ver.
DVDs de películas
(Fuente: depaginas)

Desde siempre soy aficionado al cine. No soy un fanático, ni un friki, pero me gusta. Y siento cierta debilidad por el cine español. Con ello quiero decir que prefiero una mediocre película española que una mediocre americana. Que de las dos abundan.

Pero ya tengo en el trastero dos cajas grandes llenas de cintas VHS con películas, que la obsolescencia tecnológica ha convertido en inútiles. De hecho, tengo todavía en casa un aparato de vídeo VHS (que no estoy seguro de que funcione correctamente). Bueno, no hace mucho tiempo todavía lo utilicé para pasar los vídeos de algunos de mis viajes a formato digital, para preservarlos de alguna forma, y poderlos seguir disfrutando en el futuro (no sé muy bien por cuánto tiempo).

No sé cuánto dinero llegué a gastarme en películas VHS, pero seguro que bastantes cientos de euros, si no algunos miles. Pagué, por tanto, derechos de autor y demás, y todo eso ya no me sirve para prácticamente nada de nada. Bueno, sí, me ocupa espacio en el reducido trastero.

Tengo en casa varios armarios y estantes llenos de DVDs de todos tipos. Hay muchos que he comprado (o me han regalado) en diversos momentos. Hay otros que venían anexos a alguna publicación, un periódico, una revista, sin sobrecoste. Y también debe haber alguno de esas colecciones a precio muy barato, que promocionan de vez en cuando los principales periódicos.

Y también estoy abonado a Digital+ (lo que me cuesta la mitad de un riñón todos los meses, por cierto), y en sus diversos canales acabo viendo algunas películas todos los meses (o, más bien, bastantes trozos de películas). Con la tecnología doméstica disponible, puedo grabar cualquiera de las películas que se emiten, y guardarla en mi videoteca para visionados posteriores, o para lo que quiera. Pero raramente lo hago porque, con todos los canales del satélite más la TDT, sólo haciendo zapping para ver lo que echan ya he consumido el tiempo que pensaba dedicarle.

Si bien ya he contado en alguna otra ocasión que mi relación con el libro-objeto tiene algo de litúrgico y sensual, mi relación con los CDs o los DVSs es puramente funcional. Es decir, me interesa estrictamente el contenido, y todo el espacio que ocupan en mi librería, en los estantes del despacho o incluso en el trastero, es un engorro que considero como efecto secundario de ese tipo de soporte.

Cuando quedó claro que el formato VHS estaba superado, yo esperaba que alguien ofreciera al público la sustitución de las cintas VHS por sus equivalentes DVD, a un precio simbólico (¿1€ cada uno?). Pero eso no sucedió. Solamente el dispose of them properly, es decir, el apáñatelas como puedas. No sé si el DVD tiene mucha vida tecnológica por delante. Los Blu-Ray no parecen tener demasiado fuelle, y la única luz en todo este embrollo es la difusión de estos contenidos mediante ficheros, digamos, informáticos.
Estanterías atiborradas de DVDs
(Fuente: kaosklub)

Ahora mismo, en un disco duro externo (que ocupa como un libro de tamaño medio) tengo guardadas algunos cientos de películas. Algunas proceden del llamado ripeado de DVDs de mi propiedad, es decir, de la conversión de la película en el DVD a un fichero de tipo AVI, que se puede ver en cualquier ordenador, o pasarlo al televisor del salón mediante cualquier método informático (llave USB o así). Bastantes de las películas que tengo en ese disco las he bajado de Internet mediante algún mecanismo de intercambio de ficheros. De ésas, muchas las he tenido en propiedad, pero en formatos ya obsoletos.

Soy consciente de que sucumbo con facilidad a mi afán de coleccionista, y muchas de esas películas jamás encontraré el rato, o el ánimo, para verlas. Pero me consuela tenerlas ahí, disponibles.

Por las que me he bajado de la Red, no he pagado explícitamente nada a los creadores, aunque habré pagado religiosamente el cánon por el disco duro, y he necesitado, claro, un ADSL para hacerlo. Y eso es así porque ese método (llamado, por algunos, piratería) es el único método real que funciona, que existe. También debo decir que muchas de ellas, del cine digamos clásico pero no en el mainstream, ni siquiera están disponibles en el comercio convencional. 

Analicemos un poco los escandallos. ¿Cuánto pagamos por un DVD en el comercio? Pues depende, claro. Si se trata de una película reciente de éxito, fácilmente pueden pedirnos 12, ó 15 ó hasta 18 Euros (no sé si incluso más). De ese dinero, ¿qué parte va realmente para los creadores del contenido, para la productora?. Ya hice el análisis para los libros, y sospecho que la respuesta es parecida, y no creo que exceda el 10% del precio que pagamos por el DVD. El resto se quedará como margen para el propio punto de venta, o será para remunerar el trabajo de la Distribuidora y los costes propios de elaborar ese DVD-producto (la copia, el soporte, la carátula, el estuche, el almacenaje, el transporte, etc.). Pero el papel de la Distribuidora en este mercado solamente es necesario para sostener un determinado modelo de negocio, que es el que manifiestamente está obsoleto.

Algunos me dirán que la misión de la Distribuidora consiste en hacer conocida una película, en las campañas de marketing y de publicidad. Y también en atender a los puntos de venta (sean estos las salas de cine o las tiendas que venden DVDs). Estoy de acuerdo. Ahora bien, todas esas funciones están asociadas al modelo de negocio practicado hasta ahora, y me parece evidente que las cosas pueden pensarse de otra manera.
Malizia (1973) de Salvatore
Samperi, con una turbadora
Laura Antonelli. La cinta VHS yace
 en una caja de mi trastero.
 La película, en mi disco
duro.

Como principio básico del comercio en el siglo XXI, sólo tienen cabida en las cadenas de distribución los intermediarios que añaden más valor que el coste que suman. 

¿Por qué no existen, o no han triunfado, webs legales que pongan a disposición del público, de todo el mundo en todo el mundo, las películas-contenido, por un precio razonable para ello. Si de la venta de un DVD el creador (la productora) no cobra más de 1€, tomemos ese valor como precio base, y añadamos algo por los gastos de gestión y funcionamiento de la web que las pusiera a disposición. A lo mejor se podrían comprar por 2€ las películas recientes y por algo menos las de catálogo o las que ya no tengan derechos de autor vigentes (no sé si se da el caso).

Por lo que sé, todos los intentos que ha habido han chocado con el temor a la piratería y la timoratez de un sector que da la sensación de que siempre ha pensado que no existe otro modelo de negocio posible que el existente, el de toda la vida. Las iniciativas han chocado con precios exageradamente elevados, catálogos muy restringidos y limitaciones por todos lados. Vamos a ver, caballeros. Si lo llevamos al límite, con un usuario que compre un DVD y lo convierta en un fichero informático, ya puede estar a disposición de cualquiera en el mundo que se lo quiera descargar. De nada vale intentar ponerle puertas al campo, porque las vacas se escurren por los laterales.

Por lo tanto, el poner a disposición de cualquier usuario del mundo, para su descarga legal previo pago de un importe razonable, una película, no marca diferencia significativa, en cuanto a los riesgos de copia, que el vender los DVDs.

Por otra parte, hay algunas webs de descargas ilegales que sí están sacando beneficio económico de ello (claro, sin pagar derechos a nadie). Lo que sí me parece indiscutible es que todo creador tiene derecho a participar de cualquier beneficio económico que produzca su creación (y eso va también por el llamado top manta). El que todo acceso a una creación artística tenga que tener una contraprestación económica podría ser más discutible, y sería objeto de otro debate.
Álex de la Iglesia, Presidente de la Academia
"Sin público, esto no tiene sentido"
(Fuente: cerebro-digital)

Claro que hay que tener en cuenta que muchas de las películas españolas ni siquiera son objeto de descargas ilegales (al menos, en número significativo), es decir, que no tienen (casi) ningún interés para el público en general (salvo familiares, amigos y frikies especialistas). Y eso sí que no tiene remedio, porque las subvenciones no son ninguna solución y, como dijo Álex de la Iglesia en la Gala de los Goya 2011, sin público, esto no tiene sentido. Pero también, por otro lado, algunas películas pueden tener interés mucho más allá de a donde alcanzan los canales de distribución actuales.

En resumen, el sector necesita pensar y diseñar un nuevo modelo de negocio acorde con los tiempos. Pero hay que tener en cuenta que no cualquier creación artística tiene derecho per se a una retribución económica. El público es el rey.

Yo, como ejemplo que no sé si lo soy, sueño con tener acceso a alguna web de descarga legal, por un precio razonable, está claro, de donde pueda descargarme las películas que yo quiera, sabiendo que obtendré la máxima calidad posible y que no me encontraré, al reproducirlas, con dos tíos desnudos zumbando, o con una desconocida recubierta de látex dando zurriagazos a otra desconocida atada y amordazada.

Y, desde luego, yo no pienso comprar ni un DVD más. Ya no me caben.

JMBA

martes, 15 de febrero de 2011

El desbarajuste de los horarios en España

Por alguna extraña razón que se me escapa, una de las cosas relativas a España de la que nos sentimos particularmente orgullosos son los horarios estrambóticos que practicamos habitualmente, y por los que se rige la vida social de este país. Se lo contamos a los visitantes como la máxima expresión de la calidad de vida y del disfrute personal. Nos reímos de ellos cuando empiezan a poner carita de almuerzo a las doce del mediodía. Y, definitivamente, nos burlamos de ellos cuando pretender organizar una cena para las siete y media de la tarde.
Reloj espiral
(Fuente: detapeoporgranada)

Contra la creencia popular, este tipo de horarios no son tradicionales en España, ya que proceden de la década de la posguerra, los años 40 del siglo XX. Y tienen mucho que ver con una realidad de pobreza que obligaba al pluriempleo. Y era el almuerzo el que separaba las dos jornadas de trabajo, y la cena no podía ser antes, porque el segundo trabajo no terminaba hasta tarde.

Hemos progresado mucho desde entonces, pero ciertas consecuencias de ese estilo de vida no solamente no se han modificado, sino que a menudo las tenemos por las más convenientes y las consideramos como el mejor exponente de la alegría de vivir que nos caracteriza a los españoles.

Sin embargo, desde mi punto de vista, los horarios que practicamos tienen algunos inconvenientes muy graves. Quedar para cenar con unos amigos, por ejemplo, a las nueve y media, sabiendo que no empezará la cena antes de las diez, significa que, incluso sin prolongación de ningún tipo, vamos a trasnochar con seguridad. Difícilmente regresaremos a casa antes de la una de la madrugada, o las dos si hemos accedido a tomar una copita después de la cena.

He viajado bastante a Francia, tanto por motivos laborales como por puro placer. Quedar para cenar a las siete y media o las ocho (como allí es habitual) deja el tiempo necesario para disfrutar de la cena, e incluso de una copita luego, y regresar a casa (o al hotel) antes de medianoche, sin haber trasnochado propiamente.

Cuando actúo de turista viajero (no de residente en un hotel de playa, ojo, que esa es otra historia) procuro moverme con la luz del día. Si se quieren visitar sitios o lugares, la luz del día es el mejor acompañante. Incluso para viajar en coche, hacerlo de día le añade varios ingredientes muy agradables. Lógicamente, la luz del día es variable dependiendo de la época del año, pero me he acostumbrado a un horario que me permite aprovechar al máximo ese recurso limitado. Para ello, procuro realizar un buen desayuno en el hotel, y estar preparado para salir en torno a las ocho de la mañana. En torno a las doce y media o una de la tarde, una parada para un almuerzo ligero, o incluso un simple tentempié. Procuro estar en el hotel de destino (el mismo o diferente, dependiendo de la planificación del viaje) no más tarde de las seis o siete de la tarde. Para cenar a las ocho como un señor, y poderse acostar no más tarde de las diez y media u once de la noche. Con ello, levantarse a las seis de la mañana el día siguiente no será un sacrificio enorme.

De esta forma, si has previsto ruta con el coche, aprovechas al máximo las horas diurnas (en que puedes disfrutar del paisaje todo lo que el tiempo meteorológico permita). Si estás de visita en una ciudad, disfrutas de ese par de horas de quietud hasta que abre todo el comercio, los Museos o los monumentos que quieras visitar, y ves la ciudad moviéndose a su ritmo natural, no al de los turistas. Por ejemplo, la última vez que estuve en París pude visitar el Sacré Coeur de Montmartre un día laborable de ocho a nueve y pico de la mañana. Lo vi como nunca lo había visto hasta entonces; antes de que las hordas de turistas lo invadieran a partir de las nueve y media.

Y luego por la tarde, a las siete se te han agotado las pilas. Si no se puede cenar hasta las diez, esas tres horas serán de aperitivos diversos y cervezas, forzados para esperar a que llegue la hora de cenar. Mucho más civilizado cenar a las ocho, y después de cenar que cada cual prolongue la velada como mejor le apetezca. 

Claro, una planificación de este estilo es muy complicada de llevar a cabo en España. Por supuesto puedes desayunar en el hotel a las siete de la mañana, por ejemplo. Pero con eso no aguantas hasta las tres de la tarde en que se puede almorzar. Tienes que renunciar a cualquier tipo de almuerzo agradable, y tomar un tentempié de cualquier forma a la una. Y luego, por la noche, es imposible cenar a las ocho, por ejemplo. Si cenas a las nueve y media, difícilmente te podrás acostar antes de medianoche, y levantarse al día siguiente a las seis de la mañana será un quebranto insostenible.

Con ello quiero desmontar el mito de que los horarios españoles son el paradigma de la joie de vivre y demás. Es mentira. Los horarios habituales en España, por el contrario, son diabólicos, y dificultan el aprovechamiento racional del tiempo.
La Persistencia de la Memoria (Los Relojes Blandos)
Salvador Dalí (1931)
(Fuente: Lizard_CR)

Para los días festivos, los países centro europeos y nórdicos inventaron una gran muestra de civilización sofisticada, que es el llamado brunch. Es decir, una comida a medias desayuno y a medias almuerzo, que se puede tomar desde las 11 ó las 12 del mediodía, hasta las tres o las cuatro de la tarde. Partiendo de que en día festivo queremos descansar, y nos levantamos tarde, esta es una opción de lo más conveniente. Porque encajar un desayuno y un almuerzo cualquier domingo en que nos levantemos después de las diez de la mañana es un fino trabajo de orfebrería, de éxito imposible. Que nos lleva, claro, a almorzar a las cuatro de la tarde; a no tener hambre para la hora habitual de la cena (con lo que la retrasamos todavía más) y, curiosamente, a trasnochar porque no nos apetece irnos ya a la cama; y a empezar la semana siguiente con déficit de sueño desde el propio lunes.

En fin, con el tema de la crisis económica con la que nos está tocando convivir, el asunto de los horarios es uno más de los que se acaba poniendo encima de la mesa, cuando se quieren dilucidar los aspectos relacionados con la productividad y demás. Los horarios que habitualmente practicamos en España, de modo natural pero no necesariamente deseado, nos lleva a prolongar artificialmente las jornadas de trabajo más allá de lo que sería razonable, pero no a ser más productivos. Y una simple cena con los amigos nos obliga a trasnochar, con lo que al día siguiente estamos en malas condiciones. Si comemos tarde, llegamos con hambre, y el almuerzo acaba siendo demasiado copioso, con lo que la mitad de la tarde se nos va en sopores.

Por todo ello, creo que debemos dejar de mirar de soslayo a los que proponen modificaciones en los horarios habituales de este país. Algunos cambios pueden contribuir, por motivos diversos, a mejorar de verdad nuestra calidad de vida. Y no debemos considerar para nada que se trate de un atentado a las tradiciones más acendradas de este país, porque es falso.

En esto, seamos también un poco más europeos.

JMBA

lunes, 14 de febrero de 2011

La Gala de los Goya 25 años

Este domingo por la noche se celebró, esta vez en el Teatro Real de Madrid, la Gala de entrega de los Premios Goya 2011, que celebraba, además, su 25 aniversario, ya que su primera edición se celebró en 1987.
(Fuente: cachecine)

Venía rodeada de morbo, porque el (todavía) actual Presidente de la Academia, Álex de la Iglesia, ya había anunciado su dimisión tras la Gala, por serias diferencias con la Ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, en relación con el tratamiento del tema Internet y el Cine. El morbo quedó servido con la fotografía de ambos, del bracito, en la entrada del Teatro Real.

Como puro espectáculo, la Gala fue digna; Buenafuente estuvo como se esperaba y, como ya viene siendo habitual, duró unos 45 minutos más de lo que estaba previsto, terminando a la una y cuarto de la madrugada.

Desde el punto de vista cinematográfico, la gran triunfadora fue Pa Negre, de Agustí Villaronga, que obtuvo hasta 9 Premios Goya, entre ellos los más importantes de Mejor Película y Mejor Director. Para una película rodada en catalán, y con una difusión comercial, hasta el momento, bastante restringida, no deja de ser una agradable sorpresa.
La Ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde,
del brazo de Álex de la Iglesia
(Autor: Juan Medina/REUTERS; Fuente: El País)

Lejos quedaron También la Lluvia, de Iciar Bollain (tres Goyas) y Buried de Rodrigo Cortés, también con tres Premios Goya. La gran perdedora de la noche fue la película del propio Álex de la Iglesia, Balada Triste de Trompeta, que sólo obtuvo dos Goyas técnicos (maquillaje y efectos especiales). Quizá la Academia castigó a Álex por su espantada (creo que muy digna y motivada).

Aparte de esto, algún premio técnico para Lope y el ya consabido de Mejor Actor para Javier Bardem (por Biutíful, de González Iñarritu).

Si dejamos al margen cortometrajes, documentales y películas de animación, incluso en las nominaciones muy poco más había. Todo un año de cine español con solamente 4-5 películas remarcables. Una pobre cosecha para un año malo (otro más) para el cine español.

También se entregó el Goya de Honor por toda una carrera al director cántabro Mario Camus. Entre sus obras, la recordada Los Pájaros de Baden-Baden (1975), o las inolvidables La Colmena (1982) y Los Santos Inocentes (1984), donde virtió a la pantalla nada menos que a Cela y a Delibes. Y hubo un emotivo recuerdo para Luis García Berlanga, fallecido en el último año.

Para mí, lo más interesante de la Gala fue el (breve) discurso del Presidente de la Academia (podéis verlo entero aquí; os lo recomiendo, vale la pena). En poco más de 6 minutos, dejó clara su posición por la que (implícitamente) va a dimitir de su puesto. Defendió que Internet no es el futuro (como algunos creen), sino que Internet es el Presente. Y que Internet será la salvación del cine español. Sin decirlo con todas sus letras, defendió la necesidad de generar un nuevo modelo de negocio para el sector (como yo mismo postulaba recientemente). No se trata de defender la piratería, pero atacarla no puede significar un ataque indiscriminado contra Internet y los internautas (puesto que es un medio que utilizan cientos de millones de personas). Ni puede convertirse en una defensa a ultranza de las salas de cine como único medio para disfrutar de las películas (como defendió Javier Mariscal en su breve intervención).
Álex de la Iglesia, todavía Presidente de la Academia,
durante su breve discurso
(Fuente: cerebro-digital)

Álex de la Iglesia, en poquitos minutos, dijo verdades como puños, que deben hacer reflexionar a la industria (y a la propia Ministra, por supuesto) sobre cuál es su cometido y su misión. Sin público, esto no tiene sentido. Me pareció su discurso un ejercicio de humildad de los que la escena política de este país carece de forma tan dramática. Veremos cómo avanzan las cosas en los próximos tiempos.

La industria del cine español debe salir de ese ensimismamiento en el que lleva postrada demasiado tiempo. No se puede sobrevivir en una espiral constrictiva de proyectos subvencionados que no interesan al público. Está claro que la competencia con la muy poderosa industria cinematográfica estadounidense es dura. Pero no se puede sobrevivir a base de proteccionismos, cuotas de pantalla y pesebrismo del Estado (bueno, del Gobierno). Ganar en esa competencia sólo puede conseguirse a base de proyectos que interesen al público, por el medio que sea. Que lo atraigan a las salas o a las pantallas domésticas. De nuevo, citando a Álex, sin público, esto no tiene sentido.
Belén Rueda, una mujer renacida,
todo elegancia y distinción.
(Fuente: theposhstyle)

Y, finalmente, y como ya es habitual, la ceremonia fue un ejercicio perfecto de endogamia de la profesión. A pesar de que hubo voces que hablaron de hasta 30.000 personas que hacemos cine en este país (Álex de la Iglesia), y se refirieron al talento cinematográfico que hay en esta sala, pero hay mucho más fuera. Si la Gala acaba siendo una especie de catarsis para el sector, bienvenida sea.

Sólo me queda por averiguar quién paga la celebración. Sospecho que el que TVE la retransmitiera en exclusiva significa que, al menos una parte, la pagamos entre todos con nuestros impuestos.

JMBA  

sábado, 12 de febrero de 2011

Pequeñas Cosas que no Molan Nada (6)

Primero, un chiste antiguo. Un señor va a la consulta del médico, aquejado de acidez de estómago. El médico le prescribe lo siguiente: Tómese estas pastillas amarillas, que son mano de santo para la acidez. Eso sí, puede que le den algún ligero mareo. Si fuera así, tómese una de estas pastillas verdes. Claro que quizá le produzcan una leve taquicardia. En ese caso, tómese dos grageas de las azules. Podría notar algo de somnolencia; tómese entonces una de estas pastillas blancas. Posiblemente le den algo de acidez de estómago sin importancia.
Colchicina
(Fuente: sertox)

Bueno, casi parecen los Círculos Viciosos de Sabina (¿por qué va a caballo? - porque es el jefe ... ¿por qué es el jefe? - porque va a caballo).

Seguramente lo menos agradable que heredé de mi padre es una tendencia a tener alto el nivel de ácido úrico en sangre. En sí mismo no es nada grave ni de preocupar. Conviene limitar la ingesta de determinados productos (tomates, carne roja, marisco, vísceras, foie gras...), y tomar un poco de alopurinol todos los días (Zyloric o equivalente).

Sin ser grave, puede desencadenar crisis agudas de cálculos renales (nunca los he sufrido, y cruzo los dedos al escribirlo) o ataques agudos de gota. La gota (esa enfermedad de reyes y emperadores) se caracteriza por la deposición de cristalitos de ácido úrico en las articulaciones, especialmente en el pie. Puede llegar a ser extremadamente dolorosa, ya que poner el pie en el suelo se puede convertir en un suplicio.

Una o dos veces al año, de repente empiezo a notar un pie. En uno o dos días, el dolor se concretiza y se manifiesta como gota. Si no se trata adecuadamente, puede seguir haciéndonos la vida imposible durante una semana o incluso más.

Para los ataques de gota hay un fármaco que es mano de santo: la colchicina. Curiosamente (o no), su uso a estos efectos está documentado desde 1810. Una de sus presentaciones comerciales consiste en unos minigránulos que contienen 1mg del principio activo.

Tras el primer gránulo ya se nota algún alivio. Conviene tomar un segundo gránulo a las dos horas, y hasta otros dos durante el día. Con eso, habitualmente, el ataque de gota ha remitido y el dolor ha cesado.

Pero la colchicina tiene habitualmente algún efecto secundario.

Después de un día de tratamiento, casi ya sin dolor, en mitad de la noche, de repente abrimos los ojos de par en par, como si un león se hubiera acercado a la tienda. La Naturaleza es sabia, y nos avisa como advierte a los animales de la sabana cuando se acerca una tormenta fuerte.
Ilustración de pie gotoso
(Fuente: posteos13)

La primera sensación es de que hemos despertado un momento antes de dar suelta a una leve ventosidad retenida. Pero, amigos, desconfiad. Nada es lo que parece. Intentad llegar al baño sin grandes esfuerzos abdominales, y asentad vuestras posaderas en la taza. Si alcanzáis ese punto sin que se haya desencadenado la tragedia, estáis relativamente a salvo.

Entre tinieblas, asistiréis a la gran tormenta tropical (marrón), y pensaréis por un momento en qué os puede haber sentado mal. La realidad es que estáis pagando el precio de hacer desaparecer el dolor de la gota en 24 horas.

Normalmente a estas alturas el pie ya no os duele. Abandonad la colchicina por esta vez y, durante el día siguiente, procurad no alejaros más de diez metros del baño más próximo. Luego ya habrá cedido el efecto.

Lo cierto es que el médico que me lo recetó y el propio prospecto, advierte de que entre sus efectos secundarios pueden darse diarreas, náuseas y más raramente, vómitos. Si todavía voy a ser afortunado, que sólo sufro una de tres.

Os puedo asegurar que, en el vértigo de las varias descargas intestinales que sufriréis muy probablemente, se os habrá olvidado que os dolía un pie. Un efecto secundario (pérdida de memoria) que no está documentado.

Si hasta olvidaréis la razón de haber tomado ese laxante.

JMBA

miércoles, 9 de febrero de 2011

¿Industria de Contenidos o de Continentes?

La Banca (a la que se puede criticar por muchos motivos, pero nadie puede decir que descuiden su negocio) descubrió hace muchos años la magia de lo que se ha dado en llamar multicanal. Se dieron cuenta de que el trato personal en sus agencias no era más que una de las formas posibles de relación con sus clientes. Conscientes de ese hecho, empezaron a instalar cajeros automáticos, desplegaron toda clase de tarjetas de pago, desarrollaron la banca telefónica y luego la banca por Internet. Hoy, un cliente medio de la banca personal puede visitar su agencia solamente para una de cada centenar de transacciones. Entre visita y visita, habrá retirado efectivo de un cajero decenas de veces, habrá hecho docenas de pagos con sus tarjetas de débito o crédito, habrá efectuado transferencias para cancelar toda clase de deudas, habrá constituido y cancelado varios depósitos, habrá comprado y vendido diversas acciones. Y, todo ello, sin tener que pisar la agencia bancaria.
Jesús Mosterín, filósofo y escritor, que estuvo este
martes con Buenafuente
(Fuente: CCCB)

Mi padre siempre contaba la anécdota de los fabricantes de hornillos de petróleo. En una cierta época de este país, estos artilugios se utilizaban en muchos hogares para la cocción de la comida. La evolución de la tecnología (y de la renta) trajo cambios y novedades en este campo. Algunos de los fabricantes de hornillos de petróleo se murieron con su producto, porque nunca supieron remontar su misión desde la anécdota a la categoría. Otros entendieron que su negocio era fabricar y distribuir instrumentos o herramientas para la cocción de los alimentos, y pasaron a fabricar cocinas de camping gas cuando llegó su tiempo.

Creo que a la industria de distribución de contenidos culturales le está sucediendo un poco como a los fabricantes de hornillos de petróleo. Las editoriales son empresas que venden libros. La misión de las discográficas es vender CD,s de música. Y, en un alarde de diversificación multicanal, las distribuidoras cinematográficas venden su producto a los exhibidores (las salas de cine), y también venden DVDs (o BluRays o lo que toque) para su consumo doméstico.
Libros, el continente habitual de la
creación de los escritores
(Fuente: Qué.es)

En otras palabras, todas ellas actúan como distribuidores de continentes (libros, CD,s, DVDs,...) y no acaban de asumir su función de distribuidores de contenidos. Un libro magníficamente encuadernado, por ejemplo, es una joya bibliográfica, pero no necesariamente una aportación cultural destacada.

En el extremo de esa cadena, los puntos de venta también tienden a enquistarse en su labor física, pero remontan con dificultad a una misión más conceptual, de distribución de contenidos. Las librerías, por ejemplo, son, en su mayoría, espacios donde se exponen libros para su venta, y lo mismo podríamos decir de las tiendas de discos. El concepto de multicanal está ausente de su modelo de negocio, y eso puede propiciar su desaparición (como la de los fabricantes de hornillos de petróleo, para el caso).

De los videoclubes ni hablaré, porque sospecho que ya están en fase muy avanzada de desaparición. Las salas de exhibición cinematográfica se han visto mucho más expuestas, hasta ahora, al concepto de multicanal, al hecho de que el cliente puede escoger una forma diferente de disfrutar de una película, no necesariamente asistiendo a una sala de proyección. Eso les ha obligado a buscar la excelencia y todas las ventajas competitivas a su alcance, a hacerlas más atractivas que las otras formas disponibles, con tecnología avanzada (sonido Dolby, 3D,...), o con mayores comodidades (butacas mullidas y más separadas de la fila anterior,...). Y, sin embargo, su negocio sospecho que no es brillante, porque cada vez les cuesta más atraer al público a salir de casa y desplazarse a una sala de cine. Lo cual no significa, para nada, que el interés del público por el cine en general o por las películas en particular, haya decrecido. Sólo que los modos de consumo se van modificando con los cambios de estilo de vida y demás.

Este martes, en el programa de Buenafuente (en La Sexta), Jesús Mosterín nos dió una excelente lección en este campo. Acudió al programa para promocionar su último libro (A favor de los toros. Con una faja que aclara: Contra las corridas). Podéis ver el video de su intervención aquí (Parte 3, a partir del minuto 3 y pico). Buenafuente, con buen criterio, preguntó a Mosterín, que es muchas más cosas además de escritor, sobre su opinión de si es posible la libertad total en la Red. Con buen tino aclaró la diferencia entre un medio libre como la Red (donde cada cual hace lo que le apetece) y un medio democrático (en que cada cual hace lo que a la mayoría le apetece). Desde este punto de vista, posiblemente, la propia televisión sea un medio bastante democrático (los registros de audiencia orientan los contenidos hacia las mayorías), pero poco libre. Sólo la gran profusión de canales le da cierta libertad al individuo, la que no existía en la época de la televisión binaria (encendida/apagada primero; VHF/UHF un poco más tarde).
Los CD,s son el continente habitual para los
creadores musicales
(Fuente: acceso-directo)

Hablando de su nueva obra, le decía a Buenafuente que si alguien compra ese libro que tienes en las manos y paga, por ejemplo, 10 Euros, a mí me llegará 1 Euro, que, con los descuentos e impuestos, se quedará en medio Euro, que es poquito. Para nada le hago ascos a medio euro, sobre todo si lo compran muchos. Pero, añadía, si viajamos a las grandes capitales de América Latina (citaba Buenos Aires, Lima,...) y visitamos ahí las librerías, nos daremos cuenta de que prácticamente no hay libros de España a la venta. Eso en lugares con quienes compartimos idioma.

En la práctica, esto significa que la industria no le facilita al ciudadano de esos países el acceso a contenidos creados en España. Eso se explica, evidentemente, por la complejidad de la distribución y logística del continente libro, y por la atomización y dispersión de los posibles interesados. Mosterín decía que, como autor, a él le interesa que todo el mundo tenga acceso al contenido de sus libros, a sus ideas, a sus teorías, a sus exposiciones. Le interesa ser un autor conocido. Aunque eso no le dé ni siquiera ese medio euro del que hablaba, le proporciona otras ventajas (que no especificó; pero podemos imaginarnos conferencias, colaboraciones, etc. etc.).

Con sutileza, Mosterín le dejaba claro a la industria editorial que los libros que fabrica y distribuye no son más que uno de los canales de difusión de sus ideas, de los contenidos que él ha creado.

Citaba, además, los impedimentos que ha desarrollado la industria para que, por ejemplo, resulte imposible comprar un DVD o BluRay en Estados Unidos para utilizarlo en España (con la implantación de la limitación por Zonas y demás). Se evitan con eso el temor a movimientos masivos de mercancía de un mercado a otro, aprovechando que los precios no son precisamente iguales en todas partes. De nuevo, Puertas al Campo.
Las salas de cine son uno de los canales de
distribución de la industria cinematográfica
(Fuente: peliculasdecine)

Y hoy se votará (y aprobará, muy probablemente) la Ley Sinde en el Senado. Angeles González Sinde actúa muy correctamente como Ministra Lobbyista, una figura a la que aquí no estamos muy acostumbrados, pero que forma parte, por ejemplo, de la realidad diaria estadounidense. Representa en el Gobierno al lobby de los creadores audiovisuales y, con algún empujón adicional del Gobierno de Estados Unidos, que intenta proteger su muy poderosa industria cinematográfica, sacará adelante esta ley. De alguna forma, se consagrará el hecho de que la difusión de contenidos culturales sólo sea legal si es lucrativa. Y que el acceso a ellos sea imposible para quien no pueda pagarlos.

Jesús Mosterín aportaba este martes, en el programa de Buenafuente, la opinión (discrepante en el fondo del asunto) de un cierto tipo de creador.

Hace un tiempo, yo realizaba un cierto ensayo de escandallo de los libros en algún otro artículo. De acuerdo a ello parece un grave malentendido que la versión electrónica de un libro en papel que se vende por 20 Euros (de los que el autor escasamente percibirá dos) se ponga a la venta por 16 Euros. Posiblemente, su precio razonable (si prescindimos del temor cerval que le tiene la industria a la llamada piratería) fuera de, por ejemplo, tres o cuatro euros (de los que dos seguirían siendo para el autor).
DVD,s (o BluRays), continentes alternativos para la
creación cinematográfica
(Fuente: depaginas)

Por todo ello, desde aquí, modesta pero formalmente, le solicito al Presidente Zapatero que renombre el Ministerio de la Ministra Sinde como Ministerio de la Industria Cultural, y nombre de forma inmediata a un Ministro o Ministra de Cultura, de verdad. Claro que quizá no tenga mucho sentido que la Industria Cultural tenga un Ministerio propio, y bastaría con un Secretario de Estado o Director General, o cargo de menor rango.

En resumen, la Industria Cultural debe ser capaz de asumir por completo su misión en la Distribución de Contenidos Culturales. Si no, otros lo harán por ella, y acabarán desapareciendo como ya lo hicieron en su día los fabricantes de hornillos de petróleo que no supieron reciclarse a tiempo.

JMBA

martes, 8 de febrero de 2011

Un Nuevo Partido de la Izquierda Abertzale

Todos los organismos reguladores de los mercados (en España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores) insisten en obligar a que toda publicidad de un producto financiero incluya la mención de que rendimientos pasados no garantizan rendimientos futuros. Con ello se intenta limitar o evitar la publicidad fraudulenta y dejar claro que la inercia no vale cuando se habla de cotizaciones.
Iñigo Iruin y Rufi Etxeberria, los portavoces de la nueva
organización, este lunes en el Palacio Euskalduna de Bilbao.
(Autor: Luis Alberto García; Fuente: El País)

Creo que el mismo principio debemos aplicar al nuevo partido de la izquierda abertzale, cuyos estatutos se presentaron este lunes en el Palacio Euskalduna de Bilbao. No se trata de la nueva Batasuna, como algunos se empeñan en insistir. Batasuna fue ilegalizada por motivos bien evidentes, y esa decisión fue también ratificada por tribunales internacionales.

Debemos enfrentarnos a Sortu (que parece ser el nombre de este nuevo partido, cuyos estatutos se depositarán en el correspondiente registro este miércoles) teniendo en cuenta aquello que dicen sus estatutos, a lo que se comprometen y a lo que dicen defender y de lo que dicen abominar. Está claro que la mayoría de personas relevantes en la izquierda abertzale tienen en su pasado (más o menos reciente) actitudes poco defendibles, especialmente cuando de forma clara se han posicionado en favor de activistas violentos de ETA. Ese pasado es algo que ya no pueden cambiar, y son elementos que dan munición a la derecha contraria al propio concepto de izquierda nacionalista o incluso independentista. Pero yo creo que esa idea, o cualquier otra en el marco de las libertades públicas, es legítimamente defendible por quienes consideren que ese es su proyecto de futuro para el País Vasco.
Rufi Etxeberria, en una reciente marcha contra la política
penitenciaria de dispersión de los presos de ETA
(EFE; Fuente: Público)

En los estatutos del nuevo partido dejan claro que rechazan toda violencia, incluso la terrorista, y de forma particular, la de ETA, si se volviera a producir. Y además, se manifiestan partidarios de que la sociedad preste reparación a todas las víctimas de ella.

Me parece evidente que no pueden condenar a toda la ETA desde su fundación, porque sería negarse a sí mismos. Por eso creo que es políticamente higiénico que ahora apliquemos la regla de la CNMV, actitudes pasadas no garantizan que las actitudes futuras sean iguales. En sus Estatutos incluso garantizan la expulsión inmediata de cualquier militante que pudiera defender, a título personal, cualquier acto violento.

Legalmente, creo que poco hay que decir en contra, y que no existen argumentos que impidan su legalización, si nos limitamos a analizar la documentación que hay que analizar en este caso. Si pensamos en el pasado, podemos sentir toda clase de reparos en ese paso, dado que las personas que dan la cara por el nuevo partido tienen un pasado, de todos conocido. Pero si analizamos el presente para poder diseñar el futuro, creo que la legalización de Sortu será, sin duda, una decisión democráticamente tomada por la justicia, en su momento.
El Palacio Euskalduna de Bilbao
(Fuente: nahise.com)

Si alguno de sus miembros tiene cuentas pendientes con la Ley, deberá pagarlas, del mismo modo que tendría que hacerlo un Registrador de la Propiedad, un taxidermista o un señor de Soria, si se encontraran en ese caso.

Pero en el País Vasco hay unas cuantas docenas de miles de votos (ahora mismo, no se sabe con certeza cuántos), que si no pueden votar a la izquierda abertzale se encuentran huérfanos, ninguna otra fuerza política defiende el proyecto que sienten como suyo. Será bueno conocer cuántos ciudadanos confían en esta nueva fuerza política, partiendo de la base que sus estatutos les sitúan con claridad del lado de la Ley, para defender su proyecto al margen de cualquier tipo de veleidades violentas. Y esto debe incluir el cese por completo de cualquier tipo de amenazas a los que no piensan como ellos, dentro o fuera del País Vasco. Las Fuerzas de Seguridad y la Justicia deberán velar para que esta parte se cumpla escrupulosamente, y deberán ser intransigentes con cualquier desviación. Pero todo ello después de legalizar Sortu.

Parece evidente que la izquierda abertzale necesita estar presente en las instituciones (bueno, en aquellas que les confíen los ciudadanos con sus votos). Porque la financiación de cualquier fuerza política pasa por ese hecho. Posiblemente esta necesidad les ha forzado a ser muy finos en la redacción de sus estatutos, para evitar confusiones o malentendidos. Será su obligación cumplirlos a rajatabla.
Sala del Palacio Euskladuna, durante la
presentación de los estatutos del nuevo
partido de la izquierda abertzale.
(Fuente: Gara)

Con los Estatutos que van a depositar este miércoles, ellos se sitúan en plano de igualdad con el resto de fuerzas políticas del País Vasco. Ya no valdrán ni actitudes chulescas, ni las amenazas veladas a sus rivales políticos. Se separan de ETA, la rechazan, y demuestran haber entendido que el juego democrático es el único lugar donde pueden defender, de verdad, su proyecto de país para el País Vasco. Con lo que ETA, por supuesto, pasa a ser, definitivamente, una anomalía social, una organización cuyo único movimiento a partir de ahora debe ser el de su disolución completa y su desaparición del escenario público.

Supongo que habrá muchos detractores para su legalización (en especial, el PP, por supuesto). Pero creo que el Gobierno está por la labor de que la Justicia analice los Estatutos como única herramienta de gestión y dirección del nuevo partido, sin que actitudes pasadas autoricen a anticipar actitudes futuras.
Patxi López, lehendakari del Gobierno Vasco
(Fuente: alertadigital)

Con los nuevos estatutos, la izquierda abertzale asume un compromiso democrático irreversible, al que espero que sepan honrar sin desviaciones. Porque, a partir de la legalización, cualquier integrante o simpatizante de Sortu que cometa actos de apología del terrorismo de uno u otro tipo, será un delincuente para todos, incluso para Sortu, de acuerdo a sus nuevos estatutos.

Ya no valdrán esas actitudes tradicionalmente condescendientes con los violentos, ya no deberemos oir nunca más eso de esos pobres chicos, ni rodeos del género. Todos a trabajar dentro del mismo juego democrático, en la proporción que las urnas le asignen a cada uno.

Y ETA, en el corto plazo, es mejor que dé el paso definitivo de disolverse, o empezaremos, de nuevo, a no creernos nada.

JMBA

lunes, 7 de febrero de 2011

El Poder de la Calle

Nunca me he fiado demasiado del Poder de la Calle, de esas revueltas iniciadas con grandes concentraciones callejeras gritando eslóganes, quemando retratos o banderas y generando, básicamente, desorden y desestabilización. Seguramente eso me pasa porque a mí nunca me ha gustado ocupar la calle, ni participar en manifestaciones y demás.
Hosni Mubarak, por el momento Presidente de Egipto
(Fuente: absolutegipto)

Me agobian las multitudes y, además, nunca consigo estar al 100% de acuerdo en todo lo que los manifestantes defienden o, sobre todo, condenan. La calle es un entorno bastante primitivo y tribal, que carece por completo de matices. Para participar en ese tipo de desórdenes callejeros, hay que comulgar por completo con algún lema básico. Por eso las revueltas callejeras que triunfan son las que tienen un objetivo inmediato, simple y sin fisuras. Por ejemplo, cargarse a un gobernante o a un régimen entero.

El poder de la calle es básicamente destructor y desestabilizador, y de ahí viene su principal riesgo. Con una intención expresable en cuatro palabras (o incluso en dos, Fuera Mubarak), su éxito radica en conseguir crear el caos. Acabar con un Gobierno, con un régimen, con un sistema, está al alcance de la calle. Especialmente si hay motivaciones económicas básicas (una carestía de la vida, por ejemplo, que no permite ni siquiera subsistir a una gran mayoría). Las motivaciones políticas son postizas en las revueltas callejeras.
Miles de personas protestando en la Plaza de la
Liberación de El Cairo
(GETTY; Fuente: El País)

Distingo aquí entre manifestaciones (de duración limitada y definida, a menudo con motivaciones políticas; en las que los participantes hacen un alto en su actividad cotidiana para manifestar su opinión en la calle) y las revueltas callejeras (de duración ilimitada e indefinida; donde la mayoría de participantes cambian una realidad ociosa por necesidad por otra beligerante y muy crítica con el poder, por el tiempo que haga falta hasta conseguir su objetivo, o sucumbir).

A lo que estamos asistiendo estas últimas semanas (en Túnez, primero; en Egipto, de modo muy especial; en otros países como Yemen o Jordania de modo más periférico) son auténticas revueltas callejeras, provocadas por la ira popular contra un Gobierno y/o un régimen que les ahoga sus perspectivas vitales, que les oprime sus economías familiares más allá de los límites de subsistencia. Normalmente, las motivaciones políticas se añaden con fines de alcanzar la generosidad y benevolencia de los medios internacionales, más proclives a entender y apoyar revueltas por la democracia que para poder comer todos los días.

Mientras el conjunto de la humanidad se encuentre en niveles muy diferentes de la Pirámide de Maslow, conviene maquillar un poco las motivaciones para que resulten más fácilmente comprensibles (y compartibles) por los otros. Cuando la mayoría de la población de los países del llamado Tercer Mundo (o incluso de algunos de los países emergentes) se debaten por completar su nivel de Fisiología (alimentación, descanso,...), la población del mundo llamado desarrollado tiene cubiertas sus necesidades básicas, y puede dedicarse a los niveles de Reconocimiento o de Autorrealización.
Ciudadano egipcio rezando ante los tanques
(Autor: John Moore; Fuente: RTVE)

El gran riesgo del poder de la calle es su carácter solamente destructivo. Cuando parece haberse conseguido el objetivo de destruir lo que se quería destruir (el autócrata de turno ha decidido huir del país, o ha aceptado cambiar su régimen) cunde el desconcierto. Porque, para la siguiente fase, hacen falta otros actores que no son el poder de la calle. Hacen falta los actores políticos, que se dediquen a construir una realidad diferente, un régimen nuevo, un Gobierno con otras inquietudes.

Hemos de partir de la base de que cualquier régimen dictatorial o autocrático se sostiene gracias a diversos factores. Por una parte, el soporte de una parte de la población (posiblemente los que se aprovechan de ese régimen), y por otra el apoyo interesado de algunos estamentos internacionales. A la hora de construir, todos los actores políticos (la oposición, si existe con formas definidas; las fuerzas políticas que soportaban al régimen derrocado, intentando evitar desaforados e injustos ajustes de cuentas; los organismos internacionales) deben acordar los nuevos criterios para reformar el Gobierno de un modo que sea sostenible. En esta fase abundan las dudas; la ira de la calle puede crecer de nuevo, al ver a ciertos integrantes del régimen destruido sentados en la mesa con otras fuerzas prohibidas hasta ese momento, y cunde el temor de que lo nuevo se parezca demasiado a lo antiguo para que sea del gusto de todos.

Apoyados y aupados por el poder de la calle pueden prosperar ciertas fuerzas o líderes que acaben siendo peores que los derrocados. Un buen ejemplo de este hecho perverso podría ser la Revolución Francesa. Destruir el Antiguo Régimen fue hecho, básicamente, por la calle. Pero los nuevos gobernantes introdujeron nuevos factores de distorsión, y el país tardó casi treinta años en encontrar un nuevo rumbo sostenible y sosegado. Francia tuvo que pasar por los Girondinos, por los Jacobinos, por el Terror, por el Imperio de Napoleón,... hasta empezar a encontrar una senda nueva y de futuro.
Piedras para combatir a los partidarios del régimen
(Autor: Manuel de Almeida; Fuente: RTVE)

Las revueltas inspiradas desde la calle pueden ser una catapulta para ciertos Salvadores de la Patria, que son la peor especie política de las que conocemos.

Por eso hay que ser muy cuidadosos en cómo se solidifican las conquistas de la calle en un nuevo régimen que represente un avance y un progreso para todos. Uno de los motivos por los que Mubarak, por ejemplo, ha sido un aliado y ha estado protegido por Occidente (incluyendo a Israel, hoy uno de sus principales defensores) lo podríamos delimitar en su papel de dique frente al extremismo islámico (Al-Qaeda y sus franquicias). Por eso hoy uno de los principales temores que asolan las cancillerías de los países desarrollados  tiene que ver con la posibilidad de que las revueltas callejeras acaben llevando a la creación de un nuevo estado islámico fanatizado, excluyente y destructor del hereje.

Los Hermanos Musulmanes, por ejemplo, proscritos y condenados al ostracismo, a la marginalidad e incluso a la clandestinidad por el régimen de Mubarak, ya se han sentado estos días en alguna de las mesas políticas que tienen por objetivo definir el marco de un nuevo régimen para Egipto.

Estos episodios vividos en las últimas semanas puede representar una oportunidad fantástica para el mundo en general, y para el mundo árabe muy en particular. Puede dar lugar a una transición política (y económica), que lleve a estos países a una cierta modernidad, que no se podía ni soñar con el régimen anterior. Pueden dar a luz a nuevos regímenes más igualitarios, más democráticos, donde sus ciudadanos consigan una mejor redistribución de la riqueza y de las rentas, y se puedan desarrollar en esos países unas nuevas clases medias, que son, a fin de cuentas, los grandes garantes de la estabilidad de un país.
Barricadas en las calles egipcias
(Fuente: Público)

Cuando en un país solamente existen unas exiguas clases altas, hipermillonarias por haber participado del expolio de las riquezas perpetrado por el régimen, y unas inmensas clases populares en el umbral de la miseria, no hay realmente nadie que esté preocupado por el progreso del país. A los ricos, si las cosas se ponen mal, siempre les queda el recurso de las huidas doradas a sus mansiones de París, de Londres, de Berlín o de Nueva York, y vivir opíparamente de los caudales exportados ilícitamente del país. Y a las clases  miserables, el país se la trae al pairo, pues nada tienen que perder.

Estos escenarios de transición son extremadamente delicados, ya que un paso equivocado puede llevar a empeorar las cosas todavía más, y a sustituir a unos opresores por otros, a unos ricos por otros (oligarcas y/o mafiosos), sin que ningún cambio o progreso llegue de verdad a las clases populares. Para ilustrar estos hechos, recomiendo la lectura del libro El Malestar en la Globalización, de Joseph E. Stiglitz (Premio Nobel de Economía 2001)(¡gracias, Pilar!). En él se revisan los grandes errores cometidos por algunos gobernantes que siguieron ciegamente las consignas de ciertos organismos internacionales, especialmente el FMI (Fondo Monetario Internacional).

Entre los escenarios que se analizan en el libro, está el de la transición (política y económica) de los antiguos países del bloque soviético en la Europa de finales de los 80 y de los 90. Desde cierto punto de vista, podríamos comparar la situación de esos países ante el desmoronamiento del poder aglutinador del Kremlin con la que pueden afrontar en los próximos tiempos países como Túnez, Egipto o el resto de la zona. Entre los países del antiguo bloque soviético podríamos distinguir a algunos excelentes alumnos del FMI (como Rusia), con nefastos resultados para el país, y a otros alumnos mucho más díscolos (como Polonia) con resultados para el país, en el medio y largo plazo, mucho más positivos. En esos casos, el éxito depende, básicamente, de la rapidez (o lentitud) y la prioridad con las que las necesarias reformas se lleven adelante. Si se persigue un gran éxito en el corto plazo, habitualmente ello conlleva un fracaso para el país en el medio plazo. Los nuevos oligarcas y sus mafias sustituyen en el poder a los antiguos gobernantes, y para la gran mayoría de la población no hay ningún avance, sino más bien una caída sin red y con mucho sufrimiento.
Mohamed el Baradei, Premio Nobel y opositor a Mubarak
(Hans Punz/AP; Fuente: The Guardian)

En la que pueda ser la transición de algunos países árabes, la principal inquietud para Occidente es la constitución de nuevos estados islámicos que acaben siendo refugio de terroristas. Ahí deben desempeñar un papel muy importante las fuerzas políticas musulmanas moderadas. En la Europa de la segunda mitad del siglo XX, jugaron un papel muy importante las fuerzas políticas identificadas como Democracia Cristiana. Resulta muy estimulante pensar que unas fuerzas políticas a las que podríamos denominar como Democracia Musulmana puedan desarrollar un papel equivalente en los países árabes en este siglo XXI. Que puedan llevar adelante las reformas necesarias, que puedan contribuir a una mejor distribución de las rentas, y que puedan sacar a la mayoría de población de esos países de los umbrales de pobreza en que lleva instalada demasiado tiempo ya. Que sean capaces de desarrollar el armazón de nuevos estados democráticos, que velen principalmente por el bienestar de sus ciudadanos. Que aprendan a convivir incluso con lo que no les gusta (como el Estado de Israel).

Desde luego parece una posibilidad que conviene alimentar. Eso sí, no exenta de riesgos, que habrá que vigilar y limitar. El Poder de la Calle sirve para consumir y destruir los regímenes antiguos; pero para construir lo nuevo hacen falta otros mimbres que, con seguridad, existen en esos países. Que se construya utilizando los mimbres buenos debería ser la única obsesión de los países desarrollados y de los organismos internacionales. Los Estados dique deberían ser ya cosa del pasado, porque sólo alimentan gobernantes corruptos y poblaciones empobrecidas. Y la famosa frase de Kissinger sobre Noriega, sí, es un h... de p..., pero es nuestro h... de p... debería darse por zanjada en este nuevo siglo.

Creo que los aromas que percibimos nos deben llevar por esa senda de esperanza.

JMBA